PRÓXIMAS RUTAS

viernes, 31 de julio de 2026

LA SALITRERA CARLOS CONDELL

 

Por la ex Salitrera Carlos Condell

(En el Plomito expediciones)


(Enlace a video)

Los huesos ya calcinados de una mula asoman a nuestro paso. Fue tan sólo una pequeña desviación en el camino para que llegásemos a ella y nos pareció una señal venida desde el ayer: aquello de no adentrarse por el desierto -o perderse en éste- sin la mínima preparación. El estómago del animal, lo que resta de él, nos indican que había comido, lo que nos hace suponer que fue la fatiga, la deshidratación o la vejez lo que puso término a su vida. Nunca lo sabremos. No corre viento alguno, el sol quema (incluso ahora, en invierno) y los restos del jamelgo, seguirán ahí.... Por siempre.

 

Saludos tengan estimadas y estimados amigos.

 

Es invierno en Antofagasta, Chile, y nos encontramos por en medio del desierto, cosa que no se advierte en esta parte del territorio. Nuestra misión, la que nos convoca el día de hoy, es llegar a la ex oficina salitrera Sargento Aldea y, desde dicho punto, internarnos por los antiguos caminos para acceder a la desconocida oficina salitrera Carlos Condell. Hemos de contarles que aunque gran parte de ese territorio está intervenido por faenas que aún siguen extrayendo caliche, para elaborar Salitre y Yodo, nuestros destinos aún siguen abandonados y sin mucha intervención, salvo aquella que decretó sus subastas públicas para el posterior desarme y venta de todo aquello que se pudiese reducir.

 

Hemos de contarles -además- que llegar hasta la ex oficina Condell fue fruto exclusivo de la porfía, puesto que hubo que caminar por el medio de la pampa abierta, sus zanjas y calichales, mientras que el vehículo procuraba hacerse camino, inclusive, por sobre los terraplenes por donde –en otros tiempos- circulaban las locomotoras.

 

Aquello del abandono, la lejanía y el desconocimiento siempre brindan sorpresas y premios. Estos premios no están en las estructuras, puesto que, muy poco queda en pie por dichos lugares, dichos tesoros están esparcidos por el terreno en forma de tazas, botellas, servicios, cajetillas de cigarrillos, botones, latas y un sinnúmero de otros artículos que nos permiten inferir la alimentación y los gustos de la gente que habitó por aquellos parajes. No nos debe sonar a sorpresa que la gente que habitó dichos territorios tuviesen una gran movilidad y/o contacto social, las oficinas salitreras se encuentran muy próximas entre sí, hablamos de unos pocos kilómetros, cosa que no era distante para dichos tiempos y para dicha gente, aunque sí nos resulta sorprendente -en los tiempos actuales- eso de caminar 5 o 10 kilómetros en el curso del día.

 

Pero, ¿Dónde estaba la oficina salitrera Carlos Condell?


La Oficina «Carlos Condell» estaba ubicada en el Cantón Central, teniendo la Estación Carmen Alto, del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, para el embarque y desembarque de salitre y mercaderías. Era de propiedad de La Lautaro Nitrate Company Limitada, cuyos Agentes, en Antofagasta, eran los señores Baburizza, Lukinovic y Compañía.

 

La oficina Contaba con una superficie de 5 Estacas Chilenas. Era una de las más pequeñas en esta parte del cantón. La capacidad productiva era de 302,400 quintales métricos de salitre, anuales.

Empezó a funcionar en Marzo de 1914 y hasta el año 1923 produjo 1.548,995 quintales métricos.

 

La Máquina o Establecimiento de Beneficio constaba de 18 Cachuchos con capacidad de 45 metros cúbicos cada uno, 89 Bateas con capacidad de 23 metros cúbicos cada una. 5 Calderos tipo "Lancashire". Para el trasporte del caliche y su beneficio tenía 9 kilómetros de línea férrea, con un material rodante de: 2 Locomotoras y 31 Carros calicheros. El campamento contaba con 190 Habitaciones para familias y 80 Habitaciones para solteros, trabajaban unas 300 personas en total. Además contaba con Escuela, baños públicos, hospital, cine y pulpería.

 

Ahora bien. Cuando nos encontrábamos visitando dicho lugar, cruzando por el medio de las tortas o ripios, en los territorios aledaños resonó una explosión, una potente tronadura, y vimos elevarse al cielo una columna de polvo, esto nos llevó a pensar en el por qué, si se siguen explotando los espacios de las oficinas vecinas (y también sus ripios), esta parte del desierto sigue en abandono. No nos molesta, en todo caso, sino todo lo contrario, ya que es cosa muy grata que se preserve la historia contenida en los antiguos basurales. La respuesta al por qué no se intervienen podría ser muy simple: que los calichales de las ex oficinas salitreras Carlos Condell y Sargento Aldea se encuentren en los límites de los territorios que contienen caliche y, presumiblemente, la ley y la cantidad de material disponible no sean atractivos para su explotación. Esperemos que sea eso y no solamente que aún no han llegado hasta allá con su expansión.

 

En ninguna de las oficinas salitreras visitadas encontramos cementerios, eso es bueno, para nosotros, porque no tuvimos que ver o advertir el vandalismo de algunos sobre los muertos, aunque resultase muy malo para los necrófilos del desierto.

 

¿Volveremos? Ésa es la promesa que nos hicimos, ya que dichos espacios nos develaron una gran cantidad de utensilios y artículos que provenían desde otras latitudes, especialmente Europa, y la presencia de una gran cantidad de productos que ya no existen en la actualidad. A la luz de la realidad actual del país, podríamos preguntarnos, el por qué no se producían -en aquellos años- tales insumos en el país, en lugar de traerlos desde lugares tan lejanos. La cerveza, la comida enlatada, el menaje de casa (la loza), por ejemplo. Pero luego advertimos que hoy se hace lo mismo y que, si alguien revisara nuestra basura, encontraría no pocos productos importados.

 

18 horas, ya estamos de regreso en Antofagasta, sanitos y felices, con sobredosis de sol, pero contentos de haber tenido la posibilidad de viajar en el tiempo, a la época del salitre en Antofagasta, Chile.

 


































viernes, 24 de julio de 2026

LA TIRANA

 

La Tirana

Y la historia ideada para olvidar a un dios


Cada mes de julio, el polvo de la Pampa del Tamarugal se levanta al ritmo de miles de bailes chinos. Todos llegan por lo mismo: la Virgen del Carmen de La Tirana. Si preguntas por el origen del nombre, casi todos te contarán la misma historia del trágico amor. Pero esa historia es solo la mitad. La otra mitad estuvo enterrada por mucho tiempo.

La princesa que nunca existió tal como nos la contaron

A fines del siglo XIX, un historiador peruano llamado Rómulo Cúneo-Vidal hizo algo muy inteligente. Recorrió el norte, escuchó a los abuelos pampinos, recopiló sus relatos sueltos y los unió en una sola novela, potente, fácil de recordar y de rezar.

Su protagonista era Ñusta Huillac, una princesa inca. Según el relato que él fijó, la Ñusta escapa al bosque de tamarugos acompañada de sus fieles y de un prisionero portugués. Se enamora de él. Y, por amor, decide perdonarle la vida y acercarse a la fe cristiana que él le enseñaba.

Para su pueblo, eso fue una traición imperdonable. La princesa, antes respetada, se volvió tirana a sus ojos por imponer un amor prohibido y un dios extranjero. La sentencia fue cruel y simbólica: ambos fueron ejecutados a flechazos. La leyenda dice que su última voluntad fue morir bajo el signo de una cruz.

Tiempo después, el misionero Antonio Rendón encontraría esas dos tumbas y levantaría allí una pequeña ermita. Ese punto en medio de la nada sería el origen del pueblo de La Tirana.

La historia funcionó. Era perfecta. Tenía amor, traición, martirio y conversión. Transformó lo que eran creencias antiguas del desierto en un relato católico fundacional. Sobre esa base emocional se construyó la devoción que hoy mueve a todo un país.

El dios que estaba antes.

Pero ¿y si el nombre de La Tirana no viniera de una princesa tirana?

Ahí entra la segunda historia, mucho más antigua y mucho menos conocida. Hay que salir de Tarapacá y subir al altiplano boliviano, a la tierra de los Uru Chipaya, uno de los pueblos más antiguos de América. Para ellos, el desierto y el agua no son paisaje, son dioses.

Uno de esos dioses es Tira Tirani.

Tira Tirani no es una persona. Es un mallku, un espíritu protector de la tierra, del barro y de los bofedales. Es también una pukara, un lugar sagrado donde la tierra misma es fortaleza. Su origen se remonta al tiempo de los chullpas, aquellos antepasados míticos que vivieron antes que el sol.

A diferencia de otros mallkus que se representaban con figuras de adobe, a Tira Tirani se le representaba con champa, ese pasto duro y trenzado que crece en los humedales. Era un dios hecho del mismo material que le da vida al desierto.

Con la llegada de aimaras, quechuas e incas y luego de los españoles, el culto directo a Tira Tirani se fue haciendo cada vez más silencioso. Pero nunca desapareció. Hasta hoy, los chipayas de mayor edad cuentan que hay que saludarlo de lejos, cuando se pasa cerca de donde está enterrado, antes de ir a una feria o antes de tomar una decisión importante.

Los Uru Chipaya no se quedaron en el altiplano. Durante siglos, fueron caravaneros y se movieron desde el lago Titicaca hasta la costa del Pacífico. Atravesaron y habitaron la Pampa del Tamarugal mucho tiempo antes de que llegaran los incas. Y en esa estadía dejaron el culto a Tira Tirani, de manera que su nombre quedó en la memoria del lugar.

Cuando los misioneros y luego los historiadores, como Cúneo-Vidal, escucharon "Tira Tirani", lo que les sonaba extraño y pagano fue reemplazado por algo que todos podían entender: "La Tirana". Una princesa castigada a causa de la fe cristiana era una explicación mucho más aceptable para aquellos hombres que un dios ancestral de barro y pasto, cuyo nombre y memoria debían ser borrados.

Dos historias, una misma fiesta.

Entonces, ¿Cuál es la verdadera?

Las dos lo son.

La Fiesta de La Tirana es justamente eso: una superposición. Por debajo está el sustrato milenario andino, el del dios de los humedales que le dio nombre al territorio. Por encima, el relato mestizo y romántico de la princesa inca –tan parecido a otros relatos- que le dio un sentido cristiano y dramático a ese nombre.

Cada vez que un bailarín se arrodilla frente a la Virgen en julio, sin saberlo, está realizando dos actos a la vez: está recordando el martirio de una mujer que quiso amar de otra forma, y está saludando, a la distancia, a un viejo dios del barro que se negó a irse del desierto.

 

Como corolario:

Tal vez no sea necesario, pero creemos prudente hacer una aclaración previa: Así como nosotros no nos decantamos por un sector político definido en nuestras publicaciones, tampoco nos abanderamos por una creencia en específico cuando el tema del que hablamos tiene relación con la religión. Para nosotros, todas las creencias son válidas, tanto las ancestrales -de este territorio- como las que tienen otro origen y son mayoritarias en el país, por lo que, al tocar estos temas, lo hacemos desde un punto de vista antropológico, considerando la cultura, la historia, la religión, etc. No hay, por tanto, intención alguna de desvirtuar las creencias de nadie, para nosotros –reiteramos- todas son válidas y respetables.











 


miércoles, 22 de julio de 2026

QUEBRADA LOS VIENTOS

 

Quebrada Los Vientos

(En su cumbre mayor)


Somos culpables -en esta sola oportunidad- de realizar aquello que tanto criticamos a otros: el poner nombres de forma antojadiza a los lugares a que accedemos. Pero diremos en nuestro descargo que no hemos encontrado, en la cartografía oficial, el nombre de esta quebrada, pero sí el de las cumbres aledañas, aunque esto sólo nos sirve para ubicarnos en el territorio. Mientras seguimos buscando, la hemos llamado quebrada de los vientos.

 

Hará un tiempo atrás, un par de años para temas de exactitud -que nos exigen los más puristas- y para que no asemeje a inicio de cuento, hubo un rompimiento de tuberías de agua potable en cierta parte del desierto, una ruptura que originó un gran vergel especialmente de flora endémica (habían nativas, pero pocas). El ver asomar a tantas especies y ver el cambio de colorido, algo muy evidente al pasar del ocre al verde, nos impulsó a buscar el origen de ellas. ¿De dónde habrían llegado las semillas que allí brotaron, los insectos que las visitaban y los pequeños animales que buscaban refugio bajo ellas? Al primer escrutinio de la zona advertimos, cercana, una profunda quebrada que se adentraba en los cerros, hacia las máximas cumbres del lugar (por sobre los 1200 msnm). Verla y suponer que sería provechoso explorarla fue una sola cosa, y hacia allá partimos.



Se pensó y se hizo.

 

Apenas ingresamos por la quebrada, estrecha y extensa, pudimos advertir que contaba con tres especies de cactáceas distintas y en gran número (especialmente la Copiapoa atacamensis, algunas eriosyces y unas cuantas columnares de Eulychnia iquiquensis). Por las márgenes de las laderas -muy bien marcadas por el paso del agua en tiempos de lluvia- nos encontramos con un gran número de arbustos de cachiyuyo, todos en buen estado y de tamaño apreciable, cosa que no es muy habitual. La especie no pudimos determinarla -en dicho momento- así que solo la catastramos como Atriplex sp.

Más adelante pudimos observar a la Nolana peruviana, siempre presente, alguna que otra Nolana ramalina en máximo estrés hídrico, Nolana divaricata, Tetragonia marítima y una gran cantidad de varas resecas de quizás que otras especies que habitaron dicho espacio en mejores tiempos. Esta quebrada, por su ubicación de suroeste a noroeste, tenía una particularidad: el fuerte viento que circulaba por toda su extensión y que aportaba la humedad que permitía la existencia de dicha vegetación. Nuestra exploración terminó al encontrarnos con que abruptos cortes y abundantes arrastres obstaculizaban nuestro camino, lo que haría necesario mucho más tiempo del que disponíamos para salvarlos y luego regresar. Desde allí pudimos observar que la quebrada se extendía, cada vez más cerrada, hasta la cumbre de aquellos cerros, en los que se acumula la niebla costera.

 

Jalisco solo gana (ni pierde ni empata)

 

Quedó marcado -en nuestro fuero interno- aquello de no haber podido recorrer la quebrada Los Vientos -en su momento- y de no saber lo que habría en sus máximas alturas hasta que llegó este preciado día -julio del año 2026- de volver, ir, recorrer y conocer el lugar, pero en esta oportunidad adentrándonos por su parte posterior, por antiguos caminos mineros, de aquellos que más se asemejan a huellas troperas que a otra cosa y por un territorio que se encuentra fuertemente intervenido por ripieras, empresas y -en su tramo inicial- no pocos basurales. Luego de pasar dichas intervenciones, no sin dificultades, quedamos a merced de la naturaleza para acceder a nuestro derrotero por la cumbre. En el lugar se advierten antiguas construcciones, especialmente pircas de cateadores y busquillas. Sus excavaciones están ahí, al igual que sus canchas de acopio, en la más completa de las soledades y en las máximas cumbres del lugar. Desde la cima pudimos advertir la quebrada buscada, Los Vientos, en la que encontramos una gran colonia de Copiapoas y tan sólo una columnar con vida (Eulychnia iquiquensis); quizá las otras, si las hubo, terminaron como leña en la cocina de los mineros de antaño, cosa que era muy común.

 

Sobre la presencia de flora, a esta altura del año, había y los renuevos comienzan a asomar porque al parecer ha caído agua, además la de mucha humedad que aporta la niebla en ese sector. Algo que nos llamó la atención fue la presencia de grandes extensiones de terreno (exclusivamente laderas) cubiertas con líquenes, con algunas especies que no habíamos visto en otra oportunidad y que nos hace pensar que este mundo, el liquénico, es el que mayor presencia y variedad tiene en nuestra cordillera costera (y región) y es el más desconocido de todos. Quizás, el excavar en busca de minerales no nos deja ver la luz y comprender que hay un mundo de posibilidades a nuestro alrededor.

 

Desde que recorremos nuestro desierto, especialmente por los sectores más recónditos de la cordillera de la costa y, más específicamente, por aquellos espacios en donde la humedad es más marcada -producto de la camanchaca- nos hemos encontrado con ciertas formas de vida que reciben por nombre Líquenes. Estas especies son muy diversas y no sólo tienen la particularidad de ser los precursores de la vida y ser buenos bioindicadores de la contaminación (al desaparecer), sino que también cuentan con otras particularidades que pueden resultar conocidas para los expertos, pero para el común de la gente son totalmente ignoradas. No se tiene certeza sobre la riqueza liquénica con la que contamos en nuestra región -número de especies y/o sus propiedades- ya que, sólo somos mineral, pero algún día, tendremos que levantar la mirada y hacernos cargo, como región o país, de este patrimonio natural y sus potencialidades.

 

Ahora bien ¿Qué son los líquenes? Los líquenes son asociaciones simbióticas entre hongos y algas fotosintéticas y/o cianobacterias. Se ha descubierto que los hongos liquenizados producen una amplia gama de metabolitos secundarios, la mayoría de los cuales son exclusivos de la condición liquenizada. Estos metabolitos secundarios han demostrado una impresionante variedad de actividades biológicas, incluyendo antibióticos, antifúngicos, anti-VIH, anticancerígenos, antiprotozoarios, etc. Se ha descubierto que los extractos crudos de líquenes y varios compuestos aislados de líquenes a menudo demuestran una actividad inhibitoria significativa contra diversas bacterias patógenas y líneas celulares cancerosas a concentraciones muy bajas. El mecanismo molecular de la muerte celular inducida por compuestos de líquenes incluye la detención del ciclo celular, la apoptosis, la necrosis y la inhibición de la angiogénesis. Si bien los líquenes son una fuente de diversos compuestos biológicamente activos, solo se ha investigado la relevancia biológica de un número limitado de ellos.

 

¿El porqué de lo anterior?

 

Los líquenes producen metabolitos secundarios protectores que sirven para disuadir la herbivoría y la colonización por patógenos. El ácido úsnico, el ácido estíctico y el ácido vulpínico son algunos de los más de 700 compuestos secundarios que producen los líquenes. Los investigadores descubrieron que los extractos puros de ácido úsnico, ácido evernico y ácido vulpínico inhibían el crecimiento de las bacterias grampositivas Staphylococcus aureus, Bacillus subtilis y Bacillus megaterium , pero los ácidos no tenían efecto sobre las bacterias gramnegativas Escherichia coli o Pseudomonas aeruginosa

El interés en el potencial antibiótico de los compuestos de los líquenes fue extremadamente alto durante la posguerra hasta finales de la década de 1950. Un compuesto secundario que generó un gran interés y una considerable cantidad de investigación fue el ácido úsnico. De hecho, se sabe que se publicaron sesenta y cuatro artículos sobre el ácido úsnico entre 1950 y 1959. En la década de 1970, se informó que el ácido úsnico tenía potencial como fármaco antitumoral. En la actualidad, se ha vuelto a despertar el interés en los posibles usos de los antibióticos derivados de los líquenes, ya que estos podrían ser una valiosa fuente para la industria farmacéutica.