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sábado, 11 de julio de 2026

EL CANTO DEL MISCKÁN

 

El Canto del Misckán

 

Recuerden:

Jamp’atu utar manti ukaxa, juxch’an puriñpatakiwa.



Saludos tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Estuvimos ahí y recorrimos la profunda grieta de la Finca de Chañaral, en la Región de Atacama, aquella quebrada que fue devastada por las intensas lluvias del año 2015 -según los conocedores del lugar- y cuyas consecuencias (de las intensas precipitaciones) aún son visibles, ya que el terreno fue completamente arrasado por los aluviones. Resulta evidente que gran parte de la fauna se vió afectada, especialmente aquellas especies que vivían exclusivamente en los remansos, lagunas y charcas que formaban las aguas que afloran por el lugar. No sabemos las especies que se podrían haber encontrado en dichos cursos, pero el habernos encontrado con estos anfibios en un territorio así arrasado es un privilegio; esto nos indica que la vida se sobrepone a las adversidades de la naturaleza e inclusive -en ciertas ocasiones- a la acción del humano.



Jamp’atu utar manti ukaxa, juxch’an puriñpatakiwa.

Si entra un sapo en la casa, es señal de que llegará una nuera (esto se refiere a que la llegada de un sapo es un buen augurio de que pronto llegará una nueva mujer a la casa)

 

Para variar, no hay consenso con su clasificación ni con su nombre, pero aun así todavía se le está considerando como Rhinella atacamensis, cosa que no nos parece muy importante porque nosotros lo conocemos -desde siempre- con el nombre común de sapo de Atacama.

Las etnias indígenas no hacían distinción entra las especies de sapos, de manera que llamaban a todos por igual: jamp’atu, en quechua y aymara, y misckán en kunza. De misckán deriva el nombre de la conocida laguna Miscanti (miscan-ti, laguna del sapo).

El misckán es un animal significativo para la etnia lickan antai, ya que se les considera los intermediarios ante los mallkus (los espíritus de los cerros sagrados). Al cantar (croar), el misckán llama al agua para que se despierte y descienda de las alturas cordilleranas, en forma de lluvia. En tiempos de sequía, son ellos, los sapos, los únicos capaces de encontrar, bajo las rocas, las últimas fuentes de agua.

El Rhinella atacamensis es una de las dos especies de sapos que habitan en nuestra región, junto al Rhinella spinolosus, sapo espinoso andino. Aquél que llamamos “sapito de cuatro ojos”, Pleurodema thaul, se clasifica como una rana, debido a sus hábitos estrictamente acuáticos.

El sapo atacameño vive en vegas, aguadas o junto a cursos de agua, incluso algunos muy exiguos, como hemos podido comprobar en varias ocasiones. Permanecen ocultos durante el día, debajo de la vegetación, de troncos o de rocas que estén junto al agua. No son grandes, no llegan a los 10 cm en su estado adulto y pesan unos 140 gr. Su alimentación consta de insectos y otros invertebrados que cazan de noche en las cercanías del agua.

Los sexos pueden diferenciarse en su estado adulto, porque tienen variaciones en su hábito, siendo los machos de color amarillo con manchas café o negruzcas, de forma irregular, en tanto la hembra tiene similares manchas, pero su piel es blanquecina, notoriamente más clara que en el macho. Estas diferencias no se advierten en los individuos inmaduros, en tanto los juveniles muestran pequeñas manchas rojas por todo el cuerpo y sobre los ojos.

En nuestra región no parecen ser abundantes, a nuestro parecer, porque los hemos encontrado sólo en contadas ocasiones.

















 

 

 

 

 


miércoles, 8 de julio de 2026

EL WAYCHAU

 

El Waychau

(El Mensajero del Destino)


Waychaucituy chayamuptin

(Cuando llegues waychaucito)

ñuqallayqa pasakusaq

(me pararé y me iré)

orquntapas qasantapas

(por los cerros y por las abras)

qamqhinapas phawasaqcha

(me iré corriendo como tú)

qamqhinapas waqasaqcha

(me iré cantando como tú)

 

Se le llama comúnmente Mero gaucho, para diferenciarlo del Mero, aunque también se conoce como Mero cordillerano. Como muchas aves andinas, tiene su nombre propio asignado por los indígenas: Waychau (o huaychau), que proviene del quechua. Es lo más probable que el “gaucho” de su nombre no tenga ninguna relación con los gauchos argentinos, como podría creerse, sino que sea una deformación del nombre quechua. De hecho, en la zona del alto Loa lo llaman guaicho. Otro nombre común que recibe es el de arriero, el que se debe a que -según algunas leyendas- antiguamente era un arriero al que, por su mala conducta con los animales, los Apus castigaron convirtiéndolo en ave. La ciencia, en tanto, le ha asignado el más prosaico nombre de Agriornis montanus.

El waychau -o mero gaucho, como prefieran llamarlo- es un ave de buen tamaño, entre 22 y 24 cm. Es principalmente de color café apizarrado (grisáceo dicen algunos), con el abdomen acanelado y la garganta blanquecina con notorias barras oscuras. La cola es oscura pero con las plumas laterales blanquecinas.

Es un ave propia del altiplano, pero en el norte de nuestro país es habitual que descienda a tierras más bajas, hasta el nivel mar inclusive, por lo que podemos encontrarlo hasta en la costa. Se alimenta de una variedad de presas, desde insectos y arañas hasta lagartijas y sapos, incluyendo huevos y pichones de otras aves y pequeños mamíferos, no obstante lo cual pueden también comer semillas.

Hacen sus nidos en el suelo, al amparo de rocas o arbustos, aunque también puede usar grietas o huecos en las rocas o hasta en los techos o paredes de las casas. No es confiado, pero no teme acercarse a las habitaciones humanas.

En algunas zonas andinas de su distribución se le considera injustamente como un ave de mal agüero, por error de las gentes. Según las antiguas tradiciones, el waychau es el mensajero del destino, por lo que se debe entender que –por ejemplo- si iniciaremos un viaje y lo escuchamos cantar, no deberíamos continuar, o bien deberíamos hacerlo con precaución, porque él nos está avisando del peligro que acecha más adelante. Sin embargo, las gentes lo han interpretado al revés y culpan de lo que pueda ocurrir a quien no hace más que transmitir el mensaje, achacándole ser quien causa el infortunio y, por ende, considerando de mal agüero a un ave que –por lo contrario- nos trae buena fortuna.

Así pues, no temamos el canto del waychau, más bien, hay que agradecer su prudente aviso.












 

 

 

 

 

 


miércoles, 1 de julio de 2026

100 AÑOS ATRÁS

 

100 Años Atrás

(Según las antiguas crónicas)


Nos indica Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia que, hace 100 años atrás, se produjo un grave accidente minero en Chuquicamata.

 

La historia dice así:

 

El 29 de junio de 1926, a las siete y quince de la mañana, en circunstancias que había una gran cantidad de trabajadores ejecutando sus labores, se produjo una explosión en el socavón del corte D, que se encontraba sobre ellos, sepultando a muchos de ellos. Según las noticias enviadas por telégrafo desde Calama, para mediodía se habían recuperado 11 cadáveres y un número indeterminado de heridos, de diversa consideración.

Las labores de despeje continuaron con la ayuda de una pala de dos y media toneladas de capacidad –que puede parecernos mínima en estos tiempos, pero que entonces era lo mejor que había- y bajo la luz de poderosos reflectores, ya que se trabajaba sin interrupción, incluso de noche.

No poca conmoción produjeron los familiares de los trabajadores que, tras escuchar desde Calama la gran explosión e ignorando la suerte que pudieran haber corrido sus parientes, por no haberse recibido ninguna información, acudieron en masa a la mina, en automóviles, llegando incluso hasta el sitio del suceso, donde se vivieron desgarradoras escenas.

Las primeras informaciones –extraoficiales- indicaban que el accidente habría sido causado por un cortocircuito eléctrico, sin que hasta el día primero de julio se supiera a ciencia cierta lo ocurrido. Es de hacer notar que la Gerencia de la Chile Exploration Company, empresa situada en Santiago y propietaria de la mina en ese entonces, se enteró por la prensa de lo sucedido, al haberse cortado las comunicaciones por cable y telégrafo.

 
Para el día siguiente, ya se sabía de la identidad de algunos de los heridos: Luis Vicencio, José Reyes, Augusto Salas, Luis Valenzuela, Juan López y Enrique Cárdenas. Se daba por desaparecidos al ciudadano alemán Alfred Amehlenkos y a José Palma, a los que se agregarían después Juan Araya, Patricio Zapata, Miguel Muñoz, Diego Herrera y Sebastián Salgado. Fallecidos se encontró a los siguientes: José Cárdenas, Emiliano Díaz, Humberto Pereira, Ernesto Rodríguez, Luis Jiménez y Pedro Ramírez. Además, se encontraron 3 cuerpos imposibles de reconocer. Se dice que no se dio a conocer nunca la nómina completa de los trabajadores involucrados ni el número exacto de fallecidos.

Tampoco hubo un informe oficial respecto a las causas de la explosión. Lo que se especula es que estando ese banco ya cargado con explosivos, un circuito producido en alguna de las luminarias que alumbraban ese sector habría alcanzado a los explosivos causando la catástrofe. No es de extrañar que no se publicara en los periódicos de entonces ninguna información más, después del primero de julio, ya que esta Compañía –como a veces sucede en nuestros tiempos- realizaba lo necesario para detener cualquier publicación que fuera ajena o perjudicial a sus intereses.


El dato curioso, o anecdótico, es que aquél mismo día 29 se encontró a uno de los desaparecidos, un ciudadano irlandés de apellido Kroop quien, muy en la línea con su nacionalidad, circulaba ebrio por las calles y manifiestamente alegre. Al interrogársele por los motivos para tanta alegría, dijo que celebraba el que, habiendo estado en el lugar de la explosión, se había librado completamente ileso.












 


miércoles, 24 de junio de 2026

LA MULA

 

La Mula

Terca por Naturaleza


Resulta evidente que, en los inicios de la exploración y explotación del territorio del Desierto de Atacama, no había disponible otra fuerza motriz para el transporte que la de las caballerías (caballos, mulares y burros) y la de los bueyes. Ahora bien, de entre estos animales hay uno que se destacaba por sobre los demás, por ser el más versátil y el más adecuado para los trabajos que se necesitaba realizar. Ese animal es la mula.

 

La mula, genéricamente hablando, es un híbrido creado a partir del cruzamiento de una yegua y un burro, el que adquiere las mejores características de ambos animales: de la yegua obtiene la alzada (tamaño), la agilidad y la velocidad, en tanto del burro adquiere la resistencia, la longevidad (viven más que los caballos y trabajan por más tiempo), la salud y un aumentado sentido de conservación. Esta última característica suele ser confundida con terquedad (“es porfiado como una mula”), pero en la realidad no es otra cosa que un mejor desarrollado instinto de conservación. Por ejemplo, se puede exigir a un caballo que vaya más allá de sus fuerzas o resistencia y es posible que muera intentando hacer lo que le piden, pero no se puede hacer lo mismo con una mula. Si se le carga más peso del que puede transportar, simplemente no habrá manera de hacerla caminar. Si la mula advierte que el camino resulta peligroso por alguna razón, no avanzará aunque le den de palos. Por esta razón siempre es más confiable el criterio de la mula que el del ser humano, ya que éste –como bien sabemos- evalúa mal con frecuencia.

 

En Chile se le llama “mula” tanto al híbrido en general como al mular hembra, en tanto al mular macho se le llama justamente así, “macho”. En otros países pueden recibir –y reciben- otros nombres. Se prefiere a las hembras para el trabajo por ser más dóciles, debiendo castrarse a los machos para que lo sean en mayor medida, ya que de lo contrario mantienen un genio más inquieto. A pesar de que –como hemos dicho- las mulas tienen un temperamento más pacífico que los caballos, ocurre que son menos pacientes con los perros que éstos, llegando al punto de defender a su jinete cuando es atacado (esto es una herencia de su borrico padre). Tienen además la habilidad de patear en todas direcciones, con cualquiera de sus patas. Así es que más vale no buscarles el odio.

 

Una buena mula puede cargar entre un 20 y un 30% de su peso corporal, superando un poco al burro en esto y bastante al caballo, que no puede cargar más del 20% del suyo. Además, un mular bien cuidado puede trabajar durante 30 años, lo que equivale a la vida completa de un caballo.

 

Valga aclarar que no es lo mismo cruzar un burro con una yegua que un caballo con una burra, porque aunque se trata de las mismas especies, los genes que se heredan en ambos casos son diferentes. Cuando la cruza es entre caballo y burra, no se obtiene un mular, sino un burdégano, híbrido que aunque es similar en aspecto resulta más pequeño que la mula y, aunque es más dócil, es también menos resistente para el trabajo y no vive tanto como aquella.

 

Las mulas se utilizaron por siglos para todo tipo de trabajos, hasta que fueron reemplazadas por los vehículos de combustión. Pero antes de que eso ocurriera se criaron por miles. En nuestro norte las hubo en esas cantidades también, en los tiempos de las salitreras, al punto que no quedaba valle precordillerano, o de las márgenes del Loa, en el que no se cultivara la alfalfa para alimentarlas. La gran mayoría de los mulares se traía desde Argentina por los pasos fronterizos, lo que debe haber significado un gran negocio para el noroeste de ese país.

 

Las antiguas imágenes nos sirven para darnos cuenta de cuánto –y cuántas- se necesitaban. Una diligencia o un carro de transporte requerían de un tiro de 4 mulas, pero los carros que cargaban mineral necesitaban cuando menos 6 de ellas. Todo el sistema de transporte requería de mulas.

 

Con la llegada de los vehículos automotores comenzaron a desaparecer. Puesto que no podían reproducirse, no ocurrió como con los burros, que al perder su función laboral simplemente fueron liberados y continuaron con sus vidas libremente. Las mulas –con mayor valor comercial que los burros- no tuvieron esa opción y fueron trasladadas a donde todavía pudieran ser útiles.

 

Hoy en día todavía se crían y se utilizan en diversas tareas. Por ejemplo, nuestro ejército las produce y las mantiene para utilizarlas en la montaña y otras zonas de difícil acceso, ya que no hay hasta ahora una maquinaria que pueda realizar ese trabajo mejor que ellas.