Si, Llegamos al Silala
(A reafirmar la soberanía)
En los tiempos actuales, tiempos en los cuales se lee poco y se entiende menos, siempre es bueno dejar en claro, a modo de explicación: El »¡Dios te oiga!» es una expresión coloquial española que manifiesta el deseo ferviente de que se cumpla lo que otra persona acaba de decir, expresando esperanza y optimismo ante algo positivo o futuro. Esto no significa que nuestra institución y/o integrantes sigan una corriente religiosa más bien, todos somos libres pensadores, desde Pachamámicos hasta seguidores de Odín.
Ya en Inacaliri.
Se acercó uno de los custodios del tranque -o dique- del río Silala y nos dijo de manera coloquial -en conversación amistosa- que estas aguas seguirán su flujo natural en dos años más, cuando la gran minera de Chile utilice exclusivamente agua del mar. »¡Dios te oiga!» fue la respuesta «¡Dios te oiga!».
¿Porqué nuestro escepticismo? Hará un tiempo atrás, hubo otra minera a la cual dábamos loas públicas por ser la primera en usar agua de mar y dejar de ocupar las aguas de pozos y salares en sus procesos productivos, pero le cursaron una multa por seguir usando, sin permiso, las aguas del interior. Lamentablemente no le cursaron multa alguna por mentir descaradamente a la población mejor dicho, a los que realmente le interesan estos temas. Entonces, esperemos que estas frases rimbombantes de «Tiempos mejores, para la naturaleza del norte de nuestro país» no sean sólo palabras compuestas de humo.
Diario de campo de un Caminante:
Buenas tardes tengan vuestras mercedes. Un saludo muy cordial y fraterno de parte de los Caminantes del Desierto.
Este fin de semana recién pasado nos fuimos al interior de la región de Antofagasta (nombrada así -Antofagasta- no por los Camanchacos, Sioux o Reches, más bien por su homónima en territorio argentino, Antofagasta de la Sierra) Pues bien. en este viaje visitaríamos las Vegas de Turi (un paisaje maravilloso, lleno de vida silvestre, aires de naturaleza y un sol propio para cada asistente, por las altas temperaturas del lugar) y llegaríamos hasta las faldas del Volcán Paniri, con el poblado de Cupo incluido (Cupo, poblado ubicado a los pies del cerro Carcanal). En el trayecto entre Turi y Cupo (camino vecinal) el paisaje pasó de hermoso a maravilloso, de tenue a exuberante y de avistamientos pocos a vida silvestre abundante. Vimos Guanacos de gran alzada, animales imponentes, soberbios y yo, desconocedor total de los actuales movimientos del ocio, según la gente Terianista (Therian), me puse a discutir con algunos de estos guanacos mediante relinchos. Quizás. que fue lo que dije y que fue lo que me respondieron, pero debo haber dicho algo fuerte, porque se anduvieron encabritando y si no hubiese sido por la llegada del grupo, dichos guanacos me la hubiesen dado.
Hablé de Guanacos, también encontramos Vicuñas, Vizcachas, Chinchillas, avifauna por doquier y numerosas, especialmente aves pequeñas. También accedimos a un Pucará que no estaba en nuestra cartografía, pero como buenos caminantes, no faltó aquel que ya lo había georreferenciado y le conocía hasta la vida y obra de sus antiguos habitantes. El Pucará era el de Topain, ubicado en una pequeña loma y rodeado de Cardones, Echinopsis atacamensis, en medio del llano desde donde era posible mirar en lontananza todo el territorio. Más adelante nos encontramos con más construcciones, que según la cartografía correspondían al poblado de Topain, con presencia de antiguas terrazas de cultivo y las aguas provenientes de la quebrada de Cupo. El por qué está abandonado, no lo sabemos, quizás se cambiaron un poco más arriba, al actual Cupo. A las 18.00 horas ya íbamos de regreso a la ciudad de Calama a descansar y prepararse para el día siguiente. Este día llegamos a los 3.500 m.s.n.m, todos estuvieron bien y no hubo necesidad de recurrir al oxígeno.
Domingo.
La idea era salir muy temprano en dirección al Volcán San Pedro y San Pablo, para adentrarse por el territorio en dirección a Inacaliri (Sur-Este). Este viaje comprendía varias detenciones (mientras íbamos subiendo) y en cada una de estas paradas había una maravilla que observar, ver, deleitarse, fotografiar. Primero paramos para observar los volcanes del territorio, totalmente nevados en sus crestas, moles imponentes que se yerguen al cielo «incitando a los expertos e incautos» a subir. A los pies de dichas moles la vegetación, el terreno húmedo, las llamas, las vicuñas paridas (madres y crías a la vera del camino) y el motivo de tanta vida: las aguas del Río San Pedro de Inacaliri. Dice la historia que por estos lares hubo bastante gente habitando, pero se tuvo que ir cuando las mineras (especialmente una) encauzó y entubó las aguas con un representante que mano al pecho espetó en la cara de la gente «Fuera de mi río». Cosas que dicen ¿Cierto? Aunque, fue verdad.
Hubo que amarrar a algunos y arrastrar a otros ya que se estaban aprontando para meter -mínimo- sus patitas al agua (cosa no recomendable) y había que seguir el viaje. Las camionetas de la minera aquella, nos acompañaban en comparsa, haciéndonos sentir queridos, amados y protegidos, el camino desaparece en el kilómetro 35 y comienza la aventura, el visitar las aguas del Río Silala, ese que fue noticia hace pocos años atrás por demandas del país vecino y que terminó con la resolución que dicta que dichas aguas son de uso compartido, reitero, uso compartido, pero nosotros, chilenos, no podemos siquiera ver o tocar dichas aguas sin tener que subir cerros, cruzar por las alturas (mirando a la cara a los cóndores) y descolgarnos por cañones cercanos al límite fronterizo, porque dichas aguas son para la minería, aunque nos dicen que, en dos años más, esas aguas volverán a correr libremente, para sostener, preservar a la naturaleza del Alto Loa. «¡Dios te oiga!» «¡Dios te oiga y el diablo se haga el sordo!»
Este día llegamos (algunos) a los 4.200 m.snm y todos estuvieron bien. La preparación fue la buena. 17:00 ya vamos de regreso a la ciudad de Antofagasta.
Ahora, como corolario:
En nuestro país solo existen 3 lugares turísticos preponderantes (El resto no existe) Torres del Paine, Isla de Pascua y San Pedro de Atacama, Mas, en nuestra región contamos con muchos más lugares, sitios que recomendamos, porque cualquiera puede llegar y resultan ser maravillosos y también hay lugares que, siendo hermosos, no es recomendable llegar solos, requieren la guía de gente preparada, pero he ahí el problema, no hay gente o empresa que brinde dichos servicios ¿Entonces? Que podemos decir, no nos pregunten a nosotros, somos inocentes y somos una corporación, solo llevamos a los nuestros.
A todo esto: ¿Aguantará dos años más el salar de Rudolph?
Es una maravilla que no sabemos como ha llegado -con agua- hasta nuestros días.
No esperemos mucho de la futuras generaciones, quizás sean iguales o peores que nosotros.
























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