PRÓXIMAS RUTAS

lunes, 24 de julio de 2023

LA FAMILIA DE COBRE

  •  
    LA FAMILIA DE COBRE

Para aseverar esto, la familia de cobre, debemos contar con las pruebas correspondientes. Tenemos el artículo y el periódico que lo pone de manifiesto, más, no hay cuerpos. Es decir, la mujer y el niño, se perdieron en el tiempo

 

El triste caso del “Hombre de Cobre”.

 

En 1899 se encontró en Chuquicamata, en la mina Restauradora, de propiedad del norteamericano Williams Matthews, arrendada por entonces a un ciudadano francés de apellido Pidot, el cadáver momificado de un minero indígena, que quedó atrapado dentro de su mina por un derrumbe. El cuerpo se hallaba completamente momificado y cubierto de cobre, lo que le valió ser conocido posteriormente como “el hombre de cobre”.

Su hallazgo despertó la codicia de varios, que quisieron comprar la momia al trabajador que la había encontrado. El señor Pidot la transó en 2.000 pesos -supuestamente en nombre del trabajador- con el norteamericano Norman Walker, pero el dueño de la mina, Matthews, detuvo la venta aduciendo que él le había arrendado la mina a Pidot, pero “no a sus mineros”. A esto, Pidot argumentó que teniendo la momia al menos un 1% de cobre, él la consideraba mineral, y por tanto, de su propiedad.  Más de un año duró la pugna por la propiedad de la momia, hasta que se logró su venta. Siguió a esto una serie de transacciones, cada vez por sumas mayores, hasta quedar en propiedad del Ingeniero norteamericano Edward Jackson. El presidente de la SOFOFA, Hermógenes Pérez de Arce, lo estafó, realizando exitosas exhibiciones de la momia sin entregarle ni un peso de lo convenido, por lo que Jackson la vendió a una sociedad formada por los señores Torres y Tornero, quienes tampoco terminaron de pagarla a su dueño, entregándole sólo 5 mil pesos de los 15 mil ofrecidos.



Estos señores llevaron la momia a Estados Unidos en 1901, a la Gran Exposición Panamericana de Buffalo, Nueva York, para exhibirla en el Pabellón chileno. Promocionada con un letrero que decía “Petrificación humana: El único espécimen que existe de un cuerpo preservado de una raza que está ahora completamente extinta”, la exhibición fue un enorme éxito. Tras el término de la exposición, la momia siguió exhibiéndose en varios lugares de la ciudad de Nueva York, donde Torres y Tornero intentaron venderla en varias ocasiones, sin poder lograrlo debido al alto precio que pedían. Sin embargo, su codicia los llevó a perder la momia, ya que habiéndose dado una vida de lujos en Nueva York, adquirieron tales deudas que terminaron siendo embargados por la compañía Hemenway & Co.

Jackson, quien, al no haber recibido el precio convenido por la momia, la consideraba aún de su propiedad, hizo muchas gestiones para recuperarla, viajando incluso a Estados Unidos, pero no consiguió sino ser nuevamente estafado, por lo que volvió a Chile decepcionado y se olvidó de ella.

La momia terminó siendo adquirida y donada al Museo de Historia Natural de Nueva York por el magnate J.P. Morgan en 1905, y sus utensilios, que habían sido vendidos por separado a otras personas, fueron comprados por el mismo Museo en 1912, de manera que desde entonces forman parte de su colección.

Esta momia, parte del patrimonio cultural de nuestro país, nunca debió salir de Chile, o cuando menos debió haber sido recuperada en su momento, pero bien sabemos que en aquellos años nadie se preocupaba por tales cosas. Incluso en los tiempos actuales no existe la debida preocupación por el patrimonio regional, sino que los hallazgos se envían a Santiago donde su rastro se pierde, como bien sabemos nosotros, debido al caso de Tommy, la momia de un niño indígena dolicocefálico encontrada en Mejillones, del cual nunca más se supo. Desapareció sin dejar huellas.

¿Debería nuestro Gobierno hacer gestiones para recuperar al “hombre de cobre”? Creemos que sí. Creemos que sí porque consideramos que su historia no quedará completa hasta que no se haya reunido nuevamente con su familia. Porque sí, aunque no se mencione, pocos años después de su hallazgo se encontró en el mismo lugar de esa mina, y a sólo seis metros de distancia, los cuerpos de su mujer y su hijo, muertos junto a él de la misma y terrible manera. Nos enteramos de esto mediante un artículo (sin identificación de autor, pero probablemente del Director del periódico) publicado en el diario La Nación, del 24 de enero de 1917, el que transcribimos a continuación:

 "Aún en los tiempos modernos la vida de las minas es vida accidentada y novelesca. Guardan ellas misterios (y) secretos. Sus sombrías cavernas fueron y serán teatro de tragedias. Sangre y lágrimas se amalgaman con las riquezas que atesoran.

 Y las minas atraen: el hombre civilizado hogaño, como antaño el indígena, buscan y buscaron sus derroteros, catan y cataron los montes y desiertos hasta dar con sus próvidos filones.

 Con fortuna los unos las rinden a su antojo; sin fortuna los más pierden vida y hacienda, no siendo raro el caso en que tendidos quedan al sol sobre la mina misma o emparedados en el misterio inhospitalario de sus entrañas.

 El grabado adjunto es la reconstitución gráfica de terrible tragedia.     Cierra e capítulo triste de una historia amarga cuyo primer acápite lo escribió ha cuatro lustros la barreta de un minero de Chuquicamata.

 En la mina Restauradora del mineral citado se descubrió, al efecto veinte años hace, la momia de un indio al que un derrumbe cavara prematuro e impenetrable sepulcro. Este indio, que se conserva intacto, vestido de cuprífera armadura, se exhibe hoy en Norteamérica y tal vez hasta el fanal en donde prosigue su sueño de siglos, llegue la noticia de haberse puesto punto final a su historia doliente.

 No hace un lustro, otro minero esforzado, don Luciano Páez, nuestro huésped actual, descubrió en la misma Restauradora, a seis metros del sitio donde fue encontrado el indio en referencia dos nuevas momias igualmente cuprificadas, y que, sin margen a duda, son la mujer y el hijo de aquél indio.

 Junto a ellos se encontraron útiles de trabajo y cacharros usados tres siglos atrás por los indios bolivianos.

 Como lo demuestra el grabado, es tan admirable el estado de conservación en que se encuentran las momias, que no hay un detalle, ni el más mínimo, que haya sido borrado por el tiempo.



 El gesto de sus rostros, las contorsiones de sus miembros, el espanto que revelan las cuencas hondas de sus ojos vacíos, dicen de las angustias de la muerte.

 La familia completa, pero reducida, debió llegar feliz desde remotos lugares en busca del tesoro de la mina; acampó a sus alrededores, horadó sus rocas, se internó en sus cavernas y allí un derrumbe la dejó prisionera por siglos de siglos. El hambre y la sed arrollaron a sus miembros como a piltrafas hasta darlos a la muerte, y una vez muertos todos, como para calmar sus sueños de riqueza, el cobre de la mina fue cubriendo sus cuerpos hasta momificarlos.

 El señor Páez, minero propietario de Chuquicamata, ha querido que no se pierdan piezas tan preciosas de museo y desde la sierra de Calama ha peregrinado con su hallazgo hasta llegar a nosotros."

Pensamos que deberían reunirse estas tres momias, para ser conservadas en nuestro país, como corresponde a nuestro patrimonio. Llamar al “hombre de cobre”, una momia de 1500 años de antigüedad, con el eufemismo de “Embajador de Chile”, para justificar que esté en otro país, nos parece poco serio, y creemos que la decisión de la Cámara de Diputados de 2016, de iniciar gestiones para su recuperación, no debería quedar en el olvido.

Aunque ahora viene otra pregunta, quizá si de difícil respuesta: ¿dónde están hoy día “la mujer de cobre” y su hijo? ¿existe una exhibición en algún museo dónde se la pueda ver? ¿por qué seguimos hablando del “hombre de cobre”, que está tan lejos como Nueva York, y no decimos nada de su “familia de cobre” y sus pertenencias, que debieran estar en algún lugar de la Capital?

Alguien dirá que no deberíamos hacer tales preguntas, porque ya se sabe que "la curiosidad mató al gato", pero sin la curiosidad ¿no estaría todavía el hombre en alguna caverna?

1 comentario:

  1. Estimados,hay qué recuperar estos cuerpos momificados que pertenecen a nuestra cultura

    ResponderEliminar