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sábado, 14 de marzo de 2026

ANTOFAGASTA LA DEL MAR

 

Antofagasta

La del Mar por supuesto



Tierra del Salar Grande es su significado, así de simple, y su homónima, de la cual deriva su nombre, se encuentra por el noroeste argentino, Antofagasta de la Sierra, es decir, Antofagasti (En camanchaco) o Anta Pakay (En Kakan), resultan ser, como alguien me dijo alguna vez, simples «Complicaciones» sin sentido y sin razón.

Pues bien. De vez en cuando, o de cuando en vez, nos preguntamos ¿Qué hubiese pasado si, las ideas que se gestaron por estos lugares se hubiesen concretado? Es decir, si se hubiese conformado una República independiente que llevase por nombre Archibolia (la idea original) ¿Hubiésemos llegado a ser una gran nación? Sobre aquello de la nación independiente, está plasmado en algunos textos históricos, pero es desconocido para la gran mayoría.

Aparte de lo anterior, es bastante lo que desconocemos de la historia de nuestra ciudad, y esto fundamentalmente porque es muy poco lo que nos han enseñado sobre ella. Con suerte nos dijeron en la escuela, a los más viejos, que las tropas chilenas habían desembarcado en Antofagasta y que desde aquí se había iniciado la campaña militar de la Guerra del Pacífico.

Pero ¿acaso nos enseñaron algo sobre cómo era entonces la ciudad? Si hasta se celebra el día 14 de febrero de 1879 como si fuese el de la fundación de Antofagasta, cuando la realidad es que para esa fecha ya superaba los 3.000 habitantes y, aunque carecía de muchas cosas, estaba muy bien trazada, con amplias y ordenadas calles (que todavía hoy permiten un tránsito fluido de vehículos) y abundaban los edificios comerciales e industriales que proporcionaban trabajo a gran parte de la población.

Claro está que, siendo una ciudad tan distante de los dos gobiernos que tenían algo que ver con ella, el de Bolivia –a quien le estaba encomendada la administración del territorio- y el de Chile –que tenía en sus manos su explotación- no había un orden bien establecido, pese a todo lo que hacían en ese sentido el Municipio y la Sub-Prefectura de Mejillones, de quien dependía. De esta manera, abundaban sobremanera los locales de diversión de todo tipo, como fondas, picanterías, salas de billar y reñideros de gallos. Las chinganas –“casas de diversión”- funcionaban toda la noche con su música y cantos (y otras actividades menos bulliciosas), ya que gran parte de la población estaba formada por aventureros que venían en busca de ganancias fáciles y por mineros y trabajadores ansiosos de gastar su dinero en licor y mujeres.

Fue necesario establecer un Reglamento para el funcionamiento de estos establecimientos, en el que se establecía que no podían funcionar después de las 11 de la noche, debiéndose expulsar a todos los clientes a esa hora y cerrar. Además, debían pagar fuertes sumas por las patentes comerciales, que alcanzaban a 20 pesos para chinganas y hoteles “de primera clase” y a 10 para los de segunda, canchas de palitroques y billares. Se prohibía también los juegos de azar y que se realizaran juegos en las calles (carreras, peleas, por ejemplo)

Existía ya el “Hospital del Salvador” (del que aún quedan algunos vestigios junto al que fuera el Hospital Regional), el que –por cierto- fue construido con fondos de la ciudad y aportes de los industriales, ya que el gobierno chileno no puso nada, excepto tan abundantes como vanas promesas. Cualquiera diría que nada ha cambiado desde entonces.

Posterior al establecimiento del dominio chileno sobre el territorio, las autoridades municipales dictaron nuevas normas para ordenar la ciudad, entre las que podemos nombrar las siguientes:

- Multa de 2 pesos para quien amansara animales en la vía pública.

- Toda cabalgadura o vacuno que deambulara por las calles era retenido por la policía y, si no era reclamado, se conducía al “Depósito de animales aparecidos”. Algo así como el actual “corral municipal”. ¿Cuidarían a esos animales con el mismo celo y preocupación con que se cautelan los vehículos retenidos actualmente? Es de esperar que no.

- Se prohibía el arreo de animales –vacas, ovejas, etc.- por las calles principales, aunque fuesen destinados al consumo de la población, y se establecían las calles por donde debía hacerse. Es de considerar que en aquellos tiempos no existían medios para preservar la carne, y el ganado se traía vivo, desde el sur o desde Argentina, y debía ser faenado a diario para el consumo de la población. Por cierto, tampoco se permitía mantener chiqueros dentro de la ciudad.

- Los jinetes no podían transitar por las veredas ni por el interior de las plazas o paseos públicos; y tampoco podían dejar el caballo con las riendas sueltas o sobre las veredas. (Medidas que resultan precursoras de las actuales normas para los vehículos)

- Los vehículos (carros y carruajes) debían detenerse y ceder el paso a las personas de a pie, cada vez que fuese necesario, no podían ir a una velocidad mayor que el trote normal de los animales que los llevaban, y no podían ser conducidos por menores de 14 años. El tránsito nocturno de estos vehículos estaba prohibido, con excepción del transporte de equipajes y vehículos previamente autorizados.

- Se castigaba hasta con 6 días de prisión a quienes rayaran o deterioraran “de cualquier otra manera las paredes, puertas, planchas de avisos o ventanas o los objetos de uso u ornato público, que den frente a la calle o que hagan en ellas pinturas u otras impropiedades que afeen su parte exterior”. Más grave se consideraba el colocar avisos de espectáculos o pegar en las paredes “pasquines, libelos infamatorios o denuncias inmorales”, lo que se castigaba con veinte días de prisión. (Ah, ¿por qué no existe ya esa norma?)

- La presencia de perros vagos estaba también prohibida, y eran perseguidos por la policía, por considerarse un problema para la seguridad de la población.

 -Hasta un día de prisión podían pagar quienes utilizaran las calles para diversiones como jugar a la pelota, al trompo, a la rayuela o elevar volantines, todas actividades molestas y hasta peligrosas para los transeúntes.

- Se sancionaba también severamente a los vendedores ambulantes que ingresaran a las viviendas sin ser llamados, y podían ser detenidos por los dueños de casa y entregados a las autoridades. Esto puede no entenderse actualmente, ya que vivimos encerrados tras rejas, pero en aquellos tiempos las puertas de las casas estaban abiertas durante el día, dando pie a que se pudiera entrar.

-Para finalizar, una curiosa norma: se prohibía “bañarse sin vestido en la parte del mar comprendido entre la Fábrica de Gas por el Sur y el Establecimiento de Hornos de Fundición de Bellavista por el Norte”. Es decir, ¿fuera de esos límites estaba permitido?

 

Una certeza histórica -como botón para la próxima cosecha- todos los que aparecen en las imágenes, están muertos.

 










 

 

 

 

 

 


jueves, 15 de mayo de 2025

POR LA EX OFICINA SALITRERA SANTA LUISA

 

Por la ex oficina salitrera Santa Luisa

Nuestra puerta al Cantón Salitrero de Taltal

Cartografía del norte de Chile de Luis Risopatrón



Nos encontramos por lugares inhóspitos, en donde el suelo crepita a nuestro paso y los muertos son muchos más que los vivos. Por estos parajes nada encontrarán ya que nada han dejado, tan solo tumbas y los restos de los que allí descansan eternamente. Aquella gente, mujeres, niños y hombres, que vivieron bajo el sol abrazador del desierto, seguirán perpetuamente bajo los designios de este.

Ten a bien –por lo tanto- el respetar el eterno sueño de los que allí descansan.

 

 

Reciban nuestro saludo más fraterno desde esta parte del Desierto, desde Antofagasta-Chile.

 

Tal vez algunos aún recuerdan que estamos en el mes del mar, inobjetablemente el mes de Arturo Prat, Serrano, Aldea, Uribe y de la gesta heroica de Iquique, con la Esmeralda incluida, aunque, la sombra de los que ensombrecen (cual pimiento centenario) nos indican que debemos hablar exclusivamente de los días del Patrimonio, días que se traducen en el mes y olvidarnos de aquel hecho histórico que resultó gravitante para nuestra nación.

 

Pues bien. En lo que resta del mes de mayo haremos ambas cosas, hablar del mar y hablar del patrimonio ya que las nuevas generaciones no alcanzaron a celebrar o conmemorar dichas efemérides y poco o nada conocen sobre la historia del 21 de mayo. De igual manera, y esto puede resultar preocupante, son muchos los que poco o nada conocen sobre el Patrimonio (material e inmaterial) de nuestro norte, salvo lo que forma parte de la educación en la actualidad.

 

Donde el suelo crepita.

 

Fue un día de semana el que elegimos para visitar el fascinante territorio de Taltal, muy especialmente el ex cantón salitrero de dicha comuna y algunos enclaves de naturaleza que se ubican por lo más interno de la escarpada cordillera costera. Estamos en otoño, temporada en donde los días son más fríos y la luz del sol deja de estar presente a media tarde, por ende, todo lo que exploremos en dicho día debe contar con horarios estrictos y las probables contingencias, tan solo sujetas a las plegarias y la diosa fortuna. En este recorrido no puede haber errores, aunque los imprevistos siempre asoman cual ley de Murphy.

Nuestra Rosa de los Vientos nos lleva a la ciudad de Taltal y de allí seguimos rumbo al este, por el camino que une a dicha ciudad con la ruta 5 norte (Sector de Aguas Verdes). A medio camino tomamos una desviación que nos lleva al nor-este, por una quebrada (muy hermosa) que asoma en nuestros mapas como Quebrada Taltal o Agua verde. La vegetación es muy marcada, con una gran variedad y número de especies. Por el medio de esta grieta nos vamos encontrando con varias aguadas y minúsculos riachuelos, algunos de corto trayecto, que permiten la existencia de toda esta vida natural. Hemos de confidenciar que no conocíamos esta parte del territorio, un territorio que nos sobrecoge por sus formaciones geológicas y por la gran presencia de instalaciones mineras.

Ya vamos por el kilómetro 25 de esta ruta. Hará pocos kilómetros atrás que avistamos al último arbusto de la quebrada (por su parte superior) y debemos doblar -nuevamente- en dirección nor-este, pero ahora por un camino vecinal, de tierra, ripio, chusca y sal.

Entran las dudas, si seguimos por dicho derrotero (distante y desolado) pero deberemos avanzar 24 kilómetros para acceder a las primeras oficinas salitreras del Cantón y muy especialmente a la ex oficina Santa Luisa, una de las más importantes y pobladas según las crónicas históricas.

Avancemos, total, que nos podría pasar además de quedar parados en medio del desierto, sin un alma en kilómetros a la redonda y sin señal, pero es el ánimo el que nos motiva, sigamos adelante.

 

Sin un Alma a nuestro alrededor

 

El camino se volvió interminable, sorteando baches, montículos, chuscales. Las subidas eran difíciles y estas nos trasladaban desde una quebrada a otra más, cuando coronábamos la fuerte pendiente, el nuevo paisaje se mostraba majestuoso, soberbio y empequeñecedor. Éramos -tan solo- unos minúsculos visitantes entre tanta grandeza y sometidos voluntariamente a los arbitrios de la fortuna.

Ya estamos en los parajes en donde se establecieron los connacionales y arañaron la dura costra salina para obtener (finalmente) el salitre. Vemos por las cercanías, las huellas por donde circuló el tren salitrero. De este solo quedan las tenues huellas en el terreno puesto que, todo lo que formó parte de dicha industria, se remató, vendió, saqueó, etc.

Si nombramos algunos de los puntos geográficos de nuestro camino, muchos de los que nos leen no sabrán donde están y de la importancia que tenían para las faenas de dicha época. Pero debemos confidenciarles que, apenas pasamos por el cruce, de caminos, de Cascabeles-Santa Luisa, pinchamos un neumático y no fue por la presencia de piedras o de metales, fue por las cavidades que forman las aguas de lluvia al depositarse en una parte del trazado, agua que disuelve las sales del terreno y forma trampas que se rellenan -luego- con chusca. Estábamos en el kilómetro 24, a pocos metros de la entrada a Santa Luisa, pero se vienen las paradojas, los acertijos que juegan con nuestra lógica, aquello de seguir o devolverse. Ya estamos aquí, ya no hay más neumático de repuesto, todo lo que hemos avanzado lo deberemos desandar para volver a la civilización. Resultado de la consulta entre los exploradores y la interna. A seguir.

 

En Santa Luisa.

La historia (esquiva y sesgante) nos habla de un gran campamento salitrero, una de las mayores oficinas salitreras establecidas por esta parte del cantón Taltal. Es la puerta de acceso al resto de las oficinas salitreras que se ubicaron por el medio del desierto absoluto y fue una de las últimas en apagar los hornos (La última fue Alemania). Estamos -literalmente – en medio de la nada, entre dos serranías, sin siquiera un atisbo de vida o vegetación. Si miramos al este vemos una línea que se pierde en la vastedad, es el camino que nos lleva a la carretera, a la ruta panamericana, si miramos lo que hemos andado, es la misma línea que se pierde por el desierto. Ante nuestros ojos, la nada misma, tan solo restos, lo que no se pudieron llevar o lo que no tenía valor alguno. Más arriba, tras las ruinas, el cementerio y nos debemos mover en el vehículo para acortar la distancia. Por el camino nos encontramos con algunas tumbas dispersas, no son recordatorios o animitas, son tumbas y es muy probable que se trate de gentiles, de aquellos que no profesaban la religión católica-apostólica por lo cual no merecían el descanso eterno en tierra sagrada y más aún bendecida. Estamos en la entrada del campo santo. Un letrero nos indica que fue declarado Patrimonio, pero hace falta algo de restauración, el tiempo y el viento han ocasionado daños, también el agua (lluvias), pero los saqueadores (viles) son los más preocupantes, esos que viven de los muertos y quizás cuantos – de nuestros coterráneos - tienen arrimos o muebles en sus casas, muebles de pino oregón hechos con madera de ataúdes o de los improvisados mausoleos del ayer. Nada se salva de la depredación y aunque una gran mayoría de los que allí descansan murieron producto de las plagas que azotaron este norte, estos bellacos no tienen miedo alguno de profanar las tumbas y esgrimen la explicación del pancito de mañana o la manutención de la familia. Recorremos el campo santo con mucho respeto y sobriedad, vamos viendo nombres, fechas, cantidad de urnas. Todo nos resulta importante ya que es el tiempo el culpable, el que lo va borrando todo y por estos parajes, nadie se percatará cuando ya no quede nada. Si Santa Luisa cerro en los años ´40 significa que los últimos nacidos en dicho lugar han de tener 85 años, a tan solo unos pocos pasos para que los últimos Santa Luisinos, ya no estén en esta tierra y ya no quede nadie para mantener la memoria viva del lugar.

 

El Cantón Salitrero de Taltal

Algo de Historia


A partir de 1872, se inician los descubrimientos de yacimientos salitrales en Aguas Blancas y Taltal, es la única región salitrera chilena de la época, zona que marca el límite sur de la pampa salitrera. Estos yacimientos dieron origen a muchas otras oficinas, como Luisa, Florencia, Lautaro, Atacama, Catalina, Central, Porvenir, etc. Las grandes instalaciones de las oficinas “Alemania” y “Chile”, ubicadas casi frente a Taltal, se levantaron años después. Los yacimientos salitrales que originaron el cantón de Taltal se ubicaban al noreste de la ciudad de Taltal, y lo conformaban 34 oficinas y algunas otras que no fueron construidas; entre las grandes e importantes estaban: Santa Luisa que contaba con 1400 trabajadores, Flor de Chile con 400 trabajadores, la Chile con 600 trabajadores, la Alemania con 700 trabajadores, J.A. Moreno ex Laguna, Caupolicán ex Alianza con 950 trabajadores, y algunas pequeñas, pero importantes también como Esperanza ex Julia con 250 trabajadores, Esmeralda con 150, San Pedro con 100 trabajadores.

La oficina más grande del cantón fue Santa Luisa, ubicada a 81 kilómetros de Taltal. La mayoría de las oficinas cambiaban de capitales y en algunos casos de nombre, muchas tenían pequeñas escuelas, teatros, sala de bolos, hospitales, pulperías. Algunas poseían aeródromos, canchas de futbol y basquetbol, y posterior a su fundación prefecturas de carabineros.

 

Al tiempo que en Tarapacá estaba en pleno funcionamiento una cada vez más prospera industria salitrera, el distrito de Taltal era uno de los últimos en poner en marcha el aprovechamiento del salitre. Los primeros reconocimientos de terrenos salitrales, realizados por exploradores-empresarios como José Antonio Moreno y Daniel Oliva, estaban fuertemente motivados por el atractivo modelo de negocio habilitado en Tarapacá, al punto que el mismo gobierno incentivó el aprovechamiento privado del salitre enviando expediciones y proyectando puertos de embarque. Cuando se produjo el primer embarque de salitre en el Cantón de Taltal en Caleta Oliva, entonces comenzaba a establecerse una embrionaria población en el Puerto de Taltal, así como en la pampa del interior, donde las primeras explotaciones salitreras empezaban a tomar forma. Sin embargo, este prometedor comienzo contaría con múltiples obstáculos. Uno de ellos, patente en las primeras exploraciones, fue la dificultad de encontrar agua en el árido desierto. A ello se sumaba la ausencia de vías férreas para el transporte del salitre hacia los puntos de embarque. En medio de este panorama el gobierno chileno impulsó en 1880 un impuesto, válido para todos los distritos salitreros, aunque se exceptuaría en el primer año de promulgación a los recientes distritos de Aguas Blancas y Taltal. De todas maneras, la aplicación del impuesto, los encarecidos costos de producción y la ausencia de ferrocarril, conspiraron para un estancamiento de la actividad salitrera durante diez años. En ese periodo, de 21 oficinas sólo dos mantuvieron actividad permanente. Esta paralización generalizada tuvo como consecuencia que la mayoría de las propiedades pasaran a sociedades extranjeras. Mientras tanto, millares de trabajadores y sus familias desalojaban los campamentos pampinos, para deambular hacia otras faenas salitreras, regresar a sus tierras de origen o vagar sin destino claro, experiencias que se repetirían una y otra vez en la vida del salitre.

 

Si bien el desarrollo de la extracción salitrera se realizaba en paralelo a otras ramas de la minería -como las del cobre, plata, oro y plomo-, el auge demográfico, comercial e industrial experimentado por Taltal a inicios del Siglo XX se debe principalmente al impulso de la explotación del Nitrato de Sodio. Esta conexión se hará notoria en el profundo impacto en el devenir de Taltal que tendrá la declinación del ciclo salitrero desde 1914 en adelante, proceso que se radicalizará en 1930. La habilitación del Ferrocarril en 1882, propiedad de The Taltal Railway Co., permitió salir de la paralización inicial a las oficinas del Cantón de Taltal. El ferrocarril, que en sus primeros años alcanzaba hasta la estación de Refresco, incentivó un notable incremento en los descubrimientos mineros, así como en la actividad salitrera. Hacia 1900, ya se contaba con Ferrocarril hasta Cachinal, y Taltal contaba con cinco oficinas -tres en funcionamiento- y era responsable del 6% de la exportación nacional de salitre.

 

(Oscar Bermúdez. Breve historia del Salitre: Síntesis histórica desde sus orígenes hasta mediados del Siglo XX).

 

Santa Luisa

 

La oficina Santa Luisa era una de las salitreras más grandes del cantón de Taltal, estaba ubicada a unos 32,6 km de la Ruta 5, Panamericana, y a una distancia de 28,1 km de la Salitrera Alemania. Durante el año 1879 y posteriores, el cantón de Taltal ya poseía una decena de oficinas trabajando y algunas más en construcción, pero todo el transporte se hacía en carretas que viajaban desde la pampa hasta el puerto, algunas como Santa Luisa y Guillermo Matta lo hacían por quebrada Cascabeles hasta el puerto Oliva habilitado para realizar estos embarques, posteriormente lo hicieron por quebrada San Ramón.

En los años más próspero de esta oficina salitrera el número de personas llegó casi a 3.000, y cuando la crisis de los años veinte afectó a esta oficina la cantidad se mantuvo alrededor de 2000 personas.

A fines de los años cuarenta esta oficina cerró para siempre.

 

 

Taltal es maravilloso y tal vez no baste con nuestras palabras para ilustrarlos o incentivarlos, por lo tanto, cuando tengan el tiempo, visiten Taltal. Donde el pasado y el presente se juntan.


















 

Para saber un poco más.

 

El Cantón Salitrero de Taltal

https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0066596.pdf

 

 

sábado, 1 de febrero de 2025

AGUAS BLANCAS. LA PAMPA DESNUDA

 

El Cantón Salitrero de Aguas Blancas


Hemos recorrido estos recónditos parajes y podemos aseverar que, todo aquello que fue creado por el hombre para asentarse en esta parte del desierto, fue destruido por el hombre, apoyado por el tiempo y la naturaleza.

Hoy, de todo aquello, solo quedan ruinas e inclusive estas desaparecerán.

 

En la Pampa Desnuda.

 

Tan solo nos limitaremos a imaginarnos sin sentir a cabalidad las dolientes expresiones de los que llegaron por estos parajes bajo la modalidad de enganchados. Aquellos – en su gran mayoría – era gente del sur de nuestro país, gente habituada a la vegetación, las arboledas, al correr del agua y el sonido de la lluvia más, apenas bajarse de la carreta o del tren, luego de un largo viaje, y contemplar atónitos aquel paisaje, ese que se mostraba silente, monocorde, yermo y desolado ante su vista, debió de haber sido aterrador.

 

Ahora bien: La información sobre la ocupación temprana y la explotación industrial en el ex Cantón salitrero de Aguas Blancas no es muy abundante o accesible al común de la gente, ya sea porque no despierta el interés de los investigadores o, simplemente, por encontrarse tan a tras mano que pocos podrían concluir que, en el medio de esta parte del desierto tan absoluto y tan carente, aquel que se encuentra entre las comunas de Antofagasta y Taltal – hacia la cordillera - se pudo establecer el hombre con sus poblaciones y faenas y extraer la codiciada riqueza de tan duro suelo.

Ahora. Si debemos agradecer - en este minuto - por brindarnos su conocimiento sobre este espacio y su gente, es a los Amigos del Tren (amigosdeltren.cl) quienes, en su página de El Ferrocarril en Chile, nos brindan una completa reseña histórica.

Corren Palabras:

La zona de Aguas Blancas, situadas al sureste de la ciudad de Antofagasta, fue ampliamente recorrida por las caravanas de exploradores mineros a mediados del siglo XIX. En una de estas expediciones, hacia 1860, José Santos Ossa descubrió indicios de la presencia de nitrato de sodio, pero sólo se dedicó a las actividades salitreras 6 años más tarde y en otro sector, el Salar del Carmen.

Durante la década de 1870 diversos exploradores realizaron pedimentos salitreros en la zona, hasta febrero de 1879, cuando comienza a elaborar una pequeña oficina de paradas (posteriormente ampliada a vapor), la “Esmeralda”, de propiedad de la sociedad Moreno y Manterola. Hasta 1881 se levantan 6 oficinas más (La Central, Santa Rosa, Encarnación, María Teresa, Oriente y Florencia), propiedad de pequeñas sociedades con capital muy limitado, las que transportaban su producto mediante grandes “retazos” de carretas hacia Antofagasta, medio por el cual también habían sido llevadas las calderas, cañerías y pesados implementos hacia la pampa. Estas pequeñas compañías trabajaban caliches relativamente pobres, con gran cantidad de sulfatos, a larga distancia de la costa y con escasa provisión de agua.

El año 1880 el Gobierno impuso un impuesto de $1,60 por quintal a la exportación de salitre, que debía regir desde septiembre de 1881, y que fue rebajado a la mitad para las zonas de Taltal y Aguas Blancas. En 1884 comenzó a regir por completo para esta última zona, lo cual trajo el alza de costos para las oficinas y la consecuente paralización definitiva de sus actividades. Algunos planteles elaboradores cambiaron de dueño, a bajo precio, y la propiedad se concentró en un par de compañías, pero a fines de 1884 todas habían cerrado definitivamente.

Para seguir leyendo toda la reseña y deleitarse con esta historia.

https://amigosdeltren.cl/ferrocarril-de-aguas-blancas















 


 

 

viernes, 31 de enero de 2025

SANTIAGO HUMBERSTONE

Santiago Humberstone.

Una ventana al pasado salitrero de la región de Tarapacá.

(Cualquier tiempo pasado es pretérito)


Por esta parte del país, la región de Tarapacá, su gente no se embelesó exclusivamente con la minería – como es el triste caso de Antofagasta - también apostaron por el turismo y puedo dar fe (porque fui testigo de ello) que en muy poco tiempo esta región ha puesto en valor su patrimonio y ha generado la infraestructura necesaria para brindar más alternativas y llamar a más gente a visitar este hermoso territorio. ¿En qué redunda todo esto? En más trabajo, más recursos, más alternativas de desarrollo, inclusive, el resguardo efectivo de todo aquello que brinda valor e identidad. Algo que va muy de la mano con aquello de proteger.

 

Agradecemos al Señor Manfredo Tuniche por las imágenes. Estas se agradecen a ultranza.

 

Pues bien, mientras avanzamos por una moderna autopista, una vía que permite una eficiente conectividad entre el puerto de Iquique y los poblados del interior de la región, podemos observar, a nuestro alrededor, los restos de lo que se consideró la gran industria del Salitre en esta parte del país (el llamado oro blanco). Los vestigios están ahí, a la vista y nos resulta sorprendente el poder encontrarnos con ciertas oficinas que nos parecieran que tan solo ayer fueron abandonadas, aunque resulta evidente (para el que conoce) que hubo una gran intervención para su reconstrucción y para su mantenimiento.

Nos referiremos – en este breve escrito - a la ex oficina salitrera Santa Laura, cuyo enorme edificio y chimenea son visibles desde la distancia y también de la ex oficina salitrera Santiago Humberstone, otrora oficina Salitrera La Palma, que fue construida en 1872 por la Peruvian Nitrate Company en plena Pampa del Tamarugal. No tenemos los datos para afirmar si en sus inicios se usó el modo de producción denominado “Sistema de Paradas”, un sistema bastante rudimentario y poco eficiente o el patentado por Pedro Gamboni (a mediados de 1850) que usaba vapor de agua, pero requería grandes tuberías y calderas, y que dio origen al concepto de oficina salitrera como las conocemos hoy.

Entre 1877 y 1880 recién se introduce - en la elaboración del salitre - el sistema Shanks y ya para 1889 La Palma era una de las salitreras más grandes de la región. En los años que siguieron, pese a los diversos cambios de propietarios, estuvo muy activa manteniendo su nivel de producción e importancia.

La Gran Depresión del ´29 ocasionó la paralización de sus faenas y del establecimiento, las que se reanudaron hacia 1934, una vez que la Oficina pasó a ser propiedad de la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta. Fue esta Compañía la que realizó una fuerte inversión, apostando a la modernización de la planta y el campamento, convencidos que una mayor productividad iba a permitir la competencia del salitre natural en los mercados internacionales. Al ser reabierta fue bautizada como Oficina Santiago Humberstone, en honor al ingeniero químico inglés que adaptara a la industria del nitrato el sistema de elaboración denominado Shanks, que a su vez tomó ese nombre en honor a su inventor.

Entre 1933 y 1940 Humberstone alcanzó su máximo desarrollo, llegando a albergar una población de 3.700 habitantes. En 1958 la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta entró en una aguda crisis y terminó por disolverse; Humberstone fue cerrada definitivamente y sus últimos habitantes la abandonaron en 1960.

Esta oficina, junto con las otras del llamado Grupo Nebraska, es decir: Santa Laura, Nebraska, Peña Chica y Keryma, fue subastada en 1962, adjudicándosela un particular.

 

¿Qué es Humberstone en la actualidad?

Es un vívido testimonio de la historia del salitre desde todo punto de vista, especialmente el urbano. Tal como indica el resumen del Consejo de Monumentos Nacionales: “No todo se ha conservado. El sector industrial del establecimiento ha sido parcialmente desmantelado y presenta un gran deterioro, mientras que la parte urbana de la oficina se mantiene y da cuenta de la forma de vida de la pampa salitrera”. Es un inmueble característico de las salitreras inglesas y sólo quedan en pie tres de su tipo: Humberstone, Santa Laura e Iris.

Al visitar Humberstone es posible apreciar el centro social, comercial y público de la oficina, donde se encuentran la capilla, la pulpería con su arquería blanca, el magnífico teatro construido en madera, el hotel, la gran piscina con graderías y la plaza. De sumo interés son la Casa de Administración del establecimiento, construida en 1883 y la enorme torta de ripio de la oficina, que evoca la gran riqueza que produjo el trabajo de sus esforzados habitantes.

La oficina salitrera de Humberstone fue declarada Monumento Histórico el 16 de enero de 1970. Decretos posteriores incluyeron también sus tortas de ripio y la ampliación de límites.

En la actualidad se encuentra bajo la protección de la Corporación Museo del Salitre - desde el año 2001 - gestionándose, a través de estas, distintas obras de restauración.

Conforma junto a la oficina salitrera Santa Laura una sola área declarada Monumento Histórico, y ambas son parte de la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco desde el año 2005, siendo consideradas parte de la Lista de Patrimonio en Peligro.

 

Para saber un poco más

(Tan solo un poco más)

 

Salitreras de Tarapacá

https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0000316.pdf

 

Álbum de Tarapacá

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-320865.html

 

El Salitre

https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0043254.pdf

 

Explotación del Salitre

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-93821.html#:~:text=En%201875%2C%20el%20ingeniero%20ingl%C3%A9s,en%20la%20oficina%20San%20Antonio.

 

Agradecemos al Señor Manfredo Tuniche por las imágenes. Estas se agradecen a ultranza.