PRÓXIMAS RUTAS

Mostrando entradas con la etiqueta MEJILLONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MEJILLONES. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de abril de 2026

LA KARUMA DOROTEA

 

La Karuma Dorotea

La Gaviota Gris


Recuerdo (un minuto, dejen ponerme el poncho en las rodillas y prender la pipa) que hará unos 14 o 15 años atrás visitamos un sector en la comuna de Mejillones, el cual recién comenzaba a popularizarse como balneario; hablo de Punta Itata, lugar donde pudimos observar como las garumas y las gaviotas caían del cielo, en pleno vuelo. En la orilla había una gran cantidad de peces, de todos los tamaños y especies y, por más que los volvíamos al mar, estos simplemente flotaban y las olas los volvían a traer a la playa. Las aves, en triste espectáculo, trataban de levantar vuelo (nuevamente), corrían zigzagueantes por la arena y volvían a caer, hablo de muchas aves y todas ellas con las mismas conductas erráticas. Nos dimos a la tarea de atrapar a aquellas que estaban aún con vida, meterlas dentro de una caja y llevarlas al Centro de Rescate de la Fauna Silvestre de Antofagasta. Solo dos de ellas llegaron vivas al centro y luego me enteré que tan sólo una de ellas sobrevivió.

 

En aquellos tiempos no hubo comunicado que informara de algún evento natural, derrame o contaminación que pudiese haber afectado a la fauna de esos lugares e independiente que murieron muchas aves, me queda la satisfacción de haber ayudado a salvar al menos a una de ellas, que recibió por nombre Dorotea. La reconocerían -si la vieran- por su color gris característico, su estridencia -bullicioso el pajarraco- , su aroma y porque lleva un anillo de identificación en la pata derecha; aunque Dorotea, digámoslo, ya debe de haber estirado la pata de manera natural.

 

(Para Jalisco, si no era una Dorotea, era un Doroteo)

 

Pues bien. Hará pocos días atrás nos fuimos a explorar (nuevamente) las costas de la comuna de Mejillones y tuvimos la fortuna de avistar una gran cantidad de aves, entre ellas pelícanos y no pocas garumas. Sobre dichas aves, las garumas, nos dice el señor Bichólogo Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

 

La Garuma, conocida también como gaviota gris y con el nombre científico de Laucophaeus modestus, es una gaviota propia de las costas de Chile y el Perú, y está presente en la memoria de todo antofagastino, ya que por décadas fue la gaviota más común en nuestras playas. Curiosamente, y preocupantemente, esto ya no es así, desde hace un tiempo, hemos dejado de verla en las playas urbanas.

 

¿A qué puede deberse? Una de las causas para que esto ocurra –suponemos- podría ser la ocupación territorial del desierto, ya que estas gaviotas anidan tierra adentro, lejos del mar; son las únicas que lo hacen a tanta distancia de la costa, a 20 km y más, incluso hasta cerca de los 120 km. Los garumales (nombre que se da a sus zonas de nidificación) pueden ser bastante extensos, ya que agrupan desde unos centenares de parejas hasta miles de ellas. En nuestra región se conoce la ubicación de varios garumales, tanto al sur como al norte de nuestra ciudad, algunos muy dentro de la pampa, pero la gran mayoría están sin uso.

 

Sin embargo, lo más probable es que su reducido número en Antofagasta se deba a la falta en nuestras playas urbanas de su principal alimento, las “pulgas de mar” Emerita análoga. Otras fuentes de comida que le son propias, como las anchovetas peruanas y sardinas, tampoco son especialmente abundantes en nuestra bahía. Sí las vimos pescando a estos pequeños peces, con mucho entusiasmo, en Punta Angamos, aunque el número de garumas no llegaba al centenar.

 

Ahora bien. Según las fuentes consultadas (Basadas en la ciencia) los factores que afectan su número serían:

 

· Dependencia ambiental: La reproducción es exitosa solo en ciertas condiciones, y factores como la falta de alimento o cambios drásticos en la temperatura del mar durante El Niño pueden causar fracasos reproductivos.

 

· Impacto de la actividad humana: El aumento de depredadores naturales (como jotes) atraídos por basura, y el desarrollo industrial/eólico en zonas de anidación, amenazan el éxito reproductivo.

 

· Esfuerzo de reproducción: Viajan más de 80-100 km desde la costa hacia el desierto para anidar, un proceso exhaustivo que a veces resulta en el abandono de nidos

 

 

Sobre su nombre


Algo que nos despertó la curiosidad es el origen de su nombre común, garuma, pero nada pudimos encontrar al respecto. Cuando su “descubridor” Von Tschudi hizo su descripción en base a aves peruanas, no se refirió a este nombre común ni a ningún otro. Sólo la llamó “modestus” debido a su coloración casi enteramente gris, nada llamativa. Sin embargo, garuma es un nombre muy extendido y común en nuestro país, desde su extremo norte, reemplazando absolutamente al de “gaviota gris” usado en el centro-norte de Perú y Ecuador.

 

Lo que podemos decir es que es una palabra de procedencia indígena, probablemente quechua o aymara. Se conoce que este nombre era usado por los indígenas de la costa (camanchacos - atacamas). Ahora –cuando no se sabe con certeza, se especula- en el quechua existe la palabra karu, con el significado de “lejos, distante”, así como el sufijo “ma”, que señala “a, hacia”, por lo que podríamos suponer –ya que no asegurar- que garuma derive de “karuma”, en relación a las grandes distancias que recorre tierra adentro esta gaviota (como ninguna otra) para anidar. Esta circunstancia debe haber sido –necesariamente- conocida por los indígenas prehispánicos, que atravesaban el desierto con sus caravanas de comercio y las habrán visto anidando en lo más profundo del territorio.














 


viernes, 3 de abril de 2026

SOLO CANTAN LOS CASCAJOS

 

Solo cantan los cascajos

En la Odisea, versión antofagastina


Hoy podemos vivir a miles de kilómetros de este norte y, no obstante, en un par de horas ya estamos pisando el territorio. Es indudable, Se acortaron las distancias y así cualquiera llega por estos lares; con ello, se ha ido apagando el sentimiento de arraigo, si es que alguna vez lo hubo. Esto significa que no todos los que estamos acá, en este norte, somos de acá y nos sentimos parte del norte.

 

Palabras de un escribano que nació a los 18 años, acá, en Antofagasta. Lo certifica el acta (hecha por mi) que reafirma totalmente mi antofagastinidad.

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

 

Resulta evidente que el acceso a las ciudades del norte de nuestro país - en los inicios- era difícil, ya que dicho acceso se realizaba en barco (vapores) a pesar de que ya existían caminos o senderos (muy precarios) entre Chañaral, Taltal y Antofagasta. Esto último -sobre los caminos- quedó escrito en los relatos de Isaac Arce en su historia del bandido chileno Silverio Lazo (El Chichero), quien, arrancando de las autoridades, fue perseguido y abatido cerca de Chañaral. La ruta de escape fue por los caminos improvisados, esos que solo se atrevían a cruzar los carreteros con sus carretas y resultaban un calvario para hombres y animales.

 

Al poco andar -de nuestras ciudades- ya habían caminos para unir Antofagasta con Calama e inclusive con trazo directo a Caracoles, el gran mineral de la plata, pero no existían caminos para unir Antofagasta con Tocopilla de forma directa o esta última ciudad con Iquique y quienes se movilizaban entre una ciudad y otra, debían esperar el paso de un vapor o darse la vuelta por las rutas salitreras, ya sea en carreta, en tren o en su propio caballar y bajar a Tocopilla por la conocida cuesta Barriles, esa que unía Tocopilla con una gran cantidad de oficinas salitreras repartidas por el medio del desierto, a espaldas del río Loa, conocidas como el cantón Toco.

 

Para 1914 se viene un gran adelanto, se inaugura definitivamente la línea de ferrocarriles (longitudinal norte) que unía nuestra ciudad y región con el resto del país, esto indica que realmente estábamos muy aislados del territorio nacional y, aunque los viajes duraban sólo un poco menos que los realizados por Odiseo (si se iba a la capital o al sur del país), al menos disminuía notablemente el tiempo de viaje, los costos y las complicaciones generadas al viajar por mar. Además, se tenía acceso a los pueblos intermedios, cosa que no podía hacerse en los barcos de pasajeros.

 

Con el correr del tiempo, también llegan los coches que no requieren animales de tiro. Lentamente se van bajando las cortinas de carreteros y de diligencieros, de herreros y posaderos, ya no se requieren tantos animales para la carga e, inclusive, es la misma economía la que se encarga de parar el crecimiento regional. Vienen los años de oscurantismo, de retroceso.

Ya para el año 1960 (En el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez) se habló de completar el tramo final del camino, los 20 km de carretera que unían a Antofagasta con Tocopilla y de otras obras que estaban inconclusas entre Taltal y Antofagasta. He de contarles que, siendo aún muy pequeño, me trajeron a Antofagasta en un bus de una desaparecida empresa llamada Libac, dicho bus salió a las 17:00 horas desde la ciudad de La Serena y llegamos a Antofagasta a eso de las 16:00 horas. En aquellos años no era objetable que los padres hicieran un sitio para dormir -a los menores- bajo los asientos, pero fue imposible dormir por el estado de la carretera, que según lo que voy relatando, no tenía más de 8 años de construcción, o quizá fue proyectada pero no se construyó. Cosas que sabemos que pasan, pero ponemos cara de que vimos a la virgen.

 

Para los años 80, fines de los años 80, pude conocer el camino que unía a la ciudad de Antofagasta con Tocopilla y la historia era triste. Los conductores que transitaban por dichos lugares eran osados y el camino era para valientes. Quizás el poco de asfalto que quedaba -en dicho trazado- era para recordar que alguna vez existió un camino.

 

La ruta a Taltal estaba en las mismas condiciones o quizá peores y una vez (1985) nos invitaron a conocer la salitrera Pedro de Valdivia, casi no llegamos ya que estaban refaccionando la ruta y nos perdimos por los vericuetos polvorientos del desierto.

 

Hoy, podemos llegar a cualquier punto y hasta las huellas más imperceptibles nos parecen practicables para la aventura, para seguir la ruta pionera de carreteros y gambusinos, de familias y de gañanes. De igual manera, de cuando en vez volvemos a subirnos en una chalupa o embarcación para revivir las antiguas sensaciones del navegar por el no tan pacífico Océano Pacífico (que no lo es tanto) y mirar, ya sea por babor o estribor, como se va perdiendo la ciudad en lontananza. Esa vista nos hace pensar en lo que habrán sentido los primeros habitantes asentados por este norte al abandonar sus hogares con la esperanza de un futuro, futuro que para más de alguno quedó truncado en el fondo del mar o en algún camino del desierto.

 

Jalisco, aunque te moleste. Ser chileno (que lo somos y hasta el tuétano) es orgullo de muchos, ¿Antofagastino? Privilegio de pocos. No excluimos a nadie, salvo a quién no se siente antofagastino ¿Capito?

 

Un viaje en los vapores de la mala del Pacífico i una mirada al desierto de Atacama. Eulogio Allendes.

 

https://www.bcn.cl/Books/Un_viaje_en_los_vapores_de_la_mala_del_Pacifico/index.html#p=6

















 


martes, 6 de enero de 2026

POR EL TERRITORIO DEL NAGUAYÁN


Por el territorio del Naguayán

(El Atalaya de Mejillones)


Esperamos contar con la fortuna, la vida y la salud necesaria para volver a experimentar esta maravilla en lo más profundo de la cordillera costera de Mejillones. Pocos la han visto y somos agradecidos por haber tenido la fortuna de estar ahí, en aquel momento y en aquel lugar.

 

Estimadas y estimados amigos. Reciban nuestros saludos más cordiales y fraternos.

 

Hará unos años atrás (8 años para los más detallistas) recibí una llamada por celular en día sábado a eso de las 16.00 horas y una voz, apenas perceptible, pero eufórica, me decía que había llegado a la cumbre del Naguayán de una sola tirada, sin ningún esfuerzo y que le había faltado cerro para gastar toda su energía contenida. Siguió con aquello de que le había mentido -que yo lo habría engañado- puesto que dicho cerro no tenía los 1600 metros que le había asegurado, era mucho más bajo y su GPS indicaba apenas algo más de 400 m.s.n.m.

 

Esto último me llamó profundamente la atención. Conozco dicho cerro, el Naguayán, y sé que es más alto que Morro Moreno y otras cumbres de la cordillera costera, por lo que procedí a preguntar en donde estaban. La respuesta -siempre eufórica- me indica que están en la misma cumbre del cerro que se encuentra muy cercano al peaje de Mejillones por lo que respondí, de manera educada, conteniendo la risa y sin querer herir susceptibilidades.

 

- Están en la cumbre equivocada, ese es el Cerro Gordo-

 

Siga participando, le llamaremos, déjenos su curriculum.

 

Ahí la llamada se cortó abruptamente, ha de ser por la señal (pienso yo), o interferencia con el satélite ya que los implicados, andaban por las cumbres de otro planeta.

 

Por el Territorio del Naguayán

 

-Llegar es muy fácil-

Eso nos dijeron en tiempos en los que no había GPS integrado a los equipos móviles, los mapas eran muy básicos y solo se contaba con la voz de los que habían estado por dichos lugares.

 

-Solo tienen que adentrarse por la quebrada Mejillones, camino malo pero transitable, en dirección a la quebrada de Naguayán. El cerro de mayor altura también se llama Naguayán y el los va a guiar. Ahora. Un poco antes se encuentra la quebrada que lleva a Mititus (por la mano izquierda), ahí toman la huella y se van por las alturas mismas de la cordillera costera-

-Si andan buscando las flores del desierto o los cactus, por ahí los van a encontrar-

 

Y muy obedientes tomamos dicho rumbo, siguiendo la ondulante y reseca quebrada Mejillones teniendo siempre a la vista al imponente Naguayán pero, porque siempre debe haber un pero en estas historias, y como suele ocurrir en lugares en donde todo es igual, es decir, las quebradas son iguales, los cerros parecen iguales, las piedras son iguales y hasta el cielo es igual, nos metimos por la quebrada equivocada y fuimos a dar a la punta del cerro (Literal) hablamos de las máximas alturas de la cordillera de la costa y por antiguas faenas mineras (faenas abandonadas) y como premio, al más desorientado, accedimos a la enorme grieta de Chacaya, aquella que asoma en los mapas de interés exclusivamente en su punto final, la playa de Punta Chacaya.

 

Lo que encontramos en este recorrido de exploración fue increíble, una gran cantidad de plantas que no habíamos visto en ninguno de nuestros recorridos (fue un año de lluvias inusuales) y dichas especies no las hemos vuelto a ver en los años posteriores.

 

De inmediato nos distribuimos las tareas y los sectores. La misión era simple, fotografiar lo que se nos cruzase por el camino, hasta las piedras y si algo nos llamaba la atención, por estar fuera de lo común, simplemente nos llamase o dejase marcado el sitio para visitarlo en el transcurso del día. Estuvimos un día completo recorriendo el territorio y hubo una tarea que quedó inconclusa, bajar a la grieta de Chacaya y dejar testimonio de la flora y fauna presente en dicho espacio, algo que aún lamento el no haber hecho.

 

Siempre volvemos por dichos lugares (ahora con caminos asfaltados) y me recuerdo del Naguayán, mas nuestra ruta (nuestra quebrada sin nombre) sigue siendo agreste, sin intervención alguna, y la hemos visitado junto a nuestros integrantes con el deseo de que, en alguna oportunidad, podamos unir estas alturas con la planicie litoral, eso implica descender por la grieta principal con todo lo que esto conlleva, incluso con aquello de: ¿Valdrá la pena el riesgo?

 

Sobre los hitos relevantes del territorio, aquellos que dominaron nuestra ruta.

 

Naguayán. Nombre que sobresale en esta comuna por indicar a una extensa falla geológica, que pasa por los pies de la máxima altura del territorio (Cerro Naguayán) cuya cumbre se eleva por sobre los 1600 m.s.n.m.

 

Mititus. Falla geológica que se extiende inmediata a Naguayán en dirección norte. Por dicha falla nos encontramos con el camino que da acceso a las faenas mineras de Michilla.

 

Mejillones. Quebrada que se ubica inmediata al acceso norte al puerto de Mejillones (bahía) y se interna, por su parte este, en dirección al desierto pasando -en cierto tramo- a llamarse quebrada Ordoñez.

 

Del porqué de dichos nombres, especialmente Mititus y Naguayán (Naguallán) nada se sabe y nada se habla sobre su origen, aunque en honor a la cartografía -y los cartógrafos- debemos decir que dichos nombres vienen desde los orígenes occidentales del territorio. Estos puntos asoman en los primeros mapas, desde los tiempos en los que recién se comienza la ocupación y la búsqueda de riquezas minerales.

 

Como Corolario:

 

Gracias a la pequeña minería, esa minería llamada de subsistencia, podemos llegar a sitios que, de otra manera, nos resultaría imposible o muy complejo. Estas faenas (casi artesanales) abren sendas y caminos por lugares increíbles, por espacios agrestes y en este caso, en las cumbres mayores de la cordillera costera de la comuna de Mejillones.

 

De igual manera, resulta evidente que, en estos parajes, hubo Guanacos, sus caminos troperos así lo muestran y son tantos, que debió de haber muchos individuos y por milenios.

 

La vida sobrevive.

 

Mientras fotografiábamos la flora del lugar, asomó un pequeño lagarto. Al principio pensábamos que era un dragoncito de Mejillones, ya con las imágenes, comprobamos que era un corredor de Tarapacá. No es extraño el verlos, aunque este, era un sobreviviente de la aridez extrema y tendrá que apurarse en dejar descendencia y alimentarse

 

 

Sobre la geología de esta parte del territorio

 

Para saber más:

 

Fallas de Mititus y Naguayán

(Ángelo Villalobos)

 

https://www.researchgate.net/publication/283018144_POSTER_Fallas_Mititus_y_Naguayan_Evaluacion_del_Potencial_Sismogenico_Mediante_Analisis_Geomorfologico

 

























 

jueves, 27 de marzo de 2025

LA COPIAPOA DE MEJILLONES

La Copiapoa de Mejillones

Copiapoa solaris Ritter


Reciban nuestros saludos más fraternos estimadas y estimados amigos.

Han de saber que, en esta oportunidad, anduvimos por lugares poco visitados, especialmente por donde el desierto se enseñorea, se expande, mientras que, la vida natural, lo que resta de ella, se apaga.

Recuerden, lo que vemos de flora y de fauna, es lo que va quedando de un pasado mucho más venturoso.

 

Pues bien:

Partimos muy temprano en dirección a la comuna de Mejillones por donde el recordado cantautor Gamelín Guerra Seura tuvo un amor que nunca pudo olvidar. Dicha mañana era bastante auspiciosa, por los objetivos que debíamos cumplir, y muy grata al estar presente la camanchaca. Lo anterior, la camanchaca, nos aseguraba una sola cosa. Que no tendríamos al sol como acompañante, especialmente por aquellas alturas, en donde las temperaturas se hacen sentir y ya al mediodía nos invita a marchar, mejor dicho, a huir, a guarecerse en el vehículo y retornar raudos a la ciudad.


Video del explorativo a la cordillera costera de Mejillones

Presionar la imagen para acceder al video


Como ya es habitual, nos internamos por los antiguos caminos mineros que asoman cual callampas por los territorios al ir encontrando nuevos derroteros o, al subir el precio del mineral. No nos cabe duda alguna, que, en este caso, por el que transitamos no ha sido ocupado por largo tiempo. No sabríamos decir si es porque las faenas extractivas estén paralizadas o bien, la veta ya se agotó y esto, nos deja inmersos en un territorio por donde no encontraremos alma alguna, por si requerimos ayuda, pero vamos bien apertrechados. Harta agua y portando nuestros equipos de comunicación.

 

Ya hemos avanzado algo más de 30 kilómetros entre saltos y desvíos, a nuestro alrededor todo es aridez y desolación. A la vista serranías abruptas, cumbres desnudas, carentes, sin atisbos de vida. Adelante asoma la enorme grieta que nos lleva, desde la meseta por la cual transitamos, hasta la costa, una profunda herida en el terreno que corta la continuidad de los cerros, de este a oeste, y por donde prospera la vegetación en los tiempos de lluvia, algo que no ocurre desde hace más de 10 años.

Dejamos el vehículo en la planicie y comenzamos a subir a las máximas cumbres, por donde se logra apreciar la costa, como en una impresionante postal. Allá, en lontananza, se divisa la ciudad de Mejillones, Punta Angamos, Hornitos, luego, no vemos nada más, es la niebla costera la que asoma cubriendo las alturas y nos impide la visual, con su manto de humedad vaporizada. Las pisadas resuenan, todo cruje, aunque, detenidos para el descanso, todo se vuelve silencioso, un silencio que perturba.

El grupo exploratorio se divide, vamos en búsqueda de vida natural, de flora y de fauna, pero solo algunas Nolanas, especialmente linearifolia, subsisten. Seguimos por algunos de los senderos que nos legaron los guanacos, ellos ya no los necesitan, ellos ya no están, fueron exterminados hará muchas décadas atrás, pero nada encontramos, tan solo algunas cactáceas columnares muertas, totalmente resecas. Era el momento de seguir buscando por otra de las quebradas y para aquello había que asumir más riesgos, si había algo de vida en estos parajes, esta debía estar en ciertas laderas que tuviesen más presencia de camanchaca y, el acceder a ellas no sería una tarea fácil.

 

En cierto momento, cuando nos encontrábamos deambulando por lo más escarpado de las quebradas, Don Pablo nos indica, a viva voz, que se encuentra frente a algunas cactáceas con vida, entre medio de los grandes peñascos que, inexplicablemente se equilibran a media ladera, casi a punto de caer al más leve estímulo. El las ve por el lado que da a la costa, pero se requieren cuerdas para llegar a ellas.

La alegría cunde en el equipo ante dicho descubrimiento, estamos en el lugar donde alguna vez prosperó la Copiapoa solaris y esta Copiapoa, la solaris, está dada por extinta en este territorio. Y ¿si no fuera así? Y ¿si aún se conservasen algunos ejemplares?

 

Pues bien. Dice la bibliografía consultada, especialmente la del Ministerio del Medio Ambiente sobre esta especie:

 

La Copiapoa solaris. Es una especie endémica de Chile, restringida a algunas Lomas Costeras de la región de Antofagasta. La especie se encuentra en cerros costeros desde los 300 hasta los 1.300 msnm (Schulz & Kapitany 1996), y desde la Península de Mejillones, hasta el Valle de Izcuña al norte de Quebrada Paposo.

En general crece a mayor altitud que la Copiapoa atacamensis, aunque solapan en parte de los límites de sus distribuciones (Schulz & Kapitany 1996). Poblaciones norte y sur fragmentadas con distribución disyunta (> 100 kilómetros), los individuos de la población del norte se observan muertos, por la sequía, la especie estaría localmente extinta en los cerros al este de Mejillones por lo que no considera en los cálculos de EOO ni AOO (Macaya-Berti & Bustamante-Monroy 2009).

 

 

La Copiapoa de Mejillones.

 

Los expertos tuvieron a bien el ratificar que los individuos fotografiados – con vida - por las alturas de la cordillera costera son Copiapoa solaris, significa que la especie no está del todo extinta y algunos individuos, dan una gran batalla por su subsistencia.

Por lo anterior, hay una nueva misión por cumplir. Irrigar y preservar los últimos individuos - que restan con vida - de una especie que fue dada por extinta.

 

Estos individuos, los que aún se mantienen con vida, se ubican por donde encontramos a cientos de individuos muertos, muchos de ellos calcinados, aunque su condición es muy precaria con un alto estrés hídrico.

Volvemos al vehículo para retornar a la ciudad, pero el camino nos tiene preparada una nueva sorpresa, un campo de flores a media ladera.

Las incógnitas.

No sabemos cómo puede sobrevivir esta flora que asoma por el lugar. Si dicha vegetación estuviese en la ladera que da al mar, diríamos que su subsistencia es mediada por la camanchaca, pero estamos en la ladera por donde no llega dicha niebla y el sol es inclemente. Son tres las especies que observamos, son tres especies distintas y en gran número, nos referimos a:  Senna brongniartii, Dinemandra ericoides y Nolanas sp. Casi todas en regular estado, algunas yacen calcinadas, y con flores vistosas que brindan cobijo a diminutos insectos que pululan por los brotes y entre las hojas, hablamos de las moscas florícolas, pequeñas mariposas (nocturnas) y escarabajos.

Es evidente. Algo de agua debe haber caído por este lugar y dio pie a la aparición de esta vegetación. 

Luego de nuestros grandes hallazgos llega el momento de abandonar el territorio, un territorio por donde hemos comentado, se enseñorea el desierto y la aridez es extrema. Pensamos, en voz alta, como habrá sido este lugar hará tan solo una centuria o unos milenios atrás, cuando la humedad estaba presente y los regímenes pluviométricos eran benignos con la vida.

Lo que vemos, es lo que va quedando y tenemos muy claro que, todo esto, es parte del ciclo climático por el que vamos atravesando, ya llegará el momento de la inflexión natural y tornaremos a un tiempo de frio, de agua y de hielo, es decir, a una nueva glaciación.

Mientras tanto, hay una nueva misión por cumplir, irrigar los últimos individuos - que restan con vida - de una especie que se extingue. La Copiapoa solaris de Mejillones.

Cuando ya asoma el sol y comienza el despertar de los jotes, es momento de volver a casa.

 

Sus amigos de Caminantes del Desierto

 

Nadie protege, lo que no conoce.