jueves, 26 de febrero de 2015

EL PIUCHEN

Desmodus rotundus Geoffroy

Piuchén.

     El Piuchén (del mapudungun piwicheñ, “Secar a la gente”), también conocido como el Peuchén, Pihuchén, Pihuychén, Pihuichén, Piwuchén o Piguchén es una criatura perteneciente a la mitología mapuche, y posteriormente también reintroducida en la mitología chilota. Este ser legendario se conoce en el Norte Chico, Centro y Sur de Chile. Con esta palabra también se designa al murciélago vampiro común (Desmodus rotundus), por lo que lo más probable es que esta leyenda se inspiró en este animal.



     El vampiro común (Desmodus rotundus). Es una especie de murciélago micro quiróptero de la subfamilia de los desmodontinos (murciélagos vampiros), y en la actualidad la única especie del género Desmodus. Se encuentra en los bosques y plantaciones, desde México hasta el norte de Chile y Argentina, hasta los 2.900 m. de altitud.

     El pelaje es corto, brillante y áspero, de color castaño pardusco, a veces anaranjado en el dorso. Presenta diversas adaptaciones morfológicas a su alimentación hematófaga, como son un hocico aplastado, dientes especializados y capacidad de desplazamiento cuadrúpedo apoyándose sobre el antebrazo de las alas replegadas.5 La longitud del cuerpo con la cabeza alcanza entre 6,8 y 9,3 cm de longitud, el pie 1,3 a 2 cm, la oreja 1,5 a 2 cm y la longitud del antebrazo de 5,3 a 6,5 cm; carece de cola. Pesa entre 19 y 43 grs. Bastante pequeños.



     Es de hábitos nocturnos. Durante el día se refugia dentro de troncos huecos o cuevas, en grupos de 40 a 70 o a veces cientos de individuos, multiplicándose durante todo el año.

     Es hematófago, por lo que se alimenta exclusivamente de sangre de vertebrados. Ataca al ganado y a ungulados salvajes, muy raramente a los perros y al hombre. Además se ha observado que se alimentan de la sangre de gallinas. Su dentadura comprende 24 piezas, con dos incisivos muy grandes, que le sirven para abrir superficialmente la piel de su fuente de alimento. 
     El vampiro se limita a lamer la pequeña herida, que hizo con sus dientes, para extraer la sangre que no deja de manar, debido a que su saliva posee un anticoagulante. La sangre consumida por este vampiro rara vez daña al animal afectado, pues suelen tomar unos 25 ml. en media hora, aunque suelen acudir cada noche a alimentarse de la misma víctima, pues si pasan 48 horas sin comer mueren de inanición; curiosamente es un animal que comparte habitualmente el alimento con otros compañeros incapaces de conseguir alimento, mediante la regurgitación de sangre. Se ha registrado que un ejemplar en cautividad puede llegar a tomar cerca de 26 litros de sangre al año.               Como la cantidad de sangre que cada noche extrae el vampiro es pequeña, el mayor peligro inmediato se encuentra en que puede transmitir el virus de la rabia.


De que especies se alimenta el Piuchén en nuestro norte:
De la sangre de aves marinas, aunque es muy común en espacios de loberas.

Clasificación científica

Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Mammalia
Orden: Chiroptera
Suborden: Microchiroptera
Superfamilia: Noctilionoidea
Familia: Phyllostomidae
Subfamilia: Desmodontinae
Género: Desmodus Wied-Neuwied, 1826
Especie: D. rotundus Geoffroy, 1810


Estado de Conservación: Preocupación menor (UICN 3.1)


LA TARUCA. EL HUEMUL DEL NORTE.

EL HUEMUL DEL NORTE



     Habíamos escuchado hablar de Jullien Mellet, Como una débil sombra del pasado regional. Más. De sus periplos, vicisitudes y escritos por esta América meridional, nada conocíamos hasta encontrarnos con los escritos del Profesor Horacio Larraín Barros. Pero podría haber pasado como una figura más de la historia. Si no es por un inserto en sus escritos. Un pequeño inserto que nos despertó la curiosidad y este comenzaba así:

     "Se encuentra, igualmente en los alrededores  [de Paposo] una especie de ciervo [cerf], que se denomina Caribou cuya descripción  no es necesario hacer por tratarse de un animal bastante conocido [para el público francés].  Éste corre  extraordinariamente rápido y su cornamenta, más pequeña que las astas [Bois]  del ciervo común,  es apta para hacer  hermosas obras [de artesanía]. Se le hace hervir en cal [bouiller dans le chaux] y con  ello adquieren  una blancura igual que la del marfil  [ivoire]. Las uñas tostadas [l´ongle roti]  de este animal, aplicadas a las quemaduras [brülures],  las hace secar al instante. El Caribou habita siempre las comarcas frías [les pays froids]".

     Un francés en Paposo. Estamos hablando de los años 1808 y 1820. Describiéndonos la Caleta de Paposo y la presencia de un mamífero que denominó Caribou (Caribú). Resulta interesante el tema. Pero presentemos entonces a este viajero.



¿Quién era Jullien Mellet?

Don Horacio Larraín Barros nos lo explica detalladamente:

     No sabemos prácticamente nada del autor, salvo lo que  él mismo nos deja entrever en su obra. Solo sabemos que era joven, originario  del departamento de Lot-en-Garonne, de la región de Marmande, que con inmensa audacia y energía se lanzó a América en un  barco que lleva armas y pertrechos militares a Buenos Aires para combatir a los corsarios ingleses. En su pequeño barco  van 40 marineros franceses, todos ávidos de aventuras. Se embarca en Burdeos en el año 1808. Permanece en América durante 12 largos años, y  recorre intensamente  su parte interior buscando siempre oportunidades de realizar transacciones comerciales con los productos  poco conocidos de América. Sus descripciones  aventajan en algunos aspectos a las de otros viajeros, que generalmente visitan los puertos por pocos días. Sufre infinidad de desventuras, robos y estafas a manos de españoles, las que relata  con frescura y desparpajo. Es un hombre de cierta cultura, aunque no precisamente un gran escritor como el mismo confiesa. Su afán confesado al llevar un prolijo "diario de campo" donde se anotan detalles de puertos, comarcas y ciudades, los productos de cada tierra, su clima, su gente, es ser útil a otros marineros y comerciantes que visiten estas mismas tierras. Lo dice expresamente:

"Me he inclinado particularmente a conocer el modo de viajar por esos climas, los peligros que se corren, las distancias que separan las ciudades de las aldeas y villorrios, su diferente población, la rica producción del suelo, las artes que ahí pueden florecer y, por fin, las diversas ramas del comercio que ahí se hace". (Introducción, edición castellana 1959:11)).

     Pero, a la vez, enfatiza que todo lo que dice es fruto directo de su observación personal: "la obra que entrego al público es el fruto de mis observaciones durante la estadía de doce años en la costa de tierra firme  de la América meridional".

     Señala que ciertamente algunos otros viajeros han podido visitar América antes que él, pero duda de la exactitud y precisión de sus relatos por la corta estadía o por no haber recorrido "el interior  de las tierras"  como él lo hizo esforzadamente por años. Si su obra- lo señala  explícitamente - no se caracteriza por un gran estilo, tiene la virtud y la  "ventaja de su exactitud y verdad [la] que garantiza como testigo ocular de todo lo que va a relatar".
Época de su  viaje a las costas del Pacífico.


     Estando recién llegado a Montevideo, se esparce allí la noticia del apresamiento en España del Rey Fernando VII, a manos de los invasores franceses, lo que le cuesta a él y a sus 40 compañeros, cárcel y confinamiento.  Chile, por aquellos años,  luego de la declaración de su Independencia en 1810, acababa de  sufrir los efectos de la sangrienta reconquista española llevada a cabo por el general  español Mariano Osorio  (1813). Los patriotas que habían abrazado la causa de la Independencia,  sufren graves exacciones y  encarcelamiento a manos realistas. Esta situación durará hasta las batallas de Chacabuco (1817)  y Maipú (1818), donde se sella con sangre y  definitivamente, nuestra independencia nacional.

     Desde Montevideo a Buenos Aires. República Argentina,  de donde viaja por tierra a Chile atravesando la Cordillera de los Andes por el paso de Uspallata. Después de diversas peripecias y percances, que parece solazarse en describir para amenizar su relato,  le veremos visitando Coquimbo y sus vecinas minas de cobre y plata. De aquí se dirige hacia la costa donde  visita la caleta de changos de Paposo.


     Mellet  visita por varios días a los residentes changos del Paposo. En el año 1815. De este hace explícita referencia al modo de vida, economía y costumbres de los pescadores recolectores changos que, en gran número,  pueblan aún esa franja litoral del desierto en nuestra frontera Norte. Comentaremos algunas impresiones de esta visita,  aunque nuestro interés va en directa relación con el escrito de los Caribúes.

"Capítulo  Vigésimo: Copiapó - Papora".

     "...De Copiapó a Papora [sic! por Paposo], hay otro [camino] cuyo trayecto  es igualmente fatigoso y tan temible como el primero [de  Santiago a Copiapó].

     Papora [sic!],  aldea [bourg]  habitada por  indígenas tributarios, es gobernada por un Subdelegado y un cacique. La importancia de esta aldea no es algo que se deba destacar [l´importance de ce bourg n´est pas de plus remarquables] “Esta "Nota" es del propio autor en su texto,  y dice: "Autoridad considerada entre ellos como la de un  Capitán el cual  sirve de intérprete al Subdelegado, al que está subordinado".  Este "cacique”, a lo que parece, es buen conocedor del  idioma atacameño o kunsa, lengua que sospechamos  era la propia de los pescadores residentes en esta porción sur  del litoral del Antofagasta. Estamos convencidos de que  en toda la costa  norte chilena los changos costeros no poseían lengua propia alguna, sino hablaban la propia de las comunidades agrícolas del interior, con las que tenían trato continuo, en este caso concreto, la del Salar de Atacama,  es decir,  el kunsa o atacameño. La presencia de un  "cacique" entre los changos nos habla, además,  de la mantención de una vieja estructura social de tiempos indígenas. Es incluso bastante probable -aunque le texto no lo diga- que entre ellos haya sobrevivido la organización indígena del ayllu, tal como existió entre los atacameños, sus más inmediatos vecinos”. La pesca del congrio [conge]  que los habitantes efectúan continuamente [continuellement] constituye su mayor fuente de ingresos [forme leur plus grands revenus]. No es menos cierto [sin embargo] que estos parajes son abundantes en pescados, cuya especie [típica] es de los mejores; ellos hacen de ésta [especie]  un gran comercio con Santiago y Lima, capital de Perú, donde es sumamente estimado y se vende a un precio muy elevado. A la vez, se hace  a orillas del mar que la circunda la caza de lobos marinos [la chasse de loups marins]  que existen [allí] en gran número.

Autor: Rudolph Amandus Philippi


     Esta caza se efectúa  por intermedio de varios hombres armados de grandes  garrotes con los cuales  aturden [atourdissent] primero a los lobos marinos. Se les da muerte, en seguida,  propinándoles  grandes golpes  sobre  el hocino [museau].

     A pesar de estas precauciones, estos  animales sabe defenderse muy bien y frecuentemente  los cazadores  son mordidos por ellos antes de ser atrapados. Una vez que les han dado muerte, cortan los dos perniles [jambons] los que hacen salar y secar para después consumirlos [qu´ils font saler  et sécher pour le manger ensuite] y se sirven de su piel,  con o sin él [respectivo] pelaje, para vestirse [pour s´a  habiller].

     Se encuentra, igualmente en los alrededores  [de Paposo] una especie de ciervo [cerf], que se denomina Caribou cuya descripción  no es necesario hacer [aquí] por tratarse de un animal bastante conocido [para el público francés].  Éste corre  extraordinariamente rápido y su cornamenta [cornes], más pequeña que las astas [Bois]  del ciervo común,  es apta para hacer  hermosas obras [de artesanía]. Se le hace hervir en cal [bouiller dans le chaux] y con  ello adquieren  una blancura igual que la del marfil  [ivoire]. Las uñas tostadas [l´ongle roti]  de este animal, aplicadas a las quemaduras [brülures],  las hace secar al instante. El Caribou habita siempre las comarcas frías [les pays froids].

¿A qué especie representaría este  extraño animal que se nombra como Caribou?

¿El autor quiso referirse a nuestro gran ciervo andino, taruca o huemul tarapaqueño?

     Don Horacio Larraín afirma el porque esta especie se trataría sin la menor duda del (Taruca),  con la denominación más cercana que pudieran entender los franceses.  Además nos dice que: El hábitat actual del huemul andino o taruca   está restringido sólo a la cordillera de Arica. Le hemos visto un par de veces en los alrededores de  Putre y Caquena (altiplano de Arica).  No se le conoce hoy  en estado salvaje ni en Tarapacá, ni menos mucho menos en  la Región de Antofagasta. Pero su presencia, testificada aquí por Mellet en 1815  en los cerros  costeros de Paposo donde existe una vegetación de Lomas  variada y singular provocada por las neblinas o camanchacas, nos prueba la existencia, en tiempos antiguos,  de un rango de  distribución  mucho mayor que el actual, hoy  de carácter residual o más bien, relictual.  Por la misma razón, sospechamos fundadamente que debió existir también en los oasis de niebla de la costa tarapaqueña  hace uno o dos milenios atrás, cuando dichos oasis ostentaban una  mayor superficie, y mayor variedad y vigor  vegetacional. Tal vez futuras excavaciones en los oasis de niebla, en busca de paleo suelos,   nos darán  un día la razón. 

Taruca.

     La población de Papora  (sic!)  Es de alrededor de 400 habitantes. Esta región [pays]  por ser [totalmente]  estéril en toda clase de productos, obtiene sus víveres de Copiapó. Los habitantes  viven de una manera muy frugal; se alimentan de maíz  [maïze], de pescado [de poisson],  que ellos preparan de  diferentes maneras y de papas [pommes de terre]  de que disponen en abundancia [qu´ils ont à discretion]. “Maíz, papas, quínoa  ají y oca, además de la siempre infaltable coca, lo obtenían por medio del trueque con las aldeas  atacameñas del interior de Antofagasta, por su charquecillo de congrio y panecillos de  luche (algas secas de la especie Ulva lactuca,  llamada lechuga o lechuguilla)”

     Yo hice [aquí] una provisión bastante grande de congrio  y regresé a Coquimbo, lugar donde yo invertí parte de mis fondos  comprando cobre reducido a lingotes  [cuivre réduit en lingots]  y pocos días después, me embarqué  al Callao, distante 550 leguas por mar." (Páginas 109-110 del original francés).

Para más detalles sobre Mellet y sus viajes:



    Pues bien. Si Don Horacio Larraín y otros observadores. Están en el camino correcto. El Caribou descrito por Mellet correspondería al Huemul del Norte (Hippocamelus antisensis D'Orbigny) Màs conocido como Taruca. El cuál es un mamífero en peligro de extinción perteneciente a la familia Cervidae, que habita las escarpas andinas, y sistemas orográficos próximos, en Sudamérica. Una especie estrechamente emparentada al huemul del sur, con el cual tiene bastante similitud de aspecto (la taruca es más esbelta y de menor alzada). Taruca también es el nombre de la especie en lenguas aimara y quechua, y aunque no son lenguas relacionadas, en ambas significa venado. El nombre científico genérico significa "caballo-camello", porque al describirlo por primera vez se dudaba de su ubicación taxonómica.

     Se distribuye en Perú, el extremo norte de Chile, el oeste de Bolivia, el norte y noroeste de Argentina.

     La taruca se distribuye en poblaciones dispersas con poco contacto entre las áreas, una distribución explicada por la localización de su especializado hábitat. El rango es casi continuo a lo largo de la parte alta de los Andes, desde el centro del Perú hasta el extremo norte de Chile, pero siempre tomando en cuenta el aislamiento de su hábitat y la población humana que habita las zonas entre áreas con tarucas. En la porción sur de la distribución (Bolivia y Argentina) sus poblaciones están severamente fragmentadas, no contando con registros modernos en el suroeste de Bolivia. Se estima que la distribución histórica es similar a la actual pero menos fragmentada.
Imagen del Manual de Biodiversidad de Arica y Parinacota: Universidad de Chile y Ministerio del Medio Ambiente.


     El sitio arqueológico más austral con evidencia de taruca es Caleta Huelén-42, datado entre 2800-1800 a.c, cerca de la boca del río Loa, en el extremo norte de la provincia de Antofagasta (aprox. 21°12'S; 68°34'W).

     Entre sus costumbres. Pasta en grupos familiares de hasta quince individuos, liderados por una hembra. Es un animal diurno, muy tímido y arisco, que no duda en emprenden la huida ante la presencia humana o alguna señal de peligro. Vive en estado silvestre alrededor de 10 años. Edad promedia.

     Con respecto a su conservación. La caza desmedida, la competencia con el ganado doméstico, y los cambios operados en su hábitat son las principales amenazas sobre la especie. La taruca es catalogada como Vulnerable (VU) a nivel internacional (UICN). La especie se encuentra en el apéndice I de CITES y se encuentra en numerosas áreas protegidas a lo largo de su distribución.
La población total de la especie se ha estimado entre 12000 y 17000 individuos. De los cuales. En Chile habitarían unas 1000 tarucas.

     Pero…. ¿Qué pasó con esta especie y el porqué de su desaparición desde Paposo?

¿Caza excesiva?, ¿Las condiciones ambientales cambiaron? Los postulados del Doctor Horacio Larraín Barros nos dicen que debieron estar distribuidos en la mayoría de los oasis de niebla de este norte. ¿Al irse replegando cada vez más a la cordillera, es señal de que en algún momento se puedan extinguir?
Para nuestra conformidad como institución. Es el haber informado sobre la presencia de una de las especies más hermosas de este norte en espacios cercanos a nuestra comunidad.. Puede que esta especie estuviese por miles de años en los oasis de niebla de Antofagasta-Chile. Pero tenemos algo muy claro. La erradicación de la diversidad en esta región en donde tenemos como occidentales una ocupación muy tardía. Ha sido rápida y violenta. Lo que miles de años de naturaleza formaron. En menos de 100 años fue destruido. hemos sido testigos directos de estas aseveraciones. Cuando hemos tomado los textos de campo de algunos investigadores y hemos retornado a sus rutas. Gran parte de la diversidad de este norte y muy especialmente de nuestra cordillera costera. Ya no se encuentra. Es más factible encontrar cactáceas exóticas de nuestro desierto en colecciones privadas que en nuestra naturaleza. Es probable que nuestra flora se encuentre en Pseudo jardines botánicos que procurar limpiar imagen y solo esa sea su tarea. La fauna no tiene mayor suerte.. Cada día sus espacios son abordados de diferentes maneras.... Para ocupación, para extracción, para basureros... Moramos en medio del desierto más árido del planeta. Vivimos entre especies que presentan delicados equilibrios.. Podemos tener un poco de respeto y consideración para con ellas y su conservación.... Solo un poco...
Si fue  la Taruca, la especie definida para Paposo hace más de 200 años. Es grato saber que aún es posible admirarla un poco más al norte de nuestro país.
Imagen de publicación del Ministerio del Medio Ambiente XV Región. Arica y Parinacota.


                        

lunes, 23 de febrero de 2015

CAMINOS DEL DESIERTO DE ATACAMA.

CAMINOS DEL DESIERTO DE ATACAMA.

QUIÈN ES ISAIAH BOWMAN.
(26 de diciembre de 1878 - 6 de enero de 1950)



     Isaiah Bowman fue un geógrafo canadiense radicado en Estados Unidos. Nacido en Waterloo, Ontario, Canadá, estudió en las universidades de Harvard y Yale entre 1905 y 1915, siendo uno de los discípulos de William Morris Davis. Luego fue nombrado director de la American Geographical Society, cargo que mantuvo por veinte años de 1915 a 1935. Fue jefe de asesores de asuntos territoriales del presidente Woodrow Wilson en la Conferencia de Versalles y actuó como asesor del Departamento de Estado durante la Segunda Guerra Mundial. Falleció en Baltimore, Maryland.

     Isaiah Bowman fue educado en Harvard bajo el geólogo y geógrafo William Morris Davis, y la Universidad de Yale, donde enseñó desde 1905 hasta 1915, mientras tanto, hacer tres viajes a América del Sur, (1907, 1911 y 1913) después de lo cual se convirtió en el director de la American Geographical Society, cargo que ocupó durante 20 años desde 1915 hasta 1935. Fue asesor jefe territorial al presidente Woodrow Wilson en la conferencia de Versalles y se sirve de los Estados Unidos Departamento de Estado como asesor territorial durante la Segunda Guerra Mundial.

1913 Desierto del Atacama.


     Que nos dice sobre Isaiah Bowman el Doctor Horacio Larraín Barros
Isaiah Bowman: un enamorado del desierto. Nos hemos propuesto, a partir del enfoque eco- antropológico de este Blog, rescatar del olvido a investigadores del pasado que se distinguieron por su constante preocupación de relacionar paisajes geográficos y recursos, con actividades humanas, validando el escenario geográfico como morada del hombre. Uno de los grandes que tuvimos la fortuna de tener en nuestro suelo patrio, recorriendo palmo a palmo el desierto del Norte, fue el geógrafo norteamericano Isaiah Bowman (1878, Waterloo, Ontario; 1950, Baltimore). Bowman es poco conocido por los antropólogos y arqueólogos. A veces se le cita, en forma genérica y vaga, pero muy pocos colegas se han tomado el trabajo de escudriñar sus escritos, en busca de referencias y perspicaces observaciones, fruto de su contacto directo con el desierto. Fue Director de la American Geographical Society (1915-35) y tomó parte activa como investigador geógrafo en expediciones de la Universidad de Yale y la American Geographical Society a Sudamérica (años 1907, 1911 y 1913), incluyendo la famosa dirigida por Hiram Bingham, el descubridor de Machu Picchu (1911).

Coloso 1913

Antofagasta y Coloso 1913

     Sus obras nos muestran la maestría de sus observaciones de campo, su respeto por el accionar humano, cualquiera fuera su forma, en el ambiente inhóspito del desierto peruano o norte-chileno. Y hasta hoy son un venero de informaciones de primera mano sobre la vida y actividad en el desierto. Porque nada escapa a sus ojos. Como geógrafo humano de sólida formación, describe magistralmente lo que ve y llega a enamorarse del desierto más árido del mundo. Sus observaciones rezuman afecto, acuciosidad y respeto por el hombre. Aunque no lo diga expresamente, es obvio que debió llevar un cuidadoso Diario de Campo, único modo de retener tanto detalle que nos transmite fielmente. Escribió obras de gran valor geográfico y entre ellas, destacan especialmente las dedicadas a América del Sur, área que recorrió en al menos tres grandes expediciones de largo aliento.

Sus obras relativas a nuestra zona son principalmente tres:

- La primera: South América (1915).

- La segunda, The Andes of Southern Peru. Geographical Reconnaissance along the Seventy-third Meridian (1916), publicada por la American Geographical Society.

- La tercera, Desert Trails of Atacama (1924) publicada por la misma Sociedad científica (Special Publications Nº 5, pp. 1-362).

La tropa del fotógrafo en el Paso Silillica en 1907



     En esta última, de especial interés para nuestros estudios, describe minuciosamente, y con ribetes de gracejo y simpatía sus andanzas por el Norte de Chile, desde Copiapó a Arica. Todo le interesa: desde los problemas de abastecimiento de agua y las características del clima, hasta los terremotos las inundaciones, la política contingente local, la flora y la fauna, o modos de vida y preferencias de sus habitantes. Es un geógrafo de la vieja escuela: cuando los paisajes había que recorrerlos y describirlos uno a uno, durante meses de soportar fríos e incontables fatigas, y cuando interesaba -mucho más que ahora- rescatar, percibir y analizar las opiniones de la gente sobre su propio territorio . Porque al leerlo, uno no sabe con precisión si estamos ante un historiador y fotógrafo, ante un etnógrafo o antropólogo, o ante un mineralogista o un geólogo de campo. Tanta es la amplitud de sus conocimientos y su notable capacidad de análisis.

Vida en la Costa.

     La descripción minuciosa y el análisis certero, delatan al científico consumado. Es un geógrafo para el que el diario de campo, la capacidad de observación y el talento descriptivo eran las mejores herramientas de trabajo. Hoy día, cuando el publicar trabajos en revistas ISI, sujetas a parámetros muy estrictos, es lo único que es considerado válido para hacer ciencia, y cuando la "descripción fina" es tildada de herramienta de ropavejero, Bowman, al igual que no pocos naturalistas del pasado reciente, habría quedado fatalmente descartado. Más aún, cuando el autor se solaza en escribir en un elegante inglés, digno de un distinguido novelista de época.

Antofagasta. Traslado por el desierto. 1913.

     Estas obras son el fruto de años de labor de campo, realizada en muchos meses de penosos viajes en mula, a caballo o en carreta. Todas muestran un interés y curiosidad muy vivos por el desierto, sus habitantes y sus recursos, así como por sus asombrosos modos de vida. Colorea todo lo que relata con sus propias experiencias de viaje, que se convierten en los mejores argumentos en pro de su verosimilitud y precisión.

Centro de Antofagasta 1913.


     Tenemos pues el honor de rescatar en este Blog, dedicado a la eco-antropología, algunos fragmentos de este insigne maestro y eximio conocedor del desierto norte-chileno como tal vez nadie en su época. Nos recuerda no pocas veces a un Rodulfo Amando Philippi o a un Alejandro Bertrand, cuando nos describen con delicadeza, respeto y finura, las escenas o peripecias del desierto. Pero el ojo avizor de Bowman penetra más hondamente que el de aquellos. Profundidad y hondura que le otorga su sólida formación geográfica. Hombre y paisaje se unen en él en forma inseparable e incomparable.

Iremos avanzando, en varios capítulos y paso a paso, en este análisis eco-antropológico que nos regala el ojo geográfico de Bowman.

Antofagasta 1913. desde calle Manuel Rodriguez.


1.    -     Confiesa en el Prólogo a su obra sobre Atacama su admiración por el desierto, señalando que esta es la parte de Sudamérica que más le ha atraído (it has more strongly attracted me than any other part of South America).

2.   -     En seguida nos asombra el gran número de fotografías que ilustran la obra, 117 en total, incluidos varios mapas y croquis. Sus excelentes fotografías, ellas solas, constituyen un valioso álbum iconográfico. Cada fotografía ilustra un aspecto significativo del paisaje desértico. Cada una es un conmovedor "recuerdo del pasado". Es como si Bowman hubiera querido conscientemente, rescatar, antes de su desaparición definitiva, un rasgo, un elemento cultural moribundo del escenario geográfico, o de la actividad humana captada en cada lugar. Bowman es un geógrafo humano al que no escapan, sin embargo, los detalles y minucias relativas al clima, la flora, la minería local, la situación política del momento o los atisbos y predicciones sobre el futuro. Es decir, le atrae el paisaje “humanizado" y transformado por la presencia del hombre.

Huellas del Desierto.


3.    - El tema de la sequedad del desierto y de los eventos de lluvia, le apasiona. Y nos entrega valiosas referencias sobre fechas, horario y lugares de su registro. Tanto le sorprende este tema, que dedica un capítulo especial (Capítulo III) al análisis de la lluvia en el desierto ("Rainfall of the desert").

4.    - Le intriga el conocer cómo los cateadores de minas o lo viajeros se surtían de agua y forraje en el desierto, elementos vitales para una larga travesía; no pocas de sus ilustraciones se refieren a estos tópicos, tan propios de la vida en el desierto. Entre otras cosas extrañas, le llaman mucho la atención los socavones de Pica y Matilla y los grandes montos de agua allí obtenidos el subsuelo (hasta 4 litros por segundo).

5.    - Se admira y a la vez se extasía narrando el género de agricultura y ganadería de subsistencia que realizan los sufridos habitantes de las quebradas, al interior de la Pampa del Tamarugal, camino a Bolivia, así como describiendo los rudos modos de trabajo en las oficinas Salitreras de la época.

6.    - En todas sus descripciones, campea una relación íntima y continua entre actividad humana y recursos del medio ambiente, por más escasos que fueran. Una visión decididamente ecológica está presente en todas sus páginas, aunque la palabra "ecología" ni siquiera era empleada por entonces. Y ve precisamente en la vastedad de este ambiente inhóspito, propio del desierto, la causa principal de la total separación y virtual aislamiento entre las naciones sudamericanas. (p.346-348)

7.    - Del clima en la zona de Iquique señala que "es solo la presencia eventual de un aguacero (downspour) el elemento que da a Iquique un minúsculo porcentaje [de pluviosidad media] a lo largo de años. Es casi como una tierra desprovista de lluvias como ninguna otra que conozcamos en la tierra hoy día" (p. 40).

8.    - De un modo particular, nos interesa aquí subrayar y examinar con lupa su visión de la costa árida y su peculiar clima de nieblas, tema al que dedica no pocas páginas. y que trataremos especialmente, con citas del autor, en un próximo capítulo de este Blog. (pp. 51-55).

Antofagasta 1913. Arreo de Ganado.
Mula del fotógrafo en Soncor. 1913.
Aguatero de Taltal.




domingo, 22 de febrero de 2015

EL CARACOL DE LA CHIMBA.

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Y ANTECEDENTES DE HISTORIA NATURAL DE LA HELEOBIA CHIMBAENSIS (BIESE) EN LA COSTA DEL DESIERTO DE ATACAMA. IMPLICANCIAS PARA SU CONSERVACIÓN.

EL CARACOL DE LA CHIMBA.



     Adentrándose varios kilómetros en las quebradas ubicadas en el sector norte de la ciudad de Antofagasta. Nos podemos encontrar con un pequeño curso de agua que emerge bajo las rocas y que, luego de algunos metros. Desaparece nuevamente bajo las piedras del lugar. En ambos lados de este curso (laderas de quebrada) Es posible encontrar una diversidad de especies (Flora) Que resultan extrañas pero gratas para este árido norte. Más aún, cuando en este curso nos podemos encontrar con una de las especies más desconocidas y ùnica de nuestra comuna. La Heleobia chimbaensis (Biese) El caracol de la Chimba. Es una gastròpoda de agua dulce de apenas unos pocos milímetros de longitud pero totalmente habituada a la vida agreste del desierto por miles de años. Pero. Definamos primero a los caracoles acuáticos para entender lo especial de nuestra especie.

Heleobia chimbaensis (Biese). Caracol de la Chimba.

     Los caracoles acuáticos de la familia Cochliopidae Tryon, 1866 se distribuyen principalmente en América, con algunos representantes en África Central y en la región mediterránea de Europa (Hershler y Thompson, 1992). En Chile las especies del grupo han sido mayoritariamente incluidas en el género Heleobia Stimpson, 1865 (Hershler y Thompson, 1992) o Littoridina Souleyet, 1852 (Pilsbry, 1911; Preston, 1915; Biese, 1944, 1947; Haas, 1955; Hubendick, 1955; Stuardo, 1961; Weyrauch, 1963; Figueroa et al., 1999; Sielfeld, 2001; Valdovinos, 1999, 2006, 2008). Sin embargo, recientemente se ha evidenciado a través de la morfología peniana que muchas de las especies tradicionalmente asignadas a Littoridina en Chile pertenecen a Heleobia (Collado et al., 2011). Si bien estudios previos incluyeron el género en la subfamilia Cochliopinae Tryon, 1866 dentro de Hydrobiidae Troschel, 1857 (Hershler y Thompson, 1992; Kabat y Hershler, 1993), actualmente se consideran miembros de la subfamilia Semisalsinae Giusti y Pezzoli 1980 (Bouchet y Rocroi, 2005) dentro de la familia Cochliopidae (Wilke et al., 2001). Las especies de Heleobia tienen una amplia distribución en el sur de Sudamérica (Hershler y Thompson, 1992). Análisis filogenéticos moleculares realizados por Collado et al. (2012a, b; datos no publicados) utilizando el gen mitocondrial citocromo oxidasa subunidad 1 (COI) permitieron obtener nueva información sobre la distribución de las poblaciones de Heleobia del norte de Chile. En este trabajo se informa de un nuevo registro distribucional de Heleobia chimbaensis (Biese, 1944) en la aguada Cueva de los Curas, Región de Antofagasta, norte de Chile, y se entregan antecedentes sobre localidades donde se ha informado la ocurrencia del taxón; estos datos se discuten en el contexto de la conservación de la especie.

Antecedentes de Heleobia chimbaensis.

     Heleobia chimbaensis es una especie gonocórica y de desarrollo directo (Collado y Méndez, 2011). Hubendick (1955) dibujó el órgano copulatorio de esta especie, lo cual fue completado con descripciones detalladas realizadas por Collado et al. (2011). En el análisis filogenético (COI) presentado por Kroll et al. (2012), una muestra obtenida de Taltal, norte de Chile, asignada a H. chimbaensis se posicionó como el grupo hermano de Heleobia limariensis (Biese, 1944) y un conglomerado de “especies” del río Copiapó, Elqui y Limarí, también del norte de Chile. Se desconoce el ciclo de vida de H. chimbaensis. Material estudiado: Caracoles adultos de H. chimbaensis fueron muestreados manualmente desde macrófitas acuáticas o con un cedazo de 0,5 mm de luz de malla desde la localidad de Cueva de los Curas, Región de Antofagasta, más otras localidades donde se ha citado la especie (ver más abajo). El material fue determinado según las descripciones originales de Biese (1944, 1947) y de acuerdo a las figuras de la morfología peneana conocidas para la especie (Hubendick, 1955; Collado et al., 2011). Para esto, los animales fueron fotografiados y luego disecados, separando las partes blandas de la concha.

     Se procedió a fotografiar el pene utilizando un estereoscopio luego de diseccionar el manto. Análisis moleculares, que revelaron que los caracoles cocliópidos de Cueva de los Curas corresponden a una población de Heleobia chimbaensis (Collado et al., 2012a, b; datos no publicados), fueron corroborados por las observaciones anatómicas que se presentan aquí.

Sistemática

Phylum Mollusca Linnaeus, 1758
Clase Gastropoda Cuvier, 1797
Clado Caenogastropoda Cox, 1960
Familia Cochliopidae Tryon, 1866
Subfamilia Semisalsinae Giusti y Pezzoli, 1980
Género Heleobia Stimpson, 1865
Especie Heleobia chimbaensis (Biese, 1944)

Sinonimia

Littoridina chimbaensis Biese, 1944
Littoridina chimbaensis conica Biese, 1947
Heleobia chimbaensis conica (Biese, 1947)


 Concha de dos ejemplares adultos de Heleobia chimbaensis obtenidos de la quebrada Carrizo, Región de Antofagasta, Chile. Escala de barra: 1 mm.

Descripción

     Heleobia chimbaensis es una especie de tamaño grande entre sus congéneres, alcanzando 6,9 mm de longitud de la concha por 2,7 mm de ancho (Biese, 1944). De acuerdo a este autor, la concha es delgada, torriforme y puntiaguda, de color Blanco verdoso, con líneas de crecimiento finas y hasta 6¾ vueltas de espira; abertura ovalada de borde entero, romo, con lista de color café. Biese (1944, 1947) incluyó H. chimbaensis en el grupo de Heleobia parchapii (D’Orbigny, 1835), el cual contiene especies de Heleobia de tamaño grande, de espira larga y 5-8 vueltas de la concha. Los caracoles adultos de H. chimbaensis obtenidos de la quebrada Carrizo (= quebrada La Negra), Región de Antofagasta, norte de Chile, localidad citada para la especie (Biese, 1947), en general presentan cinco vueltas de la concha (Fig. 1).

Hábitat y distribución geográfica

     Heleobia chimbaensis fue descrita por Walter Biese en 1944 con muestras de la quebrada La Chimba, despeñadero ubicado al noreste de Antofagasta, del cual deriva su nombre. De acuerdo a Biese (1947), H. chimbaensis también se encuentra en sistemas hidrológicos de la quebrada Carrizo, quebrada Cascabeles, quebrada Guanillo y en las aguadas Los Perales y Galerce de la quebrada Paposo. Biese (1947) también describió la subespecie Heleobia chimbaensis cónica (Biese, 1947), reconocida por Hershler y Thompson (1992), de la localidad de Las Breas, quebrada Taltal. Según Biese (1947), esta localidad se ubica a 600 m de altura, 14 km al sureste de Taltal. Otra localidad donde se encontraría H. chimbaensis cónica es la Finca Tofala, situada a 150 m de altura, 4 km al sureste de Taltal (Biese, 1947).
     En el presente estudio se registró H. chimbaensis en cinco localidades ubicadas en el margen costero del desierto de Atacama, que incluyen el nuevo registro informado aquí y registros previamente conocidos (Fig. 2). La localidad de Los Perales no fue considerada en el presente estudio debido a que análisis filogenéticos han revelado que los caracoles Heleobia de esta localidad no pertenecen a H. chimbaensis (Collado et al. 2012a,b; datos no publicados), representando otro linaje, lo que sugiere la presencia de dos especies crípticas. Algunas características de estas localidades se detallan a continuación:

Quebrada La Chimba, localidad tipo de la especie: Esta localidad se ubica al noreste de la ciudad de Antofagasta (23º32’22,05” S; 70º21’36,40” O; 500 msnm). El hábitat de la especie se restringe a una pequeña vertiente que aflora desde la pared de la quebrada consistente de una delgada película de agua de 10 cm a un metro de ancho y unos pocos milímetros de profundidad, no extendiéndose más allá de 40 metros, tras lo cual dicho curso de agua se seca en el árido desierto.


     Unos pocos metros más abajo, en la misma quebrada, existe una pequeña cavidad en la pared de aproximadamente 80 cm de ancho por 30 cm de alto que contiene un pequeño pozo de aproximadamente 5 cm de profundidad donde se desarrolla una comunidad habitada por macrófitas, pequeños crustáceos anfípodos del género Hyalella Smith, 1874 y H. chimbaensis. Los caracoles se encuentran preferentemente sobre macrófitas, cianófitas y sedimento blando.


Cueva de Los Curas: Esta nueva localidad se ubica aproximadamente 5,01 km al suroeste de la localidad tipo, en la costa norte de la ciudad de Antofagasta (23º34’47,46” S; 70º23’31,74” O; 11 msnm). En el margen poniente del camino costero existen unas pequeñas cuevas de cuyas paredes emergen aguas que escurren hacia el mar por unos 40 metros. Heleobia chimbaensis habita preferentemente las paredes de las pequeñas cuevas. Se observó alta contaminación por basura en el lugar. La morfología de la concha de los ejemplares de Cueva de Los Curas concuerda con la descripción dada por Biese (1944) para H. chimbaensis. 


Concha de dos ejemplares adultos de Heleobia
chimbaensis obtenidos de la aguada Cueva de Los Curas,
Región de Antofagasta, Chile. El individuo de la
izquierda es un macho, el de la derecha hembra. Escala
de barra: 1 mm.

     El patrón general del pene descrito por Collado et al. (2011) en esta especie corresponde al observado en los ejemplares de Cueva de Los Curas. Hubendick (1955) observó cuatro glándulas apocrinas en el lado convexo del pene de H. chimbaensis mientras Collado et al. (2011) informaron una variación de cuatro o cinco glándulas en esta especie. En ejemplares de Cueva de Los Curas hay presencia de cinco o seis glándulas apocrinas en el lado convexo del pene (n= 2).

Morfología peniana de ejemplares de Heleobia
chimbaensis obtenidos de la aguada Cueva de Los Curas
(A, B). A. Pene del macho de la figura anterior. B. Pene
de un segundo macho, que se encuentra más elongado
que el mostrado en A. Escala de barra: 0,5 mm.

Quebrada Carrizo (Erradicada): Esta localidad se ubica aproximadamente 13,2 km al sur de la localidad previamente señalada, en la zona sur de la ciudad de Antofagasta (23º41’56,72” S; 70º24’42,51” O; 72 msnm). En el lecho de esta quebrada afloran pequeñas vertientes de agua que confluyen formando riachuelos que originan una zona de humedal en parches donde habita H. chimbaensis, preferentemente sobre cianófitas que abundan en el lugar. Se observó alta contaminación por basura en toda la quebrada.

Quebrada Cascabeles: Esta localidad se ubica aproximadamente 13,1 km en línea recta al norte de Taltal (25º17’33,10” S; 70º26’45,40” O; 42 msnm). En el lecho de esta quebrada escurre de manera intermitente un pequeño riachuelo donde habita H. chimbaensis, preferentemente sobre cianófitas. Se observó contaminación menor por basura en el lugar.

Las Breas, quebrada Taltal: Esta localidad se ubica aproximadamente 13,0 km en línea recta al sureste de Taltal (25º30’10,10” S; 70º24’40,20” O; 588 msnm). En el lecho norte de esta quebrada el agua que emerge de una pequeña vertiente produce un riachuelo que escurre una decena de metros hasta formar un pequeño pozón de cerca de 5 m de diámetro donde habita H. chimbaensis sobre macrófitas que se desarrollan en sus bordes. El lugar está fuertemente intervenido por actividades humanas de extracción de agua y movimientos de tierra producto de obras viales.

     En la aguada Galerce, ubicada unos 8,0 km al este de Paposo (Biese 1947), no se encontró ninguna especie de molusco en prospecciones realizadas en el año 2011, al igual que en la aguada de quebrada Guanillo, ubicada unos 60,0 km al sur de Taltal (Biese, 1947; presente estudio). Las aguadas de La Finca Tofala no fueron encontradas.

Estado de conservación

     Heleobia chimbaensis no tiene clasificación de conservación en Chile ni en la IUCN (Del inglés International Union for Conservation of Nature), una organización ambiental internacional para la conservación de la naturaleza. Sin embargo, varios factores constituyen una amenaza para la especie.
La perturbación y degradación del hábitat por actividades humanas ocurren en prácticamente todas las localidades observadas donde habita H. chimbaensis. Por ejemplo, gran parte del diminuto curso de agua encontrado en la localidad tipo está cubierto por basura, evidenciando intervención humana y un ambiente degradado (Fig. 7). Alta contaminación por basura se observa en las localidades de Cueva de Los Curas y quebrada Carrizo, ubicada al interior de la ciudad de Antofagasta. En quebrada Cascabeles el problema de la basura es menor. Por otro lado, las reducidas cantidades de agua y el estrés hídrico se han evidenciado en todas las localidades visitadas. Es importante considerar que los caracoles cocliópidos respiran por branquias por lo que su ciclo de vida es completamente acuático. De esta manera, H. chimbaensis depende la cantidad y la calidad del agua para su supervivencia. La pérdida de hábitat por una sequía prolongada, movimientos de tierra por actividades humanas o un evento catastrófico como un derrumbe constituyen una real amenaza para su supervivencia. Heleobia chimbaensis presenta además un bajo número de poblaciones totalmente aisladas en la actualidad, lo que sumado a los factores ya señalados, sugieren un futuro incierto para la especie.



Heleobia chimbaensis habitando sobre una bolsa plástica en la quebrada La Chimba, noreste de Antofagasta, localidad tipo de la especie.

Distribución geográfica de Heleobia
chimbaensis en la costa del desierto de Atacama,
norte de Chile. Círculo rojo: localidad tipo de la
especie; flecha azul: nuevo registro informado en
este estudio; círculos negros: registros de Biese
(1944, 1947). En el mapa no se incluyeron los
registros de Los Perales ni Finca Tofala.

Estado de Coservaciòn.

Aguada principal. afloramientos de La Chimba.



Informaciòn extraída del Amici Molluscarum 20(2): 13-18 (2012). De la Sociedad Malacológica de Chile (SMACH). Investigador Gonzalo A. Collado. Laboratorio de Genética y Evolución, Facultad de Ciencias, Universidad de Chile.
Referencias bibliográficas
Referencias: 

Biese, W.A. 1944. Revisión de los moluscos terrestres y de agua dulce provistos de concha de Chile. Parte I, Familia Amnicolidae. Boletín del Museo de Historia Natural 22: 169-190.

Biese, W.A. 1947. Revisión de los moluscos terrestres y de agua dulce provistos de concha de Chile. Parte II, Familia Amnicolidae (continuación). Boletín del Museo de Historia Natural 23: 63-77.



EL CAMARONCITO DE LA CHIMBA

FAUNA DE ANFÌPODOS DULCEACUICOLAS DE CHILE

La Diversidad de nuestro planeta. Merece protección. Más aún. Cuando estas especies se desarrollan en ambientes extremos y en donde pequeños cambios pueden significar la extinción.


El Camarón de la Chimba (Definición no oficial)
La Chimba: Sector ubicado al norte de la ciudad de Antofagasta. Reserva Nacional. Quebrada.




     Definamos que son los Anfípodos: Se trata de pequeños camaroncitos (género Hyalella) de hasta 8 o 9 mm. Que en reposo adoptan una posición curvada que le es característica. Habitan en los recovecos del fondo u ocultos entre la vegetación acuática, siendo su momento de mayor actividad en el crepúsculo, donde son más vulnerables.
 Su dieta consiste en materia orgánica particular, proveniente de hojas y detritus. Son especialmente abundantes en lagos y lagunas.
Los colores más comunes son crema opalescente, marrón claro o verde oliva. Se trata de organismos extremadamente prolíficos.

     En la ciudad de Antofagasta. Era posible encontrar estos camaroncitos en afloramientos de aguas subterráneas. Tanto en Quebrada Carrizo como en los sectores altos y bajos de la Chimba. En su momento, le denominamos Hyalella chimbaensis (Nombre dado solo para identificación de los integrantes de nuestra organización) mientras se identificaba la especie y se pudo comprobar que los estudios eran escasos a nivel nacional y ausentes a nivel local para que permitiera definir a la especie con la zona de estudio antes mencionada.


     Si nos basamos por ejemplo. En las apreciaciones de Patricio De los Ríos Escalante y Alfonso Mardones en su publicación “Ecology of the malacostracans of northern Chilean inland watersque” la cual dice: ”Los del norte de Chile (18-27 ° S) las aguas interiores han sido poco estudiado, debido a las dificultades para acceder a la zona, y la fauna acuática es esculpido por la alta conductividad. Los pocos estudios que se encuentran disponibles se basan en información fragmentada sobre lagunas de montaña poco profundos asociados con depósitos salinos ("salares"), y estanques de poca profundidad y el río Loa. El objetivo del presente estudio es proporcionar una revisión de la ecología malacostracan del norte las aguas interiores chilenas. La información de los estanques y lagunas de montaña de poca profundidad revela la presencia de los anfípodos Hyalella fossamanchini y H. Kochi. Ellos sólo se encuentran en los niveles bajos de salinidad (<3 g / l), a pesar de una situación diferente se observó para el río Loa, que tiene la población de baja abundancia del norte de langostino de río chileno Cryphiops caementarius y los anfípodos H. fossamanchini y H. Kochi. Sin embargo, la primera especie es escasa debido actividades de pesca excesiva y la fragmentación del hábitat, mientras que no existen estudios sobre las poblaciones de anfípodos. Sin embargo en el río Loa estas especies pueden ser una presa importante para los salmónidos introducidos (Oncorhynchus mykiss y Salmo trutta). Se observaron patrones similares para otros ecosistemas comparables en las montañas de los Andes de Argentina y Perú”.

     Textual: “The northern Chilean (18-27°S) inland waters have been poorly studied, because of difficulties in accessing the area, and the aquatic fauna is sculpted by the high conductivity. The few studies that are available are based on fragmented information on shallow mountain ponds associated with saline deposits (“salares”), and shallow ponds and the Loa river. The aim of the present study is provide a review of the malacostracan ecology of northern Chilean inland waters. The information of shallow mountain ponds and lagoons reveals the presence of the amphipods Hyalella fossamanchini and H. kochi. They are only found at low salinity levels (<3 g/l), although a different situation was observed for Loa river, which has low abundance populations of the northern Chilean river prawn Cryphiops caementarius and the amphipods H. fossamanchini and H. kochi. However the first species is scarce due excessive fisheries activities and habitat fragmentation, whereas there are no studies about amphipods populations. Nevertheless in Loa river these species can be an important prey for introduced salmonids (Oncorhynchus mykiss and Salmo trutta). Similar patterns were observed for other comparable ecosystems in the Andes mountains of Argentina and Peru”.

     Hemos comprobado que estos Anfípodos del gènero Hyalella. Se nos muestran como una especie al norte de la ciudad. Hyalella kochi. La cual tiene su área de distribución. Central Andes. Inland waters from central Argentina (31° S) to northern Chile (18-26° S). The species assigned to this track H. kochi. H. gracilicornis González ò bien la Hyalella costera González & Watling, 2001. La cual se encuentra desde la localidad tipo: Quebrada Paposo, Antofagasta, Chile. Distribución geográfica: Chile: Quebrada Paposo, Antofagasta (25°01'S, 70°28'W); Limache (32°59'S, 71°15'W); El Molle (29°58'S, 70°56'W); isla Teja, Valdivia (39°48'S, 73°12'W) (González, 2003); lagunas costeras temporales en Puaucho (38°57'S, 73°19'W); arroyos y pozas en Puerto Montt, sector Pelluco Alto (41°28'S, 72°54'W).

     Por lo tanto. Mientras se logra definir correctamente la especie que mora los pequeños cursos acuíferos de nuestra ciudad. Dejaremos uno de los estudios más completos sobre estos y su distribución a nivel nacional.




Jorge Pérez-Schultheiss. Centro de Estudios en Biodiversidad (CEBCh)
Gaceta de la Ruta de Biodiversidad, Número 1 (Enero de 2011)


     Los anfípodos son pequeños crustáceos bastante comunes en ríos, lagunas y otros tipos de ambientes dulceacuícolas; sin embargo, el conocimiento que se tiene de ellos es aún incompleto, pues solo en los últimos años se ha comenzado a aproximarse a su verdadera diversidad en Chile.
Alrededor de un 20% de las especies del orden Amphipoda habitan ecosistemas de aguas dulces; es decir, unas 1879 especies (Vainola y otros, 2008). Los anfípodos son pequeños crustáceos (2–8 mm son tallas habituales) desprovistos de caparazón y caracterizados generalmente por el cuerpo comprimido lateralmente, junto a algunas otras características menos aparentes a simple vista. En esta nota, se presentó una síntesis de las especies de anfípodos de aguas dulces conocidas de Chile y se mencionan algunas otras aún no descritas que fueron descubiertas recientemente, para mostrar que a pesar de ser bastante comunes, estos crustáceos todavía son muy poco conocidos.

     El primer anfípodo de aguas dulces de Chile fue descrito en 1860, por el naturalista Rodulfo Amandus Philippi en su libro “Viaje al desierto de Atacama”. Philippi bautizo esta especie como Ampithoe andina; sin embargo, la descripción fue muy poco detallada, por lo que hoy es imposible reconocerla con certeza. Después de más de 140 años desde el descubrimiento de esta primera especie, todo indicaba que la fauna chilena de anfípodos de agua dulce incluía únicamente un grupo: los Dogielinótidos del género Hyalella (antes de 2003 clasificados en la familia Hyalellidae) y con una diversidad bastante baja, lo que parece ser confirmado por la literatura publicada hasta ese momento.

     En 1991, Exequiel González, uno de los pocos chilenos que ha estudiado este grupo, mencionaba la presencia de solo tres especies: Hyalella azteca (Saussure, 1858), Hyalella gracilicornis (Faxon, 1876) y Hyalella patagonica (Cunningham, 1871). Este número era sorprendentemente bajo, si tomamos en cuenta la longitud y variedad ambiental de nuestro país; pero más sorprendente aún era el hecho de que las primeras dos especies no fueron descritas de Chile, sino que son originarias de otros países. Así, Hyalella azteca es propia de Norte América y Hyalella gracilicornis, es de Brasil.

Rudolphia macrodactylus Grosso & Peralta, 2009
(Arriba hembra, macho abajo)
Foto: J. Pérez-Schultheiss

     Pero González continuó estudiando este grupo y en 2001 logro aclarar, junto al investigador norteamericano Les Watting, la gran confusión que existía hasta entonces en este único grupo de anfípodos dulceacuícolas.

     En este trabajo, comprueban que lo que anteriormente había sido citado como H. azteca era en realidad una especie no descrita, que llamaron Hyalella costera González & Wating, 2001 y que lo que hasta entonces había sido confundido con H. gracilicornis, era en realidad otra especie nueva: Hyalella kochi González & Watting, 2001 (esta es probablemente Amphithoe andina de Philippi). Además, describen una nueva especie adicional, que bautizan Hyalella chiloensis González & Watting, 2001.

     Más tarde, en 2003, estos mismos autores describen otra nueva especie de la Patagonia, bautizada como Hyalella franciscae González & Watting, 2003, en honor a la esposa de Exequiel González. Con todo esto, la situación de las Hyalella chilenas pasó desde solo tres especies a un total de siete, al incluir también las especies H. fossamancinii Cavalieri, 1959 y H. simplex Schellenberg, 1943, descritas de Argentina y de la Patagonia chilena (González, 2003). Cabe mencionar que H. patagonica debió ser rebautizada como H. araucana porque el nombre propuesto por Cunningham en 1871 no era válido (Grosso y Peralta, 1999).



     Hasta este momento, toda la literatura de anfípodos dulceacuícolas de Chile estaba relacionada solo con especies de Hyalella, como indican los trabajos de González (2003), Jara y otros (2006) y González y otros (2008). Aunque anteriormente ya habían sido descritas dos especies adicionales, pero de ambientes subterráneos (Pérez-Schultheiss, 2009a), que en general pasaron bastante desapercibidas para el público, ya que son pequeñas y vermiformes (con forma de gusanos). Una de estas especies fue la Ingolfiellidea Ingollfiella manni, propia de aguas subterráneas dulces y salobres en las zonas de Antofagasta y Coquimbo (Noodt, 1961). La otra especie, Pseudingolfiella chilensis, vive bajo la arena de barras arenosas de gran parte de Chile, por lo que estrictamente sería un habitante de aguas salobres (Noodt, 1959). Inicialmente se pensó que esta especie también era una Ingollfiella, pero luego se transfirió a un nuevo género, cuyo nombre significa “falsa Ingollfiella”, recordando este error inicial (Noodt, 1965). Noodt, indica que la especie estaría emparentada con los Bogidiellidos; sin embargo, estudios posteriores la extraen de esta familia (Koeneman & Holsinger, 1999) para agregarla a Paracrangonyctidae (Grosso y otros, 2006).

     Pero los anfípodos aún nos depararían otros interesantes hallazgos (Pérez-Schultheiss, 2009a), algunos de ellos bastante sorprendentes, aunque tal vez esperables, como veríamos después. Rudolphia macrodactylus Grosso & Peralta, 2009 (Arriba hembra, macho abajo) Foto: J. Pérez-Schultheiss Ingollfiella manni Noodt, 1961 (arriba) Pseudingolfiella chilensis (Noodt, 1959) (abajo) Extraídos de Pérez-Schultheiss (2009a). 

     El profesor Erich Rudolph de la Universidad de Los Lagos se encontraba estudiando una población de camarones de vega de una turbera en el sector de Rucapihuel, en la cordillera de la Costa de Osorno. Estos camarones constituían un extraordinario hallazgo en sí mismos, ya que supuestamente pertenecían a la rara especie Virilastacus araucanius, conocida hasta entonces solo por contados ejemplares. Pero el asunto era más complejo: mientras el profesor estudiaba algunos aspectos biológicos de esta población, notó algo extraño; los camarones no correspondían exactamente a lo que él había supuesto desde el principio, sino que en realidad eran algo nuevo. Pero no era una, sino dos nuevas especies de Virilastacus, que más tarde bautizaría como V. retamali y V. rucapihuelensis (Rudolph & Krandall, 2005, 2007). 


     Y fue precisamente en el agua de las galerías que estos camarones hacían en el terreno fangoso de la turbera que aparecieron numerosos ejemplares de una especie de anfípodo. Inicialmente, el profesor Rudolph pensó que se trataba de alguna especie de Hyalella, de acuerdo a lo conocido hasta ese momento, pero luego de estudiarlos con más atención, llegamos a la conclusión de que en realidad correspondían a algo distinto: ¡los primeros anfípodos verdaderamente dulceacuícolas no Dogielinotidos en Chile! En ese momento se decidió enviar algunos ejemplares al Dr. Luis Grosso, del Instituto Miguel Lillo, de Tucumán, Argentina, quien había trabajado con anfípodos desde fines de la década de los 70.

     Después de algún tiempo, el Dr. Grosso respondió informando preliminarmente que las muestras correspondían a Paraleptamphopidae, una familia hasta ese momento conocida únicamente de Nueva Zelanda (Pérez-Schultheiss, 2009 a). Tuvimos que esperar hasta el año pasado para saber el nombre de este nuevo anfípodo, que resultó ser tan especial como para constituir incluso un nuevo género: Rudolphia macrodactylus Grosso & Peralta, 2009, en honor a su descubridor, el profesor Rudolph.

     Después, durante el presente año, vendría otro gran descubrimiento realizado por Bréhier y otros (2010). Estos autores, estudiaron el material colectado por una expedición de espeleólogos franceses a la isla Madre de Dios, de la región de Magallanes. En esta isla, se ha descubierto un extraordinario sistema de cavernas carsticas, producidas gracias a la presencia de rocas calcáreas que se diluyen lentamente por la acción del agua. Este tipo de formaciones, mucho más comunes en zonas más cálidas, existe aquí en uno de los climas más inhóspitos del mundo.

     La especie descubierta por Bréhier y otros (2010) ha sido otra interesante sorpresa. Pertenece a la familia Phreatogammaridae, coincidentemente también restringida a Nueva Zelanda antes de este hallazgo. El nombre elegido para este nuevo género y especie fue Ruffia patagónica Brehier, Vonk & Jaumé, 2010, esta vez en honor del célebre anfipodologo italiano Sandro Ruffo, recientemente fallecido, con más de noventa años y activo hasta sus últimos días. Ruffia patagónica fue encontrada en el punto de surgencia de una vertiente que desemboca en la playa, proveniente de las cavernas. 


     Tanto Rudolphia macrodactylus como Ruffia patagónica constituyen claros ejemplos de la relación de Chile con otros continentes que formaron parte del supercontinente de Gondwana, hace alrededor de 250 millones de años. Como veremos, las especies que falta mencionar muestran otras afinidades biogeográficas y aún no han sido bautizadas, pues sus descripciones están todavía en proceso.

     Una especie inesperadamente muy común en pequeños riachuelos de la cordillera de la costa ha sido mencionada como Aff. Sternomoera sp. (Pérez-Schultheiss, 2009a). Estos anfípodos pertenecen a la familia Pontogeneiidae, que está bien representada en aguas marinas del mundo, y también en Chile; sin embargo, suponemos que corresponde a un evento de invasión dulceacuícola independiente a partir de ancestros marinos, no relacionada directamente con ninguna de las pocas especies de Pontogeneiidae de aguas dulces que han sido encontradas en otras partes del mundo. La descripción de este nuevo género y especie está en curso, y será bautizada como Osornomoera gabrielae sp.

     Finalmente, la última especie de anfípodo dulceacuícola encontrada hasta ahora corresponde al reciente hallazgo del primer representante chileno de la familia Bogidiellidae, un grupo habitante de ambientes exclusivamente subterráneos de todo el mundo. Más bien es bastante extraño que no se hayan encontrado antes, ya que los bogidiellidos están muy bien representados en Sudamérica por varios géneros y especies descritas por el Dr. Luis Grosso y otros, en Argentina. La descripción de esta nueva especie está siendo realizada también.

Bogidiellidae aún no descrito
Foto: J. Pérez-Schultheiss


     Los anfípodos dulceacuícolas nos muestran un interesante ejemplo de lo poco que conocemos de la diversidad de organismos de nuestro planeta. Si tomamos en cuenta la escases de estudios en este grupo de crustáceos en Chile, donde la situación del género más común y fácil de encontrar, Hyalella, fue aclarada recién en 2003; además de la gran proporción del territorio aún inexplorado (varias de las especies nuevas han sido encontradas únicamente en la provincia de Osorno), parece evidente que no tenemos que viajar a zonas extremadamente remotas y aisladas para realizar hallazgos interesantes.

Hyalella kochi Gonzáles & Watting,


Hyalella costera Gonzáles & Watting.