sábado, 21 de enero de 2017

LA RADIO EN ANTOFAGASTA



LOS AÑOS DORADOS DE LA RADIO A.M.


     La historia local nos dice que fue un día 12 de octubre de 1920 cuando los tripulantes y pasajeros del buque "Taltal", que se encontraban a la cuadra de Caldera en pleno viaje entre Antofagasta y Valparaíso, fueron sorprendidos con una selección de zarzuelas y el sólido timbre de voz de Jaime Pedreny Gassó con expresiones de saludo. La señal se emitió desde los estudios ubicados en la calle Eduardo Lefort, detrás del antiguo Hospital Era la primera emisión radial de Chile.


   Aunque este hecho debió quedar marcado como el nacimiento de un nuevo medio de comunicación social, apenas quedó registrado por cronistas e historiadores. Incluso, se insiste en atribuir dicho mérito a Enrique Sazié y al profesor Arturo Salazar que emitieron la señal sonora desde un salón de la Universidad de Chile al hall del diario "El Mercurio de Santiago", el día 19 de agosto de 1922. Casi 2 años después de la emisión pionera en el norte del país.

Enrique Sazié Herrera

     La primera radio emisora que funcionó en Antofagasta se llamó Ch.A.O. Radio Chile-Antofagasta-Onda, El aparato que permitía enviar y recibir señales de voz había sido encargado por Pedreny a Estados Unidos, un año antes y fue probado varias veces hasta la emisión oficial.
     Unos años más tarde, la Compañía de Salitres instaló otra estación radial en sus instalaciones, y al mismo tiempo, llegaban a Antofagasta los primeros radiorreceptores.
    Hacia 1924, la emisora pionera se pasó a llamar "CMCA Radio El Mercurio" y hacia 1934 se llamó Radio Norte CA 127, finalizando como Radio Cooperativa en 1942.
    En la historia radial encontramos otras radioemisoras ya desaparecidas, pero recordadas. Estas fueron: Radio Libertad (de Antonio Cajiao González) iniciando sus emisiones el 22 de enero de 1942, Radio Coloso, Radio La Portada 95.1 FM (años '60), FM Astral (1978-1982), Radio Láser 102.5 FM (1987) Definitiva FM (106.9), entre otros. También contó con filiales de emisoras nacionales, como el caso de Radio Minería de Antofagasta (1963-1999) y Radio Nacional
   Siguiendo con la historia. Radio Antofagasta 146 AM fue considerada la emisora en funcionamiento más antigua de la ciudad, cuyas transmisiones comenzaron el 10 de agosto de 1937, bajo el nombre de Radio España. A ella le siguen la Radio Universidad de Antofagasta que empieza a transmitir en la frecuencia CA 121 AM como la filial Antofagasta de la Red de Emisoras de la Universidad Técnica del Estado, el 24 de Abril de 1968 y comienza a transmitir en FM el 28 de Noviembre de 1990, Años después le siguen la Radio Desierto (1980), Radio Sol (empezó en 1982 como Radio U. del Norte y desde 1983 se llama Radio Sol), Radio Máxima (1988), Radio Centro FM (1989), Radio Carnaval (1993), Radio Canal 95 (1995), FM Plus (1999) y FM Azúcar (2000).

Los Primeros Equipos.

La radio surgió muy emparentada con el sistema Morse y los primeros equipos de transmisión telegráfica fueron, inevitablemente, de la marca Marconi. Uno de ellos quedó instalado en la vivienda de Jaime Pedreny Gasso, ubicada en calle Eduardo Lefort. La llamada "válvula de rayos catódicos" fue la que permitió transmitir y recibir señales moduladas.

En 1937, el dial se refuerza con la aparición de Radio España de Ángel García Agra, que luego toma las denominaciones de Radio Loa a la actual Radio Antofagasta, que se mantuvo por siempre en la Amplitud Modulada (AM).
También se incorporaría otro de los pioneros, Antonio Cajiao González, hijo de españoles, nacido en Iquique donde poseía la Radio Esmeralda. Aquí, abre como filial a la Radio Libertad que sale al aire el 22 de enero de 1942 como C.A. 124 y que después se muda a la frecuencia de 900 kilociclos y queda como C.A. 90.

Algunos Hitos.

     Los comienzos fueron difíciles y algo angustiosos para quienes, a duras penas, lograban adquirir o fabricarse un aparato receptor. La legendaria transmisión del combate boxístico por el título mundial de Estanislao Loayza fue seguida por un grupo de ávidos aficionados en la calle Caracoles en la residencia del señor Clavel, quien era un conocido fabricante de bebidas gaseosas.
  Otros acontecimientos como la Segunda Guerra Mundial, las elecciones presidenciales o fallecimientos de grandes dignatarios lograron situar a la radio en un lugar de preponderancia entre los medios.
    La voz de Pepe Abad y su Repórter Esso de las 13.30 horas o los impactantes reportajes desde Laguna del Desierto emitidos por Mario Gómez, así como las ediciones del Correo de Minería a las 23 horas, con Juan Carlos Coronado en la lectura de noticias, marcaron hitos significativos.
    El deporte con la transmisión de los mundiales de fútbol y toda la trayectoria en el profesionalismo de Antofagasta, así como el Mundial de Básquetbol efectuado en nuestro país, el waterpolo y tantas otras disciplinas también llenan espacios relevantes en esta historia.

Los Espectáculos.

    Sin embargo, las voces locales sobresalían por la cercanía y calidez de sus contenidos. Para muchos, la "edad de oro" de la radiotelefonía antofagastina se extiende desde fines de los años 50 hasta mediados de los '70.
     Uno de los factores más llamativos lo constituyeron los espectáculos "en vivo" que se ofrecían al público en los respectivos salones auditorios, donde desfilaron una galería impresionante de artistas, cantantes y animadores.

Danny Chilean

   En este sentido, la Radio Cooperativa con la inconfundible voz de Ricardo Olivares, que funcionaba en el Colectivo Perú, o la Radio Minería con las voces de Anita Pérez, James Wall o Manolo Aranda en el ala norte del Hotel Antofagasta, protagonizaron momentos memorables.
Toda la llamada "Nueva Ola" desfiló por estos micrófonos con presentaciones que se extendieron a la Plaza Colón o las vidrieras de las tiendas Chelino de calle Baquedano o la Casa Orlando de calle Matta.
Sandra Ramírez

     Enrique Castel, Libertad Lamarque, José Bohr, Alberto Castillo, Los Churumbeles de España, Los Caporales, Ester Soré, Yaco Monti, Sandro y Los Perlas fueron, entre otros, los artistas que se presentaron por esos años.

Gamelín Guerra

     La irrupción de la televisión y la entrada en escena de las emisoras de Frecuencia Modulada (FM) alteraron el ambiente y obligaron a incursionar en otros derroteros a los más fuertes, o quedar a la vera del camino a los menos afortunados.

Las Voces del Ayer

     El aire se llenó de voces como las de Larry Benson, Juan Antonio Martínez, Raúl Cea Olivares, Juan Carlos Gil, Eduardo Torrens, Walter Morales, Germán Azúa, Franklyn Osorio, Nelly Rogers, Claudio Galetovic, Alba Muñoz, Germana Fernández, Alfonso Meléndez y el ya citado Ricardo Olivares y su "Cabalgata Familiar" Este último, le otorgaba un relieve especial a la lectura de "Las Glosas de Mediodía" que redactaba el poeta Manuel Durán Díaz, quien también fue autor de otro programa de fuste: "Surcando Surcos".
    Más atrás en el tiempo, aparecen otras tonalidades como las de Bernardina Barrios Ramírez (La Dama Blanca), René Largo Farías, Alfredo Lieux, Manuel Montes García y tantos más.
La radio "La Portada" refrescó el panorama de los '70 con nombres importantes como Marcos Cisternas Santis, Pedro Georgudis, Luis Santibáñez, Freddy Hurtado, Luis Cerpa Hidalgo y Jorge Gornall (control).
José Ángel García Solar

Los Tiempos de Gloria.

    La nostalgia parece inundar los micrófonos con una competencia que resultaba muy estimulante para los tiempos de gloria de la radio antofagastina. El tesón de Juan Grusic dio paso al nacimiento de la Radio Universidad Técnica del Estado que trajo una programación más reposada y cultural con Alberto Ibáñez Herrera.
     La Universidad del Norte aportó una emisora de Frecuencia Modulada con la lectura de la crónica del día con Andrés Sabella, así como con Juan Antonio Martínez, Juan Carlos Hernández y Jorge Olave en la locución.
   Durante años fue un verdadero oasis en el dial que más tarde sería inundado con la entrada de emisoras satelitales.
    Esto último, sumado al ingreso de la televisión marcaron momentos de incertidumbre. Sin embargo, como bien dicen los antiguos, la solución para estas amenazas consiste en aplicar la vieja receta de "hacer radio". Es decir, salir con los micrófonos a la calle y recoger los sonidos de la existencia cotidiana.
     Surgen ejemplos notables de la capacidad de improvisación y manejo de la inteligencia para crear programas como un concurso culinario que se transmitió desde el Balneario Municipal donde los "aromas" y "sabores" de las comidas eran recreados por los animadores. También está el caso de un Concurso de Miss Chile que permitió coronar como soberana a Ingrid Vila.


    Uno de los Pioneros en relatos Deportivos en Antofagasta Arturo Enrique Menay Echeverría (Q.E.P.D) (Radio Libertad, Nacional de Chile 70´s) Felix Acori "El Cariñosito" (Actual Concejal) Iván Olivares creador del "Club de Pepsi" de Radio Minería (Bailables Dominicales) el Sr. Varela (Q.E.P.D) Radio Cooperativa, el Sr. Mendoza de Radio Libertad (Posteriormente trabajó en TVN 1971) Omar Pedraza de gran trayectoria (Radio Antofagasta) y como dejar afuera al Profesor Mario Alberto Núñez con el primer programa infantil de nuestra Ciudad "PILDORITAS CHIQUITÍN"..
     No obstante, fue en el campo de la solidaridad social donde la radio alcanzó sus mayores logros. Los terremotos en las ciudades del sur o los infaltables temporales motivaron inmensas y exitosas campañas de ayuda con pasillos y oficinas atestadas de paquetes que, generosamente, aportaban los vecinos.
    Las encuestas revelan que la radio continúa como un medio que goza de amplia credibilidad. Su condición ubicua e instantánea le otorga ventajas que no siempre son bien aprovechadas. Con todo, sigue cautivando y atrae a miles de oyentes tanto por el aire como en el "ciberespacio" de Internet.
Las respuestas son múltiples para quienes han forjado toda una existencia en torno a esta manera de comunicación interpersonal que sirve tanto para ofrecer determinadas marcas o compases de inmortales.

En reconocimiento y memoria del Sr. José Astudillo Gómez

Jaime Pedreny Gassó

     Jaime Pedreny Gassó (1888-1941), empresario y arquitecto español radicado en Antofagasta. Entre las obras construidas destacan la actual Casa de la Cultura y el Palacio Giménez. Además, fundó la primera radioemisora de Antofagasta y realizó la primera transmisión radiotelefónica de Chile, un 12 de octubre de 1920.
En Antofagasta, Pedreny creó una empresa constructora, la cual ejecutó obras como las casas Abaroa, Camus y Giménez, el Banco Anglo Sudamericano (actual Banco del Estado) la Municipalidad (actual Casa de la Cultura Andrés Sabella) y el antiguo Teatro Nacional.

Falleció el año 1941.

QUINTÍN QUEVEDO Y EL COMBATE DE TOCOPILLA



POR UNOS CENTAVOS MÁS.


Quintín Quevedo

     La presencia de un revolucionario boliviano que desde Caracoles intentó derribar al gobierno, azuzó los ánimos. En agosto de 1872, Quintín Quevedo llega a Antofagasta desde Valparaíso para derrocar al presidente Morales. La expedición golpista es disuelta por el prefecto de Cobija. Quevedo, se refugia en la corbeta Esmeralda bajo el mando de Patricio Lynch, quien lo traslada al Perú. La falta de explicaciones del Chile a un supuesto apoyo a Quevedo impulsan a Bolivia a firmar un tratado defensivo con el Perú para salvaguardar los recursos de Antofagasta. El acontecimiento a que nos hemos referido más adelante y que, en realidad, puede calificarse de trascendental, es nada menos que la revolución del General Quintín Quevedo, en Antofagasta, y cuyas incidencias, a pesar de tener en nuestro poder abundantes datos, vamos a relatar sumariamente, pasando por alto los detalles de la gestación de este movimiento, calaverada que, injustamente, fue atribuida a1 Gobierno de Chile por los dirigentes de Bolivia. Citaremos, si, como dato histórico, que se cambiaron a este respecto enérgicas notas entre ambas cancillerías, y que con fecha 29 de agosto de 1872 el Gobierno de Chile dio por rotas las relaciones con Bolivia. Hagamos memoria de este suceso. Presidia la República de Bolivia por el año 1872, el General Agustín Morales.

 General y Presidente de Bolivia. Sr. Agustín Morales

     Sus adversarios políticos que los tenía en gran número de acuerdo con el General Quintín Quevedo, que se encontraba en Valparaíso se propusieron deponerlo. Y para llevar a cabo sus planes se encargó Quevedo de la organización del movimiento y de la adquisición de los elementos y materiales bélicos necesarios. Compró sigilosamente en dicho puerto, un regular número de rifles, carabinas de distintos sistemas y revólveres y contrató el vaporcito "Paquete de Maule" y la barca "María Luisa". Contaba, además, Quevedo, con 60 u 80 ciudadanos bolivianos que las revoluciones habían hecho emigrar a ese puerto, y con 100 individuos, más o menos, de distintas nacionalidades, enganchados ahí a cualquier precio. Con todos estos elementos se vino Quevedo a1 norte, para desarrollar su plan revolucionario. Era la mañana del 6 de agosto de 1872, cuando las naves en que venía la expedición de Quevedo aparecieron en la rada de Antofagasta y desembarcaron, sin inconvenientes alguno, su tropa, la que ocupó inmediatamente la plaza. Las autoridades, impuestas desde los primeros momentos de lo que ocurría, se reunieron y, después de corta deliberación acerca de la actitud que debían adoptar, resolvieron no oponer resistencia y dejar el campo libre a los insurrectos, y como a esa hora estaba fondeado en la bahía el vapor chileno "Lamar", listo para partir al norte, se embarcaron en dicha nave en unión de los funcionarios públicos, jefes de los diferentes servicios. Muchos residentes bolivianos de Antofagasta, desafectos a la política del Gobierno y que simpatizaban con la causa de Quevedo, se plegaron a sus filas, y el número de tropa se elevó entonces a 350 hombres, contándose entre estos como 30 ó 40 chilenos. Horas después de tomada la plaza, en forma tan pacifica, se hicieron los nombramientos de los funcionarios respectivos para ocupar los puestos públicos de las diversas reparticiones, y se colocaron proclamas en los sitios más céntricos y concurridos, dirigidas una, a la Nación y otra al Ejército. La primera empezaba así: "Bolivianos: la revolución que proclamó la libertad y cuya dirección fue entregada incautamente a un hombre de celebridad funesta, a Agustín Morales, manchado con el crimen del asesinato y condenado por el anatema, etc., etc". La otra decía:

"Compañeros de armas, antiguos soldados de Bolivia: Ya me tenéis sobre las playas de la patria, con el estandarte de la restauración nacional, para redimirla de un yugo vergonzoso. Guiado por el noble propósito que me conduce, marcho a través de los Andes, en vuestro encuentro, y os anticipo mi saludo fraternal Venid a mí, camaradas a confundiros e identificaros con vuestros compañeros. Recordad que juntos hemos compartido penas y placeres en las campañas y en el vivac. Abandonad la bandera oprobiosa que os han impuesto y en cuyos pliegues anida la traición, la cobardía, la ignorancia, la tropelía y el crimen. La patria os llama por mi conducto. Escuchad su voz y ser dignos y felices haciendo la felicidad de Bolivia. Vuestro General y compañero. -Quintín Quevedo- Cuartel General en Antofagasta, a 6 de Agosto de 1872."

     Al día siguiente de la ocupación, el General Quevedo reunió a los dueños y jefes de las principales casas que tenían negocios mineros y les exigió un empréstito especie de cupón de guerra- de 10.000 Bs., a cuenta de derechos de exportación de metales, para poder sufragar los gastos más urgentes de su expedición, a lo que estos accedieron sin oposición alguna. Después de algunos días de permanencia en este puerto, y lista la tropa para una nueva incursión, el General Quevedo militar de gran actividad se propuso apoderarse de Cobija, para lo cual embarcó nuevamente su gente en el buque "María Luisa"; pero como sabia que Cobija tenía una buena guarnición, determinó desembarcar en Tocopilla como en efecto lo hizo y marchar por tierra a1 primero de los puertos nombrados, para tomarlo de sorpresa y por retaguardia. Pero coincidió esta resolución suya con el hecho de que apenas se supo en Cobija la ocupación de Antofagasta, el Prefecto señor Ruperto Fernández empezó a preparar toda su tropa para marchar en su auxilio y batir y desalojar a los revolucionarios. El día 9 de agosto fondeó en Cobija el vapor inglés "Paita", y las autoridades propusieron al capitán transportase la tropa a alguna caleta próxima a Antofagasta, a lo que se negó redondamente. Después de muchas e insistentes gestiones y ofreciéndole un excelente pago a la Compañía, el capitán aceptó conducirla hasta cerca de Mejillones, frente a la caleta del guano, a donde llegaron a las 5 de la tarde de ese mismo día.


 Mejillones 1879 (Biblioteca de Caminantes Del Desierto)

Muchas dificultades se presentaron para la movilización por tierra de la gente y los elementos bélicos que traían, por cuya razón tuvieron que demorar ahí varios días, hasta que, al fin, supieron que los revolucionarios habían abandonado Antofagasta y aparecido en Tocopilla. Esta inesperada noticia hizo cambiar sus planes al jefe de las fuerzas del Gobierno, y el día 18 se embarcó otra vez con sus tropas rumbo a Cobija, para dirigirse desde ahí a atacar a los insurrectos.

 Cobija 1879 (Biblioteca de Caminantes Del Desierto)


     El 19, después de armar con cañones dos lanchas (Una de ellas a vapor) y conseguir algunas mulas, las fuerzas gobiernistas emprendieron la marcha, parte por mar y parte por tierra, en dirección a Tocopilla, donde estaba el cuartel general de Quevedo y su tropa. El 21 acamparon a medio camino (caleta de Atala), sin novedad alguna. El 22, a las 6 de la mañana, llegaron a Punta Blanca, a 2.1/2leguas distante de Tocopilla.

 Tocopilla 1879 (Biblioteca de Caminantes Del Desierto)

     Después de un pequeño descanso, emprendieron otra vez la marcha y llegaron a ese puerto. El vaporcito "López Gama" que estaba en poder de los revolucionarios y que había sido armado con tres cañones de artillería, rompió contra ellos sus fuegos, los que fueron contestados inmediatamente por los del Gobierno. Momentos después el "López Gama" apagó sus fuegos y se dirigió a1 centro de la bahía. Mientras tanto, las tropas del Gobierno siguieron avanzando hasta llegar a la misma población, donde se les hizo un simulacro de resistencia, pues los pocos soldados de la guarnición de tierra empezaron precipitadamente a embarcarse en el vaporcito "Morro". Momentos después se hacia la noche y parecía que un armisticio había hecho cesar por ambas partes las hostilidades.  Cuando al día siguiente el Prefecto señor Fernández se aprontaba nuevamente para reiniciar la lucha, se sorprendió con la noticia que el General Quevedo había depuesto las armas voluntariamente y se había asilado bajo el pabellón chileno, a bordo de la corbeta "Esmeralda', que a la sazón se encontraba en dicho puerto, bajo las órdenes del Comandante don Luis A. Lynch, y a quien había hecho entrega de los dos vaporcitos de que se había apoderado, como consta de la siguiente nota que el Jefe ya citado envió a1 Prefecto señor Fernández: "Comandancia de las fuerzas navales de la República de Chile en el litoral de Bolivia.-Tocopilla, Agosto 23 de 1872- Señor Prefecto:-El señor Quintín Quevedo, jefe de las fuerzas bolivianas que expedicionaban sobre este litoral, se me ha presentado por sí y a nombre de su gente, abordo de la corbeta Esmeralda en demanda de asilo, que se le ha concedido, hallándose a estas horas desarmado y dando por terminada la lucha en que se hallaba empeñado.


Recreación del Combate de Tocopilla (Biblioteca de Caminantes Del Desierto)

     En consecuencia, y habiéndome también declarado que los vapores de que disponía, el "Morro", que pertenece a las autoridades de Bolivia y el "López Gama", al señor de este mismo nombre, tengo la honra de ponerlos desde hoy a la disposición de U.S. sirviéndose U.S. encargar a las personas que hayan de recibirlos del oficial de la Marina de Chile que actualmente los custodia.
Con tal motivo, ruego a U.S. se sirva aceptar las consideraciones de particular aprecio con que soy atento y seguro servidor de U.S. (firmado) -Luis A. Lynch.- A. S.S. el Sr. Prefecto del Departamento Litoral".
     A esta comunicación, contestó el señor Prefecto con una atenta nota, en uno de cuyos párrafos decía:"Es muy satisfactorio para la autoridad superior del departamento litoral, que la lucha que provocaran el señor Quevedo y sus compañeros de expedición, haya terminado de la manera que U.S. me indica, y que el pabellón chileno, que simboliza la gloria de una nación hermana y aliada de Bolivia le sirva de asilo en su desgracia". De esta manera, como se ve, un tanto cómica, terminó la improvisada como original expedición revolucionaria del General Quintín Quevedo y que tenía como finalidad, según lo decía la proclama, restaurar la libertad en Bolivia y redimirla del yugo oprobioso del Presidente don Agustín Morales. El buque "María Luisa", de propiedad de los insurrectos, fue capturado ese mismo día en Paquica, donde lo habían dejado en poder de tres marineros. El "María Luisa" fue declarado "buena presa" por el Gobierno de Bolivia, y algún tiempo después se remató en pública subasta. Era de 140 toneladas de registro y siguió enarbolando la bandera boliviana hasta que naufragó a Ia entrada de Constitución, el 10 de septiembre de 1875.
     El "María Luisa" hacia el viaje desde Iquique y era mandado por el Capitán Cussianovic.
Ahora, refiriéndonos al "cupón de guerra" o empréstito de Bs. 10.000 Bs. recolectados en este puerto por orden del General Quevedo, existe la versión que casi la totalidad de esta suma fue entregada como depósito a un antiguo y conocido comerciante inglés que por muchos años residió entre nosotros, suma que dicho señor la consideró como "caída del cielo", como vulgarmente se dice, y que le sirvió para acrecentar su fortuna -que años más tarde fue cuantiosa- pues nadie volvió a reclamarle el ya citado dinero.
     Esta versión nos ha sido confirmada por el antiguo vecino de la localidad señor Perkins Shank, que hoy reside en Mejillones y que nos merece completo crédito. Después de muchas vicisitudes, el General Quevedo falleció en Puno, Perú, lugar de su residencia, el 24 de agosto de 1876. Fue un hombre ilustrado e inteligente, y, como tal, tuvo una brillante actuación en su país. Político y escritor, fue candidato a la Presidencia de la República y Ministro Plenipotenciario en el Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Un inspirado poeta boliviano-don Mariano Ramallo- dijo de él, con motivo de su fallecimiento en el ostracismo: "Llorad al hombre ilustre, cuyo aliento Hasta su triste, su postrer momento, Fue por la libertad: Respetad siempre sus cenizas caras; Su elevado civismo y sus preclaras Virtudes."

 Subdelegación de Mejillones 1879 (Biblioteca de Caminantes Del Desierto)

TERREMOTO Y MAREMOTO DE ANTOFAGASTA



 TERREMOTO Y MAREMOTO DE ANTOFAGASTA. LOS DÍAS MÁS TRISTES


   El 9 de mayo de 1877 ocurre un sismo en Antofagasta que deja las precarias construcciones en el suelo, por lo que los diputados bolivianos propusieron un préstamo extranjero para su reconstrucción.


   Eran las 8 y 30 minutos de la noche del 9 de mayo de 1877, cuando la población toda de este puerto se sintió sobresaltada por una persistente oscilación terrestre, la que se convirtió poco después en un fortísimo temblor que, rápidamente, fue aumentando en intensidad hasta adquirir la magnitud de un terremoto. Los edificios, en ese entonces construidos casi todos de material ligero, crujían con gran ruido y parecían agitarse como débiles maderos, pues la tierra oscilaba fuertemente, dificultando el andar y aun el poderse mantener en pie. La gente, atemorizada y exhalando lastimeros gritos, se lanzaba a la calle, presa de gran espanto. A esto se unía, causando mayor pavor, el toque de la campana del Cuerpo de Bomberos que daba la alarma por dos o tres amagos de incendios producidos casi simultáneamente por algunas lámparas a parafina, volcadas por los fuertes remezones. “La tierra parecía un mar embravecido, decía un periódico de aquella época. Levantaba oleadas de polvo y crujía con tanta fuerza, que era difícil percibir los gritos de los desesperados habitantes”. “Las casas se mecían cual débiles barquillas y todos los vecinos, despavoridos, salían a la calle clamando socorro” El primer temblor-que fue de gran intensidad y de cortísimas intermitencias-duraría entre 4 y 5 minutos; pero la tierra continuó oscilando. A cada momento se sentían nuevos movimientos. Y cuando parecía que la naturaleza iba a dar tregua a esos momentos de angustia; cuando las madres buscaban afanosamente a sus hijos, perdidos en la natural confusión de los primeros instantes, y estos, llorando, llamaban a sus padres; entonces, un grito horrible, unísono y desesperante, se dejó oír por todas partes: “el mar se sale, el mar se sale”. Si grande fue el espanto y la tribulación de los consternados habitantes mientras la tierra se agitaba con furia, mayor fue aún y más horrible su desesperación, al oír el fatídico anuncio de que el mar se precipitaba sobre la población. -“El mar, sale!”; “el mar, se sale!”, decía la gente, que en loca carrera y fuera de sí, se dirigía a los cerros, huyendo en abigarrada confusión. Muchas personas corrían con los niños asidos de la mano; otras -mujeres y hombres- con criaturas en los brazos. Y algunas señoras, poseídas de intenso pánico, huían por las calles, llevando lámparas encendidas, que, tal vez, en los primeros momentos y como medida de precaución, habían cogido para que no se produjeran incendios. Pero lo que conmovía más era ver los ancianos y personas agobiadas por alguna enfermedad, que, entre llantos y quejidos, habían abandonado sus lechos para buscar refugio y que como mejor podían se dirigían a los cerros. Los de ánimo más tranquilo o tal vez los previsores, se proveyeron de faroles de mano para alumbrar el sendero que recorrían, y esta excelente idea de algunos fue imitada por cuantos pudieron hacerlo, lo que les sirvió para llegar a los faldeos de los cerros, y muchos hasta la cumbre. Tal era el pavor que se había apoderado de todos los habitantes. Entre el anuncio que el mar salía, y que fue dado cuando este empezó a recogerse, transcurriría una media hora. Entonces fue cuando se sintió un ruido formidable, producido por el mar embravecido que, impetuoso, se precipitó sobre la población. Por suerte, en esos momentos casi todos los pobladores estaban ya en los cerros, y los pocos que quedaban en el plano, de pie o a caballo, se encontraban a larga distancia de la ribera y en atenta observación de lo que estaba ocurriendo. Antofagasta entero pudo haber desaparecido en esa noche aciaga, pues quedó comprobado, con toda evidencia, que vino del norte la gran impetuosidad del mar y que el cerro Moreno fue una valla natural poderosa que la contuvo, en parte, haciendo disminuir sus desastrosos efectos. Ruinas del puerto de Cobija, después del terremoto y salida de mar de 1877. Otro factor importante que favoreció también a este puerto fue su edificación. En esos años no existía ninguna casa de más de un piso, ni tampoco de material sólido. A1 no haber sido así, muchas construcciones se habrían derrumbado y las victimas habrían sido numerosas. Mientras tanto, los temblores siguieron repitiéndose durante la noche, aunque con menos intensidad; y la gente, temerosa que se produjera una nueva salida de mar, tuvo que resignarse a pernoctar en los cerros, privada de todo recurso. Al día siguiente, los consternados habitantes se atrevieron a retornar a sus hogares y pudieron contemplar los destrozos que el mar había ocasionado El Blindado “Blanco Encalada”, de nuestra marina de guerra, que a la sazón se encontraba fondeado en este puerto cuando se produjo el terremoto, levó anclas inmediatamente y salió a alta mar evitando todo peligro; pero regresó en las primeras horas del día siguiente, y la primera medida de su Comandante, don Juan Esteban López, fue ofrecer a las autoridades los auxilios de que podía disponer. El Prefecto, don Narciso de la Riva, aceptó agradecido, y treinta hombres armados de la dotación de dicha nave fueron los que prestaron utilísimos servicios, resguardando la población y evitando los robos de las mercaderías que el mar había diseminado en distintas direcciones.

 Blindado Blanco Encalada. Antofagasta 1879

   Ahora, demos una rápida ojeada sobre los perjuicios que el terremoto y salida de mar ocasionaron a este puerto. Lo primero que veía al regresar cada cual a su hogar o a1 sitio donde tenía su negocio, era un desordenado hacinamiento de todo y la destrucción más completa. En los almacenes, despachos, boticas, etc., cayó cuanto había en las estanterías, de manera que no quedó artículo u objeto de cristal que no se destrozó completamente. El mar, en su salida, había llegado hasta el centro de la Plaza Colón, sitio donde quedaron varadas algunas embarcaciones. En la misma Plaza y calles adyacentes se veían diseminados -en gran confusión- numerosos bultos de mercaderías, fardos de pasto, sacos de cebada, etc. Una lancha cargada con mercaderías diversas quedo tumbada frente al almacén de Doll & Co., (Hoy Mitrovic Hnos.) por la calle Sucre; otras lanchas y botes quedaron destrozados y varados a lo largo de la playa. El edificio de la Aduana fue arrancado de su sitio y quedó atravesado en medio de la calle Bolívar; los almacenes de la misma repartición fueron destruidos en gran parte. Un edificio de don Jorge Hanrriot, que estaba situado en la esquina sur-este de la misma manzana de la Aduana (hoy galpones de depósitos de mercaderías) fue destruido y arrastrados sus restos hacia el costado opuesto de la calle Sucre. La oficina de Correos fue arrasada completamente, como asimismo gran parte del cierre de la Cia. de Salitres y Ferrocarril. La máquina condensadora de Agua de D. Rafael Barazarte (hoy oficinas de las firmas Guillermo Stevenson y Cia. y “Nitrate Agencies Limitada”, y el edificio donde estaba instalada la, “Empresa de Carretas de Antofagasta”, situada donde está ahora la firma Hoschild & Co.,” fueron sacados” totalmente de su sitio y arrastrados a más de media cuadra hacia el norte, por el medio de la calle Colón, hoy Balmaceda. Los edificios del Pasaje Ballivián (hoy Pasaje Sargento Aldea) fueron en su mayoría destruidos y hubo casas que quedaron casi unidas, las del lado del mar, con las del lado opuesto. Sufrieron también grandes perjuicios, las casas comerciales de Dorado Hermanos, esquina Sucre con Balmaceda, (hoy almacenes de la Aduana), las de Doll & Cia. y la Escobar, Ossa & Cia., en la calle Sucre; como también todas las casas e instalaciones próximas a la ribera del mar, a excepción de las del lado de Bellavista. Como en ese entonces este puerto carecía de líneas telegráficas, nada se podía saber de lo que hubiese ocurrido en los pueblos del interior o del Litoral; pero a eso de las diez de la mañana del día siguiente, llegó un “propio” de Mejillones, don José Antonio Tirapegui, y comunicó la noticia que ese pueblo casi había desaparecido; que había muchas víctimas y que todos los habitantes carecían de agua, de alimentos y abrigo, habiéndose destruido hasta las máquinas condensadoras de agua. Inmediatamente las autoridades, de acuerdo con los comerciantes mayoristas, recolectaron víveres y todo lo necesario para socorrer a ese pueblo.

 Mejillones 1879

   El Comandante del “Blanco Encalada”, obedeciendo a nobles impulsos, se preparó para acudir, sin pérdida de tiempo, a cumplir esa humanitaria misión. Todo se hizo con la rapidez que las circunstancias lo exigían, y el “Blanco”, llevando los primeros auxilios, zarpó de este puerto a las 12 de ese mismo día. Cuatro días después del cataclismo, o sea el 13, llegó un vapor del norte, que fue portador de otras noticias. El terremoto había hecho terribles estragos, además de Mejillones, en Tocopilla, Cobija, Pabellón de Pica, Iquique, Arica, etc. En Cobija la mayor parte de los edificios se derrumbaron y en seguida el mar arrasó con todo. Una distinguida familia de apellido Arricruz, compuesta de 14 personas, desapareció en esta noche fatal, aparte de otras 30 víctimas.

 Tocopilla 1879

   En Tocopilla los perjuicios fueron inmensos; hubo numerosos damnificados. En las poblaciones mineras de Punta Blanca y Gatico, entre Tocopilla y Cobija, fueron más de 200 los muertos a causa de los derrumbes de los cerros y de varias minas que se sentaron”. En Pabellón de Pica desapareció casi toda la población y el mar arrojó a la playa 24 buques que estaban cargando guano. Como resultado hubo 147 muertos, entre ahogados y aplastados por los derrumbes. En Iquique, aparte de los estragos producidos por el terremoto y salida de mar, se produjeron varios incendios. Las máquinas condensadoras de agua quedaron casi del todo destruidas y más de 50 personas perecieron ahogadas. Las bodegas de Zeballos y Cia., Ugarte y Gildemeister y Cia., fueron destruidas y arrasados por el mar, más de 200.000 quintales de salitre que estas casas tenían en depósito. El Establecimiento de beneficio de metales de Chacance, cerca de Calama, quedó casi en ruinas. Para el sur, los efectos del terremoto se dejaron sentir hasta Coquimbo. En Chañaral, grandes marejadas inundaron por completo los mejores edificios; también hubo un gran incendio que destruyó casi una manzana.
   En Taltal salió el mar y se ahogaron algunas personas. Un gran incendio destruyó una manzana de edificios.
   En Copiapó desplomáronse algunas construcciones; pero no hubo desgracias personales. En Coquimbo el mar, en su salida, llegó hasta la plaza. Las autoridades locales, el comercio y la sociedad entera de Antofagasta, continuaron arbitrando recursos para enviar a los damnificados, y cuatro días después del terremoto, se embarcaron para el norte los señores Abdón S. Ondarza, Antonio Marcó y Severino Campuzano, vecinos distinguidos, comisionados por el Prefecto Narciso de la Riva para repartir en Cobija y Tocopilla los recursos que se enviaron bajo el control de ellos. Pocos días después se despachó otra comisión por cuenta de la Municipalidad y de la Junta de Beneficencia de este puerto, llevando gran cantidad de víveres y como trescientos colchones para ser distribuidos entre los damnificados de Mejillones, Cobija y Tocopilla. La comisión se componía de los señores Francisco Latrille y Manuel Franklin Alvarado, ambos miembros de la Junta.

 Francisco Latrille Petisco

   El cónsul de Bolivia en Tacna, señor Zoilo Flores, abundando en los mismos humanitarios propósitos, trasmitía telegráficamente a Arica, cuatro días después del siniestro, la siguiente comunicación, solicitando el rápido envío de artículos alimenticios y provisiones para los damnificados: “Tacna, Mayo 13 de 1877.-Señor Prefecto.-Arica.- Ocurro a V. S. por la urgencia del caso.- Sírvase decir a Jefferson y Cia., que manden a1 Intendente de Cobija, en el vapor de hoy: agua, arroz, bueyes, charqui, galletas, sal, frejoles bayeta, etc., etc., por valor de tres mil soles. Todo por mi cuenta.- Zoilo Flores.” Por su parte, apenas impuesto el Gobierno de Bolivia de la catástrofe ocurrida en el litoral, se apresuró a transmitir a1 Gobierno del Perú, la siguiente comunicación. ‘AI Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores.- Excelentísimo Presidente del Perú El litoral boliviano perdido; sus habitantes sin pan ni techo; rogamos a U. S. se digne que un barco de trasporte conduzca víveres y agua a nuestra costa. El importe de todo lo abonaremos pronto.- La Paz, Mayo 18 de 1877.- H. Daza.- J. Oblitas. ‘ Los luctuosos sucesos de que hemos dado cuenta, tuvieron honda repercusión en el pueblo y Gobierno de Chile, y todos, como siempre, guiados por los más nobles sentimientos, se esforzaban en enviar su óbolo a sus hermanos en desgracia; así fue que 9 días después del terremoto, el Gobierno de Chile despachó apresuradamente el buque “Abtao”, con un cargamento de vituallas, víveres, ropa, etc., para socorrer a los damnificados del norte, extendiendo su acción bienhechora hasta algunos puertos del Perú, azotados también por la desgracia. Nuevas remesas enviadas después completaron esta humanitaria obra. Los residentes antiguos de esta ciudad, recuerdan, emocionados, las tristes escenas de la catástrofe que dejamos descrita, y mientras existan, seguramente que perdurara en ellos el recuerdo de la “Noche Triste de Antofagasta”, como con sobrada razón se la ha calificado.

 Antofagasta 1879, vista de sus cerros.

viernes, 20 de enero de 2017

ANTOFAGASTA. LA REBELDE.



ANTOFAGASTA LA REBELDE CIVILISTA

     Dice Floreal Recabarren en sus crónicas: El general Pedro Vignola Cortés, Jefe de la Primera División del Ejército con asiento en Antofagasta, conocía perfectamente el sentimiento del mundo civil en relación con las Fuerzas Armadas. Sus oficiales y el personal de tropas, lo tenían informado. Si en una góndola subía un militar, los civiles desocupaban el vehículo. Lo mismo ocurría en los cines, en los bares y en todos los lugares donde se concentraba público. No era odio, sino un sentimiento de disgusto.
Coronel Pedro Vignola Cortés

     Esto se dio entre 1931 y 1932, cuando el país vivía una profunda crisis política. Era en parte, la consecuencia del Gobierno dictatorial de Carlos Ibáñez del Campo, entre los años 1927 y 1931.No era la única causa del descontento: en 1929 el mundo se sumergió en una trágica crisis económica, que se inició en el llamado jueves Negro y a la que se sumó la pérdida de los mercados del salitre, que eran el sustento de Chile por más de medio siglo.

General Carlos Ibañez Del Campo

     Las consecuencias fueron inmediatas. El Estado trasladó a los cesantes del norte hacia la zona central. Allí se abrieron albergues que entregaban hospedaje y alimentos. Donde no hubo albergue, hubo que proveerlos de víveres. La falta de trabajo trajo consigo prostitución y robos.

Ollas Comunes

     Mientras el pueblo sufría, los políticos y los militares se alternaban en el gobierno. En poco más de un año, se sucedieron en el mando, doce distintos gobiernos. Ninguno tenía claro la forma de sacar al país del desastre económico; tomaban medidas erráticas y populacheras. Nada serio: se ordenó devolver las máquinas de coser que las dueñas de casas habían empeñado y se emitieron unos billetes tan pequeños como la economía, los “davilitas”.

Carlos Dávila Espinoza

     La crisis caló hondo en el norte grande, donde sus provincias se dolían del desamparo que vivieron por parte del Estado. Había repudio contra el centralismo. Era un asunto increíble: los gobernadores de Taltal Y Tocopilla se quejaban porque desde hace años solicitaban dinero para comprar bandera chilena. Nadie respondía y en las fiestas nacionales, eran los vecinos quienes las prestaban.

     Las injusticias tenían enfurecida a la población civil que culpaba a los políticos y a las Fuerzas Armadas. El General Vignola conocía y se preocupaba de esa situación. Le molestaba que por la mala actuación de algunos militares, fueran culpados todos de haber olvidado la doctrina castrense. El se educó bajo el estricto cumplimiento de prescindencia política y de respeto a los gobiernos legítimamente constituidos. Era la misma doctrina que años más tarde impulsara el General Schneider.


     En la ciudad había un grupo de vecinos ubicados en distintas actividades. Algunos militaban en partidos políticos, otros eran independientes. Los unía la rebelión contra el centralismo, pero vamos atrás en el tiempo y busquemos la raíz del carácter de los Antofagastinos y el porqué del descontento nortino.


Extracto del libro “Una loca historia de Chile”  de Hernán Millas.




     Septiembre de 1932, en La Moneda estaba instalado como Presidente de facto el general Bartolomé Blanche, quién sucedía a otra serie de gobernantes de facto.

Bartolomé Blanche Espejo

     Luego que fuese derrocado el Presidente Constitucional Juan Esteban Montero, los golpes de estado se habían convertido en una vergonzosa moda de ese año. Chile iba a ostentar el récord de nueve gobernantes en siete meses.

Juan Esteban Montero

     Una promesa había hecho Blanche al llegar a La Moneda: llamar a elecciones presidenciales y parlamentarias a la brevedad, cosa que también habían anunciado sus antecesores. El escepticismo cundía hasta el extremo de que los candidatos dudaban si debían hacer campaña. Aún así, se decía que si Blanche cumplía, no faltaría algún general que se tomase La Moneda antes que llegara un civil.
Candidatos uniformados al golpe no faltaban. El General Pedro Lagos era el primero que en los movimientos anteriores había llegado con tanques a La Moneda y se decía que estaba cansado de trabajar para otros. El comodoro Arturo Merino Benítez, quien desde la base de El Bosque decidía las asonadas, también podía tomar la iniciativa. Quien también aparecía en la lista era el General Otero, ministro de defensa en ese momento.

Comodoro Arturo Merino Benitez

Fue en ese clima de fronda cuando el General Pedro Vignola Cortés, jefe de la Primera División del Ejército, con sede en Antofagasta, se puso a la cabeza de la “Revolución Civilista”.

     A comienzos de septiembre se había formado en esa ciudad un comité  civilista, en el que estaban representados todos los sectores. Benjamín Aguirre, gerente de la Compañía Cervecerías Unidas, representando a los Industriales; el doctor Gonzalo Castro Toro, al Colegio Médico; Osvaldo Hiriart Corvalán, al Colegio de Abogados; el comediógrafo y periodista Julio Asmussen Urrutia, a los intelectuales; Edmundo Fuenzalida, director de El Industrial, representaba a la prensa; Luis López, Alberto Chipoco y José Ramos, a los comerciantes, sindicatos y pescadores.

     Osvaldo Hiriart en una reunión antofagastina explicó los motivos del comité civilista: “Esta división entre militares y civiles no puede continuar. El propósito de este comité será propugnar un gran esfuerzo por ambos lados: por el militar, terminar con el caudillismo y consagrarse exclusivamente a su labor profesional; y por el civil, apagar las pasiones, renunciar a los intereses egoístas y respetar al militar que cumple la misión que la patria la ha confiado”.
     Al día siguiente, estas palabras ya eran conocidas por todos los antofagastinos. En la siguiente reunión se presentó el prefecto de Carabineros de Antofagasta, coronel Humberto Contreras de la Vega, quién, enterado de los nobles propósitos del comité, llevaba la adhesión del cuerpo. Alentados por su apoyo, se atrevieron invitar al general Pedro Vignola.
     A la siguiente reunión, que se realizaban en los salones del Club de la Unión, asistió el General Vignola. Según Castro, “en un comienzo –recordaba- Vignola se sentía confundido. No era para menos. Un llamado Comité de la Civilidad debía asustarlo. La conversación fue franca. El general, de receptivo pasó a ser dialogante. Expresó sus puntos de vista. Hacía más de un año del derrocamiento del general Ibáñez y los civiles no habían podido ofrecer estabilidad. Faltaban conductores civiles, verdaderos demócratas, con visión de estadistas. Los políticos no habían estado a la altura y cada uno tiraba para su lado.
 “¿Qué  podíamos decirle? – Relataba Asmussen-. El país no podía continuar con ese carrusel de cuartelazos. La situación económica era caótica y en ese momento no había dinero para pagar los sueldos de la administración pública. Era indispensable rayar la cancha y que cada cual asumiera sus responsabilidades: los civiles acatando y respetando el resultado de las urnas, y los uniformados como garantes de la constitucionalidad. El gran paso estaba dado. Un día el 26 de septiembre de 1932, Vignola nos llamó a su despacho para leernos el telegrama que había enviado a Santiago. Fue el momento de mayor tensión dramática de nuestras existencias. Antes que Vignola terminase su lectura, ya se nos caían las lágrimas”.

Éste era su texto:

“Comando de la Primera División, al Comandante en Jefe del Ejército:
“Prensa dice que el General Blanche no entregará por ningún motivo el Gobierno hasta nuevas elecciones. Que el General Ibáñez no se abstendrá de la injerencia política y que será incorporado al Ejército. Esas noticias han producido profundo desagrado en el elemento civil del norte, que ve acercarse nuevas dictaduras militares. Los incidentes entre civiles y militares en Santiago prueban el cansancio y el odio del elemento civil por la participación de las Instituciones Armadas en la política del país.
“La guarnición de Santiago, que no representa la opinión de todo el Ejército, es culpada de la inestabilidad de los gobiernos, del estado desastroso del país y del desprestigio que hemos conquistado en el extranjero.
     En Antofagasta se produjeron delirantes manifestaciones. Se improvisaron desfiles avivando al general Vignola y exigiendo la renuncia del general Blanche. En las calles se abrazaban civiles y militares.
“El sentir patriótico del personal de la Primera División del Ejército, que hasta hoy no se había manifestado a U.S., a pesar de que en Santiago se procede a nombre de todo el ejército, abandona por un momento sus tareas profesionales para decir a U.S. que comparte con el elemento civil de ese malestar intenso, que es precursor de grandes desgracias nacionales y desea que U.S. quiera hacer presente a la guarnición de Santiago las siguientes consideraciones:
“Que repudia enérgicamente toda intromisión del Ejército en la dirección del Gobierno y que, en consecuencia, no presta su apoyo moral a ninguna actividad militar en la política del país.
“Que su anhelo más ardiente es que se establezca rápidamente el orden constitucional, para que un gobierno civil dirija las próximas elecciones con amplio derecho y libertad.
“Que la guarnición de Santiago recupere su prestigio entre nuestros hermanos civiles, prescindiendo en absoluto de su intromisión en la política de este pobre país, que vive sobre un montón de hambrientos y de cesantes desnudos, y con todas sus actividades productivas paralizadas por la inestabilidad de los gobiernos revolucionarios.
“Que el personal de la Primera División del Ejército desea intensamente la tranquilidad pública interna, la unión de todas las actividades en bien de nuestro pueblo, la mordaza para las pasiones e intereses egoístas, estableciendo cuando antes la constitucionalidad, que es la única salvación nacional en los momentos en que corremos vertiginosamente hacia la ruina social y económica.
“Que con todo el amor de hermanos y de chilenos patriotas, hacemos un llamado a la guarnición de Santiago hacia la cordura, la concordia y la disciplina nacional.
“Pedro Vignola, Comandante de la Primera División del Ejercito”.

     En Antofagasta se produjeron delirantes manifestaciones. Se improvisaron desfiles avivando al general Vignola y exigiendo la renuncia del general Blanche. En las calles se abrazaban civiles y militares.
     El Comité Civilista se convirtió en un verdadero gobierno provisional. Su primera decisión local fue relevar de sus funciones al intendente. Luego envió un telegrama al general Blanche, exigiéndole la renuncia “por no contar con la confianza pública” y porque “tal es el deseo de los chilenos patriotas que anhelan cordura, concordia y disciplina nacional”. También se acordó abrir las fronteras con Bolivia y Argentina para asegurar el abastecimiento de la población.
     Al decirle a Blanche que renunciara, el comité le dio una salida: que delegase el mando a Abraham Oyanedel, respetado presidente de la Corte Suprema.

Abraham Oyanedel Urrutia

     Blanche decretó la destitución inmediata de Vignola y el arresto de la directiva del llamado Comité Civilista. Este último anuncio resultaba absurdo porque no había en Antofagasta ninguna autoridad que la pudiera hacer cumplir. Carabineros, la policía civil y los magistrados se habían puesto a disposición del comité. La Guarnición Militar de Santiago respondió en forma altanera: “Cueste lo que cueste, será aplastada la rebelión de Antofagasta”.
     El Comando en Jefe del Ejército designó como nuevo comandante de la Primera División  al general Armando Marín Mujica y se le envió por barco a Antofagasta.

General Armando Marín Mujica

    A su llegada a Antofagasta, el general Marín fue arrestado y regresado en el mismo barco.
     La noticia del arresto del general Marín aumentó la indignación de los jefes militares que rodeaban a Blanche. Se dispuso que el destructor Lynch zarpase a Antofagasta, con mil hombres escogidos, llevando de nuevo al general Lynch. La nave de guerra debía bloquear Antofagasta y exigir su rendición. Pero el Lynch nunca llegó. El mismo día que zarpaba, la guarnición de Concepción adhería al general Vignola.

Destructor Lynch

     El régimen se desmoronó rápidamente. El general Blanche dimitió y entregó el mando a Abraham Oyanedel Urrutia.
     El general Otero, ministro de Guerra de Blanche, antes de entregar su cargo envió el siguiente comunicado a todas las guarniciones del país: “Una lección debemos aprender de estas dramáticas horas: los militares para siempre deben permanecer en sus cuarteles; no más intervención en los asuntos extraños al deber profesional”.
     Si en todo Chile las manifestaciones de júbilo fueron extraordinarias, en Antofagasta, cuna del movimiento, el jolgorio alcanzó caracteres inmensos: veinte mil personas participaron en el desfile. El Mercurio de Antofagasta relataba: “La muchedumbre abrió paso al general Vignola y sus fuerzas de la primera División. El entusiasmo era impresionante. A falta de flores, desde los balcones arrojaban chaya. La multitud rompía filas para abrazar a oficiales y soldados. Los dirigentes del Comité Civilista fueron llevados en andas”.
     El general Vignola, conteniendo la emoción, dijo algunas palabras a la multitud: “Los militares en esta jornada hemos adquirido un compromiso solemne con la patria y los chilenos: sólo nos dedicaremos a nuestros deberes y jamás empuñaremos las armas si no fuese para defender la soberanía nacional”.
El 24 de diciembre de 1933, Oyanedel entregaba el mando a Arturo Alessandri Palma.


Arturo Alessandri Palma

     Antofagasta, situada a mil trescientos setenta kilómetros al norte de la capital, le había dado a ésta una lección de democracia.





LA HISTORIA MÁS DETALLADA. LAS DEMANDAS LOCALES EN LAS CIUDADES.


     La acción de los actores locales en las ciudades desde un principio persiguió mejores condiciones de vida. En los campamentos mineros se desarrolló un conflicto entre capital y trabajo. Aun cuando en las ciudades también hubo enfrentamientos con las compañías extranjeras (puerto y ferrocarril) las demandas se dirigieron principalmente hacia el Estado dada la situación de aislamiento geográfico y la ausencia de tierras fértiles. Estas demandas pedían servicios básicos y alimentación. Las encabezaron los comerciantes, los profesionales, los pequeños mineros, los artesanos y pequeños industriales.
     En el discurso regionalista del Norte, el Estado central tenía que proteger a chilenos que estaban colonizando zonas extremas estratégicas. Además, la vida del Norte carecía de las comodidades que gozaba la rica oligarquía del Sur del País, en gran parte sostenida con el trabajo del Norte. La economía de enclave había servido para crear una infraestructura de transportes para conectar a la minería de Antofagasta con el resto del mundo, pero no servía para conectarla con el resto del país. La integración territorial de Chile debería ser obra del Estado. Esto implicaba afectar los intereses corporativos de la oligarquía agraria del Sur del país. El discurso regionalista tenía bases sólidas en el Norte pues muchos de sus habitantes provenían del Norte Chico, territorio desde donde partieron las revoluciones federalistas de 1850 y 1859.
     El movimiento sindical, las capas medias y las luchas regionalistas convergieron en la aspiración por un mayor control social sobre la renta minera. Este ejercicio soberano pretendía mejorar las condiciones de vida de los sectores postergados y generar ideas para reemplazar una frágil base productiva sustentada en explotar recursos naturales. Esta convergencia se manifestó con mayor fuerza en los años treinta cuando los trabajadores salitre y del cobre también eran parte del Frente Popular, una alianza socio-política entre el proletariado y las clases medias. El Frente Popular creó la CORFO, cuyo objetivo era la industrialización del país y el desarrollo del Norte de Chile. Este mismo movimiento fue muy importante para promover una serie de medidas que adoptaron otros gobiernos en los decenios siguientes.
     La tarea no era fácil. Chile era uno de los países con mayor centralización territorial en América Latina, superando a Argentina, Brasil, Colombia, México, Perú y Venezuela. Se construyó un estado centralista heredado de la herencia jurídica española. Esta estructura se consolidó después de la independencia de España en 1810 y la derrota de las revoluciones federalistas. Para los partidarios del centralismo la eliminación de caudillos regionales explicaba la mayor estabilidad política de Chile respecto a la mayoría de los países del continente. A pesar de su extensión territorial, en 1969 el 97,9% del gasto público se decidía en Santiago, dejando apenas el 2,1% para los gobiernos municipales. Además el Norte era un territorio frontera conquistado hace poco, probablemente su defensa militar exigía moderar su regionalismo.
     A pesar de lo anterior, en la provincia de Antofagasta, las organizaciones sociales eran antiguas y fuertes, en los campamentos salitreros y en las ciudades. En la ciudad de Antofagasta, las primeras sociedades de artesanos datan de 1870. Asimismo la burguesía se congregó en el Club de la Unión a partir de 1873, y los extranjeros residentes, en el "Club Inglés" desde 1914. La vida cultural y deportiva siempre fue muy intensa. También existían varios periódicos, de todas las tendencias ideológicas. En 1906 nació "El Mercurio de Antofagasta", identificado con los intereses de los empresarios de la región. Todo esto fue construyendo una sociedad local activa y educada. Así, en 1960 la tasa de analfabetismo era de un 29,7% en Chile mientras que en la entonces provincia de Antofagasta alcanzaba un 20,3%.
     Es probable que las frecuentes catástrofes naturales, en condiciones de aislamiento geográfico, contribuyeran a la unidad de los actores locales. En 1877 hubo un tsunami que borró Cobija y en 1922 un maremoto que inundó Chañaral y Antofagasta. En 1906 se incendió la Catedral, en 1912, la peste llegó a Tocopilla, en 1929 Pampa Unión enfrentó un terremoto, en 1939 la explosión en la mina de Chuquicamata dejó 57 muertos. Además en las ciudades no existía la rígida estructura de clases de los campamentos, facilitando eventualmente la unidad de acción local.
     Las organizaciones ciudadanas consiguieron la construcción del Ferrocarril de Antofagasta a la ciudad de Salta en el norte de Argentina, desde la cual se podrían importar productos agrícolas que el desierto no podía producir. El alcalde Maximiliano Poblete convocó al primer cabildo abierto (asamblea de los vecinos) el 5 de Abril de 1920, el cual se transformó en un desfile que pretendía vencer la resistencia de las provincias del sur, inquietas ante la posibilidad de perder el mercado de consumo agrícola del norte de Chile.

     La fuerza de la sociedad civil antofagastina quedó de manifiesto en 1932. Una delegación de destacados líderes locales, impidieron en el aeropuerto de Antofagasta el arresto y traslado a la capital por sus dichos e ideas contra los gobiernos militares del General Pedro Vignola, comandante de la división. Antofagasta formó un gobierno paralelo con el apoyo de todos los partidos políticos (desde el Conservador al Comunista), de diversos gremios y sindicatos antofagastinos, para exigir la devolución del mando de la nación a un civil, libertad electoral y retiro de las Fuerzas Armadas de la política activa. Este alzamiento cívico-militar fue seguido en todo el Norte y en otras partes del país, logrando acabar con un período de cuartelazos militares que colocó 7 presidentes de Chile en menos de dos años.

Itinerario de las asonadas y Antofagasta en la historia de Chile.

• La noche del 3 de junio del 32 se sublevo la base aérea “El Bosque” bajo el mando del Comandante Marmaduque Grove. El mando militar dispuso que las unidades de la guarnición de Santiago
reprimieran a los aviones amotinados, los que se sumaron al movimiento y los oficiales se negaron a actuar contra la aviación. La huelga militar de “brazos caídos” resulto y Montero fue derrotado el 4 de junio por la Junta Socialista (militar) integrada por Puga, Dávila y Matte, en la que Grove asumió la cartera de Defensa Nacional.
Marmaduke Grove Vallejos

• Eugenio Matte funda el partido Socialista y proclama la “República Socialista”. La junta muestra un programa de corte popular de audaces reformas y disuelve el Congreso Termal.
• El pueblo desfila con banderas rojas por las calles, se forma el Consejo de Obreros y Campesinos y se organiza la Alianza Revolucionaria de Trabajadores. Dávila se margina de la Junta y el Presidente de la Corte Suprema, Javier Ángel Figueroa renuncia a su cargo, aludiendo a que con los poderes del Estado disueltos no puede ejercer.
• El 16 de junio, el ejercito rodea La Moneda y el Ministerio de Defensa, al mando de Pedro Lagos y asaltan el Palacio, apresan y envían a Pascua a Grove y Matte. Asume una nueva Junta: Carlos Dávila, Alberto Cabrero y Nolasco Cárdenas, ante esto se produce resistencia popular y se pone en vigencia Ley Marcial.
• Dávila asume como Presidente provisional el 8 de julio, apoyado de la oficialidad. Es resistido y se ve obligado a dictar un decreto y convocando a elecciones de congreso y otro que derogaba la creación del Ministerio de Defensa.
• Surge discrepancia entre el nuevo Presidente Blanche y el Comandante en Jefe de la FACH: Arturo Merino Benitez, ya que estos querían que entregara el poder a quien los partidos designasen.
• El 14 de Septiembre Merino Benitez se subleva realizando el “Vuelo de los Cóndores” al Norte. Sorprendidos y dominados en Ovalle por militares de La Serena. 27 de septiembre el General Pedro Vignola se pronuncia con la Primera División de Ejército, en Antofagasta, exigiendo que un gobierno civil se encargara del proceso electoral.
• Se forma en Antofagasta una Junta de Gobierno y se declara Estado de Sitio en el país, el pueblo se moviliza, la Armada se inquieta y al FACH elude pronunciarse. El 30 de septiembre, la Guarnición de Iquique y Concepción adhieren a la postura de Antofagasta. Esa tarde Blanche entrega el poder al Presidente de la Corte Suprema Abraham Oyandel, que asume el 2 de octubre como Vicepresidente.
• 30 de octubre se realiza la elección presidencial y triunfa Arturo Alessandri con votos centristas e izquierdistas.

      El mismo Dr. Gonzalo Castro quien participó en el Comité Cívico de 1932, lanzó en 1946 los Cabildos del Norte para exigir agua, caminos, salud, alimentos y participación sobre los ingresos del cobre.

QUIÉN FUE PEDRO VIGNOLA


Pedro Vignola Cortés.
1932 - 1933
G.D.D. PEDRO VIGNOLA CORTÉS
Comandante en Jefe del Ejército.
Del 26 de Diciembre de 1932 – 21 de Diciembre de 1933.

     Nace en Copiapó, el 08 de julio de 1879. En 1899 ingresa como Cadete a la Escuela Militar y egresa al año siguiente como Alférez de Artillería, siendo su primera destinación el Regimiento de Artillería de Costa.
     En el grado de Teniente, se desempeña en el Regimiento de Artillería a Caballo, en el Regimiento de Artillería Nº4 “Miraflores” y en la Escuela de Suboficiales, donde destaca por sus especiales condiciones de mando, que le permiten ser destinado al Ejército de Colombia, donde presta importantes servicios, a la vez que se enriquece profesionalmente.
A su regreso, el mando lo destina al Regimiento de Artillería Nº1 “Tacna”.
Entre 1918 y 1920 estudia en la Academia de Guerra, ascendiendo a Mayor.
En ese grado, se desempeña como Profesor de dicho Instituto y de la Escuela de Artillería y, en 1926, dirige la Escuela de Aplicación.
Ascendido a Coronel, vuelve a clases en la Escuela de Artillería, ocupando además la jefatura del Departamento de esa Arma.
En 1931 fue Comandante en Jefe de la I División con asiento en Antofagasta, ascendiendo a General de Brigada.
Tras la elección como Presidente de don Arturo Alessandri Palma, a fines de 1932, es nombrado Comandante en Jefe del Ejército, cargo que sirvió brillantemente durante un año.
En febrero de 1933 es ascendido a General de División y en diciembre del mismo año, se le concede el retiro de la Institución.
Fallece en Santiago, el 29 de junio de 1941.

     Después de la 2ª Guerra Mundial las ciudades de Antofagasta y Calama se van poblando. Se intensifica la lucha de las organizaciones locales para conseguir el abastecimiento de los servicios básicos. Además en el período 1952-1960 la provincia de Antofagasta estaba estancada económicamente. El 66% de la fuerza de trabajo estaba vinculado a la actividad salitrera en crisis. El efecto de la crisis del salitre fue compensado por la minería del cobre que provocó un aumento del empleo industrial, comercial y de servicios. Una parte de la población llegó desde las salitreras que habían cerrado y esto generó nuevas demandas de infraestructura urbana.
     Existía la necesidad de iluminar la ciudad, de contar con agua suficiente y de abastecimiento continuo de alimentos básicos. La iluminación se hacía por algunas horas. En 1956 los alumnos del Liceo Nocturno recibían sus clases en la Plaza principal de la ciudad cuando había luz. Los alimentos eran caros y con un abastecimiento irregular que provenía de otras partes del país.
En los años cincuenta comienzan políticas regionales para las zonas extremas del país. En 1953 el gobierno legisló un Estatuto especial para el departamento de Arica en el extremo Norte y en 1958 creó una Corporación para el Desarrollo (la Junta de Adelanto de Arica). En 1956 se otorgaron privilegios especiales de importación para Chiloé, Aysén y Magallanes en el extremo sur seguido por la creación de una Corporación para el Desarrollo de Magallanes. Estas corporaciones tenían desde sus inicios una amplia gama de atribuciones: prospección de recursos, estudio de proyectos, ejecución de obras, otorgamiento de créditos, formación de empresas, contratación de préstamos, asistencia técnica, intervención en las inversiones de otros organismos del Estado. En ellas participaban representantes del gobierno, de los empresarios y de los trabajadores. Todas estas corporaciones fueron eliminadas en 1973 con el golpe militar.
     En el Norte destacaron los Centros para el Progreso (CP) de los años cincuenta. Existieron CP en: Iquique, Antofagasta, Calama, Tocopilla, incluso en ciudades menudas como Mejillones. Su líder era José Papic (1909-1983), un pequeño empresario, de origen croata, como buena parte de los inmigrados. Papic no era un empresario cualquiera; no obstante su identificación política, él convocaba a todos los sectores políticos. El carácter interclasista de los CP se explica porque los problemas de abastecimiento de alimentos, de agua, de energía, de caminos, eran comunes para todas las clases sociales. Esto queda de manifiesto en la composición de la directiva del CP de Mejillones formado en 1949.
     Los escenarios de acción del CP de Antofagasta fueron versátiles. Se coordinó con otros CP para configurar un Gran Comando de Defensa de todo el Norte de Chile. Convocó a asambleas y a marchas, con paralización de actividades. La del 9 de Mayo de 1956 fue encabezada por el mismo Obispo de Antofagasta, M. Hernán Frías. Llamó a no participar de los festejos nacionales del 21 de Mayo pues la región estaba en duelo. A veces la reacción de las autoridades fue amenazante:

José Papic Radnic

     El Presidente Ibáñez (1952-1958) respondió un telegrama de Papic amenazando con expulsarlo del país. Pero el CP no se limitó a denunciar carencias, pues propone soluciones técnicas gracias a la contribución de los profesionales. No se volvería a ver esa mística regionalista en las décadas siguientes. El CP consiguió dos leyes que fueron especiales para el desarrollo de la provincia de Antofagasta: La "ley del cobre" y la Ley de Frontera Libre Alimenticia.
     Inicialmente, la Ley 10.255, dictada por el Gobierno de González Videla en 1952, destinó un porcentaje de los fondos fiscales para el procesamiento y manufacturación del cobre. Más importante fue la Ley 18. 828, llamada Ley del Nuevo Trato al Cobre (1955-1977) o simplemente "ley del cobre" en el Norte. En su artículo 27, ésta deja el 10% de los ingresos fiscales de las ventas de cobre en las zonas productoras. De aquellos recursos, un 50% debía destinarse a la creación de nuevas industrias, al desarrollo pesquero, a impulsar la pequeña minería a través de CORFO; 25% debía servir para construir fundiciones de concentrados de cobre. Con esta ley también se crearon escuelas técnicas, se apoyó a las universidades y se construyó la Carretera de asfalto que unió al Norte con Santiago.
     De acuerdo al ex senador del Partido Radical, Jonás Gómez (2003), uno de sus promotores, quien 50 años más tarde sería sostenedor del Comando de Rescate de los Fondos del Cobre de Antofagasta, la " ley del cobre", sentó el principio que los ingresos de la minería son extraordinarios, luego, éstos no deben financiar los gastos ordinarios.
     También se consiguió en 1958 la Ley 12.858 de Frontera Libre Alimenticia para las provincias de Tarapacá, Antofagasta y el departamento de Chañaral. Esta norma exceptuó a las provincias del Norte Grande de aranceles a la importación de una lista de artículos básicos para el consumo de la población que no eran producidos en la región. Esta ley fue ampliada en 1958 con la Ley 12.937, que favoreció a Pisagua, Iquique, Tocopilla, Taltal y Chañaral, incorporando nuevos alimentos y una lista de bienes de capital. La aplicación de toda esta legislación no fue fácil. En la Comisión que establecía el volumen de las cuotas, los representantes de Antofagasta debían prodigarse para vencer la resistencia de los delegados de las zonas agrícolas del Sur de Chile.
     Estas leyes tuvieron un impacto positivo en el consumo de la población y en la producción manufacturera regional. De acuerdo a datos del Censo Industrial, en 1957 había 2.642 (1,3% del total nacional) trabajadores manufactureros mientras que en 1967 este número aumentó a 6.723 (2,0%). El valor agregado manufacturero aumentó de un 1,4% al 7,5% del país.
     Aun cuando el abastecimiento continuo del agua se lograra recién en 1992, en los años sesenta se alcanzan algunos objetivos básicos. La carretera asfaltada entre Arica y Santiago facilitó el abastecimiento de alimentos. Se resolvió el tema de la luz. Durante los años sesenta se expandió el sistema educacional con la creación de dos sedes universitarias, las primeras en la Región. El Centro para el Progreso fue perdiendo importancia. En cambio se fortalecen los trabajadores a través de la acción de la CTC y de la CUT. Al mismo tiempo la revolución cubana y la guerra de Vietnam habían estimulado el anti imperialismo norteamericano y el deseo de cambios estructurales en toda América Latina. El movimiento sindical y la izquierda se movilizaban por una política de control de los recursos naturales por parte del país para sus excedentes modernizar al país. Esta alianza también apoyaba al campesinado para conseguir una Reforma Agraria, a los universitarios por la democratización de la enseñanza superior, a una parte de los pequeños empresarios artesanos por el acceso al crédito bancario y en general a muchos sectores que aspiraban a construir otra sociedad.
Así en los años sesenta, el eje del debate se desplazó desde el tema de los servicios básicos hacia la política industrial y hacia la política respecto al cobre. Este había pasado a ser la principal riqueza de la región y del país pues el salitre continuaba declinando. La Confederación de Trabajadores del Cobre y los trabajadores del salitre y de las ciudades jugaron un papel importante a través de su movilización.
     Los detalles de este debate se presentaron en una sección anterior. Una prueba de la importancia de estos temas en el Norte, se halla en el Seminario sobre Problemas Regionales organizado por la Universidad de Chile en la Antofagasta de 1957. Una de las exposiciones, a cargo de un representante de los pequeños mineros, denuncia que las grandes empresas norteamericanas habían integrado verticalmente esta industria adquiriendo en 1937 los establecimientos chilenos, en circunstancias que los estudios recomendaban elaborar el mineral hasta producir láminas de cobre industrial.
     Respecto a la política industrial, la CORFO jugó un rol clave, especialmente desde fines de 1950 hasta 1973. El Instituto CORFO del Norte (INCONOR) elaboró estrategias de desarrollo para cada una de las provincias del Norte de Chile, después de efectuar un diagnostico exhaustivo de cada sector productivo. En sus trabajos se efectuaron investigaciones mineras, asistencia financiera a empresas, inversiones directas
     Así en 1956 la CORFO formo FASSA (Fabrica de ácido sulfúrico S.A.), con el propósito de satisfacer las necesidades del país en este rubro; la producción pasó de 50.000 toneladas en 1957 a 200.000 toneladas en 1967. En 1963 la CORFO inició un programa en un área del desierto en el que nace de forma natural un árbol llamado tamarugo cuyo fruto y hojas sirven de alimento al ganado caprino y ovino de la región. En 1968, CORFO reorganizó, aportó capital y traspasó a la industria del salitre 15 proyectos estudiados por la institución. Consecuencia del accionar de INCONOR surgieron el Barrio Industrial de Antofagasta, la Planta de aguas servidas para las necesidades de agua industrial, la Sociedad Industrial Nacional de Cemento, las industrias F y H (pilas secas), Recauchajes Bailac, Hilanderías Iquitex y CORESA en Iquique; Planta Olivarera de Huasco y Central vitivinícola de Copiapó, en Atacama. La capacidad de energía de ENDESA se duplicó en Antofagasta e Iquique.
     El gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva (1964-70) utilizó la construcción de barrios industriales (Arica, Antofagasta, Serena, Coquimbo, El Belloto, Concepción), las franquicias especiales para la importación de equipos (Decreto 2195 y Decreto 100) y el otorgamiento de créditos por la CORFO y el Banco del Estado. La aplicación de estos instrumentos favoreció especialmente a Concepción, Arica, Valparaíso y otros centros urbanos de la zona central como Rancagua y San Felipe- Los Andes.
     Se propuso crear un espacio de planificación económica y de administración pública, mayor que el de las 25 provincias: el espacio región. Este concepto sería usado para descentralizar al gobierno central. Algunas reparticiones públicas comenzaron a organizarse según el concepto de región. En 1965 se creó ODEPLAN, la Oficina de Planificación Económica Nacional y su Departamento de Planificación Regional. Además las leyes de Participación Popular (Juntas de Vecinos y Centros de Madres) y la sindicalización campesina acercaron el poder local a las personas. Asimismo, la Reforma Agraria iniciada por Frei y acelerada con Allende, ayudó a la desconcentración traspasando tierras ociosas a campesinos sin tierra, lo cual disminuyó la inmigración desde el campo a la ciudad.
     El Gobierno del Presidente Allende (1970-1973) extendió el rol del Estado para desconcentrar mediante la industrialización. Entre 1970 y 1973 la industria manufacturera de la RA creció a un 14,3% anual. En 1970 y 1971 se crearon en Iquique, Valdivia y Osorno, Comités para la Programación de las inversiones del sector público con representantes de los empresarios y de la Central Única de Trabajadores. Se inauguró en Antofagasta INACESA, una empresa de cemento con la mejor tecnología de la época. En 1971 se confeccionó un Plan Sexenal de Desarrollo Industrial para la Zona Norte del país. Según este plan la provincia de Antofagasta tendría una industria metal-mecánica proveedora para el sector minero y de la construcción, con posibilidades de exportación.          Aquella industria habría servido para la minería de Chile, de Perú y de Bolivia, gracias al acuerdo de complementación entre los países del Pacto Andino. También se desarrollarían las manufacturas de cobre, la industria química ligada al salitre y la de bienes consumo para los sectores populares.
Estos programas estaban conectados a la nacionalización del cobre y de la banca. La nacionalización del cobre y del salitre facilitaría los encadenamientos productivos en la región, trasladaría las ganancias hacia el interior e integraba a los trabajadores a la gestión de la empresa. La nacionalización de la banca permitiría que el crédito llegara a las pequeñas y medianas empresas de todo el país en lugar de quedar concentrado en los grandes grupos monopólicos de la capital.
     Todos estos esfuerzos iniciados en los años cincuenta atacaron el bajo desarrollo industrial provocado por I) la ausencia de políticas de desarrollo local de las empresas extranjeras y de los gobiernos anteriores II) las dificultades de provisión de energía y agua III) la fuga de talentos y capitales hacia la gran minería y el centro del país IV) el reducido tamaño del mercado interno local v) el aislamiento geográfico.

SER CHILENOS ES UN ORGULLO DE MUCHOS, ANTOFAGASTINO PRIVILEGIO DE POCOS