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miércoles, 26 de noviembre de 2025

LA MARCHA DE LAS REGENTAS

La Marcha de las Regentas

Y sus asiladas


Los viejos, sentados a la orilla del mar, queman sus cigarrillos y piensan en las macabras caravanas vestidas de seda, del pecado tan fascinante y tan. fugaz. Se estremecen todavía al recordar a las maravillosas mujeres, venidas desde todos los rincones del mundo, a Antofagasta, a cambiar pecados por oro, a confundir lágrimas con risas, y placer, con muerte.


Antonio Acevedo Hernández

 

 

Desde nuestros inicios, como ciudad, hemos contado con Lupanares (algunos muy reconocidos) y también, con una gran cantidad de damiselas que se dedicaron a dicha actividad. No tenemos objeción alguna ante esto, por el contrario, la historia subterfugia de Antofagasta las menciona, les agradece y las valora, ya que, en un territorio en donde llegaban muchos extranjeros, donde abundaba la soltería, el dinero y las bebidas espirituosas, los resultados podían ser nefastos en lo que respecta a la mujer, su seguridad y dignidad. Más, en esta oportunidad, no hablaremos de esos temas que, en más de las veces, se pasan por alto, como si nunca hubiesen existido, al fin y al cabo, todo tiempo pasado fue mejor y todos los intervinientes -los que estaban vivos en aquella época- eran buenos, e iremos a un problema en particular, a la gran manifestación de las trabajadoras del barrio rojo antofagastino, el motivo del problema y la solución.

 

Nos indica Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia.

 

Está ya por cumplirse el centenario de este extraordinario día, en que las regentas de prostíbulos, casas de Huifas y otros negocios del ramo, junto a sus cientos de sus asiladas, salieron a las calles a protestar por el nuevo Código Sanitario, que no sólo las dejaba sin trabajo, sino que también las dejaba literalmente en la calle, sin tener dónde vivir y sin medio alguno de subsistencia.

 

Pero empecemos por el comienzo, por el génesis de esta historia:

A fines del año 1925, el Código Sanitario chileno, redactado por el doctor estadounidense Jhon Long, prohibía absolutamente el ejercicio de la prostitución y sancionaba severamente el ejercicio de la misma, esta norma estaba lista para entrar en vigencia. La fecha fatal sería el día 1° de enero de 1926.

 

Desde ese día, comenzaría a regir lo dispuesto en el Título IV, De La Prostitución, que decía en su artículo 167, lo siguiente:

 

“Art. 167. Prohíbese el ejercicio de la prostitución y de cualquiera práctica que conduzca a la exposición pública de una mujer a todo género de torpeza y sensualidad.

Prohíbese, igualmente, contribuir o fomentar de cualquier modo el ejercicio de la prostitución.”

 

Esta medida, que pudiera parecer estar bien pensada, en bien de la sanidad pública y las buenas costumbres, en realidad dejaba mucho que desear, porque no consideraba para nada lo que ocurriría con las mujeres que se dedicaban, de una u otra manera, a este oficio.

 

Se debe considerar que, en Santiago, por ejemplo, había no menos de un millar de ellas en esa situación, y que, puesto que el Código prohibía “contribuir o fomentar” de cualquier manera estas actividades, les impedía a las “cabronas” o dueñas de casas seguir albergando a las que habían sido -hasta entonces- sus asiladas, y las obligaba a lanzarlas a la calle, so pena de recibir fuertes y crecientes multas ante la reincidencia, hasta llegar a penas de cárcel, inclusive.

 

No se necesita pensar mucho para entender el problema social que esto significaría y, para quienes no puedan visualizarlo claramente, sirva de ejemplo el caso de una joven santiaguina que, al enterarse de lo que se venía, se suicidó, puesto que quedaba sin lugar donde vivir ni medios económicos, y a sabiendas que en la casa de su familia no la recibirían bajo ninguna circunstancia.

 

Debido a los graves problemas que presentaba aplicación de este Código , se realizó en Santiago el día 31 de diciembre una multitudinaria manifestación de mujeres “de la vida”, que en número superior a mil –según la prensa de la época- invadieron el edificio de la Dirección de Sanidad en Santiago, exigiendo una solución para el enorme problema que el nuevo Código generaba.

 

Y es que hay que considerar que estas nuevas disposiciones no sólo dejaban sin trabajo a estas mujeres, sino también al personal del Servicio de Sanidad a lo largo del país, que hasta entonces eran los encargados de fiscalizarlas y controlarlas en el cumplimiento de las normas sanitarias. Tan sólo en Santiago se había ya notificado del cese de sus funciones a 54 funcionarios a partir del 31 de diciembre.

 

A pesar de que esa noche se logró convencer a las señoritas y señoras de abandonar el recinto, prometiéndoles que se les darían soluciones -las que obviamente tardarían mucho en llegar- los problemas continuaron por largo tiempo. Y largo fue, sin duda, porque no sólo el Código Long no llegó a ponerse en vigor, sino que entre la búsqueda de acuerdos políticos, medidas y soluciones, no hubo un reemplazo oficial para el anterior (de 1918) hasta la publicación el 15 de mayo de 1931 del nuevo Código Sanitario, que ya no prohibía el ejercicio del comercio sexual, sino solamente la existencia de casas o establecimientos dedicados a ello. Medida que permanece, con modificaciones, hasta la actualidad.

Ahora, volviendo al comienzo: ¿Cómo afectó esto a Antofagasta?

 

Pues bien, en nuestra ciudad no faltaban -tampoco- las casas de Huifas –como entonces se les llamaba- ni otros locales que ofrecían semejantes servicios. Y visto que el problema se presentaría en todo el país, también las asiladas antofagastinas -provenientes tanto del sur como de los países limítrofes- salieron con sus patronas a las calles y se manifestaron pública, notoria y ruidosamente en la propia Plaza Colón, frente al edificio de la Intendencia, dirigiéndose incluso a la comunidad desde el Kiosco que aún hay en esa esquina.

 

La Prefectura de policía convocó entonces a las dirigentas de la manifestación a su despacho para, tras una larga reunión, lograr que se retiraran de la plaza y las calles y presentaran sus quejas y apreciaciones de manera más oficial y por escrito a las autoridades.

 

Un hecho sorprendente ocurrido en Antofagasta a propósito de esto, sin embargo, hecho que también salió publicado en la prensa capitalina, fue que los respetables vecinos de la ciudad, apiadados por la situación de las mujeres que habían quedado abandonadas a su suerte en las calles, acordaron reunir la suma de $1.500 pesos, para ayudarlas a salir delante de alguna manera. No se conocen, no obstante, mayores detalles al respecto.







 

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