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miércoles, 22 de julio de 2026

QUEBRADA LOS VIENTOS

 

Quebrada Los Vientos

(En su cumbre mayor)


Somos culpables -en esta sola oportunidad- de realizar aquello que tanto criticamos a otros: el poner nombres de forma antojadiza a los lugares a que accedemos. Pero diremos en nuestro descargo que no hemos encontrado, en la cartografía oficial, el nombre de esta quebrada, pero sí el de las cumbres aledañas, aunque esto sólo nos sirve para ubicarnos en el territorio. Mientras seguimos buscando, la hemos llamado quebrada de los vientos.

 

Hará un tiempo atrás, un par de años para temas de exactitud -que nos exigen los más puristas- y para que no asemeje a inicio de cuento, hubo un rompimiento de tuberías de agua potable en cierta parte del desierto, una ruptura que originó un gran vergel especialmente de flora endémica (habían nativas, pero pocas). El ver asomar a tantas especies y ver el cambio de colorido, algo muy evidente al pasar del ocre al verde, nos impulsó a buscar el origen de ellas. ¿De dónde habrían llegado las semillas que allí brotaron, los insectos que las visitaban y los pequeños animales que buscaban refugio bajo ellas? Al primer escrutinio de la zona advertimos, cercana, una profunda quebrada que se adentraba en los cerros, hacia las máximas cumbres del lugar (por sobre los 1200 msnm). Verla y suponer que sería provechoso explorarla fue una sola cosa, y hacia allá partimos.



Se pensó y se hizo.

 

Apenas ingresamos por la quebrada, estrecha y extensa, pudimos advertir que contaba con tres especies de cactáceas distintas y en gran número (especialmente la Copiapoa atacamensis, algunas eriosyces y unas cuantas columnares de Eulychnia iquiquensis). Por las márgenes de las laderas -muy bien marcadas por el paso del agua en tiempos de lluvia- nos encontramos con un gran número de arbustos de cachiyuyo, todos en buen estado y de tamaño apreciable, cosa que no es muy habitual. La especie no pudimos determinarla -en dicho momento- así que solo la catastramos como Atriplex sp.

Más adelante pudimos observar a la Nolana peruviana, siempre presente, alguna que otra Nolana ramalina en máximo estrés hídrico, Nolana divaricata, Tetragonia marítima y una gran cantidad de varas resecas de quizás que otras especies que habitaron dicho espacio en mejores tiempos. Esta quebrada, por su ubicación de suroeste a noroeste, tenía una particularidad: el fuerte viento que circulaba por toda su extensión y que aportaba la humedad que permitía la existencia de dicha vegetación. Nuestra exploración terminó al encontrarnos con que abruptos cortes y abundantes arrastres obstaculizaban nuestro camino, lo que haría necesario mucho más tiempo del que disponíamos para salvarlos y luego regresar. Desde allí pudimos observar que la quebrada se extendía, cada vez más cerrada, hasta la cumbre de aquellos cerros, en los que se acumula la niebla costera.

 

Jalisco solo gana (ni pierde ni empata)

 

Quedó marcado -en nuestro fuero interno- aquello de no haber podido recorrer la quebrada Los Vientos -en su momento- y de no saber lo que habría en sus máximas alturas hasta que llegó este preciado día -julio del año 2026- de volver, ir, recorrer y conocer el lugar, pero en esta oportunidad adentrándonos por su parte posterior, por antiguos caminos mineros, de aquellos que más se asemejan a huellas troperas que a otra cosa y por un territorio que se encuentra fuertemente intervenido por ripieras, empresas y -en su tramo inicial- no pocos basurales. Luego de pasar dichas intervenciones, no sin dificultades, quedamos a merced de la naturaleza para acceder a nuestro derrotero por la cumbre. En el lugar se advierten antiguas construcciones, especialmente pircas de cateadores y busquillas. Sus excavaciones están ahí, al igual que sus canchas de acopio, en la más completa de las soledades y en las máximas cumbres del lugar. Desde la cima pudimos advertir la quebrada buscada, Los Vientos, en la que encontramos una gran colonia de Copiapoas y tan sólo una columnar con vida (Eulychnia iquiquensis); quizá las otras, si las hubo, terminaron como leña en la cocina de los mineros de antaño, cosa que era muy común.

 

Sobre la presencia de flora, a esta altura del año, había y los renuevos comienzan a asomar porque al parecer ha caído agua, además la de mucha humedad que aporta la niebla en ese sector. Algo que nos llamó la atención fue la presencia de grandes extensiones de terreno (exclusivamente laderas) cubiertas con líquenes, con algunas especies que no habíamos visto en otra oportunidad y que nos hace pensar que este mundo, el liquénico, es el que mayor presencia y variedad tiene en nuestra cordillera costera (y región) y es el más desconocido de todos. Quizás, el excavar en busca de minerales no nos deja ver la luz y comprender que hay un mundo de posibilidades a nuestro alrededor.

 

Desde que recorremos nuestro desierto, especialmente por los sectores más recónditos de la cordillera de la costa y, más específicamente, por aquellos espacios en donde la humedad es más marcada -producto de la camanchaca- nos hemos encontrado con ciertas formas de vida que reciben por nombre Líquenes. Estas especies son muy diversas y no sólo tienen la particularidad de ser los precursores de la vida y ser buenos bioindicadores de la contaminación (al desaparecer), sino que también cuentan con otras particularidades que pueden resultar conocidas para los expertos, pero para el común de la gente son totalmente ignoradas. No se tiene certeza sobre la riqueza liquénica con la que contamos en nuestra región -número de especies y/o sus propiedades- ya que, sólo somos mineral, pero algún día, tendremos que levantar la mirada y hacernos cargo, como región o país, de este patrimonio natural y sus potencialidades.

 

Ahora bien ¿Qué son los líquenes? Los líquenes son asociaciones simbióticas entre hongos y algas fotosintéticas y/o cianobacterias. Se ha descubierto que los hongos liquenizados producen una amplia gama de metabolitos secundarios, la mayoría de los cuales son exclusivos de la condición liquenizada. Estos metabolitos secundarios han demostrado una impresionante variedad de actividades biológicas, incluyendo antibióticos, antifúngicos, anti-VIH, anticancerígenos, antiprotozoarios, etc. Se ha descubierto que los extractos crudos de líquenes y varios compuestos aislados de líquenes a menudo demuestran una actividad inhibitoria significativa contra diversas bacterias patógenas y líneas celulares cancerosas a concentraciones muy bajas. El mecanismo molecular de la muerte celular inducida por compuestos de líquenes incluye la detención del ciclo celular, la apoptosis, la necrosis y la inhibición de la angiogénesis. Si bien los líquenes son una fuente de diversos compuestos biológicamente activos, solo se ha investigado la relevancia biológica de un número limitado de ellos.

 

¿El porqué de lo anterior?

 

Los líquenes producen metabolitos secundarios protectores que sirven para disuadir la herbivoría y la colonización por patógenos. El ácido úsnico, el ácido estíctico y el ácido vulpínico son algunos de los más de 700 compuestos secundarios que producen los líquenes. Los investigadores descubrieron que los extractos puros de ácido úsnico, ácido evernico y ácido vulpínico inhibían el crecimiento de las bacterias grampositivas Staphylococcus aureus, Bacillus subtilis y Bacillus megaterium , pero los ácidos no tenían efecto sobre las bacterias gramnegativas Escherichia coli o Pseudomonas aeruginosa. 

El interés en el potencial antibiótico de los compuestos de los líquenes fue extremadamente alto durante la posguerra hasta finales de la década de 1950. Un compuesto secundario que generó un gran interés y una considerable cantidad de investigación fue el ácido úsnico. De hecho, se sabe que se publicaron sesenta y cuatro artículos sobre el ácido úsnico entre 1950 y 1959. En la década de 1970, se informó que el ácido úsnico tenía potencial como fármaco antitumoral. En la actualidad, se ha vuelto a despertar el interés en los posibles usos de los antibióticos derivados de los líquenes, ya que estos podrían ser una valiosa fuente para la industria farmacéutica.



























 


viernes, 5 de septiembre de 2025

LOS LÍQUENES DE ANTOFAGASTA

Los Líquenes

¿Y si realmente fueron los primeros en colonizar la Tierra?




Se puede afirmar que, desde el punto de vista evolutivo, la formación de simbiosis liquénicas es una estrategia muy favorable y que se encuentra en constante evolución en algunos hongos.


Por lo más alto de la cordillera de la costa, por donde llega algo de humedad y subsisten algunas especies que resultan desconocidas para la gran mayoría.

El día de hoy nos fuimos al interior del desierto con la tarea de irrigar, puesto que contamos con algunas especies y algunos individuos —muy puntuales— que protegemos y queremos que sigan subsistiendo. De igual manera, aprovechamos el recorrido para ir ampliando el territorio de visita, especialmente cumbres, y de esta manera, seguir sumando especies al catastro que venimos realizando desde décadas atrás. Podemos contarles que el día de hoy dimos con unos antiguos chinchillales que requieren algo más que una fotografía.





Pues bien. Algunos podrán opinar que no es bueno intervenir, aquello de irrigar, que debemos dejar que la naturaleza siga su ciclo natural, mientras que otros estarán totalmente de acuerdo con nuestro accionar, pero lo que prima, en definitiva, es nuestra visión, y esta se encuentra basada en el conocimiento que tenemos del desierto y de las especies que moran en este.

Un gran día, acompañados de una brisa fresca, una muy grata compañía y con el colorido que nos brindan los líquenes, que, por cierto, nos gustan y de los cuales hablaremos el día de hoy.


Los Líquenes.

Los líquenes pertenecen a un grupo de plantas que casi siempre pasan inadvertidas debido a su característica de vivir en sitios alejados, al mismo tiempo que, por tener muy poco cuerpo o coexistir con otras plantas que llaman mucho más la atención por su colorido y forma,

Viven como epífitos (sobre los árboles), formando ya racimos pendientes como el género “Usnea”. Llamados vulgarmente Barba de Viejo, o adheridos a troncos y ramas como el género “Sticta”, “Parmelia”, etc. También crecen sobre el suelo, cubriendo muchos kilómetros cuadrados, y sobre rocas y piedras, desde la orilla del mar hasta las altas cumbres (donde no podrían vivir otras plantas).

Son los primeros colonizadores de terrenos inhóspitos; estos pueden retener el polvo seco que gira en el ambiente y/o desintegrar rocas, cuyas partículas, junto con sus cuerpos ya muertos, constituyen un nuevo sustrato para permitir la vida posterior a otras plantas.

Los líquenes se caracterizan por ser entidades formadas de dos organismos esenciales, “hongo” y “alga”. Esta unión se denomina simbiosis, voz griega, que significa: “viviendo juntos”.

Si tomamos un liquen y lo cortamos transversalmente, observando su interior con la ayuda de una lupa, podemos ver células de color verde o azul y, además, otras incoloras. Pues bien, las coloreadas son las algas y las incoloras son los hongos.

Las verdes pertenecen a las Clorofíceas y son células simples, más o menos esféricas. Las azules pertenecen a las Cianofíceas “Nostoc”, “Stigonema”, etc., en forma de rosario la primera y filamentosa la segunda. El pigmento coloreado (clorofila) es el mismo que el de las hojas de los árboles y, gracias a este, el alga puede utilizar los rayos solares para transformar el agua y el anhídrido carbónico del aire en productos alimenticios para ella y su socio, el hongo. Estas células fúngicas se denominan científicamente “hifas”; ellas protegen al alga, le sirven a la vez de sostén y le proporcionan agua y sales minerales del sustrato, contribuyendo a la síntesis metabólica.

El hongo pertenece —generalmente— al grupo de los Ascomicetes, (Discomicetés y rara vez Piromicetes), y en casos. excepcionales, a los Basidiomícetes.

Cuando prima el hongo sobre el alga, en cantidad, la forma externa queda determinada por el hongo; en el caso del alga, como en algunos géneros de Cianofíceas, el liquen tiene aspecto gelatinoso.

Según su forma de crecimiento, se distinguen tres grupos de líquenes.

Líquenes crustáceos. El cuerpo (talo) se encuentra estrechamente unido a la superficie de las rocas, piedras o a los árboles.

Líquenes foliáceos. Talo frondoso, más o menos pegado al sustrato por formaciones semejantes a raicillas o por un ombligo central; la cara superior e inferior son casi siempre de diferente color (Sticta).

Líquenes fruticulosos. El talo se alza del sustrato como en el género Cladonia o pende como en Usnea, a modo de un arbustito.

La reproducción se efectúa mediando esporas producidas por el hongo o por medios vegetativos en que intervienen hongo y alga. Las esporas se encuentran en formaciones especiales llamadas ascos o basidios y las esporas secundarias se originan en conidios. Los más frecuentes son las ascosporas que se encuentren en receptáculos ya abiertos (apotecios) o cerrados. (peritecios), situados en la superficie de los talos, a modo de excreciones o incrustados en él, detectándose como manchas oscuras.

Las esporas, al caer en medio apropiado, fructifican y dan origen al hongo: Si este encuentra al alga, se forma la simbiosis y el liquen se desarrolla. Si no se efectúa la unión, el hongo muere.




 

La Historia Evolutiva

 

Los restos fósiles de líquenes son extraordinariamente escasos. Es conocido en el mundo de la paleobotánica que el registro fósil, incompleto, no puede mostrar en absoluto la realidad de la flora de la época a la que pertenece; por ello se hace necesario deducir a partir de los escasos rastros conservados y de la filogenia en qué momento aparecen muchos de los grupos vegetales y, en este caso, la simbiosis entre un alga y un hongo.

El espécimen más antiguo identificado como un liquen, Thuchomyces lichenoides, data del Precámbrico. Se trataría de una especie marina según los sedimentos en los que se encontraron sus fósiles; y si bien ha sido identificado el micobionte, las pruebas de la existencia de un fotobionte asociado a él son poco concluyentes. Aun con esto, el yacimiento de Rhynie Chert ha dado un ejemplo de liquen fósil denominado Winfrenatia reticulata, de extraordinario valor científico, pues sitúa a este grupo en la era devónica; por tanto, se puede considerar este fósil como el más antiguo de los conocidos para el grupo. Otro representante del grupo aparecido en el Devónico medio es Spongiophyton, aunque su adscripción es dudosa. Faltan restos fósiles del Carbonífero, Pérmico y Triásico y, hasta el Paleógeno, son muy escasos y poco concluyentes. Del Eoceno se conoce la especie epífica Strigula, del Oligoceno las especies Anzia sp, Calicidum sp y Chaenotheca y, del Mioceno, Chaenothecopsis bitterfeldensis.

Consideraciones coevolutivas y estudios filogenéticos que relacionan distribuciones actuales y movimientos continentales han sugerido que el estilo de vida liquénico es muy antiguo. Parece probable que muchas de las familias, géneros y, en algunos casos, especies actuales evolucionaron en tiempos del Pérmico/Triásico, hace unos 190-280 millones de años, a partir de unas cuantas especies previas. Existen teorías que mantienen que pudieran ser los líquenes las primeras especies en colonizar el medio terrestre, teoría demasiado controvertida y con pruebas aún muy poco consistentes.

En el intento de presentar en conjunto los órdenes de la división Ascomycota en relación con su biología, se encontró que el orden Peltigerales ocupa una posición más o menos central. También se observó que este orden presenta un significado particular en la evolución de los ascomicetos, ya que incluye algunos géneros que son esencialmente terrícolas, aunque capaces de propagarse sobre cortezas rugosas y árboles; esto es, se presentan generalmente en hábitats primarios, los cuales han existido antes del aumento de las fanerógamas. Las cianobacterias pasan por ser uno de los primeros organismos fotosintéticos; presentes en la tierra desde el Precámbrico, es por ello que este tipo de fotobionte pudo estar presente para los hongos capaces de asociarse a él desde el principio evolutivo del grupo.























viernes, 15 de abril de 2016

LOS LÍQUENES

    En algún minuto se nos dijo: “En un oasis de niebla poco conocido del norte del país, desapareció la flora, pero quedaron los líquenes en cantidad superior a las 100 especies” De allí surgió la idea de buscarlos en la cordillera costera y ver si en nuestra comuna es posible encontrar tanta diversidad de estos. 







    Los líquenes se distribuyen mundialmente y son uno de los componentes más comunes de los paisajes chilenos, extendiéndose desde el desierto nortino hasta las islas subantárticas, y desde la Cordillera de los Andes hasta el nivel del mar, ocupando una gran cantidad de diferentes tipos de microhabitats. Por su aspecto externo podemos distinguir tres grupos: líquenes crustáceos; viven íntimamente unidos a la superficie de las rocas o de las cortezas, foliáceos; de forma aplanada y lobulada, se fijan al sustrato por medio de unos cordones especiales de hifas llamadas rizinas, fruticulosos; tienen forma de arbusto y se fijan al sustrato por una base muy estrecha.

    Los líquenes son en realidad hongos, principalmente ascomicetes, que han evolucionado hacia un modo particular de nutrición: vivir en estrecha simbiosis con un socio fotosintetizador: una microalga verde o una cianobacteria.

    Esta estrategia ha sido altamente exitosa, ya que el alga, denominada fotobionte o ficobionte, en su condición de productor o fotosintetizador, suministra al hongo, denominado micobionte, el carbono necesario para su crecimiento y desarrollo. El liquen adquiere por lo tanto la condición de una nueva forma de planta, morfológicamente diferente de un alga o de un hongo y con una plasticidad ecológica enorme. Lo anterior se traduce en que los líquenes pueden colonizar una inmensa cantidad de hábitat diferentes.

    El éxito de la simbiosis liquénica, la cual evolucionó independientemente en diferentes linajes, queda demostrada por el hecho de que alrededor de un quinto de los hongos conocidos son hongos liquénicos. Recientes estudios moleculares han mostrado que los micobiontes son mucho más antiguos de lo que antes se pensaba y que muchas líneas de hongos de vida libre han derivado de ellos.

     Aunque los líquenes son tolerantes a un amplio rango de condiciones ecológicas, por otra parte, son muy sensitivos a la contaminación atmosférica. El delicado equilibrio nutricional existente entre la microalga y el hongo es fácilmente alterado por contaminantes gaseosos del aire, entre otros SO2 y óxidos de Nitrógeno, razón por la cual, han sido utilizados con éxito como biomonitores ambientales en zonas urbanas y suburbanas. También se les ha usado, a causa de su lento crecimiento, para fechar el retroceso de glaciares (liquenometría). 

    Los líquenes producen una gran cantidad de compuestos químicos propios, los cuales desempeñan múltiples funciones, entre otras, como pantallas solares para prevenir el daño causado por la insolación intensa y directa, especialmente por la radiación ultravioleta. Estos compuestos protectores pueden entregar información sobre los cambios en los niveles de radiación UV en la atmósfera. También son importantes, desde el punto de vista ecológico, ya que algunos de ellos pueden fijar Nitrógeno atmosférico en los ecosistemas de matorrales y de bosques. También actúan como colonizadores primarios en áreas afectadas por impactos naturales, como es el caso de los suelos volcánicos, tan comunes en el sur de nuestro país.

    Debido a la importancia que tiene este grupo de pequeñas plantas para el hombre, parece necesario incrementar significativamente el conocimiento taxonómico y sistemático de los líquenes chilenos, el cual es aún insuficiente. El último listado total ("checklist") de los líquenes chilenos (2006) señala 1428 especies (de las cuales 32 son hongos que parasitan líquenes) pertenecientes a 304 géneros.

    Regionalmente el conocimiento sobre los líquenes chilenos es variado. Los líquenes del Norte y Centro de Chile, incluyendo la Cordillera de los Andes, son aún muy poco conocidos, en tanto que los líquenes del Sur, incluyendo las islas subantárticas, se conocen algo mejor. Una tarea pendiente, en este sentido, es producir una flora de los líquenes chilenos, que podría partir con una revisión crítica de los géneros, tarea para la cual, se precisa de un nuevo contingente de jóvenes entusiastas dedicados a investigar este aspecto de nuestra biodiversidad.

En Antofagasta. Según Gerhard Follmann

    Morro Moreno se  destaca, por una extraordinaria riqueza florística en líquenes, descrita por FOLLMANN (1967). Dicho autor menciona 19 especies de Roccelaceas, correspondientes a 12 géneros diferentes. Para resaltar esta importancia, cabría agregar que en un sitio comparable, en Baja California, sólo ocurre en 7 especies de 5 géneros (RUNDEL, 1978). En total FOLLMANN (1967) identifica 146 taxones liquénicos, contenidos en 26 familias y 69 géneros. El 32 % de los hallazgos fueron nuevos para el Norte Grande, 13 % nuevos para Chile, y un 1% nuevo para Sudamérica. Un total de 78 de las 146 especies descritas crecían sobre sustrato vegetal, lo que indica el importante papel de muchos de ellos en la captación de neblinas. En términos generales, el estado de conservación de las especies puede considerarse muy adecuado, por cuanto la predación herbívora fue c controlada hace varias décadas a través del exterminio de los camélidos que existieron en sobre-población. Sólo ocurren leves perturbaciones localizadas debido a excursionistas que ascienden desde el Balneario Juan López. 























Información extraída de: 
http://www.chilebosque.cl/lich.html
http://www.inbio.ac.cr/papers/hongos/liquenes.htm