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miércoles, 8 de julio de 2026

EL WAYCHAU

 

El Waychau

(El Mensajero del Destino)


Waychaucituy chayamuptin

(Cuando llegues waychaucito)

ñuqallayqa pasakusaq

(me pararé y me iré)

orquntapas qasantapas

(por los cerros y por las abras)

qamqhinapas phawasaqcha

(me iré corriendo como tú)

qamqhinapas waqasaqcha

(me iré cantando como tú)

 

Se le llama comúnmente Mero gaucho, para diferenciarlo del Mero, aunque también se conoce como Mero cordillerano. Como muchas aves andinas, tiene su nombre propio asignado por los indígenas: Waychau (o huaychau), que proviene del quechua. Es lo más probable que el “gaucho” de su nombre no tenga ninguna relación con los gauchos argentinos, como podría creerse, sino que sea una deformación del nombre quechua. De hecho, en la zona del alto Loa lo llaman guaicho. Otro nombre común que recibe es el de arriero, el que se debe a que -según algunas leyendas- antiguamente era un arriero al que, por su mala conducta con los animales, los Apus castigaron convirtiéndolo en ave. La ciencia, en tanto, le ha asignado el más prosaico nombre de Agriornis montanus.

El waychau -o mero gaucho, como prefieran llamarlo- es un ave de buen tamaño, entre 22 y 24 cm. Es principalmente de color café apizarrado (grisáceo dicen algunos), con el abdomen acanelado y la garganta blanquecina con notorias barras oscuras. La cola es oscura pero con las plumas laterales blanquecinas.

Es un ave propia del altiplano, pero en el norte de nuestro país es habitual que descienda a tierras más bajas, hasta el nivel mar inclusive, por lo que podemos encontrarlo hasta en la costa. Se alimenta de una variedad de presas, desde insectos y arañas hasta lagartijas y sapos, incluyendo huevos y pichones de otras aves y pequeños mamíferos, no obstante lo cual pueden también comer semillas.

Hacen sus nidos en el suelo, al amparo de rocas o arbustos, aunque también puede usar grietas o huecos en las rocas o hasta en los techos o paredes de las casas. No es confiado, pero no teme acercarse a las habitaciones humanas.

En algunas zonas andinas de su distribución se le considera injustamente como un ave de mal agüero, por error de las gentes. Según las antiguas tradiciones, el waychau es el mensajero del destino, por lo que se debe entender que –por ejemplo- si iniciaremos un viaje y lo escuchamos cantar, no deberíamos continuar, o bien deberíamos hacerlo con precaución, porque él nos está avisando del peligro que acecha más adelante. Sin embargo, las gentes lo han interpretado al revés y culpan de lo que pueda ocurrir a quien no hace más que transmitir el mensaje, achacándole ser quien causa el infortunio y, por ende, considerando de mal agüero a un ave que –por lo contrario- nos trae buena fortuna.

Así pues, no temamos el canto del waychau, más bien, hay que agradecer su prudente aviso.












 

 

 

 

 

 


miércoles, 1 de julio de 2026

100 AÑOS ATRÁS

 

100 Años Atrás

(Según las antiguas crónicas)


Nos indica Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia que, hace 100 años atrás, se produjo un grave accidente minero en Chuquicamata.

 

La historia dice así:

 

El 29 de junio de 1926, a las siete y quince de la mañana, en circunstancias que había una gran cantidad de trabajadores ejecutando sus labores, se produjo una explosión en el socavón del corte D, que se encontraba sobre ellos, sepultando a muchos de ellos. Según las noticias enviadas por telégrafo desde Calama, para mediodía se habían recuperado 11 cadáveres y un número indeterminado de heridos, de diversa consideración.

Las labores de despeje continuaron con la ayuda de una pala de dos y media toneladas de capacidad –que puede parecernos mínima en estos tiempos, pero que entonces era lo mejor que había- y bajo la luz de poderosos reflectores, ya que se trabajaba sin interrupción, incluso de noche.

No poca conmoción produjeron los familiares de los trabajadores que, tras escuchar desde Calama la gran explosión e ignorando la suerte que pudieran haber corrido sus parientes, por no haberse recibido ninguna información, acudieron en masa a la mina, en automóviles, llegando incluso hasta el sitio del suceso, donde se vivieron desgarradoras escenas.

Las primeras informaciones –extraoficiales- indicaban que el accidente habría sido causado por un cortocircuito eléctrico, sin que hasta el día primero de julio se supiera a ciencia cierta lo ocurrido. Es de hacer notar que la Gerencia de la Chile Exploration Company, empresa situada en Santiago y propietaria de la mina en ese entonces, se enteró por la prensa de lo sucedido, al haberse cortado las comunicaciones por cable y telégrafo.

 
Para el día siguiente, ya se sabía de la identidad de algunos de los heridos: Luis Vicencio, José Reyes, Augusto Salas, Luis Valenzuela, Juan López y Enrique Cárdenas. Se daba por desaparecidos al ciudadano alemán Alfred Amehlenkos y a José Palma, a los que se agregarían después Juan Araya, Patricio Zapata, Miguel Muñoz, Diego Herrera y Sebastián Salgado. Fallecidos se encontró a los siguientes: José Cárdenas, Emiliano Díaz, Humberto Pereira, Ernesto Rodríguez, Luis Jiménez y Pedro Ramírez. Además, se encontraron 3 cuerpos imposibles de reconocer. Se dice que no se dio a conocer nunca la nómina completa de los trabajadores involucrados ni el número exacto de fallecidos.

Tampoco hubo un informe oficial respecto a las causas de la explosión. Lo que se especula es que estando ese banco ya cargado con explosivos, un circuito producido en alguna de las luminarias que alumbraban ese sector habría alcanzado a los explosivos causando la catástrofe. No es de extrañar que no se publicara en los periódicos de entonces ninguna información más, después del primero de julio, ya que esta Compañía –como a veces sucede en nuestros tiempos- realizaba lo necesario para detener cualquier publicación que fuera ajena o perjudicial a sus intereses.


El dato curioso, o anecdótico, es que aquél mismo día 29 se encontró a uno de los desaparecidos, un ciudadano irlandés de apellido Kroop quien, muy en la línea con su nacionalidad, circulaba ebrio por las calles y manifiestamente alegre. Al interrogársele por los motivos para tanta alegría, dijo que celebraba el que, habiendo estado en el lugar de la explosión, se había librado completamente ileso.












 


miércoles, 24 de junio de 2026

LA MULA

 

La Mula

Terca por Naturaleza


Resulta evidente que, en los inicios de la exploración y explotación del territorio del Desierto de Atacama, no había disponible otra fuerza motriz para el transporte que la de las caballerías (caballos, mulares y burros) y la de los bueyes. Ahora bien, de entre estos animales hay uno que se destacaba por sobre los demás, por ser el más versátil y el más adecuado para los trabajos que se necesitaba realizar. Ese animal es la mula.

 

La mula, genéricamente hablando, es un híbrido creado a partir del cruzamiento de una yegua y un burro, el que adquiere las mejores características de ambos animales: de la yegua obtiene la alzada (tamaño), la agilidad y la velocidad, en tanto del burro adquiere la resistencia, la longevidad (viven más que los caballos y trabajan por más tiempo), la salud y un aumentado sentido de conservación. Esta última característica suele ser confundida con terquedad (“es porfiado como una mula”), pero en la realidad no es otra cosa que un mejor desarrollado instinto de conservación. Por ejemplo, se puede exigir a un caballo que vaya más allá de sus fuerzas o resistencia y es posible que muera intentando hacer lo que le piden, pero no se puede hacer lo mismo con una mula. Si se le carga más peso del que puede transportar, simplemente no habrá manera de hacerla caminar. Si la mula advierte que el camino resulta peligroso por alguna razón, no avanzará aunque le den de palos. Por esta razón siempre es más confiable el criterio de la mula que el del ser humano, ya que éste –como bien sabemos- evalúa mal con frecuencia.

 

En Chile se le llama “mula” tanto al híbrido en general como al mular hembra, en tanto al mular macho se le llama justamente así, “macho”. En otros países pueden recibir –y reciben- otros nombres. Se prefiere a las hembras para el trabajo por ser más dóciles, debiendo castrarse a los machos para que lo sean en mayor medida, ya que de lo contrario mantienen un genio más inquieto. A pesar de que –como hemos dicho- las mulas tienen un temperamento más pacífico que los caballos, ocurre que son menos pacientes con los perros que éstos, llegando al punto de defender a su jinete cuando es atacado (esto es una herencia de su borrico padre). Tienen además la habilidad de patear en todas direcciones, con cualquiera de sus patas. Así es que más vale no buscarles el odio.

 

Una buena mula puede cargar entre un 20 y un 30% de su peso corporal, superando un poco al burro en esto y bastante al caballo, que no puede cargar más del 20% del suyo. Además, un mular bien cuidado puede trabajar durante 30 años, lo que equivale a la vida completa de un caballo.

 

Valga aclarar que no es lo mismo cruzar un burro con una yegua que un caballo con una burra, porque aunque se trata de las mismas especies, los genes que se heredan en ambos casos son diferentes. Cuando la cruza es entre caballo y burra, no se obtiene un mular, sino un burdégano, híbrido que aunque es similar en aspecto resulta más pequeño que la mula y, aunque es más dócil, es también menos resistente para el trabajo y no vive tanto como aquella.

 

Las mulas se utilizaron por siglos para todo tipo de trabajos, hasta que fueron reemplazadas por los vehículos de combustión. Pero antes de que eso ocurriera se criaron por miles. En nuestro norte las hubo en esas cantidades también, en los tiempos de las salitreras, al punto que no quedaba valle precordillerano, o de las márgenes del Loa, en el que no se cultivara la alfalfa para alimentarlas. La gran mayoría de los mulares se traía desde Argentina por los pasos fronterizos, lo que debe haber significado un gran negocio para el noroeste de ese país.

 

Las antiguas imágenes nos sirven para darnos cuenta de cuánto –y cuántas- se necesitaban. Una diligencia o un carro de transporte requerían de un tiro de 4 mulas, pero los carros que cargaban mineral necesitaban cuando menos 6 de ellas. Todo el sistema de transporte requería de mulas.

 

Con la llegada de los vehículos automotores comenzaron a desaparecer. Puesto que no podían reproducirse, no ocurrió como con los burros, que al perder su función laboral simplemente fueron liberados y continuaron con sus vidas libremente. Las mulas –con mayor valor comercial que los burros- no tuvieron esa opción y fueron trasladadas a donde todavía pudieran ser útiles.

 

Hoy en día todavía se crían y se utilizan en diversas tareas. Por ejemplo, nuestro ejército las produce y las mantiene para utilizarlas en la montaña y otras zonas de difícil acceso, ya que no hay hasta ahora una maquinaria que pueda realizar ese trabajo mejor que ellas.










 

 


miércoles, 17 de junio de 2026

LA CERATITIS CAPITATA

 

La Ceratitis capitata

(Si me como una larva ¿Me crecerán alas?)


Recordamos la conversación con un ex empleado de cierta repartición pública (ya en júbilo) quién nos confidenció que, por los años ´80 del siglo pasado, hubo una campaña masiva de fumigación por toda la ciudad de Antofagasta y sus alrededores para erradicar o combatir a la mosca de la fruta. Dicha campaña lo llevó hasta una quebrada emblemática de nuestro territorio, la Quebrada La Chimba y sin entender los motivos ya que en dicho lugar encontramos vegetación, tanto endémica como nativa, pero no habían frutas ni frutales, quizás los copaos de las columnares serían los únicos que caerían en dicha clasificación. En aquellos años la fumigación se realizaba con compuestos altamente tóxicos y arrasaba con todo lo que habitase el espacio y no tan solo serían moscas las que caerían por efectos del químico utilizado. Antes de dicha fumigación no había catastros de la vida contenida en dicho lugar, estos asomaron mucho después y debemos entender que, el bien mayor, en esta caso, el de liberarnos de dicha plaga, disculparía el daño que se puede haber originado en un ecosistema tan frágil y exclusivo.

Alguna vez pensamos, que este desierto bastaba para contener y controlar una gran cantidad de plagas que en más de las veces vienen en tamaño pequeño, más, ya no es así. El desierto puede ser un límite, pero muy poco efectivo al momento de sumar al actor más importante, al sapiens-sapiens y su capacidad actual de desplazamiento.

 

Dicha mosca ha retornado a nuestra ciudad -la hemos visto- y aún resulta fácil el controlarlas según los entendidos por supuesto. Ante esto, nos indica el señor bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

 

Pues bien. En los últimos meses hemos vuelto a escuchar sobre la mosca de la fruta, Ceratitis capitata, una peligrosa plaga agrícola.

A pesar de que nuestro país ha sido reconocido internacionalmente como libre de esta plaga desde el año 1995, eso no implica que no pueda presentarse esporádicamente en algún lugar de nuestro territorio. Por ejemplo, a fines del mes pasado se declaró su presencia en Matilla, región de Tarapacá.

Por lo general, lo que llegamos a saber de estos focos son sus consecuencias, es decir, la destrucción de frutas y frutales y la prohibición de mover fruta fuera del lugar en que se encuentra la mosca.

Pero pocas veces se nos explica el por qué se toman estas medidas que –muchas veces- resultan en extremo perjudiciales para los agricultores y para la gente que tiene algunos frutales en sus casas. Para entender el por qué los organismos gubernamentales proceden así, a veces pareciera que demasiado autoritariamente, es necesario conocer más sobre esta mosca y no quedarse solamente en su nombre y en su fama de perjudicial.

La mosca de la fruta Ceratitis capitata (se le llama “de la fruta” a otras moscas también, y no hay que confundirlas) es un insecto de origen africano que, con el paso de los años, se ha ido extendiendo por gran parte del mundo y no sólo por países de clima tropical, sino también por zonas de clima templado como son el centro y sur de nuestro país.

¿Por qué se le considera una de las plagas agrícolas más dañinas? Pues porque puede dañar a muchas frutas diferentes, entre ellas: el durazno, el nectarín, el damasco, la ciruela, la cereza, la naranja, la mandarina, la tangerina, el pomelo, el limón y la lima (en menor medida por la acidez de su cáscara), la manzana, la pera (tanto las europeas como las asiáticas), el membrillo, el mango, la guayaba, el higo y la breva, el caqui, la palta, la chirimoya, el arándano, el kiwi, la frambuesa, la granada, el melón, la sandía, el dátil, el plátano, la papaya y las uvas en todas sus variedades. Hasta verduras como el tomate, el pepino, la berenjena y el morrón pueden ser atacadas.

¿De qué manera afecta a las frutas? Bueno, la mosca pone sus huevos bajo la piel de la fruta y, tras 2 o 3 días, emergen las larvas, que comenzarán a alimentarse de la pulpa de ésta. Es recién en este momento que puede comenzar a notarse el daño, que sólo se hará notorio cuando las larvas ya estén bastante desarrolladas y hayan afectado notoriamente la fruta. Esto será más notorio, obviamente, en las frutas pequeñas que en las grandes; entre 6 y 10 días demoran las larvas en alcanzar su desarrollo. Cuando ya están listas, se abren camino al exterior y se dejan caer al suelo, en donde se convierten en una pupa (crisálida). Permanecerán en este estado entre 7 y 10 días, que es lo que se demoran en convertirse en una mosca y emerger. Las moscas adultas alcanzan su madurez sexual entre 3 y 4 días después de emerger los machos y entre 4 y 8 días las hembras. Viven entre 30 y 60 días, durante los cuales la hembra puede oviponer entre 200 y 500 huevos, introduciendo entre 1 y 15 cada vez, en una gran cantidad de frutas. Excepcionalmente y en climas cálidos, estas moscas pueden llegar a vivir 6 meses, pero también pueden morir a los 4 días de emergidas si no encuentran alimento.

El hecho de permanecer los huevos y larvas ocultos dentro de la fruta, es lo que le permite a la mosca ser transportada de un lugar a otro por las personas sin que lo adviertan, propagando así la plaga a grandes distancias. Cuando la persona se da cuenta que la fruta está descomponiéndose por acción de las larvas, lo primero que hace es botarla, ayudándolas así a alcanzar la tierra y completar su desarrollo.

Por eso es importante crear barreras fitosanitarias cuando se produce un brote de esta mosca en alguna localidad, para impedir que se siga esparciendo por el territorio nacional. Si se perdiera la calidad de país libre de mosca de la fruta, los daños para el sector agrícola serían enormes, ya que no se podrían exportar un gran número de productos, pero no se limitaría a eso, ya que estas moscas proliferan rápidamente dañando grandes cantidades de frutas, por lo que las consecuencias serían para todo el país.