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sábado, 25 de abril de 2026

LOS ZAPATOS DE LAS ACÉMILAS

 

Los Zapatos de las Acémilas


Acémila se entiende y define como animal de carga que incluye a caballo, mulas, bueyes y burros.

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Nos indican las antiguas tradiciones que, las herraduras “para la suerte”, deben ser clavadas sobre el dintel de la puerta con la abertura hacia arriba, para que la suerte no se caiga, pero ¿no será mejor clavar una “herradura de huevo”, para que la suerte no pueda escapar por parte alguna?

 

Hablemos de herraduras entonces, para la suerte.

 

Es común encontrar viejas herraduras, enteras o partidas, en aquellos lugares del desierto en los que hubo labores, de cualquier índole, a fines del siglo XIX e inicios del siglo pasado. Esto, porque la única fuerza motriz disponible por esos entonces era la de las caballerías y los bueyes.

Sin embargo, algo que probablemente sorprenderá a más de alguno es que no son herraduras para caballos lo que más se encuentra.

 

Habitualmente se encuentran herraduras para mulas, porque era este animal la principal fuerza de trabajo y su número se contaba no por cientos sino por miles. Se calcula que para 1850 había ya unas 3.000 mulas trabajando en las salitreras de Tarapacá y se sabe que para 1855 ya no había forraje suficiente en los valles nortinos para alimentar a estos animales de carga y tiro, a pesar de que la mayoría de la tierra fértil se dedicaba a ese cultivo. Las mulas, como los demás animales que deben herrarse, deben renovar su calzado cada 35 o 40 días y con mayor frecuencia aun cuando trabajan en suelos duros; esto nos lleva a suponer que en ese entonces había trabajo permanente para los herreros y explica fácilmente el que puedan encontrarse restos de herraduras a lo largo y ancho del desierto.

 

Pero no sólo las mulas las que nos han dejado los restos de su calzado, sino también caballos, burros y bueyes. Las herraduras utilizadas por cada uno de estos animales son fáciles de diferenciar entre ellas, por su tamaño y su forma. Las de mayor tamaño, con su tradicional forma en U pero tan anchas como largas, son de caballo. Luego vienen las de mulares, que son algo más angostas, pero conservan bastante de la forma. Las de burro, menos frecuentes de encontrar, tienen forma de U pero son pequeñas y angostas, con sus laterales menos curvados, por lo que la diferencia con las de caballo son evidentes. Y, finalmente, las de buey resultan inconfundibles, ya que estos animales, al tener pezuñas hendidas en lugar de cascos, requieren de herraduras especialmente diseñadas para ellos. Son dos para cada pata, en forma de cuarto creciente, poniéndose cada una en una mitad de la pezuña, siendo más ancha en la parte plantar y más angosta en las lumbres (extremos).

 

Es posible que para muchos resulte una sorpresa el enterarse de que los bueyes también usan herraduras, pero creemos que esto se puede explicar porque no se hierra a los bueyes siempre y en todos los lugares, sino solamente para trabajar en caminos duros o pedregosos, especialmente si han de recorrer largos trayectos, ya que las pezuñas de este animal no son tan resistentes como las de las caballerías y se desgastan severamente al tirar de carros pesados, oficio principal de los bueyes. Dadas las condiciones del terreno y las grandes distancias que debían recorrer las carretas por el desierto, se comprende la imperiosa necesidad de mantener herradas a estas nobles bestias.

 

Para finalizar, mencionaremos otro tipo de herradura, no menos sorprendente para los legos en el tema que la de buey: la herradura “de huevo”.

 

Existe un gran número de formas y estilos de herraduras, casi que una para cada país que tenga tradición de uso de caballerías, mas todas tienen en mayor o menor medida la forma de arco que conocemos. Pero hay algunas que rompen esta tradición, como la que mencionamos anteriormente. Se conoce como “de huevo” a una herradura que tiene forma ovalada y es enteramente cerrada, como una “O”, en lugar de abierta en “U” como son habituales en las caballerías. Herraduras similares a esta (con un corte recto en un extremo) se utilizan en los caballos en forma terapéutica, cuando tienen alguna herida o enfermedad en el casco, para que puedan recuperarse; pero en el caso de los mulares las herraduras de huevo se utilizan como una ayuda al animal, para proporcionar un mejor agarre en terrenos difíciles, permitiéndoles pisar con mayor firmeza y seguridad, a la vez que protegen su pata de sufrir daño.

 

Resulta importante decir que herrar un animal no sólo no es una tarea simple, sino que incluso puede ofrecer serias dificultades. Por ejemplo, se dice que los mulares son –por lo general- difíciles de calzar, ya que no tienen buena disposición para ello y pueden intentar morder o patear al herrero. En contraposición a eso, estos animales pueden trabajar –en ciertas labores- sin necesidad de llevar herraduras, ya que tienen cascos más fuertes y resistentes que los caballos; sólo hay que cuidar que los cascos se mantengan sanos.

 

Dificultoso resulta también herrar a los bueyes, ya que estos pesados animales no pueden ser herrados de pie, como caballos, mulas y burros. Estos últimos tienen la capacidad de mantenerse de pie apoyando sólo 3 patas, por lo que es cómodo para el herrero trabajar en la cuarta de ellas, en tanto los vacunos simplemente no pueden hacer tal cosa; si se les quisiera mantener con una pata en alto se caerían. Por esta razón, la única forma de herrar a un buey es levantándolo del suelo, de manera de poder acceder a sus patas libremente. Para esto es necesario contar con una armazón especial, fija al piso, dentro de la cual se introduce al animal para poder alzarlo mediante el uso de fajas y poleas. Esto implica que necesariamente se debe llevar al buey a ese lugar específico para poder herrarlo.

 

Finalmente, no podemos dejar de decir que el herrar a un animal no es una tarea simple, sino todo un arte, o mejor aún una ciencia, que requiere de conocimientos y gran habilidad. Un error cualquiera puede causar no sólo problemas al animal, sino hasta su invalidez. Todo debe ser hecho de la forma correcta, algo tan simple como poner herraduras muy pesadas puede hacer esforzarse más de lo conveniente al animal; que las herraduras no sean de un peso equivalente puede lesionar a la bestia; realizar un mal rebaje del casco, una mala colocación de los clavos o incluso elegir mal la herradura adecuada puede llevar a un desastre.




















 


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