Un artilugio más del Demonio.
(Una nueva tentación para facilitar tu vida)
Los primeros fósforos comerciales, inventados alrededor de la década de 1820-1830, a menudo se comercializaban o conocían como Luciferos o "Lucifers".
Reciban nuestros saludos más cordiales y fraternos desde Antofagasta, Chile.
Pues sí. La vida era sencilla en ese momento, nos trataba bien y nos permitía disfrutar de un sabroso pescado frito en las inmediaciones de Pabellón de Pica (para quién gusta del Jurel frito por supuesto). Las aves graznaban felices en la orilla del mar, el cielo era claro, corría algo de viento y el sol no quemaba desde sus alturas, hasta que asomó el señor Bichólogo -cuál Arquímedes (vestido eso sí)- y dijo en su euforia habitual: Los fósforos “Volcán” que encontramos en Huanillos son los antecesores de los fósforos "Los Andes". Eureka.
Algunos pensaron que el señor Castillo del Castillo y Castillo Tapia estaba con una más de sus chanzas (bromas), un chiste al estilo de los que suelen oírse en Caminantes, pero nada más lejos de la realidad: no era chiste. E independientemente de que el señor Bichólogo haya dado la introducción a este tema, se sabía (era obvio) que no podíamos quedarnos tan sólo en los fósforos, sin profundizar en su historia. ¡Malhaya seas Pedro de Valdivia!, ¡Malhaya seas!
Sobre los Fósforos:
Han de saber que Los fósforos "Volcán" eran fabricados por la empresa “Oehninger, Fernández y Cía.”, la primera fosforera chilena, radicada en Talca. Posteriormente, surgieron otras dos empresas: Avaria & Cía y Schleyer, Rivera & Cía., en la misma ciudad. Estas tres empresas decidieron un día cualquiera que era más conveniente unirse que competir, formándose así la "Compañía Chilena de Fósforos".
Por alguna razón –que desconocemos- de las tres marcas que vendían esas compañías previamente, cada una la suya, decidieron quedarse con la marca "Volcán", que más adelante sustituirían por "Los Andes", manteniendo la imagen del volcán. Finalmente, se rediseñó el dibujo hacia uno que mostrara mejor la cordillera.
Pero, vamos con algo de historia y esta historia nos lleva a los inicios, a la domesticación y creación del fuego por parte del hombre.
El control del fuego -su producción directa- fue un hito evolutivo crucial que permitió a los humanos:
- Cocinar los alimentos: La cocción hizo los alimentos más fáciles de digerir, eliminó parásitos y bacterias, y aumentó el valor energético.
- La Supervivencia en climas hostiles: Proporcionó calor, permitiendo a los primeros humanos migrar y sobrevivir en regiones frías.
- Protección: Ahuyentaba a animales salvajes y depredadores peligrosos durante la noche.
- Iluminación y vida social: Alargó las horas de actividad productiva después del anochecer y fomentó la reunión alrededor del fuego, fortaleciendo la cohesión social y el desarrollo del lenguaje.
- Avances tecnológicos: Permitió el endurecimiento de lanzas de madera, la fabricación de cerámica y el desarrollo de la metalurgia (fundición de metales).
- Agricultura y gestión del entorno: Se utilizó para despejar terrenos y fertilizar la tierra.
El uso del fuego marcó una transición fundamental de la supervivencia básica hacia el desarrollo cultural y tecnológico de la humanidad.
Con el tiempo, se dejaron de usar las técnicas antiguas, aquella de frotar la madera y asomó el pedernal, o sílex, una variedad de cuarzo duro y compacto (sílice) que produce chispas al golpearse contra acero, utilizado históricamente para encender fuego y fabricar herramientas, esto duró hasta mediados del siglo XIX.
En la antigüedad, contabas con una fogata grande para cocinar y/o temperar la habitación. Usualmente intentabas volver a encenderla cada mañana con las brasas que quedaban de la noche anterior. Si eso no era posible, volvías a encender el fuego con yesca y leña fresca. Si no contabas con fuego, conseguías algunas brasas a los vecinos y volvías a encender tu hoguera. Siempre había una solución, compleja -a lo sumo- pero la había.
La historia del Fósforo
Hay quienes sostienen que el fósforo, como muchos otros inventos, apareció por primera vez en la China aproximadamente por el siglo X, como palitos de pino impregnados con azufre que permitían generar rápidamente fuego y trasladarlo a otro lugar. Sin embargo, las patentes señalan al químico farmacéutico británico John Walker como el inventor de algo que se aproximaría al actual fósforo (recuerden, todo se inventaba en Europa).
En 1826, Walker estaba creando un nuevo explosivo, en su farmacia de Stockton-on-Tees en el noreste de Inglaterra, cuando recogió del suelo con un palito algo de mezcla que -al rozar por casualidad- se inflamó. La mezcla de Walker poseía sulfato de antimonio, clorato de potasio, goma, almidón y azúcar. El químico vio en su descubrimiento “la luz por frotamiento”, un enorme potencial comercial y se dedicó a ello de inmediato, vendiendo cajitas de 50 unidades a un chelín de la época; no obstante, se olvidó patentar su invento, por lo cual perdió la posibilidad de enriquecerse.
El invento comenzó rápidamente a ser mejorado en otros lugares del planeta. En 1830, en Massachusetts, Estados Unidos, Charles Sauria sería el primero en incorporar el fósforo a la mezcla química de encendido. El fósforo utilizado, al igual que algunos elementos de la mezcla de Walker era altamente peligroso y toxico, tanto en el uso como en la fabricación y fue el sueco Gustaf Erik Pasch quien cambió el fósforo blanco o amarillo por el fósforo rojo, creando lo que llamó “el fósforo de seguridad” (1844), que sólo puede ser encendido frotando con fuerza la cabeza con la lija.
Inmediatamente, los hermanos Carl y Johan Lundström, fundaron la primera fábrica de fósforos modernos y seguros, con la cabeza roja como los conocemos hasta hoy, en la ciudad sueca de Jönköping. En Suecia se crearía la primera fábrica mecanizada de fósforos, luego que Alexander Lagerman construyera en 1880 una máquina capaz de producir las cajas de cerillas que hasta entonces se hacían a mano, y en 1892 consiguiera una máquina que remojaba la madera en las soluciones previstas y, más tarde, la cortaba en forma de cerillas. Con ello, la empresa pasó de manufacturar 4.000 cajas de cerillas anuales en 1844 a 7 millones en 1896. De este modo, Swedish Match dominó el mercado mundial de fósforos, con marcas como Golondrina que también se comercializaron en Chile, antes que Swedish Match comprara la Compañía Chilena de Fósforos.
Los Fósforos en Chile.
En Chile la fabricación de fósforos comenzó hacia 1870, principalmente en la región del Maule, donde la madera del Álamo, necesaria para la confección de los palitos era abundante.
Hacia el año 1900 surgió en Talca la primera fábrica propiamente tal: “Oehninger, Fernández y Cía.”, comercializando su marca “Volcán”. Años más tarde las tres empresas comercializadoras de fósforos del Maule se unieron para crear la Compañía Chilena de Fósforos (1913).
En 1927 integró la propiedad de la compañía Swedish Match Co., el mayor productor de fósforos del mundo. Luego, en 1939, la compañía compró el fundo ”El Copihue” en la cercanía de Parral, naciendo ahí la otra marca de la compañía, Fósforos Copihue. Hoy los fósforos no tienen el mercado que tenían en antaño, sus cajas son casi meros objetos de coleccionistas, los capitales transnacionales se retiraron del mercado y la fabricación nuevamente quedó a cargo de capitales chilenos.
Los Fósforos van en extinción.
Como una miscelánea:
La palabra "toque de queda" viene del francés couvre-feu o cubrir el fuego. Esto se indicaba con el tañido de una campana al anochecer. Esta campana sonaba para recordar a la gente que debían tapar sus chimeneas antes de dormir, presumiblemente para prevenir accidentes por fuegos en la ciudad durante la noche.








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