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miércoles, 18 de junio de 2025

UN MILLÓN DOSCIENTOS

 Un Millón Doscientos

(En una sola dosis para el caballero)


Por más que busquemos sentir lo que sintieron y vivieron los verdaderos protagonistas de esta historia, los que realmente habitaron la pampa en los tiempos del salitre, no lo conseguiremos. Ya sea por la época o por las costumbres. Hablamos de tiempos distintos, es decir, principios o mediados del 1900. Son hartos los años que nos distancian. Por tanto, por donde fuésemos o recorriésemos, no seremos más que visitantes.

En resumen. Una cosa es vivirla y otra muy distinta, el tan solo imaginarla.

 

Por lo anterior, nos dice Don Rodrigo Castillo Tapia, el señor bichólogo.

 

Para quienes hemos visitado las antiguas salitreras de nuestro desierto, y en especial sus cementerios, no resulta ajeno el conocimiento de la alta mortalidad que en ellas había. Mortalidad que afectaba a toda la población, pero quizá si especialmente a los niños.

Esto se debía no sólo a las –a veces- deplorables condiciones de vida, sino a que la medicina no había llegado aún a niveles de conocimiento que hoy consideraríamos bastante básicos. Para 1920, por ejemplo, ni siquiera se había logrado todavía producir la Penicilina, ese antibiótico que hoy nos parece tan común, y enfermedades como el cólera, la viruela y el tifus hacían estragos, aunque ninguna alcanzaba el nivel de la tuberculosis, causante del 85% de los enfermos.

Tampoco se prestaban buenos servicios médicos, y muchas veces ni siquiera malos, existiendo un médico para 4 o 5 oficinas salitreras, que no atendía sino uno o dos días en cada una de ellas, pudiendo llegar a tener bajo su dependencia hasta 500 obreros. Además de sus familias, obviamente.

No sólo no existía un buen suministro de medicamentos, sino que además éstos distaban mucho de ser efectivos, en especial los que los médicos entregaban como parte del servicio, debiendo los trabajadores comprar en las pulperías algo de mayor calidad, aunque no necesariamente más útil, para el tratamiento de las enfermedades que sufrían.

La aparición de mejores medicamentos, a mediados del siglo pasado, permitió mejorar un poco esta situación. La masificación del uso de la Penicilina, de la que Chile fue pionero en la producción instalando su propio laboratorio nacional ya en 1945 (sólo un par de años después de haberse logrado una cepa eficiente en los E.U.A.) y con insumos y recursos propios, evitando así la dependencia de los grandes laboratorios productores (Pfizer Inc., Merck & Co. y Squibb and Sons), lo que fue de gran ayuda para el tratamiento de enfermedades infecciosas y heridas, así como de los efectos de las enfermedades venéreas, otro de los flagelos que afectaban a la población de las salitreras.

 

Hemos de tener presente:

“En las salitreras, a principios del siglo XX, las enfermedades de transmisión sexual no eran el problema principal, sino enfermedades como el tifus, la viruela, la tisis pulmonar y el cólera, debido a las malas condiciones de higiene y vivienda. Sin embargo, la prostitución, que existía en las oficinas salitreras, era un factor de riesgo para la transmisión de enfermedades, incluyendo las venéreas”

 

Las imágenes nos muestran antiguas ampollas de Penicilina (usadas) que se encontraron dispersas por una ex oficina salitrera.

 

Para complementar la lectura:

 

La historia de la Penicilina y de su fabricación en Chile

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182006000200012

 

Representaciones de la Trabajadora Sexual Salitrera en la Literatura e Historia Chilena: Contribuciones al Estudio del Trabajo Sexual Pampino del Norte de Chile.

file:///C:/Users/Usuariopb/Downloads/16.+Representaciones+de+la+Trabajadora+Sexual+Salitrera+en+la+Literatura+e+Historia+Chilena.+Contribuciones+al+Estudio+del+Trabajo+Sexual+Pampino+del+Norte+de+Chile+correcci%C3%B3n+final.pdf

 




martes, 23 de enero de 2024

TERESA. EL PUENTE SOBRE EL RÍO LOA


El Salitre de Pampa Joya

Puente Teresa
Página de Tocopilla y su Historia


Gran parte de las imágenes que mostraremos corresponden al Puente Teresa, algunos lo conocen como “Santa Teresa” ya que, en ciertas literaturas, así lo nombran, pero según nuestras investigaciones es Teresa a secas. Y ¿Porqué ese nombre? Algunos – los más osados en lo que guarda relación con las deducciones históricas – hacen referencia exclusiva a la cercanía con la ex estación del mismo nombre, a la antigua estación del longitudinal norte distante a unos cientos de metros del mentado puente.

Ahora bien. Este puente (hecho en acero y fabricado por la casa Krupp de Alemania) se construyó en un desfiladero del Rio Loa con la finalidad de unir ambas márgenes del territorio y de esta manera explotar el caliche de la banda "este" del rio, la denominada Pampa Joya, proyecto minero de mucho coste y auge, en su inicio, hasta que se descubrió que su ley era mala y se trataba de un engaño bien elaborado.  Algunos llamaron a este enclave como Oficina Salitrera Pampa Joya, nosotros le denominamos campamento, ya que, el caliche de allí extraído era procesado en la Oficina Prosperidad distante a 25 km, en la banda oeste del Loa.

Esta fue una aventura que duró hasta el año 1929 producto de la crisis mundial.





Algo de Historia

Si bien el tramo donde se encuentra la estación fue construido como parte del ferrocarril Longitudinal Norte, el cual inició sus obras en 1911 y fue entregado para su operación en el tramo Pintados-Baquedano en junio de 1913, la estación fue construida con posterioridad al inicio de los servicios debido a que fue instalada producto de una extensión realizada por la Compañía Salitrera de Tocopilla de un ramal desde la oficina Rica Aventura hasta el sector de Pampa Joya. Las obras se realizaron entre 1928 y 1930, y la estación fue construida en el punto donde el ramal se cruzaba con la línea del Longitudinal Norte.



La estación no aparece en mapas oficiales de 1929, dado que la estación fue inaugurada en 1946; por esta razón también es consignada en mapas de 1960.

La estación fue clausurada de manera formal el 15 de enero de 1979. Las vías del Longitudinal Norte fueron traspasadas a Ferronor en 1988 y posteriormente privatizadas, mientras que la estación fue abandonada.

Que queda de todo esto en la actualidad.

Tan solo ruinas. Ruinas del campamento, del puente, de los laboreos y de las salitreras, pero también quedó una hermosa y extensa arboleda que brinda cobijo y sostiene a gran parte de la fauna (avifauna) del desierto.

¿Cómo llegar?

Vayan a María Elena y de allí les darán las coordenadas.



















Para saber más

Pampa Joya y el Puente sobre el Loa

https://tocopillaysuhistoria.blogspot.com/2022/07/pampa-joya-y-el-puente-sobre-el-loa.html

viernes, 12 de enero de 2024

LA RUTA A ALGORTA

 ALGORTA


Algorta fue una antigua salitrera ubicada en Antofagasta-Chile que perteneció a don Higinio Astoreca, se dice que paralizo ante del año 1930. También se dice, que después esta salitrera pasó a manos de la familia Urruticoechea, familia de tradición minera. Ya en la década del 40’, Leona de Urruticoechea viuda de Quiroga, le entregó - en vida - su parte de la compañía a su sobrino Luis de Urruticoechea, pasándose a llamar “Astoreca y Urruticoechea”. Entre tanto, en 1942 falleció el socio Fidel Astoreca dejando como herederas a su viuda y dos hijas que optaron por vender su parte a Luis de Urruticoechea, incorporándose a este patrimonio las propiedades salitreras “Concepción” en Antofagasta, y “Algorta” todo esto para 1947. Finalmente, Luis de Urruticoechea Angulo abandonó los negocios mineros para radicarse en España dejando en la gerencia a su hijo Luis de Urruticoechea Echevarría. A mediados de esa década – 1950 - la familia empezó a retornar al negocio minero de la mano de la explotación de yodo, a través de ACF Minera en Tarapacá y Algorta en Antofagasta.




A considerar: Esta salitrera comenzó a construirse a fines del año 1911 y se llamó “Higinio de Astoreca”, su dueño “Astoreca y Cia” un antiguo industrial de Tarapacá. El administrador de ese entonces era don Juan Bombehi.

 

Al buscar más información entre los libros de Becerros (expresión muy nuestra) Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia nos dice:

 

Me gusta la historia tanto como la naturaleza, por eso el recorrer el desierto me produce no poco contento. Pero, aunque es interesante visitar las ruinas de las salitreras, nunca podré conseguir que no sea una experiencia triste.

Yo no puedo simplemente ver esos lugares como ruinas de algo que allí hubo, y mucho menos podría rayar las murallas con un “Aquí estuvo Tonto Retonto, 1997”, o romper algo por el sólo placer de destruir. Para mí (¿Cuántas veces lo habré dicho?) es recorrer un lugar donde vivió gente, donde transitaron personas, donde transcurrió parte de sus vidas.

Encontrar un horno para el pan me hace pensar inmediatamente en quién lo hizo, tanto como en quien lo usaba horneando pan a diario. Me hace pensar en la gente que lo compraba, que lo comía.



Recorrer el interior del matadero hace que desfilen frente a mis ojos los animales que traían para faenar, y hasta creo ver la sangre corriendo loma abajo por la canaleta. Me parece oír los mugidos, y ver la ensangrentada ropa de los matarifes.


No, para mí no son sólo unas viejas murallas que se resisten a caer, para mí son historia viva, que tiene mucho que decir. En Astoreca/Algorta hay mucho que ver, y mucho que sentir.

La mayoría de las casas son iguales, por fuera y por dentro, pero de pronto surge una con alguna diferencia; con dibujos en las paredes, para los niños, por ejemplo. Se ve el intento de alguien, el padre, la madre, por hacer un poco, un poquito, más alegre la vida a esos pequeños, tan sufridos. Algunos de los dibujos nunca se terminaron, quedaron apenas esbozados en su mayoría, y un par de ellos a medio pintar. ¿De dónde sacar pinturas en ese perdido rincón del desierto? ¿y cómo adquirirlas, además, si los sueldos no alcanzaban? En otra casa, el dibujo fue mejor hecho y parece ser uno de los personajes de Barrabases, la revista que trataba sobre un equipo de fútbol. O tal vez -por la época- sea de su antecesora del mismo autor, “El Cometa”.  Infaltable -diría alguien- un Condorito.

Ni los niños ni los adultos lo pasaban bien en la Oficina Algorta, que tenía las peores condiciones y los más bajos sueldos de todo el norte. Se pagaban 60 pesos diarios a los obreros a mediados de los ‘50, en tanto en las otras oficinas recibían sobre 70, e incluso 100 en las de la Compañía Salitrera Iquique.

Según denuncia ante el Senado hecha por el Senador Allende en 1952, las condiciones de vida eran malísimas, siendo las casas chicas e insuficientes, con pisos de tierra y sin ventilación. La Pulpería era también mala y se aprovechaba de los trabajadores, vendiéndoles alimentos de mala calidad.





En la panadería y el matadero se trabajaba en condiciones totalmente antihigiénicas, cosa que -de este último- se puede apreciar en sus ruinas todavía, bastante bien conservadas. Las fondas donde se expendía comida no eran mejores ni menos insalubres, según una inspección municipal proveniente de Antofagasta, realizada por la época. No vimos el Hospital, si algo quedaba de él, del que se sabe albergaba sólo 13 camas, para una población de 5.000 personas. Así, no es de extrañar el alto número de tumbas de niños pequeños, que se pueden ver en el cementerio. Dicen que a esa oficina la afectaba alguna especie de epidemia.

Con todo esto, me pregunto ¿Cómo puede ir gente a esos lugares y rayarlos, ensuciarlos y destruirlos? ¿Cómo puede no importarles ni un comino los últimos vestigios de toda una época?

Quizá sea porque, en nuestra cultura y a día de hoy, ya no importa ni el vecino, ya no importa nada, sino uno mismo.

(Obviamente, los dibujos están en parte restaurados. No es la idea engañar a nadie, es simplemente que no soporto ver las paredes y los dibujos rayados groseramente).







Para saber más:

Las Ciudades del Salitre

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-7715.html

 

Estudio sobre la industria salitrera de Chile.

https://revistas.uchile.cl/index.php/AICH/article/view/49939

 

miércoles, 22 de enero de 2020

EL ALCOHOLISMO EN LA REGIÓN DEL SALITRE



Escrito del Dr. Hugo Lea Plaza Jencque
Profesor de la Facultad de Medicina Universidad de Chile
1925


La vida de la pampa tiene caracteres especiales; es ruda cual ninguna, bajo un clima desigual, desagradable, enervante. Allí no hay distracciones; la monotonía del panorama y de la labor, deprimen el espíritu proporcionando condiciones especiales para el florecimiento de los vicios; perfectamente explicable, es entonces el desarrollo del que nos ocupa. Terminada la labor del día, no hay ya otra cosa que beber y se bebe sin freno y el día Domingo mucho más aún hasta enterar 18 millones de pesos que los obreros de la pampa de las dos provincias salitreras dejan en manos de los cantineros anualmente; se vende licor en todas partes; en los pueblos vecinos a las oficinas y dentro de estas mismas, las pulperías venden las bebidas alcohólicas a mayor precio naturalmente, ya que la pulpería no se ha instalado por el divino botón ni quiere terminar el año con saldo en contra.


LOS PROBLEMAS DE LA REGIÓN SALITRERA, ALCOHOLISMO Y CONSECUENCIAS
(De "La Nación", marzo de 1925)

El señor Rodríguez Peña, Director de la Sección Bienestar de las oficinas de Tarapacá, después de un prolijo estudio estadístico, ha llegado a establecer que en las oficinas salitreras de esa provincia se bebe, comprendiendo toda clase de licores, por valor de 9 millones de pesos al año; no hay razones para pensar que en la región salitrera de Antofagasta se beba menos, tal vez más, de manera (que debemos calcular en un total de dieciocho millones la cuota que anualmente dejan los obreros en las cantinas a cambio del aniquilamiento progresivo de sus personas y de la raza.


Parte de esta cuota queda en las pulperías, muchas de las cuales venden alcohol aún los sábados y domingos, a precios que permitan cierta utilidad.... y la otra parte va a los inmundos burdeles y cantinas de los pueblos vecinos. Entre estos pueblos hay que citar principalmente tres, el pueblo de Pampa Unión, funesto satélite de la pampa de Antofagasta, el de San Antonio, centro de perdición para la de Tarapacá y el famosísimo pueblo de Punta de Rieles, a pocos kilómetros de Chuquicamata, que marca el punto máximo, por lo menos de lo que vi, en lo que respecta a falta de previsión y legislación social; el que visita aquel pueblo y se impone de lo que allí ocurre, llega a preguntarse si es posible que tales cosas se toleren en un país civilizado.
El pueblo vive de tres grandes industrias íntimamente relacionadas; la alcoholización de los obreros del mineral, la prostitución con su cortejo de contagios venéreos y el salteo con despojo a la luz meridiana; hay sólo dos hombres honrados en ese bendito pueblo: el de un comerciante español y el del administrador del Correo; ambos se lamentan de su suerte que los obliga a vivir en constante peligro, expuestos a perder cualquier día, hasta sus buenas costumbres.

El trayecto siempre es el mismo; el obrero del mineral, hombre culto y razonable en estado normal, baja al pueblo en donde lo toma la cantina, que lo envía ebrio al prostíbulo; éste lo marca con el contagio venéreo y lo devuelve al hogar, pero en el trayecto a cualquiera hora del día o de la noche, es despojado de cuanto lleva cuando no se tienta también a desafiar él mismo a algún prójimo.

Claramente se ve que la base de todo este proceso que nos deshonra es el alcohol proporcionado sin control, sin respetar ningún reglamento en forma desenfrenada y salvaje.

En San Antonio y Pampa Unión ocurren cosas parecidas: todo es cantina y prostíbulo: a este respecto me escribe don Juan Bautista Soto, ilustrado obrero de la Oficina Chacabuco: ¡¡ A este mal hay que agregar la habitación inmunda del conventillo, en el cual, en la más repugnante promiscuidad, familias enteras con sus amigos y pensionistas se embriagan en la única pieza que poseen!! ¿quién podrá decir de estos infelices, soy hijo de Fulano, cuando en todo el apogeo de la borrachera el padre confunde a la hija con la esposa y la madre al hijo con el marido y los hermanos se confunden entre sí? y prosigue: "pregunto yo, ¿es obra de patriotismo y de buen Gobierno dejar a esta inmensa mayoría de ciudadanos que siga por esta vergonzosa pendiente? ¿Es honrado no decretar la zona seca por amparar la industria del alcohol?" Para evitar el desbande de los obreros en busca de estos pueblos paradisíacos, de donde a veces no vuelven o tardan en volver, en algunas oficinas se ha optado por no poner atajo ni traba alguna al vicio desenfrenado y entonces la orgía que nos pinta el señor Soto se desarrolla en los campamentos mismos, lo cual explica que en algunos de ellos el ciento por ciento de los hijos sea ilegítimo.


Si esto no constituye una situación seria y bochornosa, de la cual el Gobierno no puede desentenderse, no sé ni acierto a comprender cuáles puedan inquietarlo. Después de visitar la región, aunque sea rápidamente; después de conversar y cambiar ideas detenidamente con los obreros, y no sólo con los administradores de oficinas, como se ha acostumbrado a hacerlo; después de imponerse de la magnitud del mal, del cataclismo humano engendrado por el alcohol, se llega al convencimiento de que sería inútil cumplir, aunque sea estrictamente, el Código del Trabajo; inútil la ley seca, sólo para el radio de las oficinas.

No hay otra solución que la ley seca para las dos provincias salitreras. Se verá después la necesidad de obrar en igual forma en la zona carbonífera; pero lo más urgente es el Norte. La opinión al respecto ya se ha hecho; recibo por cada correo cartas de los obreros urgiendo la aprobación de esta ley salvadora; por su parte, el Intendente Acevedo acaba de convocar a una reunión, que ha sintetizado la opinión de los industriales y de los vecinos de Antofagasta, solicitando la misma medida; el Gobierno no puede negarse a esta súplica., no puede desoír este clamor por la vida: sería el mayor de los desaciertos y la mayor de las ingratitudes para las provincias que, sin exigir mucho y conformándose con poco, contribuyen con los dos tercios al presupuesto nacional.


Dr. Hugo Lea Plaza Jencque

REFERENCIAS:

El Alcoholismo en la Región del Salitre.