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domingo, 7 de abril de 2024

LA CHUPILCA DEL DIABLO

 Salü´ pue´h iñores



Tal vez y reitero el “Tal Vez” el término “Chupilca del Diablo” se ha escuchado reiteradamente en estos días y ha sido proferida por algunos de los participantes - a nuestras rutas - que han visto nuestras imágenes del último viaje a la hermosa ciudad de Arica y el ascenso al Morro histórico. Más, aquello de tomar ciertos brebajes, como la Chupilca” para el “ánimo y sobre esfuerzo” no es algo ilusorio, pero hacerlo con pólvora, como lo tienen internalizado algunos, puede rayar en la locura y todo esto basado en una novela, hermosa, pero novela, al fin y al cabo. Lo cierto es, que queremos volver al Morro de Arica y ahora van los del vigésimo de Línea, Los Caminantes del Desierto y será – sin duda alguna - un viaje memorable.

¡Apure Leiva ¡

Y Leiva nunca llegó

 

Arica. En donde se creó el Mito

Pues bien. La chupilca es una bebida tradicional chilena de antiguo origen. Tan antiguo que suponemos se remonta a los inicios de la ocupación española, puesto que en su preparación se utiliza harina tostada de trigo, cereal que era desconocido en nuestro continente antes de la llegada del conquistador. No se conoce que haya sido preparada anteriormente con harina de maíz. El otro ingrediente básico de la chupilca, en sus inicios, era la chicha, bebida de uso diario por los indígenas de la zona central, bebedizo que se preparaba con los más diversos granos y frutos.

Se ha querido dar una etimología a la palabra chupilca, otorgándole diversos orígenes. Se le ha supuesto un origen quechua, lengua en la que el uso de la ch es muy común, derivándola del supuesto vocablo quechua chupirka, el que relacionan con chupi, sopa de papas. El problema ahí surge cuando se busca una explicación para la terminación rka, irka o irk’a. No parece haberlo, al menos en el quechua de nuestro país o del noroeste argentino. Tampoco hay una fácil asociación entre una sopa de papas y la chupilca, que vendría siendo un ulpo preparado con chicha. Omitiremos el otro significado que chupi tiene en quechua, por no tener ninguna relación con el tema.

Por otra parte, también se ha dicho que tendría origen mapuche, derivado de copullca, “mazamorra”; pero no se ofrece una explicación para la derivación de “c” a “ch”. Sin embargo, textos antiguos mencionan la palabra cupilca, con el significado de “una mazamorra rala, de harina tostada de trigo o “llalli” en “lagrimilla” de uva, “chacolí” o chicha de uva, manzana u otra fruta” (Cañas, 1910). Con esto, creo que es más dable suponer un origen mapuche. Obviamente, no estamos dando por cierto nada, sólo establecemos nuestro punto de vista.

Como ya hemos visto, en sus orígenes, la chupilca no era lo que se nos ha dicho por muchos años, una mezcla de harina tostada y aguardiente. Si revisamos la cita anterior, nos encontramos con el “lagrimilla”, que define a un tipo de vino dulce de uva, y con el chacolí, otro vino, que se distingue por no ser fermentado, sino que puede consumirse a la semana de haberse preparado. De la chicha no hay que agregar mucho, puesto que todos sabemos que es una bebida fermentada y no destilada. Es decir, aguardiente no llevaba.

La chupilca nos ha dado a los chilenos un mito que la mayoría del país cree como si fuese la más pura verdad, y cómo no hacerlo, si se nos ha enseñado hasta en las escuelas. El mito de la chupilca del diablo.



¿Cómo es esto?

Nos han contado que en la Guerra del Pacífico los soldados chilenos bebían - antes de las batallas - una diabólica bebida, una mezcla de pólvora negra y aguardiente, conocida como la chupilca del diablo y se afirma, categóricamente, que la razón de haber podido escalar el Morro de Arica y derrotar a la guarnición peruana allí apostada, fue precisamente el que antes de iniciar el ascenso habrían bebido semejante brebaje.

Según el consultado, este dice textual:

“Lamentamos decepcionarlos al decirles categóricamente que eso es falso”

Es falso, y no sólo porque no existe ni un sólo registro histórico, ni un testimonio o relato de algún historiador, combatiente u oficial chileno que diga tal cosa. El único que lo ha dicho alguna vez fue un escritor, Jorge Inostroza, en su obra “El Séptimo de línea”. Esta obra, contrariamente a lo que muchos piensan, no es un relato histórico, sino una novela. Tan ficticia como puede ser cualquier novela ambientada y basada en una guerra ocurrida cuando el autor aún no había nacido, en la que agrega detalles que impactan de sobre manera a sus lectores.

Es falso, sobre todo, porque los ingredientes de la pólvora negra se conocen muy bien, y siguen siendo los mismos: carbón, azufre y nitrato de potasio. Mezclar estos ingredientes con aguardiente y beberlo sería una manera muy dolorosa de despedirse de este mundo frío y cruel.

Explicaremos el por qué.

Tomen asiento, y prepárense una chupilca (Sin pólvora por supuesto)

 

Los ingredientes:

 

El azufre, al solo contacto con las vías respiratorias produce graves irritaciones y quemaduras, cuanto más si se lo ingiere. Además, al entrar en el organismo produce mareos, dolor de cabeza y vómitos, e irritación del sistema digestivo. El nitrato de potasio, por su parte, produce también graves irritaciones en la garganta y sistema respiratorio, causando tos y estornudos. Al ingerirse, interfiere con la capacidad de la sangre de transportar el oxígeno, por lo que causa dolor de cabeza, mareos y fatigas. Según el grado de exposición, puede causar también fallas respiratorias y la muerte. Si a esto le agregamos que el alcohol (el aguardiente) también irrita el sistema digestivo y afecta los sentidos, ¿podría alguien que haya ingerido estos elementos juntos no sólo moverse, sino escalar un cerro, y luego combatir a muerte con el enemigo?  Por favor, que nadie lo intente.

La verdadera y única chupilca del diablo es aquella que se prepara con harina tostada y aguardiente. Nada más que eso. Su diabólico nombre proviene no de la pólvora, sino del aguardiente, licor destilado mucho más fuerte que cualquier vino o chicha. Sobre todo, en aquellos tiempos, en que no había control sobre los destilados, y estos no tenían limite en su graduación alcohólica, como ahora sucede.





Y no hay más.

De mi consideración:

Subí raudo el Morro en menos de 55 minutos, pero cuando llegué a la cumbre, todo había acabado. Eso de llegar atrasado en apenas 143 años, inexcusable, pero fui y estuve ahí. A mi favor. Me enteré algo tarde.

 

Algunas dudas irrelevantes

¿El preparado llevaba azúcar?

¿Quedará bien con Stevia en la actualidad?

¿Ugarte salto del Morro?

¿Por dónde viene Leiva?

¿Dónde estaban los ingleses?

 

Para beber Chupilca, el servicio debe ser completo.

Salen 3 chupilcas y 2 corvos para la mesa cuatro.

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