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miércoles, 18 de junio de 2025

UN MILLÓN DOSCIENTOS

 Un Millón Doscientos

(En una sola dosis para el caballero)


Por más que busquemos sentir lo que sintieron y vivieron los verdaderos protagonistas de esta historia, los que realmente habitaron la pampa en los tiempos del salitre, no lo conseguiremos. Ya sea por la época o por las costumbres. Hablamos de tiempos distintos, es decir, principios o mediados del 1900. Son hartos los años que nos distancian. Por tanto, por donde fuésemos o recorriésemos, no seremos más que visitantes.

En resumen. Una cosa es vivirla y otra muy distinta, el tan solo imaginarla.

 

Por lo anterior, nos dice Don Rodrigo Castillo Tapia, el señor bichólogo.

 

Para quienes hemos visitado las antiguas salitreras de nuestro desierto, y en especial sus cementerios, no resulta ajeno el conocimiento de la alta mortalidad que en ellas había. Mortalidad que afectaba a toda la población, pero quizá si especialmente a los niños.

Esto se debía no sólo a las –a veces- deplorables condiciones de vida, sino a que la medicina no había llegado aún a niveles de conocimiento que hoy consideraríamos bastante básicos. Para 1920, por ejemplo, ni siquiera se había logrado todavía producir la Penicilina, ese antibiótico que hoy nos parece tan común, y enfermedades como el cólera, la viruela y el tifus hacían estragos, aunque ninguna alcanzaba el nivel de la tuberculosis, causante del 85% de los enfermos.

Tampoco se prestaban buenos servicios médicos, y muchas veces ni siquiera malos, existiendo un médico para 4 o 5 oficinas salitreras, que no atendía sino uno o dos días en cada una de ellas, pudiendo llegar a tener bajo su dependencia hasta 500 obreros. Además de sus familias, obviamente.

No sólo no existía un buen suministro de medicamentos, sino que además éstos distaban mucho de ser efectivos, en especial los que los médicos entregaban como parte del servicio, debiendo los trabajadores comprar en las pulperías algo de mayor calidad, aunque no necesariamente más útil, para el tratamiento de las enfermedades que sufrían.

La aparición de mejores medicamentos, a mediados del siglo pasado, permitió mejorar un poco esta situación. La masificación del uso de la Penicilina, de la que Chile fue pionero en la producción instalando su propio laboratorio nacional ya en 1945 (sólo un par de años después de haberse logrado una cepa eficiente en los E.U.A.) y con insumos y recursos propios, evitando así la dependencia de los grandes laboratorios productores (Pfizer Inc., Merck & Co. y Squibb and Sons), lo que fue de gran ayuda para el tratamiento de enfermedades infecciosas y heridas, así como de los efectos de las enfermedades venéreas, otro de los flagelos que afectaban a la población de las salitreras.

 

Hemos de tener presente:

“En las salitreras, a principios del siglo XX, las enfermedades de transmisión sexual no eran el problema principal, sino enfermedades como el tifus, la viruela, la tisis pulmonar y el cólera, debido a las malas condiciones de higiene y vivienda. Sin embargo, la prostitución, que existía en las oficinas salitreras, era un factor de riesgo para la transmisión de enfermedades, incluyendo las venéreas”

 

Las imágenes nos muestran antiguas ampollas de Penicilina (usadas) que se encontraron dispersas por una ex oficina salitrera.

 

Para complementar la lectura:

 

La historia de la Penicilina y de su fabricación en Chile

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182006000200012

 

Representaciones de la Trabajadora Sexual Salitrera en la Literatura e Historia Chilena: Contribuciones al Estudio del Trabajo Sexual Pampino del Norte de Chile.

file:///C:/Users/Usuariopb/Downloads/16.+Representaciones+de+la+Trabajadora+Sexual+Salitrera+en+la+Literatura+e+Historia+Chilena.+Contribuciones+al+Estudio+del+Trabajo+Sexual+Pampino+del+Norte+de+Chile+correcci%C3%B3n+final.pdf

 




lunes, 5 de febrero de 2024

EL CANTÓN "TOCO"

 EL TOCO

En torno al pueblo giran, además del obrero pampino en sus días libres, bebiendo, jugando en el garito y abrazando a una mujer; el comercio de poca monta; los cateadores que pretenden descubrir algún rincón todavía no explotado; los funcionarios menores del gobierno central; una policía siempre insuficiente para el desborde que la bebida y el juego provocaban; el amparo para aquellos que llegaban “enganchados” desde el centro y sur del país y no encontraban trabajo y, amparo también para esos otros pampinos que participaban en las primeras organizaciones de trabajadores y habían sido despedidos sin más. El pueblo con sus calles de nombres que recordaban efemérides de una nación chilena en formación, fue el refugio de aquellos y aquellas que buscaban su lugar en la pampa salitrera de El Toco.

(Sobre el Habitar la Pampa del Toco 1890-1920)

 

Para nosotros, los Caminantes del Desierto, institución – personas - que procuran buscar y transmitir algo más, es decir: La historia – el pasado geológico – de muchos de los lugares que visitamos, no solo el de la gente que ocupa o llegó a ocupar dichos espacios que en más de las veces nos resultan lejanos y extremos, de sus antiguos habitantes (complejos y/o culturas), la flora, la fauna y muchos otros aspectos que llaman o pueden llamar la atención del visitante.

Ruinas de Estación El Toco

Una deuda con el ayer

El día de ayer, domingo 04 de febrero del año 2024, nos fuimos a conocer, recorrer, admirar, y embebernos de historia por el antiguo Cantón Salitrero Toco o “El Toco”, aquel cantón que nos resulta tan desconocido, inclusive para los nortinos, y que se encuentra inmerso y disperso en la extensa Pampa Negra, muy cercano al curso del río Loa (en su trayecto intermedio por el desierto).

Sus vestigios aún nos resultan visibles desde la carretera, los trayectos que debemos hacer nos pueden parecer interminables, especialmente por las altas temperaturas, pero el estar ahí, en esta maravillosa aula de historia contemporánea, bien vale la pena, tanto por el esfuerzo y por las vicisitudes.

Para muchos, el tema del salitre guarda directa relación con algunos temas muy acotados, ideas que se van reiterando de manera habitual – la explotación, las carencias, la miseria - y que no permiten otros conceptos. Más, independiente de la gran riqueza que brindó a los inversionistas y sus naciones, es decir, a los que pusieron los capitales para la explotación de estas riquezas (en su gran mayoría extranjeros) y todo lo que generó como impuestos a la economía nacional, estos espacios se levantaron desde la nada, todo lo que vemos (en su gran mayoría) es foráneo (salvo los muros) y todo se produjo en algún sitio lejano y se trajo (ya sea en barco, en tren, a lomo de burro o de mula) para habilitar la precaria ocupación humana del sector.


En visita al Cantón Toco.

 

La historia dice así:

La zona del Toco comenzó a ser ocupada, para la explotación del salitre, a principios de la década de 1860, ya que es posible encontrar inscripción de pertenencias en los años 1862 y 1863. Estas inscripciones vendrían a demostrar que algún tipo de actividad de extracción o sondeo debe haber existido para esa fecha. Fue así como el Gobierno peruano a través de Juan Gilberto Meiggs logra hacerse de la mayor parte de los terrenos salitrales entre los años 1876 y 1877, momento en que se menciona la existencia de numerosos particulares teniendo propiedades en la zona.

En una segunda etapa, en que Chile toma posesión del territorio del Toco, comienza a darse una ocupación más acelerada a través de personas que reclaman territorios para sí, otros que buscan lugares que aún no han sido inscritos y también el mismo Estado que se transforma en uno de los propietarios y vigilantes más importantes de la zona. La presencia estatal se relaciona –entre otros objetivos– con la necesidad de cuidar las pertenencias que pasaron a manos chilenas para que no sean exploradas, cateadas y explotadas por particulares que, para la década de 1890, ya conocían de la riqueza salitral que éstos poseen. Durante esta etapa, se asientan oficinas como Buena Esperanza, Iberia de Sáez o Santa Isabel, Peregrina, Santa Fe o Empresa por nombrar algunas, las que progresivamente comenzarán a entrar en una producción más formal según los datos que presenta mes a mes la Delegación Fiscal de Salitreras para Tocopilla.


De ahí en adelante, la ocupación se irá dando a medida que existan necesidades específicas por parte del Estado chileno, algunos particulares que necesitan mantener presencia y actividad en la zona o bien, por peritos judiciales que deben resolver alguno de los numerosos juicios existentes en el Cantón. Esta trashumancia por el sector del Toco será una constante desde 1890 en adelante según los oficios y decretos ministeriales de la época, que ordenan mantener constante vigilancia en la zona, para lo cual se asignan recursos humanos y económicos. Las oficinas por su parte, deben estar constantemente realizando trabajos de exploración, de marcación y explotación en los terrenos que tienen inscritos bajo su nombre y que muchas veces están bastante alejados del perímetro formal de la oficina. Muestra de ello es el plano elaborado por el Ministerio de Hacienda en 1896 con todos los detalles en cuanto a pertenencias y deslindes existentes en El Toco.

 

Nuestro Viaje.

Partimos muy temprano desde la ciudad de Antofagasta con la tarea y expectativa de llegar hasta el -para nosotros- gigante del desierto, es decir al gran Tranque Sloman, estructura que se ubica en una parte específica del Cañón del Río Loa. Este coloso del desierto da pie a un gran embalse, cuyas instalaciones –aunque ya deterioradas, saqueadas, destruidas y vandalizadas - nos permiten todavía visualizar el gran auge del salitre a fines de los 1800 y principios del 1900, auge que permitió la construcción de esta importante hidroeléctrica y de su homónima, algo más pequeña, el Tranque Santa Fe.

En sus remansos podemos encontrarnos con una variada avifauna, muy propia de estos espacios, de igual manera, los bosquecillos de Tamarugos y de algarrobos (en mayor número) nos invitan al descanso y a capear las altas temperaturas que prevalecen por esta parte del desierto.

En el recorrido hicimos algunas paradas que consideramos importantes, no todo fueron salitreras. Enumeramos a la Ex estación Toco (en ruinas) un cementerio abandonado de alguna de las oficinas e hicimos mención a la instalación de un pequeño asentamiento, que llegó a contar con cerca de 5.000 almas, que llevó el nombre de Toco. Por estos espacios, totalmente independientes de la administración de oficina alguna, se instalaba el comercio, los garitos, las cantinas y la población de paso. Hoy en día de este lugar (Toco), que tuvo plaza y calles con nombre, no queda nada. El día que las oficinas pararon, la gente desarmó sus ranchas y vendió palos y calaminas en el lugar o simplemente se las llevaron. Pensar que no hay una sola fotografía (o no hemos encontrado alguna) que nos muestre este poblado en su esplendor (que sí lo tuvo) es algo triste, para quienes nos interesamos en nuestra historia.


Avanzando por el medio del desierto, las tortas – los ripios – denotan la existencia de una faena salitrera y en cada una de aquellas tortas, asoma un antiguo poblado salitrero ya en ruinas. De igual manera, cada cierto trecho vamos agregando a la agenda de viaje nuevos derroteros, ya sean ex estaciones de ferrocarriles, cementerios abandonados, estructuras solitarias que deben haber cumplido una misión, especialmente los sectores de Bombas, en donde se extraía el agua (del río) para los procesos industriales de cada una de las oficinas.

 

Sigue la Historia:

Durante el desarrollo de la guerra del salitre (1879-1884) muchas pertenencias salitreras cayeron en la figura del despueble, producto del abandono de éstas ante el miedo y desabastecimiento que producía la guerra. A pesar de ello, fue fundamental la mensura que se hubiese hecho con anterioridad de los deslindes y las estacas inscritas. Luego de la guerra, el Estado chileno progresivamente va instalando funcionarios y personal para el resguardo de la zona salitrera del Toco, iniciando así un proceso de chilenización del territorio. Aparecerán los servicios de vigilancia destinando guardianes y serenos, para resguardar los terrenos que no eran de particulares y que, por ende, pertenecían por derecho bélico al Estado chileno.

A partir de 1910 se hace cada vez más notoria la presencia y preocupación del Estado, así en oficio dirigido al Ministro de Hacienda en el mismo año, se explican los planes que se tienen por parte de éste para llevar a cabo exploraciones generales en los terrenos salitrales. El escrito detalla minuciosamente las formas de reconocimiento y cateos que se hicieron en la “Pampa Salitrera Fiscal”. Este plan general consistía en: reconocer toda la región que se tiene por salitrera, abriendo dieciséis catas en cada kilómetro cuadrado de terreno que, por su ubicación, aspecto exterior y demás circunstancias que enseña la experiencia, se presuma que pueden contener caliche. La inspección (necesariamente previa de los lugares) llegaría hasta la costa y hasta la región andina; pero no se establecerían trabajos de sondaje sino donde se presentarán indicios, aunque fueran remotos, de poder encontrar caliche (ARNAD Ministerio de Hacienda vol. 3826, 25/11/ 1910, pieza 1).

 

En Viaje:

Luego de recorrer el Tranque Sloman en su totalidad, con las dependencias incluidas (lo que va quedando) y haciendo mención que dicho recorrido es muy grato, pero muy peligroso especialmente por el estado de las estructuras, nos devolvemos unos pocos kilómetros y nos internamos en dirección al Tranque Santa Fe. Al llegar nos recibe una antigua arboleda de Algarrobos, árboles que brindan sombra y brindan cobijo a una gran cantidad de lagartos del género Microlophus (Corredor de Pica), nos dirigimos por una vereda del Loa al antiguo tranque con sus dependencias incluidas. Lo que servía al sapiens-sapiens e inclusive, lo que no le servía en su diario vivir, se lo llevaron. A pesar de aquello, el lugar impresiona y nos hace pensar cuánto se puede esforzar el humano y el capital por civilizar un espacio, por domar un territorio agreste con tal de obtener sus riquezas.

Apenas un breve tiempo y volvemos al camino, vemos unos geoglifos que sólo son visibles desde el camino secundario, pero bajarse en aquel sitio, caminar la distancia para poder verlos es demasiado sacrificio ya a esta hora de la tarde. Volvemos al Puente Teresa.












La Historia.

Nos dice el relato que, si abrimos este mismo espacio en tiempos históricos, y nos adentramos en la pampa, apreciamos que más allá de las oficinas salitreras, existe también un infinito que no es vacío. Aquella continuidad no sólo está marcada por la presencia de una línea de 88 Km. de extensión, inaugurada en 1890. Aquella era la línea del Ferrocarril Tocopilla-Toco, que unía aquel puerto y el interior de la pampa. La empresa que efectuó aquella obra fue la Compañía Anglo Chilean, propietaria de las salitreras del Toco compuestas por las oficinas Gruta (o Grutas), Peregrina, Santa Isabel, y campamentos Candelaria y Santa Ana. La extensión de la línea fue, inicialmente, de 88 kilómetros, “de los cuales 27 van por los cerros y 61 por las pampas” (Espinoza 1903: 110). Desde 1890 el cantón El Toco, geográficamente, comprendía el Llano de la Paciencia por el sur, la Pampa del Miraje al centro, y la Pampa Negra por el norte, quedando limitado al oriente por el río Loa.

La zona de Pampa Negra “constituyó la parte más importante del área, ya que incluyó las oficinas Iberia, Gruta, Prosperidad, Rica Aventura, Buena Esperanza, Empresa y Toco […]” (Garcés 1999: 67). Aquella región salitral estaba conformada por tres secciones: La primera, la de la costa o sea las pampas colocadas en el faldeo del cordón de la costa; la segunda, la del Loa, o sea, las salitreras situadas en el margen poniente de ese río; y la tercera, comprende los terrenos ubicados al oriente de su curso (Espinoza 1903: 10).

Las explotaciones se iniciarán de modo sistemático a partir de 1890 y bajo la red de una serie de oficinas, la producción de salitre tendrá como destino de embarque el puerto de Tocopilla.

Para la extracción y elaboración se emplearon un promedio de 800 trabajadores por oficina, lo que, sumado a sus familias y personal de la administración en cada una de ellas, nos arroja un número cercano a las 10.000 personas en los años de mayor actividad viviendo en este cantón. En cuanto al abastecimiento de la población, las fuentes indican que “las salitreras del Toco eran abastecidas normalmente por el puerto de Tocopilla, pero las verduras eran traídas desde los pueblos del interior como: Quillagua, Calama, Chiu-Chiu, Huatacondo, Pica y Matilla” (Díaz 2005: 314).

Son las propias oficinas las que cuentan con una pulpería, donde los pampinos se surtían de harina, porotos, papas, fideos, arroz, azúcar granulada, cerveza, conservas, carne, carbón, té y café. Pero, el cantón El Toco no era una red compuesta por oficinas salitreras, líneas de ferrocarril, y caminos que permitían el tránsito. Estudios arqueológicos efectuados en la pampa del Toco han propuesto, desde la arqueología histórica, la existencia de una serie de asentamientos salitreros que, situados a una cierta distancia de las oficinas, están relacionados con éstas de un modo directo y/o complementario. Los autores comprometidos en esta propuesta han establecido la existencia de fraguas, cocinas comedor-fragua y campamentos, entre otros, emplazados fuera de las oficinas salitreras del cantón del Toco. Esos emplazamientos de “extramuros” del Toco no sólo fueron definidos en razón de su funcionalidad, sino que también en cuanto a su cualidad o no de transitoriedad y precariedad. Las fraguas habrían sido emplazamientos vinculados a la exploración de la pampa y a la reparación o mantención de las herramientas asociadas a esa actividad. En los emplazamientos denominados como campamentos se apreciaron distintas instalaciones asociadas, tales como fogones, dormitorios, comedores, corrales para animales e instalaciones que habrían funcionado como bodegas (Rees et. al. 2007).

Puente Teresa, ahí está.

Mientras el camino al Tranque Sloman y Tranque Santa Fe están en excelente estado ya que fueron reparados hará muy poco tiempo atrás, parte del Camino que nos lleva al puente Teresa ya tiene daños y no crean que se trata por la gran cantidad de personas que transitan dicho camino, más bien, este camino se bifurca. Un tramo nos lleva al puente y otro tramo, el de la izquierda, nos lleva a un antiguo paso que cruza el río Loa, el Paso del Toco, al que actualmente (en conciencia por decirlo) se le denomina el Paso del Contrabando, especialmente de vehículos.

Al costado derecho del trayecto nos encontramos con los vestigios, con los últimos restos de lo que fue la estación Teresa, estación del ferrocarril que dio nombre al puente, cuyo ramal nos conduce a Pampa Joya.

La arboleda que se ubica a un costado de la imponente estructura – en la altura – es maravillosa, refrescante y nos invita al descanso. Tal vez, se trate de la antigua zona de recreación de Empleados y administrativos de las ex oficinas salitreras, nombrado en el álbum de la zona norte de principios de los 1900.









Dice la Historia:

Una primera aproximación a las singularidades de ese habitar permite detectar que aquellos emplazamientos tienen una historicidad articulada en torno al esfuerzo de hacer productiva la pampa. Es por ello que sugerimos que aquellos emplazamientos cumplen con la metáfora épica del habitar un espacio extremo.

Desde esta perspectiva, permite determinar que en la pampa de El Toco se registraron dos momentos relativos a los trabajos de infraestructura, asociados al esfuerzo de hacer producir la pampa.

El primer momento lo podemos inscribir entorno a la década de 1890, dónde se realizan los trabajos del Ferrocarril Toco-Tocopilla y la captación de aguas del río Loa, cercano al pueblo del Toco y de las oficinas Santa Isabel y Peregrina.

El segundo momento se puede inscribir en torno a la década de 1910, en la que se realizan las obras de construcción del Ferrocarril Longitudinal Norte, la red telegráfica y de teléfonos, y el tranque Sloman.

Entre los territorios ocupados por las oficinas, y las estaciones de ferrocarril, se formaron reducidos asentamientos cuya funcionalidad estaba dada por un sinnúmero de tareas relacionadas con la actividad de extracción y acarreo del nitrato. Hablamos de aquellas labores asociadas con la actividad salitrera pero que se realizaba fuera de los márgenes de las oficinas como tales.

Sabemos que dentro del ciclo salitrero surgen otros oficios tales como; mantención de los caminos; mensura y cateo de terrenos salitrales; instalación y construcción de una infraestructura que permitía transformar a la pampa en productiva; ferrocarriles; tendido eléctrico y telegráfico; ductos para el agua, etc. Todo el trabajo asociado, tanto a la construcción de esa infraestructura como al mantenimiento de la misma y de las herramientas que en ellas se utilizaban, nos explicaría la existencia de estos “otros” espacios.

 

EL PUEBLO PAMPINO

La región salitrera del Toco, al igual que sus vecinos tarapaqueños, no escapó a la creación de poblados a pesar de la enconada negativa de los salitreros para que éstos se formaran. Las razones del rechazo, de acuerdo a las fuentes consultadas, se relaciona siempre con la convicción de que en estos lugares el vicio, principalmente el alcohol y el juego, transformaban al pampino en un trabajador descuidado, lento y, en no pocas ocasiones, se vinculaba al pueblo con el lugar donde recibían la influencia nefasta de los agitadores. Por su parte, los pequeños comerciantes, los parlamentarios, los que buscaban trabajo y algunos funcionarios del gobierno central, sostendrán una dura batalla para conseguir que este pueblo se instalara, más aún, que se reconociese su existencia, toda vez que los datos encontrados permiten afirmar que este pueblo ya existía antes de su creación “oficial”.

Ahora bien, cuando se habla de la instalación de un pueblo nos referimos, en un primer momento, a que simplemente algún representante de los municipios o del gobierno autorizó a los particulares para ocupar determinado número de metros de terreno. Cuando el salitre vino a menos, los ocupantes desarmaron sus casas – todas de madera–, se llevaron los palos o los vendieron en el mismo sitio.

Los pueblos desaparecieron como nacieron (Cobo 1971: 15). El autor citado, refiere la creación “tipo” de los pueblos pampinos, algunas calles polvorientas, casas de madera y calamina, por cierto, el infaltable burdel y su cantina. Sin embargo, nos encontramos, en este caso, con una situación bien diferente. La documentación demuestra que hubo una ocupación con ciertos mínimos conceptos urbanísticos, es decir: plaza central, calles delineadas y con nombres de próceres, ubicación de matadero, hospital y recinto policial. Estamos pues en presencia de un pueblo pampino, con todo lo que se asocia a este término, pero a la vez con una preocupación por la ocupación espacial singular en la zona del salitre. Lo anterior, por cierto, no significó que éste pudiese perdurar en el tiempo, al igual que los otros pueblos del salitre, una vez producida la crisis del mismo, desaparecen dejando tenues huellas de su existencia.

 

En la ruta:

El reloj nos indica que llegó la hora de volver y aún nos resta por visitar el camposanto de Rica-Aventura. Vamos con la convicción que encontraremos lo mismo que en todos los cementerios del desierto. Desolación, saqueos y exhumaciones. Error. Hay saqueo, pero es mínimo. El cementerio es hermoso a pesar de su precariedad. Las manos de mujeres anónimas se han encargado de engalanar las tumbas y cruces con flores de hojalata y aún es posible el advertir los nombres de muchos de lo que aquí yacen eternamente. Muchos son niños y, sorpresa, encontramos a varios extranjeros. Las pestes no respetaron edades ni tampoco nacionalidades.

Nos deben llamar desde el pórtico de entrada, es hora de volver.

Nos faltó tanto por ver, recorrer y conocer.






Aún nos queda una respuesta por dar:

¿Cuándo paralizó este cantón?

Las oficinas no cerraron todas al unísono, algunas de ellas (la gran mayoría) cerraron durante la crisis de los años ´30 manteniéndose unas cuantas. Ha mediados de la década de 1950, especialmente Rica Aventura en 1956, cerró definitivamente.

Las últimas salitreras apagaron sus hornos y la gente tuvo que buscar su destino. Algunos bajaron a las grandes urbes, otros siguieron laborando en las oficinas salitreras que aún permanecían activas en Pampa Miraje y Llano de la Paciencia y otros volvieron a sus tierras de origen.

La historia del Cantón Toco llegó a su fin.

 

Anexo:

 

Las principales Oficinas de este Cantón fueron las siguientes en distintas épocas y diversos propietarios:

Of. Bellavista, Of. Buena Esperanza, Of. California, Of. Candelaria, Of. Casualidad, Of. Diana, Of. Duendes, Of. Emilia, Of. Empresa, Of. Eufemia, Of. Eugenia, Of. Flor de Licancabúr, Of. Grutas, Of. Iberia de Sáez, Of. Iberia, Of. Lealtad, Of. Leonor, Of. Peregrina, Of. Porvenir, Of. Prosperidad, Of. Puntilla, Of. Rica Aventura, Of. San Andrés, Of. Santa Ana, Of. Santa Fe, Of. Santa Isabel, Of. Virginia, entre otras.

Este cantón estuvo caracterizado técnicamente a través del llamado Sistema Shanks, el cual vino a superar al llamado Sistema de Paradas.

El Sistema Shanks: surgió en la década de 1870. En ese procedimiento, el caliche era triturado con máquinas chancadoras. Luego, pasaba a los estanques de lixiviación, con aguas de altas temperaturas, con el fin de obtener un salitre de mejor calidad y menos impurezas. Seguidamente, el producto se colocaba en bateas por varios días para que se enfriara y se cristalizara. Terminada la operación, se procedía al llenado de sacos y al transporte a los puertos de embarque. Este procedimiento aumentó la producción salitrera, aprovechó el nitrato de menor ley y redujo los costos de producción.

 

Para saber mucho más. Un excelente trabajo.

 

Sobre el habitar la Pampa del Toco (1890-1920)

file:///C:/Users/Usuariopb/Desktop/TOCO/337930338007.pdf

 

Tranque Sloman. El ocaso del Coloso.

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/el-tranque-sloman.html

 

El Tranque Olvidado. El Santa Fe.

https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/el-tranque-olvidado.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 2 de febrero de 2024

EL TREN. UNA OBRA MÁS DEL MALULO

 

Todas las generaciones han tenido que vivir su preciado momento de asombro. Los de mayor edad – los eméritos - con la férrea y consabida resistencia a los cambios mientras que los más jóvenes, siempre dispuestos a aceptar estos, plegándose jubilosos a los adelantos, comprendiendo los beneficios.

Imagen del Ferrocarril de Taltal, gentileza del Sr. Pedro Mercado.


Ahora bien, la historia nos dice que el hombre comenzó a vencer las distancias con el simple acto de caminar. Aquello de subirse al lomo de un animal no fue tarea fácil, los cuadrúpedos eran usados (en sus inicios) sólo para el trabajo y la carga, y hubo de pasar mucho tiempo antes de que llegaran a servir de transporte para el hombre.

El navegar, algo que también acompaña al hombre desde tiempos inmemoriales, llevaba implícito un gran número de vicisitudes y de inimaginables peligros, algunos de los cuales siguen plenamente vigentes.

Aquello de volar, finalmente, no estaba en el consciente de la gente (salvo en las ideas de unos cuantos, adelantados a sus tiempos) y tardó mucho tiempo en llegar a materializarse, pero en el transporte terrestre el desarrollo fue más continuo. Del uso de animales para carga se pasó a la tracción animal, y de ésta al vapor como fuerza motriz. Con el vapor llegó el tren, en los inicios de la revolución industrial. El tren, una maquinaria que sobrepasaba a cualquiera otra de la época, y que impresionaba profundamente a la gente. Por esto, cuando asomó el tren por primera vez en nuestro país, estas enormes bestias de metal, escupidoras de humo, causaron más de algún estropicio y pánico entre la población.

En nuestro norte, el arribo e instalación de la población fue relativamente tardía y la llegada del tren, ya conocido a nivel nacional, fue casi simultáneo. Mas, era totalmente desconocido e inimaginable para las poblaciones locales, algunas de las cuales que no conocían ni el mar, y tuvieron que enfrentarse por primera vez a una locomotora. Ciertamente era de esperarse que, de acuerdo a las creencias de esos tiempos, aquellos lejanos tiempos en que se pensaba que todo lo extraordinario e inexplicable, todo lo nuevo, era obra del malulo, la gente creyese que el tren, esa maquinaria humeante alimentada por el fuego, era su última creación, destinada a causar calamidades entre los vivos.

Imagen del Ferrocarril de Taltal, gentileza del Sr. Pedro Mercado.


BIOGRAFIA DEL TREN

De Don Andrés Sabella Gálvez

 

En la “Cantina”, flotaba un sabor a sangre entre los platos. desgracia del tren rayaba de luto la mirada de los obreros:

-         ¡Mierda debería volvérsele el pan a ese bestia del maquinista! Mandíbulas de piedra tibia.

Una viejecilla mascaba, cuidadosamente, atisbando en su derredor, como si esperara a alguien. Y en verdad que esperaba a alguien: a sus perdidas remembranzas. Pronto llegaron y la viejecilla empezó a conversar con un tono de guitarra oscura. La escuchaban los obreros y un solo ruido de cucharas sinfonizaba su charla:

-El tren es obra del Malo, m’hijitos . . . El Malo anda metido en su barriga. ¿No ven cómo corre, cómo escupe fuego, cómo huele a no sé qué cochinada? Los trenes de hoy son menos criminales que los de mi juventud:

¡i están bautizados!

El primer tren era “moro” y el Malo lo guiaba como un loco, para que los cristianos se mataran, a montones. ¡Ay, las desgracias que nos daba el tren! Un curita arregló Ia cuestión y se propuso bautizarlo. Juntó a dos señoras y a dos generales para padrinos y una tarde que lo pilló tranquilito, le echó agua bendita con un hisopo grandazo...

iEstaba bautizado! Le pusieron Santiago:

“Santiago se llama el tren

porque corre muy ligero,

porque mató a un caballero

luego que empezó a correr...”

- ¡Güeno la agüela memoriona! -subraya una chiquilla que se ha quedado con los platos en el aire, durante el relato.

-Es cosa de Dios, mi linda...

Un tajazo de viento salta por la ventana. La viejecilla quiere desembuchar todo lo que recuerda a propósito del tren:

-Cuando apareció el tren, un cuyano vino a conocerlo y, como era tan reintrusazo, no se cansaba de mirarlo; de repente, el tren movió sus patazas y se fue; entonces el cuyano le gritaba:

-Ché, no te vayás..., dejáme verte, conocerte bien. ..., esperáte un momentito. . .

-Y el tren le contestaba bien relejos con una risa de endemoniado:

-Píllame si podís, pus, cuyano e'mierda . . .

Un carpintero se paró y tosió, irónicamente, como un catedrático. Se caló el calañés y se marchó, silbando. La viejecilla reparó en su actitud y sentenció: 

-Tan diablazos que son y cuando divisan al malo se cagan tóos…

Volvía la muchacha con el té. La viejecilla proseguía:

¿Conocen la herejía que vomita el tren cuando se echa a correr? Se le corea:

¡Quién me ataja, quién me ataja con cuchillas y navajas! . . .

La narradora, confundida de voces, no se amilana y prosigue su lección.

-Es el Malo el que lo hace tirar la provocación, porque el Malo necesita gente que perder.

Ultimo sorbo. La viejecilla entorna los ojos. Cae el silencio.

El viento blande estrellas en las calles. Los obreros se retiran. La viejecilla dormita. Un trencito de fuego le cruza la frente: la muerte se lleva a los cristianos en un trencito negro, como culebrón de azogue. La viejecilla, despierta, temblando.

Un canto de mujer joven levanta el pecho de la noche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Biblioteca fotográfica de Caminantes del Desierto.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Biblioteca fotográfica de Caminantes del Desierto.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Biblioteca fotográfica de Caminantes del Desierto.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Gentileza del Sr. Manfredo Tuniche.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Biblioteca fotográfica de Caminantes del Desierto.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Biblioteca fotográfica de Caminantes del Desierto.

Imagen captada en el museo del Ferrocarril de Baquedano, comuna de Sierra Gorda, Región de Antofagasta-Chile. Biblioteca fotográfica de Caminantes del Desierto.

sábado, 13 de enero de 2024

YUNGAY, EL PUEBLO DEL GENERAL

Cantón Aguas Blancas 

Estuvimos ahí, en el lugar en donde prosperó la lujuria y el malevaje – según la historia - y en donde solo quedaron los muertos como testigos de su existencia. Los vestigios de aquel poblado ya no existen y si no fuese por la pluma e investigación del recordado maestro Don Floreal Recabarren. Yungay solo sería un punto más del desierto, un punto irrelevante que formó parte del antiguo cantón de Aguas Blancas.



¿Qué dice la Historia?


Dentro de las distintas estaciones en la vía, la de Yungay se consolidó como la más importante, donde en 1909 comenzó la formación de un pueblo, iniciativa de un visionario General de Ejército que pidió esos terrenos baldíos en concesión y los arrendó en lotes. Rápidamente Yungay se convirtió en uno más de los pueblos pampinos ligados muy fuertemente al ferrocarril.


Pero ¿Qué nos dice Don Floreal Recabarren?

 

La Segunda Región despertó a la prosperidad económica a fin del siglo XIX. La industria del nitrato que se había desarrollado con éxito en Tarapacá, comenzó a declinar por la escasez y pobreza de las calicheras. Entonces, los más poderosos empresarios miraron hacia Antofagasta, instalándose más de cien oficinas en el Cantón Central, El Toco, Taltal y Aguas Blancas, este último ubicado a 100 kilómetros al sureste de Antofagasta.

Los capitalistas Matías Granja y Baltazar Domínguez idearon un audaz proyecto: construir un nuevo puerto de embarque de salitre, y conectarlo por vía férrea con Aguas Blancas. Así nació Coloso y el ferrocarril salitrero. El tren partía desde el nuevo puerto, encaramándose por la cordillera de la Costa a través de la quebrada La Negra y se internaba por el desierto en dirección sureste. Después de cinco horas llegaba a la estación Yungay. El ferrocarril fue inaugurado oficialmente el 11 de octubre de 1902. Aguas Blancas se transformó en un centro económico de importancia, con grandes oficinas salitreras. Alrededor de ese Cantón salitrero nació el pueblo de Yungay.

ARRIENDAN SITIOS

Yungay fue una estación ferroviaria unida a Coloso y Antofagasta no solo por el tren, sino también por una línea telefónica. El correo funcionaba con normalidad.

En 1909 comenzó a publicitarse en la prensa local avisos ofreciendo terrenos en el pueblo en construcción. Fueron colocados por iniciativa del General (r) José María Soto Pereira: había solicitado un pedimento minero en un terreno cercano a la pequeña estación Yungay, que carecía de valor, pero que se adecuaba a su propósito. El avispado General mando a dibujar un plano de un poblado con todos los requisitos: calles, plazas, locales comerciales y para servicios públicos. Un pueblo para vivir y también para morir: en un pequeño cerrito se levantaba el cementerio. El General había realizado la increíble hazana de lotear el desierto y ofrecía "arrendar sitios por nueve años a razón de 20 y 30 centavos el metro cuadrado y pagaderos en semestres adelantados. Don José María tenía un ojo muy hábil para los negocios. Anteriormente había intentado hacer lo mismo con Caleta Coloso, sin resultados. Luego se dio cuenta de la importancia del Cantón de Aguas Blancas e hizo el pedimento minero para vender o arrendar sitios.

El 28 de octubre "El Industrial" informo que estaban muy adelantados los trabajos de edificación en la nueva población de Yungay, fundada por el General José María Soto".

UN PUEBLO LUJURIOSO

El General era un hombre excepcional. Ingresó al Ejercito en 1857, en calidad de sargento del Batallón 4"de Línea. Participo en la Guerra del Pacifico, como ayudante del Estado Mayor y resultó herido en la Batalla de Chorrillos. Jubilándose en 1893. Se caso con doña Luganda Terán; enviudo y contrajo nuevo matrimonio con doña Cantalicia Cañas. Cuando salió del Ejercito fijo su residencia en Concepción y, posteriormente emigró hacia el norte, instalándose en Yungay.

Aguas Blancas se constituyó en una Subdelegación y el Gobierno nombro a su representante. También quedo comprendido dentro del territorio gobernado por la Municipalidad de Antofagasta, la que estaba obligada a mantener servicios públicos. De allí se derivó una constante disputa entre el alcalde y el General ¿Quién manda en Yungay? Hacia 1913 el pueblo contaba con cuatro manzanas edificadas con irregularidad, con una población cercana a las quinientas personas. Tenía alumbrado público de gas de acetileno y en igual forma se iluminaban las viviendas y establecimientos comerciales. Don Gerónimo Yankovic mantenía el servicio telefónico; Sepúlveda era el sastre; don Uldorico se preocupaba de la carpintería; y, por supuesto, existía la infaltable botica, donde además se sacaban muelas.

Pero, el número de almacenes de alcoholes y sitios para beber sobrepasaban las demandas de la población. Tres billares, dos almacenes de licores y un hotel donde también se vendía alcohol. A esto hay que agregarle veinticuatro prostíbulos, algunos tan pintorescos como "El pájaro verde" y "El poncho roto.

Es justo decir que había una Escuela Mixta funcionando en un local cedido por el General y con una asistencia media de 45 alumnos. La Policía, a cargo de un Sargento, un Cabo y un Soldado, ocupaba un local inadecuado y que ni siquiera tenía calabozos. "Los detenidos - decía un informe de 1913- están bajo la palabra de caballeros de no abandonar el local: La situación moral era desastrosa. Yungay era el centro donde trabajaban más de tres mil obreros y, por lo mismo, trescientas personas diarias formaban parte de la población flotante que se divertía en cantinas y prostíbulos. Las peleas y asesinatos eran el pan de cada día: la prensa contaba el caso de un parroquiano que dormía "su mona" en una mesa de billar. De pronto, desde la calle sonaron tiros y la cabeza del ebrio voló en mil pedazos. Así de simple. La situación de las "asiladas" era mucho peor. Un informe graficaba que: "es cosa común ver a las mujeres semidesnudas. en cualquier hora del día, atravesar la población y se solicitaba reglamentar las horas en que las mujeres debían salir a la calle. El mismo artículo decía que era necesario" impedir el negocio descarado de trata de blancas que ejercen los regentes de los prostíbulos:

Así vivió y murió el pueblo del General hasta 1932. La crisis y el desarme de Caleta Coloso terminaron con su mundana y lujuriosa existencia.

Cuenta la Historia:

Atravesando las vicisitudes del mercado salitrero llega el año de 1932, cuando la paralización de las oficinas de Aguas Blancas hace inoficiosa la mantención del puerto de Coloso. El 3 de mayo de 1932 se autoriza levantar la línea entre el puerto y Carrizo (km 11,5), y finalmente el 30 de septiembre se declaran caducadas las concesiones relativas a la Caleta. Ese mismo mes se habían entregado las últimas obras del nuevo puerto de Antofagasta, que se había comenzado a construir en 1918 y que desde 1929 operaba lentamente. Desde fines de los veinte se había negado al FCAB cualquier ampliación de muelles en Coloso, para no afectar el nuevo puerto.

 

La empresa Barceló y Peillard y el inglés Roberto Bell se encargaron de desarmar todas las instalaciones y el pueblo de la antigua caleta, “vidrio por vidrio y clavo por clavo”, hasta hacerla desaparecer.

 

Sin embargo, la red ferroviaria en la pampa siguió existiendo. La oficina “Valparaíso” trabaja algunos años a fines de los treinta (entre 1954 y 1956 lo hará nuevamente con el nombre de “San Martín”), y se moviliza el salitre remanente de las oficinas cerradas. La principal producción es el sulfato de sodio, a manos de la COSATAN, en las antiguas salitreras Eugenia, Petronila y Bonasort.

 

En noviembre de 1945 el ferrocarril pide autorización para levantar la mayoría de los ramales, dejando parte de ellos y la línea principal. En mayo de 1949 se pide modificar esta autorización, lo que es aceptado en agosto. Se levantaron los ramales a Rosario, Castilla y María Teresa (se dejaron 500 m de este último en el cruce con el Longitudinal) y, debido a la explotación de sulfato, se dejó completo el ramal a Bonasort, a Petronila y parte de los ramales a Oriente, Avanzada y Renacimiento (ex San Gregorio). La línea a la Valparaíso también fue mantenida. Por su parte, la línea a Dominador se levanta en 1946.

En 1961, habiendo paralizado la totalidad de las actividades extractivas en el cantón, se desarman los ramales que quedaban y la línea principal. El Ferrocarril de Aguas Blancas deja de existir, al cumplirse 60 años del recorrido de su primera locomotora.
















Para saber algo más del Cantón de Aguas Blancas

 

El Ferrocarril de Aguas Blancas

https://amigosdeltren.cl/ferrocarril-de-aguas-blancas

 

Cantón Aguas Blancas

https://www.albumdesierto.cl/aguas.htm