La Mula
Terca por Naturaleza
Resulta evidente que, en los inicios de la exploración y explotación del territorio del Desierto de Atacama, no había disponible otra fuerza motriz para el transporte que la de las caballerías (caballos, mulares y burros) y la de los bueyes. Ahora bien, de entre estos animales hay uno que se destacaba por sobre los demás, por ser el más versátil y el más adecuado para los trabajos que se necesitaba realizar. Ese animal es la mula.
La mula, genéricamente hablando, es un híbrido creado a partir del cruzamiento de una yegua y un burro, el que adquiere las mejores características de ambos animales: de la yegua obtiene la alzada (tamaño), la agilidad y la velocidad, en tanto del burro adquiere la resistencia, la longevidad (viven más que los caballos y trabajan por más tiempo), la salud y un aumentado sentido de conservación. Esta última característica suele ser confundida con terquedad (“es porfiado como una mula”), pero en la realidad no es otra cosa que un mejor desarrollado instinto de conservación. Por ejemplo, se puede exigir a un caballo que vaya más allá de sus fuerzas o resistencia y es posible que muera intentando hacer lo que le piden, pero no se puede hacer lo mismo con una mula. Si se le carga más peso del que puede transportar, simplemente no habrá manera de hacerla caminar. Si la mula advierte que el camino resulta peligroso por alguna razón, no avanzará aunque le den de palos. Por esta razón siempre es más confiable el criterio de la mula que el del ser humano, ya que éste –como bien sabemos- evalúa mal con frecuencia.
En Chile se le llama “mula” tanto al híbrido en general como al mular hembra, en tanto al mular macho se le llama justamente así, “macho”. En otros países pueden recibir –y reciben- otros nombres. Se prefiere a las hembras para el trabajo por ser más dóciles, debiendo castrarse a los machos para que lo sean en mayor medida, ya que de lo contrario mantienen un genio más inquieto. A pesar de que –como hemos dicho- las mulas tienen un temperamento más pacífico que los caballos, ocurre que son menos pacientes con los perros que éstos, llegando al punto de defender a su jinete cuando es atacado (esto es una herencia de su borrico padre). Tienen además la habilidad de patear en todas direcciones, con cualquiera de sus patas. Así es que más vale no buscarles el odio.
Una buena mula puede cargar entre un 20 y un 30% de su peso corporal, superando un poco al burro en esto y bastante al caballo, que no puede cargar más del 20% del suyo. Además, un mular bien cuidado puede trabajar durante 30 años, lo que equivale a la vida completa de un caballo.
Valga aclarar que no es lo mismo cruzar un burro con una yegua que un caballo con una burra, porque aunque se trata de las mismas especies, los genes que se heredan en ambos casos son diferentes. Cuando la cruza es entre caballo y burra, no se obtiene un mular, sino un burdégano, híbrido que aunque es similar en aspecto resulta más pequeño que la mula y, aunque es más dócil, es también menos resistente para el trabajo y no vive tanto como aquella.
Las mulas se utilizaron por siglos para todo tipo de trabajos, hasta que fueron reemplazadas por los vehículos de combustión. Pero antes de que eso ocurriera se criaron por miles. En nuestro norte las hubo en esas cantidades también, en los tiempos de las salitreras, al punto que no quedaba valle precordillerano, o de las márgenes del Loa, en el que no se cultivara la alfalfa para alimentarlas. La gran mayoría de los mulares se traía desde Argentina por los pasos fronterizos, lo que debe haber significado un gran negocio para el noroeste de ese país.
Las antiguas imágenes nos sirven para darnos cuenta de cuánto –y cuántas- se necesitaban. Una diligencia o un carro de transporte requerían de un tiro de 4 mulas, pero los carros que cargaban mineral necesitaban cuando menos 6 de ellas. Todo el sistema de transporte requería de mulas.
Con la llegada de los vehículos automotores comenzaron a desaparecer. Puesto que no podían reproducirse, no ocurrió como con los burros, que al perder su función laboral simplemente fueron liberados y continuaron con sus vidas libremente. Las mulas –con mayor valor comercial que los burros- no tuvieron esa opción y fueron trasladadas a donde todavía pudieran ser útiles.
Hoy en día todavía se crían y se utilizan en diversas tareas. Por ejemplo, nuestro ejército las produce y las mantiene para utilizarlas en la montaña y otras zonas de difícil acceso, ya que no hay hasta ahora una maquinaria que pueda realizar ese trabajo mejor que ellas.












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