PRÓXIMAS RUTAS

domingo, 11 de enero de 2026

AÚN QUEDA VIDA Y VESTIGIOS DEL PASADO

 

Aún Queda Vida y Vestigios del Pasado

(Por las quebradas de Tocopilla)


Verdaderamente era un deleite el escuchar las historias y anécdotas que contaban los viejos, los ancianos para los más puristas, por aquello, al lugar que fuésemos o en el sitio que estuviésemos procurábamos acercarnos a ellos y aunque dichos relatos no fuesen más que sus vivencias -cosas muy personales- que en más de las veces iban acompañadas con ciertas exageraciones y no formasen parte de ninguna historia oficial, resultaron ser muy importantes para nosotros y más aún, siempre procuramos dejar el testimonio escrito de ellas.

 

Ahora, entre todas las historias que atesoramos hubo una que marcó nuestro inicio en la naturaleza y esta nos decía que, en ciertas épocas, especialmente en la primavera, la familia (Padres, hijos abuelos, etc.) se iban de visita a las quebradas aledañas a Tocopilla con la tarea de buscar flores para adornar la tumba de sus muertos ¿Flores? ¿Mucha gente buscando flores en esta parte del desierto?

Lo más sorprendente de oír es, que volvían con flores, según sus relatos.

Entonces ¿Porqué no podemos ir nosotros a buscar esas flores con la única misión de encontrarlas y fotografiarlas?

 

Reciban nuestros saludos estimadas y estimados amigos de Caminantes del Desierto.

 

Donde llegamos -en dicha oportunidad- fue fruto de una anécdota y de un pálpito, una simple corazonada de alguien que, sin conocer siquiera dicho lugares, se dio a la tarea de organizar un viaje que resultó ser una de las experiencias más productivas y bizarras. Este recorrido se hizo en los tiempos en donde se caminaba bastante, no había una ruta prefijada y se toleraban los imprevistos. Todo acierto y contratiempo formaba parte de la aventura.


Por el inicio

 

Pues bien. Algo nos decía -cual famoso grillo de cuento- que en cierta quebrada que se encuentra camino a la comuna de Tocopilla (por la costa), hallaríamos algo más que riesgos y rocas, muchas rocas. Eso nos había confidenciado un antiguo lugareño, pero jamás pensamos que tendríamos acceso -además- a una parte de la historia remota de este territorio, una historia muy ligada a la minería y los sueños de riqueza.

 

Dichas quebradas -hablamos de grietas profundas y cumbres casi inaccesibles- no resultan muy atractivas para la gran mayoría de las personas, puesto que se tiene muy internalizado que sólo se encontrará cansancio, peligro, arena y roca, nada de interés. Además, el acceder a la zona intermedia del desierto, a la zona de los grandes yacimientos de caliche, ya no requiere de mucho esfuerzo por la presencia de caminos intermedios, vías mineras que nos conducen por todo el territorio y nos facilitan el acceso -inclusive- hasta las máximas cumbres, sin esfuerzo alguno.

 

Como suele ocurrir con quien trabaja durante toda la semana y aprovecha el descanso para salir a trepar cerros, Un sábado cualquiera - muy temprano- se tomó el bus con rumbo a Tocopilla. Ya cercanos a dicha ciudad, digo cercanos en unos 40 kilómetros, aproximadamente, se solicitó el alto y ahí - en medio de la nada- nos bajamos con la extrañeza reflejada en el rostro del conductor y el auxiliar.

 

Comenzamos la caminata, como es menester a menesterosos, por un terreno dificultoso en dirección a una de las grietas, la más benigna, según nosotros, cosa que nos llevó tan solo un par de horas durante las cuales el sol nos regaló sus mejores rayos, a lo que, constantemente le devolvíamos algunas centellas adornadas con maldiciones y denostaciones.

 

Mientras cruzábamos al territorio de la grieta, el terreno se tornaba más complejo, no solo debido a los cascajos que crepitaban sonoros a las pisadas, sino por los surcos y pisaderas, desniveles del camino que se desmoronaban sin previo aviso y hacían peligrar los tobillos. No corría aire, la quebrada es sofocante, estrecha en su inicio. ¿Qué hago acá? me pregunto y recrimino. Nos miramos de soslayo y lo comentamos: estas laderas son una amenaza con sus rocas en tan precario equilibrio. Bueno, es parte de la aventura.

 

Encontramos una pirca. Es evidente, allí se cobijó alguien y no fue por un día, esa estructura no se levanta tan rápido. En las cercanías de dicha pirca asoma una planta, una de aquellas que son habituales a esta parte del desierto y se agradece su presencia, puesto que cambia el color al terreno tan monocorde. Es una Solanum (tomatillo). La estructura de piedras es la que hace de atrapanieblas e irriga a esta rebelde clorofilada que florece en la nada absoluta.

 

Pasito a pasito.

 

Llegamos a un sector en donde cualquiera hubiese dicho que estábamos en una ripiera. Más que un montón de piedras, es casi un cerro de ellas, de todos los tamaños, totalmente limpios de tierra y con unos arbustos muy coloridos en uno de sus costados. Aunque es la primera vez que vemos esas plantas, resulta evidente que es una Nolana (Nolana tocopillana). Luego de las fotos de rigor, la búsqueda de minúsculos y quizás alguna otra expresión de vida (reptiles, aves) seguimos por la grieta en dirección a lo más profundo de la quebrada. Cosa rara, comienzan a asomar más plantas, muchas especies de las que comienzan también a manar los aromas. Solo conocemos dos especies que son tan fragantes y ambas estaban ahí. Una de ellas no es para alegrarse, aunque es hermosa, la Nolana balsamiflua. La segunda tiene un aroma a limón que llama a meterla en agua y ponerle unos hielos. Si la vida te da Eremocharis, aprende a hacer limonada. La Eremocharis fruticosa Phil.

 

No sabíamos cuanto nos restaba aún por caminar y por donde nos llevaría dicha grieta y aunque estábamos preparados, con carpas, alimento y agua, la sola idea de quedarse a pernoctar en dicho lugar no sonaba muy atractiva. Seguimos, pues, con la esperanza de que más adelante cambiaría el panorama.

 

Habremos avanzado tan solo unos 500 metros -lo que resulta casi imperceptible al sentido aventurero- por los intrincados vericuetos de la quebrada y por alguno que otro extravío que nos retrasa al querer acceder a cuanta planta en media ladera advirtiésemos, cuando en frente nuestro, en una improvisada ondulación, nos encontramos con una nueva pirca; ésta era más grande que la anterior y contaba con un corralón, también con vestigios de antiguos utensilios, sacos arpilleros y mineral (trazas, restos). Bastaba con levantar la vista y en una de las laderas cercanas, esas que conforman paredones atemorizantes, advertimos un gran socavón que, por cierto, nos invitaba a subir y entrar, pero el camino, el precario camino a la entrada había desaparecido. Fue aquí en donde encontramos una gran cantidad de huesos de guanaco, al parecer, estos gambusinos contribuyeron a la reducción de su número. En un borde del pircal, aún se conservaba una pequeña pila de troncos de cactus, que han de haber servido como leña, cosa casi evidente.

 

No vimos huellas recientes del sapiens-sapiens o de animales. Aunque el agua y el viento se encarguen de borrarlas siempre quedan vestigios del paso inexorable del hombre y en este lugar no los hay.

 

Que grato -nos resulta entonces- el estar en donde pocos han puesto el pie y en donde pocas cosas han cambiado con el transcurrir del tiempo. Las pircas erigidas para protegerse del medio, siguen ahí, los corrales también, aún es factible el encontrar alguno que otro objeto del ayer en un lugar en donde floreció la esperanza de la riqueza con una prometedora veta de cobre o de oro y que fue explotada de manera muy artesanal, tan solo un hoyo a media ladera. Aquello del trabajar hasta que se agotase la veta o hasta perder la vida.

 

En el lugar no hay señas o improvisados memoriales, buena señal y tan solo las flores subsisten, resisten, sobreviven, una flora casi desconocida para la gran mayoría, flores que, de acuerdo a las historias, servían para adornar las cruces del desierto, el lugar donde descansan en perpetuo silencio los seres queridos.

 

Bajamos a la planicie litoral -por seguridad- cuando el sol ya se perdía en el horizonte, en busca del necesario descanso, con vistas a continuar recorriendo aquellos parajes al día siguiente.

 

Al Margen:

 

Gran parte de las cactáceas columnares Eulychnia iquiquensis están muertas, calcinadas. Solo encontramos un individuo con vida y es relativamente nuevo. Los caracoles terrestres (pulmonados) ya no existen, sus caparazones son escasos y no conservan los colores originales, lo que nos indica, que son de muy antigua data. Sobre los caracoles marinos, de la imagen, independiente que este territorio estuviese bajo el mar y en algún evento posterior, las aguas del océano llegase a esta parte del territorio, por su estado y color, pensamos que fueron trasladados -por alguien- al lugar.










































 

viernes, 9 de enero de 2026

BUENOS VECINOS

 

Hubiésemos sido los mejores vecinos


Si todo el territorio es desierto y nada prospera en dicho suelo ¿Qué es entonces lo que vamos encontrando?

 

En esta región, Antofagasta-Chile, y muy especialmente en estos nuevos tiempos, no existe nada salvo mineral y esto es tajante. Recuerden: todo es desierto y es desierto absoluto. Es decir, no hay flora y no hay fauna. No hay vestigio alguno de los ancestrales (salvo en ciertas áreas determinadas) y menos aún de la existencia de ruinas que forman parte de nuestra historia reciente: Asentamientos, poblados o placillas. Todo eso entorpece, demora, retrasa el progreso y siempre nos encontramos con alguien (quizá muchos) que cuidan el negocio (generalmente el de otros).

 

Ese es el pensamiento de muchos, muy especialmente de aquellos que se ven ligados directa o indirectamente a las acciones que se deben tomar para mantener dicha premisa vigente, el de «Aquí no hay nada» y, si por alguna razón asoma una persona o institución que dice lo contrario (Hablo de personas e instituciones probas, no mercenarias del medio ambiente) hay que acallarla, anularla, invisibilizarla, vigilarla y menospreciarla. Recuerden «Aquí, en este territorio, no hay nada, solo mineral»

 

Pues bien. Caminantes del Desierto no está en contra del progreso, como nos dijo un interlocutor (no válido) hará unos días atrás. Más bien, estamos muy a favor del progreso y bienvenido sea éste pero, he ahí el dilema, no todo vale y no todo puede ser destruido -porque ese es el resultado final- sin tener, como mínimo, alguna solución alternativa.

 

Les contaré una de nuestras experiencias.

 

Hubo una vez (no es cuento, digo esto por el inicio) que nos invitaron a una reunión «informativa» -aunque la decisión estaba tomada- para emitir nuestra opinión u objeciones sobre un plan de ampliación de cierta minera regional. Dicha reunión era exclusivamente para la comunidad así es que no había galletas o dádivas de concientización. En dicha jornada ciertas autoridades (de gobierno) más los expertos de la minera, se encargaron de mostrar el proyecto, el territorio, los recursos, lo que ganaría nuestra ciudad (en fuentes laborales) y lo grandioso que eran ellos al invitarnos a estar presentes en dicha exposición.

 

En esos años íbamos a cuanta convocatoria nos llamasen y escuchábamos pacientemente a cuanto somnífero orador se nos pusiese por delante, mas. en dicha oportunidad no había galletas, tampoco café, craso error (con café me contengo), llegó el momento crucial, aquel momento en donde el expositor comienza a mostrar imágenes del territorio a intervenir y lleno de seguridad indica al público presente que ahí, en ese lugar, no había nada. Los expertos dijeron (reitero el «expertos») que no había flora, no encontraron fauna, nada en lo que respecta a temas arqueológicos, patrimoniales, etc. Es decir, faltó poco que dijese que no habían cerros, tampoco cielo, suelo y subsuelo. Un agujero negro en cierta parte de Antofagasta.

 

Insisto, como no había café y eso no era aceptable (Mi reino por un caballo, mi silencio por un café) levanté mi manito he hice mi descargo.

 

-Han de haber hecho dicho estudio en invierno y de noche acoté, porque en este territorio hemos catastrado más de 20 especies de flora, reptiles (tres especies), aves (unas tantas) y algunas otras cosas que no enumeraré -en esta oportunidad- para no despertar el apetito de los depredadores habituales de lo patrimonial.

 

Las autoridades (uno de ellos) preguntó a los enviados de la minera sobre el tema y solo escuchamos explicaciones vagas, mucho tecnicismo (mucho ruido) y el correspondiente, después veremos eso.

 

Como no somos terroristas ambientales y creemos en las soluciones, volví a levantar la mano y di una solución rápida y llevadera. Dennos un pedazo de dicho territorio y nos encargaremos de trasladar y reproducir las especies del lugar, de esta manera no destruirán todo, a vista y paciencia de los que deben proteger, ustedes quedan felices (comiendo perdices), nosotros quedamos satisfechos y con la conciencia de haber cumplido y las autoridades pueden pegar una nueva estrellita en su frente. Reitero (como majadero) ustedes nos dan un pequeño pedazo del territorio (Territorio que sigue siendo de ustedes) y nosotros nos encargamos de todo lo demás, no tendrán gastos y/o molestias, por el contrario, seremos buenos vecinos, los mejores vecinos del barrio.

 

Cuchicheos iban y venían, algunos de los invitados comenzaron a hablar de palomas, jotes y jureles (los invitados realmente estaban a la altura) y se me hizo llegar una tarjeta de presentación que venía de parte de uno de los expositores de la minera más, el cuello a morder, por nuestra parte, era el del organismo de estado, ellos autorizan, ellos rechazan, ellos disponen.

 

Pasó el tiempo, el proyecto se llevó a cabo tal cual estaba, no se comunicó nadie de la minera, del organismo de estado jamás nos volvieron a llamar y yo me compré mi propio tarro de café para llevarlo a las reuniones (exclusivo para mi) pero, luego de aquella intervención no nos volvieron a llamar nunca más.

 

Podríamos haber sido tan buenos vecinos...

 

¿Y si hubiésemos hecho juicio por daño ambiental, por daño patrimonial, por presencia de restos arqueológicos, restos paleontológicos, ley de humedales y varios etc.?

 

Eso no va con nosotros, o al menos, aún no.

 

Pensamos con lógica y conocimiento

 

No estamos y no estaremos jamás, en contra del progreso y han de saber que todas nuestras actividades son financiadas por nuestros socios, nadie nos paga, nos moja o nos apapacha.

 

 

A modo de explicación.

 

Subimos tan solo algunas imágenes del sector, no todas.