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sábado, 18 de octubre de 2025

LA QUILOPODA INVASORA

La Quilópoda (Chilopoda) invasora

(Ciempiés, recuerden, ciempiés)


El Scutigera coleoptrata (Linnaeus, 1758), conocido universalmente como ciempiés doméstico, es un artrópodo perteneciente al Orden Chilopoda (léase “quilopoda”), el que agrupa a todos aquellos que conocemos como ciempiés y escolopendras. Si bien en Chile tenemos varias especies de Quilópodos, sólo tenemos un Scutigeromorpho nativo, el Sphendononema chagualensis (Kraus, 1957). El Scutigera coleoptrata es, por tanto, un invasor.

De origen europeo mediterráneo, este ciempiés se ha extendido por varios continentes, pudiéndosele encontrar en la mayor parte de Europa, en Asia, Norteamérica, algunas zonas de África y Oceanía. En Sudamérica se ha registrado en Argentina y Uruguay, y desde el año 2009 en el sur y centro de nuestro país, aunque se sabe que se encuentra entre nosotros desde –al menos- la década del 60 (E. Vega-Román & V. H. Ruiz, 2013).

Nosotros podemos decir, por propia observación, que se encuentra presente también en nuestra Región, aunque en zonas no habitadas, por el momento. No hemos sabido que se le encuentre en habitaciones humanas.

Pese a que su aspecto puede resultar impresionante para muchas personas, e incluso producir temor en algunas otras, debido a que los adultos pueden crecer hasta los 5 centímetros de largo, y sus 15 patas por cada lado le permiten moverse muy rápidamente, lo cierto es que este ciempiés es reconocido –e incluso apreciado- como un invertebrado benéfico para el hombre.

¿Cómo podría ser beneficioso semejante bicho? se preguntará alguien. Y la respuesta es muy simple: el Scutigera coleoptrata es un verdadero asesino de insectos, y más específicamente, de esos insectos que odiamos –o nos repelen- y que acostumbran invadir nuestros hogares. Sí, arañas, termitas (nuestras nortinas “polillas”), pececillos de plata, hormigas y –aunque nos parezca increíble- las baratas, son los platillos favoritos de este ciempiés, que ha desarrollado técnicas de caza que resultan casi infalibles.

El Scutigera acecha a los insectos, y de preferencia espera que se reúna más de uno, para lanzarse sobre ellos velozmente y, mientras los sujeta con sus numerosas y flexibles patas, inocularles un veneno de acción rápida, que si no los mata en cosa de segundos, los deja aturdidos e indefensos hasta el momento de su muerte. Cuando su presa pudiera resultar peligrosa para él, como en el caso de alguna gran araña, o una avispa (por ejemplo), tras inyectarle el veneno se retira de inmediato, y espera cerca a que ésta caiga bajo su acción.

Pese a ser un quilopodo que acostumbra vivir dentro de las casas, en las que encuentra lugares apropiados para él, como las alcantarillas y otros lugares húmedos y obscuros, por sus hábitos mayoritariamente nocturnos no se le suele ver demasiado, a excepción de la primavera, cuando aprovechando el cambio de clima sale a buscar nuevos lugares de caza en los alrededores, y en el otoño, cuando el frío le impulsa a buscar nuevamente la protección del interior. En las zonas en donde no existe presencia humana, ocupan lugares tales como debajo de grandes rocas o troncos caídos, los que les proporcionan el ambiente húmedo que necesitan y los preservan del frío y el calor excesivo, que los afectan.

Puesto que los ciempiés suelen tener mala fama, debido a sus parientes las escolopendras, que pueden alcanzar mayores tamaños, y cuyo veneno –en algunos casos- puede causar problemas a los seres humanos, muchas personas podrían asustarse si ven un Scutigera desplazándose rápidamente por una pared o por el piso, pero en realidad no es un bicho al que haya que temer. No tenemos en el país quilópodos cuyo veneno sea realmente un peligro, y tampoco este pequeño invasor puede hacernos mayor daño. ¿Cómo diferenciarlos? Muy fácilmente, las escolopendras tienen más de 20 patas –las que podría resultar difícil contarlas en ciertos momentos-, pero éstas son siempre cortas, en tanto en la Scutigera son notoriamente largas, lo que les da un inconfundible aspecto.

El Scutigera coleoptrata no tiene mandíbulas con que morder, por lo que, en caso de necesitar defenderse de un humano, no podría hacer más que pincharnos con sus pequeños colmillos, los que en la mayor parte de los casos no tienen la fuerza necesaria para romper nuestra piel. Sin embargo, si algún adulto plenamente desarrollado consiguiera hacerlo, su veneno no tendría otro efecto en nuestro organismo que el de causar un poco de dolor, semejante al de una picadura de abeja, el que pasa completamente al cabo de un rato. Como hemos dicho siempre respecto a otros invertebrados y su veneno, hablamos de generalidades, subsistiendo siempre –como con todo veneno- la posibilidad de que afecte en forma diferente a personas alérgicas, pero eso se debe a su susceptibilidad personal.

Una preocupación muy común, respecto a este quilópodo y dado su hábito de adaptarse a la vida en las casas, es el efecto de su veneno en gatos (y otras mascotas), debido a la costumbre de éstos de cazar a todo bicho que se mueva, y las más de las veces, comérselo, además. Para su tranquilidad, y considerando que este invertebrado lleva más de 300 años en los hogares europeos, se sabe fehacientemente que su veneno no les afecta mayormente, y que en el peor de los casos, si se come uno, sólo aprenderá a no comerse otro, sin que esto signifique que reciba un daño en su organismo.

En resumen, hemos querido presentarles un invertebrado que, si bien no es propio de nuestro país, podríamos eventualmente encontrarnos con él algún día, y la idea es que lo conozcamos desde ya, para evitar temores infundados o noticias sensacionalistas que no tienen fundamentos científicos.

No es, por ejemplo, que últimamente haya aumentado el ingreso de insectos o arácnidos foráneos al país, sino que simplemente ahora hay más personas interesadas en el tema y dispuestas a darlos a conocer. En este caso, los primeros Scutigera coleoptrata se recolectaron en Chile en 1966, hace nada menos que 50 años, y su distribución por el país parece haber sido muy lenta, ya que ciertamente la gran mayoría de los chilenos nunca ha visto uno.

Si llegamos a encontrarnos con un Scutigera coleoptrata, la invitación es a admirarlo, a no temerlo y a no destruirlo. Pensémoslo, ¿Quién no desearía tener su casa libre de baratas, arañas de rincón y “polillas”, sin necesidad de usar hediondos y dañinos venenos en spray?





 


jueves, 2 de octubre de 2025

EL MATAZORROS

El Matazorros

 

Esta historia que, no es tan solo cierta, también es verídica (como afirman los Le Luthier) es del señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia, una historia más de sus andanzas por la vida y tiene como protagonista al mejor actor de la naturaleza, al señor Zorro y de un individuo cualquiera, de aquellos que lamentablemente, aun nos encontramos por el camino de la vida.


 Corre relato

                                

Un grupo de trabajadores - contratistas - se dirigía al casino de la mina a almorzar, como cada día y como cada día, fuera de este lugar había varios zorros, de variopinto pelaje y diversa edad; silvestres, más sin miedo ya al ser humano, a la espera de que alguien les arrojara algún alimento.

Uno de aquellos hombres, recientemente llegado y por tanto no acostumbrado a la presencia de los animales, se sintió molesto por su excesiva cercanía. Tan molesto que, al notar que uno se aproximaba demasiado sin advertirlo, se volvió de pronto y le lanzó una fuerte patada en el costado, ante la sorpresa de sus compañeros, y de cuantas personas entraban y salían del casino.

El zorro tan arteramente golpeado cayó "redondo" al suelo, y allí quedó, estirado cuan largo era, y tan quieto como si hubiera muerto, mientras los demás -no sin emitir uno que otro indignado "huac huac" de protesta-, tomaban prudente distancia.

Un rumor se escuchó salir de entre los presentes, y los compañeros del autor de tan brutal acto lo tomaron de los brazos y lo metieron rápidamente dentro del casino. Allí, no completamente a salvo de los rumores ni de torvas miradas, y mientras retiraban sus bandejas con comida, fue increpado por ellos, acusándolo de haber cometido -sin razones ni motivos- un verdadero crimen: los zorros (a lo largo de todo el país) son animales protegidos por la ley, y matar uno no tiene excusa ante las autoridades.

Ya en la mesa, las recriminaciones continuaron: "¿qué crees que hará la Minera ante esto? No van a ocultarlo, por cierto. No correrán riesgos, y no sólo pedirán a nuestra empresa que te despida, sino que además te entregarán ellos mismos a las autoridades"...

Mientras transcurría esta conversación, todos comían -de buena gana- sus almuerzos. Todos, menos uno: el asesino. Él no podía comer. Apenas si tomó un par de bocados, pues sentía en la boca un regusto amargo. ¿cómo no pensó en lo que hacía? Maldito zorro, si no se hubiera acercado tanto…

Terminado el almuerzo y a regañadientes, casi arrastrado, lo llevaron afuera mientras comentaban que a esas horas seguramente ya habrían llegado los vigilantes, los jefes, los de medioambiente y los de prevención de riesgos.

De ceniza era su rostro, cuando traspasó las puertas, y allí se quedó parado, lleno de asombro. De a poco fue consciente de las risas, las risas destempladas de sus compañeros. Y es que allí, donde debía estar el cadáver, y mucha gente rodeándolo, no había nada ni nadie.

Unos metros más allá, el "zorro muerto" estaba tranquilamente sentado, y lo miraba, lo miraba directamente a los ojos, con sorna, como si de él se riera, como si realmente lo disfrutara.

Entonces, y sólo entonces, le explicaron: Ningún zorro, por nuevo que sea, se dejaría patear por sorpresa por un tonto cualquiera. La patada que intentó darle apenas si lo rozó, y el animal -tan ladino como su fama lo indica- se hizo de inmediato el muerto, natural mecanismo de defensa...

Todo lo que le dijeron -que habría sido muy verdadero de haberlo matado realmente-, así como el amargo almuerzo, no fue sino una lección, para que no intentara nunca más hacer algo tan reprobable -y tan estúpido- como golpear a un animal que, a nadie hace daño.

Por supuesto, el mote de "matazorros" lo acompañó por largo, laaaargo tiempo...

 

Imágenes de Caminantes del Desierto.












lunes, 8 de septiembre de 2025

ENTRE RELÁMPAGOS, TRUENOS Y LLUVIA

Entre relámpagos, truenos y lluvia.

No fue tanto, dirán algunos, y sí, no fue mucho, tan solo la sorpresa y los temores basados en historias pasadas.


Saludos tengan, estimadas amigas y amigos. Este domingo 07 de septiembre del año 2025 nos fuimos a caminar por la cordillera costera de nuestra comuna –la de Antofagasta, Chile– con la misión de poder ver el estado actual de la flora en las altas cumbres y por sus quebradas anexas. Era evidente que lo haríamos; ya estamos muy cerca de la primavera y era menester corroborar cuánta agua había caído por dichos lugares y si era factible el contar con floraciones este año, algo poco en virtud de la supuesta agua caída, según los indicadores, pero floraciones, al fin y al cabo.

Pues bien. Esta parte del territorio –la que visitamos hoy– nos recibió con cielos cubiertos (nubes altas) y el acostumbrado frío matutino, un día relativamente grato para las actividades en la naturaleza. Al poco andar, la camanchaca se hizo presente y comenzó a adentrarse rápidamente por los farellones costeros y, en muy pocos minutos, cubrió todo el terreno, dificultando nuestro avance por falta de visibilidad. El grupo tuvo que compactarse —para evitar las desorientaciones— y, como no era factible el avanzar por sectores de abismos, nos internamos muy adentro de la cordillera costera en busca de territorios más seguros para el descenso.

Ya en la cumbre del cerro mayor, aquel que se ubica en el extremo norte de la ciudad, la naturaleza nos dio los primeros atisbos de mal tiempo. En dicho lugar no solo disminuyó la visibilidad por efecto de la camanchaca, también comenzó a llover, en ocasiones de manera tenue, en otras con grandes goterones, y la prudencia nos indicó que debíamos salir de las quebradas y volver a casa.

Apenas transcurrió algo más de tiempo, ya en casa, y cercanos a las 17.00 horas comenzaron los relámpagos y los truenos que fueron visibles a simple vista. Dicho fenómeno se advirtió para el lado norte y centro de la cordillera costera, a espaldas de la ciudad, y la lluvia se dejó caer intensamente. En nuestra mente se viene la idea de que este fenómeno será de cuidado y que podría causar mucho daño en la población. A los pocos minutos de iniciado el evento, se acaban los truenos, los relámpagos y la lluvia. Este fenómeno climático duró la nada misma, pero no deja de sorprendernos aquello de haber vivido un fenómeno que nos resulta extraño, no tan habitual para nuestra ciudad (incluidas las lluvias).

Concluyendo:

En nuestro recorrido observamos una gran variedad de flora que recién comienza a despertar de su letargo.

Las tetragonias y las nolanas ya reverdecen, los chañarcillos comienzan a mostrar sus brotes, el Zapallito cimarrón, especie que solo asoma cuando hay precipitaciones, prospera por algunas quebradas y las Cistanthes (patas de guanaco) junto a los hermosos lirios del desierto ya comienzan a emerger. Quizás esta breve lluvia de domingo permitirá la germinación de más especies y en mayor número. Hablamos de cristarias, narcisos, oxalis, etc.

Eso recién se verá en un par de semanas más.



















sábado, 7 de junio de 2025

LAS ROCAS SONORAS Y EL MAR JURÁSICO

Las Rocas Sonoras y el Mar Jurásico

De Antofagasta-Chile


Pasaron, ante nuestros ávidos ojos, algunos paper (estudios) que nos indicaban que, en el medio del desierto, por donde hay caminos muy antiguos y precarios nos encontraríamos con los vestigios de un mar remoto. Las huellas estaban ahí con sus antiguos ocupantes convertidos en piedra y alojados en la roca. Hice, en aquel minuto, la propuesta a nuestra gente, a aquella que nos acompañaría en el explorativo y pensé que no habría la convocatoria requerida ya que el lugar no muestra atisbo alguno de vegetación, no hay cerros que nos animen a llegar a su cima, no hay rastros de antiguos habitantes (algo bueno) y si hubo algún trabajo minero, este fue rudimentario y alejado en el tiempo. Nos estábamos metiendo por el corazón del desierto en busca de quimeras muy personales y basados en los antiguos relatos de expertos, muy creíbles por demás.

 

Entre dos serranías

Enfilamos muy temprano por la quebrada Caracoles o como se le conoce, Salar del Carmen, en dirección al Este. Así nos lo indicaba la Rosa de los Vientos, seguir la carretera rumbo Nor-Este y en cierto punto, girar a uno de los costados, atravesar algunos obstáculos menores y meterse de lleno por el desierto, a lo que depare la suerte. El camino ¿Camino? Mejor dicho, la huella, es transitable y en cierto punto se mete por entre dos serranías extensas la que es cruzada por una quebrada seca, de suelo muy compactado, aunque, esta característica se daba exclusivamente por donde alguna vez hubo camino. A los costados, el suelo se hunde a nuestro paso y debemos tener cuidado de no desviarnos de la senda, hasta allí llegaría el viaje y la ayuda estaba a muchos kilómetros de distancia.

Nos bajamos en un par de ocasiones a observar las formaciones rocosas, todo era de un solo color, color tierra, el ocre del polvo, aquel que lo cubre todo y deja un paisaje de tonos monocordes. A este escribano le entró algo de miedo al observar el territorio, no era el temor de quedar ahí o de la soledad –no sería la primera vez- más bien, el de no encontrar nada y el de haber arrastrado a los exploradores en un viaje estéril, extenso y agotador.

Según la Rosa de los Vientos, nuestra Rosa por supuesto, estábamos a muy pocos kilómetros del objetivo final, de lo que sería el final del viaje (antes del retorno) y nos volvemos a detener para observar un campo de rocas que desentonaba entre los guijarros y la chusca. Era un levantamiento natural de rocas agrupadas de forma dispersa sobre un montículo, algo extraño para el lugar en el que nos encontrábamos y la curiosidad fue más fuerte, así que dirigimos los pasos a dichas rocas a buscar -quizás- nuestro mar Jurásico.

No supe en qué momento Patricia, una de las exploradoras, cogió una roca pequeña y comenzó a golpear la cara superior de aquellas grandes rocas depositadas en el lugar y fue como escuchar campanas o tubos de distintos tamaños. He de acotar que son sonidos bastante gratos y melodiosos que resonaban por un territorio en donde solo se enseñorea el viento, algo extraño, enigmático, pero nos permite olvidarnos -por unos momentos- de los objetivos y tratar de buscar alguna explicación a tamaña maravilla, aquello de las Rocas Sonoras.

Pues bien, buscando información nos hemos encontrado con algunas respuestas y con algunas minucias que resultarán sorprendentes.

Lo primero. Aquello de las rocas sonoras no guarda relación con seres de otros mundos o la tierra plana, eso nunca lo hemos propuesto y jamás lo haríamos. Más bien, la sonoridad guarda relación con la composición de la roca (de que están formadas) y a cómo se refractan las ondas sonoras dentro de ella.

Tipos:

Pueden ser rocas ígneas, metamórficas o sedimentarias.

Composición:

Las rocas anilladas suelen ser rocas de grano fino y ricas en sílice como la cuarcita, la riolita o el basalto. Estos materiales tienen una estructura densa y homogénea con defectos internos mínimos, lo que permite que las ondas sonoras viajen de manera eficiente.

Frecuencia de baja frecuencia:

Cada roca individual produce tonos de baja frecuencia que no son audibles por sí solos, pero cuando interactúan entre sí, crean un sonido perceptible.

Conexión entre rocas:

La resonancia se produce debido a la interacción entre las rocas y la forma en que se refractan las ondas sonoras dentro de ellas.

Densidad y tensión interna:

La densidad de la roca y el alto grado de tensión interna contribuyen al sonido metálico.

En resumen, las rocas sonoras son un fenómeno natural fascinante que demuestra la capacidad de las rocas para producir sonidos únicos y melodiosos, debido a su composición, forma y estructura interna.

Aunque los científicos no tienen una respuesta definitiva sobre por qué suenan las rocas, sí tienen un nombre para las rocas anilladas. Se les llama con rocas sonoras o rocas litofónicas. Estos son los términos que se les dan a las rocas que resuenan con un sonido similar al de una campana cuando se golpean.

Físicamente, no se ven diferentes de las rocas normales, pero no es hasta que las golpeas ligeramente con un martillo que las rocas revelan su secreto sonoro.

Detalles a considerar:

Solo un tercio de las rocas generan el sonido del timbre cuando se golpean. Las rocas que suenan se conocen como rocas "vivas", y las que no lo hacen se conocen como rocas "muertas".

La teoría de la "tensión relicta" implica que las rocas resonantes actúan como una cuerda de guitarra. Cuando una cuerda de guitarra está flácida no resuena, pero una cuerda pulsada proporcionará una gama de sonidos dependiendo del nivel de tensión aplicada.

 

¿Dónde las encontramos? Estas mentadas rocas por supuesto:

Las rocas anilladas, también conocidas como rocas sonoras o litofónicas, se pueden encontrar en varios lugares del mundo, a menudo en grupos dentro de formaciones geológicas específicas. En varios de estos lugares son la principal atracción turística, promocionados como tal y visitados por miles de personas (cada año).

En Chile: La literatura es escasa y solo hace mención a que se encontrarían por los sectores pre y cordilleranos, especialmente en la zona central del país. (Gracias)

 

Hay que seguir

Luego de un breve concierto litofónico con una obra creada en el momento, concierto del cual me arrepiento de no haber dejado registro, seguimos el viaje con el corazón lleno de alegrías (metáfora para los planos), había que continuar en procura de nuestro mar jurásico.

 

Avistamiento desde el Carajo

 

Movimiento de tierra a 1000 metros nos indica el señor Bichólogo, es un antiguo laboreo minero, al parecer, y se encuentra por la única loma (con algo de altura) que nos encontramos por el camino. En el lugar -una hoya geográfica- todo está revuelto, montañas de rocas, de todos los colores imaginables y con profundos socavones. Es antiguo, indudablemente, puesto que nadie estaría trabajando, en la actualidad, en sitio tan peligroso.

Nos ponemos a buscar los vestigios de nuestro mar, las rocas ya fueron movidas, nosotros no movemos ni tocamos nada. Procuramos no respirar para que no vengan críticas de los dueños del conocimiento y del territorio. Lo intenté, aguanté la respiración tan solo un minuto y medio. Merezco las críticas de los que saben y se guardan el conocimiento, merezco realmente su reproche. Tal vez el mirar no sea delito, eso lo tendremos que poner en juego y seguimos mirando a nuestro alrededor. Peligroso el espacio, pero hemos estado en peores y hemos salido indemnes. Nada, no vemos nada, de aquí hasta allá, nada y ya nos dábamos por vencido hasta que asoma desde una quebradilla el señor bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia quién -en sorna acostumbrada- nos dice: ¿Esto es lo que buscamos? Mientras me muestra una imagen (una fotografía) de una roca con un fósil marino incrustado en uno de sus lados.

La respuesta fue inmediata ¡Eureka! Pero sin salir de la bañera como Arquímedes. Estábamos en el espacio que habíamos definido por paper para nuestro hallazgo, no por datos de terceros o porque estuviese en el mapa turístico o educacional de nuestra región. La faena - la antigua faena- modificó el territorio y destruyó gran parte del material contenido en el subsuelo, eso es evidente ya que destruir viene de antaño y es habitual en la actualidad (y los que saben, aplauden), pero aún se conserva un área incólume, intocada. Queremos explorar el territorio, pero ya es tarde. Nos tenemos que subir al vehículo y las garras que dejamos marcadas surcando todo el terreno indican que este acto (el volver) no fue para nada fácil. No me quiero ir.

Nos demoramos una eternidad en llegar, buscar y debemos devolvernos, pero volveremos, ténganlo por seguro, volveremos como dijo MacArthur.

15:30 horas ya estamos en Antofagasta, con una gran satisfacción. Fuimos a buscar (imágenes) de un mar remoto con sus antiguos habitantes y lo encontramos. No pusimos cara de ignorantes al encontrar el lugar y las piezas, sabíamos a lo que veníamos y lo que podíamos encontrar.

Vida nada me debes, vida estamos en paz.

 

No daremos ubicación, espero nos entiendan, son lugares peligrosos y las piezas se deben preservar (hasta que llegue la siguiente faena minera).

¡Es usted un mal hablado! Dirán algunos.

¡Oh noo! Solo me baso en la evidencia.





















 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 5 de mayo de 2025

QUEBRADA LOS CUARZOS

Quebrada Los Cuarzos

(Río Seco, Grieta del Cerro Jarón)

Antofagasta-Chile


Este domingo recién pasado nos internamos por espacios maravillosos, espacios que resultan poco conocidos para la gran mayoría de los antofagastinos, ya que su camino principal sólo llega hasta la gran grieta del Río Seco, brindando toda la atención a los grandes dunales y la pequeña playa del lugar. Más allá  sólo se accede caminando y esto último, el caminar, no está incluido en las actividades habituales de todas las personas (aunque el lugar lo amerite).

 

Pues bien, nuestro punto de inicio del recorrido fue el borde de Río Seco, De allí había que bordear dicho abismo en dirección sur-este para alcanzar las primeras estribaciones de la cordillera costera e ingresar por la grieta sorteando alguno que otro obstáculo (muros), que darían la tónica a este recorrido y nos mostraban, desde el inicio, cual sería el nivel de dificultad que nos esperaba a lo largo de todo el trayecto.

 

Al poco avanzar -por el fondo de la quebrada- iban asomando algunas especies de flora, las cuales se encontraban en un evidente estrés hídrico, pero con sus flores abiertas a los polinizadores. Hablamos de Nolana philippiana, Nolana divaricata, Nolana peruviana, Dinemandra ericoides, Tetragonia maritima, Cristaria sp, Heliotropium sp y algunas más.




Más arriba del cauce principal, en los recovecos y curvas de la quebrada, sobre los 300 m.snm, donde el aire de la costa tiene más contacto con las rocas y con las plantas, la vegetación se hace más exuberante, puesto que la más mínima humedad existente se condensa y queda en este medio. Estos lugares han de contener una gran entomofauna, las semillas esparcidas por gran parte del terreno así lo señalan. Es decir, habiendo flores deben existir polinizadores, distintos a los que vemos, minúsculas aladas que más parecen parasitoides que polinizadores.

 

Al seguir avanzando vamos poniendo atención a las formaciones geológicas, que resultan ser muy interesantes, las rocas van tomando formas diversas, con colores increíbles y sería muy largo de enumerar todo lo que vamos encontrando. Podríamos hablar incluso sobre la data de este territorio (el de su formación) y todos los eventos que han de haber acaecido hasta nuestros días, pero preferimos  adosar un estudio para aquellos que quieran saber un poco más y gusten de todos los detalles.

En algún momento entramos por una tributaria de la quebrada mayor y, recién ahí, algunos se dan cuenta que lo que pasaron era la parte más sencilla del trekking. Ahora se vienen los acarreos, las grandes rocas y los muros que -necesariamente- hay que trepar para seguir avanzando y llegar a la cumbre, estamos en el punto de no retorno y el bailar sobre las rocas (exageración metafórica) nos va agotando, especialmente a aquellos que no tienen una buena condición física (estos son poquitos).

 

¡Vamos que se puede!

 

Paso a paso, muro a muro, una grieta de paso contiene una gran roca, que no estaba la vez anterior que visitamos el lugar. Ha habido nuevos derrumbes y eso es algo lógico. Cuarzos, hornblenda, pirita (en gran cantidad). Todo refulge al sol brindando tonos maravillosos, difíciles de captar por una cámara.

Asoma la camanchaca y se viene el viento frío, se va apagando el clamor del cansancio, es el frío el que nos ayuda a sortear los últimos metros, que nos llevan por quebradas transversales a las cumbres. Es tan sólo la primera parte del camino, ahora, cuales Hobbits, a merendar y descansar, que luego se vendrá la bajada. Esa se hará por otro camino, aquel que va por las cumbres del Jarón y del Bolfin, por los 1000 m.snm.

En la cima de uno de los cerros que dan vista a cabo Jara y a la planicie que cae abrupta a la costa, nos tomamos la foto grupal mientras el viento intenta movernos de nuestro apacible sitio. La temperatura cayó a 14 grados y este breve momento de solaz e inamovilidad nos está pasando la cuenta, nos estamos enfriando.

Damos las instrucciones de bajada, aquella que enfatiza que, a la mitad del camino, han de cruzar desde una quebrada a otra justo en el portezuelo que vislumbramos en frente. Todos parten ganosos cual tropel, y me queda la duda de si todos entendieron las instrucciones y no habrá que salir a buscar a alguno por el despoblado.

Falsa mi alarma, todos entendieron y con algunas caídas (leves y jocosas) por el sendero de bajada, llegamos sanos al llano y enfilamos al vehículo que nos esperaba. Siempre nos espera, nunca se va por si pasa una emergencia, el vehículo siempre está ahí.

18:00 hr, todos en casa, todos sanitos, felices y con la satisfacción de haber llegado a una nueva cumbre, tal vez bajita para muchos, pero no es la altura lo que nos motiva, es lo que vamos encontrando y lo que debemos sortear para seguir avanzando por dicho camino. La cumbre es la meta para ciertos deportes, pero nosotros no somos deporte, somos ciencia. He ahí la diferencia.

Recuerden. No caminamos solo por caminar.

Dice la literatura consultada:

En todos los tipos litológicos, que constituyen a este plutón, los minerales principales son plagioclasa, hornblenda, cuarzo, biotita, y feldespato potásico (ortoclasa y microclina). En cantidades subordinadas ocurren esfeno, apatita y minerales opacos. La pliagioclasa, del tipo andesina, exhibe hábito tabular largo, formas euhedrales y carece de zonación. Según su composición química las hornblendas quedan representadas en el diagrama de Leake (1978) en los campos de la hornblenda-edenítica, de la edenita y de la magnesio-hornblenda.

 

Para saber -algo más- sobre la geología de estos espacios:

Nuevos antecedentes sobre la geología de quebrada el Way, Cerro Bolfin y Cerro Jarón

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