Caracoles.
Donde el tiempo era Plata
Llegamos “Al país silencioso de la muerte. Sin agua…sin rumbos, sin horizontes, sin vestigios de ninguna vida orgánica… aquella comarca (era) la imagen tenebrosa del caos”. Benjamín Vicuña Mackenna.
Caracoles. Donde el tiempo era plata.
Hemos de contarles -a modo de minucia por supuesto- que, la primera vez que accedimos al ex mineral de Caracoles, de esto hará unos 15 años atrás, por dichos parajes soplaba un viento muy frio, había bastante hielo en el suelo, también en las estructuras. El terreno estaba húmedo y con una gran cantidad de plantas. No era el espacio que nos habían comentado, el del sol perpetuo, el del calor extremo, el sitio yermo ¿Nos habíamos equivocado de camino? o ¿Nos cambiaron el lugar?. Pero no hubo error, estábamos por el lugar en donde se asentaron muchos de nuestros compatriotas en procura de la riqueza pero expuestos a las condiciones más extremas y paupérrimas.
Amigas y amigos. Reciban nuestros saludos más cordiales y fraternos desde Antofagasta, Chile.
Pues bien. Para este trabajo, simple y didáctico, hemos evitado la endogamia histórica y literaria, aquella práctica que lleva -en más de las veces- a hablar y escribir sobre lo mismo, basado en los mismos autores y bajo una misma perspectiva y visión, algo así como realzar a los buenos y demonizar (hasta el cansancio) a los malos. En esta oportunidad haremos algo diferente: Para aquello los queremos invitar a que nos acompañen al mineral de Caracoles, nuevamente, pero esta vez con una visión distinta y probablemente desconocida.
Hoy hablaremos de todo aquello que resultaba habitual para la gente que vivía en dichos espacios, tema que no resulta sencillo de abordar, porque no son muchos los investigadores que se han abocado a desentrañar lo cotidiano en dicho mineral. Estos, son temas muy básicos como la vivienda, la comida, el agua y la vestimenta, o más complejos, como la salud y/o el transporte. Esperamos que, para el que no sabe o es primera vez que se topa con estos detalles -tan humanos o terrenales- les resulte un aporte, aunque ciertamente para algunos pueda parecer una nimiedad. Eso dependerá de cada quién.
Pues bien. He aquí el conocimiento de algunos investigadores (sus dossiers) más nuestro humilde aporte, la tarea que nos caracteriza, el haber estado ahí y haber realizado un exhaustivo trabajo de campo para recopilar imágenes e información, con el solo fin de ampliar el espectro del conocimiento, tanto el de nuestros integrantes (quienes ya no sólo ven ruinas donde las hay) como también el de todos aquellos que visitan nuestras páginas.
Desde nuestra vereda:
«Cualquier tiempo pasado fue mejor» no se aplica a esos lugares y esos tiempos en donde un resfrío, una simple patología, la falta de higiene, la carencia de agua, etc. podía hacer muy delgada la línea entre la vida y la muerte.
Bienvenidas, bienvenidos.
La comarca de Caracoles no es más que un llano polvoriento rodeado de cerros en una vasta planicie que cae -suavemente- al fondo de una gran quebrada. Todo en el lugar muestra la desolación más absoluta y muy poco prospera en esos suelos resecos.
En cuanto a su nombre, este proviene de los caracoles. La antigua Placilla, los cerros y el mineral están cubiertos de ellos, de caracoles fósiles que corresponden a amonites, Ammonites biplex, una subclase de moluscos cefalópodos extintos. Este espacio muestra -por demás- su formación geológica que data del Jurásico; es decir, su formación estratificada está formada por las aguas. Estas estratas han sido levantadas por erupciones volcánicas.
Este enclave o distrito minero se ubica a unos 204 kilómetros de la ciudad de Antofagasta -en linea recta-, a una altura que supera los 3.000 m.s.n.m. y fue -en su momento- el nuevo Chañarcillo para los mineros, aventureros y especuladores de mediados del siglo XIX (1870-1879).
En cuanto a su ubicación: este se encuentra por las serranías que dan la espalda al Cerro Quimal y, al costado (sur oeste) de los cerros de Limón Verde, en la actual comuna de Sierra Gorda. El sitio se ubica al interior de una amplia zona climática clasificada como desértico normal la cuál se caracteriza por una limpidez atmosférica, baja humedad relativa, fuerte oscilación diaria de temperatura y ausencia casi absoluta de precipitaciones. Esas características climáticas implican una gran aridez, de manera que en Caracoles está ausente todo tipo de vegetación (Fuenzalida Ponce 1965). Algo que hemos comprobado. En Caracoles no hay ausencia de vegetación.
En cuanto a su descubrimiento -cosa que se hace mención en todos los textos- podemos decir que fue un grupo de cateadores, expertos, encomendados por José Díaz Gana en sociedad con el barón Arnoux de la Rivière, quienes dieron con este gran mineral en una mañana de marzo del año 1870. No dejaremos de nombrar a los naturales de la zona, Garabito y Osorio, quienes brindaron la ubicación de los cerros de los cuales manaron la riqueza para los estados de Bolivia y Chile, para los aventureros (en gran parte chilenos), para los especuladores (especialmente los chilenos) y forjó riquezas en algunos y desazón en otros (especialmente también, chilenos).
La Leyenda
El descubrimiento de Caracoles deriva de una antigua leyenda indígena, conservada por la tradición hasta 1870, la que señalaba la existencia de un cerro de plata, allá, en las inmensidades del árido desierto de Atacama. Dos changos que residían en las inmediaciones de Cobija, llamados Garabito y otro indio Osorio, eran poseedores del derrotero. Vivian con su secreto, esperando recursos y una ocasión favorable para posesionarse de las deseadas riquezas. Decidieron emprender viaje al desierto, y al mes de haberse efectuado, José Garabito regresaba a su choza, como perseguido por la sombra de un crimen misterioso, fantasma del desierto, que en todas partes seguía sus pasos, soñando con luchas a puñal en que habían muerto su hermano y compañero; él mismo murió encerrado en impenetrable mutismo, despojado de su lucidez.
La Historia
Al saberse la noticia del descubrimiento de Caracoles, comenzó la fiebre de la plata en el país. Todos aquellos que escuchaban sobre las maravillas de Caracoles, en las que se hablaba del lugar en donde la plata se encontraba sobre la tierra (literalmente), buscaron la manera de embarcarse al norte, sin siquiera tomarse el tiempo para averiguar en donde se encontraba, ni sus condiciones. Acceder a estos parajes, en ese entonces, sólo era posible por mar y los puertos del sur del país se atiborraron de entusiastas viajeros, que repletaron los escasos barcos que hacían carrera al norte (esto ocurría en cada uno de los puertos). La historia y las crónicas nos hablan de barcos abarrotados de gente, animales y carga, todos ellos en dirección a Antofagasta, ciudad que tuvo que recibir –y contener- a esa gran avalancha de gente, surtiendo con agua, alimentos, provisiones, herramientas y animales de tiro a una población en franco crecimiento; claro está que gran parte de aquellas personas sólo estaban de paso y, apenas se aperaban con lo necesario (pagando precios exorbitantes por todo aquello que no habían traído consigo) se internaban por el desierto en dirección a la riqueza, al cerro de la plata.
La llegada a Caracoles
En un inicio Caracoles fue tan sólo un improvisado campamento minero, el lugar era rústico, inclemente, carente de todo, no tan sólo de las mínimas comodidades, sino hasta de lo más básico. El territorio se comenzó a habitar con simples carpas de lona dispersas, también con rústicos habitáculos construidos en la roca misma o mediante pircas hechas con las piedras del lugar y cubiertas con lona. Para el año 1871 –casi un año después del descubrimiento- recién comienzan a levantarse algunas estructuras sólidas y se ordenan las calles. Para 1872 Caracoles ya se muestra algo más civilizado, los bares, cantinas, panaderías y cocinerías están por doquier y entre todo el distrito se cuenta con una población cercana a las 20.000 personas. El año siguiente -1873- fue más auspicioso aún para las inversiones, instalándose sucursales de las grandes casas de comercio del litoral, en amplias construcciones de madera u hojalata. Complementariamente, la urbanización de Placilla Norte prosiguió durante aquel año con la edificación de hoteles, así como con la construcción de veredas y alumbrado público, representado por una linterna suspendida delante de cada puerta. Finalmente, durante 1874, la mencionada Placilla se había convertido en una “pequeña ciudad” ordenada, constituida por “viviendas armoniosas, simétricamente alineadas, dispuestas en calles bien trazadas cortadas en ángulo recto”. Asimismo, el centro del asentamiento lo ocupaba una plaza cuadrangular, flanqueada por importantes edificios como la “hermosa” casa de la Subprefectura y una pequeña iglesia “podemos decir elegante”, construida en madera pintada al óleo, con “un porche con columnata coronado por un campanario cuadrado”. Un proceso que tomó cuatro años para que este rincón del desierto se transformara en “una ciudad”.
Los asentamientos y las explotaciones:
Cuando nombramos a Caracoles y su placilla, de inmediato se viene la idea que era un solo asentamiento minero y poblacional, pero no es así. Caracoles llegó a contar con 5 espacios independientes entre si, cada uno con su correspondiente población. Hubo momentos -inclusive- en donde uno de estos asentamientos quiso independizarse totalmente de los otros construyendo su propia placilla y estableciendo sus propios centros de compra.
- En base a la importancia y magnitud que el Grupo de La Isla habría alcanzado, en términos de su desarrollo y poderío económico, habría pretendido «eclipsar» la importancia de la Placilla norte”, solicitando “independizarse” de la anterior a través de su propia administración pero quedó y será siempre un arrabal de Caracoles” (Labastie 1901:14).
Sobre su distribución territorial:
La historia nos dice que, a tan solo dos años después del descubrimiento de Caracoles, el delegado en el Departamento del Litoral del Supremo Gobierno de Bolivia, señalaba en su informe que dicho mineral se dividía en “tres secciones denominadas 1°, 2° i 3° Caracoles”. Asimismo, el punto de división del mineral en las mencionadas secciones, se encontraría en la “sierra baja que se interpone y que se le llama la Isla”, la cual intersecta “la serranía que corre de norte a sur por más de diez leguas”, escenario principal del Mineral de Caracoles. De forma parecida, el Ingeniero Carlos Plisson en su informe sobre Caracoles, señalaba que el mineral se conformaba del “1º, 2º, 3º y 4º Caracoles”. También señalaba que Caracoles 1° se ubicaba en una alta sierra orientada de norte a sur, conformada por “una infinidad de lomas más o menos altas”, mientras que Caracoles 2° se ubicaba en los macizos de cerros ubicados al sur de la anterior. Asimismo, Caracoles 3° se ubicaba en una pequeña y alta sierra, también orientada de norte a sur, existente sobre “una pampa espaciosa i alta” emplazada unas 7 leguas al sur de Caracoles 1°. El Ingeniero Plisson agrega la existencia de un cuarto sector en la ocupación del sitio, mientras que la variabilidad en la cantidad de sectores del mineral, constituye un elemento siempre presente en las descripciones de la época.
¿El agua?
Para la gente, para los animales y para las faenas.
El agua debió haber resultado fundamental para el mantenimiento de los habitantes y esta resulta muy compleja de trasladarse a través del desierto y más compleja aún de consumir, pero la necesidad era más apremiante.
Desde los primeros años de ocupación del Mineral, fueron descubiertas varias aguadas en parajes ubicados a cierta distancia de los asentamientos. De esta forma, es posible señalar la “Aguada de la Escalera”, descubierta en la falda noreste del cerro Quimal, así como la “Aguada de Juan Bravo”, ubicada en el camino de Caracoles a San Pedro de Atacama, correspondiendo a la de mayor altitud en el grupo de Aguas Dulces. Asimismo, el “Agua de los Ratones o Aguada de los Ratones o Aguadas Saladas”, ubicada sobre las faldas sureste de los cerros de Limón Verde en el camino de Calama a Caracoles, fue utilizada durante el siglo XIX para dar de beber a los animales en función de su mala calidad, son aguas salobres. El grupo de “Aguadas de Aguas Dulces”, ubicadas en la quebrada por la que pasaba el camino a San Pedro de Atacama, suministraron a la numerosa población del mineral, toda el agua potable durante los primeros tiempos. De esta forma, tres compañías rivales estaban a cargo del transporte y venta del agua potable en la década de 1870, la que era diariamente transportada en barriles cargados a lomo de mula, así como en carretas estanque tiradas por tres o cuatro mulas, desde una distancia de ocho a diez leguas. Hemos de tener presente que, el agua potable que se encontraba a la venta en Caracoles, presentaba dos calidades representadas por “agua casi dulce”, más cara y menos abundante, así como por una de “segunda calidad”, salobre y con “cierta proporción de sulfato de magnesio”, abundante y más barata. En este contexto inicial, además del salario y la comida, los mineros habrían recibido alrededor de ocho litros de agua dulce por día. ¿Agua para el baño? Imposible, solo un trapo húmedo, por ciertas partes del cuerpo cada cierto tiempo. El agua era para beber, cocinar, lavar la vajilla y, si acaso, para lavar la ropa, aunque algunos autores indican que salía más a cuenta el comprar ropa que lavarla.
Ahora, sobre la alimentación en Caracoles:
La gran cantidad de cuescos de durazno en los basurales nos indica que, como en otras faenas mineras y salitreras, la población era asidua al mote con huesillos, especialmente como postre o bebida. Los alimentos sólidos están determinados por lo habitual, cazuela y porotos, aunque la carne no faltaba y eso queda en evidencia por la gran presencia de restos de animales, hablamos de huesos de bovino, muy populares en preparaciones de caldo. Asimismo, resulta frecuente observar, tanto dispersas como concentradas, pezuñas herradas y sin herrar, correspondientes a restos de bovinos y caprinos consumidos en el lugar, mientras que también es posible observar restos de cráneos y mandíbulas desechadas en los basurales, revueltos con materiales de fines del siglo XIX. El consumo de determinadas carnes, obtenidas de especies que siguen siendo consumidas con frecuencia en la actualidad, habría constituido una fuente privilegiada de proteínas, no resultando poco frecuente observar los restos óseos desechados. Por su parte, los productos frescos representados por frutas, verduras, aves, huevos y harinas, fueron transportados por caravanas provenientes de Calama y Chiu-Chiu, así como por los barcos de cabotaje provenientes de puertos chilenos y peruanos. Es posible reconocer y mencionar la existencia de restos materiales de ciertos vegetales consumidos, entre los que se cuentan el maíz (corontas) y los duraznos (cuescos), ambos presentando cierta frecuencia de aparición en la superficie de basurales.
También encontramos restos malacológicos en Caracoles, entre los que se cuentan fragmentos y conchas enteras de ostión (Argopecten purpuratus), loco (Concholepas concholepas) y choro (Choromytilus chorus), las evidencias de alimentos de origen marino resultan bastante escasas en las superficies de los mencionados basurales. Sin embargo, resulta importante señalar que una de las maneras en que el pescado llegaba al Mineral, era enlatado importado y de origen europeo. De esta forma, resulta frecuente observar en la superficie de basurales envases de sardinas enlatadas, preparadas en aceite de oliva.
Las bebidas (Alcoholes y varios)
La gran cantidad de botellas que encontramos dispersas, por todo el territorio, nos indican que se bebía bastante por aquellos lares y que los gustos iban desde los fermentados que pertenecían a la clase alta del momento, es decir la cerveza, pasando por vinos de diversas cataduras hasta licores más fuertes y espirituosos. El surtido de estos provenía en su mayoría del sur del país (las etiquetas y los grabados así lo indican) pero incluía también rarezas provenientes del norte del continente y de Europa (como la Ginger Ale irlandesa de Ross&S). Según las crónicas, dichas botellas eran recicladas -por los mineros- para contener agua y más de algún merecedor a la excomunión ha indicado que dichas botellas eran vueltas a rellenar con líquidos espirituosos. En conclusión: vinos y cervezas eran la tónica de Caracoles y no sólo para celebrar, con ganas y por muchos días, las fiestas patrias bolivianas y chilenas, sino como parte del diario vivir. Cosa muy comprensible cuando se observa el entorno hostil, agreste y árido en que debían vivir.
La salud en caracoles
Como solía ocurrir en dichos años y muy especialmente en la américa hispanoparlante El confesor estaba antes que el «médico de cabecera». Por aquello, en caracoles, se erigió una iglesia antes que contar con un establecimiento de sangre (salud) y/o con un médico. Según las fuentes consultadas, para 1873 ya se contaba con un hospital en el sector de La Placilla de Caracoles, pero esa es toda la mención que hemos encontrado sobre «La salud» en Caracoles.
La Salud en Caracoles
Es cosa de visitar el cementerio principal de Caracoles, o simplemente caminar un poco más y recorrer los cementerios desperdigados por las quebradas, para darnos cuenta que los niños eran los principales candidatos a caer producto de las plagas y pestes que asolaban estos parajes, carentes de salubridad e higiene. ¿Médicos? quizás los hubo en algún momento; para cerciorarnos deberíamos revisar los diarios de la época (El Caracolino, por ejemplo) pero no hemos contado con ese privilegio. Es menester suponer –en todo caso- que la tarea de cuidar de la salud de esa enorme población fuese encomendada –en alguna medida- a curanderos, comadronas, compositores y mercachifles, Hay en el lugar gran cantidad de envases de tónicos (vehículo azucarado), elixires (vehículo el alcohol) y brebajes (de todo un poco mezclado con hierbas) que ofrecían curarlo todo. Es factible que en los emporios (almacenes) de la época tuviesen alguna medicina, como ocurre en la actualidad, pero también debieron llegar mercaderes que llevaban el secreto de la salud embotellada, con premios en París y recomendada por zutano y mengano, que eran promovidas a viva voz en los lugares más visitados del lugar, un mercadillo por ejemplo.
¿Siente dolor? ¿Mucho dolor?
Tome infusiones de cachanlahuen pues, "la «canchalagua» es medicina natural, nativa y eficaz contra el dolor.
El problema era que los nativos a todo dolor lo llamaban cachán y, a toda yerba medicinal, lahuen.
Es posible señalar la existencia de determinados objetos que originalmente sirvieron como contenedores de líquidos utilizados como medicina o remedio (a no ser que correspondan a botellas reutilizadas como contenedores de otros líquidos). De esta forma, es posible observar determinado tipo de botella de vidrio, generalmente de color café en tonos diversos, correspondiente a piezas de base cuadrada o rectangular (la cual a veces presenta una oquedad circular central), así como un cuerpo conformado por caras planas (unidas en ángulo recto). Este tipo de botella son características por presentar inscripciones en sobre relieve, ubicadas en la superficie de las caras del cuerpo, donde es posible observar la palabra BITTER’S (amargos). Este corresponde a un líquido constituido por una alta proporción de alcohol, popularmente consumido entre la década de 1840 y las primeras décadas del siglo XX en Occidente. Este producto fue muchas veces publicitado como un medicamento capaz de curar largas listas de enfermedades, mientras también hemos observado casos en Caracoles que hacen referencia específica al estómago (por ejemplo Hostetter`s, Estomach bitters). Por su parte, de manera coincidente con las botellas de este tipo observadas en Caracoles, se ha señalado que si bien las botellas de vidrio utilizadas para Bitter’s y tónicos medicinales presentarían una variedad de colores, los predominantes serían claramente aquellas en diferentes tonos ámbar y translúcidos.
¿Se tomaban el elixir para combatir la tos o porque contenía alcohol?
Si queremos hablar de la salud -propiamente tal- en el mineral de caracoles, primero debemos abordar como era el tema de salud a nivel nacional, en las urbes desarrolladas.
La salud en Chile durante la década de 1870 se caracterizó por graves deficiencias higiénicas, alta mortalidad infantil y epidemias recurrentes como viruela y tisis. La atención era mayormente caritativa, gestionada por beneficencia, mientras surgían los primeros esfuerzos estatales por enseñar higiene (1872) y fomentar la vacunación.
Características de la Salud (1870-1880):
Epidemias y Mortalidad: La población enfrentaba viruela, tifus, tuberculosis y cólera, con una esperanza de vida muy baja tanto para hombres como para mujeres.
Condiciones Ambientales: La falta de alcantarillado, agua potable y las viviendas precarias (conventillos) facilitaban la propagación de enfermedades.
Higiene Pública: En 1872 se decretó la obligatoriedad de la enseñanza de la higiene en escuelas, reflejando el inicio de la influencia de médicos higienistas como Adolfo Murillo.
Atención Médica: Dependía de la beneficencia y filantropía, con escasa intervención estatal directa, aunque comenzaba a perfilarse la necesidad de un sistema público.
Este periodo fue el preludio de una mayor institucionalización, que llevó a la creación de la Junta General de Salubridad en 1887 y el Instituto de Higiene en 1892, según detalla el Instituto de Salud Pública de Chile.
Nota al margen:
Se hace mención al Dr. Benjamín Fischer quién se encontraba en Caracoles al momento de la muerte de Don Belisario Salinas (1898). No hay antecedentes que dicho médico estuviese ejerciendo en Caracoles o solo fue una visita fortuita.
La Mujer en Caracoles
Se habla y se dice que, la presencia de la mujer en caracoles era ínfima o escasa, cosa que raya en la contradicción al haber -según los datos históricos- familias establecidas en el lugar y con la creación de escuelas en la placilla para niños y niñas entre los años 1874-1875.
«El 18 de septiembre de 1874 se inauguró la primera Escuela para niños, con el nombre de “José Victorino Lastarria”, y el 6 de Agosto de ese mismo año se fundó una escuela para niñas, con el nombre de “María Josefa Mujía”, en recuerdo de la distinguida poetisa boliviana de ese mismo nombre»
Ahora bien, estas mujeres se dedicaban -mayormente- a labores de servicio, comercio y atención de los mineros
Hemos de agregar que, en aquellos años, la expectativa de vida de una mujer en Chile era muy baja, aproximadamente 35 años y sumando -además- la precariedad del lugar «Caracoles», en donde ellas también estuvieron presentes, estos índices debieron ser más bajos aún.
El que anda al galope:
Caracoles debió ser un gran establo y por sus calles transitaron -diariamente- bueyes, caballos, mulas y burros.
Podía resultar muy complejo el llegar a los cerros de la plata e inclusive, nos dice la historia, que no era extraño el encontrarse con compatriotas caídos por el camino consumidos por la sed, el frio, el agotamiento o el calor del desierto. Llegar a Caracoles se podía hacer en tren, hasta la estación más cercana o, en carreta, a lomo de bestia o caminando, cosa que algunos hicieron. Muy simple. “Los que no tienen los 30 pesos que cuesta arrendar una mula, van de a pie, sin ningún recurso para atravesar el desierto. Los que van en mula llegan en cuatro días. Los que van a pie, necesitan unos 10”.
El que se quería marchar de Caracoles debía tomar el camino en dirección a la estación más cercana, subirse a alguna carreta de tránsito para acortar el camino, ensillar el animal (si lo tuviese) o simplemente, caminar.
«Con el portentoso descubrimiento del rico mineral de Caracoles, la afluencia de carretas se intensificó de una manera asombrosa. No solo se fabricaban en la maestranza de don Eduardo Orchard, sino que también se traían en gran número, en cada vapor que recalaba en este puerto, de Valparaíso y Caldera. Las carretas a que nos referimos son las que comúnmente se llaman de “huellas” y que se construyen especialmente para hacer largos viajes y soportar fuertes pesos. Son grandes, solidas, con toldo y provistas de una palanca para sostener las ruedas en los declives de los caminos. Y junto con las carretas se acrecentó, como era natural, el número de mulas, llegando este a no menos de 12 mil. La empresa de carretas más importante que se establecieron, fue la organizada en 1874 por los señores Escobar, Ossa y Cia, y Dorado y Wolkmar, en forma de sociedad anónima bajo el nombre de “Empresas de Carretas de Antofagasta”.
Las otras Empresas de Carretas que existían en este puerto pertenecían a los siguientes señores; Rafael Garmendia, Juan de Dios Varas, Vallejo Hermanos, (don Antonio, don Benito, y don Abraham, Gerente este último de la Sociedad), José Varas, Agustín Grenert, Rafael Ormazabal y Anselmo Acuña. Además, existían numerosos propietarios que poseían una o dos carretas que traficaban entre este puerto y el mineral, atendidas por ellos mismos.
Las grandes empresas tenían perfectamente organizado su servicio de movilización y de transporte, y tanto el acarreo de carga como el transporte de pasajeros estaba sujeto a una tarifa especial. Un lote de 12 a 15 carretas formaban un “retazo” y cada uno hacia su viaje sujeto a un itinerario fijo y bajo las órdenes y vigilancia de un “capataz” o un “sota”, los cuales eran responsables ante sus jefes de cualquiera irregularidad que ocurriese en el camino, como asimismo de la falta de cumplimiento del itinerario a que cada retazo estaba sujeto. Los paraderos o “posadas” que existían en el camino entre este puerto y el mineral de Caracoles, se denominaban: “Salar”, “Mantos Blancos”, “Cuevitas”, “Salinas”, “Punta Negra” y “Los Amarillos”.
La prolongación del Ferrocarril al interior y el decaimiento del mineral de Caracoles hicieron, poco a poco desaparecer las legendarias carretas que tan útiles y oportunos servicios prestaron a estas regiones.
Dos de las empresas poseían también algunos coches para el servicio de pasajeros al interior. Estas eran, la de don Agustín Grenert y la de los señores Vallejo Hermanos. Eran vehículos completamente cerrados y de sólida construcción, como para recorrer malos caminos»
El papel higiénico
¿Pero como vamos a hablar de eso? Que asco, me opongo.
En 1875, el papel higiénico comercial era prácticamente inexistente en Chile. La higiene personal se basaba en métodos tradicionales como agua, trapos, hojas o periódicos. El primer papel higiénico se lanzó en EE. UU. en 1857, pero la comercialización masiva del papel enrollado moderno comenzó recién alrededor de 1880.
En lugar de papel higiénico especializado, se utilizaban materiales suaves disponibles, como papel de diario, revistas, o trapos de tela amarrados a un palo (en forma de mopa) inmersos en un balde con agua. Cosas comunes incluso décadas después.
A modo de comentario. Siempre nos llamó la atención la gran cantidad de periódicos y revistas que circularon en Antofagasta, publicaciones realizadas en esta parte del territorio, en el cual, una gran parte de sus habitantes, era analfabeto. Han de saber que, tan solo en Caracoles se publicaron los siguientes periódicos: “El Eco de Caracoles”, “La Mariposa del Desierto”, ‘La Patria” y “El Globo”. Fue fundador y redactor de “La Patria”, el abogado boliviano don Ladislao Cabrera, el mismo que organizó la defensa de Calama, cuando fue la ocupación chilena.
Según los aportantes (a este escrito) más de alguno sabría leer e informaba al resto de los aconteceres, los demás periódicos y revistas eran usados con fines higiénicos, por aquello, son algo escasos de encontrar.
(Sabemos que el papel periódico no resiste muy bien el paso del tiempo, pero es factible hallarlos completos, cosa que no ocurre en Caracoles)
1878-1879.
Para estos años, 1878-1879, las vetas de alta ley de caracoles se agotan, lo que encarece la extracción y producción. Poco a poco Caracoles se comienza a despoblar.
A nivel internacional cae paulatinamente el precio de la plata en los mercados internacionales y esto se produce por el incremento de la producción de dicho metal en Estados Unidos, con técnicas mucho más adelantadas y por tanto a un menor costo de producción. Otro factor que influye en la baja del valor fue que varios países europeos, como Alemania, Suecia y Noruega, adoptaron el patrón oro, en sus economías, fundiendo sus respectivas monedas para venderlas como lingotes en el mercado.
Como corolario
En estos lugares también hemos encontrado herramientas, pequeñas fundiciones, crisoles de varios tamaños, ropa desechada (bastante) y muchos, muchos muertos o partes de ellos. Sí, partes de ellos, aunque suene algo escalofriante decirlo. También hemos advertido una gran cantidad de restos de vajilla, vasos, servicios, algunos de alpaca simple o labrada, otros de plata y los más de materiales económicos. No falta la cristalería (vasos y copas principalmente), alguna tan elaborada que nos lleva a preguntarnos si habrá sido de algún millonario del lugar o tan sólo parte del equipamiento de un burdel. No hay vestigios de baños (dicen que los hubo, pero habrían sido retirados al marcharse sus propietarios), tampoco hay restos de tinas (¿Quién se tomaría un baño con el precio del agua de aquel momento?), ni encontramos baldes o contenedores de abrómicos (bonita palabra para los desechos humanos); tampoco hemos visto lavatorios o escupideras (¿será muy de americano el pretender que las hubiese?).
En fin, restos de muchas cosas hay, por doquier, que se conservan y preservan por dichos lugares, en mejor o peor estado, y se hace corto el tiempo para recorrer cada uno de sus rincones, cada quebrada, cada uno de esos lugares en los que habitó gente. Cualquiera de esos objetos que hallamos sobre el suelo, una botella quebrada, un reseco cuesco de durazno o una oxidada lata de sardinas, nos hablan desde el ayer y nos llevan a imaginar sus largos periplos para llegar a los más recóndito del desierto. Cada uno de esos restos estuvo presente en la vida de alguien, o de varios, y forman parte no sólo de la historia del lugar, sino también de la gente que vivió –y acaso murió- en Caracoles.
Indicador de Potencia (Triple Stout): Históricamente, las cervecerías utilizaban una "X" para marcar la cerveza básica, "XX" para una más fuerte y "XXX" para su versión de mayor graduación y cuerpo. En el caso de Tennent's, el símbolo XXX la clasifica como una Triple Stout, lo que denota una receta con mayor concentración de maltas tostadas comparada con una Stout sencilla.
Cerveza Beck's, de Bremen, Alemania.
Dado que el premio se lo ganó en 1876, las cervezas empezaron a llevar esa referencia desde 1877 en adelante.
Las botellas de base redondeada, con la inscripción ROSS & S - BELFAST, corresponden a un Ginger Ale producido en Irlanda. El Ginger Ale es una bebida gaseosa hecha en base a Jengibre, limón, azúcar y agua mineral, y se utilizaba en aquellos tiempos para combinarlo con las bebidas alcohólicas, haciéndolas más agradables y bajando su graduación. Es decir, para hacer "combinados". De hecho, todavía se usa para eso.
El Tónico Oriental para el cabello fue vendido por la Compañía Lanman & Kemp, y era un tónico que prometía bienestar capilar, a la vez que combatía las canas y la caspa, asegurando una hermosa y abundante cabellera.
Esta empresa farmacéutica, con base en Nueva York, fue fundada en 1808 y este tónico fue uno de sus productos. Aunque la compañía solicitó la patente de este tónico en 1884, para entonces llevaba vendiendo el producto por más de veinte años.
Jarabe de Anacahuita compuesta
Este antiguo jarabe (Base azucarada) era un remedio tradicional pectoral utilizado para calmar la tos, resfríos y bronquitis, a menudo elaborado con hojas de Schinus molle (falsa pimienta) o Cordia boissieri árbol caducifolio del género Cordia de la familia Boraginacea nativo de América del Norte. Históricamente, el "Pectoral de Anacahuita" fue comercializado por Lanman & Kemp en el siglo XIX, bajo el nombre del Dr. Kemp o Dr. K, siendo un remedio muy popular en España y América.
¿Qué beneficios tiene la Anacahuita?
Apoyo respiratorio: ayuda a aliviar la tos y la inflamación bronquial para mejorar la comodidad respiratoria. También se le atribuyen Propiedades diuréticas naturales: Apoyando el equilibrio natural de líquidos del cuerpo y promoviendo la función renal saludable.
Otra de las botellas encontradas, un envase de vidrio café de medio litro, tiene restos de una etiqueta que consigna (todavía legible) lo siguiente: “Extracto de Malta, Tónico y Emenagogo”. El nombre del laboratorio que lo producía está incompleto, pero podría hacer mención al entonces famoso médico francés Adolph Marie Gublier (no necesariamente con su permiso, claro está), ya que alcanza a leerse “Gubl”. Así como ahora se utiliza la fama ajena para vender productos, con mayor razón en esos tiempos en que las distancias y las comunicaciones distaban mucho de ser lo que hoy son. Pero bueno, eso ya son sólo especulaciones.
En el resto de la destrozada etiqueta se pueden adivinar, más que leer, una serie de beneficios de este tónico, que nos recuerda a algunas publicaciones actuales que promueven el uso de ciertas plantas porque son buenas para todo, incluyendo curar el cáncer. Eso era típico en esos tiempos y lo hemos visto en otros productos que hemos encontrado en oficinas salitreras.
(Ver: https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/2023/06/estricnina-para-la-salud.html)
Cabe señalar que la Malta no era en aquellos entonces una bebida alcohólica como llegó a ser posteriormente, sino que era más bien un tónico fortificante, recomendado para mujeres en general, en especial embarazadas, para enfermos y niños. Que a la vez se mezcle con un emenagogo nos dice que está pensado especialmente para la mujer, ya que emenagogo es aquél medicamento o hierba medicinal cuyos principios activos pueden estimular el flujo sanguíneo en el útero y, en ciertos casos, inducir a la menstruación. Algunos de ellos han sido usados como abortivos, por esta misma razón.
Bibliografía:
Isaac Arce Ramírez: Narraciones Históricas de Antofagasta
https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:9292
Arqueología Histórica en el Mineral de Caracoles
Carmen Gloria Bravo Quezada. La Flor del Desierto
https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/mc0012938.pdf
Enrique Stuven. Mineral de Caracoles
https://anales.uchile.cl/index.php/ANUC/article/view/19398
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