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jueves, 5 de marzo de 2026

SI. LLEGAMOS AL SILALA

 

Si, Llegamos al Silala

(A reafirmar la soberanía)


En los tiempos actuales, tiempos en los cuales se lee poco y se entiende menos, siempre es bueno dejar en claro, a modo de explicación: El »¡Dios te oiga!» es una expresión coloquial española que manifiesta el deseo ferviente de que se cumpla lo que otra persona acaba de decir, expresando esperanza y optimismo ante algo positivo o futuro. Esto no significa que nuestra institución y/o integrantes sigan una corriente religiosa más bien, todos somos libres pensadores, desde Pachamámicos hasta seguidores de Odín.

 

 

Ya en Inacaliri.

 

Se acercó uno de los custodios del tranque -o dique- del río Silala y nos dijo de manera coloquial -en conversación amistosa- que estas aguas seguirán su flujo natural en dos años más, cuando la gran minera de Chile utilice exclusivamente agua del mar. »¡Dios te oiga!» fue la respuesta «¡Dios te oiga!».

 

¿Porqué nuestro escepticismo? Hará un tiempo atrás, hubo otra minera a la cual dábamos loas públicas por ser la primera en usar agua de mar y dejar de ocupar las aguas de pozos y salares en sus procesos productivos, pero le cursaron una multa por seguir usando, sin permiso, las aguas del interior. Lamentablemente no le cursaron multa alguna por mentir descaradamente a la población mejor dicho, a los que realmente le interesan estos temas. Entonces, esperemos que estas frases rimbombantes de «Tiempos mejores, para la naturaleza del norte de nuestro país» no sean sólo palabras compuestas de humo.

 

Diario de campo de un Caminante:

 

Buenas tardes tengan vuestras mercedes. Un saludo muy cordial y fraterno de parte de los Caminantes del Desierto.

 

Este fin de semana recién pasado nos fuimos al interior de la región de Antofagasta (nombrada así -Antofagasta- no por los Camanchacos, Sioux o Reches, más bien por su homónima en territorio argentino, Antofagasta de la Sierra) Pues bien. en este viaje visitaríamos las Vegas de Turi (un paisaje maravilloso, lleno de vida silvestre, aires de naturaleza y un sol propio para cada asistente, por las altas temperaturas del lugar) y llegaríamos hasta las faldas del Volcán Paniri, con el poblado de Cupo incluido (Cupo, poblado ubicado a los pies del cerro Carcanal). En el trayecto entre Turi y Cupo (camino vecinal) el paisaje pasó de hermoso a maravilloso, de tenue a exuberante y de avistamientos pocos a vida silvestre abundante. Vimos Guanacos de gran alzada, animales imponentes, soberbios y yo, desconocedor total de los actuales movimientos del ocio, según la gente Terianista (Therian), me puse a discutir con algunos de estos guanacos mediante relinchos. Quizás. que fue lo que dije y que fue lo que me respondieron, pero debo haber dicho algo fuerte, porque se anduvieron encabritando y si no hubiese sido por la llegada del grupo, dichos guanacos me la hubiesen dado.

 

Hablé de Guanacos, también encontramos Vicuñas, Vizcachas, Chinchillas, avifauna por doquier y numerosas, especialmente aves pequeñas. También accedimos a un Pucará que no estaba en nuestra cartografía, pero como buenos caminantes, no faltó aquel que ya lo había georreferenciado y le conocía hasta la vida y obra de sus antiguos habitantes. El Pucará era el de Topain, ubicado en una pequeña loma y rodeado de Cardones, Echinopsis atacamensis, en medio del llano desde donde era posible mirar en lontananza todo el territorio. Más adelante nos encontramos con más construcciones, que según la cartografía correspondían al poblado de Topain, con presencia de antiguas terrazas de cultivo y las aguas provenientes de la quebrada de Cupo. El por qué está abandonado, no lo sabemos, quizás se cambiaron un poco más arriba, al actual Cupo. A las 18.00 horas ya íbamos de regreso a la ciudad de Calama a descansar y prepararse para el día siguiente. Este día llegamos a los 3.500 m.s.n.m, todos estuvieron bien y no hubo necesidad de recurrir al oxígeno.

 

Domingo.

 

La idea era salir muy temprano en dirección al Volcán San Pedro y San Pablo, para adentrarse por el territorio en dirección a Inacaliri (Sur-Este). Este viaje comprendía varias detenciones (mientras íbamos subiendo) y en cada una de estas paradas había una maravilla que observar, ver, deleitarse, fotografiar. Primero paramos para observar los volcanes del territorio, totalmente nevados en sus crestas, moles imponentes que se yerguen al cielo «incitando a los expertos e incautos» a subir. A los pies de dichas moles la vegetación, el terreno húmedo, las llamas, las vicuñas paridas (madres y crías a la vera del camino) y el motivo de tanta vida: las aguas del Río San Pedro de Inacaliri. Dice la historia que por estos lares hubo bastante gente habitando, pero se tuvo que ir cuando las mineras (especialmente una) encauzó y entubó las aguas con un representante que mano al pecho espetó en la cara de la gente «Fuera de mi río». Cosas que dicen ¿Cierto? Aunque, fue verdad.

 

Hubo que amarrar a algunos y arrastrar a otros ya que se estaban aprontando para meter -mínimo- sus patitas al agua (cosa no recomendable) y había que seguir el viaje. Las camionetas de la minera aquella, nos acompañaban en comparsa, haciéndonos sentir queridos, amados y protegidos, el camino desaparece en el kilómetro 35 y comienza la aventura, el visitar las aguas del Río Silala, ese que fue noticia hace pocos años atrás por demandas del país vecino y que terminó con la resolución que dicta que dichas aguas son de uso compartido, reitero, uso compartido, pero nosotros, chilenos, no podemos siquiera ver o tocar dichas aguas sin tener que subir cerros, cruzar por las alturas (mirando a la cara a los cóndores) y descolgarnos por cañones cercanos al límite fronterizo, porque dichas aguas son para la minería, aunque nos dicen que, en dos años más, esas aguas volverán a correr libremente, para sostener, preservar a la naturaleza del Alto Loa. «¡Dios te oiga!» «¡Dios te oiga y el diablo se haga el sordo!»

 

Este día llegamos (algunos) a los 4.200 m.snm y todos estuvieron bien. La preparación fue la buena. 17:00 ya vamos de regreso a la ciudad de Antofagasta.

 

Ahora, como corolario:

 

En nuestro país solo existen 3 lugares turísticos preponderantes (El resto no existe) Torres del Paine, Isla de Pascua y San Pedro de Atacama, Mas, en nuestra región contamos con muchos más lugares, sitios que recomendamos, porque cualquiera puede llegar y resultan ser maravillosos y también hay lugares que, siendo hermosos, no es recomendable llegar solos, requieren la guía de gente preparada, pero he ahí el problema, no hay gente o empresa que brinde dichos servicios ¿Entonces? Que podemos decir, no nos pregunten a nosotros, somos inocentes y somos una corporación, solo llevamos a los nuestros.

 

A todo esto: ¿Aguantará dos años más el salar de Rudolph?

 

Es una maravilla que no sabemos como ha llegado -con agua- hasta nuestros días.

 

 

No esperemos mucho de la futuras generaciones, quizás sean iguales o peores que nosotros.









Fabiana ramulosa





Chuquiraga atacamensis



Euphorbia sp.

Tiquilia atacamensis




Lupinus oreophyllus
Cartografía del Sector Silala, Luis Risopatrón

 

 

jueves, 28 de marzo de 2024

EN EL VALLE DE LASANA

 

Buscamos su toponimia, el significado de Lasana, pero no hemos dado con él, lo que no resulta muy extraño, dado el origen atacameño (Lickan Antai) del poblado y lo poco que se conserva de su lengua, el kunza.

Saludos cordiales y fraternos a nuestras estimadas amigas y amigos.

Hoy les hablaré de nuestro breve recorrido por el hermoso valle de Lasana – en el Alto Loa - incluyendo la visita por su maravilloso Pucará o Pukara, aquel recinto fortificado que, según los expertos, data del siglo XII.




El actual poblado de Lasana – propiamente tal - se encuentra inmerso en una profunda quebrada, la cual ha sido modelada por las aguas del río Loa. Su altura, sobre el nivel del mar, no excede los 2.600 metros, por lo cual, aquello de caminar y recorrer dicho lugar - sin sentir los malestares atribuibles a la altura - es totalmente posible (Igual es aconsejable tomar resguardos e hidratarse constantemente). La población no es muy numerosa, según los últimos censos, aunque esta se ve incrementada en la temporada veraniega y muy especialmente para las festividades religiosas.

En cuanto a la economía.

Según lo que pudimos constatar in situ -en el lugar, lo que vimos – Lasana apuesta fuertemente por el turismo con una hermosa feria tradicional, restoranes para todos los gustos y gastos y un muy buen trato de la gente para con el foráneo. La agricultura es el fuerte de este valle y muy especialmente con los deliciosos choclos y las zanahorias (Increíble, hay té y queque de zanahoria). Según los conocedores, también se habla de una economía basada en la crianza de animales, especialmente de aves, llamas y ovejas.

Más al interior, por el cañón mismo del Loa, desde que acaban los caminos por donde llevar nuestro cuerpecito pegado al asiento de un vehículo, sólo quedan los senderos y las paredes de la quebrada, murallones abruptos que se estrechan en ciertos lugares. La vegetación predominante son las colas de zorro (Cortaderias) y las Chilcas, vegetación que brinda a este lugar una tonalidad que sobresale, el verde de la vida. Mas, siempre hay otra forma de conocer y recorrer y esta forma nos lleva por el camino minero, por el brazo norte del río – en vehículo - y de esta manera podemos acceder a Conchi, tanto al Viaducto, la estación y el embalse. Todo un paisaje a muy pocos kilómetros al noreste de Lasana, por la misma quebrada que nos conduce al poblado.




Podemos seguir avanzando más al oriente, el camino está en muy buenas condiciones y nos encontraremos con otros sitios de interés, sitios que no son tan conocidos, pero resultan interesantes. Taira y su alero es un ejemplo.

Es factible encontrarnos por el camino con Vicuñas y con Guanacos. Los zorros siempre están presentes y atentos, más aún en estos espacios en donde casi no encontramos perros.

En la parte superior de la quebrada, en los sectores de planicie y de laderas, asoma algo de vegetación (dependiendo de la temporada y de las lluvias). Predominan los arbustos llamados cachiyuyos (Atriplex) y muy especialmente las Cistanthes de hermosas y coloridas flores. Todo un deleite para las abejas nativas, ésas que no dan miel, pero que son muy importantes para la polinización de la flora nativa. En todo este lugar – en la vastedad del territorio – sobresalen los tutelares, las máximas cumbres. Muy de cerca, podemos observar al San Pedro y San Pablo, don cumbres hermanadas (volcanes) que sobrepasan los 6.000 metros, todo un reto para el que guste del montañismo y de la escalada.











Volviendo a Lasana y su Pucará.

Lo primero que llama la atención al descender a la quebrada – por cualquiera de sus vías de acceso – es el promontorio central y sobre este, una gran estructura dando forma a una fortificación construida con rocas, piedras y barro. La estructura es extensa (alargada) mostrando al visitante que contuvo a una población bastante numerosa y al denominarla como fortín o ciudadela, nos indica que los habitantes del lugar (atacamas o Likan-Antay) estaban siempre preparados para la defensa o tuvieron que defenderse – necesariamente - de algún agresor o conquistador, como nos hacen saber los expertos. Ahora bien. Si tenemos en cuenta a las lluvias, aquellas que, en la actualidad ocasionan grandes inundaciones – especialmente en verano – no sería para nada extraño, que este sitio tuviese, además, una connotación de salvaguarda y albergue para la población ante crecidas inesperadas del río, curso que, en aquellos tiempos no contaba con represa ni la nefasta intervención de terceros.

 

La Historia.

La cronología de Max Uhle, recogida por Ricardo E. Latcham, señala como punto de partida para la cultura atacameña, el siglo IX d.c., civilización que se prolonga hasta la llegada de los incas en el siglo XIV, con aportes de influencia chincha en el siglo XII.

Aunque fueron cien años de dominación de los incas en estos territorios (según los investigadores), el estudio del Pukara de Lasana y de las ruinas de otros pueblos atacameños no revelan muy nítidamente alguna influencia arquitectónica externa. Indudablemente la hay y si han de clasificar estas construcciones, se podría decir que pertenecen al período megalítico andino anterior al incanato, haciendo observar, sin embargo, profundas diferencias estructurales y una ausencia de la ornamentación.

Algunos extractos del estudio “Apuntes sobre el Pukara de Lasana de Roberto Montandon” que consideramos relevante y, a tener presente durante nuestra visita y recorrido.

 

Una gran aseveración.

 

“Podemos decir que los atacameños no participaron de las asombrosas habilidades constructivas de los del Tiahuanaco, y sus construcciones son inferiores también en la concepción y realización, a las de la época megalítica andina peruana. Es difícil creer, para los atacameños, en una floración espontánea de la arquitectura y de la «urbanización» como resultante de una necesidad material y si aceptamos esta hipótesis, debemos forzosamente aceptar el arte arquitectónico de los atacameños, como un arte autóctono, sin influencias externas importantes. Si los atacameños recibieron inspiraciones de los Collas, pueblo de formidables constructores de piedra, que alcanza su culminación cultural en los últimos siglos de la época megalítica andina, no podemos sino observar una cierta facultad de asimilación, pero una total incapacidad de superación”

La preocupación de los atacameños en levantar pueblos-fortalezas revela el carácter sedentario de esta colectividad o confederación de agricultores y una necesidad de defenderse contra ambiciones exteriores o simplemente entre ellos; demuestra desde luego, un carácter guerrero.

Pone a la vez de relieve, un desarrollo mental superior a lo común, dentro de una medida de tiempo, aunque incapaz de elevarse en un vuelo creador, hasta la cumbre de las grandes culturas andinas”.

 

Recorrido.

 

Al ingresar al recinto por los pasillos habilitados, advertimos por su tamaño que pudo contener a una gran población, según los investigadores unas 700 a 800 personas (entre niños y adultos). De igual manera, ninguna de las estructuras sobresale de manera tal que podamos decir que se trata de un lugar que contuvo a un gobernante (regente) o se trataba de un templo. Los investigadores dicen que se puede hablar de una comunidad o unidad, pero que no estaba sujeta a un poder central y no fue capital. Es decir. Hablando de la unidad atacameña, se debería más bien señalar la persistencia, hasta la llegada del inca, de una confederación de colectividades acantonadas en sus «ayllus», emparentados por el idioma, las costumbres, una probable alianza militar y las mismas manifestaciones culturales y religiosas.

La ausencia de detalles y /u ornamentaciones en los muros nos hace pensar que se trataba de personas con una forma muy sencilla de vida, es decir, gente de costumbres sencillas.

Al llegar a la parte superior del recinto, desde nuestra improvisada Atalaya, podemos dominar – con la vista – todo el valle, desde su naciente al noreste y su extremo al suroeste, solo quedando la duda de cómo podrían advertir el arribo de foráneos o enemigos por la parte superior del cañón, por la planicie propiamente tal, lejos de la vista de los pobladores. Debiésemos buscar por el antiguo camino de acceso a esta quebrada y tal vez demos con alguna edificación o estructura que sirviese como puesto de avanzada y/o de observación.

Al retorno de nuestro recorrido por el pucará ingresamos al museo del lugar, un espacio que contiene la historia del valle con algunas reliquias y objetos que resultan de gran valor para entender la forma de vida de los lugareños.

Un Sayo. Prenda típica que cubría gran parte del cuerpo hasta las rodillas.

Pequeñas puntas de proyectiles - de cuarzo – usados para la caza y la defensa.

Alfarería típica de la zona y tal vez de la época.

Una Huaraca. No sabemos si es réplica o fue hallada en el lugar.

Una réplica - a escala - del Pucará.

 

Salimos de aquel sitio maravillados ya que, es la primera vez que este escribano accede al lugar – independiente de las veces en las que he ido – y es la primera vez que nos entregan una monografía indicando el recorrido y los puntos de interés. Quedamos con la sensación de haber viajado en el tiempo y en la historia, el haber hollado un suelo que no formó parte de nación alguna, eran simplemente Atacamas y esta nación sigue vigente y seguirá vigente en el tiempo. Su forma de vida es de total arraigo por la tierra y por sus costumbres. Lo bueno, no sienten aversión por el foráneo, por el turista. Sienten orgullo de su historia y la transmiten con la finalidad de que todo aquel que llega a Lasana sienta admiración por sus antepasados, respeto por sus tradiciones y vuelva por el lugar.





















Corolario.

 

Maravillosa gente de Lasana, la pasamos muy bien y aprendimos harto. Van nuestros saludos y el máximo respeto por ustedes. Gracias por hacernos sentir tan bien y en casa, gracias por cuidar y pasear a nuestra gente. Ellos iban a caminar, pero vuestra cortesía pudo más.

 

 

Para saber un poco más

 

Apuntes sobre el Pukara de Lasana. Roberto Montandon

https://www.monumentos.gob.cl/sites/default/files/ccmn_ndeg_1_1950_opt.pdf

 

Las Saywas del Inka en el desierto de Atacama.

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-68942017000200133

 

La Huaraca

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/2024/01/la-huaraca.html

 

Lasana y Chiu-Chiu. Dr. Horacio Larraín Barros.

https://eco-antropologia.blogspot.com/search?q=lasana