Por la Sierra de Varas
(Rumbo a Cachinales de la Sierra)
Muy buenas tardes tengan estimadas y estimados amigos.
«Los hombres, que bajo el eterno sol buscaban fortuna, no eran precisamente los mejores y más pacíficos. Era gente muy rápida en sacar el cuchillo y el revolver»
Esta frase nos suena y resuena bastante intimidante, en la actualidad, pero este norte no congregó – en sus inicios – a gente muy pacífica o fácilmente doblegable (ni siquiera en la actualidad). Habitar en estos parajes, tan carentes e inhóspitos, resultó una tarea muy difícil y requería de temple, de un carácter fuerte, indómito y muy preparado para las adversidades (que eran muchas).
Ahora bien. Cuantos sureños llegaron por estos parajes en búsqueda de la esquiva riqueza y cuantos de ellos dejaron sus restos en estas soledades.
Una pregunta que no sabríamos responder con un número exacto, pero si con algo de historia.
Partamos por el inicio, cuando ingresamos por el territorio.
Han de saber que, el territorio de Antofagasta es el más extenso de nuestro país, desde su límite norte al sur y desde el mar a la cordillera, y gran parte de este territorio aún resulta desconocido para la gran mayoría de los connacionales y especialmente para nuestros coterráneos, hablamos de los antofagastinos.
Acompáñennos en esta nueva aventura
(Bienvenidos)
Pues bien. Avanzando por la ruta 5, la carretera panamericana norte, rumbo al sur (vaya dualidad), debemos torcer en un minuto nuestro andar y adentrarnos al territorio más desconocido de Antofagasta, al territorio de Cachinales de la Sierra pasando por el descampado de Pampa Anita, la ex oficina Balmaceda, La Calera, Coria y por el extremo de la Sierra de varas. No hay caminos asfaltados y los caminos que encontramos son simples huellas que se sobreponen a los caminos troperos que se usaban en los tiempos de la Plata de Cachinales, Ahí están las marcas muy visibles de las ruedas de las carretas, algún armazón o parte de estos y los huesos resecos de las mulas que quedaron tendidas por el cansancio, el calor agobiante, el aire algo enrarecido y la falta de agua. Nuestro avance es con precaución, vamos subiendo por entre los cerros a un sector que denominamos portezuelo y el terreno es algo blando y en ciertos tramos, por acción del viento, se ha juntado chusca, ese polvillo que no solo dificulta respirar (cuando se levanta), también dificulta la marcha cuando su depósito es de varios centímetros.
Apenas cruzamos este portezuelo se abre ante nuestros ojos un mundo increíble, hasta el color de las piedras cambia y lo más relevante, comienza a mostrarse la vegetación.
Desde cierta distancia nos observa un Guanaco, es el macho de la manada que procurando proteger a su rebaño, se queda atrás, mientras las hembras y crías, se alejan. Este nos observa, en actitud desafiante, no se mueve de su lugar hasta que su manada se pierde tras las lomas. El simple hecho de ver a tan magnífico animal (los pocos que van quedando y que van dejando con vida los sapiens-sapiens) nos insta a detenernos y procurar sacarle alguna que otra foto, algo imposible por las cámaras que llevamos y la distancia que mantiene el animal con nuestro grupo. En un minuto, da vueltas y comienza a correr tras su manada perdiéndose tras los cerros mientras lanza su acostumbrado relincho.
Como ya estamos en tierra, aprovechamos de observar la flora presente, las especies del lugar y, si la fortuna nos sonríe, fotografiar alguno que otro bicho raro o desconocido que podamos encontrar. Es un día de calor, muy agobiante, por este lado del desierto.
Estamos frente a la Sierra de Varas, más atrás - en dirección este- podemos ver la nieve en los cerros cordilleranos ¿Tan arriba y tan lejos hemos llegado?
Puedo decir que este territorio es el que cuenta con menos estudios sobre su diversidad más, posee estudios muy detallados sobre su geología, sobre las aguas (especialmente subterráneas) y sobre los minerales presentes, incluso con acabados estudios paleontológicos. Todo se agradece ya que todo aporta al conocimiento.
https://www.mesozoico-chileno.com/sierra-de-varas/
Comenzamos el interminable descenso a la planicie intermedia, a la parte baja entre serranías, es decir, el llano. Esta parte no cuenta con planta alguna y nada que se parezca, todo lo que vimos y encontramos está por las alturas, especialmente por las grietas de los cerros. El calor se va atenuando y vamos sintiendo una brisa fría, eso es gratificante.
Mientras seguimos avanzando ya es factible encontrarse con las antiguas construcciones de Cachinales, con los muros y los desmontes, los basurales y todo aquello que delata que ahí vivió gente. Nos dijeron que tuviésemos mucho cuidado, no hay indicaciones o advertencias sobre los piques mineros y estos tienen decenas de metros. Una caída es mortal.
Cruzamos la calle principal de lo que debe haber sido el pueblo y seguimos avanzando por el camino tropero que nos lleva a la Mina Guanacos. Increíble, en este breve trayecto también nos encontramos con bastante flora y un par de aguadas.
Diantres.. Falta tiempo y ojos para abarcar todo el sector.
Ahora es el viento el que nos limita, aquel que se volvió nuestro salvador luego de ese sol agobiante, ahora nos desestabiliza y nos congela ¿Cómo puede haber vivido gente por estos lares?
Seguimos avanzando muy lentamente, no es recomendable el detenerse, no podemos pinchar, quedar en pana o cualquier capricho vehicular. No nos podríamos quedar acá, menos en la noche.
Luego de varias horas de travesía, tenemos a la vista la faena de Guanacos y la no tan anhelada (por algunos) vuelta a la carretera.
Rantantán lo hizo de nuevo. Salimos salvos y sanitos, pero hay que volver por estos lugares.
Bienvenidos, adelante, esa es nuestra morada en donde podrán conocer la historia de:
Los Derroteros de Cachinales de la Sierra
https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/por-los-derroteros-de-cachinales-de-la.html













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