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viernes, 12 de enero de 2024

LOS OLVIDADOS

 Entre un Maizal de Males


Un día cualquiera ¿Les parece bien un sábado para los más estrictos en el relato? tuve la mala fortuna de encontrarme con un saqueador de cementerios pampinos. Sorprendido “yo” de haberlo visto en sus fechorías, sorprendido y encolerizado “el”, de que lo viese, solo atinó a decirme - con algunas amenazas incluidas – “Si ya no les sirven a los muertos, que les sirvan a los vivos”.

Los valores inculcados me impulsaron – en primera instancia – a no dejar impune este acto, a realizar la reconvención al mísero ladronzuelo y la correspondiente denuncia, pero recapacite ya que me sirvió la lección que me dejó un organismo hará unos años atrás cuando sorprendimos y sacamos a un infausto que estaba destruyendo un espacio de naturaleza y se nos acusó de tomarnos atribuciones de otros. El individuo que saltaba en su motocicleta dentro de una reserva nacional no era – para ellos - el malo, él era deportista, nosotros si lo éramos por haberlo sacado del lugar.

Desde ese momento, solo somos observantes, convencidos de que las cosas pasan porque alguien lo permite.

De igual manera, desde aquella vez, ese hermoso organismo de estado, nos ha hecho la vida a cuadritos, pero no tenemos tiempo para sus niñerías.

 

Que nos dice al respecto Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia.

 

A veces, las mejores intenciones - si no las peores - tienen malos resultados.

En eso pensé al ver este desastre, una tumba abierta y saqueada en un cementerio salitrero.

No, no es la primera vez que veo una, no es primera vez que veo un ataúd abierto y/o destrozado con el fin de sacar, de él, cualquier cosa, por pequeña que sea esta y que hubiesen dejado con su ocupante (debería estar prohibido vender públicamente ciertos vestigios del pasado).

He visto muchos ataúdes rotos, muchos huesos desparramados y demasiados cráneos desaparecidos, robados por algún infame adorador del diablo o por algún oportunista -no menos despreciable-, para venderlo.

Pero me llamó la atención esta tumba porque, el hijo de la difunta, le puso mucho esfuerzo (y dinero, eso de seguro) para preservar el cuerpo de su madre. Esta mujer yace debajo de un panteón de metal, grande y profusamente adornado, que ofrece gran contraste con el resto de las tumbas de ese cementerio. Rodea el conjunto un cerco bajo, también metálico, y prolijamente pintado. Se llega a la tumba bajando una escalera de ocho a 10 peldaños, al final de la cual, en el muro que la enfrenta, se encuentra una placa que identifica a la mujer, y al amante hijo que allí la hubo dejado.



A la derecha, tras un muro extraño, que parece posteriormente levantado, y bajo un techo de fuerte latón agujereado, se encuentra el lugar que la contiene. Los restos de una reja -allí presentes- sugieren que originalmente podía verse el ataúd a través de ella, y accederse al interior.

Lo que yo creo entender es que se construyó así, para que ese hijo pudiera visitarla, ver el féretro y hasta llegar a él y, que en algún momento (¿quizá cuando debió irse de ahí?), se retiró parte de la reja y se reemplazó por ese muro, que la aisló del exterior. Creo que, a eso se debe que el cuerpo dentro del ataúd, estuviera cubierto por una delgada lámina de plomo, que lo encerraba, tras la que se puso la tapa que lo sellaba. Así se contendrían dentro los efluvios del cadáver, y no afectaría – en mucho - que no estuviese enterrado como el resto.

No pensó ese hijo, sin embargo, en que la ambición de la gente supera cualquier obstáculo, supera el respeto por los muertos y supera el miedo a su rencor y venganza.

Y así fue que un día, un día o noche, quién sabe- más de dos manos cortaron el latón que servía de techo, se introdujeron en el mausoleo, abrieron el ataúd, rompieron la lámina y profanaron el yacente cuerpo.


Lleva todavía un gran crucifijo sobre el pecho. Y eso me hace preguntarme si habría allí algo de valor, realmente, o se llevaron un chasco y se fueron con las manos vacías. El ataúd descubierto me hace pensar eso, no se molestaron en taparlo y lo dejaron expuesto.

Así está todavía ahora, y el cuerpo se halla cubierto por una fina capa de polvo del desierto, polvo que se introduce por los muchos resquicios y por el latón a medio cortar, que quedó como una suerte de compuerta, a la que sujetan unas piedras que alguien le puso encima -no creo que fuesen los ladrones-, para que no fuera tan evidente lo que hicieron.

Debió haberla cubierto con tierra, ese hijo. Debió haberla sepultado bien, y no dejarla expuesta a ese trato. Trato que ¿para qué estamos con cosas? Es el que han recibido la mayoría de los muertos, en los cementerios de la pampa. Salvo aquellos que por ser muy pobres quedaron cubiertos sólo por la tierra, con una triste cruz por encima y que ningún saqueador buscaría por ser demasiado esfuerzo para nada.


No fue buena idea ni ese mausoleo ni ningún otro que construyeron, pues sirvieron de señal, de llamada a los saqueadores, a los de entonces y a los de ahora, de aquellos que todavía buscan entre las tumbas algo que llevarse, aunque más no sea que el cráneo del muerto. Les sorprendería ver cuántos han perdido la cabeza, literalmente, en este desierto.

 

Salitreras del sector longitudinal, comuna de Sierra Gorda, región de Antofagasta-Chile.

 

Para saber más:

Las Ciudades del Salitre

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-7715.html

 

Estudio sobre la industria salitrera de Chile.

https://revistas.uchile.cl/index.php/AICH/article/view/49939





 

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