PRÓXIMAS RUTAS

miércoles, 24 de junio de 2026

LA MULA

 

La Mula

Terca por Naturaleza


Resulta evidente que, en los inicios de la exploración y explotación del territorio del Desierto de Atacama, no había disponible otra fuerza motriz para el transporte que la de las caballerías (caballos, mulares y burros) y la de los bueyes. Ahora bien, de entre estos animales hay uno que se destacaba por sobre los demás, por ser el más versátil y el más adecuado para los trabajos que se necesitaba realizar. Ese animal es la mula.

 

La mula, genéricamente hablando, es un híbrido creado a partir del cruzamiento de una yegua y un burro, el que adquiere las mejores características de ambos animales: de la yegua obtiene la alzada (tamaño), la agilidad y la velocidad, en tanto del burro adquiere la resistencia, la longevidad (viven más que los caballos y trabajan por más tiempo), la salud y un aumentado sentido de conservación. Esta última característica suele ser confundida con terquedad (“es porfiado como una mula”), pero en la realidad no es otra cosa que un mejor desarrollado instinto de conservación. Por ejemplo, se puede exigir a un caballo que vaya más allá de sus fuerzas o resistencia y es posible que muera intentando hacer lo que le piden, pero no se puede hacer lo mismo con una mula. Si se le carga más peso del que puede transportar, simplemente no habrá manera de hacerla caminar. Si la mula advierte que el camino resulta peligroso por alguna razón, no avanzará aunque le den de palos. Por esta razón siempre es más confiable el criterio de la mula que el del ser humano, ya que éste –como bien sabemos- evalúa mal con frecuencia.

 

En Chile se le llama “mula” tanto al híbrido en general como al mular hembra, en tanto al mular macho se le llama justamente así, “macho”. En otros países pueden recibir –y reciben- otros nombres. Se prefiere a las hembras para el trabajo por ser más dóciles, debiendo castrarse a los machos para que lo sean en mayor medida, ya que de lo contrario mantienen un genio más inquieto. A pesar de que –como hemos dicho- las mulas tienen un temperamento más pacífico que los caballos, ocurre que son menos pacientes con los perros que éstos, llegando al punto de defender a su jinete cuando es atacado (esto es una herencia de su borrico padre). Tienen además la habilidad de patear en todas direcciones, con cualquiera de sus patas. Así es que más vale no buscarles el odio.

 

Una buena mula puede cargar entre un 20 y un 30% de su peso corporal, superando un poco al burro en esto y bastante al caballo, que no puede cargar más del 20% del suyo. Además, un mular bien cuidado puede trabajar durante 30 años, lo que equivale a la vida completa de un caballo.

 

Valga aclarar que no es lo mismo cruzar un burro con una yegua que un caballo con una burra, porque aunque se trata de las mismas especies, los genes que se heredan en ambos casos son diferentes. Cuando la cruza es entre caballo y burra, no se obtiene un mular, sino un burdégano, híbrido que aunque es similar en aspecto resulta más pequeño que la mula y, aunque es más dócil, es también menos resistente para el trabajo y no vive tanto como aquella.

 

Las mulas se utilizaron por siglos para todo tipo de trabajos, hasta que fueron reemplazadas por los vehículos de combustión. Pero antes de que eso ocurriera se criaron por miles. En nuestro norte las hubo en esas cantidades también, en los tiempos de las salitreras, al punto que no quedaba valle precordillerano, o de las márgenes del Loa, en el que no se cultivara la alfalfa para alimentarlas. La gran mayoría de los mulares se traía desde Argentina por los pasos fronterizos, lo que debe haber significado un gran negocio para el noroeste de ese país.

 

Las antiguas imágenes nos sirven para darnos cuenta de cuánto –y cuántas- se necesitaban. Una diligencia o un carro de transporte requerían de un tiro de 4 mulas, pero los carros que cargaban mineral necesitaban cuando menos 6 de ellas. Todo el sistema de transporte requería de mulas.

 

Con la llegada de los vehículos automotores comenzaron a desaparecer. Puesto que no podían reproducirse, no ocurrió como con los burros, que al perder su función laboral simplemente fueron liberados y continuaron con sus vidas libremente. Las mulas –con mayor valor comercial que los burros- no tuvieron esa opción y fueron trasladadas a donde todavía pudieran ser útiles.

 

Hoy en día todavía se crían y se utilizan en diversas tareas. Por ejemplo, nuestro ejército las produce y las mantiene para utilizarlas en la montaña y otras zonas de difícil acceso, ya que no hay hasta ahora una maquinaria que pueda realizar ese trabajo mejor que ellas.










 

 


miércoles, 17 de junio de 2026

LA CERATITIS CAPITATA

 

La Ceratitis capitata

(Si me como una larva ¿Me crecerán alas?)


Recordamos la conversación con un ex empleado de cierta repartición pública (ya en júbilo) quién nos confidenció que, por los años ´80 del siglo pasado, hubo una campaña masiva de fumigación por toda la ciudad de Antofagasta y sus alrededores para erradicar o combatir a la mosca de la fruta. Dicha campaña lo llevó hasta una quebrada emblemática de nuestro territorio, la Quebrada La Chimba y sin entender los motivos ya que en dicho lugar encontramos vegetación, tanto endémica como nativa, pero no habían frutas ni frutales, quizás los copaos de las columnares serían los únicos que caerían en dicha clasificación. En aquellos años la fumigación se realizaba con compuestos altamente tóxicos y arrasaba con todo lo que habitase el espacio y no tan solo serían moscas las que caerían por efectos del químico utilizado. Antes de dicha fumigación no había catastros de la vida contenida en dicho lugar, estos asomaron mucho después y debemos entender que, el bien mayor, en esta caso, el de liberarnos de dicha plaga, disculparía el daño que se puede haber originado en un ecosistema tan frágil y exclusivo.

Alguna vez pensamos, que este desierto bastaba para contener y controlar una gran cantidad de plagas que en más de las veces vienen en tamaño pequeño, más, ya no es así. El desierto puede ser un límite, pero muy poco efectivo al momento de sumar al actor más importante, al sapiens-sapiens y su capacidad actual de desplazamiento.

 

Dicha mosca ha retornado a nuestra ciudad -la hemos visto- y aún resulta fácil el controlarlas según los entendidos por supuesto. Ante esto, nos indica el señor bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

 

Pues bien. En los últimos meses hemos vuelto a escuchar sobre la mosca de la fruta, Ceratitis capitata, una peligrosa plaga agrícola.

A pesar de que nuestro país ha sido reconocido internacionalmente como libre de esta plaga desde el año 1995, eso no implica que no pueda presentarse esporádicamente en algún lugar de nuestro territorio. Por ejemplo, a fines del mes pasado se declaró su presencia en Matilla, región de Tarapacá.

Por lo general, lo que llegamos a saber de estos focos son sus consecuencias, es decir, la destrucción de frutas y frutales y la prohibición de mover fruta fuera del lugar en que se encuentra la mosca.

Pero pocas veces se nos explica el por qué se toman estas medidas que –muchas veces- resultan en extremo perjudiciales para los agricultores y para la gente que tiene algunos frutales en sus casas. Para entender el por qué los organismos gubernamentales proceden así, a veces pareciera que demasiado autoritariamente, es necesario conocer más sobre esta mosca y no quedarse solamente en su nombre y en su fama de perjudicial.

La mosca de la fruta Ceratitis capitata (se le llama “de la fruta” a otras moscas también, y no hay que confundirlas) es un insecto de origen africano que, con el paso de los años, se ha ido extendiendo por gran parte del mundo y no sólo por países de clima tropical, sino también por zonas de clima templado como son el centro y sur de nuestro país.

¿Por qué se le considera una de las plagas agrícolas más dañinas? Pues porque puede dañar a muchas frutas diferentes, entre ellas: el durazno, el nectarín, el damasco, la ciruela, la cereza, la naranja, la mandarina, la tangerina, el pomelo, el limón y la lima (en menor medida por la acidez de su cáscara), la manzana, la pera (tanto las europeas como las asiáticas), el membrillo, el mango, la guayaba, el higo y la breva, el caqui, la palta, la chirimoya, el arándano, el kiwi, la frambuesa, la granada, el melón, la sandía, el dátil, el plátano, la papaya y las uvas en todas sus variedades. Hasta verduras como el tomate, el pepino, la berenjena y el morrón pueden ser atacadas.

¿De qué manera afecta a las frutas? Bueno, la mosca pone sus huevos bajo la piel de la fruta y, tras 2 o 3 días, emergen las larvas, que comenzarán a alimentarse de la pulpa de ésta. Es recién en este momento que puede comenzar a notarse el daño, que sólo se hará notorio cuando las larvas ya estén bastante desarrolladas y hayan afectado notoriamente la fruta. Esto será más notorio, obviamente, en las frutas pequeñas que en las grandes; entre 6 y 10 días demoran las larvas en alcanzar su desarrollo. Cuando ya están listas, se abren camino al exterior y se dejan caer al suelo, en donde se convierten en una pupa (crisálida). Permanecerán en este estado entre 7 y 10 días, que es lo que se demoran en convertirse en una mosca y emerger. Las moscas adultas alcanzan su madurez sexual entre 3 y 4 días después de emerger los machos y entre 4 y 8 días las hembras. Viven entre 30 y 60 días, durante los cuales la hembra puede oviponer entre 200 y 500 huevos, introduciendo entre 1 y 15 cada vez, en una gran cantidad de frutas. Excepcionalmente y en climas cálidos, estas moscas pueden llegar a vivir 6 meses, pero también pueden morir a los 4 días de emergidas si no encuentran alimento.

El hecho de permanecer los huevos y larvas ocultos dentro de la fruta, es lo que le permite a la mosca ser transportada de un lugar a otro por las personas sin que lo adviertan, propagando así la plaga a grandes distancias. Cuando la persona se da cuenta que la fruta está descomponiéndose por acción de las larvas, lo primero que hace es botarla, ayudándolas así a alcanzar la tierra y completar su desarrollo.

Por eso es importante crear barreras fitosanitarias cuando se produce un brote de esta mosca en alguna localidad, para impedir que se siga esparciendo por el territorio nacional. Si se perdiera la calidad de país libre de mosca de la fruta, los daños para el sector agrícola serían enormes, ya que no se podrían exportar un gran número de productos, pero no se limitaría a eso, ya que estas moscas proliferan rápidamente dañando grandes cantidades de frutas, por lo que las consecuencias serían para todo el país.






 

 


lunes, 15 de junio de 2026

MICHAY LA CHANGUITA

 

Michay, la Changuita

(Llamada así, por la comunidad)



En su minuto, de esto hará más de una década atrás, más de alguno ponía en duda el supuesto origen étnico de Michay, pero sin aportar datos que permitiesen -a moros o cristianos- refutar su supuesta filiación. En dicho caso, solo nos quedaba aplaudir y sumarnos a la comparsa, quizás de manera lejana y sin bailar. Pues bien, hoy día se sabe, que dicha joven no es camanchaca y tampoco es chilena. Todo fue una confusión, un error causado por alguien y avalado por el tiempo (Hasta los aviones se caen, me dijeron una vez).


De donde viene el error y la reparación:

Han de saber, que hoy en día, muchos se arrogan el título de divulgadores de ciencia o de historia, pero la verdad es que, tal como cuando se come pescado, para hacer eso hay que tener mucho cuidado, revisando -siempre- las fuentes y verificando los datos lo más que se pueda.

En las redes circula mucha información, podríamos tal vez decir que demasiada, pero no toda ella es fiable y mucha es –derechamente- falsa. Ni siquiera la Wikipedia, a la que muchos recurren como primera fuente de información, es plenamente fiable, ya que al ser escrita por usuarios no siempre calificados, puede contener gruesos errores.

Un ejemplo notable de esto es el caso de “Michay, la changuita”.

Michay es el nombre que, mediante un concurso, se le asignó a una muchacha changa registrada en una antigua fotografía, que todos asumían representaba a una indígena de esa etnia. ¿Por qué se asumió tal cosa? Pues porque la fotografía apareció en internet proveniente de un libro de principios del siglo pasado (Fuerzas Armadas de Chile, Álbum Histórico, 1928), y sin más se asumió que era fidedigna.


A partir de ahí la imagen se reprodujo y se masificó, convirtiendo a esa niña en la representante de toda una etnia que, hasta ahora, carece de fotografías que la muestren verazmente. Llegó a nuestros museos, incluso, sin que nadie cuestionara seriamente su apariencia asiática y la diferencia manifiesta entre su desnudez y la vestimenta conocida de las mujeres changas, claramente reflejada en los antiguos grabados de Philippi o de D’Orbigny, de muy anterior data, que las mostraban completamente vestidas y con ropas muy similares a las de otros pueblos indígenas del norte, es decir, con polleras y chal.

No fue sino por una casualidad que llegó a conocerse la verdadera identidad de Michay, ya que, a pesar de la enorme cantidad de información que se maneja en la web, no está toda en ella. Hay miles de libros y fotografías que no han sido digitalizados todavía y que guardan información relevante entre sus páginas. Por eso no deberíamos desechar tan fácilmente las viejas enciclopedias y libros de viajes, ya que muchas de sus ilustraciones y fotografías son únicas y no tienen otro respaldo. Es precisamente en una enciclopedia italiana de 1959, “Le Razze e i Popoli dell Terra” (Las razas y los pueblos de la Tierra) en la que aparece esta imagen y, para mayor sorpresa, no figura en ella sólo una muchacha, sino dos. Al pie de la fotografía se lee: “Fig. 554. Tribus paganas de Filipinas. Izquierda: jóvenes Bontoc-Igorot, con el traje común de la temporada de lluvias; Derecha: novios Ifugao, en traje de gala (de C. Worcester)”.

Las fotografías para esa enciclopedia fueron tomadas del libro de 1906 ““The Non-Christian Tribes of Northern Luzon” (Las tribus no cristianas del norte de Luzón), de Dean Conant Worcester, quien las tomó personalmente.

Aparecieron también, posteriormente, en la revista National Geographic (1913) en un artículo que hablaba de estos indígenas de las Filipinas y, aunque aparecía ya recortada, estaba también coloreada. Es lo más probable que quien incluyó la foto en el libro de las Fuerzas Armadas –maliciosamente- la haya tomado del libro de Worcester. Y decimos maliciosamente porque no cabe duda que sabía que no representaba a una indígena changa, toda vez que la publicación no dejaba duda alguna sobre la identidad de las jóvenes retratadas y aun así no tuvo escrúpulos al momento de hacerlo. Solemos celebrar “la chispeza” del chileno, pero bien podemos ver que no es –en modo alguno- un rasgo deseable.

Seguramente quiso cumplir con la tarea encomendada por su jefatura de la manera más fácil y cómoda posible, en una época en que la información no era tan accesible como ahora y debía buscarse arduamente en libros y documentos de archivos y bibliotecas, se topó con esta foto y no dudó en usarla para facilitar su trabajo. No difiere mucho de lo que se hace actualmente, copiando y pegando lo primero que se encuentra o confiando ciegamente en que un chatGPT -o similar- haga el trabajo.

Nunca sabremos cuál fue el verdadero nombre de “Michay”, pues el autor de la fotografía no tuvo el cuidado de registrarlo, pero sí tenemos claro que no fue una indígena camanchaca (o changa), sino una Bontoc-Igorot de las Filipinas.





Para saber un poco más:

De Filipinas a las costas de Atacama

Gastón Carreño

https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-10432022000100102&script=sci_arttext

 


 

 


miércoles, 10 de junio de 2026

TOCANDO EL CIELO

 

Tocando el Cielo

En el Salar del Huasco

Y el Tata Inti no nos abriga


 

Saludos tengan, estimadas y estimados amigos. Grato nos resulta el volver a reencontrarnos con ustedes luego de algún tiempo de ausencias y esto es debido a la búsqueda (in situ) preparación del material -que queremos subir- y la información que debe acompañar a nuestras imágenes.

 

Pues bien. Este fin de semana recién pasado nos fuimos a la Laguna del Huasco y, como se amerita y acostumbramos a hacer, quisimos buscar el origen de dicha palabra, Huasco, cosa que no resulta sencilla ya que en más de las veces abusamos de los expertos nacionales -gente que sabe- pero desestimamos a los foráneos -especialmente los vecinos- y estos territorios tienen un gran componente indígena y los más conocedores, en la mayoría de los casos, se encuentran por fuera de nuestras fronteras. De las múltiples teorías –incluyendo alguna algo descabellada- nos parece la más creíble que el nombre derive del vocablo quechua huayco, quebrada por donde corre el agua, que –como ha ocurrido con otras palabras de este origen- derivó por el uso en Huasco.

 

El Salar se encuentra en la comuna de Pica, Región de Tarapacá, a tan sólo 67 km de distancia de Pica siguiendo la ruta A-685 en dirección noreste, una ruta alternativa que, según algunos conocedores, estaba en un estado increíble y, lo más trágico, les creímos. La verdad sea dicha, una parte de ésta se encuentra asfaltada, el resto, unos 50 km, son tan sólo camino vecinal, con harta piedra, algo de chusca y bastantes baches y calaminas. Ahora bien, independiente del estado del camino, que retrasó mucho nuestros tiempos, hemos de indicar que los paisajes son increíbles, la sorprendente cantidad y variedad de flora y la vista de animales que transitan despreocupados por el camino y no se asustan ante nuestro paso, hace más ameno el accidentado viaje.

 

Los estudios científicos han determinado que este Salar es un vestigio de lo que fue un lago pleistocénico que abarcaba desde el Lago Titicaca en el sur del Perú hasta la región de Antofagasta en Chile. La evolución climática provocó que este lago paulatinamente se fuera retirando, quedando como prueba de su existencia el humedal que hoy conforma el Salar de Huasco. Pues bien, los vestigios están ahí, con sedimentos lacustres, depósitos de toba y líneas de costa. Se estima que, en dichos tiempos pretéritos, el agua subió de 15 a 18 metros, 30 metros por encima de la superficie actual del salar, formando un lago de 110 kilómetros cuadrados.

La profundidad máxima del agua pudo haber alcanzado 50 a 55 metros. Una terraza de corte de olas se encuentra a unos 30 metros de elevación sobre el salar, y se formó un delta fluvial donde el río Collacagua entraba al lago. El nivel máximo del lago se ha correlacionado con el lago Tauca en el Altiplano y su eventual secado con el Óptimo Climático del Holoceno. Cuando se evaporó, dejó las sales que ahora se encuentran en el Salar.

 

Hemos de decir que sus condiciones geomorfológicas y climáticas no favorecieron el asentamiento humano, sin embargo, la cultura Aymara, establecida en los alrededores, lo integró como parte de sus mitos y rituales religiosos. Es reconocido como uno de los humedales más prístinos del altiplano, además de una importante reserva hídrica en uno de los lugares más áridos del mundo.

 

Gracias a lo anterior es que este Salar se convierte -en la actualidad- en un hábitat esencial para el desarrollo de la biodiversidad de la zona, atrayendo un sinnúmero de especies. Su ubicación lo transforma en un escenario de relevancia en una de las rutas migratorias de aves más importantes, siendo esencial para el anidamiento de varias especies. Sus condiciones climáticas también favorecen la proliferación de matorrales y plantas características del altiplano.

 

Por todo lo anteriormente expuesto es que, en el año 1996, fue declarado área protegida como Humedal de Importancia Internacional, de acuerdo con la Convención RAMSAR, acuerdo que busca preservar humedales alrededor del mundo. Posteriormente, el 9 de mayo del 2005 y gracias a sus particularidades y su valor ecológico, el Salar de Huasco es declarado Monumento Nacional en la categoría de Santuario de la Naturaleza, pasando a ser administrado por Bienes Nacionales. Sin embargo, el 05 de junio del 2010, por petición de la CONAF, adquiere la categoría de Parque Nacional, pasando a integrar la unidad número 100 del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado. Esta categoría fue revocado en febrero de 2014, debido a la falta de participación de la población indígena en el proceso. Se restituyó dicha categoría -de Parque Nacional- recién en marzo del 2023.

 

La vegetación presente en dicho territorio -que no pudimos recorrer a cabalidad y que nos insta a volver- incluye varias especies endémicas, como Polylepis tarapacana y la yareta. En el salar mismo se encuentran varias comunidades vegetales, incluyendo humedales de bofedales con Oxychloe andina y Zameioscirpus atacamensis y praderas salinas con Carex misera. Los mamíferos incluyen zorros, llamas, tucotucos, vicuñas y vizcachas. Otros animales son los peces Trichomycterus y Orestias, las ranas de agua del Perú y Telmatobius chusmisensis, lagartos Liolaemus, caracoles Biomphalaria y ácaros oribátidos. Nos indican los expertos que, estos peces -Trichomycterus y Orestias- también se encuentran en la cuenca del río Isluga y lo más probable es que llegaran a Huasco a través de una conexión pasada con algún otro afluente.

 

Entre las aves destacadas del Salar del Huasco se incluyen el caití, el cóndor, las tres especies de flamencos, el piuquén, la gaviota andina, el queltehue de la puna, el colegial del norte, el playero de Baird, el huairavo, el churrete de alas blancas, la tagua gigante, la perdicita chica, el pitotoy chico , el suri , el chorlito de la Puna, el pato puna, la perdiz de la puna, el blanquillo y el pollito de mar tricolor. En este Salar llegan a reunirse unos tres mil flamencos, en la época de anidación, siendo también una importante parada para las aves migratorias.

 

El ecosistema del Salar del Huasco es muy diverso y se dice que se utiliza como modelo para otros ecosistemas de salares chilenos. Tanto la flora como la fauna incluyen numerosas especies endémicas y algunas otras que podrían llegar a descubrirse. Lo bueno, aquello que hay que resaltar. Afortunadamente, el impacto humano general en el ecosistema terrestre del Salar del Huasco es pequeño.

 

El frío -especialmente el viento- es muy intenso por esas alturas, hablamos de los 3.800 m.s.n.m por donde nos encontrábamos y los 4.200 m.s.n.m por donde tuvimos que pasar para acceder a los caminos que nos bajan a los llanos intermedios de la Pampa del Tamarugal. En esta oportunidad no volvimos a Pica, por el camino vecinal recomendado, ya que serían demasiadas las horas que se requieren para deshacer nuestro trayecto y estábamos muy lejos de casa, por tanto, tomamos por el Camino Collahuasi, ruta A-651, ruta compleja, de mucha pendiente y curvas cerradas. Los que quedaron en este camino -que son muchos- así nos lo hacen saber, por lo tanto, a confiar en las manos de nuestro gran conductor, Rodrigo. Luego de algunas horas, llegamos sanos a nuestro destino.

 

Una gran odisea que bien valió la pena de vivir y de recordar.