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sábado, 9 de mayo de 2026

TERREMOTO Y TSUNAMI DE 1877

 

Terremoto y Tsunami de 1877

Cuando Mejillones y Cobija fueron tragados por el mar


Nos resulta impactante y sobrecogedor el leer los reportes y las noticias de aquella fecha -09 de mayo de 1877- fecha fatídica para este norte y, como amerita, queremos compartir con ustedes dichos escritos sobre aquel evento y sus repercusiones en la población. Aunque no es habitual (para nosotros) el mezclar temas históricos con temas religiosos, en esta ocasión haremos un excepción: ¡Que Dios nos pille confesados! (Para los creyentes por supuesto) o, ¡Con los pantalones puestos! (Para agnósticos y ateos).

 

Ambas exclamaciones aconsejan, siempre estar preparados.

 

La historia dice así:

 

Fue un día 09 de mayo de 1877 a las 21:16 horas (Aunque algunos indican que fue antes o después de dicha hora), que un terremoto de magnitud 8.5 se registró a 69 kilómetros de Iquique, por entonces capital del Departamento de Tarapacá, República del Perú. El fuerte movimiento afectó también las localidades de Pisco y Antofagasta, generando un tsunami que fue registrado en las costas chilenas, de Japón, Nueva Zelanda, Hawaii, Samoa y California.

Las mayores intensidades se registraron entre Iquique y Antofagasta, siendo Tocopilla totalmente destruida. En esta ciudad y en Cobija, el tsunami comenzó 5 minutos después del terremoto con un lento ascenso de las aguas, que alcanzó entre 10 y 15 metros sobre el nivel del mar.

 

Antofagasta fue inundada durante varias horas por grandes olas que arrancaron las casas de madera y las llevaron hacia la playa. Hubo grandes daños, pero la población pudo huir a tiempo hacia los cerros, por lo que no se registraron víctimas fatales.

Dicen Las crónicas de la época:

Después de informar sobre los efectos del sismo en territorio chileno, en el acápite sobre las “Costas de Bolivia y del Perú”, Vidal Gormaz copia el reporte que Don Ramón 2° Arancibia, enviado desde Antofagasta y “publicado en casi todos los diarios de la época”.

 

“A las 8:30 P.m. del día 9, la tierra comenzó a oscilar, despacio primero i arreciando gradualmente hasta el punto que los edificios se batían como un junquillo; la tierra parecía huir bajo las plantas y el crujir de las maderas, el tañir [sic] de las campanas y los gritos y llantos de los que pedían misericordia, aterraba y hacía perder los sentidos. El terremoto no fue precedido de ningún ruido subterráneo precursor, como suele suceder generalmente; la oscilación fue repentina y al parecer de norte a sur”.

 

“En los almacenes y casas no quedó una botella, un jarro, nada en ningún armario; todo fue al suelo haciéndose pedazos.

 

Según el cálculo de las personas que conservaron un poco de sangre fría, el terremoto duró de 2,5 a 3 minutos en toda su fuerza. Apenas los habitantes del pueblo habían podido respirar, un grito aterrador se escapa de los abrumados moradores de Antofagasta: ¡el mar!... ¡el mar sale!... ¡el mar avanza!!Arce cuenta como la gente se abalanzó a los cerros al oír que el mar se salía, “en loca carrera y fuera de sí [la gente] se dirigía a los cerros, huyendo en abigarrada confusión. Muchas personas corrían con los niños asidos de la mano; otras –mujeres y hombres- con criaturas en los brazos y algunas señoras, poseídas de intenso pánico, huían por las calles, llevando lámparas encendidas, que tal vez, en los primeros momentos y como medida de precaución, habían cogido para que no produjeran incendios...”(Arce; 1930: 354).

 

Las Crónicas sobre el terremoto en Mejillones

 

Los primeros días de mayo de 1877 fueron nublados y con la atmósfera enteramente encapotada, lo que es muy raro, experimentándose además una temperatura elevada y un calor sofocante.

 

El terremoto causó por sí solo muy pocos estragos (las casas son todas de madera), botando las mercaderías, etc. de los armarios, y las lámparas de parafina colgadas o de sobremesas, fueron al suelo, ocasionando inmediatamente un voraz incendio.

 

El mar se desbordó media hora después del terremoto sin hacerse sentir. Solo al ruido de las primeras casas que rompía su invasión y que arrastraba suspendidas, respondió el grito general de alarma: ¡El mar! ¡El mar! Algunas personas en un número mayor de 8 fueron envueltas por las olas y sucumbieron.

 

En la primera salida del mar, la altura vertical alcanzada por la ola sería más o menos de 7 metros, arrasando a muchas casas. En seguida se retiró descarnando la playa como 250 m., haciendo su segunda invasión 15 minutos después, alcanzando una altura vertical de 11,5 metros, sobre su nivel ordinario, yendo a chocar contra las casas de la población con una velocidad vertiginosa, arrasando malecones, muelles, escalas de piedra, etc. y las dos primeras hileras de manzanas de la población que daban frente al mar formando de todo un montón informe (Vidal Gormaz; 1878: 462).

 

Como 45 minutos más tarde, tuvo lugar la tercera salida del mar, ocasionando por toda pérdida en la población de mejillones de Bolivia 810,000 pesos.

 

 

09 de mayo de 1877

El día que Mejillones fue tragado por el mar

(Nos indica Don Wilfredo Santoro)

 

Fue un día de mayo de 1877 -día 9 para ser exacto- cuando Mejillones fue tragado por el mar. En aquel entonces (para dicho año) Mejillones ya había sido entregado a Bolivia mediante el Tratado de 1866. La empresa que movía el comercio era el Guano, empresa que contaba con capitales franceses. Su inversionista más importante era el galo Luciano Arman, representado en terreno por el capitán de Ejército Henri Arnous Riviere, quien se hacía tratar como Barón de la Riviere. El barón bautizó el poblado como San Luciano en honor a su jefe, pero lo cierto es que desde hacía siglos que el lugar era conocido como Mejillones, nombre que naturalmente se impuso.

 

Con su aristocrático estilo, Riviere construyó una casa cuyo balcón daba al mar, al más puro estilo de la costa francesa. Era lejos la residencia más hermosa de Mejillones.

 

Fue en ese contexto que a las 21.16 (hay autores que lo sitúan hasta las 21.30) comenzó el movimiento más fuerte que se ha registrado en este puerto. De acuerdo al registro histórico del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, el movimiento alcanzó los 8.5 grados en la escala Richter, que produjo un tsunami de grandes proporciones.

 

Si bien el acontecimiento sísmico está caratulado como “terremoto de Iquique” está plenamente establecido que las olas alcanzaron su mayor nivel en la bahía de Mejillones, donde llegaron a los ¡23 metros! Tamaña altura les permitió superar los acantilados característicos de La Caleta, destruir el pueblo y llegar hasta las proximidades de los derruidos edificios que la Armada mantiene en ese lugar (ex Escuela 26).

 

El terremoto repercutió a nivel global. Su epicentro fue ubicado a la altura de Pisagua. El capitán del vapor "Eten" manifestó haber detectado irregularidades frente a Pisagua mientras navegaba por el lugar justo al momento del sismo. También existen testimonios asombrosos. Días después del hecho se consigna el desprendimiento de “una gruesa columna de humo, redondeada en su parte superior”, justo en el lugar que indicó previamente el capitán.

 

Hay otros datos francamente increíbles en este espantoso sismo. En “El Deber” de Valparaíso se consigna que vecinos de Tocopilla encontraron en la playa el asta de la Capitanía de Mejillones, junto a otros objetos provenientes del mismo lugar. De allí que –sin mayor fundamento científico- se manejó la hipótesis de la erupción de un volcán submarino a la altura de Pisagua, una corriente costera que “rebota” en la Península de Mejillones y devuelve la masa de agua al norte. Por tanto, fue en Mejillones en donde se advirtieron los efectos más trágicos.

 

De haber estado más poblado, sin duda habría sido una hecatombe

 

Relatos de la Tragedia

 

Uno de los autores que registro ese acontecimiento fue el oficial de la Armada chilena, Francisco Vidal Gormaz, quien describe “El terremoto por si solo causó muy pocos estragos, botando las mercaderías, etc, de los armarios y las lámparas de parafinas colgadas o de sobremesas, fueron al suelo, ocasionando inmediatamente un voraz incendio».

“El mar se desbordó media hora después del terremoto sin hacerse sentir. Solo el ruido de las primeras casas que rompía su invasión y que arrastraba suspendidas, respondió el grito general de alarma: ¡el mar! ¡el mar! Algunas personas en un número mayor de 8 fueron envueltas por las olas y sucumbieron».

“En la primera salida del mar, la altura vertical alcanzada por la ola sería más o menos de 7 metros, arrasando a muchas casas. En seguida se retiró descarnando la playa como 250 metros, haciendo su segunda invasión 15 minutos después, alcanzando una altura vertical de 11,5 metros sobre su nivel ordinario, yendo a chocar contra las casas de la población con una velocidad vertiginosa, arrasando malecones, muelles, escala de piedras, etc y las dos primeras hileras de manzanas de la población que daban frente al mar formando de todo un montón informe. Como 45 minutos después tuvo lugar la tercera salida del mar”.

Otro antecedente lo brinda Jorge Hicks, gerente de la Empresa de Salitres de Antofagasta, quien le informa al presidente de su Directorio “…La casa del barón de La Riviere y casi todas las demás han sido barridas. La estación, las máquinas condensadoras de agua, todo... muchas vidas perdidas. Hay unas 1.000 personas sin techo, agua ni víveres. Por suerte el “Blanco Encalada” estaba aquí (Antofagasta). Si hubiera estado en Mejillones habría naufragado. Ha partido esta mañana para ayudar”.

 

 

Otras Narraciones

 

Don Isaac Arce con respecto al terremoto señala: “Pero a eso de las diez de la mañana del día siguiente, llegó un “propio” de Mejillones, don José Antonio Tirapegui, y comunicó la noticia que ese pueblo casi había desaparecido; que había muchas víctimas y que todos los habitantes carecían de agua, de alimentos y abrigo, habiéndose destruido hasta las máquinas condensadoras de agua”.

 

Jorge Cruz Larenas, en su libro “Fundación de Antofagasta” nos entrega la visión más completa. Explica que el terremoto “causó grandes estragos, pero no tanto por la fuerza del temblor, pues las casas eran de madera, sino por las tres salidas de mar. La segunda salida de mar ocurrió como 15 minutos después de la primera y su ola se calculó en unos 22 metros de altura. Arrasó con malecones, muelles, escalas de piedra y las dos primeras manzanas de la población frente a la playa. Los perjuicios más graves fueron causados en la estación que desapareció con casa, habitantes, locomotoras y maestranza”.

Explica que “También fueron destruidas las máquinas destiladoras de agua de Neves y Cía. y Juan Sáez y los negocios de D. José Manuel Andrade, Solar y Cía., Luis Luzardo, casa de la Intervención chilena, edificios del barón Arnoux de la Rivière y Subprefectura. En el establecimiento de Arman se produjeron perjuicios en máquinas y bodegas y se hundió un buque cargado con guano. Los trabajadores de las guaneras, que alcanzaban a unos 800 hombres, produjeron algunos desórdenes. Hubo numerosas víctimas, atrapadas por el mar, cuyos cadáveres arrojó después a la playa; entre éstas se dio por desaparecido al ingeniero británico Mr. Ashten.” 

El terremoto de 1877 dejó huella en Mejillones. Tanto físicas como psicológicas. Dentro de lo material se puede establecer que aún quedan vestigios de los escombros que arrastró el mar. Estos se hallan en las faldas del desnivel que lleva a la ex Escuela 26, en La Caleta.

Con respecto a lo sicológico, durante el siglo pasado aún se podía advertir el miedo a “la salida de mar” que quedó como sello impreso en el imaginario colectivo. También durante la década del 70 pude oír historias que en ese entonces no entendí. Relatos de cómo en el muelle aparecían atrapados cuerpos sin vida tras el terremoto. Relatos de personas adultas que revivían lo que le contaron sus abuelos que, siendo niños, estuvieron allí.

 

Terremoto y tsunami del 09 de mayo de 1877

 

https://revistacienciasociales.cl/index.php/publicacion/article/view/475/334












 

 


viernes, 8 de mayo de 2026

EL CANGREJO FANTASMA

 

El Cangrejo Fantasma

En las arenas de Mejillones


Mejillones (el territorio) es hermoso, maravilloso. Visiten Mejillones, les encantará y digan que van de parte de los Caminantes del Desierto. No habrá descuento ni regalos, pero nos sentiremos satisfechos de haber brindado nuestro granito de arena a su promoción y puesta en valor.

Saludos tengan estimadas y estimados amigos.

Tal como indicamos con anterioridad y aprovechando la cercanía, estamos procurando recorrer a cabalidad el territorio en donde se asienta la ciudad de Mejillones -la tierra de Gamelín Guerra- y explorar sus hitos históricos y sus bellezas naturales (que son muchas). Ahora bien, el sólo caminar por sus extensas y desoladas playas de arena blanca y fina ya es un regalo para los sentidos, al igual que observar la variada fauna marina, in situ, es un deleite.

Mientras vamos avanzando por la orilla de la costa, sorteando las olas de la marea alta, podemos encontrarnos con sorpresas, por ejemplo una gran cantidad de lobos marinos que retozan despreocupados a no más de 20 metros de distancia, sobre sus promontorios, o los centenares de aves que coronan los acantilados con sus estridencias y chirridos, en verdad, un espectáculo que no deja indiferente, inclusive, al más conocedor.

Mas, siempre tenemos alguna misión que cumplir y este viaje tiene un protagonista, un cangrejo muy especial que, según nos habían indicado, lo podríamos encontrar exclusivamente en la localidad de Hornitos; pero –siempre díscolos- quisimos buscar sectores más desolados y que contasen con las características requeridas para la subsistencia de este decápodo y esto nos llevó a seguir el derrotero del Cerro el Plomo -en su inicio- y avanzar por la costa rumbo al norte, en dirección a Punta Chacaya; Y, si bien dimos con él, hemos de decir que resulta algo escaso en número. Esto podría deberse a muchas causas, incluyendo el que no haya sido la época más adecuada. Dado que hacia el sur no hay playas con las características necesarias para que habite, hemos pensado que deberíamos seguir con la búsqueda más al norte, en procura de nuevos lugares y mayores poblaciones de este fantasmal cangrejo. Quién sabe con qué sorpresa nos encontraremos, ya que hemos aprendido que cada viaje es una nueva experiencia asociada a nuevos hallazgos.

Ahora, sobre este cangrejo, veamos qué nos indica el señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

¿Cuántas especies de cangrejos nativos conocemos? La mayoría de las personas no conoce muchos, acaso los más visibles que se pueden apreciar sobre los roqueríos, o quizá sólo aquellos más pequeños que habitan bajo las piedras en nuestras rocosas playas. Sin embargo, en nuestro país hay una variada fauna de estos animales, tanto así que sólo acá en el norte tenemos no menos de 70 especies.

Entre ellas contamos a cangrejos corredores, que sólo salen a la superficie para alimentarse; jaibas y cangrejos que viven permanentemente bajo las aguas, ya sea en el fondo marino o sobre los bosques de algas; pequeños cangrejos de las rocas, que viven bajo ellas en la zona de las mareas, aquellos minúsculos que viven como parásitos de erizos y lapas y, finalmente, unos cangrejos que viven ocultos bajo la arena de las playas y que reciben el curioso nombre de cangrejos fantasma.

Los cangrejos fantasma pertenecen al género Ocypode, y reciben ese nombre por su rapidez de movimientos, que les permite ocultarse rápidamente en caso de peligro. Esto lo pueden hacer tanto metiéndose rápidamente en sus guaridas –que pueden alcanzar fácilmente un metro de profundidad- como enterrándose en la arena seca, si se encuentran lejos de ellas.

En nuestro país tenemos dos especies de este género: Ocypode gaudichaudii y Ocypode occidentalis. Ambas especies tiene un aspecto muy similar, sobre todo en los individuos juveniles, siendo difícil identificarlos debidamente a simple vista. No son cangrejos grandes, apenas alcanzan los 4 cm en su máximo desarrollo. Hasta donde se sabe, sólo Ocypode gaudichaudii habita en nuestra Región (y hasta Valparaíso), en tanto O. occidentalis sólo llega hasta Iquique.

Viven en playas arenosas, en cuyo suelo cavan profundas cuevas, que pueden alcanzar hasta un metro cincuenta de profundidad en las zonas más altas de la playa, donde la arena está seca, para así llegar hasta el agua subterránea, en tanto en la zona más cercana al límite de la marea no suelen ser más profundas que 60 cm.

Estos cangrejos fantasma son en su juventud esencialmente carnívoros, alimentándose de detritus (materia descompuesta), pero una vez llegados a la adultez diversifican su dieta, alimentándose también de algas, algunas tan minúsculas como las diatomeas -que recogen en gran cantidad pastando en la orilla del agua- y también de presas mayores –para ellos- como las pulgas de agua Emerita análoga, que son a su vez competidoras por el mismo alimento (diatomeas). Se ha observado que luego de matar las pulgas con sus pinzas, en ocasiones las llevan al interior de sus cuevas, dejándolas allí –según se cree- para que se descompongan y les sea más fácil comerlas. También se piensa que los restos de las pulgas dejados al interior de su madriguera, sirven para atraer a otros minúsculos animales que viven en la arena, para así capturarlos y comérselos. Se ha observado a estos cangrejos comiendo cadáveres de animales y aves que encuentran en la arena, pero siempre prefiriendo aquellos que están mojados y en descomposición, en tanto no tocarían aquellos que se encuentran ya secos. Un competidor, en este caso, son los escarabajos Phaleria, que se especializan en comer cadáveres, pero que, a su vez, se constituyen también en una fuente de alimento, ya que el cangrejo se alimenta de sus larvas, abundantes en los mismos.

Los Ocypode gaudichaudii pueden respirar tanto el aire como bajo el agua, por lo que pueden introducirse unos metros en el mar para buscar comida, de la misma manera que pueden permanecer en la arena sin agua por varios días.

Caminan de forma lateral, como hacen habitualmente los cangrejos, pudiendo desplazarse a una velocidad de hasta 6 km por hora, aproximadamente, pero cuando requieren caminar lento, como al alimentarse en la orilla del agua, lo hacen de frente.

Los cangrejos fantasma adultos tienen pocos enemigos, ya que su velocidad, su duro caparazón y sus pinzas lo ayudan a defenderse de gaviotas, pilpilenes y corredores (lagartos Microlophus), pero los jóvenes son mucho más vulnerables a los ataques y no tienen otra defensa que quedarse inmóviles y confiar en su coloración, que se mimetiza perfectamente con la arena, o bien intentar enterrarse antes de ser atacado.

Sin embargo su número disminuye día a día debido a la acción humana: La ocupación –legal o ilegal- de las playas, que es cada vez mayor, trae aparejados varios problemas para la subsistencia de estos cangrejos, tales como el uso del suelo (les quitan el espacio vital), la presencia de vehículos sobre la arena (los aplastan), los perros que vagan libremente (se los comen) y la contaminación de su ambiente.

Pues, como han de suponer. 

Nosotros hablamos de naturaleza porque vamos a la naturaleza.
















 

 

 

 

 

 


martes, 5 de mayo de 2026

JUAN LÓPEZ EL PIONERO

 

Juan López. El Pionero

Entre Menosprecios y Menoscabos


Yo cuento en mi poder con una roca que contiene cobre y fue encontrada por la Quebrada Mateo, donde tenía sus vetas el primer habitante de Antofagasta. A esta roca le puse por nombre Juan López ¿Con eso basta para decir que López tiene otro memorial en Antofagasta?

Partamos por el inicio, como diría todo buen hijo de vecino (a).


Tratado de límites entre la República de Chile i la de Bolivia. 13 de diciembre 1866.

 

JOSÉ JOAQUIN PÉREZ,


PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE CHILE.

ARTÍCULO VII.


En atención a los perjuicios que la cuestión de límites entre Chile i Bolivia ha irrogado, según es notorio, a los individuos que, asociados, fueron los primeros en esplotar seriamente las huaneras de Mejillones, i cuyos trabajos de explotación fueron suspendidos por disposición de las autoridades de Chile en 17 de febrero de 1863, las Altas Partes contratantes se comprometen a dar, por equidad, a los espresados individuos una indemnización de ochenta mil pesos, pagadera con el diez por ciento de los productos líquidos de la aduana de Mejillones.

 

(Cita textual. Significa que se copió tal cual estaba en el tratado)

(Mis disculpas a los que entendieron. Esta explicación va para aquellos que luego dicen que cometemos faltas de ortografía. Hay varios)

 

De nuestra consideración:

 

Estimamos que este punto guarda relación directa con la sociedad establecida por Juan Garday, Juan López (No dice en parte alguna Chango López, para los jaliscos) y Matías Torres.

 

Nos han explicado, en múltiples oportunidades, que Juan López arribó a las costas de lo que él denominó Peña Blanca -actual Antofagasta- en procura y espera de la compensación de la cual se creía merecedor por los gastos realizados y las energías brindadas al derrotero del Morro de Mejillones, ante el descubrimiento y explotación del guano rojo. Esta explotación se vio truncada por arbitrios del Gobierno de Chile y disputas territoriales con el Gobierno de Bolivia.

 

Las vicisitudes de López quedan registradas en una carta memorial, en la cual da cuenta al presidente de Bolivia que fue él quien descubrió las Guaneras de Mejillones, constituyéndose así en “la piedra angular” del nacimiento de Antofagasta y Mejillones, en compensación, solicita un terreno en el centro de Mejillones y un trabajo en la Aduana Interventora.


Pues bien, esa carta nunca llegó al presidente. Aparentemente quedó en poder del edil Matías Rojas (según algunos), posteriormente pasó a Pedro Pablo Figueroa y finalmente a Isaac Arce Ramírez, en cuyos archivos fue redescubierta a fines de los 70. ¿Qué motivos podrían haber llevado a la autoridad municipal para no enviar –y retener- una carta entregada de forma oficial, sino los propios intereses?

 

Por último y no menos importante.

 

Nos indica el Señor Wilfredo Santoro Cerda (opinión en la que estamos totalmente de acuerdo):

 

Hay un elemento en la literatura de Isaac Arce que representa un estigma para López. Será el prestigioso historiador en su obra “Narraciones Históricas de Antofagasta” quien proyectará profusamente el apodo “chango”. Tal calificativo fue utilizado en forma despectiva y pareciera tener su origen en el círculo íntimo de José Santos Ossa. (Ossa fue testigo de la cercanía de López con los nativos asentados en esta parte del territorio y es muy probable que López, hablase su idioma.

 

Sintetizando, dos errores –si es que lo fueron- y una práctica no usual provocaron un grave perjuicio en la figura histórica de Juan López. El primer error es señalar que alguien le escribió el memorial, citando como fuente un diario que no dice eso (hay copias de aquello). El segundo error es quitarle la calidad de empresario y decir que era un simple cateador, aunque el tema de su empresa se trató en el Congreso, inclusive. Por último, no es habitual tratar a grandes personalidades con apodos, más aún si son despectivos. Dar la impresión de que no era capaz de escribir, de que no era empresario y tratarlo de "chango" –en una época en que éstos eran considerados seres inferiores- contribuyó a su difamación histórica.

 

No tenemos referencias, pero se presume a leguas.

 

A López jamás se pagó compensación alguna ya que, estaba -primeramente- en manos de Bolivia (por tratado) y luego, con la reivindicación del territorio, en manos del Estado Chileno.

 

Ni siquiera en nuestra propia ciudad se le ha dado el reconocimiento debido. Incluso el mencionado Matías Rojas, quién -presumiblemente- lo perjudicó notablemente, tiene una calle con su nombre ¿y Juan López no? Alguien nos decía que hay una población llamada “Chango López” y que eso debería contar como homenaje pero, ¿es así? ¿Podemos considerarlo “homenaje” cuando se está empleando el mote que algunos arteramente le pusieron?

También se dice que, hay un balneario con su nombre -en caleta Abtao- y con eso basta.

 

Si Ossa es recordado con una calle en pleno centro de Antofagasta, ¿por qué no hacer lo mismo con Juan López? Ni San Martín ni Washington hicieron nada por esta ciudad, bien podría nuestro municipio considerar el cambio de nombre de alguna de esas arterias, reconociendo –por fin y después de tanto tiempo- su relevancia en la historia regional.

 

 

Según este humilde escribano:

 

Bastarían dos acciones para resarcir el honor y preservar la historia.

 

Lo primero: Dejar de usar la palabra «Chango» con Juan López. No le busquen caminos alternativos, la palabra Chango fue impuesta por los españoles y tiene un solo significado.

 

Segundo: Recuperar la carta memorial y ponerla a resguardo en el lugar donde se resguarda, se atesora y se muestra la historia, en el Museo de Antofagasta. 

La historia de Antofagasta debe estar visible para los antofagastinos.



 

 

sábado, 2 de mayo de 2026

EL ATACAMUS NEOTROPICALIS

 

El Atacamus neotropicalis

Los pequeños gigantes de la aridez extrema


Son muy pocos los que pueden reconocer a este minúsculo del desierto (y de la costa) y han de ser muchos menos aquellos que lo han visto alguna vez en su medio natural. Algunos acotarán que es un sobreviviente de las adversidades, nosotros acotamos que es un bien adaptado, una especie muy bien adaptada a las condiciones extremas en las cuales prolifera.

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Han de saber, que la ciencia –el conocimiento científico- no es algo estático, muy por el contrario, está siempre cambiando. Esto es mucho más cierto en lo que se refiere a los seres vivos y su clasificación y como ya hemos visto -en muchas ocasiones- un animal o planta que hemos identificado durante años por un nombre, los que hacen ciencia lo cambian de un día para otro y pasa a conocerse de una manera diferente. Así ha ocurrido con un pequeño insecto muy propio de nuestro desierto y de nuestra región, llamado –hasta hace poco- Maindronia neotropicalis.

Este insecto, que vive en lugares extremadamente áridos de la pampa –aunque también en la costa- pertenece a la Familia Maindroniidae, la que agrupa ahora a 5 especies (hasta hace poco eran sólo 3) que habitan en zonas áridas del mundo.

Esta familia ha sido dividida en 3 géneros, de manera que las especies de África y el Medio Oriente se mantienen en Maindronia: Maindronia bashagardensis, de Irán y Afganistán, Maindronia beieri, de Sudán y Maindronia mascatensis, de Omán y EAU. Por su parte, las especies sudamericanas se dividen en dos géneros nuevos: Atacamus, con la especie endémica de nuestro norte Atacamus neotropicalis y Peruatacamus, con la especie endémica del vecino país, Peruatacamus atunpacha. Entonces, con esta nueva clasificación, este pequeño habitante de las pampas y costa de nuestra región –y de Tarapacá- ha pasado a llamarse Atacamus neotropicalis.

¿Qué tiene esto de bueno? Que ya no sólo tenemos un insecto endémico –como lo teníamos-, sino que además tenemos un género que, con su solo nombre, ya nos ubica en el mapa. Más lindo habría sido que se llamase Antofagastanus neotropicalis, pero conformémonos con lo que hay.

Seguiremos esperando a ver si alguien realiza un estudio más exhaustivo y logra determinar si en efecto tenemos una especie, o en realidad son dos, ya que eso es lo que hemos pensado siempre. Nos resulta curioso que el mismo insecto pueda vivir en dos ambientes tan diferentes como pueden ser la meseta intermedia (la pampa) y la costa, a escasos metros del agua.

Sobre la Maindronia (Atacamus neotropicalis)

Fue descubierto e identificado por el Dr. Masarey el año 1906. Nuevos hallazgos fueron realizados por Don Luis E. Peña Guzmán en los años 70.

La Maindronia neotropicalis Wygod

Don Luis E. Peña Guzmán nos hace la siguiente referencia sobre la especie:

Durante los viajes que hemos realizado a través de las zonas más áridas del Desierto de Atacama tuvimos la oportunidad de encontrar un curioso insecto que enviado al Dr. Pedro Wygodzinsky, del American Museum of Natural History de Nueva York, lo ha clasificado como Maindronia neotropicalis Wygod.

Este insecto pertenece al grupo Maindroniidae del orden de los Thysanura, y es la única especie conocida del Nuevo Mundo. Las otras especies han sido descritas en Etiopía e Irán.

El encuentro original de esta especie fue hecho en la localidad de Junín, Tarapacá, en 1909 por el Dr. Masarey. Nuestro hallazgo lo fue en una zona de extrema aridez, como lo es la zona entre los 60 y 100 Km. al sur de Antofagasta en las inmediaciones de la Carretera Panamericana a una distancia aproximada de 25 Km. de la costa, bajo piedras de todo tamaño donde se refugia. Es un insecto muy escaso y difícil de ubicar, siendo su caminar muy rápido. Al ser molestado trata de esconderse bajo los pequeños pedregullos, entre los cuales se mantiene inmóvil. Lo hemos encontrado conviviendo con un extraño Solpugidae y especies de Tettigoniidae y de Scorpionida, ejemplares que hemos hallado muertos.

Da la impresión de que busca su alimento entre el detritus orgánico vegetal que se acumula en muy escasa cantidad bajo las piedras y entre sus resquicios, llevados allí por el viento del suroeste, probablemente desde las alturas de los cerros costeros donde ocurren neblinas que mantienen una vegetación de cierta importancia. Jamás hemos observado lluvias en esta zona, fenómenos que han de ocurrir rara vez, ya que hemos encontrado restos de variedad de insectos.

Vive en este lugar un extraño lagarto del género Phrynosaura posiblemente de la especie reichei Werner. Los doce ejemplares encontrados fueron mantenidos en cautividad durante varios días alimentándose con gránulos de leche disecada, los que eran recogidos por ellos rápidamente para ingerirlos en los escondrijos que formaron.