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lunes, 26 de enero de 2026

EL CABALLITO DE PAPEL

 

El Caballito de Papel

(Desde el arcón de los recuerdos)


El doño de los doños, es decir, el señor bichólogo Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia y se reitera el Castillo (para el que no sabe) ya que, según el, es muy Castillo para sus cosas. Nos dice:

 

En nuestros tiempos, aquellos viejos tiempos del siglo pasado, en que aún no existían los celulares, computadores, consolas de juego y ni siquiera los televisores, los niños sólo dependíamos de algunos juegos y de nuestra imaginación –que usábamos, a diferencia de los niños actuales- para divertirnos.

 

Es claro que todos aquellos nacidos hace más de 40 años saben lo que es un barquito de papel, o un avioncito, y que la gran mayoría hizo uno o al menos jugó con él. Pero hemos podido darnos cuenta que hay otro juguete de papel que parece haber quedado en el olvido, pues nadie a quien hayamos preguntado lo recuerda ¿O será que no era tan conocido? Al menos en nuestro pueblo de origen, ese pequeño pueblo precordillerano de la región de Coquimbo, era un juguete muy recurrido en las tardes, cuando el viento recorría las calles polvorientas.

 

Cada quien se agenciaba un trozo de papel y, con tijeras o sin ellas –a pura mano- se hacía su "caballito de papel" para participar en las carreras.

 

Algunos resultaban más grandes, otros más pequeños; con pocas y grandes pestañas o con numerosas y pequeñas, cada cual creía tener la fórmula para conseguir una mayor velocidad. Pero, ciertamente, eso no era todo. El caballito necesitaba también estabilidad, para no caer y perder ante los otros, o para no desviarse del camino y terminar en alguna zanja o enredado en cualquier obstáculo. Porque aunque la calle de tierra no era –evidentemente- la mejor pista de carreras, era la única disponible.

Y en ella, a una señal, se liberaban los caballos, que el viento hacía correr por la calle, recorriendo mucha o poca distancia, según los avatares de la suerte de cada cual. Perder significaba contar con el caballito para la siguiente carrera. Ganar, por el contrario, podía significar que el caballito se fuera demasiado lejos y hubiera que hacer otro para seguir compitiendo.

 

Una diversión sana y al alcance de todos, pues cualquier papel servía y –como hemos dicho- si no había una tijera disponible, se recortaba a mano, con esa rara habilidad que otorga la experiencia.

 

Nadie pensaba, en aquellos tiempos, en quedarse dentro de la casa durante largas horas, encerrado entre cuatro paredes, sin compartir con nadie y con la mente subyugada por coloridas imágenes, como verdaderos esclavos de una pantalla.





 


EXPLORANDO ANDO

 

Explorando ando


Alguien acotó, al escuchar el nombre de una abeja nativa que lleva por identificación Centris nigérrima (Nigerrima-negrissima), que «Desde mañana se deberá llamar Centris choquita o chokitissima»

 

Luego del correspondiente «madura de una vez», vino una nueva respuesta: «la ciencia, y la cordura de algunos, no se prestan para aquello».

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Cada vez las temperaturas son más altas en este norte y esto no es solamente cosa de percepción (algo basado en los receptores de la temperatura), sino un hecho cierto. Bajo estas condiciones, el salir a recorrer el desierto se vuelve más una odisea que un agrado, pero pese a ello donde vamos nos encontramos con algo de flora y –cómo no- con ciertos minúsculos (insectos) que nos resultan muy novedosos por su colorido, su tamaño y por su capacidad de vivir ahí en todos sus estadios (huevo, larva, pupa e imago), asociados a las escasas plantas del lugar (endémicas, obviamente) y pese al rigor del clima y las adversas condiciones del entorno.

 

Ello nos lleva a preguntarnos: ¿Qué pasará con estos bichos cuando esa -ahora- escasa vegetación ya no prospere? Alguna vez fueron abundantes, la vegetación y los insectos, pero ahora resultan cada vez más escasos.

 

Y eso nos lleva a otra interrogante no menos relevante (qué preguntones somos): Estos minúsculos habitantes del desierto, ¿estarán catastrados por la ciencia? ¿Se sabrá de su existencia? Este pequeño escarabajo, por ejemplo, debe ser por su morfología un Atacamita. Pero difiere –a nuestro entender- de la especie que acostumbramos encontrar. Y nos queda la duda de cuál de los dos es la especie conocida para estas latitudes. ¿O será que ninguno de los dos lo es?

 

Poco, muy poco se sabe de las especies que habitan en nuestro territorio, y aún de aquellas que han sido conocidas y nombradas por la ciencia no se conoce otra cosa que su aspecto y su nombre, en la gran mayoría de los casos. Nadie sabe de su ciclo de vida, de sus hospederos, o del cómo se las han arreglado para sobrevivir en unas condiciones que otros no podrían soportar.

 

En un territorio como el nuestro, en su mayor parte inexplorado y en el que la fauna se resume a tan sólo unas pocas especies, quizá si estas preguntas que nos hacemos puedan parecer irrelevantes para la gran mayoría. Pero, vaya que se desgarran ropajes cuando los medios (masivos) les instan a llorar por las especies que se extinguen, y por la naturaleza que se pierde, en lugares tan distantes como otros continentes, pero en el nuestro, ningún medio nos invita a llorar y ninguno de aquellos ha llamado a proteger.



Nolana onoana

Escarabajo Atacamita

Nolana philippiana

Centris nigerrima


Hongos o bacterias en la roca (Cuarzo)

Cistanthe sp.

Plomito Tour


 

 

 

 

 

jueves, 22 de enero de 2026

"NINGUNA ESPECIE ES PLAGA"

 

“Ninguna especie es plaga”

En este desierto




Esto nos dicen aquellos que no conocen a las especies del desierto y lo difícil que les resulta la vida en estos parajes tan carentes de recursos. Han de saber que un nuevo actor puede hacer gran diferencia en la sobrevivencia de una o más especies.

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Durante gran parte de nuestra existencia hemos escuchado la consigna de que vivimos (moramos) en un territorio en donde el desierto es el límite para la vida. Es decir, este vasto territorio de aridez extrema más el mar y la cordillera, son los encargados de controlar a que ciertas especies -algunas consideradas plagas- pasen o crucen de una parte del territorio a otra y este desierto es la gran barrera con la que cuenta nuestro país. Mas, ya nos hemos acostumbrado a encontrar bichos (insectos) que se han vuelto plaga inclusive en esta parte del desierto, poniendo en riesgo a la poca entomofauna existente y estos bichos ya no sólo los encontramos en las ciudades (que -por cierto- presentan las condiciones mínimas para su existencia) también los vemos en la naturaleza, compitiendo por los escasos recursos y acabando con las especies locales.

 

Un caso emblemático es el de las avispas Polistes dominula, especie introducida que depreda grandes cantidades de larvas de mariposas (Vanessa carye, Leptotes trigemmatus, Chirgus, Hylephilas y las cada vez más escasas Phulias) y de las muy numerosas y no menos importantes especies de polillas. Hay quienes sostienen que su presencia sería benéfica por la misma razón, ya que supuestamente “controlarían plagas”, como son en otras regiones ciertas especies de polillas. Pero olvidan –o encubren- el hecho cierto de que estos depredadores son generalistas, es decir, no seleccionan qué larvas se comerán, sino que arrasan con todas las que encuentren en su camino, sin importar si es una especie numerosa o si está en riesgo de extinción en la zona. Ciertamente hay otras especies de avispas –nativas- que también se alimentan de larvas de mariposa, pero la gran diferencia es que son especies solitarias, que consumen pocas de ellas, a diferencia de las Polistes, que son gregarias y forman nidos comunitarios y numerosos, ejerciendo una mayor presión predatoria en la zona y, de paso, quitando el alimento a las especies nativas.

 

Según hemos podido observar in situ, las llamadas “polillas” son uno de los insectos con mayor presencia y diversidad en el desierto, que no sólo tienen gran importancia para la polinización, sin que también son el sustento para las especies que en él moran, ya sean insectos, arácnidos, reptiles o aves. La presencia de una especie introducida de las características de las Polistes, que además tienen buena capacidad de adaptación y carecen de depredadores naturales, puede causar –entonces- un daño mucho mayor que ese supuesto “control de plagas”.

 

En esta oportunidad hemos hablado sólo de los bichos-bichos, aunque pasa lo mismo con las aves y ciertas otras especies que más vale no mencionar, ya que queremos seguir un tiempo más en este planeta.














 


jueves, 15 de enero de 2026

LA ABEJA DEL NOTRO

 

La Abeja del Notro

¡Salvemos a las abejas! ¡oh no, nos quedaremos sin miel

¿Es que nadie piensa en los monocultivos?



¿Salvar las abejas? De acuerdo, pero ¿a cuáles?

¿Las que son nativas de nuestro territorio nacional o todas?

 

Han de saber que en Chile se han registrado 424 especies de abejas (Quizás existan unas pocas más)

 

Por ejemplo:

De la familia Andrenidae. Se describen 58 especies, con un porcentaje de endemismo del 95%.

De la familia Colletidae. Se describen 149 especies, con un porcentaje de endemismo del 83%.

De la familia Halictidae. Se describen 61 especies, con un porcentaje de endemismo del 78%.

De la familia Megachilidae. Se describen 70 especies, con un porcentaje de endemismo del 48%.

De la familia Apidae. Se describen 87 especies, con un porcentaje de endemismo del 45%.

 

¿Qué significa endemismo? Que son propias, exclusivas, de nuestro territorio.

 

Entonces ¿Qué abejas hay que salvar? ¿Las introducidas, como la Apis mellifera (Abeja europea) que resulta más conocida y valorada porque produce miel o las abejas que polinizan a todas las especies vegetales de nuestro país?

 

No hablamos de los monocultivos, hablamos de la flora endémica y nativa.

 

Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia nos dice:

 

Más de alguien dirá, al ver las fotografías, que esta abeja ya la mostramos.

 

Pero no. No lo hemos hecho. Aunque luce bastante parecida a la abeja de la cerveza, la Diphaglossa gayi es una abeja diferente, asociada a una especie nativa específica, el Notro (Embothrium coccineum). Por eso se le conoce como "abeja del notro".

 

Obviamente, no se alimenta solamente del néctar de esa especie, también visita y poliniza otras especies nativas, tales como el arrayán, el chilco, la luma, la murta, el natre, la ortiga (Loasa) y la quilineja.

 

Es una abeja de tamaño más bien grande, con cabeza y antenas negras y el cuerpo y patas cubierto de abundante vellosidad anaranjada.

 

Con una distribución nativa que abarca desde Coquimbo hasta Los Lagos, actualmente sus poblaciones nortinas se han visto reducidas, siendo abundante sólo en el sur.

 

Vuela rápidamente de una flor a otra, siendo reconocida como una buena polinizadora. Nidifica en terrenos arcillosos y húmedos, desde el nivel del mar hasta los 1000 m.s.n.m.