El Mineral de Caracoles
La Comarca de la Plata
24 de marzo de 1870
Algunos dicen que el grito de la plata fue dado en la mañana del 24 de marzo y otros hablan del día 25, pero todos coinciden que fue el año 1870 y señalan al «Cangalla» Méndez como el afortunado descubridor del derrotero de Caracoles, en nombre de José Díaz Gana. Ahora bien, hemos de tener presente que los panizos de plata de Caracoles fueron descubiertos por chilenos y trabajados por chilenos ¿Alguna duda de aquello?
Definamos «Cangalla»: El término cangalla se refiere principalmente, en el norte de Chile y las zonas mineras, al mineral de baja ley que era descartado. Históricamente, también denominaba un contenedor de cuero usado en mulas, utilizado por mineros para ocultar y robar mineral de mayor valor bajo la excusa de transportar estos desechos, actividad conocida como "cangallar".
En Argentina, a veces se usaba el término para describir a una persona pusilánime.
En la Ruta:
Saludos estimadas y estimados amigos y seguidores de los Caminantes del Desierto.
Como institución, vamos constantemente de visita al antiguo mineral de Caracoles. Hablamos de aquellos parajes que se ubican en las proximidades del poblado de Sierra Gorda, Región de Antofagasta, Chile, en donde se conservan tan sólo los vestigios, los rastros dispersos del establecimiento de un numerosa población y en donde -hemos de confidenciar a ustedes- hay harto para explorar y descubrir, aunque el territorio no es muy amigable con los citadinos; más bien, es inseguro, peligroso para aquellos que no están habituados a los obstáculos, los acopios, los piques profundos y los desniveles producidos por las lluvias. De igual manera, considerando la frase acuñada que dice: «El tiempo es plata», el lugar nos muestra la improvisación en lo que respecta a la disposición de los muertos, ya que estos se encuentran por todo el lugar, dispersos, a veces apenas cubiertos por la dura tierra y con no pocos de ellos arrastrados por los aluviones. También nos encontramos con un camposanto bien establecido, un cementerio en toda regla, el que no sólo se ha visto afectado por las inclemencias del clima y el olvido, sino también por la acción vandálica de los saqueadores de tumbas y de los desalmados que encuentran diversión en destruir. Triste designio para los que allí yacen en su sueño eterno.
Vamos a la historia:
Nos indican los textos (que estamos revisando) que fueron los indígenas de la zona quienes relataban que en el cerro Caracoles, al interior de Sierra Gorda, la plata estaba en la superficie, y que los originarios llamados Garabito y Osario, decían conocer el lugar. El minero Díaz Gana tuvo fe en dicha leyenda y organizó una expedición a la que se unió el Barón Guillermo Arnoux de la Riviere, ciudadano francés que vivía en Cobija. El minero preparó luego una nueva expedición pero, para asegurar su éxito, trajo desde Copiapó a un cateador de fama: "El Cangalla" José Méndez. La expedición partió en marzo de 1870 y estaba formada por José Méndez, Simón Saavedra Reyes, el carretero Sagredo y José Porras. Después de mucho caminar se durmieron sobre unos cerros y el cansancio cerró sus ojos.
La luz del sol naciente iluminó los cerros. "El Cangalla" miró con asombro como miles de luces centelleantes, cual explosión de juegos de artificios, se desprendían de los cerros. No tuvo dudas. Entonces gritó a todo pulmón y el eco devolvió la voz: "esos cerros tienen panizos de plata". El cerro de la plata estaba así descubierto un 24 de marzo de 1870.
El descubrimiento de Caracoles impactó violentamente en la población de la región. La plata era un panal de rica miel para aventureros de toda índole. Hombres de empresas y hasta políticos buscaron la gran riqueza, también hubo poetas -populares- que hicieron versos elogiando a los descubridores chilenos y quedó en el tiempo esta copla.
Viene un enganche y me engancho
Y me voy pa´ caracoles
Y de allá traigo hartos soles
Pa´ remoler con los mauchos
Según nos dicen las crónicas de Francisco Solano Asta-Buruaga y Cienfuegos, escritas en 1899:
El mineral comprende tres grupos principales de minas, denominados de Caracoles, de Blanca Torre y de la Isla. El primero, y cuyo nombre se le dio por las amonitas o caracoles fósiles que por allí son comunes, fue también el primero descubierto en la mina, que se llamó La Deseada, el 25 de marzo de 1870, y subsecuentemente los otros. Sobre este hecho dice el prefecto de Cobija en informe del 20 de noviembre de 1873, pasado al gobierno de Bolivia: «Por los datos en el archivo de la notaría de Hacienda, aparece que varios cateadores (buscadores de minas), llevados por Don José Díaz Gana al desierto de Atacama, encontraron en una comarca desconocida y sin nombre varias vetas de plata, que fueron sucesivamente registradas en 19 de abril y 10 de mayo de 1870.»
Según ciertos relatos que anexamos a continuación, se exponía lo siguiente:
En dichos tiempos, el sub-prefecto de Atacama informaba a sus superiores que la población boliviana en el desierto era escasa (1872) y había carencia de trabajadores en la Provincia, debido a “las numerosas vetas que cada día se estaban descubriendo y cuyas adjudicaciones se están haciendo continuamente y no pueden todavía ser trabajadas por falta de brazos y de otros auxilios para el laboreo” . Demanda que fue suplida por trabajadores chilenos, encontrándose en 1875 el territorio boliviano –en el decir del Gobernador boliviano de Antofagasta– “invadidos por multitud de jornaleros y gentes mal entretenidas” que provenían de Chile. En este contexto, la irrupción de la placilla de Caracoles, 160 kilómetros desierto adentro, cambió la fisonomía poblacional de Atacama, debido a una concentración de población que en la región no tenía parangón. Allí persistió una relación porcentual semejante con la presencia de chilenos, quienes en 1873 -a juicio de un articulista boliviano- superaban “a los bolivianos desparramados en este mineral, en una proporción tal vez ni de un 10%”.
El impacto económico de Caracoles en la región fue de alta importancia, provocando un aumento de la población y habitaciones al que se le deben sumar las agencias de crédito, comercio, planta de destilación de agua, carretas, etc. Debido a que el flujo de los migrantes aumentó enormemente y a que desde Antofagasta se internaban a Caracoles, el gobierno boliviano decretó en 1871 la condición de Puerto Menor para la antigua caleta de La Chimba (Arce, 1997: 106). El corolario fue que la riqueza de Caracoles generó en el centro de Chile un “creciente entusiasmo”, que llevó a la Pacific Steam Navegation Company a establecer una línea desde Valparaíso a Cobija dos veces al mes (Tornero, 1872: 201).
En términos de distribución espacial, el mineral de Caracoles estaba conformado por una serie de explotaciones argentíferas y dos poblados: Placilla Norte y Placilla de la Isla, la primera con alrededor de 5.000 habitantes y la segunda con 4.000, aunque se ha llegado a establecer una cifra total de 20.000 habitantes (Arce, 1997: 243). Ambas formaban un conglomerado que poseía escuelas, diarios, teatro e iglesia (Bravo, 2000: 49), instituciones financiadas mayoritariamente por particulares. Es posible constatar que el patrón de ocupación del espacio fue disperso y respondió a la premura de instalarse para el beneficio de las explotaciones argentíferas, careciendo de lógica distributiva y diseño de sus calles. A partir de esto, Caracoles respondió al modelo de ocupación tardo colonial de las placillas, donde la presencia de las autoridades estatales fue escasa y la distribución se realizó a medida que los terrenos se ocupaban en las inmediaciones de las explotaciones.
Así se constata que el surgimiento de Caracoles tuvo una total carencia de planificación y de diseño urbano. Al respecto, André Bresson, un testigo privilegiado en el desarrollo de esta placilla escribió que en sus primeros años “todo estaba ubicado aquí o allá muy irregularmente ofreciendo el aspecto más miserable” (Bresson, 1886: 326), formada por algunas precarias casas hechas con murallas de piedra cubierta con alfombras, carpas y tolderías, carentes de orden, que resultaban de la premura por habitar el espacio, siendo las únicas casas de madera las de Díaz Gana. En 1872, Bresson indica que “como se pudo, se estableció un alineamiento en las calles siguiendo la dirección general de la quebrada” y el gobierno boliviano hizo construir una pequeña vivienda para el subprefecto. Dos años más tarde, la encontró como “una pequeña ciudad”, más ordenada y con calles simétricamente alineadas, en ángulo recto, “como se usa en las ciudades de origen español”, habiéndose convertido en una ciudad “populosa y rica” (Bresson, 1886: 326).
El hito que marcaría el inicio de la decadencia de Caracoles se produjo con el incendio del 8 de agosto de 1876, el que tuvo su más severo impacto en la calle de Mineros, acabando con edificios comerciales y viviendas, como describió un periódico local “pocas de las casas de comercio han restablecido su negocio, y los que vivían del producto de alquileres, hacen muy poco por restablecer sus pérdidas”. El incendio provocó un alza en los pastos para animales y en el transporte, a lo que se sumó la disminución de las minas explotadas y la caída en la producción argentífera. Obviamente, el resultado fue una merma en el número de habitantes, hasta el abandono del poblado a partir de 1878, cuando se acabaron los años de bonanza argentífera. Diferente fue el caso de las placillas que se crearon en el sector chileno del desierto de Atacama, donde la instalación de vecinos en las cercanías de las explotaciones fue regulada inmediatamente por las autoridades centrales enviando comisionados para el levantamiento de un plano que tenía como base el damero que mantenía una distribución ortogonal que buscaba la regularidad de las nuevas poblaciones, considerando la simetría y orden espacial implícito, que se entienden como sinónimos del orden social.
Para concluir, hemos de agregar que, en los ocho años que duró la bonanza de Caracoles, el mineral produjo 855.202 kilos de plata con valor de $ 30.053.000 de 48 peniques.
Se ha calculado que el costo total de producción ascendió en números redondos $ 18.000.000, en tanto que los empresarios hicieron una utilidad $ 13.053.000.
Para dar una idea de la magnitud de estos montos, cabe señalar que en 1871 la Casa de Moneda acuñó solo $ 659.364, que las exportaciones de artículos alimenticios en el mismo año eran de $12.302.223, en tanto que las importaciones fueron de $ 3.817.366.
El resultado de estas enormes utilidades fue el enriquecimiento rápido de aventureros y empresarios, quienes compraron fundos y construyeron fastuosas casas y palacios en Santiago, Valparaíso y Antofagasta.
Nace Caracoles y Colapsa Antofagasta
https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/nace-caracoles-colapsa-antofagasta.html
La Flor del Desierto
https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/mc0012938.pdf













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