viernes, 15 de abril de 2016

LOS LÍQUENES

    En algún minuto se nos dijo: “En un oasis de niebla poco conocido del norte del país, desapareció la flora, pero quedaron los líquenes en cantidad superior a las 100 especies” De allí surgió la idea de buscarlos en la cordillera costera y ver si en nuestra comuna es posible encontrar tanta diversidad de estos. 







    Los líquenes se distribuyen mundialmente y son uno de los componentes más comunes de los paisajes chilenos, extendiéndose desde el desierto nortino hasta las islas subantárticas, y desde la Cordillera de los Andes hasta el nivel del mar, ocupando una gran cantidad de diferentes tipos de microhabitats. Por su aspecto externo podemos distinguir tres grupos: líquenes crustáceos; viven íntimamente unidos a la superficie de las rocas o de las cortezas, foliáceos; de forma aplanada y lobulada, se fijan al sustrato por medio de unos cordones especiales de hifas llamadas rizinas, fruticulosos; tienen forma de arbusto y se fijan al sustrato por una base muy estrecha.

    Los líquenes son en realidad hongos, principalmente ascomicetes, que han evolucionado hacia un modo particular de nutrición: vivir en estrecha simbiosis con un socio fotosintetizador: una microalga verde o una cianobacteria.

    Esta estrategia ha sido altamente exitosa, ya que el alga, denominada fotobionte o ficobionte, en su condición de productor o fotosintetizador, suministra al hongo, denominado micobionte, el carbono necesario para su crecimiento y desarrollo. El liquen adquiere por lo tanto la condición de una nueva forma de planta, morfológicamente diferente de un alga o de un hongo y con una plasticidad ecológica enorme. Lo anterior se traduce en que los líquenes pueden colonizar una inmensa cantidad de hábitat diferentes.

    El éxito de la simbiosis liquénica, la cual evolucionó independientemente en diferentes linajes, queda demostrada por el hecho de que alrededor de un quinto de los hongos conocidos son hongos liquénicos. Recientes estudios moleculares han mostrado que los micobiontes son mucho más antiguos de lo que antes se pensaba y que muchas líneas de hongos de vida libre han derivado de ellos.

     Aunque los líquenes son tolerantes a un amplio rango de condiciones ecológicas, por otra parte, son muy sensitivos a la contaminación atmosférica. El delicado equilibrio nutricional existente entre la microalga y el hongo es fácilmente alterado por contaminantes gaseosos del aire, entre otros SO2 y óxidos de Nitrógeno, razón por la cual, han sido utilizados con éxito como biomonitores ambientales en zonas urbanas y suburbanas. También se les ha usado, a causa de su lento crecimiento, para fechar el retroceso de glaciares (liquenometría). 

    Los líquenes producen una gran cantidad de compuestos químicos propios, los cuales desempeñan múltiples funciones, entre otras, como pantallas solares para prevenir el daño causado por la insolación intensa y directa, especialmente por la radiación ultravioleta. Estos compuestos protectores pueden entregar información sobre los cambios en los niveles de radiación UV en la atmósfera. También son importantes, desde el punto de vista ecológico, ya que algunos de ellos pueden fijar Nitrógeno atmosférico en los ecosistemas de matorrales y de bosques. También actúan como colonizadores primarios en áreas afectadas por impactos naturales, como es el caso de los suelos volcánicos, tan comunes en el sur de nuestro país.

    Debido a la importancia que tiene este grupo de pequeñas plantas para el hombre, parece necesario incrementar significativamente el conocimiento taxonómico y sistemático de los líquenes chilenos, el cual es aún insuficiente. El último listado total ("checklist") de los líquenes chilenos (2006) señala 1428 especies (de las cuales 32 son hongos que parasitan líquenes) pertenecientes a 304 géneros.

    Regionalmente el conocimiento sobre los líquenes chilenos es variado. Los líquenes del Norte y Centro de Chile, incluyendo la Cordillera de los Andes, son aún muy poco conocidos, en tanto que los líquenes del Sur, incluyendo las islas subantárticas, se conocen algo mejor. Una tarea pendiente, en este sentido, es producir una flora de los líquenes chilenos, que podría partir con una revisión crítica de los géneros, tarea para la cual, se precisa de un nuevo contingente de jóvenes entusiastas dedicados a investigar este aspecto de nuestra biodiversidad.

En Antofagasta. Según Gerhard Follmann

    Morro Moreno se  destaca, por una extraordinaria riqueza florística en líquenes, descrita por FOLLMANN (1967). Dicho autor menciona 19 especies de Roccelaceas, correspondientes a 12 géneros diferentes. Para resaltar esta importancia, cabría agregar que en un sitio comparable, en Baja California, sólo ocurre en 7 especies de 5 géneros (RUNDEL, 1978). En total FOLLMANN (1967) identifica 146 taxones liquénicos, contenidos en 26 familias y 69 géneros. El 32 % de los hallazgos fueron nuevos para el Norte Grande, 13 % nuevos para Chile, y un 1% nuevo para Sudamérica. Un total de 78 de las 146 especies descritas crecían sobre sustrato vegetal, lo que indica el importante papel de muchos de ellos en la captación de neblinas. En términos generales, el estado de conservación de las especies puede considerarse muy adecuado, por cuanto la predación herbívora fue c controlada hace varias décadas a través del exterminio de los camélidos que existieron en sobre-población. Sólo ocurren leves perturbaciones localizadas debido a excursionistas que ascienden desde el Balneario Juan López. 























Información extraída de: 
http://www.chilebosque.cl/lich.html
http://www.inbio.ac.cr/papers/hongos/liquenes.htm