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lunes, 31 de agosto de 2026

LOS SALARES DEL ALTO LOA

 

Los Salares del Alto Loa


Han de saber, estimados lectores, que luego de los eventos climáticos que se extendieron por todo el país durante este mes de agosto, cayó nieve por toda la parte superior del territorio, un manto blanco que cubrió totalmente las grandes alturas y planicies de la cordillera y precordillera antofagastina y también tuvo sus resabios por la parte media del desierto. Ahora bien, aunque debimos apresurarnos en la visita, la propuesta ya estaba hecha y nos demoramos tan sólo una semana en ir y recorrer dichas alturas con la esperanza de acariciar la nieve, pero ésta se encontraba por la medianía y por las cumbres, es decir, si nuestra misión hubiese sido exclusivamente la nieve, con tan sólo caminar un par de horas, la habríamos tocado, pero esa no era la idea de este viaje, queríamos visitar los salares y muchos querían ver, por primera vez, a los flamencos.



Nuestro itinerario consideraba la visita a los dos salares más importantes ubicados en el territorio del Alto Loa, con tres puntos de avistamiento. Salar de Ascotán y Salar de Carcote con un espacio -en el camino- que siempre nos brinda hermosas imágenes, Cebollar, cercano al poblado o -como indican las monografías- la aldea de Cebollar.

 

En esta oportunidad no eran muchos los flamencos y no había una gran cantidad de aves, ya sea en número como en diversidad. Las Vicuñas fueron escasas en esta visita, algo que nos extrañó bastante y un detalle no menor: nunca habíamos tenido la posibilidad de observar -como hicimos este domingo- a tanto transporte pesado y tanto movimiento por la ruta Ollagüe-Calama, ruta que pasa por un costado de los salares.

 

Llegamos hasta el salar de Carcote (San Martín para los puristas cartográficos), al que accedimos exclusivamente por las alturas -por supuesto- para observar su maravillosa laguna (laguna o lago verde), además del territorio que comprende el salar, aquel que nos lleva en una visita por el pasado al contemplar su extensión y nos hace imaginarnos como sería este espacio tan solo unos milenios atrás. Pues bien, el estar ahí, frente a los volcanes Ollagüe y Aucanquilcha, rodeados por las grandes alturas nevadas del cerro Negro, el cerro Chela, el Cerro Challhuiri y otros más, con un viento que nos invitaba a volar (aunque no quisiésemos), es un regalo que nos dimos entre todos los asistentes, todos ellos con las ganas de llenarse de naturaleza, de paisajes, de nombres, de hitos y de tierra; viajamos kilómetros por dicho momento y caminamos por sobre los 4.000 m.snm para vivir esta experiencia.

 

Lo que vimos (hermoso por demás) es lo que va quedando. Es el vestigio directo de un antiguo y vasto sistema de paleolagos altoandinos.

El ¿Porqué de su estado actual? Es debido al ciclo climático por el que vamos atravesando y la fuerte radiación solar. Estos lagos se evaporan progresivamente, el agua desaparece y deja atrás dichas costras salinas, limos y napas de salmuera subterránea.

¿Todo esto desaparecerá entonces?

Nada en este planeta es eterno, ni siquiera el propio planeta.

 

¿Qué es un salar?

Un salar es una llanura o cuenca cubierta de una costra de sal. Estas se forman en zonas áridas donde el agua contenida se evapora más rápido de lo que llega.

¿Cómo se forma un salar?

El agua de la lluvia o de los deshielos baja de las montañas y se acumula en depresiones sin salida al mar (llamadas cuencas endorreicas). Al no tener salida, el agua se estanca y el calor del sol la evapora por completo.

Esta agua arrastra minerales y sales desde las rocas y suelos cercanos. Cuando el líquido desaparece, las sales se quedan y se cristalizan en la superficie formando una capa blanca y dura.

Características principales

Parecen desiertos de nieve, pero están formados por minerales como cloruro de sodio (sal común), yeso y litio.

Aunque se vean secos, en la superficie, suelen tener agua subterránea (salmueras) y albergan microorganismos y otros animales adaptados a estas condiciones extremas.

La formación de un salar no ocurre en un momento único, sino a lo largo de miles o millones de años debido a cambios climáticos y geológicos.

Proceso y tiempos de formación

Las cuencas donde se forman los salares suelen tener millones de años de origen tectónico.

La historia (geológica) nos refiere que, entre los 40.000 y 12.000 años atrás (durante el Pleistoceno tardío), gran parte de estas zonas estaban cubiertas por grandes lagos de agua dulce o salobre.

Al cambiar el clima (Ciclo climático) hacia una mayor aridez, el agua comenzó a evaporarse más rápido de lo que ingresaba. Las sales minerales disueltas (como cloruros, sulfatos y carbonatos) se acumularon y cristalizaron, capa por capa, durante milenios hasta formar la costra de sal actual.

El Salar de Carcote es el vestigio directo de un antiguo y vasto sistema de paleolagos altoandinos. Debido al ciclo climático global y la fuerte radiación solar, estos lagos se evaporaron progresivamente. El agua desapareció y dejó atrás costras salinas, limos y napas de salmuera subterránea.

Un ejemplo:

El Salar de Carcote comenzó su proceso de formación hace aproximadamente 10.000 a 40.000 años, durante el periodo de transición entre el Pleistoceno tardío y el Holoceno.

La evolución geológica de este espacio se explica a través de dos grandes fases temporales:

Origen de la cuenca (hace millones de años): La depresión donde se asienta el salar se formó por la intensa actividad tectónica y volcánica del Mioceno y Plioceno, delimitada por grandes estratovolcanes como el Aucanquilcha y el Ollagüe.

 

Profundidad

Capa superficial: La costra dura de sal en la superficie suele medir entre 1 y 10 metros de espesor.

Estructura interna: Los salares están formados por varias capas de sales intercaladas con barro lacustre y pozos de salmuera líquida.

Un ejemplo sería el Salar de Atacama cuyo núcleo central de halita (sal de roca) llega a medir hasta 900 metros de profundidad en la cuenca sedimentaria.

Los sedimentos de un salar están compuestos principalmente por una mezcla de sales evaporíticas (minerales que precipitan al evaporarse el agua) y sedimentos detríticos (materiales sólidos como arcillas, limos y arenas arrastrados por el viento o el agua).

Componentes principales:

Minerales evaporíticos (sales):

Halita: Cloruro de sodio o sal común; forma la mayor parte de la costra superficial dura en el núcleo del salar.

Yeso y anhidrita: Sulfatos de calcio que suelen precipitar en las zonas marginales o bajo la superficie.

Boratos: Minerales como el bórax o la Probertita, ricos en boro.

Sulfatos y otros: Mirabilita, tenardita, epsomita y blöedita.

 

Sedimentos detríticos:

Limos y arcillas: Partículas finas que forman franjas o anillos alrededor del núcleo salino.

Arenas y gravas: Materiales más gruesos aportados por los ríos o aluviones desde las montañas cercanas.

 

Salmuera intersticial:

El agua subterránea atrapada entre los poros de los sedimentos, contiene altas concentraciones disueltas de sodio, potasio, magnesio, boro y litio.

 

Los sedimentos de un salar albergan una inmensa y compleja variedad de microorganismos extremófilos, principalmente bacterias y arqueas, capaces de sobrevivir a la radiación ultravioleta extrema, la escasez de nutrientes y los altísimos niveles de salinidad. Aunque desde la superficie un salar parezca un desierto blanco e inerte, sus capas subterráneas de lodo, costras salinas y salmuera constituyen ecosistemas vivos y dinámicos esenciales para el planeta.

La vida en los sedimentos de los salares se organiza y clasifica principalmente de la siguiente manera:

Estromatolitos y Tapetes Microbianos

Son las estructuras más importantes y visibles dentro de los sedimentos de lagunas hipersalinas en lugares como el Salar de Atacama.

Estromatolitos vivos: Estructuras órgano-sedimentarias formadas por capas de minerales moldeadas por microbios que atrapan el sedimento. Son considerados fósiles vivientes similares a las primeras formas de vida que oxigenaron la Tierra primitiva.

Tapetes microbianos: Comunidades estratificadas por colores bajo la costra de sal. Las capas verdes superiores suelen ser cianobacterias (que hacen fotosíntesis y producen oxígeno), mientras que las capas inferiores, de tonos rosados o negros, contienen bacterias anaeróbicas que huyen del sol directo.

Bacterias Extremófilas (Halófilas)

Diversos géneros bacterianos habitan el lodo y los sedimentos húmedos, adaptando sus células para que no colapsen por la presión osmótica de la sal.

Bacterias reductoras de sulfato: Habitan en las zonas profundas sin oxígeno. Ayudan a la precipitación de minerales como la pirita y actúan atrapando metales pesados en el sedimento.

Géneros específicos: Científicos han logrado aislar en los sedimentos géneros como Exiguobacterium sp., Kocuria sp., Pseudarthrobacter sp. y Deinococcus (altamente resistente a la radiación).

Arqueas Halófilas (Haloarchaea)

No son bacterias, sino un dominio completamente distinto de microorganismos unicelulares.

Las arqueas halófilas extremas prosperan en sedimentos saturados de salmuera pura.

Poseen pigmentos rojos o morados llamados bacteriorrodopsinas que las protegen de la radiación UV y les permiten captar energía de la luz. Pueden sobrevivir atrapadas dentro de cristales de sal durante periodos de desecación extrema.

Microalgas e Invertebrados Sedimentarios

En los bordes húmedos y capas superficiales del sedimento interactúan organismos eucariotas:

Diatomeas y Microalgas: Algas unicelulares con cubiertas de sílice que sirven de base alimenticia para el ecosistema.

Microcrustáceos: Organismos como la Artemia salina o copépodos habitan el agua intersticial y los lodos someros, alimentándose directamente de los tapetes bacterianos.

Importancia Ecológica y Científica

Sumideros de carbono: Los microorganismos de los sedimentos capturan activamente gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano.

 

Los Moluscos de los Salares

son un grupo de invertebrados sumamente particulares, dominado casi exclusivamente por caracoles acuáticos microendémicos pertenecientes a la familia Cochliopidae. A pesar de las condiciones extremas de salinidad, radiación ultravioleta y oscilaciones térmicas del altiplano, estos pequeños organismos han logrado adaptarse y evolucionar de manera aislada en las vertientes, ojos de agua y bofedales que alimentan las cuencas de los salares.

El género biológico más representativo y abundante en estos entornos es Heleobia (históricamente clasificado por varios autores dentro del género Littoridina).

Especies clave y su distribución

Debido al aislamiento geográfico de cada cuenca endorreica, la mayoría de estas especies se encuentran bajo categorías de conservación críticas debido a su distribución extremadamente limitada (microendemicidad):

Heleobia atacamensis: Este diminuto caracol habita exclusivamente en vertientes y oasis específicos dentro de la cuenca del Salar de Atacama, como los sectores de Tilopozo, Peine y Tebenquiche. Está catalogado En Peligro Crítico. Su reproducción es ovípara y carece de fase larvaria libre (desarrollo directo), lo que limita aún más su capacidad de dispersión.

Heleobia ascotanensis: Es un habitante endémico de las vertientes de agua dulce y salobre del Salar de Ascotán, ubicado a más de 3.700 metros de altura en la Región de Antofagasta. Convive directamente con otras especies amenazadas como la ranita de Ascotán (Telmatobius philippii) y el pez karachi (Orestias ascotanensis). Está catalogado oficialmente En Peligro.

Heleobia sp. en otros salares: Se han identificado y registrado poblaciones genéticamente diferenciadas o restos fósiles de este género en depósitos de otros cuerpos salinos, como el Salar de Bellavista y el Salar de Carcote, lo que demuestra que en el pasado estos ambientes albergaron paleolagos con una fauna lacustre más interconectada.

Rol ecológico en los salares

Estos pequeños caracoles terrestres y dulceacuícolas cumplen funciones fundamentales en la cadena trófica local:

Consumidores de microalgas: Se alimentan principalmente del fitoplancton, diatomeas y de los tapetes microbianos (cianobacterias) que tapizan los fondos de las lagunas y vertientes altoandinas.

Sustento de avifauna: Al regular la biomasa de microorganismos y servir de alimento a depredadores mayores, forman parte del equilibrio biológico del que dependen aves emblemáticas de la zona, como los flamencos andinos.

Principales amenazas

El frágil hábitat de los moluscos de los salares se encuentra en un estado de vulnerabilidad muy alto debido a factores de origen humano y climático:

Presión hídrica y minería: La extracción de agua subterránea y el bombeo de salmueras para la minería (como la explotación de litio) ponen en riesgo la estabilidad del caudal de las vertientes de las que dependen para sobrevivir.

Crisis climática: El aumento de la evaporación y la disminución de las lluvias estivales reducen los microhábitats húmedos o bofedales periféricos.

 

Los crustáceos que habitan en los salares son organismos extremófilos adaptados a sobrevivir en la "salmuera", un agua con concentraciones de sal extremadamente altas. A pesar de la aridez y las condiciones hostiles de estos ecosistemas andinos (como el Salar de Atacama o el Salar de Uyuni), estos pequeños animales constituyen la base de la cadena alimenticia.

El ecosistema de los salares alberga principalmente los siguientes tipos de crustáceos:

Artemias (principalmente Artemia salina)

Es el crustáceo más emblemático y abundante de los salares.

Características: Son branquiópodos microscópicos o de muy pocos milímetros que carecen de caparazón.

Resistencia: Toleran niveles de salinidad letales para casi cualquier otro animal. Sus huevos (quistes) pueden permanecer inactivos por años en condiciones de sequedad extrema hasta que vuelve a haber agua.

Importancia ecológica: Son el alimento principal de los flamencos. Al consumir estas artemias, los flamencos absorben los pigmentos (carotenoides) que tiñen sus plumas de su característico color rosado.

Copépodos

Son minúsculos crustáceos que forman parte del zooplancton de las lagunas de los salares. Al igual que las artemias, se alimentan de microalgas (como las diatomeas) y bacterias halófilas que flotan en el agua salada.

Ostrácodos

Pequeños crustáceos protegidos por una estructura bivalva. Habitan en el fondo de los sistemas lagunares y bofedales asociados a los salares.

Anfípodos

Conocidos comúnmente como "pulgas de agua", se encuentran en las zonas donde las vertientes de agua dulce o salobre entran en contacto con la costra principal del salar, sirviendo también de alimento para la avifauna del altiplano.

Resumen de interacciones en el ecosistema

Crustáceo

Hábitat Principal

Rol en el Ecosistema

Artemia salina

Aguas hipersalinas y lagunas someras

Alimento clave de flamencos; transfiere pigmentos rosados.

Copépodos / Ostrácodos

Sedimentos lagunares

Consumidores de microalgas; alimento de patos andinos y aves playeras.

Anfípodos

Vertientes y vegas salobres

Sustento de peces nativos (como el género Orestias) y aves de ribera.

Hoy en día, estos diminutos crustáceos y sus hábitats enfrentan serias amenazas debido al cambio climático y la presión hídrica generada por la minería del litio en el Altiplano.















 

 


lunes, 15 de diciembre de 2025

¿MONOS EN ATACAMA LA BAJA?


¿Monos en Atacama la baja?

El ídolo de Lasana


Hasta este humilde escribano se va maravillando con algunas historias y con ciertos trazos de nuestra historia. 

Hay tanto por aprender y tanto por desentrañar.

 

Pues bien. Nos indica Don Rodrigo Castillo del Castillo y Castillo Tapia luego de hojear alguno que otro libro de becerros.

 

Ciertamente, parece difícil de creer que, para los pueblos indígenas de nuestra región, los monos hayan sido parte de su panteón de divinidades. Pero, sin embargo y pese a lo extraño que nos pueda parecer, así fue.

Dentro de las prácticas religiosas autóctonas que la iglesia se esmeró en erradicar, estaba la adoración a ciertos ídolos, a los que los habitantes de localidades como Lasana, por ejemplo, realizaban ofrendas.


El ídolo del que se tiene conocimiento, por haberlo visto y retirado personalmente de Lasana por el señor Domingo Suero Leiton de Rivera, presbítero, cura y vicario del pueblo de San Francisco de Chiu Chiu (según relata don Jossep de la Torre y Salassar, escribano del Rey), era una figura de madera que constaba de un plato cuadrado, en cuyos costados tenía dos simios, en el que los indígenas depositaban sus ofrendas. Éstas consistían en los primeros frutos de sus cosechas.

 

Aunque pueda parecer extraño que en esa zona de nuestro altiplano se conociesen los monos, y se les adorase, la verdad es que hay varias pruebas arqueológicas que dan sustento a esta relación, pruebas halladas en ciertas localidades entre los valles de Arica y Parinacota y El Loa. Incluso se han hallado osamentas de simios en una urna funeraria de la cultura Tiwanaku, en Pisagua. También se hallan representados en petroglifos y geoglifos, estos últimos descubiertos entre el valle de Lluta y la Quebrada de Tarapacá. Se sabe que los simios –como también guacamayos, zarigüeyas y otras especies- eran transportados desde los Yungas o desde el Oriente boliviano por las caravanas de llamas, base del comercio entre la costa y el interior del continente.

 

Cusillu, es el nombre que dan los aymaras a los monos, vocablo que tiene su raíz en cussi, que se puede interpretar como buen agüero. Cussi cussi se le llama también a una pequeña araña, a la que se asocia con la suerte y la alegría, en gran parte de la zona de habla quechua.

 

Los monos, pues, tuvieron una larga –y poco conocida- tradición como augurio de buena fortuna en el mundo indígena, a tal grado, que la iglesia no sólo no consiguió erradicarlos del todo del imaginario popular, sino que incluso en un momento de la historia terminó adoptándolos, como se puede ver en algunos templos católicos del sur peruano y oeste boliviano, en los que ocupan lugar en las ventanas, puertas y pilares, supuestamente porque la creencia en su buena suerte les habría otorgado el papel de sostener el edificio. Un claro ejemplo de esto se puede ver en las ruinas de la iglesia de la Santa Cruz, de Juli, Puno (1581 – 1914), en cuyas columnas se pueden apreciar monos.

 

Nota: No se conoce bien la forma real del plato de Lasana, apenas la descripción que hemos citado. La imagen que se adjunta es –entonces- una mera recreación que podría no tener semejanza con la realidad, por lo tanto es, sólo para fines ilustrativos.






 

martes, 1 de julio de 2025

POR EL SALAR DE ASCOTÁN

Por el Salar de Ascotán

(Cebollar y Carcote)

Nuestros agradecimientos a Don Manfredo Tuniche, por su gran trabajo fotográfico que compartimos con ustedes.


Todos somos ambientalistas o eso pensamos. Todos tenemos nuestras propias ideas y proyectos para un mundo mejor que, en más de las veces nos llevan a conflictos y todo pasa por un hecho. Todos creemos tener la verdad absoluta, un egoísmo visceral por nuestras ideas. Al final, estos conflictos no nos conducen a nada y esta desunión es aprovechada por los mercaderes del territorio para llevar a cabo sus planes sin cortapisa alguna. Eso sí, por el bien de todos (esto es importante el recalcarlo)

 

Pues bien. Estuvimos -este fin de semana pasado- en el territorio del litio y algo sabemos sobre su importancia en los temas económicos actuales del país. Ahora, independiente del interés desmedido que despierta dicha sal, sabemos también que no todo es risas. El 2024, un grupo de especialistas reclamaron ante el Congreso por la presencia de 8 salares bajo cierto grado de protección legal entre los 23 que fueron ofrecidos -por nuestro gobierno- para la extracción de litio. Uno de ellos es el salar de Ascotán, el que visitamos, y fue priorizado entre los seis primeros. Este ecosistema está categorizado como Sitio Prioritario de conservación según la Estrategia Regional de Biodiversidad de Antofagasta.

 

Hemos de decir que, en el lugar, no observamos intervenciones recientes, pero igual nos preocupa. Nos preocupa que tanta belleza sea destruida y para crear conciencia, para el cuidado y la preservación efectiva, lo primero que debemos hacer es mostrar, para que ustedes también lo conozcan.

 

Recuerden. Nadie protege lo que no conoce.

 

El Salar:

 

El Salar de Ascotán, ecosistema que se ubica por los 3.700 m.s.n.m., es uno de los sitios de nidificación del flamenco andino (Phoenicoparrus andinus); una especie en estado vulnerable por la alteración que ha sufrido su hábitat y también es posible avistar a la parina chica (Phoenicoparrus jamesi). Este salar está dentro del área de influencia de la Reserva Nacional Alto el Loa y su borde sureste es un acuífero protegido por la Dirección General de Aguas (DGA).

En este espacio se pueden encontrar -además de los flamencos- 21 especies de plantas, caracoles (Heleobia ascotanensis), ranas (Telmatobius philippii), peces (Orestias ascotanensis), patos silvestres, vicuñas, zorros(culpeo) y vizcachas.




Un gran territorio, lleno de una vida natural, única y especial que muchos no conocen. Por esto último, algunos piensan que pueden intervenir, explotar, destruir bajo la consigna de un bien mayor, el bien de todos.

 

La Historia:

 

La minería del cobre ya puso sus manos en la zona y en las aguas del salar provocando mucho daño hasta que, las comunidades del lugar, especialmente de Cebollar, se rebelaron y lograron cautelar legalmente su territorio (bien por ellos, bien por todos). Estas empresas usaron el antiguo subterfugio que aplaudían hasta los que decían que sabían y debían proteger. Extraían el agua hasta secar los salares y cuando había reclamo -si los había- les inyectaban agua de otro lugar y listo, con eso quedaba arreglado para ellos, pero con esta triquiñuela (aplaudida por organismos de estado) exterminaron una gran cantidad de especies ya que, estos ecosistemas, eran muy frágiles y no se trataba de un poco más o un poco menos de agua, más bien, que el o los organismos que estaban mandatados para cautelar, lo hubiesen hecho y prohibiesen cualquier extracción. Un ejemplo es el salar de Punta Negra, Salar de pajonales, etc.

En la actualidad, cuando visitas estas reparticiones, todos ponen cara de que vieron a la virgen, carita de buenas personas y dicen que fueron obligados.

 

Lo que nos contaron:

 

Hasta el momento, el salar de Ascotán había permanecido fuera de la mirada de la minería del litio, sin embargo, el salar actualmente se encuentra amenazado por un proyecto de prospección minera que pretende establecerse en el lugar. Se trata del proyecto de Sondajes “OCA”, de la empresa canadiense First Lithium Minerals, que contempla la construcción de hasta cinco pozos de 500 metros de profundidad en la zona, lo que representa un riesgo para la conservación de la amenazada biodiversidad del lugar.





















 

Flora y Vegetación del salar de Ascotán:

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-66432003000200006

 

jueves, 28 de marzo de 2024

EN EL VALLE DE LASANA

 

Buscamos su toponimia, el significado de Lasana, pero no hemos dado con él, lo que no resulta muy extraño, dado el origen atacameño (Lickan Antai) del poblado y lo poco que se conserva de su lengua, el kunza.

Saludos cordiales y fraternos a nuestras estimadas amigas y amigos.

Hoy les hablaré de nuestro breve recorrido por el hermoso valle de Lasana – en el Alto Loa - incluyendo la visita por su maravilloso Pucará o Pukara, aquel recinto fortificado que, según los expertos, data del siglo XII.




El actual poblado de Lasana – propiamente tal - se encuentra inmerso en una profunda quebrada, la cual ha sido modelada por las aguas del río Loa. Su altura, sobre el nivel del mar, no excede los 2.600 metros, por lo cual, aquello de caminar y recorrer dicho lugar - sin sentir los malestares atribuibles a la altura - es totalmente posible (Igual es aconsejable tomar resguardos e hidratarse constantemente). La población no es muy numerosa, según los últimos censos, aunque esta se ve incrementada en la temporada veraniega y muy especialmente para las festividades religiosas.

En cuanto a la economía.

Según lo que pudimos constatar in situ -en el lugar, lo que vimos – Lasana apuesta fuertemente por el turismo con una hermosa feria tradicional, restoranes para todos los gustos y gastos y un muy buen trato de la gente para con el foráneo. La agricultura es el fuerte de este valle y muy especialmente con los deliciosos choclos y las zanahorias (Increíble, hay té y queque de zanahoria). Según los conocedores, también se habla de una economía basada en la crianza de animales, especialmente de aves, llamas y ovejas.

Más al interior, por el cañón mismo del Loa, desde que acaban los caminos por donde llevar nuestro cuerpecito pegado al asiento de un vehículo, sólo quedan los senderos y las paredes de la quebrada, murallones abruptos que se estrechan en ciertos lugares. La vegetación predominante son las colas de zorro (Cortaderias) y las Chilcas, vegetación que brinda a este lugar una tonalidad que sobresale, el verde de la vida. Mas, siempre hay otra forma de conocer y recorrer y esta forma nos lleva por el camino minero, por el brazo norte del río – en vehículo - y de esta manera podemos acceder a Conchi, tanto al Viaducto, la estación y el embalse. Todo un paisaje a muy pocos kilómetros al noreste de Lasana, por la misma quebrada que nos conduce al poblado.




Podemos seguir avanzando más al oriente, el camino está en muy buenas condiciones y nos encontraremos con otros sitios de interés, sitios que no son tan conocidos, pero resultan interesantes. Taira y su alero es un ejemplo.

Es factible encontrarnos por el camino con Vicuñas y con Guanacos. Los zorros siempre están presentes y atentos, más aún en estos espacios en donde casi no encontramos perros.

En la parte superior de la quebrada, en los sectores de planicie y de laderas, asoma algo de vegetación (dependiendo de la temporada y de las lluvias). Predominan los arbustos llamados cachiyuyos (Atriplex) y muy especialmente las Cistanthes de hermosas y coloridas flores. Todo un deleite para las abejas nativas, ésas que no dan miel, pero que son muy importantes para la polinización de la flora nativa. En todo este lugar – en la vastedad del territorio – sobresalen los tutelares, las máximas cumbres. Muy de cerca, podemos observar al San Pedro y San Pablo, don cumbres hermanadas (volcanes) que sobrepasan los 6.000 metros, todo un reto para el que guste del montañismo y de la escalada.











Volviendo a Lasana y su Pucará.

Lo primero que llama la atención al descender a la quebrada – por cualquiera de sus vías de acceso – es el promontorio central y sobre este, una gran estructura dando forma a una fortificación construida con rocas, piedras y barro. La estructura es extensa (alargada) mostrando al visitante que contuvo a una población bastante numerosa y al denominarla como fortín o ciudadela, nos indica que los habitantes del lugar (atacamas o Likan-Antay) estaban siempre preparados para la defensa o tuvieron que defenderse – necesariamente - de algún agresor o conquistador, como nos hacen saber los expertos. Ahora bien. Si tenemos en cuenta a las lluvias, aquellas que, en la actualidad ocasionan grandes inundaciones – especialmente en verano – no sería para nada extraño, que este sitio tuviese, además, una connotación de salvaguarda y albergue para la población ante crecidas inesperadas del río, curso que, en aquellos tiempos no contaba con represa ni la nefasta intervención de terceros.

 

La Historia.

La cronología de Max Uhle, recogida por Ricardo E. Latcham, señala como punto de partida para la cultura atacameña, el siglo IX d.c., civilización que se prolonga hasta la llegada de los incas en el siglo XIV, con aportes de influencia chincha en el siglo XII.

Aunque fueron cien años de dominación de los incas en estos territorios (según los investigadores), el estudio del Pukara de Lasana y de las ruinas de otros pueblos atacameños no revelan muy nítidamente alguna influencia arquitectónica externa. Indudablemente la hay y si han de clasificar estas construcciones, se podría decir que pertenecen al período megalítico andino anterior al incanato, haciendo observar, sin embargo, profundas diferencias estructurales y una ausencia de la ornamentación.

Algunos extractos del estudio “Apuntes sobre el Pukara de Lasana de Roberto Montandon” que consideramos relevante y, a tener presente durante nuestra visita y recorrido.

 

Una gran aseveración.

 

“Podemos decir que los atacameños no participaron de las asombrosas habilidades constructivas de los del Tiahuanaco, y sus construcciones son inferiores también en la concepción y realización, a las de la época megalítica andina peruana. Es difícil creer, para los atacameños, en una floración espontánea de la arquitectura y de la «urbanización» como resultante de una necesidad material y si aceptamos esta hipótesis, debemos forzosamente aceptar el arte arquitectónico de los atacameños, como un arte autóctono, sin influencias externas importantes. Si los atacameños recibieron inspiraciones de los Collas, pueblo de formidables constructores de piedra, que alcanza su culminación cultural en los últimos siglos de la época megalítica andina, no podemos sino observar una cierta facultad de asimilación, pero una total incapacidad de superación”

La preocupación de los atacameños en levantar pueblos-fortalezas revela el carácter sedentario de esta colectividad o confederación de agricultores y una necesidad de defenderse contra ambiciones exteriores o simplemente entre ellos; demuestra desde luego, un carácter guerrero.

Pone a la vez de relieve, un desarrollo mental superior a lo común, dentro de una medida de tiempo, aunque incapaz de elevarse en un vuelo creador, hasta la cumbre de las grandes culturas andinas”.

 

Recorrido.

 

Al ingresar al recinto por los pasillos habilitados, advertimos por su tamaño que pudo contener a una gran población, según los investigadores unas 700 a 800 personas (entre niños y adultos). De igual manera, ninguna de las estructuras sobresale de manera tal que podamos decir que se trata de un lugar que contuvo a un gobernante (regente) o se trataba de un templo. Los investigadores dicen que se puede hablar de una comunidad o unidad, pero que no estaba sujeta a un poder central y no fue capital. Es decir. Hablando de la unidad atacameña, se debería más bien señalar la persistencia, hasta la llegada del inca, de una confederación de colectividades acantonadas en sus «ayllus», emparentados por el idioma, las costumbres, una probable alianza militar y las mismas manifestaciones culturales y religiosas.

La ausencia de detalles y /u ornamentaciones en los muros nos hace pensar que se trataba de personas con una forma muy sencilla de vida, es decir, gente de costumbres sencillas.

Al llegar a la parte superior del recinto, desde nuestra improvisada Atalaya, podemos dominar – con la vista – todo el valle, desde su naciente al noreste y su extremo al suroeste, solo quedando la duda de cómo podrían advertir el arribo de foráneos o enemigos por la parte superior del cañón, por la planicie propiamente tal, lejos de la vista de los pobladores. Debiésemos buscar por el antiguo camino de acceso a esta quebrada y tal vez demos con alguna edificación o estructura que sirviese como puesto de avanzada y/o de observación.

Al retorno de nuestro recorrido por el pucará ingresamos al museo del lugar, un espacio que contiene la historia del valle con algunas reliquias y objetos que resultan de gran valor para entender la forma de vida de los lugareños.

Un Sayo. Prenda típica que cubría gran parte del cuerpo hasta las rodillas.

Pequeñas puntas de proyectiles - de cuarzo – usados para la caza y la defensa.

Alfarería típica de la zona y tal vez de la época.

Una Huaraca. No sabemos si es réplica o fue hallada en el lugar.

Una réplica - a escala - del Pucará.

 

Salimos de aquel sitio maravillados ya que, es la primera vez que este escribano accede al lugar – independiente de las veces en las que he ido – y es la primera vez que nos entregan una monografía indicando el recorrido y los puntos de interés. Quedamos con la sensación de haber viajado en el tiempo y en la historia, el haber hollado un suelo que no formó parte de nación alguna, eran simplemente Atacamas y esta nación sigue vigente y seguirá vigente en el tiempo. Su forma de vida es de total arraigo por la tierra y por sus costumbres. Lo bueno, no sienten aversión por el foráneo, por el turista. Sienten orgullo de su historia y la transmiten con la finalidad de que todo aquel que llega a Lasana sienta admiración por sus antepasados, respeto por sus tradiciones y vuelva por el lugar.





















Corolario.

 

Maravillosa gente de Lasana, la pasamos muy bien y aprendimos harto. Van nuestros saludos y el máximo respeto por ustedes. Gracias por hacernos sentir tan bien y en casa, gracias por cuidar y pasear a nuestra gente. Ellos iban a caminar, pero vuestra cortesía pudo más.

 

 

Para saber un poco más

 

Apuntes sobre el Pukara de Lasana. Roberto Montandon

https://www.monumentos.gob.cl/sites/default/files/ccmn_ndeg_1_1950_opt.pdf

 

Las Saywas del Inka en el desierto de Atacama.

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-68942017000200133

 

La Huaraca

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/2024/01/la-huaraca.html

 

Lasana y Chiu-Chiu. Dr. Horacio Larraín Barros.

https://eco-antropologia.blogspot.com/search?q=lasana