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viernes, 8 de mayo de 2026

EL CANGREJO FANTASMA

 

El Cangrejo Fantasma

En las arenas de Mejillones


Mejillones (el territorio) es hermoso, maravilloso. Visiten Mejillones, les encantará y digan que van de parte de los Caminantes del Desierto. No habrá descuento ni regalos, pero nos sentiremos satisfechos de haber brindado nuestro granito de arena a su promoción y puesta en valor.

Saludos tengan estimadas y estimados amigos.

Tal como indicamos con anterioridad y aprovechando la cercanía, estamos procurando recorrer a cabalidad el territorio en donde se asienta la ciudad de Mejillones -la tierra de Gamelín Guerra- y explorar sus hitos históricos y sus bellezas naturales (que son muchas). Ahora bien, el sólo caminar por sus extensas y desoladas playas de arena blanca y fina ya es un regalo para los sentidos, al igual que observar la variada fauna marina, in situ, es un deleite.

Mientras vamos avanzando por la orilla de la costa, sorteando las olas de la marea alta, podemos encontrarnos con sorpresas, por ejemplo una gran cantidad de lobos marinos que retozan despreocupados a no más de 20 metros de distancia, sobre sus promontorios, o los centenares de aves que coronan los acantilados con sus estridencias y chirridos, en verdad, un espectáculo que no deja indiferente, inclusive, al más conocedor.

Mas, siempre tenemos alguna misión que cumplir y este viaje tiene un protagonista, un cangrejo muy especial que, según nos habían indicado, lo podríamos encontrar exclusivamente en la localidad de Hornitos; pero –siempre díscolos- quisimos buscar sectores más desolados y que contasen con las características requeridas para la subsistencia de este decápodo y esto nos llevó a seguir el derrotero del Cerro el Plomo -en su inicio- y avanzar por la costa rumbo al norte, en dirección a Punta Chacaya; Y, si bien dimos con él, hemos de decir que resulta algo escaso en número. Esto podría deberse a muchas causas, incluyendo el que no haya sido la época más adecuada. Dado que hacia el sur no hay playas con las características necesarias para que habite, hemos pensado que deberíamos seguir con la búsqueda más al norte, en procura de nuevos lugares y mayores poblaciones de este fantasmal cangrejo. Quién sabe con qué sorpresa nos encontraremos, ya que hemos aprendido que cada viaje es una nueva experiencia asociada a nuevos hallazgos.

Ahora, sobre este cangrejo, veamos qué nos indica el señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia:

¿Cuántas especies de cangrejos nativos conocemos? La mayoría de las personas no conoce muchos, acaso los más visibles que se pueden apreciar sobre los roqueríos, o quizá sólo aquellos más pequeños que habitan bajo las piedras en nuestras rocosas playas. Sin embargo, en nuestro país hay una variada fauna de estos animales, tanto así que sólo acá en el norte tenemos no menos de 70 especies.

Entre ellas contamos a cangrejos corredores, que sólo salen a la superficie para alimentarse; jaibas y cangrejos que viven permanentemente bajo las aguas, ya sea en el fondo marino o sobre los bosques de algas; pequeños cangrejos de las rocas, que viven bajo ellas en la zona de las mareas, aquellos minúsculos que viven como parásitos de erizos y lapas y, finalmente, unos cangrejos que viven ocultos bajo la arena de las playas y que reciben el curioso nombre de cangrejos fantasma.

Los cangrejos fantasma pertenecen al género Ocypode, y reciben ese nombre por su rapidez de movimientos, que les permite ocultarse rápidamente en caso de peligro. Esto lo pueden hacer tanto metiéndose rápidamente en sus guaridas –que pueden alcanzar fácilmente un metro de profundidad- como enterrándose en la arena seca, si se encuentran lejos de ellas.

En nuestro país tenemos dos especies de este género: Ocypode gaudichaudii y Ocypode occidentalis. Ambas especies tiene un aspecto muy similar, sobre todo en los individuos juveniles, siendo difícil identificarlos debidamente a simple vista. No son cangrejos grandes, apenas alcanzan los 4 cm en su máximo desarrollo. Hasta donde se sabe, sólo Ocypode gaudichaudii habita en nuestra Región (y hasta Valparaíso), en tanto O. occidentalis sólo llega hasta Iquique.

Viven en playas arenosas, en cuyo suelo cavan profundas cuevas, que pueden alcanzar hasta un metro cincuenta de profundidad en las zonas más altas de la playa, donde la arena está seca, para así llegar hasta el agua subterránea, en tanto en la zona más cercana al límite de la marea no suelen ser más profundas que 60 cm.

Estos cangrejos fantasma son en su juventud esencialmente carnívoros, alimentándose de detritus (materia descompuesta), pero una vez llegados a la adultez diversifican su dieta, alimentándose también de algas, algunas tan minúsculas como las diatomeas -que recogen en gran cantidad pastando en la orilla del agua- y también de presas mayores –para ellos- como las pulgas de agua Emerita análoga, que son a su vez competidoras por el mismo alimento (diatomeas). Se ha observado que luego de matar las pulgas con sus pinzas, en ocasiones las llevan al interior de sus cuevas, dejándolas allí –según se cree- para que se descompongan y les sea más fácil comerlas. También se piensa que los restos de las pulgas dejados al interior de su madriguera, sirven para atraer a otros minúsculos animales que viven en la arena, para así capturarlos y comérselos. Se ha observado a estos cangrejos comiendo cadáveres de animales y aves que encuentran en la arena, pero siempre prefiriendo aquellos que están mojados y en descomposición, en tanto no tocarían aquellos que se encuentran ya secos. Un competidor, en este caso, son los escarabajos Phaleria, que se especializan en comer cadáveres, pero que, a su vez, se constituyen también en una fuente de alimento, ya que el cangrejo se alimenta de sus larvas, abundantes en los mismos.

Los Ocypode gaudichaudii pueden respirar tanto el aire como bajo el agua, por lo que pueden introducirse unos metros en el mar para buscar comida, de la misma manera que pueden permanecer en la arena sin agua por varios días.

Caminan de forma lateral, como hacen habitualmente los cangrejos, pudiendo desplazarse a una velocidad de hasta 6 km por hora, aproximadamente, pero cuando requieren caminar lento, como al alimentarse en la orilla del agua, lo hacen de frente.

Los cangrejos fantasma adultos tienen pocos enemigos, ya que su velocidad, su duro caparazón y sus pinzas lo ayudan a defenderse de gaviotas, pilpilenes y corredores (lagartos Microlophus), pero los jóvenes son mucho más vulnerables a los ataques y no tienen otra defensa que quedarse inmóviles y confiar en su coloración, que se mimetiza perfectamente con la arena, o bien intentar enterrarse antes de ser atacado.

Sin embargo su número disminuye día a día debido a la acción humana: La ocupación –legal o ilegal- de las playas, que es cada vez mayor, trae aparejados varios problemas para la subsistencia de estos cangrejos, tales como el uso del suelo (les quitan el espacio vital), la presencia de vehículos sobre la arena (los aplastan), los perros que vagan libremente (se los comen) y la contaminación de su ambiente.

Pues, como han de suponer. 

Nosotros hablamos de naturaleza porque vamos a la naturaleza.
















 

 

 

 

 

 


martes, 6 de enero de 2026

POR EL TERRITORIO DEL NAGUAYÁN


Por el territorio del Naguayán

(El Atalaya de Mejillones)


Esperamos contar con la fortuna, la vida y la salud necesaria para volver a experimentar esta maravilla en lo más profundo de la cordillera costera de Mejillones. Pocos la han visto y somos agradecidos por haber tenido la fortuna de estar ahí, en aquel momento y en aquel lugar.

 

Estimadas y estimados amigos. Reciban nuestros saludos más cordiales y fraternos.

 

Hará unos años atrás (8 años para los más detallistas) recibí una llamada por celular en día sábado a eso de las 16.00 horas y una voz, apenas perceptible, pero eufórica, me decía que había llegado a la cumbre del Naguayán de una sola tirada, sin ningún esfuerzo y que le había faltado cerro para gastar toda su energía contenida. Siguió con aquello de que le había mentido -que yo lo habría engañado- puesto que dicho cerro no tenía los 1600 metros que le había asegurado, era mucho más bajo y su GPS indicaba apenas algo más de 400 m.s.n.m.

 

Esto último me llamó profundamente la atención. Conozco dicho cerro, el Naguayán, y sé que es más alto que Morro Moreno y otras cumbres de la cordillera costera, por lo que procedí a preguntar en donde estaban. La respuesta -siempre eufórica- me indica que están en la misma cumbre del cerro que se encuentra muy cercano al peaje de Mejillones por lo que respondí, de manera educada, conteniendo la risa y sin querer herir susceptibilidades.

 

- Están en la cumbre equivocada, ese es el Cerro Gordo-

 

Siga participando, le llamaremos, déjenos su curriculum.

 

Ahí la llamada se cortó abruptamente, ha de ser por la señal (pienso yo), o interferencia con el satélite ya que los implicados, andaban por las cumbres de otro planeta.

 

Por el Territorio del Naguayán

 

-Llegar es muy fácil-

Eso nos dijeron en tiempos en los que no había GPS integrado a los equipos móviles, los mapas eran muy básicos y solo se contaba con la voz de los que habían estado por dichos lugares.

 

-Solo tienen que adentrarse por la quebrada Mejillones, camino malo pero transitable, en dirección a la quebrada de Naguayán. El cerro de mayor altura también se llama Naguayán y el los va a guiar. Ahora. Un poco antes se encuentra la quebrada que lleva a Mititus (por la mano izquierda), ahí toman la huella y se van por las alturas mismas de la cordillera costera-

-Si andan buscando las flores del desierto o los cactus, por ahí los van a encontrar-

 

Y muy obedientes tomamos dicho rumbo, siguiendo la ondulante y reseca quebrada Mejillones teniendo siempre a la vista al imponente Naguayán pero, porque siempre debe haber un pero en estas historias, y como suele ocurrir en lugares en donde todo es igual, es decir, las quebradas son iguales, los cerros parecen iguales, las piedras son iguales y hasta el cielo es igual, nos metimos por la quebrada equivocada y fuimos a dar a la punta del cerro (Literal) hablamos de las máximas alturas de la cordillera de la costa y por antiguas faenas mineras (faenas abandonadas) y como premio, al más desorientado, accedimos a la enorme grieta de Chacaya, aquella que asoma en los mapas de interés exclusivamente en su punto final, la playa de Punta Chacaya.

 

Lo que encontramos en este recorrido de exploración fue increíble, una gran cantidad de plantas que no habíamos visto en ninguno de nuestros recorridos (fue un año de lluvias inusuales) y dichas especies no las hemos vuelto a ver en los años posteriores.

 

De inmediato nos distribuimos las tareas y los sectores. La misión era simple, fotografiar lo que se nos cruzase por el camino, hasta las piedras y si algo nos llamaba la atención, por estar fuera de lo común, simplemente nos llamase o dejase marcado el sitio para visitarlo en el transcurso del día. Estuvimos un día completo recorriendo el territorio y hubo una tarea que quedó inconclusa, bajar a la grieta de Chacaya y dejar testimonio de la flora y fauna presente en dicho espacio, algo que aún lamento el no haber hecho.

 

Siempre volvemos por dichos lugares (ahora con caminos asfaltados) y me recuerdo del Naguayán, mas nuestra ruta (nuestra quebrada sin nombre) sigue siendo agreste, sin intervención alguna, y la hemos visitado junto a nuestros integrantes con el deseo de que, en alguna oportunidad, podamos unir estas alturas con la planicie litoral, eso implica descender por la grieta principal con todo lo que esto conlleva, incluso con aquello de: ¿Valdrá la pena el riesgo?

 

Sobre los hitos relevantes del territorio, aquellos que dominaron nuestra ruta.

 

Naguayán. Nombre que sobresale en esta comuna por indicar a una extensa falla geológica, que pasa por los pies de la máxima altura del territorio (Cerro Naguayán) cuya cumbre se eleva por sobre los 1600 m.s.n.m.

 

Mititus. Falla geológica que se extiende inmediata a Naguayán en dirección norte. Por dicha falla nos encontramos con el camino que da acceso a las faenas mineras de Michilla.

 

Mejillones. Quebrada que se ubica inmediata al acceso norte al puerto de Mejillones (bahía) y se interna, por su parte este, en dirección al desierto pasando -en cierto tramo- a llamarse quebrada Ordoñez.

 

Del porqué de dichos nombres, especialmente Mititus y Naguayán (Naguallán) nada se sabe y nada se habla sobre su origen, aunque en honor a la cartografía -y los cartógrafos- debemos decir que dichos nombres vienen desde los orígenes occidentales del territorio. Estos puntos asoman en los primeros mapas, desde los tiempos en los que recién se comienza la ocupación y la búsqueda de riquezas minerales.

 

Como Corolario:

 

Gracias a la pequeña minería, esa minería llamada de subsistencia, podemos llegar a sitios que, de otra manera, nos resultaría imposible o muy complejo. Estas faenas (casi artesanales) abren sendas y caminos por lugares increíbles, por espacios agrestes y en este caso, en las cumbres mayores de la cordillera costera de la comuna de Mejillones.

 

De igual manera, resulta evidente que, en estos parajes, hubo Guanacos, sus caminos troperos así lo muestran y son tantos, que debió de haber muchos individuos y por milenios.

 

La vida sobrevive.

 

Mientras fotografiábamos la flora del lugar, asomó un pequeño lagarto. Al principio pensábamos que era un dragoncito de Mejillones, ya con las imágenes, comprobamos que era un corredor de Tarapacá. No es extraño el verlos, aunque este, era un sobreviviente de la aridez extrema y tendrá que apurarse en dejar descendencia y alimentarse

 

 

Sobre la geología de esta parte del territorio

 

Para saber más:

 

Fallas de Mititus y Naguayán

(Ángelo Villalobos)

 

https://www.researchgate.net/publication/283018144_POSTER_Fallas_Mititus_y_Naguayan_Evaluacion_del_Potencial_Sismogenico_Mediante_Analisis_Geomorfologico

 

























 

lunes, 8 de diciembre de 2025

EN SU ESPACIO ES EL REY

En su espacio es el rey

El Corredor de Tarapacá



Contamos, en nuestra naturaleza, con algunos espacios que resultan desconocidos para la gran mayoría, inclusive para los antofagastinos. Nuestra idea no va por el promover la visita ya que, algunos de estos lugares son de muy difícil acceso y resultan peligrosos, más bien, nuestra pretensión es más sencilla, el que conozcan nuestra región y que asimilen aquello que, en todo lugar, es factible encontrarnos con vida ( con flora y fauna).

 

Bienvenidas y bienvenidos.

 

 

Todas las quebradas que dan a la costa, por el camino que une la ciudad de Antofagasta con la ciudad de Tocopilla, nos parecen tan similares al observarlas desde la carretera. Cerros altos, imponentes, totalmente desprovistos de vegetación y con enormes grietas que se pierden en la distancia. Vamos avanzando por un terreno de colores monocordes, ocres, cenicientos, irregulares, con profundos surcos que delatan el paso del agua quizás, en un pasado muy remoto y nada que nos señale que alguna vez hubo algo de flora y menos aún de fauna. Mas, si nos tomamos el tiempo (aquel que nos inspira la curiosidad) y nos damos a la tarea de visitar dichas quebradas, nos encontraremos con pequeños mundos -muy aislados- espacios por donde aún prospera la biodiversidad en esta parte del desierto.



Recuerden. Lo que mostramos a ustedes es lo que va quedando de un pasado más venturoso.

 

 

Ahora bien, por dichos lugares, además de la flora, variada, lo que más sobresalen son los insectos, quienes -dependiendo de las fechas- podrán ser más numerosos o escasos, pero gran parte de ellos son endémicos, únicos, muy propios de estos territorios hostiles. Sobre esta frágil y reducida cadena trófica nos encontramos con un rey, con el reptil que domina dichos parajes. El Microlophus tarapacensis, el corredor de Tarapacá. Él está arriba por las circunstancias, porque no hay otra especie que le haga competencia (durante el día).

 

El tarapacensis no es una lagartija muy abundante, es evidente que el espacio la limita -por los escasos recursos- pero es territorial y se la puede observar, muy especialmente en primavera, en sus constantes conflictos por aparearse y por el territorio. Reiteramos, no es una especie numerosa, pero siempre está presente y lo seguirá estando mientras cuente con algo de alimento (plantas e insectos). Esta es una de las habitantes perpetuas, aquella que no puede marcharse en procura de mejores lugares, salvo que hubiese una lluvia que permitiera el establecimiento de corredores de vida -vegetación- entre las distintas quebradas de la zona. La última lluvia abundante ocurrió el año 2015. Anteriormente. el año 1991.

 

Por estos derroteros también nos hemos encontrado con vestigios -frescos- de roedores, aunque nunca hemos observado alguno con vida. Todo en el lugar es muy frágil y la fauna es tan escasa que nunca hemos tratado de capturar a algún individuo, aunque sea para saber sobre la especie.

 

Entre las aves, Dormilonas y Mineros son las únicas aladas que de cuando en vez se dejan ver, y generalmente por lo más profundo de las quebradas. No son especies de andar en bandadas, es decir en gran número, más bien son individuales y cuesta observarlas al mimetizarse muy bien en el espacio que las alberga, espacio que, además, les permite alimentarse y reproducirse.





¿Zorros? Son tan solo visitantes ocasionales, nos referimos al zorro chilla. Estos parajes van en franco deterioro y es muy poco lo que les puede brindar en cuanto a alimento. Además, los sectores costeros están demasiado intervenidos -por la gente- ocupando playas y los sitios de nidificación de las aves costeras que formaban parte de la alimentación de estos amiguitos. Podemos decir que, esta raposa es cada vez menos abundante.

 

Entre las arañas más habituales a estos lugares figuran las Sicario (Sicarius thomisoides y Sicarius yurensis), la Odo patricius, la Steatoda sabulosa, la Latrodectus thoracicus y esta pequeña arañita Filistatidae, probablemente del género Pikelinia.




Las Mosquitas (vivas), también hay mosquitas muertas.

 

Encontrar información sobre estas mosquitas de la familia Mythicomyiidae (especialmente en nuestro país) es un hallazgo que merece celebración, puesto que - estas especies - son bastante desconocidas inclusive en el mundo.

 

Los Mythicomyiidae se conocen vulgarmente con el nombre de microbombílidos debido a su pequeño tamaño (0,5-5 mm). Hasta hace poco se incluían en la familia Bombyliidae. Los miticomíidos presentan el cuerpo desnudo o con pelos esparcidos y cortos. Son principalmente negros, aunque también tienen zonas amarillas. Su aspecto es muy variable, yendo desde ancho y rechoncho hasta alargado y esbelto. Esta familia se separa fácilmente de los Bombyliidae por tener la vena R4+5 simple, no bifurcada.

 

Actualmente se conocen unas 350 especies a nivel mundial, de las cuales 30 se han citado en Europa y 6 de ellas en Chile (ninguna del desierto extremo nortino).

Ahora bien. Estas mosquitas son diminutas (entre 0,5-2mm) y las hemos observado (a los adultos) sobrevolando y/o polinizando a distintas familias de plantas, especialmente las Encelia canescens, las Cristarias (Cristaria integerrima) y algunas Eriosyce, en la región de Antofagasta.

 

La biología de estos diminutos dípteros es muy poco conocida, ya que sólo se conocen pocas especies. Algunas larvas se han encontrado en hormigueros, donde probablemente son depredadoras. Otras han sido criadas a partir de huevos de saltamontes y también como parásitas de abejas solitarias.

 

Se encuentran mayoritariamente en zonas calientes y áridas.







El Chinche.

 

Resultó ser un gran encuentro en el desierto puesto que, este amiguito es considerado una plaga en zonas donde se cultiva la Quinoa (Chenopodium). El Liorhyssus hyalinus Fabricius, especie que pertenece a la familia Rhopalidae , subfamilia Rhopalinae.

 

Este insecto (según la información) succiona la savia de las plantas y ataca al grano en formación, produciendo como consecuencia su vaciado (bicho malo).






Flora:

 

La flora de estos lugares puede variar en cantidad, pero muy poco en diversidad. Eso lo hemos podido corroborar en el terreno luego de algunos aguaceros.

La flora más habitual.

Nolana balsamiflua
Nolana peruviana
Nolana linearifolia
Nolana clivicola

Tetragonia maritima
Cristaria integerrima
Reyesia sp.
Senna brongniartii
Lycopersicum chilense
Ophryosporus triangularis
Eulychnia iquiquensis (Columnar)
Skytanthus acutus
Cumulopuntia sphaerica
Lycium leiostemum
Frankenia chilensis
Cistanthe sp.
Polyachyrus sp./Hyles annei
Argemone hunnemannii
Cistanthe sp.
Cleome chilensis

También hemos aprendido algo, que contamos con una fauna -especialmente de minúsculos- que viven exclusivamente de noche y son estas últimas los que nos gustaría conocer. Para aquello debemos visitar estas quebradas luego del crepúsculo y con algunas técnicas simples, atraer a estos moradores para conocer a las especies que moran en la oscuridad y observar al otro reptil nocturno que habita por dichos lugares, al geko del desierto, el Phyllodactylus gerrhopygus.




Los vestigios del pasado

 

En el lecho de las quebradas y por las laderas, nos encontramos con los restos (óseos) de guanacos y chinchillas, ambas especies formaban parte de estos ecosistemas y quizás, si el hombre no hubiese acabado con ellas, lo hubiese hecho el ciclo de calentamiento por el cual vamos atravesando.

 




Dorymyrmex sp
Psammetichus sp.