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sábado, 31 de enero de 2026

ES LO QUE HAY


Es lo que hay

Me decía mi abuela


Como ya es habitual -y por habitual lo internalizamos como algo normal- lo que resulta maravilloso a los ojos de algunos sapiens-sapiens, tiende a ser destruido por otros sapiens-sapiens. Esa es la consigna actual y acotamos esto a modo de descargo y con la finalidad de crear algo de conciencia. Recuerden, esta es nuestra casa, no tenemos otra y todos estamos llamados a proteger.

 

Pues bien. En cierta ensenada del norte de nuestro país (En Antofagasta-Chile) nos encontramos con un enorme promontorio, o islote, que estuvo aislado de todo y de todos por eones, y en donde anidaba una gran cantidad de aves marinas incluyendo al Pingüino de Humboldt, Spheniscus humboldti, especie considerada vulnerable.

 

Estuvimos visitando dicho lugar por años, maravillándonos cada vez de la biodiversidad que allí había, lo que indicaba que en dicha parte de la costa había los recursos suficientes como para mantener a tanto individuo, de tantas especies distintas. Cormoranes, piqueros, pelícanos y gaviotas habían hecho su hogar en una de las caras del promontorio y era por dicho lado por donde transitaban los pingüinos en su ir y devenir al mar.

 

Ahora, si el trepar dicha roca ya era una gran tarea (en un islote resbaloso por los excrementos y la humedad), el verlos bajar -con tanta agilidad- resultaba un deleite y un comedero de uñas (las nuestras por supuesto) al verlos equilibrarse tan peligrosamente en los bordes, saltar entre las rocas, resbalar por las grietas y finalmente llegar al mar. Nunca pudimos ver a los polluelos, eso era impensado para nosotros porque significaba perturbar aquel frágil espacio.

 

¿Qué pasó con dicho sitio?

 

Como acotamos en el inicio, era demasiado bello como para mantenerse sin intervención alguna. Primero llegaron los turistas, los carpistas, y con ellos la basura, el bullicio y la depredación. Luego llegaron los que no tenían hogar -en la playa- y se establecieron sin control, con sus edificaciones y con sus correspondientes mascotas (para asegurar al resto de los sapiens-sapiens que no faltaría la fauna en dicho espacio). Entre las faenas varias (extractivas por supuesto) que llegaron también a establecerse, la invasión del espacio, la competencia por los recursos y la falta del debido resguardo –por parte de los que están mandatados para proteger- los pingüinos se fueron alejando y ya son varios los años que no los hemos vuelto a ver en aquel sitio.

 

Este islote se encuentra muy cercano al borde costero, cuando baja la marea (un poco más de lo habitual) se puede cruzar caminando y he ahí el problema.

 

Ejemplos como éste no escasean, lamentablemente hay muchos y la tristeza nos envuelve al verlos, ya que poco o nada podemos hacer, sólo insistir y clamar para que nuestra gente -los antofagastinos- comprendan que toda especie es importante y que es necesario, para su subsistencia, el preservar sus espacios de vida. Contrariamente a la idea de algunos, la naturaleza –y su biodiversidad- no está a nuestro servicio, disponible para nuestro uso y consumo exclusivo. Es parte de un todo, y afectar una parte de él es afectar, más pronto o más tarde, ese todo.

 


Te vimos llegar mala especie

Desde las pronunciadas cumbres que dominan ahora tu ciudad, te vimos llegar.

Vimos tu tímido asentarte, agarrarte al suelo estéril, procurando vivir.

Vimos como cada día y cada año crecías y lo que un día era silencio sibilante por el viento, nos trajo el bullicio paulatino pero indetenible de nuestro adiós.

 

¿Adónde vamos terrible criatura si de aquí no hay donde ir?.. Lo que miles de años formaron que eficiente has sido para en tan pocos destruir.

 

Hoy. El penúltimo día de este año hemos bajado al llano sepulcral de nuestro entorno y poco a poco nos ponemos en la fila del adiós.


Las que desfilamos, somos las últimas especies que por las quebradas verás ya que en el sendero del no retorno marchando encontrarás.

 

 

(Extracto del ultimo amanecer. La marcha final de las especies)
















 

 


miércoles, 12 de noviembre de 2025

LA BANDURRIA

La Bandurria

(Sin sus cuerdas)


Tenemos -o contamos- en nuestra hermosa región (por su zona costera) con algunos hitos geográficos que llevan el nombre de esta avecilla, Bandurrias, y hubo un momento (Hará algunos años atrás) que preguntamos sobre el motivo de dicho nombre, si fue debido a la presencia de dicha ave por estos lados.

 

Los más longevos -de los consultados- nos confidenciaron que, antaño, era común encontrarse con ellas por ciertas partes del territorio, inclusive, contaban con ciertos sitios de nidificación bien definidos. Con el correr del tiempo (y probablemente por temas de ciclo climático y quizas la intervención humana) se fueron alejando, aunque, cada cierto tiempo, recibimos más de alguna notificación e imagen de su presencia, ya sea en Taltal, Mejillones e inclusive por Tocopilla.

 

Pues bien. Nosotros la hemos visto un par de veces, por los cerros de nuestra ciudad, especialmente en las cercanías de los humedales que aún se mantienen vigentes (no significa que en buen estado de conservación).

 

Por lo anterior e independiente que por los sures del país esta avecilla forme parte importante del paisaje, también es posible considerarla dentro de los catastros de nuestro desierto, aunque ya sean muchos los años en los que no hay reportes de avistamiento.

 

El señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia anda por los sures pue´h y nos envía estas imágenes.

Las primeras fotografías nos muestran a las aves más silenciosas del territorio, a la Bandurria y el Queltehue, y nos comenta:

 

 

La bandurria, Theristicus melanopis, es un ave grande y llamativa, que habita en gran parte del territorio nacional, aunque ciertamente es mucho más abundante entre las regiones del Bíobio y Los Lagos.

 

El ĺímite norte de su distribución es el extremo sur de Antofagasta, aunque existe una pequeña población en los valles de Arica y Parinacota.

 

Con sus poco más de 70 cm de tamaño y sus llamativos colores, no pasa desapercibida, tampoco contribuye -a ello- su estentóreo grito.

 

Su cabeza y cuello son de color ocre amarillento; con la frente, corona y nuca mas oscuras. La parte que rodea el ojo se ve desnuda y es de color negro, mismo que su garganta y su largo y curvado pico. Las patas son rojizas.

 

Nidifica tanto en acantilados costeros como de lagos, e incluso en árboles altos, construyendo con ramas un gran nido de unos 40 cm, en el que pone de 2 a 3 huevos blancos manchados con pintas cafés y azules.

 

Suelen andar y alimentarse en grupos. Come mayormente insectos y otros invertebrados, aunque también incluyen en su dieta sapos, lagartijas y otros pequeños vertebrados.

 

Aunque prefieren las zonas pantanosas y anegadas, en el sur de Chile también se les puede encontrar dentro de pueblos y ciudades, donde circulan y se alimentan con bastante confianza.

 










viernes, 7 de noviembre de 2025

CUYANA, PARA LO QUE MANDEN.

Cuyana

(Para lo que manden)


Para la gran mayoría, de los connacionales, todas las emplumadas -que asoman en las imágenes- son tórtolas y con eso basta. Resulta sorprendente, pero más saben de estas aves los cazadores que la población y no hay crítica alguna en el comentario. Más, cuando se trata de elaborar un plan de protección o levantar un catastro de las especies presentes en un lugar o un territorio, resulta necesario el conocer un poco más y en esta tarea queremos estar presentes, en el promover a conocer y el reconocer la avifauna presente en el desierto florido y presente en el territorio antofagastino.

 

Nos indica el señor bichólogo, don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

 

Es la más pequeña de las tórtolas que podemos encontrar en Chile, y la conocemos como Tortolita cuyana. Su nombre científico es Columbina picui, y así la conocen en los países limítrofes en los que también habita, como Tortolita picui.

 

¿Por qué nosotros la llamamos cuyana? No sabemos, pero parece lógico suponer que se refiere a Cuyo, la zona de Argentina que hoy es Mendoza y San Juan, y que motivó que antiguamente llamásemos "cuyanos" a los argentinos.

 

Es casi la mitad del tamaño de las tórtolas que solemos ver en Antofagasta (como se puede ver en las fotos), y mucho menor que la Cuculí, esa gran tórtola de ojos azules que desde hace una década se ha avecindado en nuestra ciudad.

 

Mide no más de 18 cm, es de color café claro, con el borde de las alas blanco y una notoria franja negra sobre el ala. La cabeza y el lomo son grisáceo claro, en tanto la cara, la garganta y pecho son color café con leche muy claro, casi blanquecino.

 

Es abundante en la zona central, pero escasa en el norte, hasta Atacama. Por nuestra región llegan ocasionalmente tan solo algunos ejemplares errantes. Habitualmente vive en lugares abiertos y despejados, zonas de cultivo e incluso en las ciudades, aunque es un ave muy tímida y asustadiza, que escapa a la menor señal de alarma.

 

Por lo general no se la ve a mayor altura que 1200 m.s.n.m., pero ocasionalmente se ha registrado en algunos lugares hasta los 3000, altura en que es más común encontrarla en los países limítrofes, en los que también habita. Se alimenta en el suelo, principalmente de semillas, tanto nativas como cultivadas, aunque no se conocen del todo sus costumbres.












 

viernes, 17 de octubre de 2025

EL WAYCHU SEGÚN LOS RECC-RECC

El Waychu según los Recc-Recc


Lo conocíamos como Troglodytes aedon, a nuestro Chercán. Pero nos dicen ahora que ya no se llama así. Ese nombre ha quedado reservado para el Chercán del hemisferio norte, que sería una especie diferente a la nuestra, la que ha recibido el poco agraciado nombre de Troglodytes musculus.

¿Qué por qué lo consideramos poco agraciado? Bueno, porque ese nombre nos recuerda al de otro animal que lo lleva: el Mus musculus, ese pequeño roedor que nosotros llamamos laucha. Pero, en fin, quienes manejan el orden taxonómico (que regula los nombres de las especies) tienen sus reglas y hay que respetarlas, aunque algún nombre no nos agrade.

Para nosotros el nombre común es chercán (que proviene del mapuche chedkañ), pero también tiene su nombre propio en las principales lenguas nortinas: Recc-recc en Aymara y Waychu en quechua.

Es una de las aves más comunes de nuestro país, y resulta posible verla con cierta facilidad, si se presta a tención a nuestro entorno, ya que es de esas aves que se han habituado a vivir entre nosotros y hasta en nuestras ciudades, adaptándose muy bien al entorno urbano, a altitudes que van desde la costa hasta los 3.600 m.s.n.m.

Su pequeño tamaño lo oculta –no pocas veces- de nuestros ojos, pero no obstante el ruidoso canto de los machos los pone continuamente en evidencia. Debido a que son muy territoriales, utilizan su canto para advertir a otros chercanes cuál es su territorio y que no dejarán pasar una intromisión.

De color canela o poco más oscuro, se camufla perfectamente en el entorno, y aunque cuando anda en forma silenciosa es difícil de ver, su costumbre de emitir un ligero piar mientras busca su alimento nos permitirá verlo en acción, si ponemos un poco de atención.

Se alimenta de insectos y otros pequeños animales que busca afanosamente en todo lugar, recorriendo cada pequeño rincón de patios y calles, metiéndose entre las plantas de nuestros jardines y maceteros y hasta en los lugares más impensados, tales como el radiador de los camiones y otros grandes vehículos, por ejemplo.

Anida de preferencia en grietas de muros, oquedades de los árboles o cualquier agujero suficientemente grande, en las zonas naturales, pero en la ciudad aprovechará cualquier lugar que le parezca apropiado, incluyendo cajas-nido creadas por el hombre o hasta los bolsillos de alguna ropa olvidada en una percha.

La pareja construye el nido con pequeñas ramas y hierbas, forrando su interior con materiales más suaves, como hebras de lana o hasta papeles. Suelen criar hasta dos veces por temporada reproductiva, la que suele extenderse entre septiembre y enero en nuestro país.

Desgraciadamente, a pesar de ser un pajarito tan chico, sus nidos no se ven libres de la amenaza de la especie invasora Molothrus bonariensis (mirlo argentino), que los ataca para reemplazar los huevos con los suyos propios, consiguiendo así que, al nacer, los pequeños padres chercanes deban alimentar a una cría de mirlo que es más del doble del tamaño de sus padres adoptivos.

 

Cuento popular chileno:

El Chercán quería construir su nido, pero no lograba hacerlo bien.

Pidió ayuda al Zorzal y luego al Gorrión. Ambos le dieron instrucciones sobre cómo unir las ramas.

El Chercán interrumpía a los pájaros diciendo "¡Ya sé!", y no prestaba atención a lo que le decían, por lo que su nido se desarmaba repetidamente.

Doña Loica finalmente le dijo que había recibido mucha ayuda, pero que debía aprender solo.

El Chercán, al esforzarse por sí mismo, logró hacer su propio nido, aunque de manera muy desordenada, dando origen a la frase "como nido de chercán".










lunes, 15 de septiembre de 2025

TAN CHICO Y TAN BAILARÍN




La primavera se percibe en esta parte del territorio, por Antofagasta-Chile, y esto no solo se advierte por las floraciones, también por la llegada o arribo de muchas especies, especialmente de las aves, las cuales van en tránsito migratorio o tan solo en modo visita.

Ahora. Del modo que se genere esta visita -por migración o de forma casual- grato nos resulta el poder estar ahí y poder dejar testimonio -en imágenes- del avistamiento.

 

El Bailarín Chico

 

Anthus correndera, para la ciencia, bailarín chico, para el común de los chilenos. Esta ave, tan poco conocida en nuestra región, porque se supone no se la puede encontrar tan al norte ni a tan baja altitud, nos sorprendió gratamente con su presencia.

Según la literatura especializada, su distribución en el país está limitada entre Huentelauquén, en Coquimbo, y Punta Arenas, en Magallanes, para la subespecie Anthus correndera chilensis, y al altiplano de nuestra región, entre los 2500 y los 4450 m.snm, para la subespecie Anthus correndera catamarcae. Según esto, encontrarla a nuestra altura en nuestra región es bastante inusual.

De hecho, no parece haber observaciones de esta ave, a excepción de una en el km 12 en 2024, que a nuestro entender está mal registrada, porque la identifica como la subespecie chilensis, siendo mucho más probable que se trate de catamarcae, dado que la distancia a recorrer desde su distribución es bastante más cercana (250 km) que la que hay hasta  Huentelauquén (950 km), y a que es común encontrar especies de aves de la puna en la costa, durante el invierno.

El Bailarín chico, así llamado porque durante su cortejo realiza vuelos ascendentes de 20 a 40 metros (en algunos casos hasta 60), para descender luego planeando y manteniéndose suspendido brevemente, hasta llegar al suelo, para volver luego a volar. Esto lo hace para llamar la atención e impresionar a las hembras.

Anidan en el suelo, pero de forma muy escondida, de tal manera que es muy difícil encontrar su nido. Máxime porque camina escondido varios metros para alejarse de él antes de volar, repitiendo esta conducta para regresar a él. Pone de 2 a 4 huevos de color variable, entre café y gris ahumado, con pintas apizarradas. Se alimentan de insectos, larvas y otros invertebrados, y posiblemente también de semillas.

Su hábitat natural son los pastizales, las riberas de humedales y lagos, y en el extremo sur las estepas patagónicas. Para la subespecie catamarcae se conoce que prefiere las mesetas de la Puna, zonas pantanosas y riberas de cursos de agua, habiéndose registrado su nidificación en los márgenes del Loa. También se le ha visto en tierras agrícolas.

Nosotros podemos documentar ahora su presencia en la costa, en la misma playa y alimentándose de moscas Dolichopodidae y de los pequeños invertebrados marinos que en la arena se pueden encontrar.








jueves, 11 de septiembre de 2025

ANOCHE ME CANTÓ EL CHUNCHO

Anoche me cantó el Chuncho

(El Glaucidium nana por supuesto)




 

¿Búhos o lechuzas? ¿Son lo mismo? ¿Son diferentes? ¿Son lechuzas todas las que llamamos lechuzas, y búhos todos los que llamamos búhos?


Empezaremos hablando de ambos, y diremos que tanto búhos como lechuzas forman parte de un Orden dentro de las aves rapaces, el Orden Strigiformes, que agrupa a aquellas que son de hábitos principalmente nocturnos y están adaptadas para cazar de noche. Ciertamente a algunas de ellas podemos verlas de día, como ocurre con los pequenes, pero buscan su alimento de noche.

¿Cuáles son esas características que las definen y que les permiten la caza nocturna?

Veamos, en primer lugar, sus grandes ojos, ubicados al frente de la cabeza y dotados de pupilas que se pueden dilatar mucho, permitiendo la entrada de la más mínima luz en la noche. Luego, sus oídos, muy agudos, que les permiten captar los más sutiles sonidos y ubicar así a sus presas. Contrariamente a lo que se cree, no es la vista su principal herramienta, sino el oído.

Ya que no pueden mover los ojos dentro de las órbitas –están siempre fijos al centro- lo compensan moviendo la cabeza con una amplia rotación, que puede llegar a los 270°, dando la impresión de que pudieran voltear la cabeza hacia atrás.

Otra característica, importante también, es que a diferencia de muchas rapaces diurnas, su plumaje está diseñado con una especie de acolchado que reduce la fricción, para volar sin hacer ruido, lo que les permite sorprender a sus presas cayendo sobre ellas en medio del silencio de la noche.

Ahora, dentro de las Strigiformes, se puede hacer una división en dos familias: la familia Tytonidae, que agrupa a las lechuzas, y la familia Strigidae, que agrupa a los búhos.

Y aquí es donde podemos contestar entonces las preguntas del inicio. Lechuzas en Chile hay sólo una, la lechuza americana, Tyto furcata. Las demás especies de Strigiformes, que son seis, pertenecen todas a la familia de los búhos: Concón, Strix rufipes; Chuncho del norte, Glaucidium peruanum; Chuncho Austral, Glaucidium nana; Nuco, Asio flammeus; Pequén, Athene cunicularia, y Tucúquere, Bubo magellanicus.

Es cierto que algunas especies, como los pequenes y los chunchos tienen un aspecto parecido a las lechuzas, pero no por eso dejan de ser búhos, ya que son otras características las que diferencian a unos de otras.

Entre estas características, tenemos que el cuerpo de las lechuzas es más delgado, sus colores más claros, sus patas más largas y sus ojos son negros. En tanto, el cuerpo de los búhos es más corto y robusto, tienen patas más cortas y fuertes que las lechuzas, sus plumas son más oscuras y los ojos son de colores llamativos, como el amarillo o el naranja. Una diferencia notable es que en las lechuzas ambos oídos están construidos de forma diferente, captando cada uno los sonidos de distinta manera, lo que les permite una ubicación muy precisa de sus presas en la oscuridad.

Hay además otras diferencias entre ambas familias, entre las que se cuentan los horarios y técnicas de caza.

Para finalizar, ¿qué especies de Strigiformes podemos ver en nuestra Región?

 

La respuesta es que sólo tres: la lechuza, Tyto furcata, el Tucúquere, Bubo magellanicus (el Strigiforme más grande de Sudamérica) y nuestro bien conocido Pequén, Athene cunicularia, el que con más éxito vive entre los humanos. Desgraciadamente, el sonido que hacen las lechuzas por las noches les ha ganado el temor de la gente y han matado a más de una en esta ciudad. El Tucúquere, por su parte, parece evitarnos (sabiamente), limitando su presencia a lugares alejados o muy poco habitados.