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lunes, 7 de julio de 2025

EL CERRO COLOSO

El Coloso

El Bastión sur de la Bahía de Antofagasta


Los cerros —cualesquiera que sean estos— están ahí, a nuestro alcance, y podemos disfrutar y/o usufructuar de ellos —siempre y cuando no estén intervenidos por terceros— desde todos los ámbitos. Es decir: deportivos, económicos, logísticos, paisajísticos, de investigación e inclusive literarios. Sobran los motivos para hacer de una cumbre un punto de interés relevante; es más, sirven inclusive para mejorar la economía de un lugar, aunque esto —el proyectar a una ciudad y desarrollar sus puntos de interés turísticos— requiere de gente distinta, gente que aún no ha nacido.

 

Un domingo distinto

 

Resulta inexplicable para los demás, especialmente para aquellos que gustan de una vida más apacible, pero podemos subir innumerables veces a la cumbre del Cerro Coloso y todas ellas nos resultan gratas y diferentes, siempre encontrando algo nuevo en el recorrido o simplemente viviendo nuevas experiencias.

Ahora bien. El Coloso es una enorme mole que se yergue por sobre los 900 m s. n. m. en el extremo sur de la bahía de Antofagasta y, según los expertos, esta mole es muy anterior a la formación de la cordillera de la costa; es decir, mientras esta parte del territorio estaba bajo el mar, El Coloso ya recibía la luz del sol y es probable que contase con vegetación y su propia fauna.

De igual manera, cuando vamos subiendo por las grietas de esta mole y fijamos la vista en lontananza, especialmente mirando al este, es factible el poder imaginarnos cómo se conformó este territorio con el correr del tiempo, las enormes fuerzas que actuaron, las fallas que la circundan, los flujos que se fueron depositando y la vida que fue quedando oculta e inerte en los diversos estratos. Todo esto es posible de advertir recorriendo la base de esta imponente mole y que resulta más fácil de notar e imaginar desde la cumbre.

Pues bien. El Coloso no es tan solo un promontorio que nos puede hablar sobre el pasado remoto; también es la cuna de nuestra Antofagasta, es decir, un pasado algo más reciente. La historia nos dice que, por estos lugares, en una de sus tantas ensenadas, desembarcó el cateador Juan López, aquel que puso (simbólicamente) la primera piedra de nuestra ciudad, lo que él llamó Peña Blanca; pero, cuando López decidió avecindarse definitivamente por estas playas, no lo hizo solo. Junto a él llegaron varios personajes, entre los que destacamos a los hermanos Carabantes, quienes se establecieron por los alrededores del Coloso y explotaron algunos yacimientos de cobre. Hemos de decir que una de dichas vetas aún es posible advertir en una de las abruptas laderas del cerro.

El Coloso nos parecerá en la actualidad un promontorio termo, inhóspito y rocoso, pero la historia nos dice algo distinto y solo nos debemos transportar —con estudios en mano— al pasado reciente. Haría unos 10.000 años, estaba culminando la última glaciación y nos indican los expertos que, por la zona cordillerana, los niveles pluviométricos eran mucho mayores. Dicha agua, la nieve y el hielo marcaron profundamente el territorio, dejando profundas grietas que podemos advertir en la actualidad.

Por las zonas intermedias del desierto, por donde hoy nada crece ni prospera, también había vegetación —una megaflora— y también una fauna variada —megafauna— y esto se advierte —especialmente— en la región de Tarapacá, en donde nos encontramos con asentamientos humanos en el medio del desierto. Dichos asentamientos contaban con sistemas básicos de regadío y vivían de la agricultura y la crianza de animales, algo impensado en los tiempos actuales.

En Antofagasta no debe haber sido muy distinto; hablamos de la vida contenida en el desierto y los efectos de la última glaciación. Por esta parte del territorio contamos con dos grandes cauces que provienen desde el interior, desde las alturas. Hablamos de Quebrada Caracoles y El Profeta. Ambas se juntan por el sector superior del sector La Negra (inmediatamente superior al Coloso) y se distribuyen por las diversas quebradas que dan a la costa. De igual manera, en un tiempo de mayor humedad, hará 10.000 años y 3.500 años atrás (un tiempo muy húmedo en donde se rellenaron los acuíferos del desierto), la humedad en la costa debe haber sido mucho mayor a la actual y lo que hoy encontramos, tan solo islas de vegetación, debe haber formado parte de grandes paños verdes de vida como lo vemos en el sector de Paposo al norte. Con lo anterior y teorizando, Coloso aún conserva vida, escasas especies adaptadas a la sequía intensa, pero en tiempos no tan remotos, dicha vegetación pudo ser abundante, diversa y permitió la vida de muchas especies animales, incluyendo a los guanacos. Estos rumiantes nos dejaron el testimonio de su presencia con sus intrincados senderos, los revolcaderos y defecaderos. También estuvo presente el hombre por la cumbre, quizás en búsqueda de cuarzos para sus puntas de proyectiles y/o en búsqueda de su alimento, tanto de vegetales como de animales. Por el extremo sur del imponente Coloso se advierten las profundas grietas que no fueron modeladas exclusivamente por el viento, eso es evidente; el agua corrió por dichas laderas en su camino al mar y todo el territorio, desde su zona superior y desde las cumbres, contuvo vida natural que debió ser prodigiosa, inimaginable y definitivamente desconocida.

Antofagasta -la región- cuenta con una gran infinidad de cerros, desde los pequeños que dan la espalda a la ciudad hasta aquellos que sobrepasan los miles de metros y que incitan de manera misteriosa a subir, llegar a su cumbre, pero el Coloso no es tan solo la atalaya que domina desde el extremo sur, fijando su vista en el homólogo de Deriva, aquel que se encuentra en la punta norte de la bahía, el Morro Moreno. Coloso es parte de la historia de Antofagasta y forma parte de los grandes mitos y leyendas que se han tejido por los antiguos habitantes, esos que murmuraban que, en una de sus laderas, había una gran veta de oro, una veta que fue confidenciada por un indio —a quien le salvaron la vida— y en agradecimiento brindó las coordenadas de dicho dorado, pero como suele suceder, el confidente nunca gozó de dicha fortuna, murió trágicamente camino al derrotero y se fue al fondo del mar con el secreto de su ubicación. La historia se conoce (aún) como “El Derrotero de Naranjo”.

Es verdad. Subimos un cerro, ínfimo para muchos, apenas 940 m.s.n.m. con distancias totales de 14 km de acarreos, pendientes, muros y bordes, pero la finalidad —para nosotros— no era tan solo el llegar a la cumbre y bajar sanos; para nosotros va mucho más allá.

 

El dominio del coloso

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/2018/06/el-cerro-coloso.html

 

Apart en la Cuenca del Coloso

https://repositorio.sernageomin.cl/server/api/core/bitstreams/28b8a501-33b8-4dbe-870c-7655feeb8cca/content

 



















lunes, 23 de junio de 2025

POR LAS CUMBRES DEL TRES TETAS

Por las cumbres

En un Mar Remoto


Un detalle a considerar:

El Cerro Tres Tetas, ubicado a un costado de la ruta-5 y al noreste del Vicuña Mackenna, es un cerro que motiva -a muchos- por llegar a su cumbre. Sus 2.000 msnm (1.000 m de trepada efectiva) invitan al desafío, pero no es una ruta fácil; es más, la consideramos de alto esfuerzo y de cuidado, por lo cual este escrito no es una invitación para que asuman este riesgo, es sólo una breve descripción de lo que hicimos y de lo que fuimos encontrando durante el ascenso.

Luego de esta breve introducción, quedamos más tranquilos. Están avisados.

 

En la Ruta


El día de ayer, durante la travesía a la quebrada que nos llevaría a la cumbre del cerro Tres Tetas, fuimos encontrando -en el trayecto- muchos vestigios fósiles que nos indicaban la presencia de un mar remoto por el lugar hará millones de años atrás. Nuestra tarea (La propuesta) era llegar a la cumbre y no el de andar buscando vestigios pretéritos o la flora y fauna del lugar que, a todas luces, resultaban muy interesantes y dignos de poner atención.



¿Qué dicen los expertos sobre el lugar?

 

El Cerro Tres Tetas, ubicado cerca de Antofagasta, presenta una geología caracterizada por afloramientos de brechas piroclásticas y lavas andesíticas y dacíticas, con evidencias de actividad volcánica reciente. Se observa un edificio volcánico cubierto por lavas y brechas, con niveles de limolitas calcáreas con presencia de fósiles de Amonites y bivalvos del Jurásico Superior o tardío, periodo que comienza hace unos 161 millones de años y finaliza hace unos 143 millones de años. Este periodo está dividido en tres pisos y edades: Oxfordiense, Kimmeridgiense y Titoniense. Hemos de tener presente que, en el Jurásico Superior, Pangea ya no era un único supercontinente, sino que se encontraba en proceso de fragmentación, separándose en dos grandes masas continentales: Laurasia al norte y Gondwana al sur. Esta división fue un proceso gradual que comenzó en el Jurásico temprano y continuó a lo largo del período.

 

Geología del Cerro Tres Tetas:

 

Presencia de brechas piroclásticas:

Se encuentran niveles de brechas piroclásticas de 8 a 10 metros de espesor en la secuencia, que gradan hacia la cumbre.

Lavas:

Se identifican lavas andesíticas porfíricas y lavas afaníticas andesíticas a dacíticas brechosas.

Fósiles:

Se han encontrado fósiles de Amonites del Jurásico Superior en limolitas calcáreas que recubren parte del edificio volcánico.

Actividad volcánica:

La presencia de brechas y lavas indica actividad volcánica, con evidencias de una fase reciente de actividad (neotectónica).

 

Importancia:

Valor geomorfológico: Las formas del relieve y las evidencias de fallas son de interés geomorfológico.

Valor paleontológico: La presencia de fósiles de Amonites es de interés paleontológico.

Valor geopatrimonial: Las evidencias de actividad volcánica y fallas son de valor geopatrimonial.

Valor Natural: Por la presencia de un pequeño número especies -de flora- que son propias al desierto y que se mantienen gracias a la mínima humedad que llega desde la costa. Nolana leptophylla y Huidobria chilensis. También se advierte la presencia de una gran variedad de insectos entre solífugos, arácnidos, escarabajos, dípteras, etc.

Desde la cumbre se puede contemplar todo el vasto territorio con el imponente Llullaillaco dominando las alturas. Abajo, en dirección a la cordillera, se aprecian los restos y faenas de lo que fue el Cantón de Aguas Blancas y en dirección sur-oeste, se yergue majestuoso el Vicuña Mackenna, todo un espectáculo en un territorio dominado por el sol que se muestra inclemente y agobiante.

18:30 horas, luego de una jornada extenuante, con algunas rasmilladuras y calambres, todos estamos en el vehículo y vamos rumbo a casa.

Vida nada nos debes, vida estamos en paz.