Nos pareció ver un lindo gatito
(Las huellas de un lindo gatito)
Pues bien. Lo que contaremos a ustedes es lo que hemos visto y lo que nos han dicho, por lo tanto, no afirmaremos y tampoco negaremos nada, sino más bien, todo lo contrario.
Fue el azar -eso es evidente- sumado al comentario siempre acertado del gran juglar de Taltal, el señor Pedro Mercado y al escrito del señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia -quien hace referencia a cierto gato salvaje, sureño- quien nos hizo desempolvar ciertos recuerdos y nos trajo al presente algunas huellas vistas en cierto recorrido por parajes despoblados. Huellas que reconocimos como pertenecientes a un Puma que se sobreponían a las de un piño de guanacos, y se dirigían todas en dirección a la aguada del lugar. Había otras pisadas también, y estas otras estaban muy bien marcadas en el terreno arcilloso, muy cercanas a las anteriores, que correspondían a un felino pequeño, presumiblemente un gato salvaje. Pero ¿Qué especie de gato dejaría tales huellas y/o habitaría en dicho territorio?
Sabemos -porque sabemos- que por el interior de nuestra región y con algo más que fortuna, nos encontraremos con el gato andino, el Leopardus jacobita y por otro lado, también estaría presente el gato colocolo, el Leopardus colocolo. Ambos presentes por las alturas, entre zonas pre y cordilleranas, aunque el colocolo, también es factible encontrarlo por las planicies intermedias y zonas de vegetación muy cercanas a la cordillera costera, o en medio de esta. He ahí que nos ayudó Don Pedro Mercado, quién no pudo definir la especie, pero si pudo confirmarnos la presencia efectiva de gatos salvajes habitando entre zonas de vegas y de vegetación de nuestra región.
Algo maravilloso y digno de apreciar, si es que alguna vez llegamos a tener esa posibilidad. Para ello nos tendríamos que internar por dichas quebradas durante el día, pernoctar, poner mucha atención al territorio durante el crepúsculo o al alba y estar quietos y atentos, algo difícil para gente reconocidamente inquieta.
¿Cómo llegaron estos mininos por acá? Creemos que siempre han estado presentes, aunque ciertamente antaño en mayor número. Fui testigo -desde donde provengo- de la repulsa que le tenía la gente a los gatos salvajes y de su casi exterminio. No culparemos a esas personas por sus actos, por lo que hicieron por sobrevivir y para poder aferrarse al territorio, pero sí, en la actualidad, no disculpamos a los cazadores, aunque estos jamás pedirían perdón ni reconocerían su delito pues tienen muy internalizado -en su mal llamado ADN- que matar animales por placer, es una práctica ancestral.
Mas, si resulta factible el encontrarse con gatos salvajes (colocolo) en las alturas y en la cordillera costera, ha de ser por los corredores biológicos que ocasionan la lluvias (es un territorio amplio, con precipitaciones marcadas) y siguiendo la ruta de las Chinchillas, las cuales, están presentes por gran parte de las quebradas, en número pequeño, pero presentes al fin y al cabo.
No nos pregunten donde, eso no lo diremos jamás.
El Kodkod
Kodkod, nos dicen numerosas publicaciones que se llama aquél felino nativo de Chile que mayormente conocemos como güiña o huiña. Cosa que nos resulta curiosa precisamente por eso, porque siempre se nos ha dicho que este último es su nombre común.
Sin embargo, es innegable que el nombre más apropiado parece ser kodkod, por cuanto éste deriva del mapuche, con el claro significado de “gato salvaje”, en tanto a la palabra güiña (o huiña) se le asignan dos dudosos significados: Uno, el de “cambio de morada”, derivado de wiña, y el otro, el de “estirarse o tenderse a lo largo”, derivado de huiñam. O sea, se les quiere relacionar –a ambos- con actitudes que podrían considerarse propias de un gato, sin que se sepa a ciencia cierta si es lo correcto.
Y aún existe otro argumento para preferir este nombre y es que, habiéndose desvirtuado la palabra güiña en nuestro país, asignándole el significado de “ladrón”, resulta ofensivo llamar así a este gato nuestro, que no sabe hacer otra cosa que lo necesario para sobrevivir.
En todo caso, no sería éste el único cambio de nombre que afecte a este felino, ya que su nombre científico ha sido cambiado varias veces. Descrito por primera vez en 1782 por Molina como Felis guigna; fue renombrado a Felis tigrillo por Schinz, en 1844; a Herpailurus guigna por Pocock, en 1940; a Noctifelis guigna por Allen, en 1919; a Oncifelis guigna por el mismo Pocock, en 1940; para terminar nombrado como Leopardus guigna en 1979, por Leyhausen.
De este pequeño gato hay dos subespecies: Leopardus guigna tigrillo, la especie de Chile central (entre Coquimbo y BíoBío), que es un poco más grande, y Leopardus guigna guigna, que habita entre La Araucanía y Aysén, incluyendo Chiloé. Aunque antiguamente se le consideraba un felino endémico de Chile, actualmente la subespecie sureña se ha extendido hacia el oeste argentino, en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Probablemente haya emigrado al haber sido desplazado de sus hábitats nativos por la fragmentación del territorio y la ocupación humana.
El kodkod tiene el mérito de ser el gato más pequeño de América, y a la vez es el que ocupa menos territorio. Lamentablemente, sólo se le considera en categoría Vulnerable para la subespecie nortina y Casi amenazada para la subespecie sureña. ¿Qué será necesario para considerarlas como Amenazada, considerando que sus hábitat son cada vez más intervenidos por el hombre? Da pena ver en redes sociales los numerosos casos de kodkod atropellados por vehículos al cruzar carreteras y caminos.
Lo bueno -dentro de lo malo- que estos gatos aún se pueden observar en la naturaleza mientras que, las dos especies presentes en nuestra región, cada vez que se divisan (rara vez) humanos y cazadores hacen fiesta. Los primeros por la vida que se mantiene, los segundos, bueno, que podemos decir en su favor...













































