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sábado, 9 de mayo de 2026

TERREMOTO Y TSUNAMI DE 1877

 

Terremoto y Tsunami de 1877

Cuando Mejillones y Cobija fueron tragados por el mar


Nos resulta impactante y sobrecogedor el leer los reportes y las noticias de aquella fecha -09 de mayo de 1877- fecha fatídica para este norte y, como amerita, queremos compartir con ustedes dichos escritos sobre aquel evento y sus repercusiones en la población. Aunque no es habitual (para nosotros) el mezclar temas históricos con temas religiosos, en esta ocasión haremos un excepción: ¡Que Dios nos pille confesados! (Para los creyentes por supuesto) o, ¡Con los pantalones puestos! (Para agnósticos y ateos).

 

Ambas exclamaciones aconsejan, siempre estar preparados.

 

La historia dice así:

 

Fue un día 09 de mayo de 1877 a las 21:16 horas (Aunque algunos indican que fue antes o después de dicha hora), que un terremoto de magnitud 8.5 se registró a 69 kilómetros de Iquique, por entonces capital del Departamento de Tarapacá, República del Perú. El fuerte movimiento afectó también las localidades de Pisco y Antofagasta, generando un tsunami que fue registrado en las costas chilenas, de Japón, Nueva Zelanda, Hawaii, Samoa y California.

Las mayores intensidades se registraron entre Iquique y Antofagasta, siendo Tocopilla totalmente destruida. En esta ciudad y en Cobija, el tsunami comenzó 5 minutos después del terremoto con un lento ascenso de las aguas, que alcanzó entre 10 y 15 metros sobre el nivel del mar.

 

Antofagasta fue inundada durante varias horas por grandes olas que arrancaron las casas de madera y las llevaron hacia la playa. Hubo grandes daños, pero la población pudo huir a tiempo hacia los cerros, por lo que no se registraron víctimas fatales.

Dicen Las crónicas de la época:

Después de informar sobre los efectos del sismo en territorio chileno, en el acápite sobre las “Costas de Bolivia y del Perú”, Vidal Gormaz copia el reporte que Don Ramón 2° Arancibia, enviado desde Antofagasta y “publicado en casi todos los diarios de la época”.

 

“A las 8:30 P.m. del día 9, la tierra comenzó a oscilar, despacio primero i arreciando gradualmente hasta el punto que los edificios se batían como un junquillo; la tierra parecía huir bajo las plantas y el crujir de las maderas, el tañir [sic] de las campanas y los gritos y llantos de los que pedían misericordia, aterraba y hacía perder los sentidos. El terremoto no fue precedido de ningún ruido subterráneo precursor, como suele suceder generalmente; la oscilación fue repentina y al parecer de norte a sur”.

 

“En los almacenes y casas no quedó una botella, un jarro, nada en ningún armario; todo fue al suelo haciéndose pedazos.

 

Según el cálculo de las personas que conservaron un poco de sangre fría, el terremoto duró de 2,5 a 3 minutos en toda su fuerza. Apenas los habitantes del pueblo habían podido respirar, un grito aterrador se escapa de los abrumados moradores de Antofagasta: ¡el mar!... ¡el mar sale!... ¡el mar avanza!!Arce cuenta como la gente se abalanzó a los cerros al oír que el mar se salía, “en loca carrera y fuera de sí [la gente] se dirigía a los cerros, huyendo en abigarrada confusión. Muchas personas corrían con los niños asidos de la mano; otras –mujeres y hombres- con criaturas en los brazos y algunas señoras, poseídas de intenso pánico, huían por las calles, llevando lámparas encendidas, que tal vez, en los primeros momentos y como medida de precaución, habían cogido para que no produjeran incendios...”(Arce; 1930: 354).

 

Las Crónicas sobre el terremoto en Mejillones

 

Los primeros días de mayo de 1877 fueron nublados y con la atmósfera enteramente encapotada, lo que es muy raro, experimentándose además una temperatura elevada y un calor sofocante.

 

El terremoto causó por sí solo muy pocos estragos (las casas son todas de madera), botando las mercaderías, etc. de los armarios, y las lámparas de parafina colgadas o de sobremesas, fueron al suelo, ocasionando inmediatamente un voraz incendio.

 

El mar se desbordó media hora después del terremoto sin hacerse sentir. Solo al ruido de las primeras casas que rompía su invasión y que arrastraba suspendidas, respondió el grito general de alarma: ¡El mar! ¡El mar! Algunas personas en un número mayor de 8 fueron envueltas por las olas y sucumbieron.

 

En la primera salida del mar, la altura vertical alcanzada por la ola sería más o menos de 7 metros, arrasando a muchas casas. En seguida se retiró descarnando la playa como 250 m., haciendo su segunda invasión 15 minutos después, alcanzando una altura vertical de 11,5 metros, sobre su nivel ordinario, yendo a chocar contra las casas de la población con una velocidad vertiginosa, arrasando malecones, muelles, escalas de piedra, etc. y las dos primeras hileras de manzanas de la población que daban frente al mar formando de todo un montón informe (Vidal Gormaz; 1878: 462).

 

Como 45 minutos más tarde, tuvo lugar la tercera salida del mar, ocasionando por toda pérdida en la población de mejillones de Bolivia 810,000 pesos.

 

 

09 de mayo de 1877

El día que Mejillones fue tragado por el mar

(Nos indica Don Wilfredo Santoro)

 

Fue un día de mayo de 1877 -día 9 para ser exacto- cuando Mejillones fue tragado por el mar. En aquel entonces (para dicho año) Mejillones ya había sido entregado a Bolivia mediante el Tratado de 1866. La empresa que movía el comercio era el Guano, empresa que contaba con capitales franceses. Su inversionista más importante era el galo Luciano Arman, representado en terreno por el capitán de Ejército Henri Arnous Riviere, quien se hacía tratar como Barón de la Riviere. El barón bautizó el poblado como San Luciano en honor a su jefe, pero lo cierto es que desde hacía siglos que el lugar era conocido como Mejillones, nombre que naturalmente se impuso.

 

Con su aristocrático estilo, Riviere construyó una casa cuyo balcón daba al mar, al más puro estilo de la costa francesa. Era lejos la residencia más hermosa de Mejillones.

 

Fue en ese contexto que a las 21.16 (hay autores que lo sitúan hasta las 21.30) comenzó el movimiento más fuerte que se ha registrado en este puerto. De acuerdo al registro histórico del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, el movimiento alcanzó los 8.5 grados en la escala Richter, que produjo un tsunami de grandes proporciones.

 

Si bien el acontecimiento sísmico está caratulado como “terremoto de Iquique” está plenamente establecido que las olas alcanzaron su mayor nivel en la bahía de Mejillones, donde llegaron a los ¡23 metros! Tamaña altura les permitió superar los acantilados característicos de La Caleta, destruir el pueblo y llegar hasta las proximidades de los derruidos edificios que la Armada mantiene en ese lugar (ex Escuela 26).

 

El terremoto repercutió a nivel global. Su epicentro fue ubicado a la altura de Pisagua. El capitán del vapor "Eten" manifestó haber detectado irregularidades frente a Pisagua mientras navegaba por el lugar justo al momento del sismo. También existen testimonios asombrosos. Días después del hecho se consigna el desprendimiento de “una gruesa columna de humo, redondeada en su parte superior”, justo en el lugar que indicó previamente el capitán.

 

Hay otros datos francamente increíbles en este espantoso sismo. En “El Deber” de Valparaíso se consigna que vecinos de Tocopilla encontraron en la playa el asta de la Capitanía de Mejillones, junto a otros objetos provenientes del mismo lugar. De allí que –sin mayor fundamento científico- se manejó la hipótesis de la erupción de un volcán submarino a la altura de Pisagua, una corriente costera que “rebota” en la Península de Mejillones y devuelve la masa de agua al norte. Por tanto, fue en Mejillones en donde se advirtieron los efectos más trágicos.

 

De haber estado más poblado, sin duda habría sido una hecatombe

 

Relatos de la Tragedia

 

Uno de los autores que registro ese acontecimiento fue el oficial de la Armada chilena, Francisco Vidal Gormaz, quien describe “El terremoto por si solo causó muy pocos estragos, botando las mercaderías, etc, de los armarios y las lámparas de parafinas colgadas o de sobremesas, fueron al suelo, ocasionando inmediatamente un voraz incendio».

“El mar se desbordó media hora después del terremoto sin hacerse sentir. Solo el ruido de las primeras casas que rompía su invasión y que arrastraba suspendidas, respondió el grito general de alarma: ¡el mar! ¡el mar! Algunas personas en un número mayor de 8 fueron envueltas por las olas y sucumbieron».

“En la primera salida del mar, la altura vertical alcanzada por la ola sería más o menos de 7 metros, arrasando a muchas casas. En seguida se retiró descarnando la playa como 250 metros, haciendo su segunda invasión 15 minutos después, alcanzando una altura vertical de 11,5 metros sobre su nivel ordinario, yendo a chocar contra las casas de la población con una velocidad vertiginosa, arrasando malecones, muelles, escala de piedras, etc y las dos primeras hileras de manzanas de la población que daban frente al mar formando de todo un montón informe. Como 45 minutos después tuvo lugar la tercera salida del mar”.

Otro antecedente lo brinda Jorge Hicks, gerente de la Empresa de Salitres de Antofagasta, quien le informa al presidente de su Directorio “…La casa del barón de La Riviere y casi todas las demás han sido barridas. La estación, las máquinas condensadoras de agua, todo... muchas vidas perdidas. Hay unas 1.000 personas sin techo, agua ni víveres. Por suerte el “Blanco Encalada” estaba aquí (Antofagasta). Si hubiera estado en Mejillones habría naufragado. Ha partido esta mañana para ayudar”.

 

 

Otras Narraciones

 

Don Isaac Arce con respecto al terremoto señala: “Pero a eso de las diez de la mañana del día siguiente, llegó un “propio” de Mejillones, don José Antonio Tirapegui, y comunicó la noticia que ese pueblo casi había desaparecido; que había muchas víctimas y que todos los habitantes carecían de agua, de alimentos y abrigo, habiéndose destruido hasta las máquinas condensadoras de agua”.

 

Jorge Cruz Larenas, en su libro “Fundación de Antofagasta” nos entrega la visión más completa. Explica que el terremoto “causó grandes estragos, pero no tanto por la fuerza del temblor, pues las casas eran de madera, sino por las tres salidas de mar. La segunda salida de mar ocurrió como 15 minutos después de la primera y su ola se calculó en unos 22 metros de altura. Arrasó con malecones, muelles, escalas de piedra y las dos primeras manzanas de la población frente a la playa. Los perjuicios más graves fueron causados en la estación que desapareció con casa, habitantes, locomotoras y maestranza”.

Explica que “También fueron destruidas las máquinas destiladoras de agua de Neves y Cía. y Juan Sáez y los negocios de D. José Manuel Andrade, Solar y Cía., Luis Luzardo, casa de la Intervención chilena, edificios del barón Arnoux de la Rivière y Subprefectura. En el establecimiento de Arman se produjeron perjuicios en máquinas y bodegas y se hundió un buque cargado con guano. Los trabajadores de las guaneras, que alcanzaban a unos 800 hombres, produjeron algunos desórdenes. Hubo numerosas víctimas, atrapadas por el mar, cuyos cadáveres arrojó después a la playa; entre éstas se dio por desaparecido al ingeniero británico Mr. Ashten.” 

El terremoto de 1877 dejó huella en Mejillones. Tanto físicas como psicológicas. Dentro de lo material se puede establecer que aún quedan vestigios de los escombros que arrastró el mar. Estos se hallan en las faldas del desnivel que lleva a la ex Escuela 26, en La Caleta.

Con respecto a lo sicológico, durante el siglo pasado aún se podía advertir el miedo a “la salida de mar” que quedó como sello impreso en el imaginario colectivo. También durante la década del 70 pude oír historias que en ese entonces no entendí. Relatos de cómo en el muelle aparecían atrapados cuerpos sin vida tras el terremoto. Relatos de personas adultas que revivían lo que le contaron sus abuelos que, siendo niños, estuvieron allí.

 

Terremoto y tsunami del 09 de mayo de 1877

 

https://revistacienciasociales.cl/index.php/publicacion/article/view/475/334












 

 


miércoles, 29 de abril de 2026

LAS GUANERAS DE MEJILLONES

 

Las Guaneras de Mejillones

 

Reivindicación. Repita conmigo

¿Algo en su interior no lo permite?


Si miras desde Mejillones, al sur, desde las altas cumbres, verás Antofagasta, aquella que en su origen llevó por nombre «La Chimba» palabra Quechua que significa (entre muchas acepciones) «Del otro lado» porque Antofagasta está al otro lado del territorio costero. (Cuando me lo explicaron a mí, me gustó)

 

Saludos estimadas y estimados amigos. Bienvenidas y bienvenidos a nuestra nueva entrega histórica, algo simple y comprensible para todos.

 

Pues bien. Fue Don Benjamín Subercaseaux quién nos habló de Chile o una loca geografía, y nos quedamos tan solo con el título ya que, encontramos el territorio -de la loca geografía- y este se encuentra en la comuna de Mejillones.

 

Es así, Chile se muestra y se explica como una delgada y extensa franja de tierra rodeada por el Océano Pacífico, la Cordillera de los Andes, el Desierto de Atacama y los hielos eternos de la Antártida; es, como sabemos, angosta y larga salvo en la Región de Antofagasta y, más específicamente, en el territorio costero de la Comuna de Mejillones. En este lugar, que pueden verificar en los mapas, se presenta una gran irregularidad en el trazado rectilíneo de la costa de Chile septentrional. Esta irregularidad -por si no la conocen- tiene forma de una meseta marina –muy amplia- que sube desde unos 30 m sobre el mar hasta una media de 120 m, con partes que alcanzan hasta 200 m.

 

Por su posición correspondería a la terraza principal de la costa y está cubierta por una capa de gran espesor de conchuela, que no deja lugar a dudas acerca de su origen como antiguo fondo de un mar -poco profundo- en el que abundaban los peces y mariscos y, por consiguiente, donde debe haber existido abundante alimentación para las aves guaneras.

 

¿Cuándo se levantó este fondo marino? Eso lo dejaremos para una próxima oportunidad, ya que el tema del que queremos hablar hoy son las guaneras de Mejillones.

 

Sobre el Guano en Mejillones

 

Las guaneras de Mejillones fueron descubiertas relativamente tarde, sólo en 1862, por los chilenos Matías Torres y Juan López, residentes en Tocopilla. Este atraso –en comparación con las otras guaneras- no puede sorprendernos, en vista de su situación a más de 500 m. de altura, casi en la cumbre de los cerros, mientras que las demás se hallaban todas a orillas del mar y a poca altura. En el plano que anexamos, plano que fue levantado por el Dr. Krull a fines del siglo pasado, se ha indicado un gran número de terrazas marinas que -según él- corresponderían a diferentes solevantamientos del continente. Pero, en realidad, uno de los escalones más importantes que separa la meseta del Morro de la meseta más baja de las Tetas, es un precipicio de falla, como puede deducirse de su unión con el otro gran precipicio de falla que constituye el largo borde oriental de toda la larga meseta de Mejillones. Por esto, la ancha terraza en que se levantan las dos Tetas, es la continuación del zócalo alto que forma la base del Morro y tanto este Morro como las Tetas constituyeron islas en el mismo mar y al mismo tiempo geológico.


Como un dato anecdótico, pero importante: Nosotros no hablamos del “Chango López”. Hablamos de Juan López. El tiempo y las pruebas (los escritos) han puesto en su sitial a este pionero y han revelado que no era un simple cateador o un chango, como mascullan algunos peyorativamente; López era letrado y un emprendedor, poco afortunado y/o traicionado, pero un visionario al fin y al cabo.

 

 

Vamos con algo de historia:

 

Entre 1838 y 1839, Domingo Latrille descubre y explota guano blanco en la ensenada e islotes aledaños a Punta Angamos. Tal actividad genera la dictación de una Ley, el año 1841, mediante la cual Chile define como su frontera norte el paralelo 23. El presidente de Chile, Manuel Bulnes, envió expertos a reconocer la costa atacameña. De esto dio cuenta al Congreso en un mensaje dirigido el 13 de julio de 1842, en que informaba que juzgó:

 

«Necesario mandar una comisión exploradora a examinar el litoral comprendido entre el puerto de Coquimbo y el morro de Mejillones con el fin de descubrir si en el territorio de la República existían algunas guaneras cuyo beneficio pudiera proporcionar un ramo nuevo de ingreso a la hacienda pública» Manuel Bulnes.

 

Como resultado de dicha investigación, se dictó la ley de 13 de octubre de 1842, que declaró de propiedad nacional las guaneras al sur de la bahía de Mejillones, y que dispuso que ningún barco podría cargar este producto sin permiso de las autoridades chilenas. Se facultaba además al Presidente de la República para gravar la exportación del guano con derechos de aduana.

 

Mejillones nació oficialmente el 24 de diciembre de 1862 cuando el Gobierno chileno otorga terrenos en el sector de La Caleta a la sociedad guanífera conformada por Juan López, Matías Torres y Juan Garday.

 

El año 1856 se habían agotado los yacimientos hasta entonces conocidos, pero el año 1862 Juan López descubre guano rojo en la cima del cerro de Mejillones, conocido como "el Morro". Junto a Matías Torres y Juan Garday forman una sociedad que explota estos yacimientos, pero el 17 de febrero de 1863 el Gobierno chileno le revoca los permisos, debido a reclamaciones de Bolivia.

 

El año 1866, Chile y Bolivia llegan a un acuerdo (para que ciudadanos españoles no sigan surtiendo a la armada española por Cobija) mediante el cual Chile retrocede desde el paralelo 23 al 24, entregando a Bolivia la soberanía de Mejillones y Antofagasta. A su vez se define una repartición común de impuestos a la explotación de guano, salitre y otras sustancias entre los paralelos 23 y 25 (Tratado de la medianería), por lo cual se construye una aduana interventora en Mejillones.

 

En 1874, dicho tratado es reemplazado por otro que elimina el concepto de medianería, con la sola excepción de que Bolivia se compromete a no modificar los gravámenes a productos de compañías chilenas por 25 años. Tras un cambio de gobierno, en 1878 Bolivia establece un impuesto de 10 centavos al quintal de salitre, lo que a juicio de Chile quebranta el Tratado y hace exigible su retorno a las antiguas fronteras, en el paralelo 23. El 14 de febrero de 1879 las tropas chilenas desembarcan, reivindicando Antofagasta y Mejillones, iniciándose así la Guerra del Pacífico. Esta invasión gatilla un tratado de defensa recíproca suscrito secretamente entre Perú y Bolivia, por lo cual este país también ingresa a la Guerra.

 

Se cree que el primer plano de Mejillones como ciudad puerto fue diseñado por Ramón González, aunque también se baraja la opción de que realmente pudo ser diseñado por el Capitán de Puerto y Jefe del Resguardo Marítimo de ese entonces Capitán Juan Forestal. Este plano de 35 manzanas, ordenadas según el diseño español de damero, tiene fecha de 1871 en el libro “Mejillones, un pueblo con historia”, aunque también se baraja la opción de que el plano sea aproximadamente de 1867.


Tras este diseño, viene el ambicioso proyecto del ingeniero chileno Hugo Reck en 1873. Este proyecto de 680 manzanas debía reemplazar a la destrozada ciudad de Cobija, mas, producto de la Guerra y de otras causas externas, el proyecto no se pudo llevar a cabo.

 

Las Guaneras de Mejillones

(Aquello de su historia y puesta en valor)

 

No es que nos costara entender aquello de la puesta en valor de un territorio que sólo contiene vestigios, vestigios que son -más que todo- movimientos de piedras y de tierra, cuevas, alguna que otra pirca habitacional semi destruida, restos de utensilios, de ropa, calzado, etc., pero sólo cuando nos dimos a la tarea de visitar dichos lugares, encontramos el verdadero sentido de esa propuesta, aquello de salvaguardar, proteger, educar, mostrar, transmitir. En la loca geografía del Morro de Mejillones (Morro del Guano) y Punta Angamos, se percibe con claridad el pasado, este se encuentra ahí con las enormes estructuras (bases) por donde circularon los andariveles con que bajaban el Guano a caleta Ño Robles, un espacio creado para albergar una población entre el mar y los abismos, modelado por el agua y el viento, que vienen desde la meseta superior. Paredones infranqueables, peñones imponentes que nuestros connacionales supieron domar para extraer el tesoro más preciado de aquel entonces: las fecas de las aves marinas, el guano, aquel que revivía y revitalizaba los moribundos suelos de Europa.

 

En este territorio no solo ha existido un tiempo de ocupación y de explotación, vestigios (encontrados y dejados en el mismo lugar) nos indican que no se detuvo totalmente. Puede que su inicio y auge hayan comenzado por el año 1862, pero aún hoy, 160 años después, se sigue extrayendo guano en las laderas del Morro de Mejillones.

 

Pues bien, en honor a vuestro tiempo. Dejamos dos links que resultan de importancia para entender la geología y el establecimiento de las Guaneras de Mejillones,. El primero es de la Sociedad Garday-López, defensa de las Guaneras y el segundo es del Doctor Juan Brüggen y su geología de las Guaneras en Chile.

 

Las Huaneras de Mejillones (Textual)

 

https://libros.uchile.cl/files/presses/1/monographs/399/submission/proof/files/assets/common/downloads_847a3ed6/Las%20huaneras%20de%20Mejillones.pdf


 

Geología de las Guaneras de Chile

 

https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0064446.pdf


































 


martes, 31 de marzo de 2026

CULÍES EN EL NORTE

 

Culíes en el Norte

(Los honorables hijos del celeste Imperio)


Hoy hablaremos de los Culíes ¿Les parece?, no de alguna etnia, no de las modalidades de contratación, de los chilenos o de mis pasiones, de las cuales soy muy esclavo. Reitero (Jalisco): de los Culíes.

 

Dentro de pocas semanas haremos un gran recorrido por la costa de la Región de Tarapacá y nuestros destinos comprenden el Pabellón de Pica, Huanillos, Río Seco y la desembocadura del río Loa. Nuestra motivación, lo que nos insta a caminar, va por aquello de conocer y reconocer la sórdida tarea de la explotación del Guano la suerte de sus operarios, ciudadanos que venían bajo la modalidad de contratados, pero que, en la realidad, eran simplemente esclavos. Estos ciudadanos eran chinos que recibían el apodo de Culíes, de los que buen número de ellos quedaron tirados en dichas faenas, hasta que a fines de los ´90 (1998-1999) se les dio -finalmente- una digna sepultura y se les rindió un merecido homenaje.

 

Culiculícoolie fue el apelativo utilizado para designar a los cargadores y trabajadores con escasa cualificación procedentes de la IndiaChina y otros países asiáticos.

 

Culíes en el Norte

 

Muy buenas tardes tengan, estimadas y estimados amigos.

 

Cuando se comenzó a tocar este tema entre nosotros, que reconocidos pro- hombres chilenos que habían hecho su fortuna o cavado su pobreza en este norte habían utilizado esclavos en sus faenas -hablamos de culíes- nos causó resquemor, y esta picazón es debida a que no habíamos encontrado referencia alguna sobre el tema. Hablamos de escritos, ensayos, o menciones sobre la presencia de esclavos chinos en el territorio que se ubica al sur del paralelo 23, territorio considerado chileno.

 

Ahora bien. Algunos acotarán que aún los propios naturales que vivían en dichos espacios eran tratados como esclavos y hemos de reafirmar dicha acotación, en honor a la verdad y la historia, pero, ¿Chinos en Mejillones o en Antofagasta? o ¿Juan López, José Díaz Gana o José Santos Ossa usando esclavos en sus actividades? Esto para mí era nuevo y nos dimos a la tarea de buscar nueva información, dejando de lado el texto que nos trajo esta buena nueva y que corresponde a un escritor que cuenta con cierta ideología que pudo poner al servicio de su idea, mezclando moros con cristianos y digo esto porque, hubo esclavistas en Cobija, Gatico y también en Tocopilla, pero no eran de nacionalidad chilena, aunque si hubo esclavistas en Chile.

 

Motivado por la desazón y la intriga, llegué a consultar a un reconocido periodista y escritor histórico de Mejillones, quién dejó en claro que no hay referencia alguna de Culíes en dicho lugar y tampoco cuenta con antecedentes que hagan mención de su presencia por las diversas guaneras que allí se establecieron, cosa que se hubiese sabido y hubiese quedado en los registros. Sobre los operarios que contrató José Santos Ossa o, los que ayudaron a Juan López, en sus faenas, eso sí está documentado y eran compatriotas, mas no vamos con el ánimo de proteger o de encubrir, es tan sólo la tarea de indicar a los que fueron partícipes de tan cruel negocio y no manchar la honra de quienes no tuvieron vela en el entierro.

 

Pero veamos que nos dicen sobre esto:

 

“Colonos Chinos... la barca Isabel Quintana... debe llegar a Caldera con 120... Todos vienen obligados a ocho años de trabajos forzosos y los hay de diversos oficios... Sus pedidos a don Manuel Chopitea”.

(Diario “El Copiapino”, 19 de mayo de 1853).

 

Mucho se ha hablado, y se habla, de los esclavos chinos en el territorio peruano, antes y durante la Guerra del Pacífico. Se dan altas cifras, y se dice que habrían colaborado en las acciones bélicas. Otros dicen que no, que sólo sirvieron para cumplir tareas de apoyo y nunca combatieron. Hay también quien dice que ni eran esclavos siquiera, sino trabajadores. Se han dicho y se pueden decir muchas cosas, ciertamente.

 

Así, leí un artículo que afirma que no era sólo en Perú donde había estos esclavos chinos, sino también en Chile y –¿Cómo no?-en el territorio de la segunda región, por entonces considerado como perteneciente a Bolivia, pero explotado por nuestros nacionales y no pocos europeos bajo la tutela del gobierno chileno. Nos dice que incluso conocidos empresarios de Antofagasta los usaban en sus industrias, mencionándose a Ossa, Latrille y hasta a Juan López. No mencionaré a los europeos avecindados en la zona, porque de ésos ya sabemos que nunca tuvieron muchos escrúpulos a la hora de aprovecharse de otros para hacer fortuna, a excepción de uno que hay que nombrar por ser el principal encargado del tráfico de personas en la zona: el español José María Artola, de la Casa Artola, la más importante gestora de negocios en la región entre 1828 y el comienzo de la explotación del salitre. No sólo traficaba con peones, también ofrecía préstamos y vendía alimentos e insumos a mineros y covaderos con intereses usurarios del 50%, a cobrar cuando empezaran a producir. Obviamente, el cobro lo hacía en productos, de manera de ganar aún más vendiéndolos él posteriormente a mejor precio.

¿Será cierto que estos –ahora- notables chilenos utilizaban culíes chinos en sus explotaciones? No hay motivo para no creer que sí, a mi juicio, ya que estamos hablando de la época anterior al descubrimiento de Caracoles, y por tanto a un tiempo en que no había interés en venir a trabajar al lejano y desolado norte. ¿De dónde obtener entonces mano de obra? Hay un registro de una carta de un comerciante de Cobija a Artola, en el que le refiere que consiguió “traer de Valparaíso a 200 peones que le costaron $10.000 pesos oro” ($50 cada uno), y en donde le pide “que no admitan en sus faenas a estos prófugos”. Es decir, no sólo había pagado por ellos, sino que además éstos eventualmente se fugaban de sus faenas, por lo que no cabe suponer fuesen simplemente trabajadores contratados legalmente y descontentos con su trabajo. ¿Quiénes eran estos peones y de dónde provenían? No sabemos a ciencia cierta, pero Valparaíso era el principal puerto nacional, por lo que tanto pudieron ser chilenos como chinos. Como se puede leer en la publicación de “El Copiapino” citada arriba, y también en los escritos de Benjamín Vicuña Mackenna, en la zona central de Chile se utilizaban culíes chinos y no era novedad para nadie, por lo que suponer que eran también traídos al norte es muy lógico.

 
Se ha dicho también que en el área de influencia chilena –como en el país- no se aceptaba la esclavitud, porque ésta había sido abolida por Carrera décadas antes, pero lo cierto es que los culíes no eran esclavos en el sentido que lo fueron los africanos, por ejemplo. Era una esclavitud encubierta bajo un sistema de contratación. Un agente contrataba obreros en China, con pago anticipado, por el plazo de 8 años. El contrato los obligaba a trabajar en lo que se les encomendara, pero ese contrato podía ser traspasado (vendido) a otro empleador, de manera que en la práctica podían terminar en un trabajo muy diferente a aquél para el que se habían comprometido, y en un lugar muy distante, ya que se les podía transportar a donde fuese necesario. Además, que se respetara el plazo de 8 años en esos tiempos, en que la falta de autoridades en el territorio dejaba la aplicación de la Justicia en manos de los propios empresarios, era mucho esperar, si no se respetaba no había nadie a quién acudir.

 

Ciertamente que, a excepción de fijar ese plazo de 8 años y el pago anticipado de una suma de dinero, en lo demás los contratos eran similares a los de cualquier otro trabajador en Chile. En esos tiempos, el empleador era prácticamente dueño de los trabajadores, y éstos estaban obligados a servir en las condiciones que se les impusieran.

Ahora, si alguien se pregunta el por qué aceptaban semejantes contratos los chinos, la respuesta es porque en ese país era normal que una persona se “vendiera” por dinero, para ayudar a su familia o solventar algún gasto importante, comprometiéndose a trabajar para un amo por un determinado plazo de tiempo. Además, se les vendía la idea de que cumplido el contrato, en América podrían trabajar y ganar dinero en abundancia para ellos mismos. La gran diferencia reside en que en China esos plazos se respetaban, y cumplido el contrato la persona quedaba libre de nuevo. En América no era así, lo que los budistas chinos cumplían debidamente en su país, los empresarios “cristianos” no consideraban conveniente respetarlo si iba en contra de sus intereses económicos.

Ciertamente, aunque hubo culíes chinos en nuestra Región no fueron tantos como en Tarapacá y en el propio Perú, donde se contaban por miles, y por eso no se aprecia una presencia notable. Pensemos que si en este territorio era difícil para un chileno conseguir mujer y formar una familia, ¿Cuánto más lo sería para un chino, por muy libre que fuera?

 

[Cuando alguien me diga que “los chinos” tratan mal a sus trabajadores, le pediré que vea la foto de la Dra. Lindberg. Ya que no es la nacionalidad, es la raza la mala…]

 

Sobre Pabellón de Pica:

 

Cuando escuchamos hablar de Pica, la idea que nos viene inmediatamente es el oasis que muchos de nosotros hemos visitado, a 120 km de la costa. Pero lo cierto es que existe otro lugar con ese nombre, mucho más importante históricamente, ubicado –justamente- a orillas del mar: Pabellón de Pica.

 

Pabellón de Pica es un gran farellón costero, ubicado a 80 km al sur de Iquique, que fue por siglos un lugar de extracción de guano, recurso que antes del descubrimiento del salitre era muy apreciado y valorado. Según algunos historiadores, ya los indígenas prehispánicos conocían las propiedades del guano y lo extraían, pero fueron los españoles los que iniciaron una explotación en regla, para llevarlo como fertilizante a los valles de Arica. Las excelentes condiciones de la caleta de Pica permitían el acceso a los barcos, facilitando tanto la llegada de agua y pertrechos, como la exportación del producto.

 

Para 1876, siendo todavía territorio peruano, en torno a Pabellón de Pica había una población de 8.236 habitantes, dedicados a la extracción y exportación de guano, que no tenían otros recursos que los que pudieran llegar por mar o por los caminos carreteros que conducían a las salitreras del interior.

 

Famoso es este lugar porque, bajo la administración peruana, y de acuerdo a la “Ley China” de 1849, los empresarios que explotaban el guano llevaron varios cientos (si no miles) de culíes chinos, virtuales esclavos, para realizar los trabajos en condiciones infrahumanas. Engañados con un contrato que los obligaba a trabajar por 8 años, los traían de Cantón o Macao, pero el plazo no se respetaba, usándose malas prácticas para extenderlos indefinidamente. Quienes se rebelaban eran fusilados o, peor aún, condenados a una muerte cruel, atados y abandonados al sol, hasta morir de sed. Muchos de estos culíes, agobiados por la realidad en que vivían, se suicidaban arrojándose desde las alturas del peñón, y sus cuerpos momificados por el sol permanecían en el lugar en que caían por décadas. Esto no es una exageración, ni mucho menos. Refiere el Dr. Horacio Larraín Barros que en octubre de 1999 se realizó una recolección de huesos humanos dispersos alrededor de Pabellón de Pica, para ser inhumados en el cementerio de Río Seco, por las autoridades, el Obispo de Iquique y el Cónsul de China, erigiéndose un monumento con una placa grabada en chino mandarín que, se dice, se refiere en términos poco respetuosos al gobierno peruano.

 

Dado que el guano de este farellón se encontraba desde los 150 metros de altura hacia abajo, y entre los “caletones” que los roqueríos de su base forman, los obreros debían trabajar muchas veces suspendidos de las rocas, o descender por ellas hasta el lugar de trabajo. Quedan todavía –según dicen- restos de las pasarelas de madera por las que transitaban con los sacos de guano a cuestas para sacarlo hasta la costa.

 

Algo que no nos dice la historia, o no hemos encontrado, es con qué mano de obra se continuó la explotación del guano en Tarapacá. Si los chinos fueron liberados durante la guerra, ¿de dónde se consiguió la mano de obra para seguir trabajando? Porque el gobierno chileno explotó estas covaderas desde 1883, tras la firma del Tratado con Perú, por 10 años, para luego entregarlas bajo contrata a la “Peruvian Corporation Limited”, por 8 años más y, finalmente, dejarlas en manos de contratistas nacionales. O sea, ¿Se podían explotar y ganar dinero, sin esclavizar gente? Obvio que si.

 

La Esclavitud de los Rapa Nui

 

Dice un breve artículo

 

Un año antes que llegara el hermano Eugenio Eyreaud, de los Sagrados Corazones, a isla de Pascua, Rapa Nui había sido asaltada por buques esclavistas peruanos. Tres mil isleños, entre ellos el rey Kaimakei y el príncipe heredero, habían sido capturados y llevados a las guaneras de las islas Chinchas. Cuando las autoridades francesas acudieron en su socorro, sólo pudieron rescatar a una veintena de pascuenses sobrevivientes, contagiados de viruela.