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sábado, 14 de marzo de 2026

ANTOFAGASTA LA DEL MAR

 

Antofagasta

La del Mar por supuesto



Tierra del Salar Grande es su significado, así de simple, y su homónima, de la cual deriva su nombre, se encuentra por el noroeste argentino, Antofagasta de la Sierra, es decir, Antofagasti (En camanchaco) o Anta Pakay (En Kakan), resultan ser, como alguien me dijo alguna vez, simples «Complicaciones» sin sentido y sin razón.

Pues bien. De vez en cuando, o de cuando en vez, nos preguntamos ¿Qué hubiese pasado si, las ideas que se gestaron por estos lugares se hubiesen concretado? Es decir, si se hubiese conformado una República independiente que llevase por nombre Archibolia (la idea original) ¿Hubiésemos llegado a ser una gran nación? Sobre aquello de la nación independiente, está plasmado en algunos textos históricos, pero es desconocido para la gran mayoría.

Aparte de lo anterior, es bastante lo que desconocemos de la historia de nuestra ciudad, y esto fundamentalmente porque es muy poco lo que nos han enseñado sobre ella. Con suerte nos dijeron en la escuela, a los más viejos, que las tropas chilenas habían desembarcado en Antofagasta y que desde aquí se había iniciado la campaña militar de la Guerra del Pacífico.

Pero ¿acaso nos enseñaron algo sobre cómo era entonces la ciudad? Si hasta se celebra el día 14 de febrero de 1879 como si fuese el de la fundación de Antofagasta, cuando la realidad es que para esa fecha ya superaba los 3.000 habitantes y, aunque carecía de muchas cosas, estaba muy bien trazada, con amplias y ordenadas calles (que todavía hoy permiten un tránsito fluido de vehículos) y abundaban los edificios comerciales e industriales que proporcionaban trabajo a gran parte de la población.

Claro está que, siendo una ciudad tan distante de los dos gobiernos que tenían algo que ver con ella, el de Bolivia –a quien le estaba encomendada la administración del territorio- y el de Chile –que tenía en sus manos su explotación- no había un orden bien establecido, pese a todo lo que hacían en ese sentido el Municipio y la Sub-Prefectura de Mejillones, de quien dependía. De esta manera, abundaban sobremanera los locales de diversión de todo tipo, como fondas, picanterías, salas de billar y reñideros de gallos. Las chinganas –“casas de diversión”- funcionaban toda la noche con su música y cantos (y otras actividades menos bulliciosas), ya que gran parte de la población estaba formada por aventureros que venían en busca de ganancias fáciles y por mineros y trabajadores ansiosos de gastar su dinero en licor y mujeres.

Fue necesario establecer un Reglamento para el funcionamiento de estos establecimientos, en el que se establecía que no podían funcionar después de las 11 de la noche, debiéndose expulsar a todos los clientes a esa hora y cerrar. Además, debían pagar fuertes sumas por las patentes comerciales, que alcanzaban a 20 pesos para chinganas y hoteles “de primera clase” y a 10 para los de segunda, canchas de palitroques y billares. Se prohibía también los juegos de azar y que se realizaran juegos en las calles (carreras, peleas, por ejemplo)

Existía ya el “Hospital del Salvador” (del que aún quedan algunos vestigios junto al que fuera el Hospital Regional), el que –por cierto- fue construido con fondos de la ciudad y aportes de los industriales, ya que el gobierno chileno no puso nada, excepto tan abundantes como vanas promesas. Cualquiera diría que nada ha cambiado desde entonces.

Posterior al establecimiento del dominio chileno sobre el territorio, las autoridades municipales dictaron nuevas normas para ordenar la ciudad, entre las que podemos nombrar las siguientes:

- Multa de 2 pesos para quien amansara animales en la vía pública.

- Toda cabalgadura o vacuno que deambulara por las calles era retenido por la policía y, si no era reclamado, se conducía al “Depósito de animales aparecidos”. Algo así como el actual “corral municipal”. ¿Cuidarían a esos animales con el mismo celo y preocupación con que se cautelan los vehículos retenidos actualmente? Es de esperar que no.

- Se prohibía el arreo de animales –vacas, ovejas, etc.- por las calles principales, aunque fuesen destinados al consumo de la población, y se establecían las calles por donde debía hacerse. Es de considerar que en aquellos tiempos no existían medios para preservar la carne, y el ganado se traía vivo, desde el sur o desde Argentina, y debía ser faenado a diario para el consumo de la población. Por cierto, tampoco se permitía mantener chiqueros dentro de la ciudad.

- Los jinetes no podían transitar por las veredas ni por el interior de las plazas o paseos públicos; y tampoco podían dejar el caballo con las riendas sueltas o sobre las veredas. (Medidas que resultan precursoras de las actuales normas para los vehículos)

- Los vehículos (carros y carruajes) debían detenerse y ceder el paso a las personas de a pie, cada vez que fuese necesario, no podían ir a una velocidad mayor que el trote normal de los animales que los llevaban, y no podían ser conducidos por menores de 14 años. El tránsito nocturno de estos vehículos estaba prohibido, con excepción del transporte de equipajes y vehículos previamente autorizados.

- Se castigaba hasta con 6 días de prisión a quienes rayaran o deterioraran “de cualquier otra manera las paredes, puertas, planchas de avisos o ventanas o los objetos de uso u ornato público, que den frente a la calle o que hagan en ellas pinturas u otras impropiedades que afeen su parte exterior”. Más grave se consideraba el colocar avisos de espectáculos o pegar en las paredes “pasquines, libelos infamatorios o denuncias inmorales”, lo que se castigaba con veinte días de prisión. (Ah, ¿por qué no existe ya esa norma?)

- La presencia de perros vagos estaba también prohibida, y eran perseguidos por la policía, por considerarse un problema para la seguridad de la población.

 -Hasta un día de prisión podían pagar quienes utilizaran las calles para diversiones como jugar a la pelota, al trompo, a la rayuela o elevar volantines, todas actividades molestas y hasta peligrosas para los transeúntes.

- Se sancionaba también severamente a los vendedores ambulantes que ingresaran a las viviendas sin ser llamados, y podían ser detenidos por los dueños de casa y entregados a las autoridades. Esto puede no entenderse actualmente, ya que vivimos encerrados tras rejas, pero en aquellos tiempos las puertas de las casas estaban abiertas durante el día, dando pie a que se pudiera entrar.

-Para finalizar, una curiosa norma: se prohibía “bañarse sin vestido en la parte del mar comprendido entre la Fábrica de Gas por el Sur y el Establecimiento de Hornos de Fundición de Bellavista por el Norte”. Es decir, ¿fuera de esos límites estaba permitido?

 

Una certeza histórica -como botón para la próxima cosecha- todos los que aparecen en las imágenes, están muertos.

 










 

 

 

 

 

 


jueves, 12 de marzo de 2026

HASTA AQUÍ LLEGASTE JUAN LILLO

 

Hasta aquí llegaste, Juan Lillo.

(Dicho sureño)


 

«Tooodos al trennn» es tal vez el llamado que esperan aquellos que quedaron en la estación, en una espera eterna, pero es solo el viento el que rompe el silencio del desierto.

 

Tengan muy buenas tardes estimadas y estimados amigos.

 

Suena bastante bien aquello de «Sitio Patrimonial» «Espacio Protegido» y/o «Sitio Histórico», bastante bien porque se viene de inmediato al pensamiento que dichos lugares, bajo esa consigna, están custodiados, protegidos y durarán eternamente pero, si vemos el estado de muchos de esos espacios en apenas 100 años de vida, imagínense a los 200 años, en ese lapso de tiempo no quedará nada y ¿Qué le podemos decir a la naturaleza? ¿Qué no siga en su trabajo de destruir el legado? Protección debe incluir el recuperar y mantener efectivamente este legado, si es eso lo que se quiere, por supuesto.

 

Ahora, sobre la acción destructiva del sapiens-sapiens, que podemos decir que no se hubiese dicho. Son los engendros que ha formado esta sociedad. Muchos esperan bastante de las futuras generaciones y tal vez nos baste, que no sean peores que nosotros.

 

 

Las estaciones del Desierto


Pues bien. Han de saber que para unir nuestro extenso territorio, el de Antofagasta-Chile, se utilizó el ferrocarril, y fueron las máquinas de vapor las primeras que circularon por este territorio, cruzando el desierto de mar a cordillera y de norte a sur. Para facilitar dicho tráfico, tanto de gente como de cargas, se requería contar con ciertos puntos que se llamaron Estaciones y que resultaban equidistantes entre sí, es decir, cada cierto trecho era necesario contar con una edificación que contara con estanques acumuladores de agua, para dar de abrevar a tamañas bestias (metálicas) y con acopios de carbón. Dichas estaciones (y la gente apostada en ellas) cumplían el propósito de suministrar los elementos básicos para el funcionamiento de los trenes, asegurar el tráfico de gente y de carga, mantener las vías expeditas y asegurar la comunicación mediante el telégrafo, aquellos hilos metálicos tendidos sobre postes de madera que corrían a la par de los rieles y por los cuales se enviaban y recibían los mensajes del ayer. Mas, no todo era tan sencillo como parece o como lo hacemos parecer y es por esto que traemos este relato, una historia que es fruto de nuestros explorativos, de las constantes visitas que hacemos al territorio y muy especialmente a aquellos lugares que encierran historias y que hoy día están en total abandono.

 

Los Muertos del Desierto

 

“Díganles, a los que me esperaron, que aquí quedé, bajo este suelo, bajo este sol”

 

A lo largo del desierto aún nos podemos encontrar con numerosos vestigios de las antiguas estaciones del ferrocarril (Longino y Antofagasta-Bolivia) y hemos de confidenciarles que sobran los dedos de una mano para contar aquellas que aún permanecen en buenas condiciones, puesto que son muchas más las que resultan irreconocibles y no es sólo por el paso del tiempo, como muchos suponen, sino simplemente por la acción vandálica, aquello del «que no se pierda, total ya no funciona o ya no sirve»

 

Las hemos visto, las que se mantienen y las desaparecidas, en nuestros viajes por la pampa. De algunas sólo quedan un par de muros en pie y de otras ni siquiera eso, apenas unos restos que escasamente se levantan del suelo. De otras más, quizá -con suerte- permanezca todavía el letrero y algún árbol muerto o agonizante. Y, en algún caso, no queda apenas nada, pero se puede ver todavía una vieja y cuarteada cruz de madera (o varias), que señala el lugar en que descansan los restos de algún pasajero que perdió la vida a bordo del tren, y no alcanzó a llegar a su destino.

 

Siendo los viajes tan largos, eso era algo que podía suceder. Ya fuese por alguna enfermedad, accidente o por acción violenta de algún tercero, podía ocurrir que alguien muriera en el tren. Y, en esos casos, había dos posibilidades: si el viaje estaba ya por terminar, se llevaba el cuerpo hasta su destino, para que fuese retirado por sus familiares o conocidos. Pero si el deceso ocurría en algún lugar lejano y faltando aun buena parte del viaje, simplemente se desembarcaba el cuerpo en la estación más próxima, y se procedía a enterrarlo en sus cercanías (a menos que existiese en ella un cementerio)

 

Así, al cerrarse y desmantelarse las estaciones, tras el término de los trenes de pasajeros, de unas cuantas de ellas no quedó más señal de su presencia que las cruces de los muertos. Todo lo demás, que podía ser útil, se lo llevaron, pero nadie podría llevárselos a ellos, y quedaron ahí, mudos testigos de un tiempo ya olvidado.

















 






















 

 


miércoles, 11 de marzo de 2026

LA CORTADERIA

 

La Cortaderia


Hay quienes piensan –porque así lo enseñaba el catecismo- que todo en la tierra existe sólo para servir al hombre. Y bajo esa premisa, la Cortaderia (que conocemos como “cola de zorro”) no tendría otra utilidad que la de que sus varas florales sirvan como adorno en nuestras casas, porque si bien alguna de ellas fue utilizada antiguamente para confeccionar techumbres, colchones o talabartería, hoy en día ya no tiene otro uso.

 

Sin embargo, resulta obvio para cualquiera que visite lugares naturales que la cortaderia sirve para mucho más que como ornamento en un jarrón. No sólo prestan refugio y habitación a gran número de animales -vertebrados e invertebrados- sino que, siendo una gramínea, las pequeñas semillas que forman sus plumosas varas constituyen una buena fuente de alimento para pequeños animales y aves.

 

Las cortaderias, plantas nativas de nuestro país que pueden alcanzar en algunas especies hasta 4 metros de altura, pueden vivir y prosperar en condiciones bastante extremas -que varían desde suelos áridos y pobres a terrenos permanentemente inundados- y las podemos encontrar en nuestra región desde la costa hasta el altiplano (4.000 m.s.n.m) No hablaremos de especies específicas porque, como sucede no pocas veces, no hay acuerdo sobre la validez de algunas de ellas, sobre todo de aquellas presentes en el norte.

 

Poca atención les prestamos nosotros, habitualmente, a estas grandes plantas, pero si nos detenemos unos momentos a observarlas, seguramente podremos ver a las aves llegar a ellas en busca de comida.











 

martes, 10 de marzo de 2026

TODO SEA POR LOS VIVOS

 

Todo sea por los vivos

Aunque se maltrate a los muertos.

(No hay que ser grave, tan sólo esdrújulo)

Cementerio de la ex oficina Lastenia-Las Salinas

Riada de quebrada Saco y del Buitre

 

Las imágenes que subiremos en esta oportunidad reflejan algunas historias puntuales. Lo que dejaremos en claro es que se desviaron algunos cauces para que las aguas de lluvia -del interior- lleguen a cierto lugar y no crucen por el desierto. La idea es buena, estas aguas no sólo causarían daño en la infraestructura vial, minera y habitacional. También arrastrarían cuanto químico se hubiese depositado por su camino. Antecedentes hay de esto.

 

Imágenes de la ex oficina salitrera Lastenia, la cual quedó convertida -luego de la riada- en un exclusivo resort sureño. Casas sobre un promontorio rodeadas por un gran lago. No sabemos si este enorme lago será navegable, mejor dicho, si habrá estructura que pueda surcar por sobre estas aguas sin desintegrarse.


Imágenes del Cementerio de Chacabuco, el cual se vio afectado por un nuevo brazo aluvional de quebrada «Saco» que arrastró un muro perimetral y afectó varias corridas de tumbas. Las cruces y otros vestigios se encuentran desperdigadas por el terreno.



Imágenes del ex Poblado de Pampa Unión. Este antiguo asentamiento, considerado en su tiempo impío, aunque resultó emblemático en la historia del desierto, se cubrió de agua y lodo, incluido el cementerio.



Imágenes del cementerio de la ex oficina salitrera Lastenia, uno de los primeros o el primero en establecerse en este lado de la pampa. En esta oportunidad no sufrió daño, el torrente de la quebrada no logró llegar a la meseta en donde este se ubica (algo bueno).



 

En modo de Divagación

 

Pozo o Pique Chela. No sabemos quién o quienes se hicieron cargo de esta joya histórica, cavando una gran zanja aluvional que ha funcionado y ha evitado que dicho lugar fuese borrado del territorio por el agua.



Un comentario al margen y que guarda relación con la llamada «Picardía del chileno» cosa que algunos aplauden a rabiar, eso del: «No son ladrones, son pícaros».

Se construyó una cerca en el sitio denominado Pozo Chela para su protección, para evitar que los otros pícaros (distintos en su accionar) sigan destruyendo este hermoso espacio, cortando los pocos árboles que restan y botando basura. Pozo Chela fue un oasis en el desierto mismo, un sitio recreacional en los inicios del 1900 que se mantenía con agua de pozos profundos. Desde lejos, esta estructura se ve bastante bien pero al acercarse, vemos como la cerca perimetral, que cerraba el espacio, ha sido sustraída. Eso no es de pícaros, eso es de ladrones. Algunos pueden seguir aplaudiendo.

 

Llueve arriba y viene el caos para abajo.

 

Es increíble para muchos que llueva en esta parte del territorio, algo inaudito y que casi resuena a mentira, pero cuando llueve, origina muchos daños y esto va dado por la cantidad de agua caída, por las características de nuestro suelo (hidrófugo) y por las pendientes.

 

Ahora bien. Contener esta agua es difícil, como difícil resulta contener a la naturaleza en su máxima furia. Podemos construir estructuras antisísmicas, pero no nos asegura que resistirán un sismo, pasa lo mismo con el agua, se pueden canalizar o contener las aguas lluvia, siempre y cuando el agua siga un patrón establecido. Un pequeño desvío «casual» en su trayecto y tenderán a seguir otro cauce, quizás un nuevo lecho y causar daños no previstos. Es decir, con las intervenciones se evitan los daños en lo que se quiere proteger, pero se ocasionan daños en aquello que se deja de lado y en este caso, en la historia de nuestra región, antiguas salitreras y cementerios salitreros.

 

Se salva a los vivos pero se maltrata a los muertos.

 

 

Estos antiguos asentamientos salitreros del Cantón Central o Bolivia, que tapizan la ruta que va desde nuestra ciudad a la ciudad de Calama, y que son visibles desde el sector de Oasis (100 kilómetros al noreste) hasta llegar a Sierra Gorda, están a la vera del camino, todos ellos por la Quebrada Caracoles. Pues bien, algunos de estos lugares fueron los que salieron dañados por estas aguas en torrente y por las aguas contenidas en improvisados tranques. Dichos espacios solo tienen la ficha de ser sitios patrimoniales, en la práctica, son solo ruinas, adobe y piedra sostenido por el recuerdo de unos pocos y si se ven afectados «por la naturaleza», malhaya seas «como le gritaron a Don Pedro de Valdivia». Es tan solo un tributo - de algunos- a la naturaleza en pro de lo realmente importa, lo que produce, lo que genera, lo que da divisas.

 

¿Qué contienen estas aguas?

 

En el trayecto del agua hemos visto relaves, pero sin los estudios pertinentes, no podemos asegurar que contengan residuos mineros, ácidos, etc. Pasaremos - en esta oportunidad- por neófitos, pero jamás por listillos.

Aunque la coloración de esta agua nos resulte evidente no aseguramos nada. Estas aguas también contienen sales (de todos los tipos), lodos, cruces, cierres de cementerio, quizás alguno que otro resto y algo de la historia antofagastina.

 

¿Qué pasará con ellas?

 

Se evaporarán, eso es inevitable por las altas temperaturas, algo poco pasará a las napas subterráneas y ya hemos advertido camiones aljibes cargando agua para actividades varias. El que no corre, vuela y, por estos lares, casi todos volamos.


¿Y el patrimonio?

¡Sigan participandoooo!

¿Un pedacito de cobre para la rabia?

Agüita con azúcar para la pena, me decía mi abuela.