Culíes en el Norte
(Los honorables hijos del celeste Imperio)
Hoy hablaremos de los Culíes ¿Les parece?, no de alguna etnia, no de las modalidades de contratación, de los chilenos o de mis pasiones, de las cuales soy muy esclavo. Reitero (Jalisco): de los Culíes.
Dentro de pocas semanas haremos un gran recorrido por la costa de la Región de Tarapacá y nuestros destinos comprenden el Pabellón de Pica, Huanillos, Río Seco y la desembocadura del río Loa. Nuestra motivación, lo que nos insta a caminar, va por aquello de conocer y reconocer la sórdida tarea de la explotación del Guano la suerte de sus operarios, ciudadanos que venían bajo la modalidad de contratados, pero que, en la realidad, eran simplemente esclavos. Estos ciudadanos eran chinos que recibían el apodo de Culíes, de los que buen número de ellos quedaron tirados en dichas faenas, hasta que a fines de los ´90 (1998-1999) se les dio -finalmente- una digna sepultura y se les rindió un merecido homenaje.
Culi, culí o coolie fue el apelativo utilizado para designar a los cargadores y trabajadores con escasa cualificación procedentes de la India, China y otros países asiáticos.
Culíes en el Norte
Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.
Cuando se comenzó a tocar este tema entre nosotros, que reconocidos pro- hombres chilenos que habían hecho su fortuna o cavado su pobreza en este norte habían utilizado esclavos en sus faenas -hablamos de culíes- nos causó resquemor, y esta picazón es debida a que no habíamos encontrado referencia alguna sobre el tema. Hablamos de escritos, ensayos, o menciones sobre la presencia de esclavos chinos en el territorio que se ubica al sur del paralelo 23, territorio considerado chileno.
Ahora bien. Algunos acotarán que aún los propios naturales que vivían en dichos espacios eran tratados como esclavos y hemos de reafirmar dicha acotación, en honor a la verdad y la historia, pero, ¿Chinos en Mejillones o en Antofagasta? o ¿Juan López, José Díaz Gana o José Santos Ossa usando esclavos en sus actividades? Esto para mí era nuevo y nos dimos a la tarea de buscar nueva información, dejando de lado el texto que nos trajo esta buena nueva y que corresponde a un escritor que cuenta con cierta ideología que pudo poner al servicio de su idea, mezclando moros con cristianos y digo esto porque, hubo esclavistas en Cobija, Gatico y también en Tocopilla, pero no eran de nacionalidad chilena, aunque si hubo esclavistas en Chile.
Motivado por la desazón y la intriga, llegué a consultar a un reconocido periodista y escritor histórico de Mejillones, quién dejó en claro que no hay referencia alguna de Culíes en dicho lugar y tampoco cuenta con antecedentes que hagan mención de su presencia por las diversas guaneras que allí se establecieron, cosa que se hubiese sabido y hubiese quedado en los registros. Sobre los operarios que contrató José Santos Ossa o, los que ayudaron a Juan López, en sus faenas, eso sí está documentado y eran compatriotas, mas no vamos con el ánimo de proteger o de encubrir, es tan sólo la tarea de indicar a los que fueron partícipes de tan cruel negocio y no manchar la honra de quienes no tuvieron vela en el entierro.
Pero veamos que nos dicen sobre esto:
“Colonos Chinos... la barca Isabel Quintana... debe llegar a Caldera con 120... Todos vienen obligados a ocho años de trabajos forzosos y los hay de diversos oficios... Sus pedidos a don Manuel Chopitea”.
(Diario “El Copiapino”, 19 de mayo de 1853).
Mucho se ha hablado, y se habla, de los esclavos chinos en el territorio peruano, antes y durante la Guerra del Pacífico. Se dan altas cifras, y se dice que habrían colaborado en las acciones bélicas. Otros dicen que no, que sólo sirvieron para cumplir tareas de apoyo y nunca combatieron. Hay también quien dice que ni eran esclavos siquiera, sino trabajadores. Se han dicho y se pueden decir muchas cosas, ciertamente.
Así, leí un artículo que afirma que no era sólo en Perú donde había estos esclavos chinos, sino también en Chile y –¿Cómo no?-en el territorio de la segunda región, por entonces considerado como perteneciente a Bolivia, pero explotado por nuestros nacionales y no pocos europeos bajo la tutela del gobierno chileno. Nos dice que incluso conocidos empresarios de Antofagasta los usaban en sus industrias, mencionándose a Ossa, Latrille y hasta a Juan López. No mencionaré a los europeos avecindados en la zona, porque de ésos ya sabemos que nunca tuvieron muchos escrúpulos a la hora de aprovecharse de otros para hacer fortuna, a excepción de uno que hay que nombrar por ser el principal encargado del tráfico de personas en la zona: el español José María Artola, de la Casa Artola, la más importante gestora de negocios en la región entre 1828 y el comienzo de la explotación del salitre. No sólo traficaba con peones, también ofrecía préstamos y vendía alimentos e insumos a mineros y covaderos con intereses usurarios del 50%, a cobrar cuando empezaran a producir. Obviamente, el cobro lo hacía en productos, de manera de ganar aún más vendiéndolos él posteriormente a mejor precio.
¿Será cierto que estos –ahora- notables chilenos utilizaban culíes chinos en sus explotaciones? No hay motivo para no creer que sí, a mi juicio, ya que estamos hablando de la época anterior al descubrimiento de Caracoles, y por tanto a un tiempo en que no había interés en venir a trabajar al lejano y desolado norte. ¿De dónde obtener entonces mano de obra? Hay un registro de una carta de un comerciante de Cobija a Artola, en el que le refiere que consiguió “traer de Valparaíso a 200 peones que le costaron $10.000 pesos oro” ($50 cada uno), y en donde le pide “que no admitan en sus faenas a estos prófugos”. Es decir, no sólo había pagado por ellos, sino que además éstos eventualmente se fugaban de sus faenas, por lo que no cabe suponer fuesen simplemente trabajadores contratados legalmente y descontentos con su trabajo. ¿Quiénes eran estos peones y de dónde provenían? No sabemos a ciencia cierta, pero Valparaíso era el principal puerto nacional, por lo que tanto pudieron ser chilenos como chinos. Como se puede leer en la publicación de “El Copiapino” citada arriba, y también en los escritos de Benjamín Vicuña Mackenna, en la zona central de Chile se utilizaban culíes chinos y no era novedad para nadie, por lo que suponer que eran también traídos al norte es muy lógico.
Ciertamente que, a excepción de fijar ese plazo de 8 años y el pago anticipado de una suma de dinero, en lo demás los contratos eran similares a los de cualquier otro trabajador en Chile. En esos tiempos, el empleador era prácticamente dueño de los trabajadores, y éstos estaban obligados a servir en las condiciones que se les impusieran.
Ahora, si alguien se pregunta el por qué aceptaban semejantes contratos los chinos, la respuesta es porque en ese país era normal que una persona se “vendiera” por dinero, para ayudar a su familia o solventar algún gasto importante, comprometiéndose a trabajar para un amo por un determinado plazo de tiempo. Además, se les vendía la idea de que cumplido el contrato, en América podrían trabajar y ganar dinero en abundancia para ellos mismos. La gran diferencia reside en que en China esos plazos se respetaban, y cumplido el contrato la persona quedaba libre de nuevo. En América no era así, lo que los budistas chinos cumplían debidamente en su país, los empresarios “cristianos” no consideraban conveniente respetarlo si iba en contra de sus intereses económicos.
Ciertamente, aunque hubo culíes chinos en nuestra Región no fueron tantos como en Tarapacá y en el propio Perú, donde se contaban por miles, y por eso no se aprecia una presencia notable. Pensemos que si en este territorio era difícil para un chileno conseguir mujer y formar una familia, ¿Cuánto más lo sería para un chino, por muy libre que fuera?
[Cuando alguien me diga que “los chinos” tratan mal a sus trabajadores, le pediré que vea la foto de la Dra. Lindberg. Ya que no es la nacionalidad, es la raza la mala…]
Cuando escuchamos hablar de Pica, la idea que nos viene inmediatamente es el oasis que muchos de nosotros hemos visitado, a 120 km de la costa. Pero lo cierto es que existe otro lugar con ese nombre, mucho más importante históricamente, ubicado –justamente- a orillas del mar: Pabellón de Pica.
Pabellón de Pica es un gran farellón costero, ubicado a 80 km al sur de Iquique, que fue por siglos un lugar de extracción de guano, recurso que antes del descubrimiento del salitre era muy apreciado y valorado. Según algunos historiadores, ya los indígenas prehispánicos conocían las propiedades del guano y lo extraían, pero fueron los españoles los que iniciaron una explotación en regla, para llevarlo como fertilizante a los valles de Arica. Las excelentes condiciones de la caleta de Pica permitían el acceso a los barcos, facilitando tanto la llegada de agua y pertrechos, como la exportación del producto.
Para 1876, siendo todavía territorio peruano, en torno a Pabellón de Pica había una población de 8.236 habitantes, dedicados a la extracción y exportación de guano, que no tenían otros recursos que los que pudieran llegar por mar o por los caminos carreteros que conducían a las salitreras del interior.
Famoso es este lugar porque, bajo la administración peruana, y de acuerdo a la “Ley China” de 1849, los empresarios que explotaban el guano llevaron varios cientos (si no miles) de culíes chinos, virtuales esclavos, para realizar los trabajos en condiciones infrahumanas. Engañados con un contrato que los obligaba a trabajar por 8 años, los traían de Cantón o Macao, pero el plazo no se respetaba, usándose malas prácticas para extenderlos indefinidamente. Quienes se rebelaban eran fusilados o, peor aún, condenados a una muerte cruel, atados y abandonados al sol, hasta morir de sed. Muchos de estos culíes, agobiados por la realidad en que vivían, se suicidaban arrojándose desde las alturas del peñón, y sus cuerpos momificados por el sol permanecían en el lugar en que caían por décadas. Esto no es una exageración, ni mucho menos. Refiere el Dr. Horacio Larraín Barros que en octubre de 1999 se realizó una recolección de huesos humanos dispersos alrededor de Pabellón de Pica, para ser inhumados en el cementerio de Río Seco, por las autoridades, el Obispo de Iquique y el Cónsul de China, erigiéndose un monumento con una placa grabada en chino mandarín que, se dice, se refiere en términos poco respetuosos al gobierno peruano.
Dado que el guano de este farellón se encontraba desde los 150 metros de altura hacia abajo, y entre los “caletones” que los roqueríos de su base forman, los obreros debían trabajar muchas veces suspendidos de las rocas, o descender por ellas hasta el lugar de trabajo. Quedan todavía –según dicen- restos de las pasarelas de madera por las que transitaban con los sacos de guano a cuestas para sacarlo hasta la costa.
Algo que no nos dice la historia, o no hemos encontrado, es con qué mano de obra se continuó la explotación del guano en Tarapacá. Si los chinos fueron liberados durante la guerra, ¿de dónde se consiguió la mano de obra para seguir trabajando? Porque el gobierno chileno explotó estas covaderas desde 1883, tras la firma del Tratado con Perú, por 10 años, para luego entregarlas bajo contrata a la “Peruvian Corporation Limited”, por 8 años más y, finalmente, dejarlas en manos de contratistas nacionales. O sea, ¿Se podían explotar y ganar dinero, sin esclavizar gente? Obvio que si.
La Esclavitud de los Rapa Nui
Dice un breve artículo
Un año antes que llegara el hermano Eugenio Eyreaud, de los Sagrados Corazones, a isla de Pascua, Rapa Nui había sido asaltada por buques esclavistas peruanos. Tres mil isleños, entre ellos el rey Kaimakei y el príncipe heredero, habían sido capturados y llevados a las guaneras de las islas Chinchas. Cuando las autoridades francesas acudieron en su socorro, sólo pudieron rescatar a una veintena de pascuenses sobrevivientes, contagiados de viruela.











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