¡Petróleo en Antofagasta!
¡Atrás bellacos, yo lo vi primero!
Pues bien. En principio, debe haber causado expectación y los más entusiastas, con la noticia de aquel entonces, deben haber sido las ballenas. Aquello de dejar de depender de su aceite -con su vida incluida- para depender exclusivamente del aceite mineral, según citan los expertos:
«Que el petróleo salvó a las ballenas parecía evidente desde hacía tiempo. Fue el historiador Louis Stotz, quien escribió en 1938 que «el descubrimiento de petróleo en Pensilvania dio queroseno al mundo y vida a las pocas ballenas que quedaban». Así ilustró Vanity Fair el descubrimiento de petróleo en Pensilvania en 1861.
Sobre el petróleo de Siglia nos señala el señor bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia que:
Un informe del doctor Carlos H. Fritzche, emitido en 1921, consignaba la existencia de emanaciones gaseosas de hidrocarburos y presencia de parafinas, en un sector de la Cordillera de Los Andes próximo al paso de Sico. Se trataba del Salar de Siglia, junto a la formación del mismo nombre.
Basados en dicho informe, y ante el ansia que existía entonces en el país por descubrir y explotar yacimientos de petróleo, se constituyó la Comunidad «Petróleos de Antofagasta» formada por un numeroso grupo de inversionistas. Dos años después, en 1923, esta Comunidad pasó a ser la Compañía Petrolífera de Hidrocarburos de Antofagasta, incluyendo a nuevos socios. Posteriormente, en 1924, fue vendida a un consorcio australiano, que formó la Chilean Oil Field Company Limited.
Lo que se había encontrado eran arenas superficiales impregnadas de petróleo, de unos 40 cm de espesor. Al hacer un pozo en uno de estos campos de arenas, las emanaciones de gases petrolíferos eran tan fuertes que los trabajadores no podían mantenerse ahí más que por algunos minutos. Otro lugar que generaba expectativas era un cono de barro situado en las faldas del cerro Pirámide, lleno de aguas saladas, del que afloran continuamente burbujas de gas. Ninguno de estos indicios, ni las perforaciones que se hicieron, permitieron concluir que había allí petróleo que pudiera extraerse y explotarse. Aunque es posible que tampoco se concluyera lo contrario.
No fue sino hasta once años y 130 inversionistas después, en 1935, que finalmente se convencieron que en realidad no existía tal yacimiento petrolífero, o que no se daban las condiciones para seguir explorando –no sabemos- y la compañía fue disuelta, terminando así con el sueño del petróleo antofagastino.
No obstante, no podemos dejar de decir -que posterior al cierre de la Compañía- en 1947, un informe del doctor Juan Brüggen, eminente geólogo de origen alemán, fundador del Instituto de Geología de la Universidad de Chile, menciona la posibilidad de que sí existan yacimientos en el Salar de Siglia, dados los indicios observados por él en el lugar.
Finalmente, diremos que Siglia no fue el único lugar del norte chileno que despertó falsas esperanzas y vanos esfuerzos: también se hicieron intentos en el Valle de Lluta (Arica-Parinacota), en Chintaguay (Tarapacá), en Copacoya (Antofagasta, cerca del Tatio) y en la Cordillera de Domeyko (Atacama).
Geología y Morfología de la Puna de Atacama
https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0064532.pdf





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