jueves, 3 de agosto de 2017

LOS VELEROS DEL SALITRE



Hey Mister. Uan Momento plis?

Clippers en la bahía de Taltal

     El ver estas imágenes nos lleva a recordar al Célebre Pablo Neruda y su poema Farewell.

AMO el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.

     El decir simplemente barcos salitreros o barcos en la bahía, no hará tanta justicia y no despertará el interés de la gran mayoría - ¿totalidad? - de los antofagastinos que no vieron y no vivieron aquella época de esplendor, es solo un barco. Tal vez, estas pocas palabras extraídas del escrito de Salvador reyes (1933) nos permita hacernos una idea de lo impresionante que debe haber sido el apreciar este espectáculo en nuestra bahía y la infinidad de idiomas que se escuchaban en nuestras calles.

Barcos en la bahía de Antofagasta 1879

     Hay quienes recuerdan haber visto en 1894 hasta 82 veleros anclados en Valparaíso, 117 en Antofagasta y 124 en Iquique. En esos dos últimos puertos, además de Pisagua, Caleta Buena. Tocopilla, Mejillones y Taltal, se escribieron muchos de los mejores capítulos de la que pudiera llamarse "edad heroica" de la carrera del salitre.

     Grandes flotas de veleros, inglesas, norteamericanas, alemanas y francesas, tenían como objetivo el litoral salitrero. Traían carbón y embarcaban nitrato; traían y llevaban aventuras, y la buena, la auténtica leyenda del mar.

     El Norte era entonces rico y generoso. Demasiado rico y demasiado generoso. La vida en aquellos puertos tenía un ritmo brusco, dinámico, imprevisor. El salitre daba para todo, especialmente para que, en los sitios alegres de Antofagasta, Iquique, Taltal y demás puertos, hallaran placer los hombres que venían de las dos grandes soledades: del mar y de la Pampa.

     En el libro de Lubbock, "The Nitrate Clippers", editado en Glasgow. Lubbock, marino que consagró graneles y perdurables esfuerzos a la historia de la navegación en todos los mares, resume los diversos aspectos de la carrera del salitre y la epiloga con sus estadísticas y sus rápidos recuerdos de ese período de brillante actividad.


El Bremen en la bahía de Antofagasta

     Uno de los versos citados de R. H. Aithking que, traducidos literalmente, dicen:

.- Puertos de mar donde la vida es una carga amenazada por la tifoidea y el calor, hogar de los humildes y de los parias, de los vagabundos de la costa y de los ociosos, donde las únicas diversiones para los gringos son el amor, el juego y la bebida...

     Claro está que semejantes versos, desde el punto de vista sanitario y social, no hacen honor a la vida de los puertos nortinos. Pero la verdad era, más o menos, ésa. ¿Cómo no recordar la zozobra con que en Antofagasta se leía diariamente en los periódicos la nómina de los casos de viruela?

     En cuanto el tono elegíaco con que el poeta habla de las "únicas diversiones'', encierra, sin duda, un poco de hipocresía. Aquellas eran las "únicas', pero justamente las que los marineros y los pampinos buscaban y preferían por encima de todas.

El Preussen de 5 mástiles.


     Aquella época de enorme actividad dejó poca o ninguna huella. Como se borró en las olas la estela de las fragatas y de los bergantines, se borró en la memoria de los pueblos del Norte el paso de los marineros. Allí la gente se renueva con mucha frecuencia y esa facilidad para irse fue otra de las características que acercó a los hombres del mar y a los hombres del desierto.

Carátula de Libro


Link. Escrito de Salvador Reyes



miércoles, 2 de agosto de 2017

EL DERROTERO DEL CERRO PLOMO


El Derrotero del Cerro Plomo, Narración Verídica

     Un libro maravilloso que debiese estar en la memoria de la población local como marca de sello y fuego, puesto que es parte de nuestra identidad (Tocopilla, Mejillones y Antofagasta) Estas letras nos llevan a una travesía por nuestra tierra en otros tiempos y en lenguaje muy simple. Nos cuenta de epopeyas. Hombres luchando solitarios con parajes abiertamente inhabitables. Desiertos resecos con temperatura abrasadoras al mediodía y con frío que calan los huesos por las noches. Sin agua y sin posibilidad de hallar alimento en terreno (Cita de Wilfredo Santoro Cerda), pero encontramos algo más en este relato que nos habla de sueños. Esos sueños de riquezas que siempre están a la vuelta del cerro y como dice un encabezado. Una novela de ficción relacionada a búsquedas de tesoros llamada "El derrotero del cerro plomo, narración verídica" escrita por Jean Arondeau. Del autor poco o nada hemos encontrado, pero su escrito lo dejamos íntegro para vuestro deleite.

LINK:


Así comienza:

     Diversos motivos, entre los cuales no era el menor mi deseo de “rodar tierras”, me hicieron llegar por primera vez al puerto de Antofagasta en un luminoso día del mes de Enero de 192… Gracias a un amigo de mi padre, pude emplearme, casi inmediatamente, en una firma extranjera, y así empiezan los acontecimientos que han dado vida a este libro. Se desempeñaba como Mayordomo de la Casa, un simpático setentón a quien denominaremos Apolónides Ulloa, que era muy estimado de cuantos trataban con él por su carácter afable y servicial y por sus dotes de corrección y honradez. Ulloa era sobreviviente de la campaña de 1879 y también había tomado parte en la revolución de 1891. Aparte de estos títulos, que de por sí encierran la idea de aventuras, Ulloa había sido un incansable viajador y era agradable oírlo contar sus anécdotas que salpimentaba con interesantes experiencias.



     Como él residía de firme en Antofagasta, se había hecho de una casita situada en los alrededores del puerto y que había convertido pacientemente en un pedazo de nuestro florido Sur. Vivían con él, su esposa y su hija, casada ésta con Moisés Aguayo, a quien también veremos figurar en los acontecimientos. Dos o tres meses después de mi llegada, me había hecho un buen amigo de Ulloa, llegando por último a vivir en su casa, donde prácticamente, encontré un segundo hogar.

     Durante un feriado y con objeto de conocer las oficinas salitreras, me dirigí a la pampa, portando una carta de Ulloa para uno de sus amigos, que fue muy atento y servicial. Pocos días antes de mi regreso a Antofagasta, un accidental conocido que se jactaba de ser el mejor “baqueano” de la provincia, me invitó a que lo acompañara al “cateo” de unos valiosos yacimientos de plata, cuya ubicación sólo él y su mozo conocían.


Anexamos el mapa y parte del escrito original para que vayas en su búsqueda, en una de esas, la historia resulta cierta.





LAS GUERRAS DE LA GUERRA




 Libro Las Guerras de la Guerra

     Algunos solicitan y/o claman que ya no se hable más del tema de la llamada Guerra del Pacífico, del Guano o del Salitre, pero las problemáticas de este conflicto siguen vigentes en la actualidad. Según nuestras apreciaciones. Un tema merece mucha atención. “Bolivia obtiene su formación y su salida al mar por una mera gestión de Sucre”
     Dejamos entonces este link en donde podrás descargar gratuitamente esta publicación que esperamos te agrade y sirva para formar tu base histórica.


Libro Las Guerras de la Guerra.

     En la década de los ’80. Dos investigadores abordaron el análisis de los textos escolares en torno a un problema siempre dramático -La Guerra del Pacífico- Esta obra fue realizada por el profesor Nicolás Cruz y Ascanio Cavallo. En su momento el libro no pasó la censura y fue requisado por los censores militares chilenos. Enviado a una bodega en las cercanías del río Mapocho, donde terminó por pudrirse debido a la humedad. Tal vez. No se esté de acuerdo con muchos de los postulados, pero es la visión letrada de estos investigadores y que no solo incluye el pensamiento histórico de nuestro país, también el de los vecinos. Perú y Bolivia.

     Según los conocimientos, los textos escolares se constituyen como espacios privilegiados para mantener y, en muchos casos, acrecentar las visiones nacionales de dicha guerra. De allí que el título del libro terminara siendo Las Guerras de la Guerra y su portada reflejara un cañón disparando hojas impresas, haciendo referencia a las innumerables guerras de tinta que se han librado en cada país durante los más de 100 años posteriores al conflicto y que terminan llegando a los niños y jóvenes de cada país en forma de manuales de estudio.

     Los autores recopilaron -cosa nada fácil de hacer a fines de la década de 1970- los manuales escolares de mayor circulación en Bolivia, Chile y Perú e hicieron la visión comparativa que se encuentra en las páginas siguientes. Los autores en la nueva edición, junto a Ascanio Cavallo, tuvieron la decidida intención de escribir este libro de una manera ágil y dinámica ya que esperaban que el público lector fuesen justamente los jóvenes.



EN SÍNTESIS

Las Causas de la Guerra del Pacífico. Del Guano, Del Salitre.

 SEGÚN PERÚ:

- Perú nunca tuvo límites con Chile, por lo que no hay conflictos precedentes.
- Chile ocupó, por la fuerza y sin derechos, hasta el paralelo 23.
- Chile aprovechó la debilidad boliviana en esa zona.
- La raíz profunda está en el deseo chileno de lograr supremacía en el Pacífico Sur, superando a Perú.

SEGÚN BOLIVIA:

- El conflicto se remonta a los descubrimientos de guano y salitre.
- La ocupación empezó con capitales chilenos atraídos por la riqueza.
- La soberanía del lugar era indiscutiblemente boliviana.
- El gobierno chileno aprovechó la inestabilidad del boliviano.

  SEGÚN CHILE:

- Las autoridades coloniales no delimitaron con rigor la zona limítrofe.
- Hay antecedentes de que Chile limitó con Perú. Bolivia no tenía mar.
- Bolivia obtiene su formación y su salida al mar por una mera gestión de Sucre.

- La ley que fijó el límite chileno en el paralelo 23 fue una cesión errónea.

Antonio José de Sucre

viernes, 28 de julio de 2017

EL PICAFLOR DEL NORTE



El Picaflor del Norte ¿Quieres Conocer un Nortino?
Preparado Por Juan Mauricio Contreras medina



    (Rhodopis vesper, Lesson 1929) En inglés es Oasis hummingbird - (Colibrí Oasis)
El picaflor del norte (Rhodopis vesper) es uno de los ocho representantes de la familia Trochilidae en Chile continental. Tiene una longitud promedio de 13,5 cm, pico largo y curvado hacia abajo y un marcado dimorfismo sexual.

    Históricamente se sabe qué R. vesper se distribuye desde Piura, en el norte peruano. (Schulenberg et al. 2010), hasta la región de Antofagasta en Chile, desde el nivel del mar hasta los 3.500 msnm.

   Hábitat: La presencia y nidificación de esta especie se registró en el piso denominado matorral desértico mediterráneo costero (Luebert & Pliscoff 2006), en la zona costera, caracterizada por la presencia de humedad y nubosidad principalmente en las mañanas (Squeo et al. 2001). Se le observó en lugares con vegetación predominantemente arbustiva, con presencia cercana de árboles y flores productoras de néctar. En la ciudad de Antofagasta la podemos observar en parques y jardines principalmente, lo que indicaría que la especie muestra cierta tolerancia a la presencia humana.



Función ecológica: Polinización.

     Comportamiento y dieta: Ellos viven una vida solitaria como adultos y son muy territoriales. Los machos no toleran a otros machos en su territorio. Se alimentan principalmente de néctar como fuente de energía. Se sabe que comen pequeños invertebrados también. , la especie de desplaza hacia otras localidades interiores o regresa hacia al norte. Podría ser que el clima y la oferta de alimento estarían condicionándolos movimientos de esta especie.

    Cortejo: Los machos realizan varias presentaciones de cortejo para atraer a su compañera. Tienen lo que se llama una exhibición de la lanzadera donde flotan cerca de 10-15 cm delante de una hembra, cantan, destellan su gorjeo brillante y se mueven para arriba, abajo, a la izquierda ya la derecha en un intento de impresionar al compañero potencial.

    Al igual que la mayoría de los colibríes, la hembra es el único responsable de la incubación y la crianza de los jóvenes, mientras que el macho se va inmediatamente después de la cópula.



El período de incubación es de aproximadamente 16 días y es generalmente de 2 huevos.

Provisionalmente se subdivide en 3 subespecies:

Rhodopis vesper koepckeae Berlioz, 1974 - Es endémica del cerro Illescas, en el suroeste del Departamento de Piura, al noroeste del Perú.
Rhodopis vesper vesper (Lesson, 1829) - Habita en la mayor parte del litoral del Perú, hasta la Región de Tarapacá, en el norte de Chile.
Rhodopis vesper atacamensis (Leybold, 1869) - Es endémica de la región de Atacama, en el norte de Chile.




Referencias:

1. BirdLife International (2012). " Rhodopis Vesper “. Lista Roja de especies amenazadas. Versión 2013.2. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Consultado el 26 de noviembre de 2013.
2. GONZÁLEZ ACUÑA, D., K. ARDILES., S. MUÑOZ., W. MIRANDA& S. MOYANO. 2010. Ampliación de la dispersión del picaflor del norte
3. Rhodopis vesper (Lesson, 1929), ¿Fenómeno natural? Ciencia Ahora 25: 23-28. JARAMILLO, A. 2005. Aves de Chile. Lynx Ediciones, Barcelona. 240 pp. LUEBERT, F. & P. PLISCOFF. 2006.

NACE CARACOLES, COLAPSA ANTOFAGASTA



EL IMPULSO DE CARACOLES. EL CRECIMIENTO EXPLOSIVO DE ANTOFAGASTA, EL AGUA VALE PLATA, LOS MUERTOS DEL DESIERTO.

José Díaz Gana

     Los indígenas de esta zona, Nos referimos a los Changos relataban que en el cerro Caracoles, al interior de Sierra Gorda, la plata estaba en la superficie, Los changos, Garabito y Osario, decían conocer el lugar. El minero Díaz Gana tuvo fe en la leyenda, organizó una expedición. Un francés el Barón Guillermo Arnoux de Riviere, que vivía en Cobija, se asoció al proyecto de Díaz Gana. El minero preparó una nueva expedición, pero, para asegurar su éxito, trajo desde Copiapó a un cateador de fama: "El Cangalla" José Méndez. La expedición partió en marzo de 1870. Estaba formada por José Méndez, Simón Saavedra Reyes, el carretero Sagredo y José Porras, bueno para cualquier trabajo. Después de mucho caminar se durmieron sobre unos cerros. El cansancio cerró sus ojos. La luz del sol naciente iluminó los cerros. "El Cangalla" miró con asombro: miles de luces centelleantes, como una explosión de juegos de artificios, se desprendía de los cerros. No tuvo dudas. Entonces gritó a todo pulmón y el eco devolvió la voz: "esos cerros tienen panizos de plata". El cerro de la plata estaba descubierto. El descubrimiento de Caracoles impactó violentamente en la población de la región. La plata era un panal de rica miel para aventureros. Hombres de empresas y hasta políticos, (José Victorino Lastarria estuvo cerca de un año en el mineral) la gran riqueza de la plata. Hasta Los poetas populares hicieron versos elogiando a los descubridores chilenos y quedó en el tiempo esta copla.

Viene un enganche y me engancho
Y me voy pa´ caracoles
Y de allá traigo hartos soles
Pa´ remoler con los mauchos.

     Para llegar a caracoles a 200 kms. De la costa. Había que entrar por cobija. Hoy puerto muerto, la distancia aparente es corta, pero la ruta era espantosa y he aquí como caracoles determinó la creación de Antofagasta, que se consideraba una mísera aldea sin porvenir antes de ese descubrimiento.


     Dos hombres animosos don Francisco Bascuñán y don Justo Peña fueron a caracoles a descubrir minas y resolvieron lanzarse al desierto en busca de una ruta más corta, fiera era la aventura, pero la intentaron, bajaron la serranía y tomaron un cauce muerto o tal vez una quebrada y al cabo de unas peripecias trágicas se encontraron en la chimba que después fue Antofagasta el hogar y la esperanza del chango López.

     Corto, resultó el camino, los aventureros y los hombres de empresa lo aceptaron, perdió cobija su prestigio y en la tierra del chango sin tierra, Juan López. Surgió un poblado que en muy poco tiempo sería el floreciente puerto de Antofagasta, con prensa, iglesia, bomberos, escuelas, teatros e industrias.

Plano de Antofagasta 1869

   Caracoles Fue la causa de la revolución demográfica de la caleta La Chimba (Antofagasta). Antes del descubrimiento habitaban cerca de 300 personas y en el segundo semestre de 1871 subió a 6.000. Antofagasta se convirtió en el centro de embarque exportador del mineral, situación que obligó a Bolivia a declarar puertos menores a Tocopilla y Antofagasta. El puerto se atiborró de barcos cargados con mercaderías y' seres humanos. En abril de 1872 recaló el barco Atacama con 350 personas, dispuestas a seguir viaje a Caracoles. Antofagasta semejó a California un pasadizo para trabajar, divertirse y enriquecerse.


(Paseo por la plaza Colón, el Orfeón y la venta de pescado. Cuadro perteneciente al Museo de Antofagasta)

     Las casas de chingana brotaron como callampas. En el día trabajo y en la noche diversión. El vino y los licores saciaban las gargantas secas. Relinchos de caballos y estampidos de armas. Mujeres que reían. Otras lloraban. El juego se practicaba hasta en la calle. El desorden ciudadano quebró el silencio del desierto. El dinero se ganaba a manos llenas, en verdad costaba esfuerzo, pero ¿qué podía importarle al estupendo roto el esfuerzo? Los establecimientos mineros. Reunía como se ha dicho, muchos obreros que ganaban mucho dinero y vivían la peor de las vidas. Derrochaban sus ganancias y su salud. Estaban desatendidos por las autoridades y eran diezmados por las enfermedades. La ciudad en aquel tiempo semejaba una mancha de sombra junto a la claridad del océano. Poseía muchas calles donde vivía la gente de trabajo y los maestros, pero había una nombrada la calle nuevo mundo donde estaban las casas de amor, frente a cuyos portales brillaban los más fantásticos faroles, en toda su extensión, reinaban las canciones y las cuecas, entonces zamacuecas. Y en todos los sitios, la razón suprema era la embriaguez, con su cortejo temible de incoherencias, los rotos aparecían con los bolsillos rebosantes de monedas que arrojaban a la calle como quién tira piedras. El más insignificante pedía cien vasos de ponche. El amor iba con el que poseyera más fuerza o mejor supiera manejar el corvo, ese mismo corvo que hiciera célebre a los soldados del batallón atacama formado por mineros. Hubo pecadoras célebres, se dice de una que sorprendida en Santiago buscando esclavas blancas y a la que para dejarla en libertad le exigieron como garantía una crecida suma que no llevaba encima, dejo en prenda sus joyas avaluadas por la autoridad en 500000 pesos de aquella moneda, ese medio millón representaba proporcionalmente trozos de vida del pueblo de Chile tan sufrido y tan desorientado en este norte lejano.

  (Mapa de Antofagasta 1873)

     La población de la caleta que ya era por esa época relativamente numerosa con el descubrimiento de Caracoles se duplicó, como quien dice, de la noche a la mañana. De todas partes acudía gente ávida de hacer fortuna. Los vapores venían repletos. Traían de todo: hasta carretas y mulas para establecer cuanto antes el tráfico con el mineral y proceder desde luego al acarreo de sus valiosísimos productos. El gran problema del agua se volvió a presentar otra vez, pero ahora con caracteres más serios que al principio. El repentino aumento de población y el número considerable de animales que se traían día a día, hicieron que fuese insuficiente la producción de la única máquina condensadora que existía, y que era la que, hacía ya algún tiempo, había instalado la Empresa Salitrera.

 (Compañía de Salitres de Antofagasta 1879)

     A fin de poder subsanar, en parte, esta gravísima situación, se apeló al recurso de que ya se había echado mano en los primeros tiempos, y que, montada la máquina a que aludimos, se abandonó por innecesario; esto es, traer agua en los vapores, como fue necesario hacerlo, desde Valparaíso, Caldera y de varias aguadas ubicadas al sur de Antofagasta. Por su parte, la empresa salitrera puso a disposición de los dueños de animales sus pozos de la quebrada de Mateo (Carrizo) para que mezclasen esta agua salobre con agua potable y de esa manera aliviar un poco la tan aflictiva situación.

     Algunos dueños de minas y empresarios de carretas, como don Emeterio Moreno, don Juan de Dios Varas y otros, que ya se habían radicado en La Chimba, (Antofagasta), comprendieron que era de urgente necesidad la instalación de otras condensadoras y al efecto, con la rapidez que las circunstancias lo exigían, pidieron las máquinas y sus correspondientes accesorios para montarlas sin demora. Así fue como en poco tiempo hubo 3 condensadoras más, que vinieron a salvar la aguda crisis por la que atravesaba la población. Más o menos normalizadas las condiciones de vida del pueblo, esta siguió su extraordinario desarrollo y el comercio su enorme actividad con que se caracterizó desde un principio. El gobierno de Bolivia impuesto de todas estas circunstancias, y dándole la importancia que tenía el portentoso descubrimiento del mineral de Caracoles, elevó la Caleta de la Chimba a la categoría de puerto menor, según decreto fechado en Cochabamba el 8 de mayo de 1871. Por esta misma disposición se elevó a igual rango la pequeña caleta de Tocopilla, que ya por esa época iba tomando cierta importancia. Este decreto que marca una nueva era en la rápida y próspera vida de la Chimba, dice como sigue:

EL Presidente Provisorio de la República.

“Considerando:

- Que el desarrollo del comercio en las costas del Pacifico, ha tomado gran auge e importancia

- Que es necesario habilitar otros puertos, además del de Cobija para que todas las naciones del Mundo puedan ensanchar sus negocios mercantiles en el litoral de Bolivia.

- Que es manifiesta esta necesidad en razón de las riquezas minerales y depósitos de guano descubiertos en dicho litoral, que han aumentado las transacciones con las plazas de Chile y el Perú. Un incremento considerable.

 (Puerto Boliviano de Cobija)

Decreto:

Art. 1” Son declarados puertos menores de comercio, el de Tocopilla y la Caleta de la Chimba, quedando habilitados y abiertos al comercio de todo el mundo. Podrá desembarcar en ellos toda clase de mercaderías que vengan del exterior y los artículos que se dirijan al asiento mineral de Caracoles y sus adyacentes.

Art. 2” Para el desembarque y descarga en los puertos habilitados, se solicitará permiso de la Aduana de Mejillones, para el de la Chimba, y de la de Cobija, para el de Tocopilla.

Art. 3” Para el aforo de las mercaderías que adeudan derechos, se constituirá, respectivamente, a bordo de los buques que conduzcan el cargamento, uno de las vistas depositarias de la Aduana de Cobija, o el vista de Mejillones, concurriendo constantemente a este acto los capitanes de puerto y los Administradores respectivos, cuantas veces puedan.

El Secretario General queda encargado de su ejecución y cumplimiento, mandándolo publicar y circular a los Agentes Diplomáticos y Consulares de Bolivia en el Perú y Chile.
Es dado en la ciudad de Cochabamba, a los 8 días del mes de mayo de 1871.- Agustín Morales. - (Refrendado). - El Secretario General. - Pedro García. - Es conforme. - El Oficial Mayor.- Donato Vásquez.”
El servicio de Aduana y Resguardo, que era atendido por un escaso personal, fue aumentado en relación a las exigencias del mayor movimiento. La planta de empleados quedó pues, reorganizada en esta forma y con los sueldos anuales que se indican:

ADUANA

Un Teniente Administrador con 2.400
Un Auxiliar 720
Un Vista depositario 1.800
Un Liquidador 1.600
Un Portero 300

RESGUARDO

Un Capitán de Puerto y Jefe de Resguardo con 1.800
Un Jefe de Guardas y celadores 1.500
Diez Guardas, celadores y marineros, cada uno " 600 Bolivianos anuales"

     Estamos en 1871. El desorden generalizado, la inseguridad para las familias, el juego de azar incontrolado y las fiestas de amanecida, motivan a los ciudadanos a organizarse. Antofagasta en esa época estaba pletórica de vida. Su población se contaba por miles y, como es de suponerlo, nuestros connacionales eran los que superaban en número. Chilenos habían sido los descubridores del Salitre; chilenos los que descubrieron el mineral de Caracoles y chilenos eran los que, en su mayoría, fomentaban y poblaban estos territorios. Ellos han sido siempre los primeros en las grandes aventuras, así como los primeros y los más audaces en las peligrosas excursiones del desierto. Decimos esto sin dejar de reconocer el valiosísimo contingente que trajeron a estas regiones, en ese entonces, las distinguidas colonias inglesa, francesa y alemana, aportando su esfuerzo y sus cuantiosos intereses. Desde su infancia, aficionados a la minería y a las empresas más arriesgadas, no es de extrañar que en los albores del descubrimiento del salitre y del mineral de Caracoles fueran los que marcharan a la vanguardia con su poderoso empuje, como lo habían hecho años atrás en los minerales de Tamaya, Chañarcillo, Paposo, etc., y como igualmente lo hicieron cuando el descubrimiento de oro de California y después en las salitreras de Tarapacá.

  (Fotografía de Cantina de Obreros)

     No solo la gente del pueblo había venido a trabajar en las áridas pampas del desierto y en estas calcinadas playas, sino que también, junto con nuestro” roto”, llegaron el comerciante, el industrial, el capitalista y aun hasta el profesional. De ahí vino el rápido progreso de Antofagasta; y fue así como el mismo pueblo creyó ya necesario, por esa época, que se constituyese el gobierno municipal, para poder atender a las más premiosas necesidades locales, idea de que también participaba la primera autoridad, que era el Subprefecto Doctor don Manuel Buitrago; y tanto por esa especial circunstancia, como por presentarse el caso extraordinario de ser extranjeros la casi totalidad de sus pobladores, creyó esta autoridad de absoluta necesidad dirigirse en consulta a su superior jerárquico, que lo era el Prefecto de Cobija, quien a su vez se comunicó sobre el particular con el Supremo Gobierno de Bolivia, el que no tardó en contestar. Su respuesta está consignada en la comunicación que va en seguida:

 (Sub-prefecto Sr. Manuel Buitrago)

“Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores. - Sucre, a 30 de octubre de 1871.- Al Señor Prefecto del Departamento de Cobija.

Señor: En protección al desarrollo económico y social del Departamento litoral de Cobija, al estado excepcional en que se encuentra, y en atención a su naciente población, compuesta en su mayor parte de inmigrantes extranjeros, S. E. el Sr. Presidente de la República ha resuelto:

- Que pueden los extranjeros domiciliados en ese departamento por más. de un año, y establecidos con alguna industria o profesión, desempeñar los cargos concejiles que se necesitaren para servir los intereses de cada localidad, teniendo el libre ejercicio de su culto las colonias que se estableciesen en las poblaciones de nueva creación, como está prescrito en el inciso ultimo del artículo 1” de la Constitución Política del Estado. Así queda contestada la consulta que Ud. ha hecho. - Dios guarde a Ud. - Rúbrica de SE.- Casimiro Corral.”

     Estas acertadas disposiciones del Gobierno boliviano, colmaron las justas aspiraciones de todo el pueblo, que cada día sentía la necesidad de que se constituyera una Junta Municipal para que se ocupara preferentemente del aseo, alumbrado y tantos otros servicios que con verdadera urgencia reclamaba la nueva población. Impartidas las órdenes correspondientes, el Subprefecto señor Buitrago convocó al pueblo, con fecha 25 de enero de 1872, tras una sesión dirigida por el Subprefecto del Departamento de Mejillones, se fundó la Municipalidad de Antofagasta conforme a la ley boliviana de Municipalidades, (posteriormente renombrada como Junta Municipal de Antofagasta), integrada por seis chilenos, dos alemanes y un inglés Después de una especie de Cabildo Abierto citado por la autoridad se conforma el primer Cuerpo de Agentes Municipales.

 (Cuadro perteneciente al Museo de Antofagasta)

     Es bueno tener en cuenta que aun cuando, entre los años 1872 y 1878, la Municipalidad de Antofagasta se desenvolvió bajo la jurisdicción boliviana, fue administrada por ciudadanos chilenos, salvo los meses de la Presidencia del Alcalde Ondarza, en 1876, y, además, que la relación vital estuvo siempre ligada más estrechamente con Chile.

     Lo primero es explicable, ya que el poblamiento de Antofagasta fue realizado por chilenos provenientes del Norte Chico y el resto del territorio nacional. Y en este aspecto, las cifras no dejan de ser decidoras y contundentes. En 1875, la Junta Municipal realizó el primer censo poblacional, conforme a una petición del Inspector de Instrucción Pública de Cochabamba. El alcalde Matías Rojas, se encargó de transmitir los siguientes antecedentes:

"La población de Antofagasta, tomando en cuenta sólo los nombres anotados en los registros, sube de 5.384 habitantes; pero tomando en cuenta el cálculo general de un 10% sobre el total, que deja de anotarse, y calculando que sólo 50 operarios se hallan en las minas de los alrededores, tendremos que la población total será de 5.972 habitantes".

     Con el afán de destacar lo que nos parece interesante, esto es que el poblamiento fue realizado en un 90% por chilenos, copiamos aparte la observación que el mismo Matías Rojas hace un informe: ..."Hay una particularidad que debo hacer notar a Usted, respecto a la nacionalidad de los habitantes, y es que, sobre el total de 5.384, existen en este puerto 4.530 chilenos. Habiéndose formado aparte un cuadro de los nacionales, (-se refiere a los bolivianos-), resulta que el total es de 419, siendo de estos, niños nacidos en este puerto, 260...".

     Los datos confirman la afirmación de que Antofagasta fue poblada por chilenos y de este importante grupo humano se eligieron la casi totalidad de los ediles y alcaldes entre 1872 y 1878. Este equipo de gobierno comunal, pensaba y actuaba de acuerdo a las tradiciones políticas nacionales y al espíritu de nuestro pueblo, lo que naturalmente era obvio. Por lo mismo, el grupo de gobernantes no perdió su contacto con el país. Por esos años el tráfico en la bahía se efectuaba sin reglamentación alguna; por otra parte, la barra era más peligrosa de lo que ha sido después, lo que se ha podido comprobar en el transcurso de largos años. Además, los vapores recalaban en el puerto a horas inconvenientes y eran recibidos, aunque ya fuese entrada la noche. Por eso no era raro que hubiesen continuos naufragios de embarcaciones menores y que estas ocasionaran numerosas víctimas. Detalles de una de esas grandes desgracias encontramos en una correspondencia enviada desde este puerto a un periódico de La Paz, con fecha 30 de agosto de 1872, y que pasamos a transcribir a continuación: "El día 24 del presente, a las 5 de la tarde, el vapor "Limeña" de la Compañía Inglesa, fondeó en la bahía, de tránsito para el Sur; el mar se encontraba casi tranquilo, y muchas personas, algunas por acompañar a sus amigos que volvían a Chile, otras por negocios particulares y varios comerciantes en pequeña escala se dirigieron a bordo. Poco después de las 6 casi todos regresaban a tierra sin temor alguno; pero la noche les sobrevino, de un modo repentino, antes de llegar a tierra y en la inmensa oscuridad de ella, una gran agitación en el mar; las olas que se levantaron eran furiosas, cerraron la barra y arrastraron a gran número de embarcaciones, sepultando en su seno a sus tripulantes.

     Los gritos de los que pedían auxilio llegaron a tierra y la campana de la capitanía tocó alarma. Momentos después la gente se agrupaba en el muelle, en la mayor confusión, al oír los gritos de las víctimas y ver la falla de recursos para prestarles el auxilio que invocaban. Triste y dolorosa era la impresión que causaban los sollozos de los que tenían algún pariente en el mar y cuya pérdida creían inevitable; sin embargo, logróse hacer salir dos embarcaciones: una de fleteros y la otra de la compañía de vapores, y se consiguió salvar solo a 8 de los náufragos, pues aunque las embarcaciones volvieron a salir, la oscuridad de la noche y el ruido ensordecedor de las olas no les permitían ver ni oír las agitaciones y gritos de los que quedaban luchando con las aguas por salvar su vida. A la mañana siguiente, los cadáveres se encontraban sobre la playa: los que habían perecido eran once".

     El señor Cónsul de Chile, don Salvador Reyes, que fue uno de los que más interés tomó para que salieran algunas embarcaciones, inició ese mismo día una suscripción para premiar a los abnegados tripulantes de los botes salvadores, y logró reunir 770 pesos, cantidad que el Domingo último fue públicamente distribuida en el teatro, con toda solemnidad y en presencia como de 400 personas. Allí se llamó uno a uno a los tripulantes, se les elogió su conducta y se les instó a que continuasen en tan abnegada senda y se les dio su correspondiente premio; en seguida, el mismo señor Cónsul formó de los Concurrentes una comisión para colectar fondos a fin de auxiliar a las viudas de los náufragos, logrando reunir ahí mismo una regular cantidad". Varios otros accidentes tan fatales, aún más lamentables que el que dejamos relatado, continuaron repitiéndose con una frecuencia aterradora. En uno de estos, en que el número de víctimas superó a las que había habido anteriormente, y que, con sobrada razón, fue considerado como un duelo público para todo Antofagasta, se ahogaron 22 personas.

     El conocido comerciante francés don Luis Dumond, socio de don Julio Chebroux en el negocio de panadería que tenían establecido en calle Baquedano, entre Condell y Angamos (antigua Panadería Francesa) fue una de las víctimas de este infausto suceso. Y así como este señor perecieron tantos otros. Algunos eran comerciantes en verduras; otros tranquilos y honrados vecinos que iban a tomar el vapor a fin de emprender viaje; ¡y otros que llegaban y que el destino les tenia deparado tan triste fin!


     El joven don Jerónimo Ossa, sobrino de uno de los socios del Banco Escobar, Ossa y Cía. que recientemente había establecido una casa compradora de metales en este puerto, y que se desembarcaba en ese aciago día, se salvó de ahogarse, únicamente debido a su pericia y habilidad para nadar. Luchó denodadamente cerca de una hora con el mar embravecido, hasta que al fin logró llegar a tierra, casi extenuado por el cansancio.

 (Plano boliviano 1879)

(Palacio o Quinta Díaz Gana)
(Intendente Boliviano en el litoral. Sr. Ladislao Cabrera)

ANTOFAGASTA, EL"HOLLYWOOD DE SUDAMÉRICA"



ANTOFAGASTA, EL"HOLLYWOOD DE SUDAMÉRICA"
Hans Mülchi (Periodista y licenciado en Historia)



      El 23 de diciembre de 1926 Antofagasta aclamó el estreno de Bajo dos banderas, la primera película local. También vitoreó a Carlos Alberto Santana, su director, así como el debut de un promisorio galán: Edmundo Fuenzalida, a quien se presentó como "el Rodolfo Valentino chileno".


     Nacía el cine mudo antofagastino. Mucho destello desconocido trasluce este hecho. Como que el iquiqueño Santana recorrió varias ciudades de Chile y Latinoamérica haciendo películas, disputando a Raúl Ruiz el título del cineasta chileno más prolífico de nuestra historia; o que, en 1927, de las nueve películas realizadas, seis se hicieron en Antofagasta; o que esto diera lugar a soñar con el puerto del Norte como una "Hollywood de Sudamérica".

Madre sin saberlo, dirigida por el antofagastino Antonio Fernández en 1927.

     No fue excepcional, en el período del cine mudo, que se filmara en provincias. Según dice Eliana Jara Donoso en su libro Cine mudo chileno (1994), cerca del 40% de la producción se hizo fuera de Santiago, con películas realizadas en Iquique, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Concepción, Osorno, Valdivia y Punta Arenas. Y aunque la mayor parte de ellas -más de 15- se hicieron en Valparaíso, la historia de un movimiento cinematográfico en una pequeña ciudad fraguada entre el desierto y el mar es tal vez la más apasionante del cine regional en Chile.

Eliana Jara Donoso

     Con sólo 27 años, Santana había hecho una docena de películas en Santiago, Valparaíso y Concepción cuando llegó a Antofagasta al frente de una Compañía de Variedades. Su oficio de "cinematografista" lo combinaba, como era usual en la época, con la comedia teatral. Fue a visitar a Edmundo Fuenzalida, hijo del dueño del diario El industrial, un muchacho vivaz que conversando con periodistas estadounidenses se había alucinado con la industria de Hollywood. Con la innata seducción y astucia que siempre lo acompañaron, Santana le habló sobre las condiciones naturales de Antofagasta para el cine: buen clima, cielos despejados, largas horas de luz y sol durante todo el año. Le comentó su intención de dedicarse exclusivamente al cine y filmar allí, pero también su necesidad de tener un socio financista. Y, en un ambiente estremecido por la muerte de Rodolfo Valentino y afanado en encontrar su sucesor, le preguntó si había pensado en dedicarse a la actuación. El seductor Santana obnubiló a Fuenzalida y éste dio el sí a ser actor y financista. Poco después lo convenció de traer desde Valdivia a Arnulfo Valck, prestigiado fotógrafo alemán. Su oficio aseguraría que, en la aventura que iniciaban, no habría imágenes fuera de foco o cortadas a la mitad, como ocurría en algunas películas chilenas. Pronto construirían la "Vita Film", primera empresa cinematográfica antofagastina, que produciría cuatro de los ocho argumentales hechos allí en poco más de un año, entre diciembre de 1926 y enero de 1928.

     De la mano de Fuenzalida, su flamante productor, Santana llamó a un concurso para completar el elenco del largometraje Bajo dos banderas. Se hicieron pruebas de cámara, proyectadas y evaluadas por un jurado "compuesto de periodistas y cinematografistas", según dijo la prensa. La gente se aglutinaba para ver las filmaciones, con escenas de masas en las que Santana incorporó a los militares del Regimiento Esmeralda. Con el conflicto de Tacna y Arica aún presente, la trama exhalaba quemante patriotismo. En la secuencia cúlmine, unos espías bolivianos secuestraban a la heroína y la dejaban pendiendo de una cuerda en las ruinas de Huanchaca. Ahí el jovencito, un teniente del Ejército chileno interpretado por Fuenzalida, acudía al rescate cabalgando a toda velocidad. Con la cuerda a punto de cortarse, se apeaba, subía los escalones de las ruinas y alcanzaba a salvarla. Rubricaba la película un apasionado beso, resolviendo un conflicto de amor y guerra. El éxito fue total. Durante tres semanas se llenaron los teatros, cuando lo usual era mantener las obras sólo un par de días, ante la frecuencia de películas creciente hollywoodenses.


Aviso de Bajo dos banderas, en un diario de Santiago.

    
     La algarabía se expandió a la pampa, con exhibiciones en la oficina salitrera Chacabuco, e incluso a Iquique, donde el fenómeno se repitió. El Mercurio de Antofagasta celebró que el filme triunfara "quizás más que todas las películas chilenas, llenando durante dos meses consecutivos los teatros del norte del país".

     Pronto se anunció una nueva película: Madres solteras. Relata la historia de una modista víctima del dueño de la fábrica donde trabaja, mientras la hermana de éste se burla de la muchacha y después ella misma se convierte en madre soltera.






     La locura se contagió, y otras empresas se sumaron a la productora "Vita Film". La "Antofagasta Film" anunció la película Madre sin saberlo, dirigida por el antofagastino Antonio Fernández. Esta historia de amor, celos y locura se estrenó a teatro lleno y fue alabada por la crítica. A su vez, la "Compañía Cinematográfica Chilena Arte y Luz" presentó En la ciudad del oro blanco. Dirigida por Juan Abbá, cometió el pecado de la excesiva pretensión, pues entrelazaba una comedia intimista con una mirada a la sociedad y a la historia de la región. Tal vez por eso fracasó, pues todo indica que se exhibió una sola vez. La productora "Cine Consorcio" contó con un fuerte capital, y contrató a Arcady Boytler, ruso de destacada trayectoria en Alemania y Argentina, y quien después llegaría a trabajar con Eisenstein en México. En El buscador de fortuna ejerció como director y protagonista. Era la historia de un aventurero que intenta hacer rápida fortuna en el Norte, pero ante su estrepitoso fracaso debe viajar de polizonte en un barco. Se recogieron allí las biografías de miles que llegaron a beneficiarse de la bonanza salitrera. El filme tuvo gran éxito, siendo exhibido en Santiago y, al parecer, en Buenos Aires.

Arcady Boytler Rososky

     Crecía el optimismo por hacer de Antofagasta una segunda Hollywood. Luego se presentó Vergüenza, dirigida por Juan Pérez Berrocal. Al tocar los temas de la prostitución y las enfermedades venéreas, de enorme vigencia entonces, fue víctima del pudor de la época. A punto de ser rechazada por el Consejo de Censura, fue catalogada "para varones mayores de 15 años e inconveniente para señoritas". Rápido salió de cartelera.

Juan Pérez Berrocal

     Para Santana y la "Vita Film" el resultado de Madres solteras no se acercó al anterior, pero esto no los hizo detenerse. Pronto anunciaron Cascabeles de Arlequín, película "basada en los equívocos provocados por una jovencita de buena familia enamorada de un muchacho sin fortuna". En 1995, un ya nonagenario Edmundo Fuenzalida recordaba el trabajo de animaciones que, durante días, prepararon con Valck para la introducción de la cinta, experimento pionero en Chile. La película fue prácticamente ignorada por el público, y los bolsillos de Fuenzalida comenzaron a agotarse.

     Pero faltaba un último intento: el largometraje Cocaína, que trataba -según El Mercurio local- sobre "la vida de un muchacho que despreciando amor y hogar se lanzó a la vida en busca de una ilusión, y que, al fracasar en ella, se da al vicio de los alcaloides". El uso de las entonces llamadas "drogas heroicas" ya generaba un denodado intento por controlarlas. Para la última escena, Santana congregó a la gente a los talleres de la "Vita Film", "siempre que lleve traje de carácter, pues se trata de la filmación de un gran baile de fantasía en el que deben intervenir un número considerable de bailarines". Pero los resultados no fueron los esperados, lo que desestabilizó aún más a la empresa.

     Entretanto, Bajo dos banderas se estrenaba en Santiago, con la presencia del Presidente Ibáñez, atraído por su argumento "patriótico". Al retornar Fuenzalida de la capital -pues estuvo presente en la oportunidad-, experimentó un viaje del cielo a la tierra. No pudo afrontar ni las deudas ni la arremetida del destino: el cine sonoro, con sus elevados gastos de producción, pondría atajo a sus sueños.

Edmundo Fuenzalida como protagonista de:
Cascabeles de Arlequín, en 1927.
El mismo Fuenzalida volvió a Antofagasta, 68 años después, a protagonizar una película sobre sus aventuras con Santana.

     Un día cualquiera, Santana se acercó a su amigo, a quien había convencido que podría suceder a Valentino, y le dijo que ya Antofagasta no llegaría a ser el Hollywood de Sudamérica. Intentaría ahora que lo fuera La Serena. Se alejó pensando en sus próximas locuras cinematográficas, que lo llevaron sin la menor pausa a Perú, Ecuador, Argentina, Paraguay, Colombia, Panamá y Costa Rica, fundando el cine sonoro en varios países y completando una cantidad indeterminada de películas. Sólo en Chile sumaron al menos 23. Fuenzalida nunca imaginó que, tras una vida como destacado político y diplomático, recordaría estos sucesos como una aventura de juventud.

     En 1995 la cineasta antofagastina Adriana Zuanic inició una investigación, junto a Eliana Jara y a quien suscribe esta crónica, encontrando en aquella "segunda Hollywood" la trama de su próximo filme. Durante seis años se rastrearon documentos gráficos, escritos, auditivos, visuales y audiovisuales de la época. Se convocó a testigos de las filmaciones y se buscaron afanosamente las películas de entonces.

Adriana Zuanic. Imagen Museo de Antofagasta

     Un gran descubrimiento fue encontrar vivo -con más de 90 años- a Edmundo Fuenzalida, con una lucidez asombrosa, quien vivía en Santiago y estaba dispuesto a ir a Antofagasta a filmar. Se convocó a actores profesionales y aficionados entre la comunidad antofagastina, y se hizo un documental con recreaciones de época, en 35 mm, color, de 90 minutos. Un mes después de su última incursión en el cine, Edmundo Fuenzalida -tal como hizo Rodolfo Valentino en su momento- dejó este mundo para irse a reunir con Santana en algún otro lugar. No estuvo físicamente en el estreno antofagastino, el 28 de diciembre de 2001, aunque la magia que creó con su socio reluce en el film Antofagasta, el Hollywood de Sudamérica.

http://www.cinechile.cl/pelicula-306

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Este artículo apareció en el número 25, año VII, de la edición Otoño/Invierno de la Revista de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile Patrimonio Cultural.