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miércoles, 29 de abril de 2026

LAS GUANERAS DE MEJILLONES

 

Las Guaneras de Mejillones

 

Reivindicación. Repita conmigo

¿Algo en su interior no lo permite?


Si miras desde Mejillones, al sur, desde las altas cumbres, verás Antofagasta, aquella que en su origen llevó por nombre «La Chimba» palabra Quechua que significa (entre muchas acepciones) «Del otro lado» porque Antofagasta está al otro lado del territorio costero. (Cuando me lo explicaron a mí, me gustó)

 

Saludos estimadas y estimados amigos. Bienvenidas y bienvenidos a nuestra nueva entrega histórica, algo simple y comprensible para todos.

 

Pues bien. Fue Don Benjamín Subercaseaux quién nos habló de Chile o una loca geografía, y nos quedamos tan solo con el título ya que, encontramos el territorio -de la loca geografía- y este se encuentra en la comuna de Mejillones.

 

Es así, Chile se muestra y se explica como una delgada y extensa franja de tierra rodeada por el Océano Pacífico, la Cordillera de los Andes, el Desierto de Atacama y los hielos eternos de la Antártida; es, como sabemos, angosta y larga salvo en la Región de Antofagasta y, más específicamente, en el territorio costero de la Comuna de Mejillones. En este lugar, que pueden verificar en los mapas, se presenta una gran irregularidad en el trazado rectilíneo de la costa de Chile septentrional. Esta irregularidad -por si no la conocen- tiene forma de una meseta marina –muy amplia- que sube desde unos 30 m sobre el mar hasta una media de 120 m, con partes que alcanzan hasta 200 m.

 

Por su posición correspondería a la terraza principal de la costa y está cubierta por una capa de gran espesor de conchuela, que no deja lugar a dudas acerca de su origen como antiguo fondo de un mar -poco profundo- en el que abundaban los peces y mariscos y, por consiguiente, donde debe haber existido abundante alimentación para las aves guaneras.

 

¿Cuándo se levantó este fondo marino? Eso lo dejaremos para una próxima oportunidad, ya que el tema del que queremos hablar hoy son las guaneras de Mejillones.

 

Sobre el Guano en Mejillones

 

Las guaneras de Mejillones fueron descubiertas relativamente tarde, sólo en 1862, por los chilenos Matías Torres y Juan López, residentes en Tocopilla. Este atraso –en comparación con las otras guaneras- no puede sorprendernos, en vista de su situación a más de 500 m. de altura, casi en la cumbre de los cerros, mientras que las demás se hallaban todas a orillas del mar y a poca altura. En el plano que anexamos, plano que fue levantado por el Dr. Krull a fines del siglo pasado, se ha indicado un gran número de terrazas marinas que -según él- corresponderían a diferentes solevantamientos del continente. Pero, en realidad, uno de los escalones más importantes que separa la meseta del Morro de la meseta más baja de las Tetas, es un precipicio de falla, como puede deducirse de su unión con el otro gran precipicio de falla que constituye el largo borde oriental de toda la larga meseta de Mejillones. Por esto, la ancha terraza en que se levantan las dos Tetas, es la continuación del zócalo alto que forma la base del Morro y tanto este Morro como las Tetas constituyeron islas en el mismo mar y al mismo tiempo geológico.


Como un dato anecdótico, pero importante: Nosotros no hablamos del “Chango López”. Hablamos de Juan López. El tiempo y las pruebas (los escritos) han puesto en su sitial a este pionero y han revelado que no era un simple cateador o un chango, como mascullan algunos peyorativamente; López era letrado y un emprendedor, poco afortunado y/o traicionado, pero un visionario al fin y al cabo.

 

 

Vamos con algo de historia:

 

Entre 1838 y 1839, Domingo Latrille descubre y explota guano blanco en la ensenada e islotes aledaños a Punta Angamos. Tal actividad genera la dictación de una Ley, el año 1841, mediante la cual Chile define como su frontera norte el paralelo 23. El presidente de Chile, Manuel Bulnes, envió expertos a reconocer la costa atacameña. De esto dio cuenta al Congreso en un mensaje dirigido el 13 de julio de 1842, en que informaba que juzgó:

 

«Necesario mandar una comisión exploradora a examinar el litoral comprendido entre el puerto de Coquimbo y el morro de Mejillones con el fin de descubrir si en el territorio de la República existían algunas guaneras cuyo beneficio pudiera proporcionar un ramo nuevo de ingreso a la hacienda pública» Manuel Bulnes.

 

Como resultado de dicha investigación, se dictó la ley de 13 de octubre de 1842, que declaró de propiedad nacional las guaneras al sur de la bahía de Mejillones, y que dispuso que ningún barco podría cargar este producto sin permiso de las autoridades chilenas. Se facultaba además al Presidente de la República para gravar la exportación del guano con derechos de aduana.

 

Mejillones nació oficialmente el 24 de diciembre de 1862 cuando el Gobierno chileno otorga terrenos en el sector de La Caleta a la sociedad guanífera conformada por Juan López, Matías Torres y Juan Garday.

 

El año 1856 se habían agotado los yacimientos hasta entonces conocidos, pero el año 1862 Juan López descubre guano rojo en la cima del cerro de Mejillones, conocido como "el Morro". Junto a Matías Torres y Juan Garday forman una sociedad que explota estos yacimientos, pero el 17 de febrero de 1863 el Gobierno chileno le revoca los permisos, debido a reclamaciones de Bolivia.

 

El año 1866, Chile y Bolivia llegan a un acuerdo (para que ciudadanos españoles no sigan surtiendo a la armada española por Cobija) mediante el cual Chile retrocede desde el paralelo 23 al 24, entregando a Bolivia la soberanía de Mejillones y Antofagasta. A su vez se define una repartición común de impuestos a la explotación de guano, salitre y otras sustancias entre los paralelos 23 y 25 (Tratado de la medianería), por lo cual se construye una aduana interventora en Mejillones.

 

En 1874, dicho tratado es reemplazado por otro que elimina el concepto de medianería, con la sola excepción de que Bolivia se compromete a no modificar los gravámenes a productos de compañías chilenas por 25 años. Tras un cambio de gobierno, en 1878 Bolivia establece un impuesto de 10 centavos al quintal de salitre, lo que a juicio de Chile quebranta el Tratado y hace exigible su retorno a las antiguas fronteras, en el paralelo 23. El 14 de febrero de 1879 las tropas chilenas desembarcan, reivindicando Antofagasta y Mejillones, iniciándose así la Guerra del Pacífico. Esta invasión gatilla un tratado de defensa recíproca suscrito secretamente entre Perú y Bolivia, por lo cual este país también ingresa a la Guerra.

 

Se cree que el primer plano de Mejillones como ciudad puerto fue diseñado por Ramón González, aunque también se baraja la opción de que realmente pudo ser diseñado por el Capitán de Puerto y Jefe del Resguardo Marítimo de ese entonces Capitán Juan Forestal. Este plano de 35 manzanas, ordenadas según el diseño español de damero, tiene fecha de 1871 en el libro “Mejillones, un pueblo con historia”, aunque también se baraja la opción de que el plano sea aproximadamente de 1867.


Tras este diseño, viene el ambicioso proyecto del ingeniero chileno Hugo Reck en 1873. Este proyecto de 680 manzanas debía reemplazar a la destrozada ciudad de Cobija, mas, producto de la Guerra y de otras causas externas, el proyecto no se pudo llevar a cabo.

 

Las Guaneras de Mejillones

(Aquello de su historia y puesta en valor)

 

No es que nos costara entender aquello de la puesta en valor de un territorio que sólo contiene vestigios, vestigios que son -más que todo- movimientos de piedras y de tierra, cuevas, alguna que otra pirca habitacional semi destruida, restos de utensilios, de ropa, calzado, etc., pero sólo cuando nos dimos a la tarea de visitar dichos lugares, encontramos el verdadero sentido de esa propuesta, aquello de salvaguardar, proteger, educar, mostrar, transmitir. En la loca geografía del Morro de Mejillones (Morro del Guano) y Punta Angamos, se percibe con claridad el pasado, este se encuentra ahí con las enormes estructuras (bases) por donde circularon los andariveles con que bajaban el Guano a caleta Ño Robles, un espacio creado para albergar una población entre el mar y los abismos, modelado por el agua y el viento, que vienen desde la meseta superior. Paredones infranqueables, peñones imponentes que nuestros connacionales supieron domar para extraer el tesoro más preciado de aquel entonces: las fecas de las aves marinas, el guano, aquel que revivía y revitalizaba los moribundos suelos de Europa.

 

En este territorio no solo ha existido un tiempo de ocupación y de explotación, vestigios (encontrados y dejados en el mismo lugar) nos indican que no se detuvo totalmente. Puede que su inicio y auge hayan comenzado por el año 1862, pero aún hoy, 160 años después, se sigue extrayendo guano en las laderas del Morro de Mejillones.

 

Pues bien, en honor a vuestro tiempo. Dejamos dos links que resultan de importancia para entender la geología y el establecimiento de las Guaneras de Mejillones,. El primero es de la Sociedad Garday-López, defensa de las Guaneras y el segundo es del Doctor Juan Brüggen y su geología de las Guaneras en Chile.

 

Las Huaneras de Mejillones (Textual)

 

https://libros.uchile.cl/files/presses/1/monographs/399/submission/proof/files/assets/common/downloads_847a3ed6/Las%20huaneras%20de%20Mejillones.pdf


 

Geología de las Guaneras de Chile

 

https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0064446.pdf


































 


lunes, 27 de abril de 2026

UN ARTILUGIO MÁS DEL DEMONIO

 

Un artilugio más del Demonio.

(Una nueva tentación para facilitar tu vida)

Fósforos Volcán en Caleta Huanillos


Los primeros fósforos comerciales, inventados alrededor de la década de 1820-1830, a menudo se comercializaban o conocían como Luciferos o "Lucifers".

 

Reciban nuestros saludos más cordiales y fraternos desde Antofagasta, Chile.

 

Pues sí. La vida era sencilla en ese momento, nos trataba bien y nos permitía disfrutar de un sabroso pescado frito en las inmediaciones de Pabellón de Pica (para quién gusta del Jurel frito por supuesto). Las aves graznaban felices en la orilla del mar, el cielo era claro, corría algo de viento y el sol no quemaba desde sus alturas, hasta que asomó el señor Bichólogo -cuál Arquímedes (vestido eso sí)- y dijo en su euforia habitual: Los fósforos “Volcán” que encontramos en Huanillos son los antecesores de los fósforos "Los Andes". Eureka.

 

Algunos pensaron que el señor Castillo del Castillo y Castillo Tapia estaba con una más de sus chanzas (bromas), un chiste al estilo de los que suelen oírse en Caminantes, pero nada más lejos de la realidad: no era chiste. E independientemente de que el señor Bichólogo haya dado la introducción a este tema, se sabía (era obvio) que no podíamos quedarnos tan sólo en los fósforos, sin profundizar en su historia. ¡Malhaya seas Pedro de Valdivia!, ¡Malhaya seas!

 

Sobre los Fósforos:

 

Han de saber que Los fósforos "Volcán" eran fabricados por la empresa “Oehninger, Fernández y Cía.”, la primera fosforera chilena, radicada en Talca. Posteriormente, surgieron otras dos empresas: Avaria & Cía y Schleyer, Rivera & Cía., en la misma ciudad. Estas tres empresas decidieron un día cualquiera que era más conveniente unirse que competir, formándose así la "Compañía Chilena de Fósforos".

 

Por alguna razón –que desconocemos- de las tres marcas que vendían esas compañías previamente, cada una la suya, decidieron quedarse con la marca "Volcán", que más adelante sustituirían por "Los Andes", manteniendo la imagen del volcán. Finalmente, se rediseñó el dibujo hacia uno que mostrara mejor la cordillera.

 

Pero, vamos con algo de historia y esta historia nos lleva a los inicios, a la domesticación y creación del fuego por parte del hombre.

 

El control del fuego -su producción directa- fue un hito evolutivo crucial que permitió a los humanos:

 

- Cocinar los alimentos: La cocción hizo los alimentos más fáciles de digerir, eliminó parásitos y bacterias, y aumentó el valor energético.

- La Supervivencia en climas hostiles: Proporcionó calor, permitiendo a los primeros humanos migrar y sobrevivir en regiones frías.

- Protección: Ahuyentaba a animales salvajes y depredadores peligrosos durante la noche.

- Iluminación y vida social: Alargó las horas de actividad productiva después del anochecer y fomentó la reunión alrededor del fuego, fortaleciendo la cohesión social y el desarrollo del lenguaje.

- Avances tecnológicos: Permitió el endurecimiento de lanzas de madera, la fabricación de cerámica y el desarrollo de la metalurgia (fundición de metales).

- Agricultura y gestión del entorno: Se utilizó para despejar terrenos y fertilizar la tierra.

 

El uso del fuego marcó una transición fundamental de la supervivencia básica hacia el desarrollo cultural y tecnológico de la humanidad.

Con el tiempo, se dejaron de usar las técnicas antiguas, aquella de frotar la madera y asomó el pedernal, o sílex, una variedad de cuarzo duro y compacto (sílice) que produce chispas al golpearse contra acero, utilizado históricamente para encender fuego y fabricar herramientas, esto duró hasta mediados del siglo XIX.

En la antigüedad, contabas con una fogata grande para cocinar y/o temperar la habitación. Usualmente intentabas volver a encenderla cada mañana con las brasas que quedaban de la noche anterior. Si eso no era posible, volvías a encender el fuego con yesca y leña fresca. Si no contabas con fuego, conseguías algunas brasas a los vecinos y volvías a encender tu hoguera. Siempre había una solución, compleja -a lo sumo- pero la había.

 

 

La historia del Fósforo

 

Hay quienes sostienen que el fósforo, como muchos otros inventos, apareció por primera vez en la China aproximadamente por el siglo X, como palitos de pino impregnados con azufre que permitían generar rápidamente fuego y trasladarlo a otro lugar. Sin embargo, las patentes señalan al químico farmacéutico británico John Walker como el inventor de algo que se aproximaría al actual fósforo (recuerden, todo se inventaba en Europa). 

 

En 1826, Walker estaba creando un nuevo explosivo, en su farmacia de Stockton-on-Tees en el noreste de Inglaterra, cuando recogió del suelo con un palito algo de mezcla que -al rozar por casualidad- se inflamó. La mezcla de Walker poseía sulfato de antimonio, clorato de potasio, goma, almidón y azúcar. El químico vio en su descubrimiento “la luz por frotamiento”, un enorme potencial comercial y se dedicó a ello de inmediato, vendiendo cajitas de 50 unidades a un chelín de la época; no obstante, se olvidó patentar su invento, por lo cual perdió la posibilidad de enriquecerse.

 

El invento comenzó rápidamente a ser mejorado en otros lugares del planeta. En 1830, en Massachusetts, Estados Unidos, Charles Sauria sería el primero en incorporar el fósforo a la mezcla química de encendido. El fósforo utilizado, al igual que algunos elementos de la mezcla de Walker era altamente peligroso y toxico, tanto en el uso como en la fabricación y fue el sueco Gustaf Erik Pasch quien cambió el fósforo blanco o amarillo por el fósforo rojo, creando lo que llamó “el fósforo de seguridad” (1844), que sólo puede ser encendido frotando con fuerza la cabeza con la lija.

 

Inmediatamente, los hermanos Carl y Johan Lundström, fundaron la primera fábrica de fósforos modernos y seguros, con la cabeza roja como los conocemos hasta hoy, en la ciudad sueca de Jönköping. En Suecia se crearía la primera fábrica mecanizada de fósforos, luego que Alexander Lagerman construyera en 1880 una máquina capaz de producir las cajas de cerillas que hasta entonces se hacían a mano, y en 1892 consiguiera una máquina que remojaba la madera en las soluciones previstas y, más tarde, la cortaba en forma de cerillas. Con ello, la empresa pasó de manufacturar 4.000 cajas de cerillas anuales en 1844 a 7 millones en 1896. De este modo, Swedish Match dominó el mercado mundial de fósforos, con marcas como Golondrina que también se comercializaron en Chile, antes que Swedish Match comprara la Compañía Chilena de Fósforos.

 

Los Fósforos en Chile.

 

En Chile la fabricación de fósforos comenzó hacia 1870, principalmente en la región del Maule, donde la madera del Álamo, necesaria para la confección de los palitos era abundante.

Hacia el año 1900 surgió en Talca la primera fábrica propiamente tal: “Oehninger, Fernández y Cía.”, comercializando su marca “Volcán”. Años más tarde las tres empresas comercializadoras de fósforos del Maule se unieron para crear la Compañía Chilena de Fósforos (1913).

 

En 1927 integró la propiedad de la compañía Swedish Match Co., el mayor productor de fósforos del mundo. Luego, en 1939, la compañía compró el fundo ”El Copihue” en la cercanía de Parral, naciendo ahí la otra marca de la compañía, Fósforos Copihue. Hoy los fósforos no tienen el mercado que tenían en antaño, sus cajas son casi meros objetos de coleccionistas, los capitales transnacionales se retiraron del mercado y la fabricación nuevamente quedó a cargo de capitales chilenos.

 

Los Fósforos van en extinción.

 

Como una miscelánea:

La palabra "toque de queda" viene del francés couvre-feu o cubrir el fuego. Esto se indicaba con el tañido de una campana al anochecer. Esta campana sonaba para recordar a la gente que debían tapar sus chimeneas antes de dormir, presumiblemente para prevenir accidentes por fuegos en la ciudad durante la noche.





Compañía Chilena de Fósforos 1933




 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 25 de abril de 2026

LOS ZAPATOS DE LAS ACÉMILAS

 

Los Zapatos de las Acémilas


Acémila se entiende y define como animal de carga que incluye a caballo, mulas, bueyes y burros.

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Nos indican las antiguas tradiciones que, las herraduras “para la suerte”, deben ser clavadas sobre el dintel de la puerta con la abertura hacia arriba, para que la suerte no se caiga, pero ¿no será mejor clavar una “herradura de huevo”, para que la suerte no pueda escapar por parte alguna?

 

Hablemos de herraduras entonces, para la suerte.

 

Es común encontrar viejas herraduras, enteras o partidas, en aquellos lugares del desierto en los que hubo labores, de cualquier índole, a fines del siglo XIX e inicios del siglo pasado. Esto, porque la única fuerza motriz disponible por esos entonces era la de las caballerías y los bueyes.

Sin embargo, algo que probablemente sorprenderá a más de alguno es que no son herraduras para caballos lo que más se encuentra.

 

Habitualmente se encuentran herraduras para mulas, porque era este animal la principal fuerza de trabajo y su número se contaba no por cientos sino por miles. Se calcula que para 1850 había ya unas 3.000 mulas trabajando en las salitreras de Tarapacá y se sabe que para 1855 ya no había forraje suficiente en los valles nortinos para alimentar a estos animales de carga y tiro, a pesar de que la mayoría de la tierra fértil se dedicaba a ese cultivo. Las mulas, como los demás animales que deben herrarse, deben renovar su calzado cada 35 o 40 días y con mayor frecuencia aun cuando trabajan en suelos duros; esto nos lleva a suponer que en ese entonces había trabajo permanente para los herreros y explica fácilmente el que puedan encontrarse restos de herraduras a lo largo y ancho del desierto.

 

Pero no sólo las mulas las que nos han dejado los restos de su calzado, sino también caballos, burros y bueyes. Las herraduras utilizadas por cada uno de estos animales son fáciles de diferenciar entre ellas, por su tamaño y su forma. Las de mayor tamaño, con su tradicional forma en U pero tan anchas como largas, son de caballo. Luego vienen las de mulares, que son algo más angostas, pero conservan bastante de la forma. Las de burro, menos frecuentes de encontrar, tienen forma de U pero son pequeñas y angostas, con sus laterales menos curvados, por lo que la diferencia con las de caballo son evidentes. Y, finalmente, las de buey resultan inconfundibles, ya que estos animales, al tener pezuñas hendidas en lugar de cascos, requieren de herraduras especialmente diseñadas para ellos. Son dos para cada pata, en forma de cuarto creciente, poniéndose cada una en una mitad de la pezuña, siendo más ancha en la parte plantar y más angosta en las lumbres (extremos).

 

Es posible que para muchos resulte una sorpresa el enterarse de que los bueyes también usan herraduras, pero creemos que esto se puede explicar porque no se hierra a los bueyes siempre y en todos los lugares, sino solamente para trabajar en caminos duros o pedregosos, especialmente si han de recorrer largos trayectos, ya que las pezuñas de este animal no son tan resistentes como las de las caballerías y se desgastan severamente al tirar de carros pesados, oficio principal de los bueyes. Dadas las condiciones del terreno y las grandes distancias que debían recorrer las carretas por el desierto, se comprende la imperiosa necesidad de mantener herradas a estas nobles bestias.

 

Para finalizar, mencionaremos otro tipo de herradura, no menos sorprendente para los legos en el tema que la de buey: la herradura “de huevo”.

 

Existe un gran número de formas y estilos de herraduras, casi que una para cada país que tenga tradición de uso de caballerías, mas todas tienen en mayor o menor medida la forma de arco que conocemos. Pero hay algunas que rompen esta tradición, como la que mencionamos anteriormente. Se conoce como “de huevo” a una herradura que tiene forma ovalada y es enteramente cerrada, como una “O”, en lugar de abierta en “U” como son habituales en las caballerías. Herraduras similares a esta (con un corte recto en un extremo) se utilizan en los caballos en forma terapéutica, cuando tienen alguna herida o enfermedad en el casco, para que puedan recuperarse; pero en el caso de los mulares las herraduras de huevo se utilizan como una ayuda al animal, para proporcionar un mejor agarre en terrenos difíciles, permitiéndoles pisar con mayor firmeza y seguridad, a la vez que protegen su pata de sufrir daño.

 

Resulta importante decir que herrar un animal no sólo no es una tarea simple, sino que incluso puede ofrecer serias dificultades. Por ejemplo, se dice que los mulares son –por lo general- difíciles de calzar, ya que no tienen buena disposición para ello y pueden intentar morder o patear al herrero. En contraposición a eso, estos animales pueden trabajar –en ciertas labores- sin necesidad de llevar herraduras, ya que tienen cascos más fuertes y resistentes que los caballos; sólo hay que cuidar que los cascos se mantengan sanos.

 

Dificultoso resulta también herrar a los bueyes, ya que estos pesados animales no pueden ser herrados de pie, como caballos, mulas y burros. Estos últimos tienen la capacidad de mantenerse de pie apoyando sólo 3 patas, por lo que es cómodo para el herrero trabajar en la cuarta de ellas, en tanto los vacunos simplemente no pueden hacer tal cosa; si se les quisiera mantener con una pata en alto se caerían. Por esta razón, la única forma de herrar a un buey es levantándolo del suelo, de manera de poder acceder a sus patas libremente. Para esto es necesario contar con una armazón especial, fija al piso, dentro de la cual se introduce al animal para poder alzarlo mediante el uso de fajas y poleas. Esto implica que necesariamente se debe llevar al buey a ese lugar específico para poder herrarlo.

 

Finalmente, no podemos dejar de decir que el herrar a un animal no es una tarea simple, sino todo un arte, o mejor aún una ciencia, que requiere de conocimientos y gran habilidad. Un error cualquiera puede causar no sólo problemas al animal, sino hasta su invalidez. Todo debe ser hecho de la forma correcta, algo tan simple como poner herraduras muy pesadas puede hacer esforzarse más de lo conveniente al animal; que las herraduras no sean de un peso equivalente puede lesionar a la bestia; realizar un mal rebaje del casco, una mala colocación de los clavos o incluso elegir mal la herradura adecuada puede llevar a un desastre.