PRÓXIMAS RUTAS

Mostrando entradas con la etiqueta Patrimonio de Taltal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patrimonio de Taltal. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2026

LA PLACILLA DE ESMERALDA

 

La Placilla de Esmeralda

(La ciudadela sobre los abismos)


Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos. Grato nos resulta el poder estar una vez más con ustedes en este lunes 23 de marzo, luego de un viaje con algo de épica, historia, derroteros y camaradería. El recorrido a la Placilla de Esmeralda, Quebrada La Cachina y territorios de Guanillos, con visita a caleta Cifuncho.

 

Antes de contarles lo que fue nuestro viaje a Esmeralda, definamos lo que es una Placilla, según los historiadores.

 

Las placillas eran un espacio marginal y autogenerado de poblamiento, que no seguía el modelo urbanístico del damero que funcionaba como referente de distribución y organización espacial y permitía diferenciar disciplinariamente, definiendo espacios dentro del trazado urbano (Durston, 1994: 109). Así, la placilla minera fue por antonomasia un lugar de descompresión social, espacio de juerga y vida alternativa al poder que estructuraron los sectores subalternos hasta mediados del siglo XIX.

 

Pues bien. Nosotros solo brindamos la opinión de terceros, de los investigadores, puede que no estemos de acuerdo o puede ser que sí lo estemos.

 

Saludos ¿Nos acompañan en nuestro recorrido?

 

Les hemos de contar que este sábado -recién pasado- salimos con rumbo nocturno al sur de nuestra comuna, más allá de la punta de los Taltales (Taltal) y por los límites de la región. Hablamos de Quebrada La Cachina ¿Han escuchado hablar de ella? También por la antigua Placilla de Esmeralda, inmersa en la cumbre de un terreno maravilloso y finalizando por la Quebrada de Guanillos. Todo este espacio se encuentra en la Región de Antofagasta y colinda con el Parque Pan de Azúcar, aquel parque cuyos límites se insertan entre las regiones de Antofagasta y Atacama.

 

Partimos de noche. Avanzamos -por la carretera- muy lentamente, no hay luna y no hay necesidad de correr, ya que contábamos con el tiempo suficiente para llegar a nuestro destino. Afuera, en el medio del desierto, se percibe el frío muy intensamente, quizás unos 5 a 6 grados por sobre el «0». Por aquí, entre el cruce de Taltal y la ruta 5 norte hay evidencia de que corrió el agua, agua que cayó en los sectores altos. Las huellas están ahí, o mejor dicho, las grietas. Entramos -en algún momento- por uno de los tantos caminos que nos llevan al balneario de Cifuncho, o Caleta para los que conocen mejor dicho lugar, y nuestro viaje continúa por unos 40 minutos hasta llegar a dicho enclave, para descansar un par de horas antes de continuar el viaje.

 

Ya en la costa, en caleta Cifuncho,

 

Siempre contamos con aquello del que todos duerman plácidamente, con una tranquilidad en la que se pudiesen contar los angelitos o las hadas del sueño, pero como resulta habitual, no faltan los desvelados, o, los inquietos, que se bajaron prestos apenas se detuvo nuestro bus. Un gran letrero nos indicaba que estábamos en Cifuncho, pero no bastaba tan sólo con aquello. Algunos comenzaron a bajar a la playa y luego se dirigieron al poblado hasta llegar al muelle, resulta evidente que más de algún residente se debió sorprender y dudar de nosotros -los recién llegados- e incluso hubo uno que se asomó a su ventanal, haciéndose visible, lo que nos permitió establecer una amena conversación con el lugareño. Era de Coquimbo, pero radicado hace más de 40 años en el sector y, siendo buzo-mariscador, sabía bastante del territorio y tenía algo que se agradece, la facilidad para comunicar dicha información y hacerla entendible a todos, no era simpleza de vocabulario por su simpleza de vida, cosa que ustedes entenderán, era una virtud aprendida con los años (algunos le llaman sabiduría), también con la experiencia y con algo que nos agrada, aquello de preguntar al que sabe o buscar en los textos (si los hubiese disponible) para entender su territorio y poder explicarlo al que le quisiera escuchar y vaya que lo escuchamos. Cuando nos preguntó que andábamos haciendo, sólo respondimos que conociendo su tierra y tratando de comprar empanadas, ahora, que fuesen las 05 de la madrugada, eso era tan solo circunstancial.

 

A las 7 de la mañana, cuando asoma el sol por el lado de la cordillera, los cerros se van llenando de colores y el mar retoma su color azul, es el momento de continuar nuestro viaje. Para algunos el bus sigue siendo muy cómodo y abrigado, por lo tanto, siguen su sueño. A eso de las 07.30 horas entramos de lleno por el territorio del Tigrillo; algunos, los menos, asocian el nombre a un cerro al que se le llama Tigrillo y, si hemos de hablar con la verdad, nos parece que hay que ser muy pareidólico para ver a un gato en dichas formaciones. Nosotros pensamos que dicho nombre viene de un gato salvaje que habitó, o aún habita, por estos lugares.

Se vienen las curvas cerradas, esas que si bien no fueron obstáculo en nuestro viaje anterior, ahora resultan de cuidado, el camino –o lo que queda de él luego del paso del agua- es tierra y gravilla, resbaloso y mucho más estrecho, pensamos -en algún momento- que tendríamos que partir el bus en dos para hacerlo pasar por ciertos lugares, pero pudo más la pericia del conductor (sigo sierra en mano por si mi opinión se debe ejecutar). Entramos en el primer llano, espacio libre, naturaleza, mucha vegetación y por donde vamos no hemos visto ser humano alguno, eso habla muy bien de nuestra elección de recorrido. Entramos por la segunda cadena de cerros, por el fondo mismo de una quebrada que nos llevará a nuestro destino; por aquí el camino no sólo se estrecha, también quedaron surcos y grietas (a ambas lados) que hacen a nuestra ruta algo riesgosa. Subimos por suaves laderas y bajamos por hondonadas, un camino peligroso pero entretenido, muy hermoso, hasta que llegamos a la última estribación y viene la bajada final, a la quebrada de la Cachina.

 

Teníamos muy claro que por estos lugares había llovido bastante y que, cuando llueve, quedan marcas profundas en el territorio. La carretera es la primera en verse afectada, ya que está compuesta de tierra compactada y bischofita, aquél mineral natural de cloruro de magnesio hexahidratado obtenido en el Salar de Atacama, tan usado en los caminos rurales de la región. Esta cubierta estabilizadora fue removida en algunas partes del camino, haciendo más lento nuestro transitar, por precaución. Las quebradas también se vieron comprometidas con los aluviones y el terreno se volvió de cuidado ya que, al verse humedecido, se torna lábil e inseguro tanto al apoyo como a la marcha.

 

La Cachina también tuvo sus impases, pero la vegetación, especialmente la Grama salada -Distichlis spicata- contuvo eficazmente la riada en ciertas partes. Toda el agua que proviene de los cerros aledaños se vertió en estas aguadas y solo originó daños en el camino sin afectar la vegetación y la fauna existente. Ahora, ¿De dónde proviene el agua que fluye por dicha quebrada y que mantiene estos ecosistemas?. Los estudios nos indican que provienen de un cerro que se encuentra a los pies del Cerro Chicoteado, es decir, por sobre los 1900 m.s.n.m y recorre el desierto hasta llegar a la costa en una extensión de 110 kilómetros. Desde La Cachina misma, hablamos de las vegas de la Cachina, por su vegetación palustre que se supone especialmente compuesta por Scirpus chilensis, especie que no vimos y que no hemos visto en otras oportunidades (¿Será tal vez Juncus acutus?), nos vamos por la quebrada en dirección oeste, camino a la aguada. En el trayecto nos encontramos con La Placilla de Esmeralda, ciudadela ubicada sobre un promontorio cuyo extremo oeste da directamente a una enorme grieta rodeada de grandes cumbres y muchas más grietas. Habría que ser guanaco para vivir y transitar por dichos lugares.

 

Sobre La Placilla de Esmeralda propiamente tal.

 

Es muy poco lo que hemos encontrado sobre este asentamiento, más bien, breves referencias en los escritos de antiguos naturalistas, ingenieros y gambusinos. Su historia -contemporánea por supuesto- se remonta a 1880, en los inicios de la Guerra del Guano y del Salitre y se le asocia a la industria de la plata, aunque si vemos el mapa geológico y mineral, podemos decir que esta zona destaca por sus rocas intrusivas (dioritas a granitos) con fallas tensionales que albergan mineralización de cobre y oro. Entonces ¿De dónde sale la plata? El hecho de que se nombre el cobre y el oro no significa que no hubiese plata, se le dio más importancia a los dos primeros minerales, pero, según los consultados para este escrito, la plata provenía de los mantos de Guanillos y las minas de Tigrillo, material que se depositaba en Esmeralda y luego se trasladaba a caleta Tigrillo para su embarque, y es ahí cuando entra nuestro buzo-mariscador quién nos dice que no hay cimientos, soportes o vestigios de que en aquel lugar haya habido un embarcadero, y que dicho material -ya procesado- era llevado a Cifunchos (Con « s» final, como lo dicen los mapas antiguos) para su embarque.

 

Esmeralda tuvo dos periodos de bonanza, desde 1880 a los inicios de los 1900 y entre 1940 hasta una fecha indeterminada, cuando fue reabierta y trabajada por una familia dedicada a la minería y que nos indican se dedicaban al oro.

 

¿Cuánta gente albergó dicha placilla?

 

Esta placilla fue el resultado de una planificación que denotaba una mayor presencia del Estado, comisionándose a Máximo Villaflor para que hiciera formal distribución de lotes y estructurara la incipiente vida urbana. En 1883, escribía al intendente de Atacama acerca de las dificultades que presentaba “uniformar una importante población de dos mil habitantes”. Más tarde, la Comisión exploradora del desierto de Atacama, realizó las mensuras para dejar “relacionado el local de las minas principales con el puerto más próximo de la triangulación general del Desierto”, levantándose el plano topográfico y verificándose otras operaciones de interés para el conocimiento de ese distrito minero. En el caso de este mineral, el damero usado como base de la distribución del poblado se adecuó a la morfología del lugar, pues al estar asentado en una quebrada se mantuvo la forma alargada, distribuyéndose 97 lotes en ocho manzanas rectangulares en un eje norte-sur.

 

Aunque tan sólo el puerto de Esmeralda albergó a doscientas personas, la existencia de la Placilla de Esmeralda fue efímera. Se fue despoblando paulatinamente, quedando como una ciudad fantasma una vez que los caminos cayeron en desuso.

 

Hay presencia de guanacos y otros animales por ciertos lugares, también hay presencia de cazadores. No nos extraña ¿A alguien le extraña?

 

Para saber un poco más:

 

El Departamento de Taltal: La Morfología del Terreno y sus Riquezas. Ludwig Darapsky

 

https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/colecciones/BND/00/SM/SM0000606.pdf



























 

 


martes, 23 de septiembre de 2025

LOS CARACOLES DEL DESIERTO

Los Caracoles Terrestres

En Antofagasta-Chile



 

Lo que te mostraremos y contaremos, muy pocos lo saben y muy pocos lo han visto y eso nos llena de alegría, el poder aportar conocimiento sobre la biodiversidad de la región de Antofagasta-Chile, la zona (no polar) más árida del planeta.

 

 

Los caracoles terrestres:

 

Muchas veces, en nuestros recorridos por la cordillera costera y muy especialmente en los oasis de niebla, nos encontramos con las conchas vacías de pequeños caracoles. Esto siempre nos sorprendió, ya que –como pasa con todos- solemos pensar que los caracoles necesitan de un entorno húmedo y abundante vegetación, para sobrevivir.

 

Al preguntar sobre el tema, algunos nos dijeron que estos caracoles ya no existían en estas regiones, y que las conchitas no eran sino vestigios de un remoto pasado. No lográbamos estar de acuerdo con eso, puesto que, si bien algunas estaban notoriamente viejas y quebradizas, había otras que se veían mucho más recientes e incluso conservaban sus trazos de diseño.

 

Dados a estudiar el asunto, descubrimos que efectivamente en el norte había caracoles, pero que estos vivían en aguadas y otras fuentes de agua. Son las especies del género Heleobia, de las que hay varias en nuestra región y hemos podido conocer algunas, como el Heleobia chimbaensis y el Heleobia loaensis. Sin embargo, estos caracoles no son ni cercanos en su aspecto y costumbres a aquellos que nos encontrábamos.

 

Así, llegamos a descubrir dos cosas: de qué caracoles se trataba, y que en los oasis de niebla existían caracoles que se enterraban en el suelo durante el día y salían en las noches a alimentarse de los líquenes que crecen sobre las rocas, los cactus y la vegetación del desierto, que son abundantes en algunas zonas.

 

Estos caracoles eran los que nunca veíamos vivos, y sólo encontrábamos sus conchitas vacías y blanqueadas por el sol.

 

Pertenecen al género Bostryx, y hay varias especies reconocidas por la ciencia (hasta donde sabemos 29) que se distribuyen a lo largo de la árida costa del norte del país, hasta Coquimbo, a alturas que oscilan entre los 0 y los 2500 m.snm. La mayoría de ellos tienen formas acordes a la idea que habitualmente tenemos de los caracoles, pero no pocos crecen en forma husiforme, como una espiral alargada.

 

Entre estos últimos podemos encontrar los Bostryx holostoma y Bostryx actifluus, de Cobija; Bostryx gayi, de Antofagasta y Bostryx anacoreta, Bostryx atacamensis y Bostryx leucostictus, que habitan en Paposo.

 

Los que nosotros hemos visto vivos en Paposo –en escasas oportunidades, a decir verdad- creemos que pertenecen a la especie Bostryx atacamensis, por la forma y diseño de su caparazón. Obviamente, podríamos estar equivocados, ya que nunca los hemos sacado de su lugar y sólo tenemos nuestras fotos como referencia para identificarlos.

 

Las costumbres de estas varias especies son las mismas, hasta donde sabemos: guarecerse durante el día bajo grandes piedras, para escapar del calor y los depredadores, y salir durante la noche para alimentarse de los líquenes, con la ayuda de la humedad de la camanchaca, que todo lo cubre.

 

¿Cuántos quedan, en realidad? Si juzgáramos por la frecuencia con que los hemos hallado, tendríamos que decir que muy muy pocos (sic). Lamentablemente.


Para saber un poco más:

 

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/los-caracoles-terrestres-de-antofagasta.html












lunes, 22 de septiembre de 2025

CAMINANTES DEL DESIERTO POR "EL PAPOSO"

Caminantes del Desierto por “El Paposo”

(Ciencia ciudadana en acción)



Las imágenes hablan por sí mismas y nos muestran en las rutas. Trepando cerros, en las cumbres e inclusive bajando por quebradas que parecen impracticables. Somos los Caminantes del Desierto en el territorio del desierto, ciencia ciudadana en acción.

 

Por El Paposo

Comuna de Taltal

 

Nos encontramos caminando por la zona alta de “El Paposo”, por el sector de los miradores, y cada cierta vez miramos al este, a las máximas cumbres que se perfilan desafiantes frente a nuestra mirada. Es ahí donde queremos llegar, por sobre los 1000 metros sobre el nivel del mar, altura en la que es factible divisar guanacos, donde la flora es más diversa y en que, inclusive, cada uno de los cactus columnares (las Eulychnias) representa un todo, un universo de vida (una pequeña biota o ecosistema) entre tanta vegetación.

La distancia a caminar no es impedimento para acceder a la cumbre, más bien es la prudencia; esta nos muestra el lado más accesible, el menos arrasado por las lluvias, el más compacto y con menor pendiente del terreno que queremos abordar. Todo es un desafío, cada paso se hace con mesura; tenemos claro dónde vamos, pero ante cualquier evento debemos tener claro por dónde volver y el camino a la cumbre, por el que vamos, no es el mismo camino que haremos de vuelta, ya que resulta impracticable para bajar.

Se acerca la camanchaca, avanzando amenazante y muy baja, arrastrándose cual reptil por las laderas de los cerros. Es probable que nos cubra y debamos bajar (por prudencia), pero mágicamente cambia de rumbo o simplemente se disipa. El oeste del territorio, ese que da al mar, ya está cubierto; solo es cosa de tiempo para que nos cubramos de sombra y humedad, para dejar de usar la vista y depender de los otros sentidos y de la orientación.

Finalmente, ya estamos en la cumbre, contemplando atónitos tamaña maravilla de la naturaleza. Fotografiamos cuanta forma de vida se muestre o cruce ante nuestras cámaras (flora, líquenes, insectos), recorremos el lugar en búsqueda de todo lo que podamos hallar, recibiendo más de alguna sorpresa. Algunos de nosotros –por cierto– vamos más preocupados de cuidar a los asistentes (las selfies actuales no son seguras) y, luego de extasiarnos de colores, aromas e impresiones, llega el momento de volver, por otra ruta y teniendo mayor cuidado.

 

La parte científica:

 

Estas actividades que realizamos, aquellas de observar y registrar, y luego el mostrar a ustedes y a muchos más (incluso del extranjero) lo que hemos hallado, son parte de lo que se conoce como “ciencia ciudadana”.

La ciencia ciudadana es una colaboración activa (impensable hace algunas décadas atrás) entre el mundo científico y la comunidad, que se traduce en una recolección de datos mayor, que no podría realizar un pequeño grupo de personas. Se puede cubrir así un mayor territorio en menos tiempo, alcanzando un conocimiento más acabado de la zona y –en el presente caso– de nuestra región y su biodiversidad.

Nosotros, como Caminantes del Desierto, no nos hemos quedado atrás en esto de la ciencia ciudadana, como quienes nos siguen habrán podido comprobar.

Nuestras actividades son siempre tendientes a obtener mayores y más acabados conocimientos sobre nuestra región, su historia –tanto física como social– y su biodiversidad, y esto se extiende –naturalmente– a aquellas salidas a terreno que realizamos con nuestros miembros y seguidores, yendo a los diversos rincones de nuestra región –y de las adyacentes– en procura de obtener y luego entregar estos conocimientos. Esto lo hacemos siempre con la plena colaboración de los participantes, que se ocupan en buscar y registrar las especies que puedan encontrar en los lugares que visitamos con interés y permanente entusiasmo.

Es así que hemos podido aportar más que algunos granos de arena en áreas como la botánica, la entomología o la aracnología, si bien no siempre nuestros esfuerzos han sido bien acogidos por quienes debieran hacerlo.

Siempre se ha tenido la idea de que la ciencia es absolutamente certera y que nunca se equivoca, pero la realidad es otra. Lo cierto es que la ciencia tiene la razón solo hasta que se descubre evidencia de que puede haber inexactitudes, como ha ocurrido —más de una vez— cuando se demuestra que existe una cierta especie en nuestra región y se nos contesta que eso no es posible, porque —según los expertos— no se encuentra presente acá. Para luego tener que aceptar que sí, que efectivamente la falta de mayores –y mejores– estudios no ha permitido –hasta el momento– conocer y registrar a cabalidad nuestra biodiversidad, el patrimonio de Antofagasta-Chile.