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lunes, 8 de diciembre de 2025

EN SU ESPACIO ES EL REY

En su espacio es el rey

El Corredor de Tarapacá



Contamos, en nuestra naturaleza, con algunos espacios que resultan desconocidos para la gran mayoría, inclusive para los antofagastinos. Nuestra idea no va por el promover la visita ya que, algunos de estos lugares son de muy difícil acceso y resultan peligrosos, más bien, nuestra pretensión es más sencilla, el que conozcan nuestra región y que asimilen aquello que, en todo lugar, es factible encontrarnos con vida ( con flora y fauna).

 

Bienvenidas y bienvenidos.

 

 

Todas las quebradas que dan a la costa, por el camino que une la ciudad de Antofagasta con la ciudad de Tocopilla, nos parecen tan similares al observarlas desde la carretera. Cerros altos, imponentes, totalmente desprovistos de vegetación y con enormes grietas que se pierden en la distancia. Vamos avanzando por un terreno de colores monocordes, ocres, cenicientos, irregulares, con profundos surcos que delatan el paso del agua quizás, en un pasado muy remoto y nada que nos señale que alguna vez hubo algo de flora y menos aún de fauna. Mas, si nos tomamos el tiempo (aquel que nos inspira la curiosidad) y nos damos a la tarea de visitar dichas quebradas, nos encontraremos con pequeños mundos -muy aislados- espacios por donde aún prospera la biodiversidad en esta parte del desierto.



Recuerden. Lo que mostramos a ustedes es lo que va quedando de un pasado más venturoso.

 

 

Ahora bien, por dichos lugares, además de la flora, variada, lo que más sobresalen son los insectos, quienes -dependiendo de las fechas- podrán ser más numerosos o escasos, pero gran parte de ellos son endémicos, únicos, muy propios de estos territorios hostiles. Sobre esta frágil y reducida cadena trófica nos encontramos con un rey, con el reptil que domina dichos parajes. El Microlophus tarapacensis, el corredor de Tarapacá. Él está arriba por las circunstancias, porque no hay otra especie que le haga competencia (durante el día).

 

El tarapacensis no es una lagartija muy abundante, es evidente que el espacio la limita -por los escasos recursos- pero es territorial y se la puede observar, muy especialmente en primavera, en sus constantes conflictos por aparearse y por el territorio. Reiteramos, no es una especie numerosa, pero siempre está presente y lo seguirá estando mientras cuente con algo de alimento (plantas e insectos). Esta es una de las habitantes perpetuas, aquella que no puede marcharse en procura de mejores lugares, salvo que hubiese una lluvia que permitiera el establecimiento de corredores de vida -vegetación- entre las distintas quebradas de la zona. La última lluvia abundante ocurrió el año 2015. Anteriormente. el año 1991.

 

Por estos derroteros también nos hemos encontrado con vestigios -frescos- de roedores, aunque nunca hemos observado alguno con vida. Todo en el lugar es muy frágil y la fauna es tan escasa que nunca hemos tratado de capturar a algún individuo, aunque sea para saber sobre la especie.

 

Entre las aves, Dormilonas y Mineros son las únicas aladas que de cuando en vez se dejan ver, y generalmente por lo más profundo de las quebradas. No son especies de andar en bandadas, es decir en gran número, más bien son individuales y cuesta observarlas al mimetizarse muy bien en el espacio que las alberga, espacio que, además, les permite alimentarse y reproducirse.





¿Zorros? Son tan solo visitantes ocasionales, nos referimos al zorro chilla. Estos parajes van en franco deterioro y es muy poco lo que les puede brindar en cuanto a alimento. Además, los sectores costeros están demasiado intervenidos -por la gente- ocupando playas y los sitios de nidificación de las aves costeras que formaban parte de la alimentación de estos amiguitos. Podemos decir que, esta raposa es cada vez menos abundante.

 

Entre las arañas más habituales a estos lugares figuran las Sicario (Sicarius thomisoides y Sicarius yurensis), la Odo patricius, la Steatoda sabulosa, la Latrodectus thoracicus y esta pequeña arañita Filistatidae, probablemente del género Pikelinia.




Las Mosquitas (vivas), también hay mosquitas muertas.

 

Encontrar información sobre estas mosquitas de la familia Mythicomyiidae (especialmente en nuestro país) es un hallazgo que merece celebración, puesto que - estas especies - son bastante desconocidas inclusive en el mundo.

 

Los Mythicomyiidae se conocen vulgarmente con el nombre de microbombílidos debido a su pequeño tamaño (0,5-5 mm). Hasta hace poco se incluían en la familia Bombyliidae. Los miticomíidos presentan el cuerpo desnudo o con pelos esparcidos y cortos. Son principalmente negros, aunque también tienen zonas amarillas. Su aspecto es muy variable, yendo desde ancho y rechoncho hasta alargado y esbelto. Esta familia se separa fácilmente de los Bombyliidae por tener la vena R4+5 simple, no bifurcada.

 

Actualmente se conocen unas 350 especies a nivel mundial, de las cuales 30 se han citado en Europa y 6 de ellas en Chile (ninguna del desierto extremo nortino).

Ahora bien. Estas mosquitas son diminutas (entre 0,5-2mm) y las hemos observado (a los adultos) sobrevolando y/o polinizando a distintas familias de plantas, especialmente las Encelia canescens, las Cristarias (Cristaria integerrima) y algunas Eriosyce, en la región de Antofagasta.

 

La biología de estos diminutos dípteros es muy poco conocida, ya que sólo se conocen pocas especies. Algunas larvas se han encontrado en hormigueros, donde probablemente son depredadoras. Otras han sido criadas a partir de huevos de saltamontes y también como parásitas de abejas solitarias.

 

Se encuentran mayoritariamente en zonas calientes y áridas.







El Chinche.

 

Resultó ser un gran encuentro en el desierto puesto que, este amiguito es considerado una plaga en zonas donde se cultiva la Quinoa (Chenopodium). El Liorhyssus hyalinus Fabricius, especie que pertenece a la familia Rhopalidae , subfamilia Rhopalinae.

 

Este insecto (según la información) succiona la savia de las plantas y ataca al grano en formación, produciendo como consecuencia su vaciado (bicho malo).






Flora:

 

La flora de estos lugares puede variar en cantidad, pero muy poco en diversidad. Eso lo hemos podido corroborar en el terreno luego de algunos aguaceros.

La flora más habitual.

Nolana balsamiflua
Nolana peruviana
Nolana linearifolia
Nolana clivicola

Tetragonia maritima
Cristaria integerrima
Reyesia sp.
Senna brongniartii
Lycopersicum chilense
Ophryosporus triangularis
Eulychnia iquiquensis (Columnar)
Skytanthus acutus
Cumulopuntia sphaerica
Lycium leiostemum
Frankenia chilensis
Cistanthe sp.
Polyachyrus sp./Hyles annei
Argemone hunnemannii
Cistanthe sp.
Cleome chilensis

También hemos aprendido algo, que contamos con una fauna -especialmente de minúsculos- que viven exclusivamente de noche y son estas últimas los que nos gustaría conocer. Para aquello debemos visitar estas quebradas luego del crepúsculo y con algunas técnicas simples, atraer a estos moradores para conocer a las especies que moran en la oscuridad y observar al otro reptil nocturno que habita por dichos lugares, al geko del desierto, el Phyllodactylus gerrhopygus.




Los vestigios del pasado

 

En el lecho de las quebradas y por las laderas, nos encontramos con los restos (óseos) de guanacos y chinchillas, ambas especies formaban parte de estos ecosistemas y quizás, si el hombre no hubiese acabado con ellas, lo hubiese hecho el ciclo de calentamiento por el cual vamos atravesando.

 




Dorymyrmex sp
Psammetichus sp.







 


sábado, 18 de octubre de 2025

LA QUILOPODA INVASORA

La Quilópoda (Chilopoda) invasora

(Ciempiés, recuerden, ciempiés)


El Scutigera coleoptrata (Linnaeus, 1758), conocido universalmente como ciempiés doméstico, es un artrópodo perteneciente al Orden Chilopoda (léase “quilopoda”), el que agrupa a todos aquellos que conocemos como ciempiés y escolopendras. Si bien en Chile tenemos varias especies de Quilópodos, sólo tenemos un Scutigeromorpho nativo, el Sphendononema chagualensis (Kraus, 1957). El Scutigera coleoptrata es, por tanto, un invasor.

De origen europeo mediterráneo, este ciempiés se ha extendido por varios continentes, pudiéndosele encontrar en la mayor parte de Europa, en Asia, Norteamérica, algunas zonas de África y Oceanía. En Sudamérica se ha registrado en Argentina y Uruguay, y desde el año 2009 en el sur y centro de nuestro país, aunque se sabe que se encuentra entre nosotros desde –al menos- la década del 60 (E. Vega-Román & V. H. Ruiz, 2013).

Nosotros podemos decir, por propia observación, que se encuentra presente también en nuestra Región, aunque en zonas no habitadas, por el momento. No hemos sabido que se le encuentre en habitaciones humanas.

Pese a que su aspecto puede resultar impresionante para muchas personas, e incluso producir temor en algunas otras, debido a que los adultos pueden crecer hasta los 5 centímetros de largo, y sus 15 patas por cada lado le permiten moverse muy rápidamente, lo cierto es que este ciempiés es reconocido –e incluso apreciado- como un invertebrado benéfico para el hombre.

¿Cómo podría ser beneficioso semejante bicho? se preguntará alguien. Y la respuesta es muy simple: el Scutigera coleoptrata es un verdadero asesino de insectos, y más específicamente, de esos insectos que odiamos –o nos repelen- y que acostumbran invadir nuestros hogares. Sí, arañas, termitas (nuestras nortinas “polillas”), pececillos de plata, hormigas y –aunque nos parezca increíble- las baratas, son los platillos favoritos de este ciempiés, que ha desarrollado técnicas de caza que resultan casi infalibles.

El Scutigera acecha a los insectos, y de preferencia espera que se reúna más de uno, para lanzarse sobre ellos velozmente y, mientras los sujeta con sus numerosas y flexibles patas, inocularles un veneno de acción rápida, que si no los mata en cosa de segundos, los deja aturdidos e indefensos hasta el momento de su muerte. Cuando su presa pudiera resultar peligrosa para él, como en el caso de alguna gran araña, o una avispa (por ejemplo), tras inyectarle el veneno se retira de inmediato, y espera cerca a que ésta caiga bajo su acción.

Pese a ser un quilopodo que acostumbra vivir dentro de las casas, en las que encuentra lugares apropiados para él, como las alcantarillas y otros lugares húmedos y obscuros, por sus hábitos mayoritariamente nocturnos no se le suele ver demasiado, a excepción de la primavera, cuando aprovechando el cambio de clima sale a buscar nuevos lugares de caza en los alrededores, y en el otoño, cuando el frío le impulsa a buscar nuevamente la protección del interior. En las zonas en donde no existe presencia humana, ocupan lugares tales como debajo de grandes rocas o troncos caídos, los que les proporcionan el ambiente húmedo que necesitan y los preservan del frío y el calor excesivo, que los afectan.

Puesto que los ciempiés suelen tener mala fama, debido a sus parientes las escolopendras, que pueden alcanzar mayores tamaños, y cuyo veneno –en algunos casos- puede causar problemas a los seres humanos, muchas personas podrían asustarse si ven un Scutigera desplazándose rápidamente por una pared o por el piso, pero en realidad no es un bicho al que haya que temer. No tenemos en el país quilópodos cuyo veneno sea realmente un peligro, y tampoco este pequeño invasor puede hacernos mayor daño. ¿Cómo diferenciarlos? Muy fácilmente, las escolopendras tienen más de 20 patas –las que podría resultar difícil contarlas en ciertos momentos-, pero éstas son siempre cortas, en tanto en la Scutigera son notoriamente largas, lo que les da un inconfundible aspecto.

El Scutigera coleoptrata no tiene mandíbulas con que morder, por lo que, en caso de necesitar defenderse de un humano, no podría hacer más que pincharnos con sus pequeños colmillos, los que en la mayor parte de los casos no tienen la fuerza necesaria para romper nuestra piel. Sin embargo, si algún adulto plenamente desarrollado consiguiera hacerlo, su veneno no tendría otro efecto en nuestro organismo que el de causar un poco de dolor, semejante al de una picadura de abeja, el que pasa completamente al cabo de un rato. Como hemos dicho siempre respecto a otros invertebrados y su veneno, hablamos de generalidades, subsistiendo siempre –como con todo veneno- la posibilidad de que afecte en forma diferente a personas alérgicas, pero eso se debe a su susceptibilidad personal.

Una preocupación muy común, respecto a este quilópodo y dado su hábito de adaptarse a la vida en las casas, es el efecto de su veneno en gatos (y otras mascotas), debido a la costumbre de éstos de cazar a todo bicho que se mueva, y las más de las veces, comérselo, además. Para su tranquilidad, y considerando que este invertebrado lleva más de 300 años en los hogares europeos, se sabe fehacientemente que su veneno no les afecta mayormente, y que en el peor de los casos, si se come uno, sólo aprenderá a no comerse otro, sin que esto signifique que reciba un daño en su organismo.

En resumen, hemos querido presentarles un invertebrado que, si bien no es propio de nuestro país, podríamos eventualmente encontrarnos con él algún día, y la idea es que lo conozcamos desde ya, para evitar temores infundados o noticias sensacionalistas que no tienen fundamentos científicos.

No es, por ejemplo, que últimamente haya aumentado el ingreso de insectos o arácnidos foráneos al país, sino que simplemente ahora hay más personas interesadas en el tema y dispuestas a darlos a conocer. En este caso, los primeros Scutigera coleoptrata se recolectaron en Chile en 1966, hace nada menos que 50 años, y su distribución por el país parece haber sido muy lenta, ya que ciertamente la gran mayoría de los chilenos nunca ha visto uno.

Si llegamos a encontrarnos con un Scutigera coleoptrata, la invitación es a admirarlo, a no temerlo y a no destruirlo. Pensémoslo, ¿Quién no desearía tener su casa libre de baratas, arañas de rincón y “polillas”, sin necesidad de usar hediondos y dañinos venenos en spray?





 


lunes, 8 de septiembre de 2025

ENTRE RELÁMPAGOS, TRUENOS Y LLUVIA

Entre relámpagos, truenos y lluvia.

No fue tanto, dirán algunos, y sí, no fue mucho, tan solo la sorpresa y los temores basados en historias pasadas.


Saludos tengan, estimadas amigas y amigos. Este domingo 07 de septiembre del año 2025 nos fuimos a caminar por la cordillera costera de nuestra comuna –la de Antofagasta, Chile– con la misión de poder ver el estado actual de la flora en las altas cumbres y por sus quebradas anexas. Era evidente que lo haríamos; ya estamos muy cerca de la primavera y era menester corroborar cuánta agua había caído por dichos lugares y si era factible el contar con floraciones este año, algo poco en virtud de la supuesta agua caída, según los indicadores, pero floraciones, al fin y al cabo.

Pues bien. Esta parte del territorio –la que visitamos hoy– nos recibió con cielos cubiertos (nubes altas) y el acostumbrado frío matutino, un día relativamente grato para las actividades en la naturaleza. Al poco andar, la camanchaca se hizo presente y comenzó a adentrarse rápidamente por los farellones costeros y, en muy pocos minutos, cubrió todo el terreno, dificultando nuestro avance por falta de visibilidad. El grupo tuvo que compactarse —para evitar las desorientaciones— y, como no era factible el avanzar por sectores de abismos, nos internamos muy adentro de la cordillera costera en busca de territorios más seguros para el descenso.

Ya en la cumbre del cerro mayor, aquel que se ubica en el extremo norte de la ciudad, la naturaleza nos dio los primeros atisbos de mal tiempo. En dicho lugar no solo disminuyó la visibilidad por efecto de la camanchaca, también comenzó a llover, en ocasiones de manera tenue, en otras con grandes goterones, y la prudencia nos indicó que debíamos salir de las quebradas y volver a casa.

Apenas transcurrió algo más de tiempo, ya en casa, y cercanos a las 17.00 horas comenzaron los relámpagos y los truenos que fueron visibles a simple vista. Dicho fenómeno se advirtió para el lado norte y centro de la cordillera costera, a espaldas de la ciudad, y la lluvia se dejó caer intensamente. En nuestra mente se viene la idea de que este fenómeno será de cuidado y que podría causar mucho daño en la población. A los pocos minutos de iniciado el evento, se acaban los truenos, los relámpagos y la lluvia. Este fenómeno climático duró la nada misma, pero no deja de sorprendernos aquello de haber vivido un fenómeno que nos resulta extraño, no tan habitual para nuestra ciudad (incluidas las lluvias).

Concluyendo:

En nuestro recorrido observamos una gran variedad de flora que recién comienza a despertar de su letargo.

Las tetragonias y las nolanas ya reverdecen, los chañarcillos comienzan a mostrar sus brotes, el Zapallito cimarrón, especie que solo asoma cuando hay precipitaciones, prospera por algunas quebradas y las Cistanthes (patas de guanaco) junto a los hermosos lirios del desierto ya comienzan a emerger. Quizás esta breve lluvia de domingo permitirá la germinación de más especies y en mayor número. Hablamos de cristarias, narcisos, oxalis, etc.

Eso recién se verá en un par de semanas más.