Rumbo a Toconao
La Morada de los Toconares
Resulta evidente que en el territorio por el cual nos vamos desplazando (de sur a norte) resalta la vegetación (esta es abundante luego de las últimas lluvias), de igual manera, destacan sus volcanes y sus cerros cuyas cumbres sobrepasan (gran parte de ellas, los 5.000 e inclusive, los 6.000 metros) y por último, más no menos importante, los diversos cursos de agua que fluyen en dirección al gran Salar de Atacama.
Vamos rumbo a Toconao, la morada de los Toconares
En la cartografía oficial, la quebrada que contiene a Toconao asoma como la quebrada de Honar y el río Toconao, cuyo curso natural de agua nace entre el cerro Putas y el cerro Honar, desde donde fluye con dirección general poniente hasta desembocar en el salar de Atacama. En el informe de la Dirección General de Aguas y en algunos blogs de turismo aparece con el nombre de “Quebrada de Jere" o "Quebrada de Jerez". Bien valga el porqué de aquello.
En su curso alto el Toconao recoge las aguas del río Zilapeti y en su cauce inferior recibe las aguas del Poquios y del Sapaque.
Ahora bien, como resulta obvio que su nombre no pasará desapercibido, diremos que el mencionado Cerro Putas (5.407 m.s.n.m) -desde el cual nace el río Toconao- está ubicado a unos 50 km al suroeste de San Pedro de Atacama y, aunque no existe un registro histórico oficial de su bautizo, la tradición oral y los relatos locales atribuyen este peculiar y llamativo nombre a dos posibles razones:
- A una Inspiración satírica: En el folklore de la minería y el arrieraje, se acostumbraba a usar nombres llamativos, irónicos o de carácter profano para lugares de difícil acceso, condiciones extremas o que representaban un desafío físico monumental.
- A leyendas tradicionales: Al igual que otras formaciones con nombres sugerentes en la zona (como el Valle de la Muerte), se asociaría a relatos folclóricos sobre las dificultades extremas, la escarpada geografía y el aislamiento del sector.
Sin embargo, creemos que su verdadero origen es otro y más antiguo. Los primeros españoles que llegaron a estas tierras tuvieron serios problemas para registrar la topografía indígena, ya que la lengua Kunza de los LickanAntay abunda en sonidos secos y guturales, difíciles de transcribir al español, por lo que “castellanizaban” los nombres a lo que les pareciese más similar. Misma situación se les presentaba con el quechua y el aymara, lenguas que también se usaron en la zona en distintos momentos.
Así, de acuerdo a lo que se conoce actualmente de estas lenguas por los diccionarios, tenemos que la raíz p’uta –o phuta- en el aymara y p’utuy –phutuy- en el quechua se refieren a algo que emerge del suelo, ya sea agua que brota o una prominencia de piedras o rocas, por lo que es probable que el nombre del cerro fuese P’uta o P’utuy (el cerro donde nace el agua o el río), y el transcriptor español lo asimiló a una palabra por él conocida. Con muy mal tino, si hemos de decir, ya que otros cartógrafos más pudorosos –en este siglo- han preferido señalarlo en los mapas como “Cerro Punas”, que suena bastante mejor.
Ahora, sea cual sea el nombre del cerro y su origen, no podemos menos que reconocer que las aguas que en él se originan impactan grandemente en el paisaje de la zona, creando lugares muy hermosos y llenos de vida, dignos de ser visitados, como hemos podido comprobar.
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