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miércoles, 22 de julio de 2026

QUEBRADA LOS VIENTOS

 

Quebrada Los Vientos

(En su cumbre mayor)


Somos culpables -en esta sola oportunidad- de realizar aquello que tanto criticamos a otros: el poner nombres de forma antojadiza a los lugares a que accedemos. Pero diremos en nuestro descargo que no hemos encontrado, en la cartografía oficial, el nombre de esta quebrada, pero sí el de las cumbres aledañas, aunque esto sólo nos sirve para ubicarnos en el territorio. Mientras seguimos buscando, la hemos llamado quebrada de los vientos.

 

Hará un tiempo atrás, un par de años para temas de exactitud -que nos exigen los más puristas- y para que no asemeje a inicio de cuento, hubo un rompimiento de tuberías de agua potable en cierta parte del desierto, una ruptura que originó un gran vergel especialmente de flora endémica (habían nativas, pero pocas). El ver asomar a tantas especies y ver el cambio de colorido, algo muy evidente al pasar del ocre al verde, nos impulsó a buscar el origen de ellas. ¿De dónde habrían llegado las semillas que allí brotaron, los insectos que las visitaban y los pequeños animales que buscaban refugio bajo ellas? Al primer escrutinio de la zona advertimos, cercana, una profunda quebrada que se adentraba en los cerros, hacia las máximas cumbres del lugar (por sobre los 1200 msnm). Verla y suponer que sería provechoso explorarla fue una sola cosa, y hacia allá partimos.



Se pensó y se hizo.

 

Apenas ingresamos por la quebrada, estrecha y extensa, pudimos advertir que contaba con tres especies de cactáceas distintas y en gran número (especialmente la Copiapoa atacamensis, algunas eriosyces y unas cuantas columnares de Eulychnia iquiquensis). Por las márgenes de las laderas -muy bien marcadas por el paso del agua en tiempos de lluvia- nos encontramos con un gran número de arbustos de cachiyuyo, todos en buen estado y de tamaño apreciable, cosa que no es muy habitual. La especie no pudimos determinarla -en dicho momento- así que solo la catastramos como Atriplex sp.

Más adelante pudimos observar a la Nolana peruviana, siempre presente, alguna que otra Nolana ramalina en máximo estrés hídrico, Nolana divaricata, Tetragonia marítima y una gran cantidad de varas resecas de quizás que otras especies que habitaron dicho espacio en mejores tiempos. Esta quebrada, por su ubicación de suroeste a noroeste, tenía una particularidad: el fuerte viento que circulaba por toda su extensión y que aportaba la humedad que permitía la existencia de dicha vegetación. Nuestra exploración terminó al encontrarnos con que abruptos cortes y abundantes arrastres obstaculizaban nuestro camino, lo que haría necesario mucho más tiempo del que disponíamos para salvarlos y luego regresar. Desde allí pudimos observar que la quebrada se extendía, cada vez más cerrada, hasta la cumbre de aquellos cerros, en los que se acumula la niebla costera.

 

Jalisco solo gana (ni pierde ni empata)

 

Quedó marcado -en nuestro fuero interno- aquello de no haber podido recorrer la quebrada Los Vientos -en su momento- y de no saber lo que habría en sus máximas alturas hasta que llegó este preciado día -julio del año 2026- de volver, ir, recorrer y conocer el lugar, pero en esta oportunidad adentrándonos por su parte posterior, por antiguos caminos mineros, de aquellos que más se asemejan a huellas troperas que a otra cosa y por un territorio que se encuentra fuertemente intervenido por ripieras, empresas y -en su tramo inicial- no pocos basurales. Luego de pasar dichas intervenciones, no sin dificultades, quedamos a merced de la naturaleza para acceder a nuestro derrotero por la cumbre. En el lugar se advierten antiguas construcciones, especialmente pircas de cateadores y busquillas. Sus excavaciones están ahí, al igual que sus canchas de acopio, en la más completa de las soledades y en las máximas cumbres del lugar. Desde la cima pudimos advertir la quebrada buscada, Los Vientos, en la que encontramos una gran colonia de Copiapoas y tan sólo una columnar con vida (Eulychnia iquiquensis); quizá las otras, si las hubo, terminaron como leña en la cocina de los mineros de antaño, cosa que era muy común.

 

Sobre la presencia de flora, a esta altura del año, había y los renuevos comienzan a asomar porque al parecer ha caído agua, además la de mucha humedad que aporta la niebla en ese sector. Algo que nos llamó la atención fue la presencia de grandes extensiones de terreno (exclusivamente laderas) cubiertas con líquenes, con algunas especies que no habíamos visto en otra oportunidad y que nos hace pensar que este mundo, el liquénico, es el que mayor presencia y variedad tiene en nuestra cordillera costera (y región) y es el más desconocido de todos. Quizás, el excavar en busca de minerales no nos deja ver la luz y comprender que hay un mundo de posibilidades a nuestro alrededor.

 

Desde que recorremos nuestro desierto, especialmente por los sectores más recónditos de la cordillera de la costa y, más específicamente, por aquellos espacios en donde la humedad es más marcada -producto de la camanchaca- nos hemos encontrado con ciertas formas de vida que reciben por nombre Líquenes. Estas especies son muy diversas y no sólo tienen la particularidad de ser los precursores de la vida y ser buenos bioindicadores de la contaminación (al desaparecer), sino que también cuentan con otras particularidades que pueden resultar conocidas para los expertos, pero para el común de la gente son totalmente ignoradas. No se tiene certeza sobre la riqueza liquénica con la que contamos en nuestra región -número de especies y/o sus propiedades- ya que, sólo somos mineral, pero algún día, tendremos que levantar la mirada y hacernos cargo, como región o país, de este patrimonio natural y sus potencialidades.

 

Ahora bien ¿Qué son los líquenes? Los líquenes son asociaciones simbióticas entre hongos y algas fotosintéticas y/o cianobacterias. Se ha descubierto que los hongos liquenizados producen una amplia gama de metabolitos secundarios, la mayoría de los cuales son exclusivos de la condición liquenizada. Estos metabolitos secundarios han demostrado una impresionante variedad de actividades biológicas, incluyendo antibióticos, antifúngicos, anti-VIH, anticancerígenos, antiprotozoarios, etc. Se ha descubierto que los extractos crudos de líquenes y varios compuestos aislados de líquenes a menudo demuestran una actividad inhibitoria significativa contra diversas bacterias patógenas y líneas celulares cancerosas a concentraciones muy bajas. El mecanismo molecular de la muerte celular inducida por compuestos de líquenes incluye la detención del ciclo celular, la apoptosis, la necrosis y la inhibición de la angiogénesis. Si bien los líquenes son una fuente de diversos compuestos biológicamente activos, solo se ha investigado la relevancia biológica de un número limitado de ellos.

 

¿El porqué de lo anterior?

 

Los líquenes producen metabolitos secundarios protectores que sirven para disuadir la herbivoría y la colonización por patógenos. El ácido úsnico, el ácido estíctico y el ácido vulpínico son algunos de los más de 700 compuestos secundarios que producen los líquenes. Los investigadores descubrieron que los extractos puros de ácido úsnico, ácido evernico y ácido vulpínico inhibían el crecimiento de las bacterias grampositivas Staphylococcus aureus, Bacillus subtilis y Bacillus megaterium , pero los ácidos no tenían efecto sobre las bacterias gramnegativas Escherichia coli o Pseudomonas aeruginosa

El interés en el potencial antibiótico de los compuestos de los líquenes fue extremadamente alto durante la posguerra hasta finales de la década de 1950. Un compuesto secundario que generó un gran interés y una considerable cantidad de investigación fue el ácido úsnico. De hecho, se sabe que se publicaron sesenta y cuatro artículos sobre el ácido úsnico entre 1950 y 1959. En la década de 1970, se informó que el ácido úsnico tenía potencial como fármaco antitumoral. En la actualidad, se ha vuelto a despertar el interés en los posibles usos de los antibióticos derivados de los líquenes, ya que estos podrían ser una valiosa fuente para la industria farmacéutica.



























 


martes, 12 de mayo de 2026

SINUM CYMBA

 

Sinum cymba

El Caracol Papa

(La especie no guarda relación con Mufasa o el rey león)


Los vestigios de un mar remoto, están ahí, en Mejillones. Dispersos sobre la arena o formando una amalgama de conchas, arenas y piedras en lo que fue un borde marino hará miles o millones de años atrás. Ahora bien. No todo lo que encontramos (vemos o fotografiamos) forma parte de ese pasado remoto, también hay restos actuales y algunos de ellos en muy buen estado y estos vestigios nos permiten conocer lo que habita (aún subsiste) en dichos fondos o bajíos.

 

Ante esto, nos indica el señor bichólogo Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia (Hacemos mención que Don Rodrigo es muy Castillo para sus cosas, por aquello se reitera tanto su apellido)

 

Si mucho ignoramos de los animales que viven en nuestro desierto, cuanto más de aquellos que lo hacen bajo las aguas de nuestra costa. Y es que poca oportunidad tenemos los antofagastinos -salvo aquellos que han hecho del mar su forma de subsistencia- de conocerlos. Por lo general vemos sus restos, más que a los animales vivos. Como ocurre con los caracoles, por ejemplo, cuyas vacías conchas pisamos cuando vamos a la playa. Entre esas conchas, que de tan vistas ya nos pasan desapercibidas, nos encontramos a veces alguna que nos llama la atención, por no haberla visto nunca.

 

Esto es lo que nos pasó hace unos días atrás, y la fotografiamos para poder identificar quién fue su dueño, y mostrárselo a ustedes, con el convencimiento de que –salvo para unos cuantos- será tan novedosa como lo fue para nosotros. Hechas las consultas, pudimos saber que se trata de un caracol nativo, que lleva más tiempo que nosotros en estas costas: el Sinum cymba.

El género Sinum, que pertenece a la familia Naticidae -los llamados caracoles luna- agrupa a cerca de 50 especies. La información disponible es algo confusa, de manera que no podríamos decir en forma efectiva cuántas especies de este género están presentes en Chile, pero sí podemos asegurar la presencia de una de ellas: el Sinum cymba.

 

Sinum cymba es, casualmente, una de las especies más grandes de este género, y tiene una distribución bastante extensa, que abarca desde el Ecuador hasta las costas de Valparaíso, a profundidades menores de 200 m. Son de hábitos nocturnos, y es una especie poco abundante que –hasta donde pudimos averiguar- no es de consumo habitual por los humanos.

 

Son caracoles de buen tamaño, que pueden alcanzar hasta los 7 cm, su concha forma una espiral baja y auriforme (esto significa “con forma de oreja”), de color claro bastante variable, que puede ir desde un café violáceo hasta el blanco.

 

Más al sur le llaman “caracol papa” –vaya usted a saber por qué- pero en general es conocido como “babosa de mar”, debido a que produce una gran cantidad de baba, que le permite desplazarse por debajo del fondo arenoso. Tiene un aspecto bastante curioso, ya que su pie es tan grande que casi oculta su concha.

 

Por otra parte, Sinum, el nombre del género, significa “seno” y hace referencia –dicen- al parecido que su concha tiene con esa parte del cuerpo femenino. O, al menos, para el que así los llamó.











 


martes, 5 de mayo de 2026

JUAN LÓPEZ EL PIONERO

 

Juan López. El Pionero

Entre Menosprecios y Menoscabos


Yo cuento en mi poder con una roca que contiene cobre y fue encontrada por la Quebrada Mateo, donde tenía sus vetas el primer habitante de Antofagasta. A esta roca le puse por nombre Juan López ¿Con eso basta para decir que López tiene otro memorial en Antofagasta?

Partamos por el inicio, como diría todo buen hijo de vecino (a).


Tratado de límites entre la República de Chile i la de Bolivia. 13 de diciembre 1866.

 

JOSÉ JOAQUIN PÉREZ,


PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE CHILE.

ARTÍCULO VII.


En atención a los perjuicios que la cuestión de límites entre Chile i Bolivia ha irrogado, según es notorio, a los individuos que, asociados, fueron los primeros en esplotar seriamente las huaneras de Mejillones, i cuyos trabajos de explotación fueron suspendidos por disposición de las autoridades de Chile en 17 de febrero de 1863, las Altas Partes contratantes se comprometen a dar, por equidad, a los espresados individuos una indemnización de ochenta mil pesos, pagadera con el diez por ciento de los productos líquidos de la aduana de Mejillones.

 

(Cita textual. Significa que se copió tal cual estaba en el tratado)

(Mis disculpas a los que entendieron. Esta explicación va para aquellos que luego dicen que cometemos faltas de ortografía. Hay varios)

 

De nuestra consideración:

 

Estimamos que este punto guarda relación directa con la sociedad establecida por Juan Garday, Juan López (No dice en parte alguna Chango López, para los jaliscos) y Matías Torres.

 

Nos han explicado, en múltiples oportunidades, que Juan López arribó a las costas de lo que él denominó Peña Blanca -actual Antofagasta- en procura y espera de la compensación de la cual se creía merecedor por los gastos realizados y las energías brindadas al derrotero del Morro de Mejillones, ante el descubrimiento y explotación del guano rojo. Esta explotación se vio truncada por arbitrios del Gobierno de Chile y disputas territoriales con el Gobierno de Bolivia.

 

Las vicisitudes de López quedan registradas en una carta memorial, en la cual da cuenta al presidente de Bolivia que fue él quien descubrió las Guaneras de Mejillones, constituyéndose así en “la piedra angular” del nacimiento de Antofagasta y Mejillones, en compensación, solicita un terreno en el centro de Mejillones y un trabajo en la Aduana Interventora.


Pues bien, esa carta nunca llegó al presidente. Aparentemente quedó en poder del edil Matías Rojas (según algunos), posteriormente pasó a Pedro Pablo Figueroa y finalmente a Isaac Arce Ramírez, en cuyos archivos fue redescubierta a fines de los 70. ¿Qué motivos podrían haber llevado a la autoridad municipal para no enviar –y retener- una carta entregada de forma oficial, sino los propios intereses?

 

Por último y no menos importante.

 

Nos indica el Señor Wilfredo Santoro Cerda (opinión en la que estamos totalmente de acuerdo):

 

Hay un elemento en la literatura de Isaac Arce que representa un estigma para López. Será el prestigioso historiador en su obra “Narraciones Históricas de Antofagasta” quien proyectará profusamente el apodo “chango”. Tal calificativo fue utilizado en forma despectiva y pareciera tener su origen en el círculo íntimo de José Santos Ossa. (Ossa fue testigo de la cercanía de López con los nativos asentados en esta parte del territorio y es muy probable que López, hablase su idioma.

 

Sintetizando, dos errores –si es que lo fueron- y una práctica no usual provocaron un grave perjuicio en la figura histórica de Juan López. El primer error es señalar que alguien le escribió el memorial, citando como fuente un diario que no dice eso (hay copias de aquello). El segundo error es quitarle la calidad de empresario y decir que era un simple cateador, aunque el tema de su empresa se trató en el Congreso, inclusive. Por último, no es habitual tratar a grandes personalidades con apodos, más aún si son despectivos. Dar la impresión de que no era capaz de escribir, de que no era empresario y tratarlo de "chango" –en una época en que éstos eran considerados seres inferiores- contribuyó a su difamación histórica.

 

No tenemos referencias, pero se presume a leguas.

 

A López jamás se pagó compensación alguna ya que, estaba -primeramente- en manos de Bolivia (por tratado) y luego, con la reivindicación del territorio, en manos del Estado Chileno.

 

Ni siquiera en nuestra propia ciudad se le ha dado el reconocimiento debido. Incluso el mencionado Matías Rojas, quién -presumiblemente- lo perjudicó notablemente, tiene una calle con su nombre ¿y Juan López no? Alguien nos decía que hay una población llamada “Chango López” y que eso debería contar como homenaje pero, ¿es así? ¿Podemos considerarlo “homenaje” cuando se está empleando el mote que algunos arteramente le pusieron?

También se dice que, hay un balneario con su nombre -en caleta Abtao- y con eso basta.

 

Si Ossa es recordado con una calle en pleno centro de Antofagasta, ¿por qué no hacer lo mismo con Juan López? Ni San Martín ni Washington hicieron nada por esta ciudad, bien podría nuestro municipio considerar el cambio de nombre de alguna de esas arterias, reconociendo –por fin y después de tanto tiempo- su relevancia en la historia regional.

 

 

Según este humilde escribano:

 

Bastarían dos acciones para resarcir el honor y preservar la historia.

 

Lo primero: Dejar de usar la palabra «Chango» con Juan López. No le busquen caminos alternativos, la palabra Chango fue impuesta por los españoles y tiene un solo significado.

 

Segundo: Recuperar la carta memorial y ponerla a resguardo en el lugar donde se resguarda, se atesora y se muestra la historia, en el Museo de Antofagasta. 

La historia de Antofagasta debe estar visible para los antofagastinos.



 

 

jueves, 30 de abril de 2026

LA KARUMA DOROTEA

 

La Karuma Dorotea

La Gaviota Gris


Recuerdo (un minuto, dejen ponerme el poncho en las rodillas y prender la pipa) que hará unos 14 o 15 años atrás visitamos un sector en la comuna de Mejillones, el cual recién comenzaba a popularizarse como balneario; hablo de Punta Itata, lugar donde pudimos observar como las garumas y las gaviotas caían del cielo, en pleno vuelo. En la orilla había una gran cantidad de peces, de todos los tamaños y especies y, por más que los volvíamos al mar, estos simplemente flotaban y las olas los volvían a traer a la playa. Las aves, en triste espectáculo, trataban de levantar vuelo (nuevamente), corrían zigzagueantes por la arena y volvían a caer, hablo de muchas aves y todas ellas con las mismas conductas erráticas. Nos dimos a la tarea de atrapar a aquellas que estaban aún con vida, meterlas dentro de una caja y llevarlas al Centro de Rescate de la Fauna Silvestre de Antofagasta. Solo dos de ellas llegaron vivas al centro y luego me enteré que tan sólo una de ellas sobrevivió.

 

En aquellos tiempos no hubo comunicado que informara de algún evento natural, derrame o contaminación que pudiese haber afectado a la fauna de esos lugares e independiente que murieron muchas aves, me queda la satisfacción de haber ayudado a salvar al menos a una de ellas, que recibió por nombre Dorotea. La reconocerían -si la vieran- por su color gris característico, su estridencia -bullicioso el pajarraco- , su aroma y porque lleva un anillo de identificación en la pata derecha; aunque Dorotea, digámoslo, ya debe de haber estirado la pata de manera natural.

 

(Para Jalisco, si no era una Dorotea, era un Doroteo)

 

Pues bien. Hará pocos días atrás nos fuimos a explorar (nuevamente) las costas de la comuna de Mejillones y tuvimos la fortuna de avistar una gran cantidad de aves, entre ellas pelícanos y no pocas garumas. Sobre dichas aves, las garumas, nos dice el señor Bichólogo Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

 

La Garuma, conocida también como gaviota gris y con el nombre científico de Laucophaeus modestus, es una gaviota propia de las costas de Chile y el Perú, y está presente en la memoria de todo antofagastino, ya que por décadas fue la gaviota más común en nuestras playas. Curiosamente, y preocupantemente, esto ya no es así, desde hace un tiempo, hemos dejado de verla en las playas urbanas.

 

¿A qué puede deberse? Una de las causas para que esto ocurra –suponemos- podría ser la ocupación territorial del desierto, ya que estas gaviotas anidan tierra adentro, lejos del mar; son las únicas que lo hacen a tanta distancia de la costa, a 20 km y más, incluso hasta cerca de los 120 km. Los garumales (nombre que se da a sus zonas de nidificación) pueden ser bastante extensos, ya que agrupan desde unos centenares de parejas hasta miles de ellas. En nuestra región se conoce la ubicación de varios garumales, tanto al sur como al norte de nuestra ciudad, algunos muy dentro de la pampa, pero la gran mayoría están sin uso.

 

Sin embargo, lo más probable es que su reducido número en Antofagasta se deba a la falta en nuestras playas urbanas de su principal alimento, las “pulgas de mar” Emerita análoga. Otras fuentes de comida que le son propias, como las anchovetas peruanas y sardinas, tampoco son especialmente abundantes en nuestra bahía. Sí las vimos pescando a estos pequeños peces, con mucho entusiasmo, en Punta Angamos, aunque el número de garumas no llegaba al centenar.

 

Ahora bien. Según las fuentes consultadas (Basadas en la ciencia) los factores que afectan su número serían:

 

· Dependencia ambiental: La reproducción es exitosa solo en ciertas condiciones, y factores como la falta de alimento o cambios drásticos en la temperatura del mar durante El Niño pueden causar fracasos reproductivos.

 

· Impacto de la actividad humana: El aumento de depredadores naturales (como jotes) atraídos por basura, y el desarrollo industrial/eólico en zonas de anidación, amenazan el éxito reproductivo.

 

· Esfuerzo de reproducción: Viajan más de 80-100 km desde la costa hacia el desierto para anidar, un proceso exhaustivo que a veces resulta en el abandono de nidos

 

 

Sobre su nombre


Algo que nos despertó la curiosidad es el origen de su nombre común, garuma, pero nada pudimos encontrar al respecto. Cuando su “descubridor” Von Tschudi hizo su descripción en base a aves peruanas, no se refirió a este nombre común ni a ningún otro. Sólo la llamó “modestus” debido a su coloración casi enteramente gris, nada llamativa. Sin embargo, garuma es un nombre muy extendido y común en nuestro país, desde su extremo norte, reemplazando absolutamente al de “gaviota gris” usado en el centro-norte de Perú y Ecuador.

 

Lo que podemos decir es que es una palabra de procedencia indígena, probablemente quechua o aymara. Se conoce que este nombre era usado por los indígenas de la costa (camanchacos - atacamas). Ahora –cuando no se sabe con certeza, se especula- en el quechua existe la palabra karu, con el significado de “lejos, distante”, así como el sufijo “ma”, que señala “a, hacia”, por lo que podríamos suponer –ya que no asegurar- que garuma derive de “karuma”, en relación a las grandes distancias que recorre tierra adentro esta gaviota (como ninguna otra) para anidar. Esta circunstancia debe haber sido –necesariamente- conocida por los indígenas prehispánicos, que atravesaban el desierto con sus caravanas de comercio y las habrán visto anidando en lo más profundo del territorio.














 


sábado, 25 de abril de 2026

LOS ZAPATOS DE LAS ACÉMILAS

 

Los Zapatos de las Acémilas


Acémila se entiende y define como animal de carga que incluye a caballo, mulas, bueyes y burros.

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Nos indican las antiguas tradiciones que, las herraduras “para la suerte”, deben ser clavadas sobre el dintel de la puerta con la abertura hacia arriba, para que la suerte no se caiga, pero ¿no será mejor clavar una “herradura de huevo”, para que la suerte no pueda escapar por parte alguna?

 

Hablemos de herraduras entonces, para la suerte.

 

Es común encontrar viejas herraduras, enteras o partidas, en aquellos lugares del desierto en los que hubo labores, de cualquier índole, a fines del siglo XIX e inicios del siglo pasado. Esto, porque la única fuerza motriz disponible por esos entonces era la de las caballerías y los bueyes.

Sin embargo, algo que probablemente sorprenderá a más de alguno es que no son herraduras para caballos lo que más se encuentra.

 

Habitualmente se encuentran herraduras para mulas, porque era este animal la principal fuerza de trabajo y su número se contaba no por cientos sino por miles. Se calcula que para 1850 había ya unas 3.000 mulas trabajando en las salitreras de Tarapacá y se sabe que para 1855 ya no había forraje suficiente en los valles nortinos para alimentar a estos animales de carga y tiro, a pesar de que la mayoría de la tierra fértil se dedicaba a ese cultivo. Las mulas, como los demás animales que deben herrarse, deben renovar su calzado cada 35 o 40 días y con mayor frecuencia aun cuando trabajan en suelos duros; esto nos lleva a suponer que en ese entonces había trabajo permanente para los herreros y explica fácilmente el que puedan encontrarse restos de herraduras a lo largo y ancho del desierto.

 

Pero no sólo las mulas las que nos han dejado los restos de su calzado, sino también caballos, burros y bueyes. Las herraduras utilizadas por cada uno de estos animales son fáciles de diferenciar entre ellas, por su tamaño y su forma. Las de mayor tamaño, con su tradicional forma en U pero tan anchas como largas, son de caballo. Luego vienen las de mulares, que son algo más angostas, pero conservan bastante de la forma. Las de burro, menos frecuentes de encontrar, tienen forma de U pero son pequeñas y angostas, con sus laterales menos curvados, por lo que la diferencia con las de caballo son evidentes. Y, finalmente, las de buey resultan inconfundibles, ya que estos animales, al tener pezuñas hendidas en lugar de cascos, requieren de herraduras especialmente diseñadas para ellos. Son dos para cada pata, en forma de cuarto creciente, poniéndose cada una en una mitad de la pezuña, siendo más ancha en la parte plantar y más angosta en las lumbres (extremos).

 

Es posible que para muchos resulte una sorpresa el enterarse de que los bueyes también usan herraduras, pero creemos que esto se puede explicar porque no se hierra a los bueyes siempre y en todos los lugares, sino solamente para trabajar en caminos duros o pedregosos, especialmente si han de recorrer largos trayectos, ya que las pezuñas de este animal no son tan resistentes como las de las caballerías y se desgastan severamente al tirar de carros pesados, oficio principal de los bueyes. Dadas las condiciones del terreno y las grandes distancias que debían recorrer las carretas por el desierto, se comprende la imperiosa necesidad de mantener herradas a estas nobles bestias.

 

Para finalizar, mencionaremos otro tipo de herradura, no menos sorprendente para los legos en el tema que la de buey: la herradura “de huevo”.

 

Existe un gran número de formas y estilos de herraduras, casi que una para cada país que tenga tradición de uso de caballerías, mas todas tienen en mayor o menor medida la forma de arco que conocemos. Pero hay algunas que rompen esta tradición, como la que mencionamos anteriormente. Se conoce como “de huevo” a una herradura que tiene forma ovalada y es enteramente cerrada, como una “O”, en lugar de abierta en “U” como son habituales en las caballerías. Herraduras similares a esta (con un corte recto en un extremo) se utilizan en los caballos en forma terapéutica, cuando tienen alguna herida o enfermedad en el casco, para que puedan recuperarse; pero en el caso de los mulares las herraduras de huevo se utilizan como una ayuda al animal, para proporcionar un mejor agarre en terrenos difíciles, permitiéndoles pisar con mayor firmeza y seguridad, a la vez que protegen su pata de sufrir daño.

 

Resulta importante decir que herrar un animal no sólo no es una tarea simple, sino que incluso puede ofrecer serias dificultades. Por ejemplo, se dice que los mulares son –por lo general- difíciles de calzar, ya que no tienen buena disposición para ello y pueden intentar morder o patear al herrero. En contraposición a eso, estos animales pueden trabajar –en ciertas labores- sin necesidad de llevar herraduras, ya que tienen cascos más fuertes y resistentes que los caballos; sólo hay que cuidar que los cascos se mantengan sanos.

 

Dificultoso resulta también herrar a los bueyes, ya que estos pesados animales no pueden ser herrados de pie, como caballos, mulas y burros. Estos últimos tienen la capacidad de mantenerse de pie apoyando sólo 3 patas, por lo que es cómodo para el herrero trabajar en la cuarta de ellas, en tanto los vacunos simplemente no pueden hacer tal cosa; si se les quisiera mantener con una pata en alto se caerían. Por esta razón, la única forma de herrar a un buey es levantándolo del suelo, de manera de poder acceder a sus patas libremente. Para esto es necesario contar con una armazón especial, fija al piso, dentro de la cual se introduce al animal para poder alzarlo mediante el uso de fajas y poleas. Esto implica que necesariamente se debe llevar al buey a ese lugar específico para poder herrarlo.

 

Finalmente, no podemos dejar de decir que el herrar a un animal no es una tarea simple, sino todo un arte, o mejor aún una ciencia, que requiere de conocimientos y gran habilidad. Un error cualquiera puede causar no sólo problemas al animal, sino hasta su invalidez. Todo debe ser hecho de la forma correcta, algo tan simple como poner herraduras muy pesadas puede hacer esforzarse más de lo conveniente al animal; que las herraduras no sean de un peso equivalente puede lesionar a la bestia; realizar un mal rebaje del casco, una mala colocación de los clavos o incluso elegir mal la herradura adecuada puede llevar a un desastre.