(La ciudadela sobre los abismos)
Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos. Grato nos resulta el poder estar una vez más con ustedes en este lunes 23 de marzo, luego de un viaje con algo de épica, historia, derroteros y camaradería. El recorrido a la Placilla de Esmeralda, Quebrada La Cachina y territorios de Guanillos, con visita a caleta Cifuncho.
Antes de contarles lo que fue nuestro viaje a Esmeralda, definamos lo que es una Placilla, según los historiadores.
Las placillas eran un espacio marginal y autogenerado de poblamiento, que no seguía el modelo urbanístico del damero que funcionaba como referente de distribución y organización espacial y permitía diferenciar disciplinariamente, definiendo espacios dentro del trazado urbano (Durston, 1994: 109). Así, la placilla minera fue por antonomasia un lugar de descompresión social, espacio de juerga y vida alternativa al poder que estructuraron los sectores subalternos hasta mediados del siglo XIX.
Pues bien. Nosotros solo brindamos la opinión de terceros, de los investigadores, puede que no estemos de acuerdo o puede ser que sí lo estemos.
Saludos ¿Nos acompañan en nuestro recorrido?
Les hemos de contar que este sábado -recién pasado- salimos con rumbo nocturno al sur de nuestra comuna, más allá de la punta de los Taltales (Taltal) y por los límites de la región. Hablamos de Quebrada La Cachina ¿Han escuchado hablar de ella? También por la antigua Placilla de Esmeralda, inmersa en la cumbre de un terreno maravilloso y finalizando por la Quebrada de Guanillos. Todo este espacio se encuentra en la Región de Antofagasta y colinda con el Parque Pan de Azúcar, aquel parque cuyos límites se insertan entre las regiones de Antofagasta y Atacama.
Partimos de noche. Avanzamos -por la carretera- muy lentamente, no hay luna y no hay necesidad de correr, ya que contábamos con el tiempo suficiente para llegar a nuestro destino. Afuera, en el medio del desierto, se percibe el frío muy intensamente, quizás unos 5 a 6 grados por sobre el «0». Por aquí, entre el cruce de Taltal y la ruta 5 norte hay evidencia de que corrió el agua, agua que cayó en los sectores altos. Las huellas están ahí, o mejor dicho, las grietas. Entramos -en algún momento- por uno de los tantos caminos que nos llevan al balneario de Cifuncho, o Caleta para los que conocen mejor dicho lugar, y nuestro viaje continúa por unos 40 minutos hasta llegar a dicho enclave, para descansar un par de horas antes de continuar el viaje.
Ya en la costa, en caleta Cifuncho,
Siempre contamos con aquello del que todos duerman plácidamente, con una tranquilidad en la que se pudiesen contar los angelitos o las hadas del sueño, pero como resulta habitual, no faltan los desvelados, o, los inquietos, que se bajaron prestos apenas se detuvo nuestro bus. Un gran letrero nos indicaba que estábamos en Cifuncho, pero no bastaba tan sólo con aquello. Algunos comenzaron a bajar a la playa y luego se dirigieron al poblado hasta llegar al muelle, resulta evidente que más de algún residente se debió sorprender y dudar de nosotros -los recién llegados- e incluso hubo uno que se asomó a su ventanal, haciéndose visible, lo que nos permitió establecer una amena conversación con el lugareño. Era de Coquimbo, pero radicado hace más de 40 años en el sector y, siendo buzo-mariscador, sabía bastante del territorio y tenía algo que se agradece, la facilidad para comunicar dicha información y hacerla entendible a todos, no era simpleza de vocabulario por su simpleza de vida, cosa que ustedes entenderán, era una virtud aprendida con los años (algunos le llaman sabiduría), también con la experiencia y con algo que nos agrada, aquello de preguntar al que sabe o buscar en los textos (si los hubiese disponible) para entender su territorio y poder explicarlo al que le quisiera escuchar y vaya que lo escuchamos. Cuando nos preguntó que andábamos haciendo, sólo respondimos que conociendo su tierra y tratando de comprar empanadas, ahora, que fuesen las 05 de la madrugada, eso era tan solo circunstancial.
A las 7 de la mañana, cuando asoma el sol por el lado de la cordillera, los cerros se van llenando de colores y el mar retoma su color azul, es el momento de continuar nuestro viaje. Para algunos el bus sigue siendo muy cómodo y abrigado, por lo tanto, siguen su sueño. A eso de las 07.30 horas entramos de lleno por el territorio del Tigrillo; algunos, los menos, asocian el nombre a un cerro al que se le llama Tigrillo y, si hemos de hablar con la verdad, nos parece que hay que ser muy pareidólico para ver a un gato en dichas formaciones. Nosotros pensamos que dicho nombre viene de un gato salvaje que habitó, o aún habita, por estos lugares.
Se vienen las curvas cerradas, esas que si bien no fueron obstáculo en nuestro viaje anterior, ahora resultan de cuidado, el camino –o lo que queda de él luego del paso del agua- es tierra y gravilla, resbaloso y mucho más estrecho, pensamos -en algún momento- que tendríamos que partir el bus en dos para hacerlo pasar por ciertos lugares, pero pudo más la pericia del conductor (sigo sierra en mano por si mi opinión se debe ejecutar). Entramos en el primer llano, espacio libre, naturaleza, mucha vegetación y por donde vamos no hemos visto ser humano alguno, eso habla muy bien de nuestra elección de recorrido. Entramos por la segunda cadena de cerros, por el fondo mismo de una quebrada que nos llevará a nuestro destino; por aquí el camino no sólo se estrecha, también quedaron surcos y grietas (a ambas lados) que hacen a nuestra ruta algo riesgosa. Subimos por suaves laderas y bajamos por hondonadas, un camino peligroso pero entretenido, muy hermoso, hasta que llegamos a la última estribación y viene la bajada final, a la quebrada de la Cachina.
Teníamos muy claro que por estos lugares había llovido bastante y que, cuando llueve, quedan marcas profundas en el territorio. La carretera es la primera en verse afectada, ya que está compuesta de tierra compactada y bischofita, aquél mineral natural de cloruro de magnesio hexahidratado obtenido en el Salar de Atacama, tan usado en los caminos rurales de la región. Esta cubierta estabilizadora fue removida en algunas partes del camino, haciendo más lento nuestro transitar, por precaución. Las quebradas también se vieron comprometidas con los aluviones y el terreno se volvió de cuidado ya que, al verse humedecido, se torna lábil e inseguro tanto al apoyo como a la marcha.
La Cachina también tuvo sus impases, pero la vegetación, especialmente la Grama salada -Distichlis spicata- contuvo eficazmente la riada en ciertas partes. Toda el agua que proviene de los cerros aledaños se vertió en estas aguadas y solo originó daños en el camino sin afectar la vegetación y la fauna existente. Ahora, ¿De dónde proviene el agua que fluye por dicha quebrada y que mantiene estos ecosistemas?. Los estudios nos indican que provienen de un cerro que se encuentra a los pies del Cerro Chicoteado, es decir, por sobre los 1900 m.s.n.m y recorre el desierto hasta llegar a la costa en una extensión de 110 kilómetros. Desde La Cachina misma, hablamos de las vegas de la Cachina, por su vegetación palustre que se supone especialmente compuesta por Scirpus chilensis, especie que no vimos y que no hemos visto en otras oportunidades (¿Será tal vez Juncus acutus?), nos vamos por la quebrada en dirección oeste, camino a la aguada. En el trayecto nos encontramos con La Placilla de Esmeralda, ciudadela ubicada sobre un promontorio cuyo extremo oeste da directamente a una enorme grieta rodeada de grandes cumbres y muchas más grietas. Habría que ser guanaco para vivir y transitar por dichos lugares.
Sobre La Placilla de Esmeralda propiamente tal.
Es muy poco lo que hemos encontrado sobre este asentamiento, más bien, breves referencias en los escritos de antiguos naturalistas, ingenieros y gambusinos. Su historia -contemporánea por supuesto- se remonta a 1880, en los inicios de la Guerra del Guano y del Salitre y se le asocia a la industria de la plata, aunque si vemos el mapa geológico y mineral, podemos decir que esta zona destaca por sus rocas intrusivas (dioritas a granitos) con fallas tensionales que albergan mineralización de cobre y oro. Entonces ¿De dónde sale la plata? El hecho de que se nombre el cobre y el oro no significa que no hubiese plata, se le dio más importancia a los dos primeros minerales, pero, según los consultados para este escrito, la plata provenía de los mantos de Guanillos y las minas de Tigrillo, material que se depositaba en Esmeralda y luego se trasladaba a caleta Tigrillo para su embarque, y es ahí cuando entra nuestro buzo-mariscador quién nos dice que no hay cimientos, soportes o vestigios de que en aquel lugar haya habido un embarcadero, y que dicho material -ya procesado- era llevado a Cifunchos (Con « s» final, como lo dicen los mapas antiguos) para su embarque.
Esmeralda tuvo dos periodos de bonanza, desde 1880 a los inicios de los 1900 y entre 1940 hasta una fecha indeterminada, cuando fue reabierta y trabajada por una familia dedicada a la minería y que nos indican se dedicaban al oro.
¿Cuánta gente albergó dicha placilla?
Esta placilla fue el resultado de una planificación que denotaba una mayor presencia del Estado, comisionándose a Máximo Villaflor para que hiciera formal distribución de lotes y estructurara la incipiente vida urbana. En 1883, escribía al intendente de Atacama acerca de las dificultades que presentaba “uniformar una importante población de dos mil habitantes”. Más tarde, la Comisión exploradora del desierto de Atacama, realizó las mensuras para dejar “relacionado el local de las minas principales con el puerto más próximo de la triangulación general del Desierto”, levantándose el plano topográfico y verificándose otras operaciones de interés para el conocimiento de ese distrito minero. En el caso de este mineral, el damero usado como base de la distribución del poblado se adecuó a la morfología del lugar, pues al estar asentado en una quebrada se mantuvo la forma alargada, distribuyéndose 97 lotes en ocho manzanas rectangulares en un eje norte-sur.
Aunque tan sólo el puerto de Esmeralda albergó a doscientas personas, la existencia de la Placilla de Esmeralda fue efímera. Se fue despoblando paulatinamente, quedando como una ciudad fantasma una vez que los caminos cayeron en desuso.
Hay presencia de guanacos y otros animales por ciertos lugares, también hay presencia de cazadores. No nos extraña ¿A alguien le extraña?
Para saber un poco más:
El Departamento de Taltal: La Morfología del Terreno y sus Riquezas. Ludwig Darapsky
https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/colecciones/BND/00/SM/SM0000606.pdf
























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