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sábado, 5 de septiembre de 2026

LA GARZA BOYERA

 

La Garza Boyera


Seguramente ya lo sabrán, porque su presencia - en Antofagasta, Chile- ha circulado masivamente en redes sociales, pero no podemos dejar pasar la oportunidad de mostrárselas -a los que no la han visto- y de hablarles de ellas.

 
Pues bien. Esta pequeña garza de origen africano, conocida como “garza boyera” por la gente y como Ardea ibis por los científicos, llegó desde su continente natal volando a través del océano, por extraño que parezca. Se asentó en las Guayanas y en Venezuela a fines del siglo XIX, y desde entonces se ha ido desplazando por todo el continente americano.


A fines de los pasados ‘60 llegó finalmente a Chile y desde entonces podemos verla en los campos, buscando su alimento. No es tan abundante en el norte, debido a la falta de vegetación, pero sí se le puede ver con cierta frecuencia.

Esta garza, a diferencia de las especies nacionales que son mayormente pescadoras, se alimenta de insectos, caracoles y pequeños vertebrados que busca en las praderas y en las tierras agrícolas. Tiene gran habilidad para cazar insectos, incluso los voladores como moscas, mariposas y libélulas. Pudimos verla en acción atrapando moscas, caminando activamente entre los macizos de gazanias de una avenida.

Es, exceptuando al esquivo Huaravillo (Ixobrychus involucris), la más pequeña de las garzas que podemos ver habitualmente en el territorio nacional. Aunque hay otras 2 garzas blancas, no hay forma de confundirla, ya que es más pequeña que las otras –por mucho-, tiene las patas y los pies de color amarillento grisáceo uniforme y el pico es amarillo anaranjado. La garza grande tiene también el pico amarillo, pero sus patas son enteramente negras. La garza chica por su parte, tiene el pico y las patas negras, y los pies de fuerte color amarillo. Además, al adquirir el plumaje reproductivo, la garza boyera muestra plumas de color anaranjado sobre la cabeza, el pecho y el lomo. Esta característica ya se comienza a mostrar en estas fechas, como se puede ver en las fotografías.

¿Qué por qué se le dice “boyera” o “bueyera”? Bueno, porque tiene la costumbre de seguir al ganado vacuno cuando pastan, ya que al caminar éstos van haciendo volar a los insectos, circunstancia que aprovecha la garza para atraparlos y comérselos. En otros países e idiomas se le llama “vaquera” o “pastora”, por esta misma costumbre de ir detrás de los animales, como si los estuviera conduciendo a algún lugar.


Es de esperar que se queden en nuestra ciudad un tiempo, al parecer alimento no les falta. Todo depende de que las dejen merodear tranquilas por nuestras plazas y avenidas.


















 

 

 


jueves, 28 de mayo de 2026

LAS MONJAS EN ANTOFAGASTA

 

Las Monjas en Antofagasta

El Gaviotín por supuesto

(En el mes del mar)


Es verdaderamente hermoso y nos produjo una gran alegría el verlos sobrevolando -en gran número- la costa de nuestra ciudad. Su nombre científico es Larosterna inca, que podríamos traducir como “nueva gaviota del Perú”. Su nombre común –según quienes establecen estas cosas- es “charrán inca”, pero ciertamente que ese nombre no se utiliza en los países en que el ave vive, ya que, en el Perú, le llaman “zarcillo” y en Chile es conocida universalmente como “gaviotín monja”. ¿Por qué lo de monja? Pues porque su aspecto recuerda el hábito de algunas monjas, completamente oscuro y con un ribete blanco en el velo. Ese parecido llevó a la gente a llamarlo así hace siglos y, ya que no se conoce un nombre indígena para este gaviotín, quedó con él. Fue oficializado a mediados del siglo pasado, al ser mencionado en sus publicaciones por famosos naturalistas.

Este gaviotín, con sus 41 cm, es uno de los más grandes que podemos ver en nuestra Región, siendo muy similar en tamaño al gaviotín elegante. Pero no hay manera de confundirlo con ningún otro, debido a su coloración oscura. Está presente en nuestras costas todo el año ya que, a diferencia de los otros gaviotines, no emigra, sino que es un residente permanente, que se reproduce acá.

No tienen dimorfismo sexual, lo que quiere decir que no podemos diferenciar entre machos y hembras por su aspecto. Ambos sexos presentan el mismo color gris pizarra, con el pico y las patas rojas y esas largas y llamativas plumas blancas bajo los ojos. En los ejemplares juveniles el plumaje es algo más claro, tanto patas como pico son gris oscuro, y las plumas de la cara son también grises en lugar de blancas.

No tienen una temporada específica para anidar, sino que dependen de la disponibilidad de alimento para hacerlo, por lo que tanto pueden hacerlo dos veces como no reproducirse en todo el año (esto último en años críticos de “El Niño”). Anidan en grietas y pequeñas cuevas, en nidos abandonados de otras aves marinas y también en cornisas de edificios, la estructura de muelles o viejas embarcaciones. Ponen por lo general 2 huevos, que son incubados por ambos padres. Los polluelos dependen de ellos para su alimentación por dos meses, aunque ya están emplumados y pueden comenzar a volar a las cuatro semanas.

Como ocurre con tantas otras especies, su estado de conservación actual es Casi amenazado, debido principalmente a la menor disponibilidad de alimento. Hay que considerar que hace 150 años atrás este gaviotín no anidaba en Chile, sino que era –como los demás- sólo un visitante veraniego. Sin embargo desde entonces ha ido extendiendo su área reproductiva poco a poco hacia el sur, llegando en la actualidad hasta Valparaíso, aunque siempre en bajo número.

Su alimentación depende fuertemente de la anchoveta, pudiendo consumir también –en menor medida- pejerreyes y algo de plancton, aunque nosotros lo hemos visto ocasionalmente consumiendo restos que arrojan los pescadores. Quizá han debido adaptarse a ello por la disminución de su alimento principal.

Podemos verlo con facilidad en el Terminal pesquero, en La Portada o en Mejillones, lugares donde suele también anidar.
















 

 


sábado, 31 de enero de 2026

ES LO QUE HAY


Es lo que hay

Me decía mi abuela


Como ya es habitual -y por habitual lo internalizamos como algo normal- lo que resulta maravilloso a los ojos de algunos sapiens-sapiens, tiende a ser destruido por otros sapiens-sapiens. Esa es la consigna actual y acotamos esto a modo de descargo y con la finalidad de crear algo de conciencia. Recuerden, esta es nuestra casa, no tenemos otra y todos estamos llamados a proteger.

 

Pues bien. En cierta ensenada del norte de nuestro país (En Antofagasta-Chile) nos encontramos con un enorme promontorio, o islote, que estuvo aislado de todo y de todos por eones, y en donde anidaba una gran cantidad de aves marinas incluyendo al Pingüino de Humboldt, Spheniscus humboldti, especie considerada vulnerable.

 

Estuvimos visitando dicho lugar por años, maravillándonos cada vez de la biodiversidad que allí había, lo que indicaba que en dicha parte de la costa había los recursos suficientes como para mantener a tanto individuo, de tantas especies distintas. Cormoranes, piqueros, pelícanos y gaviotas habían hecho su hogar en una de las caras del promontorio y era por dicho lado por donde transitaban los pingüinos en su ir y devenir al mar.

 

Ahora, si el trepar dicha roca ya era una gran tarea (en un islote resbaloso por los excrementos y la humedad), el verlos bajar -con tanta agilidad- resultaba un deleite y un comedero de uñas (las nuestras por supuesto) al verlos equilibrarse tan peligrosamente en los bordes, saltar entre las rocas, resbalar por las grietas y finalmente llegar al mar. Nunca pudimos ver a los polluelos, eso era impensado para nosotros porque significaba perturbar aquel frágil espacio.

 

¿Qué pasó con dicho sitio?

 

Como acotamos en el inicio, era demasiado bello como para mantenerse sin intervención alguna. Primero llegaron los turistas, los carpistas, y con ellos la basura, el bullicio y la depredación. Luego llegaron los que no tenían hogar -en la playa- y se establecieron sin control, con sus edificaciones y con sus correspondientes mascotas (para asegurar al resto de los sapiens-sapiens que no faltaría la fauna en dicho espacio). Entre las faenas varias (extractivas por supuesto) que llegaron también a establecerse, la invasión del espacio, la competencia por los recursos y la falta del debido resguardo –por parte de los que están mandatados para proteger- los pingüinos se fueron alejando y ya son varios los años que no los hemos vuelto a ver en aquel sitio.

 

Este islote se encuentra muy cercano al borde costero, cuando baja la marea (un poco más de lo habitual) se puede cruzar caminando y he ahí el problema.

 

Ejemplos como éste no escasean, lamentablemente hay muchos y la tristeza nos envuelve al verlos, ya que poco o nada podemos hacer, sólo insistir y clamar para que nuestra gente -los antofagastinos- comprendan que toda especie es importante y que es necesario, para su subsistencia, el preservar sus espacios de vida. Contrariamente a la idea de algunos, la naturaleza –y su biodiversidad- no está a nuestro servicio, disponible para nuestro uso y consumo exclusivo. Es parte de un todo, y afectar una parte de él es afectar, más pronto o más tarde, ese todo.

 


Te vimos llegar mala especie

Desde las pronunciadas cumbres que dominan ahora tu ciudad, te vimos llegar.

Vimos tu tímido asentarte, agarrarte al suelo estéril, procurando vivir.

Vimos como cada día y cada año crecías y lo que un día era silencio sibilante por el viento, nos trajo el bullicio paulatino pero indetenible de nuestro adiós.

 

¿Adónde vamos terrible criatura si de aquí no hay donde ir?.. Lo que miles de años formaron que eficiente has sido para en tan pocos destruir.

 

Hoy. El penúltimo día de este año hemos bajado al llano sepulcral de nuestro entorno y poco a poco nos ponemos en la fila del adiós.


Las que desfilamos, somos las últimas especies que por las quebradas verás ya que en el sendero del no retorno marchando encontrarás.

 

 

(Extracto del ultimo amanecer. La marcha final de las especies)
















 

 


miércoles, 12 de noviembre de 2025

LA BANDURRIA

La Bandurria

(Sin sus cuerdas)


Tenemos -o contamos- en nuestra hermosa región (por su zona costera) con algunos hitos geográficos que llevan el nombre de esta avecilla, Bandurrias, y hubo un momento (Hará algunos años atrás) que preguntamos sobre el motivo de dicho nombre, si fue debido a la presencia de dicha ave por estos lados.

 

Los más longevos -de los consultados- nos confidenciaron que, antaño, era común encontrarse con ellas por ciertas partes del territorio, inclusive, contaban con ciertos sitios de nidificación bien definidos. Con el correr del tiempo (y probablemente por temas de ciclo climático y quizas la intervención humana) se fueron alejando, aunque, cada cierto tiempo, recibimos más de alguna notificación e imagen de su presencia, ya sea en Taltal, Mejillones e inclusive por Tocopilla.

 

Pues bien. Nosotros la hemos visto un par de veces, por los cerros de nuestra ciudad, especialmente en las cercanías de los humedales que aún se mantienen vigentes (no significa que en buen estado de conservación).

 

Por lo anterior e independiente que por los sures del país esta avecilla forme parte importante del paisaje, también es posible considerarla dentro de los catastros de nuestro desierto, aunque ya sean muchos los años en los que no hay reportes de avistamiento.

 

El señor Bichólogo, Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia anda por los sures pue´h y nos envía estas imágenes.

Las primeras fotografías nos muestran a las aves más silenciosas del territorio, a la Bandurria y el Queltehue, y nos comenta:

 

 

La bandurria, Theristicus melanopis, es un ave grande y llamativa, que habita en gran parte del territorio nacional, aunque ciertamente es mucho más abundante entre las regiones del Bíobio y Los Lagos.

 

El ĺímite norte de su distribución es el extremo sur de Antofagasta, aunque existe una pequeña población en los valles de Arica y Parinacota.

 

Con sus poco más de 70 cm de tamaño y sus llamativos colores, no pasa desapercibida, tampoco contribuye -a ello- su estentóreo grito.

 

Su cabeza y cuello son de color ocre amarillento; con la frente, corona y nuca mas oscuras. La parte que rodea el ojo se ve desnuda y es de color negro, mismo que su garganta y su largo y curvado pico. Las patas son rojizas.

 

Nidifica tanto en acantilados costeros como de lagos, e incluso en árboles altos, construyendo con ramas un gran nido de unos 40 cm, en el que pone de 2 a 3 huevos blancos manchados con pintas cafés y azules.

 

Suelen andar y alimentarse en grupos. Come mayormente insectos y otros invertebrados, aunque también incluyen en su dieta sapos, lagartijas y otros pequeños vertebrados.

 

Aunque prefieren las zonas pantanosas y anegadas, en el sur de Chile también se les puede encontrar dentro de pueblos y ciudades, donde circulan y se alimentan con bastante confianza.