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miércoles, 25 de marzo de 2026

EL MINERAL DE CARACOLES

 

El Mineral de Caracoles

La Comarca de la Plata

24 de marzo de 1870

Iglesia de la Placilla de Caracoles en 1874


Algunos dicen que el grito de la plata fue dado en la mañana del 24 de marzo y otros hablan del día 25, pero todos coinciden que fue el año 1870 y señalan al «Cangalla» Méndez como el afortunado descubridor del derrotero de Caracoles, en nombre de José Díaz Gana. Ahora bien, hemos de tener presente que los panizos de plata de Caracoles fueron descubiertos por chilenos y trabajados por chilenos ¿Alguna duda de aquello?

 

Definamos «Cangalla»: El término cangalla se refiere principalmente, en el norte de Chile y las zonas mineras, al mineral de baja ley que era descartado. Históricamente, también denominaba un contenedor de cuero usado en mulas, utilizado por mineros para ocultar y robar mineral de mayor valor bajo la excusa de transportar estos desechos, actividad conocida como "cangallar".  

En Argentina, a veces se usaba el término para describir a una persona pusilánime.

 

 

En la Ruta:

 

Saludos estimadas y estimados amigos y seguidores de los Caminantes del Desierto.

Como institución, vamos constantemente de visita al antiguo mineral de Caracoles. Hablamos de aquellos parajes que se ubican en las proximidades del poblado de Sierra Gorda, Región de Antofagasta, Chile, en donde se conservan tan sólo los vestigios, los rastros dispersos del establecimiento de un numerosa población y en donde -hemos de confidenciar a ustedes- hay harto para explorar y descubrir, aunque el territorio no es muy amigable con los citadinos; más bien, es inseguro, peligroso para aquellos que no están habituados a los obstáculos, los acopios, los piques profundos y los desniveles producidos por las lluvias. De igual manera, considerando la frase acuñada que dice: «El tiempo es plata», el lugar nos muestra la improvisación en lo que respecta a la disposición de los muertos, ya que estos se encuentran por todo el lugar, dispersos, a veces apenas cubiertos por la dura tierra y con no pocos de ellos arrastrados por los aluviones. También nos encontramos con un camposanto bien establecido, un cementerio en toda regla, el que no sólo se ha visto afectado por las inclemencias del clima y el olvido, sino también por la acción vandálica de los saqueadores de tumbas y de los desalmados que encuentran diversión en destruir. Triste designio para los que allí yacen en su sueño eterno.

 

Vamos a la historia:

 

Nos indican los textos (que estamos revisando) que fueron los indígenas de la zona quienes relataban que en el cerro Caracoles, al interior de Sierra Gorda, la plata estaba en la superficie, y que los originarios llamados Garabito y Osario, decían conocer el lugar. El minero Díaz Gana tuvo fe en dicha leyenda y organizó una expedición a la que se unió el Barón Guillermo Arnoux de la Riviere, ciudadano francés que vivía en Cobija. El minero preparó luego una nueva expedición pero, para asegurar su éxito, trajo desde Copiapó a un cateador de fama: "El Cangalla" José Méndez. La expedición partió en marzo de 1870 y estaba formada por José Méndez, Simón Saavedra Reyes, el carretero Sagredo y José Porras. Después de mucho caminar se durmieron sobre unos cerros y el cansancio cerró sus ojos.

 

La luz del sol naciente iluminó los cerros. "El Cangalla" miró con asombro como miles de luces centelleantes, cual explosión de juegos de artificios, se desprendían de los cerros. No tuvo dudas. Entonces gritó a todo pulmón y el eco devolvió la voz: "esos cerros tienen panizos de plata". El cerro de la plata estaba así descubierto un 24 de marzo de 1870.

 

El descubrimiento de Caracoles impactó violentamente en la población de la región. La plata era un panal de rica miel para aventureros de toda índole. Hombres de empresas y hasta políticos buscaron la gran riqueza, también hubo poetas -populares- que hicieron versos elogiando a los descubridores chilenos y quedó en el tiempo esta copla.


Viene un enganche y me engancho

Y me voy pa´ caracoles

Y de allá traigo hartos soles

Pa´ remoler con los mauchos

 

 

Según nos dicen las crónicas de Francisco Solano Asta-Buruaga y Cienfuegos, escritas en 1899:

 

El mineral comprende tres grupos principales de minas, denominados de Caracoles, de Blanca Torre y de la Isla. El primero, y cuyo nombre se le dio por las amonitas o caracoles fósiles que por allí son comunes, fue también el primero descubierto en la mina, que se llamó La Deseada, el 25 de marzo de 1870, y subsecuentemente los otros. Sobre este hecho dice el prefecto de Cobija en informe del 20 de noviembre de 1873, pasado al gobierno de Bolivia: «Por los datos en el archivo de la notaría de Hacienda, aparece que varios cateadores (buscadores de minas), llevados por Don José Díaz Gana al desierto de Atacama, encontraron en una comarca desconocida y sin nombre varias vetas de plata, que fueron sucesivamente registradas en 19 de abril y 10 de mayo de 1870.»

 

Según ciertos relatos que anexamos a continuación, se exponía lo siguiente:

 

En dichos tiempos, el sub-prefecto de Atacama informaba a sus superiores que la población boliviana en el desierto era escasa (1872) y había carencia de trabajadores en la Provincia, debido a “las numerosas vetas que cada día se estaban descubriendo y cuyas adjudicaciones se están haciendo continuamente y no pueden todavía ser trabajadas por falta de brazos y de otros auxilios para el laboreo” . Demanda que fue suplida por trabajadores chilenos, encontrándose en 1875 el territorio boliviano –en el decir del Gobernador boliviano de Antofagasta– “invadidos por multitud de jornaleros y gentes mal entretenidas” que provenían de Chile. En este contexto, la irrupción de la placilla de Caracoles, 160 kilómetros desierto adentro, cambió la fisonomía poblacional de Atacama, debido a una concentración de población que en la región no tenía parangón. Allí persistió una relación porcentual semejante con la presencia de chilenos, quienes en 1873 -a juicio de un articulista boliviano- superaban “a los bolivianos desparramados en este mineral, en una proporción tal vez ni de un 10%”.

 

El impacto económico de Caracoles en la región fue de alta importancia, provocando un aumento de la población y habitaciones al que se le deben sumar las agencias de crédito, comercio, planta de destilación de agua, carretas, etc. Debido a que el flujo de los migrantes aumentó enormemente y a que desde Antofagasta se internaban a Caracoles, el gobierno boliviano decretó en 1871 la condición de Puerto Menor para la antigua caleta de La Chimba (Arce, 1997: 106). El corolario fue que la riqueza de Caracoles generó en el centro de Chile un “creciente entusiasmo”, que llevó a la Pacific Steam Navegation Company a establecer una línea desde Valparaíso a Cobija dos veces al mes (Tornero, 1872: 201).

 

En términos de distribución espacial, el mineral de Caracoles estaba conformado por una serie de explotaciones argentíferas y dos poblados: Placilla Norte y Placilla de la Isla, la primera con alrededor de 5.000 habitantes y la segunda con 4.000, aunque se ha llegado a establecer una cifra total de 20.000 habitantes (Arce, 1997: 243). Ambas formaban un conglomerado que poseía escuelas, diarios, teatro e iglesia (Bravo, 2000: 49), instituciones financiadas mayoritariamente por particulares. Es posible constatar que el patrón de ocupación del espacio fue disperso y respondió a la premura de instalarse para el beneficio de las explotaciones argentíferas, careciendo de lógica distributiva y diseño de sus calles. A partir de esto, Caracoles respondió al modelo de ocupación tardo colonial de las placillas, donde la presencia de las autoridades estatales fue escasa y la distribución se realizó a medida que los terrenos se ocupaban en las inmediaciones de las explotaciones.

 

Así se constata que el surgimiento de Caracoles tuvo una total carencia de planificación y de diseño urbano. Al respecto, André Bresson, un testigo privilegiado en el desarrollo de esta placilla escribió que en sus primeros años “todo estaba ubicado aquí o allá muy irregularmente ofreciendo el aspecto más miserable” (Bresson, 1886: 326), formada por algunas precarias casas hechas con murallas de piedra cubierta con alfombras, carpas y tolderías, carentes de orden, que resultaban de la premura por habitar el espacio, siendo las únicas casas de madera las de Díaz Gana. En 1872, Bresson indica que “como se pudo, se estableció un alineamiento en las calles siguiendo la dirección general de la quebrada” y el gobierno boliviano hizo construir una pequeña vivienda para el subprefecto. Dos años más tarde, la encontró como “una pequeña ciudad”, más ordenada y con calles simétricamente alineadas, en ángulo recto, “como se usa en las ciudades de origen español”, habiéndose convertido en una ciudad “populosa y rica” (Bresson, 1886: 326).

 

El hito que marcaría el inicio de la decadencia de Caracoles se produjo con el incendio del 8 de agosto de 1876, el que tuvo su más severo impacto en la calle de Mineros, acabando con edificios comerciales y viviendas, como describió un periódico local “pocas de las casas de comercio han restablecido su negocio, y los que vivían del producto de alquileres, hacen muy poco por restablecer sus pérdidas”. El incendio provocó un alza en los pastos para animales y en el transporte, a lo que se sumó la disminución de las minas explotadas y la caída en la producción argentífera. Obviamente, el resultado fue una merma en el número de habitantes, hasta el abandono del poblado a partir de 1878, cuando se acabaron los años de bonanza argentífera. Diferente fue el caso de las placillas que se crearon en el sector chileno del desierto de Atacama, donde la instalación de vecinos en las cercanías de las explotaciones fue regulada inmediatamente por las autoridades centrales enviando comisionados para el levantamiento de un plano que tenía como base el damero que mantenía una distribución ortogonal que buscaba la regularidad de las nuevas poblaciones, considerando la simetría y orden espacial implícito, que se entienden como sinónimos del orden social.

 

Para concluir, hemos de agregar que, en los ocho años que duró la bonanza de Caracoles, el mineral produjo 855.202 kilos de plata con valor de $ 30.053.000 de 48 peniques.

Se ha calculado que el costo total de producción ascendió en números redondos $ 18.000.000, en tanto que los empresarios hicieron una utilidad $ 13.053.000.

Para dar una idea de la magnitud de estos montos, cabe señalar que en 1871 la Casa de Moneda acuñó solo $ 659.364, que las exportaciones de artículos alimenticios en el mismo año eran de $12.302.223, en tanto que las importaciones fueron de $ 3.817.366.

El resultado de estas enormes utilidades fue el enriquecimiento rápido de aventureros y empresarios, quienes compraron fundos y construyeron fastuosas casas y palacios en Santiago, Valparaíso y Antofagasta.

 

 

Nace Caracoles y Colapsa Antofagasta

 

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/nace-caracoles-colapsa-antofagasta.html

 

La Flor del Desierto

 

https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/mc0012938.pdf

 























 

 


lunes, 17 de marzo de 2025

LA PLACILLA DE CARACOLES

Recorriendo la Placilla de Caracoles

 

En este recorrido - de Caminantes Del Desierto - no fue sacrificado ningún fósil o vestigio histórico. De igual manera, para avanzar por el lugar, había necesariamente que mirar y por esto, pido disculpas a los intrincados, por si piensan que, con nuestra vista, pudiésemos haber dañado parte del patrimonio.



 

Viene un enganche y me engancho,

y me voy pa´ Caracoles,

y de allá traigo hartos soles

pa´ remoler con los mauchos.

 

Han de saber que los inicios primigenios de Antofagasta, Peña Blanca o La Chimba, se debieron a dos hechos muy puntuales que despertaron el interés o la avidez de la gente – hablamos de connacionales y extranjeros - por acceder a estos parajes tan desolados, carentes de todo, pero con el anhelo (el sueño) de dar con la riqueza que le asegurase un grandioso porvenir, aunque según los escritos, muchos encontraron tan solo la muerte.

Hablamos del salitre de Salar del Carmen y la Plata de Caracoles y, como este último derrotero resulta ser muy desconocido y se encuentra en nuestra Región, en Antofagasta-Chile, comuna de Sierra Gorda, que mejor oportunidad para visitar dicho territorio acompañados de algunos de sus descendientes y con varias peticiones (de terceros) por encontrar en dicho lugar, el espacio en donde reposan sus antepasados, cosa muy difícil ya que ninguna de las cruces conserva nombre o marca que indique a quién yace allí, en su sueño eterno.


En Ruta:

200 km al este



Acceder a la Placilla de Caracoles nunca nos fue fácil, pero en la actualidad nos resulta cada vez más difícil y, con el tiempo, en un futuro muy cercano, podemos asegurar que será casi imposible.

Lo anteriormente expuesto, sobre el acceso, podrá resultar muy positivo en cierto sentido, ya que permitirá su conservación. Aunque la tristeza va por aquellos que valoran el caminar por estas soledades tan llenas de recuerdos.

Pues bien, existían múltiples caminos para llegar a Caracoles, aunque no todos ellos estaban bien demarcados - como se esperase –, pero en la actualidad estos caminos se han ido borrando (o han sido eliminados) y se confunden con las transitadas rutas de la gran minería.

Desde nuestra primera visita, cuando todo era desolación y silencio, hasta ahora, todo ha cambiado. Actualmente, las faenas mineras, establecidas hará no tanto tiempo atrás, se han ampliado enormemente y ya ocupan gran parte del territorio (quizás todo el territorio y no nos hemos dado cuenta de aquello).

 

La Placilla de Caracoles



En el lugar propiamente tal, Caracoles, lo primero que se percibe es el calor inclemente asociado con un viento intenso y muy cálido que, en su conjunto, nos va deshidratando lentamente.

 

Como expresó don Benjamín Vicuña Mackenna, llegamos “Al país silencioso de la muerte. Sin agua…sin rumbos, sin horizontes, sin vestigios de ninguna vida orgánica… aquella comarca (era) la imagen tenebrosa del caos”.

 

Los peligrosos filones se abren por todos los lados de nuestro camino, algunos deben tener más de 100 metros de profundidad. Grandes rajos y mojones son visibles por doquier, mudos vestigios del tiempo pretérito de la fiebre de la plata. Los improvisados refugios de tierra y roca, que albergaron a los habitantes de Caracoles, aún se mantienen en pie, como esperando a sus antiguos moradores. Forma parte del recorrido el observar a los muertos, cuyas tumbas, – cada cierto tiempo – son descubiertas por el agua de las lluvias altiplánicas, haciéndolas formar parte de las penosas comparsas en las que sus fúnebres restos van bajando al llano, dejando desparramada en su camino parte de su tétrica carga.

 

Para darnos una idea.

Fue tal la afluencia de gente que acudió al mineral de Caracoles, que en poco tiempo su población alcanzó a más de 20.000 habitantes. Un considerable número de carretas, que no bajaría de 1.500, realizaba el tráfico entre Antofagasta y el mineral. La gente vivía allí, al principio, de cualquier manera, la mayor parte en carpas de sacos; pero luego los comerciantes de mayores recursos empezaron a construir casas de madera y calaminas. Fue tal la importancia del comercio que había en el mineral, que dos años después del descubrimiento las existencias de los negocios establecidos se calculaban en más de seis millones de pesos de la época.

 

En el cementerio principal – uno de los tantos existentes - sobresale una estructura que podríamos llamar “Mausoleo” erigida en honor a los Bomberos del lugar. La historia nos refiere un hecho como parte de su fundación.




En la madrugada del 2 de agosto de 1876 estalló en la Placilla de Caracoles, un voraz incendio que, en pocos minutos, destruyó dos terceras partes del lugar, “dejando en la indigencia a gran parte de la clase trabajadora de este asiento mineral”. Esta situación generó alzamiento de peones inmediatamente, como lo informaba un administrador de minas el 12 de agosto de 1876: “se sabe que los trabajadores del grupo de La Isla se sublevaron, pero el movimiento se sofocó por el comercio, habiendo tres muertos de parte de los asaltantes”; agregaba, más tarde, que los trabajadores se habían declarado en huelga durante varios días y que la causa era que las casas de comercio habían subido el precio de todos sus artículos de una manera extraordinaria.

 

Este recorrido - fue a mi parecer – uno de los más completos que hemos realizado, ya que cumplimos todos los objetivos siendo el primero de estos, llegar al lugar, luego viene el más importante, que todos retornásemos íntegros y tercero… que lo agendado se cumpliese.

 

- Visitamos la Placilla

- Accedimos a las quebradas y quebradillas

- Recorrimos los cementerios

- Fuimos a las fosileras (una maravilla)

- Encontramos bastantes vestigios históricos que consideramos relevantes

- Volvimos a una buena hora.


¿Volveremos en alguna próxima ocasión? Y ¿qué será de este lugar?

 

Tengan la seguridad de que intentaremos volver en un futuro cercano y tenemos algo en muy en claro, nada muere mientras queden las personas e instituciones que mantengan el recuerdo y lo hagan visible a la comunidad. "Visibilizar nuestra historia", Caracoles no sólo fue yacimientos de plata, sino fue la cuna de Antofagasta, fue el origen de grandes movimientos sociales, inclusive de una idea fallida llamada Archibolia, una república independiente en el desierto del Atacama.

 

Como siempre hemos dicho. Pueden estar de acuerdo o en desacuerdo con nuestra visión, eso es cosa de hoy, el mañana será de las futuras generaciones y tal vez, reitero, tal vez, estas generaciones miren con decepción la apatía con la que hemos visto y tratado nuestra historia o, por el contrario, y como también hemos sostenido, es posible que esas futuras generaciones no sean mejores que nosotros.

 

Como corolario:

Ningún fósil sufrió daño alguno.

No hubo intrusión alguna en los sitios donde reposan los muertos (Cementerios).

Todos los vestigios históricos quedaron en el lugar.

Hay faenas mineras que ocupan el territorio. Para acceder a Caracoles (su Placilla) resulta necesario - en la actualidad – informar de la presencia de los visitantes y sus objetivos a la empresa minera que allí se encuentra; el trato es muy cordial, pero se requiere informar de la visita ya que puede resultar muy peligroso (para usted y para terceros) ingresar por los intrincados caminos sin apoyo y/o guía, ya que se cruzan con las faenas y con equipos mineros en operación. 

 

Agradecimientos fraternos a Héctor Díaz y al equipo de trabajo de la Minera (Control) por hacernos más seguro nuestro acceso a Caracoles.

 

Para saber más

(Un poco más)

 

Mineral de Caracoles (Memoria Chilena)

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-92800.html














 


viernes, 12 de enero de 2024

LA PLACILLA DE CARACOLES

El Mineral de Caracoles


Si alguien nos dijese que, desde hoy se protegerá efectivamente este sitio, más bien lo que queda de él, veríamos los rostros de los que financian y de los financiados. No somos incrédulos, pero conocemos a muertos que aún cargan adobes (y cobran por esto) y a vivos muy vivos.

Recuerden: Más sabe el diablo por nosotros que por diablo.

 

Caracoles.

 

Entre la Historia y el Olvido

Fue su descubridor, según la historia, Don José Diaz Gana junto a un pequeño grupo de cateadores (1870) y el poblamiento de estas soledades fue vertiginoso, llegando a contar con una población de sobre 20.000 almas, todas dedicadas al negocio de la plata, en donde el tiempo valía plata y el agua se pagaba con plata.

La vida productiva de este mineral fue muy breve, pero los vestigios y los muertos aún forman parte del recorrido, un recorrido que nos hace presente la simpleza, la precariedad de todos lo que aquí habitaron, en un derrotero en donde todo debía ser traído desde otros lugares y en donde la vida siempre estaba pendiendo de la fortuna.

¿El Nombre de caracoles?



Según los historiadores y cronistas consultados, el nombre deriva de la gran cantidad de caracoles marinos fósiles que se encuentran enquistados en la roca y dispersos por el lugar, hablamos de una especie conocida (por su gran número) como Amonites y los tamaños van desde unos pocos centímetros hasta unos individuos enormes que son los más buscados, aunque su extracción y venta están prohibidos en nuestro país.

Dice la Historia

La voz de la plata se oyó en todos los corazones aventureros: millares de hombres de minas, comerciantes, mujeres y trabajadores inundaron Caracoles. Fueron muchos los pedimentos, muchas las minas. Los senos de la tierra no se cansaban jamás de dar plata. El roto de Chile acudió el primero; no le arredraba el desierto sin agua, quemante en el día, helado en la noche; él reía y cantaba. Los poetas populares hicieron versos elogiando a los descubridores chilenos y surgió una copla:

 

"Viene un enganche y me engancho,

y me voy pa. Caracoles;

y de allí 'traigo hartos soles.

pa' remoler con los Mauchos."









Se vio de nuevo la avidez de California y Chañarcillo. La voz de la fortuna es cosa de encanto: es dolor, duda, temor y acumulaciones de deseos. ¿La muerte? ¿Qué significa la muerte, si al margen de ella se puede encontrar la fortuna?

Para llegar a Caracoles, a 180 kilómetros de la costa, había que entrar por Cobija, hoy ciudad muerta; la distancia aparente es corta; pero la ruta, espantosa. Y he aquí cómo Caracoles determinó la creación de Antofagasta, mísera aldea sin porvenir antes de ese descubrimiento.

Dos hombres animosos, Don Francisco Bascuñán y don Justo Peña, fueron a Caracoles, descubrieron minas y resolvieron lanzarse al desierto en busca de una ruta más corta. Fuerte era la aventura, pero la intentaron. Bajaron la serranía y tomaron un cauce muerto, o tal vez una quebrada, y al cabo de unas peripecias trágicas se encontraron en La Chimba, que después fue Antofagasta, el hogar y la esperanza del Chango López.

Corto, relativamente, resultó. el camino: los aventureros y los hombres de empresa lo aceptaron; perdió cobija su prestigio y en la tierra del Chango sin tierra, Juan López surgió un poblado que, en muy poco tiempo, sería el floreciente puerto de Antofagasta, con prensa, iglesia, bomberos, escuelas, teatros, industrias, etc.

Debió fundarse corno aldea en 1868. Es interesante anotar que los tratadistas están en desacuerdo con la fecha de la efectiva fundación de la aldea de Antofagasta y también del puerto.

El factor más importante en la fundación de Antofagasta fue sin duda el descubrimiento del camino que acortaba la distancia entre la costa y el mineral de Caracoles: pero nadie presintió lo que llegaría a ser.

Si se considera que en Caracoles la población alcanzó a 20.000 habitantes, que sumados a los del salitre formaron una gran cantidad, y que Antofagasta era una ciudad llena de comercio, debernos admitir que esa gente Invadiría al puerto en busca de esparcimiento. Le era necesario separarse del desierto demoledor, En Antofagasta lo encontraría todo, desde las cosas más apremiantes, hasta el vino y el amor. Por lógica la ciudad debió ser el más resonante sitio de riqueza y vicio.

Con el descubrimiento de los minerales de Caracoles y Huanchaca, que alzaron sus altos hornos en Antofagasta, que derramaban un río de metal precioso sobre la dudad, vino La edad fantástica, increíble, de la población: envueltos en el brillo del oro, formaron allí su aquelarre los siete pecados capitales.

El dinero se ganaba a manos Llenas. En verdad, costaba esfuerzo. pero ¿Qué podía importarte al estupendo roto el esfuerzo? Los establecimientos de Huanchaca, Templemann y Caracoles reunían, como se ha dicho, muchos obreros que ganaban mucho dinero y vivían la peor de las vidas. Derrochaban sus ganancias y su salud: estaban desatendidos por las autoridades y eran diezmados por los caciques políticos sin más perspectiva que enriquecer a los ricos y jugar sus vidas con los dados de la muerte.

La ciudad, en aquel tiempo, semejaba una mancha de sombra Junto a la claridad del océano; parecía un gran pulpo succionador de vidas. Poseía muchas calles, donde vivía la gente de trabajo y los maestros; pero había una nombrada Nuevo Mundo donde medraban las casas de amor, frente a cuyos portales brillaban los más fantásticos faroles.

En toda su extensión reinaban las canciones y las cuecas --- entonces, zamacuecas -- y en todos los sitios la razón suprema era la embriaguez. con su cortejo temible de incoherencias. Los rotos aparecían con los bolsillos rebosantes de monedas, que arrojaban a la calle, como quien dispara pedruscos.

El más insignificante pedía cien vasos de ponche. El amor iba con el que poseyera más fuerzas o mejor supiera esgrimir el corvo, ese mismo corvo que hiciera célebres a los soldados del Batallón Atacama formado por mineros.

Hubo pecadoras célebres. Se dice de una que, sorprendida en Santiago buscando esclavas blancas, y a la que, para dejarla en libertad, le exigieron como garantía una crecida suma que no llevaba encima, dejo en prenda sus joyas, avaluadas por la autoridad en 500.000 pesos de aquella moneda en peniques. Ese medio millón representaba, proporcionalmente, trozos de vida del pueblo de Chile, tan sufrido y tan desorientado.

También las calles 12 de febrero y Angamos. Hoy Manuel Antonio Matta-- lucían esa especie de negocios.

Y había uno más, un tanto oculto disimulado, que llegó a ser el punto de reunión de toda la ciudad, sin distinción de clases. Llamábase Las Delicias del Canario. Atraía, probablemente, ese nombre, por parecer arrancado de algún relato de piratería. Un día, alguien escribirá la novela de aventuras de Antofagasta y hará una obra de gran palpitación.

 

Es así.

Los viejos, sentados a la orilla del mar, queman sus cigarrillos y piensan en las macabras caravanas vestidas de seda, del pecado tan fascinantes y tan. fugaz. Se estremecen todavía al recordar a las maravillosas mujeres, venidas desde todos los rincones del mundo, a Antofagasta, a cambiar pecados por oro, a confundir lágrimas con risas, y placer, con muerte.

                                                                                                                                     A. A. H.

Antonio Acevedo Hernández

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3299.html

 

 

Lo que viene para este lugar.

 

Llegar a Caracoles cada vez se nos hace más difícil por la gran cantidad de mineras y proyectos cupríferos asentados en el sector. La extensión - de las faenas - va alterando los caminos y no resulta para nada fácil el acceso. De igual manera, estos actuales derroteros van abarcando más territorio y no nos sorprendería que en algún momento lleguen al sector histórico de la Plata, la Placilla de Caracoles y haga desaparecer gran parte de los vestigios que tan a mal traer se conservan.





Conversando entre los asistentes y viendo el interés, el nulo interés de la población y de las instituciones encargadas en preservar, se entendería que este enclave desapareciese con el tiempo y su existencia solo quede plasmada en los libros de historia. Nos podrán decir – desde las mineras citadas y los senescales de siempre - que eso no ocurrirá, como nos decían hasta hace poco tiempo atrás que solo ocupaban agua de mar desalinizada, pero ya están realizando prospecciones en las cercanías de la Placilla y también vimos intervenciones en los accesos. Más, nunca hemos visto intención y/o interés en proteger, por tanto, que sea lo que deba ser.

 

Quizás, la camioneta que nos siguió por todo el trayecto y todo el tiempo que estuvimos ahí, no solo estaba para verificar que no éramos ladrones de cobre.

 

Agradecimientos a todos los que asistieron a este recorrido y colaboraron con imágenes, especialmente a Don Sergio Cuellar.