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domingo, 5 de julio de 2020

LAS AGUADAS DE COBIJA

Antofagasta es considerada, desde siempre, la tierra de la riqueza infinita pero, durante mucho tiempo solo fue desolación (despoblado), un espacio carente de todo y muy especialmente del más vital de los elementos - el agua - y como reza el dicho: “Sin agua no hay posibilidades de vida” y todo podría haber sido muy distinto - en nuestros inicios - si no hubiese sido por las muchas sorpresas que este desierto nos brindó para su conquista, fue allí donde la existencia de las aguadas costeras constituyeron una invaluable fuente de agua que, permitió la subsistencia de los primeros habitantes y de los primeros colonizadores. No obstante, a medida que la población aumentaba, debieron buscar nuevas soluciones, aplicando nuevas tecnologías, especialmente de las resacadoras lo que permitió abastecerse directamente del mar.

Erika Maulen en una de las aguadas de Cobija (Vertiente seca)

¿Qué pasó entonces con estas aguadas costeras? El tiempo y la modernidad permitieron que se fueran perdiendo sus huellas y le restaron total importancia hasta quedar en el olvido. Más, antiguos escritos nos permiten traer al presente estos lugares y esta es la oportunidad de mostrar algunas de ellas para el conocimiento y deleite de ustedes. Sean entonces bienvenidos a nuestra búsqueda. A las Aguadas de Antofagasta y en esta oportunidad nos vamos a las aguadas de Cobija.

Cobija es en la actualidad una caleta pesquera perteneciente a la comuna de Tocopilla, Región de Antofagasta (Chile). Se ubica en las costas del océano Pacífico, entre las ciudades de Tocopilla y Antofagasta.

Puerto de Cobija en la actualidad

Fue fundada en 1825 a instancias de Simón Bolívar con el nombre de Puerto La Mar (o Lamar), y fue un puerto boliviano hasta su ocupación por tropas chilenas en marzo (21) de 1879 en el marco de la Guerra del Pacífico o del Salitre. Fue la capital del departamento boliviano del Litoral hasta 1875.

En cuanto a su historia contemporánea, la cual no es de nuestro interés en esta oportunidad, nos dice:

Simón Bolívar se propuso crear un puerto para el recientemente organizado estado boliviano. En un principio se pensó en el puerto de Arica; sin embargo, fracasadas las conversaciones con el Perú para la cesión de este, el gobierno boliviano comisionó al coronel Francisco Burdett O'Connor, quien eligió el puerto de Cobija (antiguo asentamiento chango). Hemos de agregar como minucia histórica que, el primer asentamiento en el lugar databa de 1578, cuando funcionó como puerto de cabotaje para Charcas.

Francisco Burdett O'Connor

A instancias y reclamos del gobierno chileno, el estado boliviano lo decretó puerto nacional el 25 de diciembre de 1825. Finalmente, fue entregado al Estado boliviano, en concesión, nombrándolo La Mar, en "justa recompensa al mérito contraído por el gran Mariscal don José de La Mar, vencedor en Ayacucho" según reza el decreto de su habilitación.

José de La Mar

 

Ahora bien, Cual o cuales serían las ventajas de Cobija para haber establecido un puerto en estas latitudes, nos referimos al litoral hiperárido de Antofagasta, en un espacio carente de recursos y sin la presencia de desembocaduras de ríos, salvo el Loa, muy distante.

Pues bien, el más importante de todos ellos, la presencia de aguadas además de:

a) Ser un lugar seguro y protegido para la recalada de los navíos;

b) Contar con algo de recursos. Abundante pesca, especialmente del congrio y del tollo in situ, que era convertida por los indígenas locales en charqui de pecado y exportado a las provincias interiores con el nombre de "charquecillo" (Potosí, Sucre, Lipes);

c) La presencia de pastos en los altos de los cerros comarcanos, por espacio de varios meses, gracias a la camanchaca costera, entre los meses de Julio y diciembre, lo que permitía el talaje de animales, como burros y mulas;

 d) La existencia de una bien traficada vía de comunicación prehispánica con el interior, a través de paskanas y tambos que permitían el acceso a las poblaciones ribereñas del Loa (Calama, Chiuchiu,) y del altiplano de Lipes.

Condiciones que no se daban en ninguna otra parte de esta extensa franja litoral norte y que favorecieron el asentamiento humano pretérito y reciente.

Oleo de Jean Víctor Adam, Cobija 1841
Oleo de Juan Mauricio Rugendas, Cobija 1842

Sobre el tema que nos convoca, las aguadas:

Dice la historia que, en 1829 el ministro del Interior del Presidente Santa Cruz asumió como su principal responsabilidad entregar suficiente agua potable a la población establecida en Cobija, ante lo cual, se hizo muy necesario ubicar aguadas. Esta orden dio resultados positivos y en noviembre de ese año, el gobernador Gaspar Aramayo informó de la existencia de cuatro de ellas. Luego, transcurrido un mes, orgullosamente dio cuenta del nuevo descubrimiento de otros cuatro surgimientos de agua, uno de ellos ubicados en el centro mismo de Cobija.

En suma, al término de ese año, sumando las existentes, Cobija contaba con diez aguadas. Santa Cruz, en alerta de las dificultades que surgían en Cobija por su creciente desarrollo como puerto y entendiendo que se dependía de un adecuado abastecimiento de agua, dictó el 30 de diciembre de 1830, un decreto para resolver el problema: “habiendo observado —proclamó la disposición— que las playas de Cobija no carecen de aguadas y que ellas se encuentran en todas direcciones decreto que:

Primero. Se autoriza al gobernador de El Litoral para comprar dos taladros artesianos, como el que tiene en el puerto, los que se utilizarán en perforar la tierra hasta conseguir las aguadas abundantes, en beneficio de la población.

Segundo. Se ha autorizado para perfeccionar y adelantar las aguadas existentes y particularmente la de Las Cañas, estableciéndose en ella grandes depósitos y estanques que contribuyan a la comodidad de la población”.

El decreto produjo sus frutos. Se trabajó fuertemente en las aguadas Algarrobo y Las Cañas.

Aguada Las Cañas. Cobija 2016

En la primera las obras costaron 4.000 pesos. Si bien era una de las más importantes, el caudal que entregaba no era constante.

 

Según datos:

Febrero de 1833: produjo 5 barriles diarios

Abril de 1833: produjo 7 barriles diarios

Junio de 1833: produjo 12 a 13 barriles diarios

Agosto de 1833: produjo 15 barriles diarios

¿A cuantos litros de agua equivale un barril? En las reseñas históricas no hay mención, pero ha de corresponder a unos 120-160 litros aproximadamente

Esta agua se distribuía mediante los aguadores que iban por la ciudad vendiendo esta agua en toneles montados sobre burros, y a veces, sobre llamas o alpacas.

Los arreglos en la aguada Las Cañas tuvieron un costo menor de 3.000 pesos y producía más que la de Algarrobo. En el mes de julio, producía en su depósito más grande 100 barriles diarios y en el más pequeño 50. Pero la lluvia aumentaba su capacidad. En agosto llegaba a 500 diariamente.



Las aguadas tenían un depósito mayor y otro menor. Eran construidos de madera, pero forrados interiormente con plomo a fin de evitar la fuga de agua. La aguada descubierta en el centro de la población también fue arreglada. La cifra fue de 300 pesos, lo que se explica por qué recibió la colaboración de mano de obra, entregada por los soldados de la Brigada de Artillería.

El aporte de esta aguada era tal que se la comparaba con la de Las Cañas. Igual que las otras estaba formadas por un receptáculo de madera forrado con plomo. Tanto la fuente como el depósito estaban encerradas en una especie de cajón de sólidas paredes, para evitar que el agua se ensuciara con el polvo arrastrado por el viento.

El avance de Cobija

La Guerra contra la Confederación Perú boliviana (1836-1839) decidió la caída de Andrés de Santa Cruz, el “hacedor de Cobija”. Sin embargo, el ascenso de José Miguel Velasco (1839-1841) no debilitó la preocupación por el puerto. Al asumir el cargo, pidió al gobernador de El Litoral que le sugirieran cuáles eran los problemas más agudos. La respuesta fue que era urgente reparar las aguadas, entre otros asuntos. Respecto a las aguadas se respondió: “es una verdad que el principio vital de la existencia de Cobija no será sólo la conservación de las aguas… sino la seguridad consistente en los depósitos para que la distribución de aquello sea muy exacta. Hay quejas porque las fuentes se encontraban ruinosas”. Finalmente se insistía en la necesidad de descubrir nuevas surgencias de agua.  Más tarde, Cobija solucionaría el problema de agua con la instalación de máquinas condensadoras.


Sobre su antigua población indígena. de changos y camanchacas.

 

Cobija fue un reducto de numerosas familias de indígenas pescadores y uno de los poquísimos "puertos" del extremo norte de Chile, junto a Iquique y Pisagua, que, juntos, tienen el raro privilegio de contar con información muy temprana (fines del siglo XVI). por ser sitios de recalada casi forzosa. Ya el Factor de Potosí Juan Lozano Machuca   en 1580 se refiere explícitamente a este lugar, nombrándolo como el "puerto de Atacama" ubicado en “la ensenada de Atacama". Y señala que por esas fechas había unos 400 “uros pescadores" morando en sus contornos. Seguramente tal población se extendía por una extensa franja litoral incluyendo Cobija, Chacaya, Gatico y Punta Guasilla y otros sitios próximos.

 

La primera referencia clara a Cobija como el "puerto de Atacama".

 

Lozano Machuca señala en su: "Descripción de Cobija” hacia 1580.

 

"... se podrían poner estos indios de Atacama en la Corona real y reducirse a uno o dos pueblos, que serán hasta dos mil indios: demás del tributo que darían a Su Majestad, se podrían labrar muchas minas de cobre que hay en aquella comarca, en especial en el mismo puerto de  Atacama, a la lengua del agua y partes donde con cinceles se podrá cortar el cobre fino como V. Excelencia lo verá por la muestra que lleva Diego Enríquez...".

 

"En la ensenada de Atacama que es donde está el puerto hay cuatrocientos indios pescadores uros que no son bautizados ni reducidos ni sirven a nadie, aunque a los caciques de Atacama dan pescado en señal de reconocimiento. Es gente muy bruta, no siembran ni cogen y susténtanse de solo pescado y están junto a esta veta de cobre, y así con estos indios y los atacamas se podría labrar esta veta y sería de gran provecho a su Majestad por estar tan junto al puerto y poderse llevar cobre por todo el reino y a España por el estrecho. [de Magallanes]... Será esta ensenada de 20 leguas...".

 

Un pueblo de 50 ranchos de cueros de lobos marinos.

 

En la fecha antedicha (1580), los changos pobladores de Cobija no han sido aún evangelizados.  Es probable que para esta tan antigua fecha, ni siquiera haya existido una capilla y menos una iglesia en Chiuchiu o "Atacama la Baja", desde donde posteriormente bajarán de tanto en tanto sacerdotes a Cobija a bautizar y evangelizar a los residentes indígenas. Las primeras referencias a visitas pastorales de sacerdotes a Cobija datan del año 1641, si bien existen indicios de que su población indígena ya fue visitada esporádicamente desde fines del siglo XVI. Cuando bastante más tarde, el ingeniero militar francés Amédée-François Frézier visita el lugar en junio del año 1712, cita expresamente haber visto la presencia de 50 ranchos de indígenas en la bahía de Cobija.  Así lo señala Vicente Cañete y Domínguez, Gobernador Interino de Potosí, en su descripción del Puerto de Santa Magdalena de Cobija en 1787, al aportar nuevos y valiosos antecedentes sobre el modo de vida de estos pescadores recolectores.

Amédée François Frézier

 

La declinación demográfica y desaparición de los changos.

 

132 años después del relato de Lozano Machuca (1712), aún viven en Cobija y sus alrededores al menos unos 200 a 220 changos pescadores de acuerdo con el recuento de viviendas indígenas que nos reseña Frézier. No hay prácticamente población blanca asentada allí todavía. La población indígena no había declinado aún y sus servicios como pescadores, mariscadores, cargadores y hábiles elaboradores de charqui de pescado eran todavía muy apreciados. Esta situación demográfica cambiará muy bruscamente en el siglo XIX a partir del año 1825, cuando la naciente república de Bolivia establece aquí su principal puerto de entrada al Pacífico, tras el prolijo reconocimiento marítimo hecho por el marino Francis O´Connor, comisionado al efecto por el mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. Con la llegada de numerosos comerciantes, aventureros y mineros, y la construcción del poblado e incipiente puerto, se verificará un brusco cambio en el modo de vida de estos pescadores y muy pronto las enfermedades y epidemias troncharán la vida de la mayor parte de ellos.

 

Antonio José de Sucre

Los terremotos y la aparición de la epidemia de fiebre amarilla.

 

Hacia 1860-1865, bajo control administrativo y económico boliviano, conocerá Cobija su máximo esplendor, llegando a albergar una población de casi 5.000 habitantes, incluyendo los numerosos indígenas changos (Bittmann, 1980). Veinte años después, hacia los años 1880-85, desaparece para siempre la población aborigen en este puerto como efecto directo de la epidemia de fiebre amarilla que se descargó con terrible virulencia en el litoral sur peruano y boliviano en el año 1869.

Dice Don Horacio Larraín Barros: Este doloroso episodio de la historia humana (la desaparición completa de una etnia ancestral) de esta zona litoral no ha merecido un estudio serio hasta el presente por parte de los investigadores, ignorándose cuáles o quiénes habría sido los transmisores y "vectores" humanos directos de este flagelo. ¿Tuvo algo que ver en esta pavorosa difusión epidémica la importación masiva a las costas peruanas de operarios chinos traídos de Cantón, los que se diseminaron por las guaneras de la costa? No conocemos estudios históricos serios y fundados en este sentido, pero sospechamos que existe alguna desgraciada relación entre estos dos hechos, cronológicamente tan coincidentes.

 

De Cobija, en la actualidad, solo quedan sus ruinas aledañas a un poblado de pescadores.








 

Bibliografía relevante:

 

PARA VIVIR EN COBIJA: PREVALENCIA DEL MODO DE VIDA COSTERO EN ATACAMA

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-73562015000200014


martes, 13 de febrero de 2018

LOS OASIS DE ALMEYDA




Dios creó los desiertos y Diego de Almeyda sus oasis
Benjamín Vicuña Mackenna

  

Así cuenta la historia y ha de ser cierta:

"Si visitas Sierra Esmeralda, casi en los límites de nuestra región por el sur, encontrarás una inscripción que contiene estas palabras: Aquí estuvo D. A. 1838"

     Que mejor recuerdo para una persona que el de perpetuar su nombre para la posteridad, puesto que no solo pensó en su fortuna personal, también procuro dejar un legado a todos aquellos que se adentrasen en este desierto del Atacama. Ahora bien. Es muy probable que las higueras y perales que pueblan algunas aguadas y quebradas de nuestra región fuesen labor de Almeyda. Eso no lo sabremos nunca. Pero lo que si sabemos por las referencias es lo siguiente: “Acostumbraba a llevar en sus viajes y expediciones al desierto sarmientos de higuera y semillas de árboles frutales que plantaba en las aguadas que encontraba en el desierto, esto con la finalidad de que los fatigados viajeros pudieran encontrar sombra y frutos en sus viajes” Son los oasis de Almeyda.

Higueras de Camping Indígena. Cercanías de Cobija y Gatico.

     Diego de Almeyda y Aracena.  Nacido en la ciudad de Copiapó en el año 1780 Fue hijo de José Cayetano Almeyda, un noble portugués que había llegado a Chile en 1778 y que contrajo matrimonio con una joven de la ciudad de Coquimbo llamada María Antonieta Aracena y Godoy. Sus padres se establecieron en la ciudad de Copiapó para dedicarse a la industria minera y explotar un yacimiento de cobre al interior de Tierra Amarilla.

     El pequeño Diego realizó sus estudios en Copiapó, siendo joven se vinculó a la minería gracias a las actividades de su padre. Este hecho marcaría más adelante su vida.

     Al morir su padre en el año 1805, la familia se trasladó a Valparaíso. En esta ciudad Diego se dedica a la actividad comercial de productos agrícolas que suministraba a los barcos que recalaban en el puerto para abastecerse. Se abastecía gracias a que poseía una propiedad agrícola cerca de la ciudad de Rancagua. En esta ciudad conoce a Rosario Salas del Castillo, con quien contrajo matrimonio y tuvo nueve hijos. ​

     Durante los acontecimientos revolucionarios de 1810 formó parte del bando patriota y proveyó al ejército libertador, sin embargo, debido a los retrasos en los pagos, su fortuna se vio seriamente afectada. Posteriormente fue apresado por los realistas, pero pudo escapar del barco que lo llevaba a la reclusión en el Archipiélago de Juan Fernández, y permaneció oculto hasta la victoria de Chacabuco en 1817.

     Gracias a sus aportes a la independencia de América, recibió el reconocimiento de "Ciudadano Americano Benemérito en grado Eminente" por parte del Gobierno del Perú.

     Culminada la Independencia, se deshizo de sus negocios en Valparaíso y se trasladó a Copiapó junto a su esposa e hijos menores, convirtiéndose en uno de los más notorios e infatigables exploradores mineros del desierto de Atacama. Recorrió gran parte del desierto a pie, dormía donde lo encontraba la noche y en ocasiones cavaba su lecho en la arena, por estos motivos fue apodado cariñosamente por sus amigos como "El loco Almeyda". Acostumbraba a llevar en sus viajes y expediciones al desierto sarmientos de higuera y semillas de árboles frutales que plantaba en las aguadas que encontraba en el desierto, esto con la finalidad de que los fatigados viajeros pudieran encontrar sombra y frutos en sus viajes. Sus exploraciones lo llevaron a los límites del Atacama (Por el norte) quedando testimonios de su paso por Mejillones, Cobija y San Pedro de Atacama.


 Aguada Peralito. Sector de Paposo. Comuna de Taltal.
Aguada Peralito. Sector de Paposo. Comuna de Taltal.

     Dice don Benjamín Vicuña Mackenna en su libro “El Libro del Cobre y del Carbón Piedra en Chile” Fue don Diego de Almeida allá en sus mocedades. i en su edad madura, el descubridor de todas las minas de cobre que dieron más tarde vida a Taltal, haciéndose así el precursor de las riquezas arjentíferas que hoi arrastran poderosa corriente de emigrantes a aquellas ásperas breñas. I en efecto, en uno de los crestones de la ya famosa Sierra Esmeralda se ha encontrado una inscripción que a manera de profecía contenía estas palabras: Aquí estuvo D. A. 1838. I cosa curiosa un hombre que llevó esas mismas iniciales i que fue el primero de los cristianos que atravesara el Despoblado (Diego de Almagro) había pasado por allí tres siglos justos antes de esa fecha (1535). El D. A. ha sido fatídico para el desierto. Por esa época, don Diego (el de Almeida) había ya encontrado el mineral de la Vaca muerta en las vecindades de Taltal, i en ella una veta de cobre de lei de valor crecido i de ancho de una vara al sol; lo que pareció tan poca cosa, dada la. soledad, la falta de agua, la vaca muerta i la distancia, al viejo esplorador, que. como quien brinda un cigarro a un camarada regaló el hallazgo a Zuleta. Puso este trabajo a aquella mina que denominó la Descubridora, i le produjo abundantes. metales con el auxilio de una noria, cuyas ruinas el cateador admira todavía en parajes tan hórridos i desamparados.

Sierra Esmeralda

     Ese benemérito gastador del desierto de Atacama, en donde entrara por la primera vez joven para salir de él anciano i aquejado a su lecho de muerte, en años ya provectos, fue don Diego de Almeida, de cuya mula de cateador en las estepas, puede decirse lo que Miguel Luis Amunátegui espresó en pintoresca frase del caballo de batalla del ilustre Freire,- «que no había dejado guijarro en el suelo de Chile que no hubiese removido con su casco”, Don Diego, que vagaba en las arenas atacameñas desde 1824, según en otro libro estensamente hémoslo referido, -asomándose ya a Copiapó, ya a San Pedro de Atacama, en la otra estremidad del Despoblado, había fijado su atención en la abundancia i riqueza de los mantos cupríferos. que en los planos del disecado rio Salado habían puesto en descubierto antiquísimos i ya casi estinguidos aluviones.

     Puede asegurarse por esto que el verdadero descubridor de aquel grupo, (el grupo de las Animas) fue don Diego de Almeida; si bien el hallazgo directo del Salado, que ha producido tantos millones, fue debido a un cateador humilde llamado Pedro Lujan, hijo de la Serena, que murió pobre i olvidado, tildado tal vez de loco como don Diego, i sin dejar como este, otra memoria que el nombre de una aguada del desierto que todavía lo conserva – “La aguada de Luján”. - El descubrimiento de las Animas tuvo lugar en 1833, i el del Salado propio uno o dos años más tarde.


Aguada Panul. Sector de Paposo. Comuna de Taltal.

     En uno de los días de 1835 a 1840, venia del sur, como era su arraigada costumbre, es decir; a pie, llaucana en mano e que en esos tiempos no se conocía el simpático pico actual), con su bestia tirada de la brida por el mozo, el jénio andador i mil veces feliz de don Diego de Almeida. Caminando por llanos, subiendo i bajando algunas pequeñas quebradas que hai al norte de Bahía Salada, se fijó que había algunas granallas riquísimas de cobre. Inmediatamente empezó el escarpe, que resultó favorable. Aquel descubrimiento lo denominó Quebrada Seca.

     Nos parece que, en 1841, viniendo de Copiapó don Diego de Almeida, -descubrió la mina Tránsito de Lechuzas i algunas otras del mismo mineral que nunca dieron gran cosa.

     En 1841 o 42, el señor Almeida encontró el mineral del Algarrobo, cuyas minas, aunque casi agonizantes, todavía producen no despreciables cantidades de quintales i de miles.

     En Roco fue donde encontró el mozo de don Diego de Almeida, José Martínez, la Bella Vista; el cual, lleno de gusto, llamó al incansable andador, i sin preámbulo este le dijo: - que no era exacto, pues de a caballo no se descubrían minas - I como Martínez se hubiese bajado de la mula antes que llegase el señor Almeida, este agregó: - Para que conste, te apeaste)). Don Diego, según Martínez, empezó el escarpe con más fuerza que una máquina, quedando la veta mui ancha i el metal bastante rico. Los datos que siempre hemos tenido de Roco hablan poco en favor de ese hoi casi desierto mineral. En 1843 o 45, don Diego, andando corno acostumbraba, descubrió el Morado, (aunque hai algunos que atribuyen esa felicidad a Nicolás Pérez Talavera), mina i mineral célebres por su riqueza i sus pleitos.


     Hemos dicho antes que las esploraciones de Moreno, el más lejítimo heredero de la gloria minera de Almeida, junto con don José Manuel Zuleta i don José Santos Ossa, esta valiente vanguardia del desierto, le habían llevado hasta el selvático asiento i caleta del Cobre, en los confines setentrionales del Despoblado, i allí hallóle en el verano de 1853 el viajero Philippi, llevando no la vida angustiada i menesterosa del que puso sus poltrones días en los afanes de la codicia, sino el pasar espléndido del que ha nacido para merecer los dones de la fortuna después del logro del · trabajo. El champaña era servido en la mesa del rei del desierto, en reemplazo del agua salobre de los oasis, en torno a Taltal al Paposo i al Cobre, es decir, en pleno desierto.

     Como los minerales de esa costa resultaron ser escesivamente ricos, don José Antonio Moreno improvisó en diez años tan caudalosa fortuna, que comenzaba ya a figurar entre nuestros millonarios, cuando la muerte, este cansancio de las grandes fatigas sobrellevadas con férreo músculo, vino a sentarse a la puerta de su hogar i le arrebató a la industria nacional por los años de 1863 o 64.


Aguada Cachinales. Sector de Paposo. Comuna de Taltal.

     El señor Moreno, dice aquél, tuvo conocimiento de la existencia de minerales de cobre en estas rejiones, por relaciones que le había hecho Nicolás Pérez Talavera, su socio en varias empresas de cateos; quien babia recorrido buscando plata, que era la única sustancia que le gustaba, en varias ocasiones, sin encontrar su apetecido metal. Pérez era, como el señor Almeida, como José Gonzalez i como José Tapia, tan pujante para andar a pie como para no comer. Cada uno de estos tiene su historia sobre lo resistente de su estructura habiendo pasado Gonzalez varias ocasiones. hasta más de tres días sin comer ni beber, sin que nada sufriese su físico. Pérez, después de haber descubierto, en unión de su hijo, Francisco, de su yerno Ramon Brito i de Martin, hermano de éste, la sierra que hasta hoi es denominada con el de su apellido, cayó gravemente enfermo de una debilidad i dolores a las piernas, que lo llevaron al sepulcro en 1854, si la memoria no nos traiciona. Villaflor agrega que el incansable cateador Pérez sucumbió tullido, a consecuencia del. agotamiento de su fuerza muscular en las piernas, por lo cual en realidad murió de ... «andar».

La minería metálica en Chile en el siglo XIX Augusto Millán U.

     En el año 1853 cuando don Diego de Almeyda ya contaba con 73 años, ejerció de guía del naturalista Rodolfo Philippi, quien, a petición del Estado, reconoció las áridas tierras atacameñas. La expedición realizó un gran viaje que comenzó en Paposo, llegó a San Pedro de Atacama y retornó a Copiapó por el Camino del Inca. El tramo del desierto entre Mejillones y San Pedro de Atacama demoró tan sólo en doce días en esta expedición científica.

     Don Rodolfo Philippi indica en sus crónicas. Don Diego de Almeida era un hombre de baja estatua con una cara muy llamativa, y tenía según sus propias palabras 73 años de edad, pero sus amigos estimaron su real edad a 90 años. Pero él era todavía bastante ágil y habiloso. Desde su juventud era minero, cateador y administrador, ganó todo su dinero en este rubro. Su fantasía estaba viva igual que de un jovencito, día y noche soñó de minas ricas, cuáles deberían existir, y en su mente ya tenía el segundo Potosí en este desierto.

Falleció en la ciudad de Santiago el 6 de agosto de 1856 a la edad de 76 años.

De nuestra consideración:

     Desde que Caminantes del Desierto comenzó sus incursiones por la cordillera costera de Antofagasta nos hemos encontrado con más de alguna sorpresa que no cuenta con data y menos aún con su correspondiente gestor. Entre estas sorpresas están los frutales de Paposo y de algunos otros sectores de la región. Son viejos árboles que se mantienen en las quebradas producto de las aguadas que afloran en el lugar. ¿Quiénes fueron los que plantaron estos árboles en terrenos tan escabrosos? ¿Habrán sido precarias iniciativas comerciales de las comunidades locales? Tal vez sea así o tal vez fue la mano de nuestro personaje. Lo que sí es claro, Las decenas de higueras repartidas por nuestra costa alguien las trajo, alguien las plantó y cumplen su tarea. Dar sombra y dar frutos. Déjennos pensar por unos instantes que aquí está la mano de Almeyda que trascendió al presente.  

Monumento a Diego de Almeyda. Ciudad de Chañaral


Aguada El Médano. Sector de Paposo. Comuna de Taltal.

“El Libro del Cobre y del Carbón Piedra en Chile”

Monumento a Diego de Almeyda en Chañaral


miércoles, 31 de enero de 2018

EN BÚSQUEDA DE LAS AGUADAS DE ANTOFAGASTA.


En Búsqueda de las Aguadas de Antofagasta, Mejillones y Tocopilla

Antofagasta es considerada desde siempre la tierra de la riqueza infinita, pero durante mucho tiempo carente del más vital de los elementos -el agua- y como reza el dicho: “Sin agua no hay vida” todo podría haber sido distinto -en nuestros inicios- si no hubiese sido por las muchas sorpresas que este desierto nos brindó para su conquista, fue allí donde la existencia de las aguadas costeras constituyeron una invaluable fuente de agua que permitió la subsistencia de los primeros habitantes. No obstante, a medida que la población aumentaba, debieron buscar nuevas soluciones, aplicando la tecnología de las resacadoras que les permitió abastecerse del mar.

¿Qué pasó entonces con estas aguadas? El tiempo y la modernidad permitieron que se fueran perdiendo sus huellas y le restaron importancia hasta quedar en el olvido, más. Antiguos escritos nos permiten traer al presente estos lugares y nos permitirá -a futuro- el ir en su búsqueda puesto que son parte de nuestro patrimonio histórico.

Extraído del Libro

Esploración Hidrográfica Del Litoral de Antofagasta (Literal)
Por Don Luis Pomar Ávalos
Capitán de Fragata

Don Luis Pomar Ávalos

Las Aguadas de Antofagasta:

Antofagasta

Aguada la Chimba

La caleta Chimba solo tiene importancia para los pescadores i se halla del todo desolada. A 3 quilometros al oriente i en una honda quebrada se halla una escasa vertiente salobre. La quebrada ofrece alguna vejetacion i hai abundante leña de copado, como ya se ha manifestado anteriormente.

Aguada de La Chimba
Aguada de La Chimba


Aguada Moreno: 

La aguada del monte Moreno, que se halla al sur de la costa barrancosa del cerro de su nombre, solo dista 3 millas de caleta Abtao, siguiendo el faldeo de los cerros. Esta aguada solo es accesible por mar i con buen tiempo i por un pequeño desembarcadero entre piedras. El agua destila dentro de una caverna de forma irregular cuya boca tiene de 6 a 7 metros de alto por 5 de ancho. Su cavidad se interna como 10 a 12 metros; la base se hallá a la altura de las más altas mareas, pero asciende suavemente hacia el interior, para terminar en un oscuro i estrecho rincón.

Aguada de Morro Moreno. Actualmente dentro del Parque Nacional del mismo nombre

El agua filtra por todas partes i se reúne en un pequeño pozo artificial, donde existe un tubo de fierro que presta facilidad para colectarla. Según los datos comunicados por el teniente Valenzuela, que fue comisionado para el reconocimiento de la aguada de Moreno i ver si podía contarse con ella para las comisiones que venían por tierra, se sabe que después de varios esperimentos la aguada puede producir unos 3500 litros en 24 horas, sin tomar en cuenta los derrames i filtraciones.

El lugar de la aguada se reconoce por unas pircas de piedras negras, visibles a larga distancia, que sirven de abrigo a los viajeros que recorren la costa i que van en busca de agua. La gruta también se distingue desde el mar por aparecer su boca como una mancha oscura.

El agua de Moreno es un tanto salobre, pero es de mejor calidad la que destila del cielo de la gruta; ésta es visitada por los pescadores de la costa, que aprovechan también su tiempo en la caza de guanacos, que suelen bajar de las altas cumbres del monte Moreno. Mas tarde fuimos participados por los cazadores con carne de ese rumiante. Por fin, se aposentan en la gruta gran número de aves de mar que buscan un abrigo durante la noche.



Dos horas después de haber zarpado la chalupa de la "comisión” dejamos también el fondeadero i, tomado que fue Un panorama del puerto, se continuó en dirección a punta Tetas, contorneando la costa desde una a dos millas de distancia. Al pasar por frente de la aguada del monte Moreno, se veía claramente la grande abertura de su caverna, hallándose aposentada en ella una verdadera caravana de pescadores, que entraban i salían de su interior i que a la distancia en que los veíamos parecían brotar de un oscuro i profundo antro.

Mejillones:

Caleta Vieja. 

Esta no es otra cosa que la bahía Jorje de Ias cartas de navegación i constituye el estremo norte de bahía Moreno. La bahía es mui somera, hallándose 7 metros de profundidad a 100 metros de la costa, pero el fondo aumenta en las cercanías de los cerros del occidente. Caleta Vieja no sirve como surjidero para buques i solo la utilizan las pequeñas embarcaciones de los pescadores. No hai agua ni leña en la comarca. Como a 4 quilómetros hacia el occidente i en las faldas del cerro Moreno, se trabajan al presente algunas minas de cobré de baja lei, i cuyos trabajadores se surten de agua en la aguada de Moreno, que dista del asiento mineral cosa de 15 quilómetros, por un camino que llaman de Guala Guala, el que sube desde caleta Vieja por una gran quebrada hasta caer a punta Tetas.

Punta i caleta Chacaya. 

La punta es el primer accidente pequeño que se halla al norte de la playa de Mejillones; no es prominente, pero se hace reparable por su naturaleza. Por su centro i en una playuela arenosa se halla la caleta de Chacaya, con regular desembarcadero para botes, i en sus inmediaciones, un establecimiento minero de poca importancia, que queda como 4.5 quilómetros al oriente. El camino que conduce a él sigue una quebrada que lleva el mismo nombre; pero los trabajos están paralizados desde algunos años atrás. Hai en este asiento aguada de regular calidad, combustible i escasos recursos para el viajero terrestre. Entre los cerros i la costa abundan las chinchillas. A pocos metros al sur de punta Chacaya se halla una columna que indica el grado 23 de latitud.

Punta Chacaya

Punta Hornos. 

Esta punta es otro accidente de la costa que se encuentra al NN E. de Chacaya i a la distancia de 2.1 millas. No es propiamente una punta, pero la parte roqueña de la costa se estiende por cerca de una milla, dejando por el norte una inflexión que lleva el mismo nombre, con buen fondeadero. Desde allí parte un camino que conduce al antiguo mineral de Hornos, donde se encuentra una aguada no mui buena. Punta Hornos es un tanto. sucia por despedir unas rocas mui notables que avanzan hacia el oeste, que en la comarca llaman islas del Tata, i además. una roca ahogada que sale al occidente por 800 metros. ¿Será la actual Punta Itata?

Punta i caleta Yayes. 

Siete millas al N 17° 0. de la punta precedente se encuentra la de Yayes, barrancosa i baja. La playa que media entre ambas puntas es de arena, i se estiende como 3.5 millas con el nombre de playa de Hornos. De la puntilla en que termina esta playa se destaca por el norte una roca que vela a 500 metros al S 30° O. de la costa. Dos millas al sur de punta Yayes se encuentra en la costa una pequeña inflexión que se conoce con el nombre de Varadero de Yayes i que es de mui poca importancia. A 3 millas al este de este punto se encuentra el mineral de cobre de Panizos Blancos, llamado así por los mantos blancos que se ven en la quebrada desde el mar. En este punto hai una buena aguada que se reputa como la mejor de cuantas se encuentran en esta parte de la costa. Los minerales de Panizos Blancos se conducen a la caleta de Gualaguala, donde se embarcan, porque el atracadero de Yayes es malo i sembrado de piedras.

Altura de Panizos Blancos

Punta i caleta, Guala Guala. 

La punta Gualaguala se halla 2.3 millas al N 5° 0. de la de Yayes; es alta, roqueña, algo prominente i notable por algunos cerrillos negros i bajos qué la coronan. Al NE. de ella queda la caleta Guala Guala, de regular concha i abrigada, con tenedero de arena i fondo moderado de 18 metros a 100 de tierra. Hai un muelle de madera como de 30 metros de largo, que facilita el embarque dé los metales de cobré de la comarca. Un pequeño caserío con unos 20 o 25 habitantes i los recursos necesarios para los trabajadores. Al oriente de la punta hai tres pozos que surten de una agua poco abundante i de regular calidad. Al este de la caleta i a cosa de 3 millas de distancia se halla la quebrada del Leoncito, donde también se encuentra una aguada.

Tal vez uno de los pozos de Guala Guala o inicio de Quebrada Leoncito

Tocopilla

Punta i Caleta Tames. 

La punta Tames, uno de los puntos notables dé este tramo de costa, es barrancosa i limpia en su redoso; queda a 5 millas al N 9° 0. de punta Michilla i a 6.5 millas al norte de la de Gualaguala. Al N 2° 0. de Michilla i a 2.3 millas' " de distancia se encuentra la punta Huaque, baja, poco saliente i que destaca un islote negro a 300 metros afuera. Desde allí hasta punta Tames la costa es barrancosa i sin atracadero alguno. La caleta Tames, que se abre inmediatamente al N E. de la punta de su nombre, es abierta i de poco saco, con buen tenedero de arena en 22 metros de agua i a 3 cables de tierra. Existe un muelle que facilita el embarque de los metales i un pequeño caserío. de mineros., Al oriente de ella se halla la quebrada de Tames, donde se encuentra un mineral antiguo que lleva su nombre i una vertiente de agua dulce. El mineral se encuentra paralizado.

Punta Guasilla. 

A tres millas al N7°0. de punta Tames se halla la de Guasilla, dejando en su intermedio el frontón negro i escabroso llamado punta Chungungo, i más al norte la punta Tamira, baja, pero característica por destacar un islote blanco. La punta Chungungo tiene por su espalda dos aguadas de buena calidad; pero él paso de este punto por tierra es mui difícil. Punta Guasilla es notable por destacar dos islotes a 1000 metros de la costa. Entre estos farallones hai paso para botes. A unos 3 cables al N E. de la punta hai un varadéro para botes en una playa dé arena que carece de importancia.

Cobija. 

No hai agua fresca, a no ser la de una corta vertiente qué se halla al oriente de la quebrada de las Cañas, pero que no basta para el consumo. Se usa más comúnmente agua resacada, i para los animales la que se obtiene de los pozos del Algarrobo, que se hallan cerca de la playa i a 2 quilómetros al sur de Cobija. El pueblo no cuenta con otros recursos que los que le vienen de afuera. Los puertos australes, como Coquimbo i Valparaíso, etc., lo proveen de víveres por medio de los vapores que frecuentan periódicamente la rada. Igual cosa ocurre con los demás elementos, por cuyo motivo los buques que arriban a Cobija no deben contar con proveerse allí.

Aguada sur de Cobija

Punta i caleta Copaca

Esta punta queda 8.5 millas al N 6° 0. de punta Grande; es baja, roquera, de redoso sucio, algo pronunciada i con algunos montículos en su estremidad. Un poco al N E. se abre la caleta Copaca, con buen desembarcadero en una playa de arena i conchuela. La cala mide 150 metros de boca por 200 de saco. Hai en ella una buena aguada de dos pozos, que, cuidan afanosamente los vecinos, por ser la que provee a las caletas i asientos mineros de la comarca. En los cerros orientales se encuentran algunas vertientes de buena agua, como en la quebrada de la Higuera, situada frente a la caleta de su nombre. La caleta Copaca es mui abundante en peces i sus costas en mariscos, notándose los erizos, lo que hace que este punto sea concurrido por los pescadores i los mineros de las rejiones vecinas. ¿Posiblemente Camping Indígena)

Quebrada de la Higuera

Punta i Caleta Alala. 

La punta Alala queda 11 millas al N.7°0. de punta Grande. La forma la estremidad occidental de. un cordón de cerros terminado en morros, siendo notable el más saliente, qué es cónico i de 100 metros de altitud. Esta punta es mui característica cuando se corre la costa de sur a norte i viceversa. Orillan la punta algunas rompientes. La costa que media entre Copaca i Alala es sucia i roqueña, guarnecida de sargazos, i un tanto escarpada. Punta Alala destaca a 225 metros al SSE, dos islotes blancos notables. La caleta Alala se abre inmediatamente al N E. de la punta 'de su nombre; es de pequeña concha, i su playa de arena ofrece buen desembarcadero. En tierra se encuentran algunos pozos de escelente, agua, recurso que hace que la visiten los pescadores i los mineros del desierto. (Actualmente Punta Atala)

Punta Agua Dulce. 

Esta punta se encuentra a 2.7 millas al N 3°0. de Alala i en la proyección de un filón de cerros. Es de mediana altura, escabrosa i con endentaduras en una de las cuales se encuentra un desembarcadero más o menos continjente según el estado del mar. Al N E. de la punta se encuentra una buena aguada a 5 metros de la marina.

Punta Paquica. 

Punta. Paquica queda 12 millas al N 5° 0. de la punta Algodonales i es la proyección de un contrafuerte de los cerros de la costa. Es alta, roqueña, oscura. i cae abruptamente, en el mar, afectando la fisonomía de cabo; su punto más culminante se eleva a 200 metros sobre el nivel del mar. El tramo de costa que media entré Duendes i punta Paquica es más o menos recto, escarpado i un tanto-sucio. Por su medianía se abre la quebrada de Mamilla, alta, poco pronunciada i en la cual, se encuentra una buena aguada a más de 100 metros de elevación i alguna vejetacion arborescente, resaltando los algarrobos, pimientos i algunas plantas trepadoras que se perciben desde el mar. Mamilla es, pues, un pequeño oasis en esta parte del litoral. En la bocana de esta quebrada hai un mediocre desembarcadero que sirvió en tiempos pasados, cuando no tenían otra aguada que la suya de donde proveerse los primitivos mineros changos de Tocopilla.

Rio Loa. 

Fluye al mar por 21° 25' 30" S. i 70° 05' O., a 4 millas al N 8° E. de punta Chileno lo que hace ver que este punto es el más oriental de la costa occidental de todo el continente americano. El rio Loa es la corriente de agua más notable de cuantas fluyen al Pacífico en la costa desierta comprendida entre Arica i Copiapó, sin que por ello merezca una descripción particular. Su boca es inaccesible i su curso inadecuado para la navegación, no obstante, sus aluviones i las creces periódicas que esperimenta en la época del verano. Este río solo mide 5 metros de anchura en su desagüe una profundidad de 3 a 4 decímetros; su corriente es rápida, pero sus aguas se sumerjen a cosa de 500 metros de la marina, para desfogar en el Pacífico por infiltración, de tal manera que su boca ofrece paso franco a los viajeros terrestres.



Nota al margen e importante:


Punta y Caleta Blanca. 

Al presente solo existen en caleta Blanca algunos pescadores pertenecientes a esa raza de aboríjenes llamados changos. La costa intermedia entre las puntas Agua Dulce i Blanca es barrancosa i sucia, i por su medianía se halla la caleta Viuda, de mediocre desembarcadero i sin importancia alguna.

Visión general de la Aguada de Morro Moreno.

Hemos encontrado información sobre la existencia de alrededor de 20 aguadas entre la ciudad de Antofagasta y el norte de Tocopilla, Algunas de ellas no se encuentran en la publicación del Capitán Pomar por encontrarse -la mayoría de estas- en las alturas de la cordillera costera.

Sobre la ortografía el Sr. Edmundo Martínez nos dice: El libro de Pomar, al igual que todas las publicaciones y documentación chilena entre 1844 y 1927 está escrita conforme a la ortografía de Bello u ortografía chilena, un intento de simplificar la escritura de la lengua castellana, que lamentablemente no tuvo éxito al no ser adoptada por otros países hispano parlantes.