PRÓXIMAS RUTAS

Mostrando entradas con la etiqueta Pueblos originarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pueblos originarios. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de diciembre de 2019

DEFORESTACIÓN Y EROSIÓN UNA VISIÓN HISTÓRICA


Una alarma ambiental de carácter nacional.

   A sabiendas y motivado por el hecho que no nos gustan las verdades a medias “por los motivos que se quieran esgrimir” es que quiero escribir estas líneas y sacar a colación ciertas historias que resultan muy importantes de conocer para dilucidar una verdad que, los que saben (expertos y   profesionales) conocen, pero callan, ya que el mito es mucho más favorable (para ciertos dogmas ideológicos) y reedita mucho más (económicamente).

  Erosión de manto por sobre pastoreo, primera mitad del siglo 20

   Pues bien, muchos han hablado sobre el tema de nuestro bosque nativo, de los problemas ocasionados por su tala indiscriminada, de la ambiciosa instauración de negocios forestales, pero, sobre todo, por la erosión del suelo ocasionado por esta deforestación. Es tanto el canto de sirenas que muchos han dado por verdad esta idea, sin tomarse el tiempo (como solicitamos siempre) de informarse y sacar a lo menos una conclusión que vaya un poco más atrás de las actuales ideas circulantes, eso de volver a una época pasada y corroborar si este pedazo de tierra estaba cubierto de tanto árbol como nos dicen.

   Algunos historiadores cuyos nombres no asoman dentro los contemporáneos, nos entregan algunas visiones territoriales de la antigua capitanía de Chile.

Pablo Camus nos dice:

   A nuestro entender, las transformaciones del paisaje nacional han estado asociadas a la acción del hombre sobre el territorio, en su interés por despejar la tierra para su labranza o para realizar más actividades productivas. En este sentido, pensamos que el fenómeno de la desaparición del bosque debió haber comenzado bastante tiempo antes de la llegada de los conquistadores. 

   Estamos acostumbrados a pensar América y Chile en particular hace quinientos años como un paisaje todavía virgen y prístino, intocado por la mano destructora del hombre occidental, donde los indígenas se encuentran en armonía paradisíaca con sus ecosistemas y pasan a formar parte de un espléndido territorio, aun no explotado y lleno de riquezas. Esta visión de América, por supuesto, es un mito que se ha creado a partir de los relatos de Cristóbal Colón y de otros cronistas de las gestas españolas, como también de la añoranza de occidente por retornar a un estado de gracia natural, a ser nuevamente un “buen salvaje”.

Faldéos erosionados donde escurre el agua libremente
primera mitad del siglo 20

¿Cuál fue la influencia de los pobladores originales del territorio nacional en la configuración del paisaje tal como se presentó a la mirada de los españoles? ¿Cuál era la extensión de los bosques y de las tierras despejadas en aquella época? 

   La principal fuente de información de que disponemos para dilucidar estas interrogantes es la lectura de los cronistas españoles contemporáneos a los hechos. Especialmente importante para nuestros fines es la obra de Jerónimo de Vivar, quien siempre encuentra la oportunidad para detenerse en la descripción del clima, del paisaje, de la flora y de la fauna del Reino de Chile’.

   Otra obra básica es la crónica de Alonso de Góngora Marmolejo, soldado que cuenta las distintas noticias sin grandes adornos ni pretensiones literarias, pero con claridad, objetividad y exactitud por lo que es de gran utilidad para nuestros fines. También hemos considerado la crónica de Pedro Mariño de Lovera, aun cuando esta obra ha llegado hasta nosotros a través de una re elaboración escrita por el padre Bartolomé de Escobar, quien no vivió en Chile, lo cual resta exactitud al texto, especialmente en lo que se refiere al conocimiento y a la toponimia de los lugares. Hemos considerado, asimismo, el poema épico “La Araucana” de Alonso de Ercilla, quien llegó a Chile en 1557 percibiendo el entorno geográfico poco después de la llegada de los primeros conquistadores, pues según Barros Arana sus descripciones son dignas de confianza, especialmente aquellas donde da cuenta del paisaje. 

   Uno de los principales problemas que encontramos en estas crónicas es que los primeros autores informan especialmente sobre las expediciones guerreras y los combates entre españoles e indígenas, pero no se detienen, sino en términos gruesos y tangenciales, en la descripción del territorio donde estos ocurrieron. Debido a lo anterior, las crónicas nos presentan una visión fragmentada y parcial del paisaje que queremos reconstruir. Al mismo tiempo, es difícil establecer si se trata de observaciones objetivas del paisaje; es decir, lo que los cronistas estaban realmente mirando, o se trata de percepciones originadas en el imaginario del español, que tal vez podía asociar el bosque con lo indígena o lo oscuro, bárbaro y profano, y el llano con lo español o luminoso y civilizado.

Praderas expuestas a la erosión por las lluvias de invierno
primera mitad del siglo 20

   La hipótesis que queremos plantear es que el paisaje nacional era bastante más despejado de bosques de lo que inicialmente pensábamos. En general, es posible establecer que al sur de Santiago la depresión intermedia estaba despejada de bosques, pero cubierta en algunos sectores con espinos y algarrobos mientras que, probablemente, las laderas y quebradas de los cerros de ambas cordilleras y los terrenos de las colinas onduladas más húmedas se presentaban con bosques de arrayanes, peumos, boldos, canelos y sauces.

   Antes de pasar a la descripción del paisaje que nos entregan los cronistas españoles, queremos señalar que una primera evidencia que apoya nuestra hipótesis es la numerosa población indígena que habitaba el territorio nacional, tal como se desprende de la lectura de los cronistas y tal como lo han señalado estudios contemporáneos que la han calculado en un millón de personas “aproximadamente”. Si además consideramos que en aquella época la población se asentaba en el territorio en forma dispersa, no es posible pensar que todo el espacio estuviese cubierto de bosques. Es evidente que, desde esta perspectiva, al menos debió haber innumerables lugares despejados capaces de albergar y sostener económicamente toda esta población.

   El valle del Mapocho no iba poblado de bosques, sino que estos se encontraban en los cerros cercanos a la ciudad. No obstante, Vivar destaca el tamaño de los algarrobos que encontró, al señalar que “Son arboles grandes y de grandes y gruesas púas. Son tan largas como clavos de medio tillado y recias y muy espesas. De estas ramas y árboles tenía el cacique hecho un fuerte, tan fuerte que era tan aparejado para defender como para ofender principalmente a gente a caballo. iba tan tejido y tan gruesa que parecía muralla”.

   Al sur de Santiago, especialmente sobre el rio Maule, aparentemente, los bosques comenzaban a ser más espesos e impenetrables en las laderas de los cerros aun cuando los sectores llanos se encontraban despejados y en muchas partes pues allí los indios mantenían sus sementeras.

   De este modo Valdivia pudo salir de Santiago con ciento setenta hombres muy bien aderezados y armados por el camino de los llanos. Llegó al río de Bio-bio teniendo con los naturales muchos reencuentros y desbaratándolos muchas veces.

   Jerónimo de Vivar parece coincidir con las impresiones de Lovera al plantear que en el territorio de los pormocaes, “que comienza de siete leguas de la ciudad de Santiago, que es una angostura ... hasta el rio de Maule”, el valle de Cachapoal, por ejemplo, debió estar despejado de bosques pues era “fértil, abundoso de maíces”. No obstante, “por estos parajes o poco más al sur Valdivia se enfrentó. 

   Era tan espeso que no podía entrar un caballo por él, si no era por alguna vereda que los indios a mano tenían hecha para su entrada y salida”. “En esa oportunidad los indígenas no cesaron de atacar a los españoles en medio del bosque, por lo que Valdivia ordenó a sus hombres salir al llano donde estableció un campamento.

Arauco, asimismo, debió tener extensas zonas despejadas la numerosa población que allí habitaba, pues a media legua la costa los españoles hallaron “muy gran cantidad de casa y mucha población’’.

Lo mismo estima Góngora Marmolejo, quien ha señalado que Valdivia envió “al capitán Jerónimo de Alderete, con ochenta soldados a caballo fuese a descubrir la provincia de Arauco, que es lo más principal de todo el reino y de más gente”. Por su parte, Lovera afirma que “había en este tiempo grandes sementeras de trigo en los estados de Arauco que pasaban de cien mil fanegas sembradas por los españoles.

 Portada de Erosión: cáncer del suelo, 1947

Cronología:

1541
Españoles arriban al valle del Mapocho con especies de vegetales y animales que en los siglos venideros predominarán en el paisaje chileno

1575
Un cargamento de 400 fanegas de trigo es exportado a Lima desde el Maule

1687
La aparición de la peste de polvillo negro afecta la producción agrícola peruana e incentiva los envíos de trigo chileno al virreinato

1848
Se inicia el boom del comercio de trigo chileno con los mercados de Australia y California

1865
Se incrementan los envíos de trigo chileno a los mercados europeos, especialmente Inglaterra

1872
Se aprueba en el Congreso Nacional la primera ley sobre corta de bosques que prohíbe el roce al norte del Bío-Bío

1898
Federico Albert es enviado a estudiar los efectos que la invasión de las dunas producía en los campos de Constitución a Llico

1936
25 de febrero. Por el Decreto de Ley Nº 372, se establece un procedimiento para llevar a cabo las rozas, además de determinar las sanciones para sus infractores

1942
Manuel Elgueta y Juan Jirkal publican Erosión de los suelos en Chile donde denuncian los graves perjuicios que este fenómeno causa en la agricultura nacional

1942
26 y 27 de noviembre. La Primera Asamblea Forestal Nacional plantea la necesidad de combatir la erosión de suelos mediante plantaciones forestales

1947
Víctor Bianchi publica Erosión, cáncer del suelo donde describe los problemas provocados por la erosión y previene acerca de los perjuicios causados por los roces

1958
Rafael Elizalde publica La sobrevivencia de Chile, libro que denuncia en forma elocuente el peligro en que se encuentra el país por la destrucción de su medio ambiente

1965
El Instituto de Investigación de los Recursos Naturales señala que un 59 % de la Cordillera de Costa entre Valparaíso y Cautín se encuentra erosionada

1968
En la Segunda Jornada Nacional de Conservación de la Naturaleza se llega a la conclusión que en los últimos 100 años se han erosionado en Chile más de 9 millones de hectáreas

1974
Se establece Decreto de Ley 701, que plantea una política de plantaciones forestales, basada en una serie de incentivos tributarios o bien en subsidios directos del Estado.


                                                                                                               
La erosión de suelos y la supervivencia de Chile.
La historia contemporánea.


   Ya en el siglo XIX los científicos comprobaron que la deforestación era la principal causa de la erosión de suelos, pues el bosque es una defensa natural que amortigua la acción de la lluvia, el viento y los cambios atmosféricos e impide el arrastre de la capa vegetal hacia los ríos y el mar...

Arenas estériles forman estas dunas
primera mitad del siglo 20

   En el caso de América, el interés de los conquistadores españoles por mantener en los nuevos territorios el cultivo y la crianza de los alimentos consumidos en Europa motivó, a partir del segundo viaje de Colón, el traslado de hortalizas, cereales y animales al nuevo mundo. Estas especies arraigaron rápidamente en las regiones de clima mediterráneo o semiárido como el norte chico y la depresión central de Chile.

   La notable aclimatación del trigo permitió que durante el siglo XVIII se iniciaran los envíos del cereal chileno al mercado limeño. Posteriormente, en la medida que las exportaciones agropecuarias chilenas se insertaron en los circuitos comerciales internacionales, fue surgiendo la necesidad de ampliar la frontera agrícola para incorporar nuevas tierras de la cordillera de la costa para la producción de trigo. En este contexto, se despejaron mediante el roce, miles de hectáreas de bosques y ecosistemas nativos para permitir el paso del arado y con ello el cultivo de la tierra.

   Con la incorporación de las regiones de la Araucanía y Los Lagos a la estructura económica de Chile, la destrucción de los bosques adquirió el carácter de un problema nacional que se intentó resolver mediante la Ley de corta de bosques de 1872. A principios del siglo XX, Federico Albert advirtió sobre la urgente necesidad de detener los roces y realizó experimentos forestales para interrumpir el avance de las dunas en Chanco, producidas por el arrastre del suelo descubierto de su capa vegetal protectora y a merced de las aguas lluvias.

   La erosión pasó a ser un problema constante en la primera mitad del siglo XX. La decadencia del ciclo exportador de trigo fue explicada, entre otros factores, por el agotamiento de la fertilidad de los suelos pues los rendimientos de trigo por hectárea eran cada vez menores. Entre las décadas de 1940 y 1960 los agrónomos del país advertían que la vida de la nación estaba en peligro y que era urgente un plan de conservación de suelos.

   Desde entonces se escribieron en Chile numerosos documentos y artículos llamando la atención sobre este flagelo. Estos estudios y el contexto de alarma que existía por la destrucción ambiental del país permitieron que el eminente ecólogo italiano Francesco Di Castri señalara en 1964 que en pocos países era posible observar semejante extensión e intensidad de los fenómenos de degradación irreversible de los recursos; los bosques se estaban destruyendo con escaso aprovechamiento, y a un ritmo que permitía pronosticar un desierto en un plazo relativamente breve: la mayoría de las especies autóctonas estaba en vías de extinción; praderas y estepas naturales se estaban agotando, y finalmente, como consecuencia última de estos desequilibrios, la erosión estaba amenazando la mayor parte del territorio nacional.

        Erosión de zanjas por malas prácticas agrícolas
primera mitad del siglo 20

   Como respuesta a la erosión de los suelos y acorde a las tendencias internacionales se planteó una política de plantaciones forestales, basada en una serie de incentivos tributarios o bien en subsidios directos del Estado como lo estableció el Decreto de Ley 701 de 1974. 

   Hacia el año 2000 había en el país más de dos millones de hectáreas plantadas con pino insigne y eucaliptos. Sin embargo, desde la década de los ochenta del siglo XX, los sectores preocupados por la conservación de la naturaleza criticaron las plantaciones pues, a su juicio, se estaba sustituyendo lo que quedaba de bosque nativo por forestaciones uniformes que tenían impactos negativos sobre el medio ambiente.

De mi consideración:

. Debemos tener presente que todo el daño a nuestra naturaleza (asociado al hombre) se origina desde la instauración del hombre en estos espacios, en menor o mayor grado, pero daño, al fin y al cabo. 

. Seguir destruyendo el bosque nativo es imperdonable y punible, más cuando esta idea ronda los fines meramente económicos (negocios forestales)

. Hemos de incentivar la plantación de especies nativas en aquellos lugares en donde aún se mantiene lo nativo y si, por algún motivo (manos negras o blancas) este bosque se pierde, solo puede y debe ser sustituido por nativo, de esta manera nos evitaremos esos extraños accidentes relacionados con el fuego.

. Es imperioso el educar (a toda la población) sobre nuestro patrimonio natural, sin dogmas y sin ideologías. La sociedad actual debe hacerse responsable de su protección y no solo meros observadores.

 Laderas que nos muestran la pérdida de suelo agrícola
primera mitad del siglo 20
Suelos erosionados en la provincia de Ñuble
primera mitad del siglo 20
Cárcava profunda cerca de Pichilemu
primera mitad del siglo 20
Faldéos erosionados donde escurre el agua libremente

Áreas erosionadas en Chile, 1942


REFERENCIAS:


1-BOSQUES Y TIERRAS DESPEJADAS EN EL PERIODO DE LA CONQUISTA DE CHILE PABLO CAMUS

2-EROSIÓN, CANCER DEL SUELO VICTOR BIANCHI GUNDIAN

3-LA SOBREVIVENCIA DE CHILE RAFAEL ELIZALDE MAC-CLURE

4-EXPANSIÓN ECONÓMICA DE UNA SOCIEDAD TRADICIONAL: CHILE CENTRAL EN EL SIGLO XIX. ARNOLD J. BAUER

5-LA REPLANTACIÓN DE LOS CERROS ÁRIDOS DEL PAÍS. FEDERICO ALBERT

- LA EROSIÓN EN CHILE

lunes, 21 de mayo de 2018

LOS CAMANCHACOS


ANTECEDENTES HISTÓRICOS SOBRE LOS CHANGOS:



1. El término "chango" aparece documentado por primera vez a mediados del siglo XVII para denominar a toda la población que ocupaba el litoral costero entre Copiapó y Coquimbo. Con el paso del tiempo, el apelativo se amplió también a los pueblos pescadores que habitaban más al norte hasta el sur del Perú, conocidos hasta entonces como camanchacas, proanches o uros, todas denominaciones que parecían hacer referencia a un grupo étnico en particular de pueblos pescadores.

Cuadro explicativo presente en el Museo Regional de Antofagasta

2. El pueblo de los Changos fue pescador y nómada. Se dedicaban a la extracción de moluscos y peces y, a la cacería de lobos marinos. Sus herramientas eran arpones y anzuelos. Utilizaban balsas, confeccionadas con el cuero de los lobos marinos y cocidos con fibras vegetales. La singular estructura de los botes consistía en dos odres de forma cilíndrica inflados y unidos entre si por medio de sogas. Al centro dejaban un espacio que les permitía poner una tabla sobre la que iban los Chonos de rodillas. Este pueblo nómade fabricaba sus casas con la misma piel de lobo que sus barcazas, siendo exclusivamente un toldo o carpa de cuero que armaban y desarmaban cuando consideraban que debían dejar el lugar donde estaban.

3. A la llegada de los españoles, en 1536, un grupo de Changos habitaba en la costa de Valparaíso. Más al norte los conquistadores conocieron a Carande (cara grande), jefe de la tribu de Changos que habitaba esa zona costera, rebautizándolo como Papudo. Aquel poblado es conocido hasta el día de hoy con ese nombre, avistado por primera vez por las fuerzas marítimas que prestaban apoyo a Diego de Almagro en 1536.

4. La investigación etnohistórica y arqueológica revela la presencia en el litoral de agrupaciones étnicas conocidas en Chile como Changos, coetáneos al período de la cultura Diaguita. Los Changos fueron descritos, por diversos viajeros durante los siglos XVIII y XIX; pero poco sabemos de su origen, lengua y organización social. Tal presencia changa es con asiduidad descubierta con el alumbramiento de yacimientos líticos, piedras horadadas y cementerios que se han encontrado en Tongoy, Guanaqueros y Puerto Aldea.

Recreación

5. Desde los inicios de la presencia colonial, diversos autores se refirieron a los habitantes de Cobija denotando Ia riqueza de los recursos marinos de esta ensenada. En términos generales, los pescadores que vivían a lo largo de Ia costa del norte grande de Chile llamaron Ia atención de los europeos fundamentalmente en tres aspectos: su condición de vida; su movilidad y el aprovechamiento integral del lobo marino, para Ia construcción de balsas, viviendas, vestimenta, recipientes, cordelería y alimentos. Estas poblaciones habían logrado una buena adaptación a este ambiente que incluía el mar, roqueríos, playas e Islas y Ia zona de la Cordillera de la Costa que les proporcionaba otro tipo de recursos, vegetales y animales, coma el guanaco. Además, pudieron disponer de ciertos excedentes - productos del mar secos y/o salados, conchal y guano -  susceptibles de intercambiarse con recursos y bienes de tierras altas.

6. Durante el siglo XVI, la población indígena presente en Cobija fue denominada bajo los siguientes términos: Camanchacas, urus, pro - anches y changos. La única referencia de uros en Cobija, esta señalada por Pedro Sande en 1561.  "En ensenada de Atacama, ques donde está el puerto hay cuatrocientos indios pescadores uros, que no son bautizados ni reducidos ni sirven a nadie, aunque los caciques de Atacama dan pescado en señal de reconocimiento. Es gente muy bruta, no siembran ni cojen y susténtanse de solo pescado".

7. En cuanto al término Camanchaca, una de las primeras menciones parece ser la de Francis Drake en 1578, al referirse a los habitantes de la costa al norte de Copiapó. Mucha más específica es la Información de Juan de Segura en 1591, aludiendo a camanchacas de Cobija. Esta denominación siguió en uso hasta mediados del siglo XVII, para nombrar Ia población de este lugar. Quizá si el único relato temprano que intenta caracterizar físicamente a los camanchaca, situándolos en el primer repartimiento de Chile, Copiapó y que de paso, refiere alguna de sus costumbres, es el de Lizárraga, a fines del siglo XVI: en este trecho de tierra hay algunas caletillas con poca agua salobre, donde se han recogido y huido algunos indios pescadores, pobres y casi desnudos; los vestidos son de pieles de lobos marinos y en muchas partes de esta costa beben sangre de estos lobos a falta de agua; no alcanzan un grano de maíz y no lo tienen; su comida solo es pescado y marisco. Llaman a estos indios camanchacas, porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les han vuelto como una costra colorada, durísimo; dicen les proviene de la sangre que beben de los lobos marinos, y por ese color son conocidísimos. Por su parte Bittmann sugiere que es probable que los pescadores del norte de Chile en la época colonial temprana hayan comprendido diferentes etnias cuya área de distribución en algunos casos o, por lo menos, en el de los "camanchacas", comprendiera hasta el litoral del sur del Perú. Estas etnias incluirán a camanchacas, pro-anches y changos, ya que ellos aparecen diferenciados en distintas fuentes; "pro-anches" y "camanchacas" registrados en los libros parroquiales de Cobija y la presencia de "camanchacas diferenciados sobre la base de un criterio lingüístico en Chulin, Perú.

Imagen presente en el Museo Regional de Antofagasta
La visita a este Museo es gratuita.

8. Esta misma investigadora consigna un dato aislado y novedoso al mismo tiempo, respecto de los "camanchaca", apelativo dado a ciertos indígenas de la costa meridional del Perú de acuerdo a un documento de la Colección "Egerton 1816" (Museo Británico, Londres, fol.223) que contiene datos acerca de un relato proporcionado al Capitán Francisco de Cadres, por un indio nombrado Chepo, de 115 o 120 arios de edad, en el que narra viajes marítimos realizados por los indígenas desde los puertos de Anca e Ilo, respectivamente. Según la declaración de Chepo, llegaron después de dos meses de viaje a una isla desértica llamada Coatu y, posteriormente, a dos islas llamadas, la una Qüen, la otra Acabana. Estas islas eran gobernadas por jefes; allí había llamas y venados y los habitantes vestían ropas de algodón y lana. En dichas islas adoraban a un ídolo de oro al que le hacían ofrendas de este mismo metal, piedras azules, rojas y blancas y finos textiles de lana y algodón de todos los colores. Consultado sobre el idioma de los moradores de estas islas, Chepo contesto que “entendían la lengua de D. Sebastián Camanchac". Señaló, además, que los indígenas habían realizado dichos viajes en balsas de madera. Aunque tan sólo se refiere a un caso, la nota es de interés, ya que indica que don Sebastián Camanchac y presumiblemente los demás "camanchacas " que estaban en el sur del Perú eran considerados "forasteros*" o, por lo menos, se distinguían como grupo lingüístico de los demás indios de aquella parte del litoral. Bittmann no conoce la fecha del documento citado, pero supone -creemos que acertadamente - que dataría del siglo XVI, siglo de documentadas exploraciones de sajones a las costas del Pacífico sur.

9. De naturaleza diferente y aunque brevísima, la Información que ofrece Santa Cruz Pachakuti es tremendamente significativa, cuando cualifica a los camanchacas pescadores de Atacama como "grandes hechiceros". Los ibéricos, no sólo estigmatizaron a los indios cazadores recolectores considerándolos "salvajes", sino también quisieron hacer notar que a ello se sumaba el ser "idólatras".

10, María Rostworowski ha observado una relación longitudinal entre valles de la costa sur andina, que Galdós ha constatado entre los puertos prehispánicos de Arica, Ite, Ilo y Chule, a cuya población los cronistas y visitadores llaman "yungas pescadores" y que serían los camanchacas mencionados por Lizárraga, quienes, como etnia, figuran en documentación del siglo XVII (1639) en el Archivo Departamental de Arequipa.

11. Es también a mediados del siglo XVII que se utiliza el término de pro- anches para población del sector de la costa aledaña de Morro Moreno y de Caldera, más al sur. Este apelativo sólo aparece en esta centuria e identifica a los pro-anches como originarios de Copiapó y Morro Moreno, aunque inscritos en partidas de bautismo y matrimonio de Cobija. En esta misma época, se empieza a usar la denominación de changos que a partir de 1665 es la única que permanece vigente hasta el siglo XIX, para identificar a las poblaciones de Cobija y de Copiapó. Para Bittmann "Changos" o “chiangos" también es un nombre utilizado para designar desde por lo menos mediados del siglo XVII, a grupos de pescadores recolectores y cazadores costeros, habitantes de la franja del Pacífico entre aproximadamente los 17 º grados Lat. S. (sur del Perú) y los 30 º grados Lat. S. (Tongoy en la costa chilena). Casassas especula que el término pro-anche es una deformación del vocablo quechua purum -auca o poro - auca y que podría haberse aplicado a camanchacas no sometidos; la argumentación es débil, aunque sugerente.

12. En el Libro de Varias Ojas de la Parroquia de Chiu-Chiu, aparecen nombres propios de los proanches, que no se repiten para otras poblaciones y que desaparecen de los registros parroquiales a partir del siglo XVIII. Según Bittmann los apelativos Alaguana Jaguaña, Chacaguaina, Anchuño; Calpiche (Chalpiche), Cancota, Coimas, Cherepe, Chamalco, Chiquin, Lacmor, Laicor, Maqueta, Quilama, Sacaya (Sajaya, Sacalla), son nombres que con la excepción de "Cacaia" y "jaguaña", eran propios de la población del litoral designada "pro-anche " en el sentido de que estos nominativos no aparecen en las inscripciones referentes a personas del interior de la región atacameña, ni se encuentran asociados a los demás pobladores de la costa.

Vestigios de la presencia de antiguas culturas en la costa antofagastina

Vestigios de proyectiles en las quebradas antofagastinas

13. Se señalan además matrimonios entre pro - anches y camanchacas, lo que al menos, implica su coexistencia y diferenciación. La mayoría de las menciones a pro -anches en el LVO, se centran entre los años 1646 y 1662 y generalmente se denota que proceden de la jurisdicción de Chile y más específicamente de Morro Moreno y Copiapó.

14. Por lo señalado, una primera aproximación, podría hacer pensar que se trata de grupos étnicos distintos; no obstantes, la complejidad que encierran alguno de estos vocablos - como el de Uro, por ejemplo- y la poca precisión de las fuentes obligan a una saludable cautela. Estamos frente a conceptos que pueden comprender actividades diferentes, procedencias u orígenes, niveles sociales, entre otras posibilidades. En este sentido es sugerente la observación de Bibar en 1558 que señala que; los que matan lobos no matan otros peces como habernos dicho y los que matan toninas es en ejercicio. Así que cada género de pescador mata el género de pescado a que se aficiona y no otro.

15. Aunque la observación es general para la costa comprendida entre Arica y Coquimbo, sabemos que las denominaciones de camanchacas y changos fueron usadas con la misma extensión. Por otra parte, el término uro, tiene una serie de connotaciones, entre otras, de personas que no se dedican a la agricultura, sino más bien a la recolección, la pesca, la caza y eventualmente el pastoreo y por añadidura son percibidos como "pobres".

16. Bien podría tratarse, de que estas denominaciones no designen etnias distintas, sino grupos con actividades económicas especializadas y de otro lado, similares, como en este caso las propias de una economía marítima. John Murra señaló hace 40 años, que se necesitaba más investigación para determinar hasta qué punto “uru” se refería a un grupo étnico o a un estrato ocupacional bajo o más probablemente a ambos. A pesar de las nuevas investigaciones sobre este grupo, todavía el problema no está resuelto. Hacemos notar que prácticamente en todas las descripciones sobre los uru, está siempre presente la idea de lo no domesticado en toda su extensión.

17. Según Espinoza Soriano, la documentación del siglo XVI y primera parte del XVII, demostraría que la lengua puquina se extendía por el altiplano peruano-boliviano, más al sur del departamento del Cuzco, Arequipa. Moquegua y el Norte de Tarapacá incluyendo a Atacama. La tesis de que la lengua de los uros era el puquina es una proposición bien documentada, pero aún parcial.

18. En cuanto a la lengua o las lenguas que se hablaban en Cobija, documentos del siglo XVII son claros en denotar que "hablan diferente lengua y tan rudas que no hay, quien los entienda, si bien hablan la española'', A mediados de este siglo. relatando su experiencia evangelizadora, el cura de Atacama, escribe que desarrolla sus prédicas en Cobija "en la lengua materna de los indios camanchacas" a quienes alude como "los del mar que son camanchacas Pescadores y de diferente nación que estos atacamas" (...) enseñando e industriando a los indios de este su beneficio de atacama la baja y camanchas y changos habitadores en estos puertos de mar por que más de veinte y un años que aquí les administra.

19. Desde luego, el párrafo es muy sugerente. No sólo usa el término camanchacas sino también changos, distingo que también es claro en otro documento de la época. En lo que concierne al área de distribución de los changos. existe una referencia a los indios camanchacas y changos, pescadores y no pescadores, que de mi encomienda estuvieron en Cobija y costa de Atacama...". Dichos indígenas habían huido de su encomendero de acuerdo a un documento otorgado en la ciudad de La Serena en 1659 y que se refiere a la encomienda de Fernando de Aguirre Riberos. Pero, en opinión de María Rostworowski, el nombre camanchacas, prácticamente es sinónimo de pescadores y recurre a Cuneo Vidal que señala que camanchaco, camachango o chango eran voces para designar a los mismos grupos de pescadores; la palabra chango habría derivado de las primeras, aseveración esta última que nos parece acertada y que podemos refrendar, teniendo en consideración el documento que hemos citado en líneas precedentes.

20. Concordando con Murra, Martínez sugiere la posibilidad de que los conceptos con los que se identifican a los grupos costeros podrían estar encubriendo categorías sociales, religiosas o especializaciones productivas y no necesariamente identidades étnicas distintas.

Pinturas de Quebrada el Médano.

21. Otro problema que no escapa a los investigadores y que está presente a partir de los documentos del siglo XVI, es la aparente relación de subordinación que tienen los pescadores frente a los señores de Atacama y que ya Pedro Sande notara cuando relataba que los indios "pescadores tiros "(…) á los caciques de Atacama dan pescado en señal de reconocimiento". En este contexto recordemos que Polo de Ondegardo en 1571, señalaba las dificultades que surgían en el Collao, al tratar de encomendar los indios de los valles costeros, porque pertenecía a cabeceras que estaban en la altiplanicie.

22. Sin duda que la problemática reseñada respecto de los grupos indígenas asentados en la costa nos deja muchas más preguntas que respuestas. Hablar aquí de una identidad cultural sólo nos puede remitir por el momento, a la configuración común del compartir prácticas en torno a ciertas actividades económicas relacionadas fundamentalmente con los recursos marinos y retazos de una historia precolombina aún no bien delineada.

23. La gente que a principios del siglo XX es reconocida como chango, pertenece a un conjunto de familias de pescadores que habitan el litoral chileno, en asentamientos precarios y transitorios, de acuerdo con la percepción de Latcham, quien relata que construyen sus casas con lo que encuentran en las caletas: Aun hoy en día, en los lugares más apartadas, hacen la misma cosa, usando además cuando los pueden conseguir, hojas de lata sacadas de los tarros parafineros; sacos viejos, lonas, etc. Cuando la vecindad de algún puerto lo permite, a veces procuran algunas planchas de fierro galvanizado, o tablas, por la mayor parte sacadas de los cajones usados para la transportación de mercaderías. El ajuar de estos ranchitos es de lo más escaso primitivo. Duermen en cueros tendidos en el suelo, no usan almohadas, o cuando más un trozo de madera. Sus ollas son de barro, de fabricación tosca, pero de varias formas. Una concha de mejillón les sirve de cuchara, i a veces también de cuchillo. Unos sacos de cuero, colgados de los postes de los ranchos sirven para guardar su comida.

24. Hoy no existen descendientes reconocidos de los grupos changos, dado el profundo mestizaje que ha ocurrido en los últimos siglos. No obstante, su modo de vida sigue siendo practicado por pescadores, algueros y orilleros desde Chañaral a Cobija, quienes mantienen mucho de la tecnología, la economía y el patrón de asentamiento de estas antiguas poblaciones del desierto costero.

EXTRAÍDO DE PROYECTO DE LEY.


MODIFICA EL ARTÍCULO 10 DE LA LEY 19.253, RECONOCIENDO LA EXISTENCIA DE LOS CHANGOS COMO PUEBLO INDÍGENA DE CHILE Y LA CALIDAD DE INDÍGENAS DE SUS INTEGRANTES.

miércoles, 9 de mayo de 2018

LOS CAMANCHACOS NUNCA SE EXTINGUIERON



La etnia changa "sigue viva, pero sin la dignidad y el reconocimiento que merece"



     Hoy. Los "Mal llamados Changos". Están integrados a las grandes ciudades, unos viven en los puertos y muchos permanecen fieles a su balneario, como son Tongoy, Guanaqueros y la llamada Playa Changa de Coquimbo en Chañaral, y el Obispito y Carrizalillo más al norte. En el pasado creyeron conveniente adoptar los apellidos de los encomenderos y hoy abundan los Mirandas, Zuletas, Cisterna y Álvarez; en Tongoy, media población se apellidaba Zambra. En suma, han conservado sus patrones culturales ligados a la pesca y al manejo de los recursos hidrobiológicos". Asimismo, existen estudios que demuestran que los changos, por su parte, presentarían a su vez rasgos culturales de los pueblos de tradición chinchorro, existentes en esta zona durante el período arcaico, entre 8.000 y 4.000 años atrás.


Johana Tamayo

     Sobre este tema Johana Tamayo nos dice y de verdad nos emocionan sus palabras. En la IV región estamos a pasos de que nuestra familia sea reconocida como Changos.

    Queremos ser reconocidos como parte de la cultura changa... Desde la caleta Chañaral de aceituno, caleta Mamani, Punta de Choros, Chungungo y Caleta Los Hornos. Ya Caleta Chañaral fue reconocida.

Johana Tamayo

     Mi bisabuela Juana Vergara. Fundó hace más de 100 años el pueblo de Punta de Choros...Venia del norte de caleta en caleta.... Fueron los Vergara que hicieron crecer el pueblo.... Los tíos comentan que para vivir se iban en remando a las islas (no sé si llegaron a usar balsas de cuero) para ir por buenos mariscos y cambiarlos con otros pueblos o rucos cercanos... Los hijos igual buceaban o mariscaban por las orillas.... Estos productos los cambiaban por otras cosas para comer o trabajar.... Caminaban por días por la orilla del mar y dormían en cuevas tapados por cueros de lobos... Comían lobos marinos (carne muy sabrosa igual la comí cuando chica) y extraían aceite... Lo que me llama la atención y lei en comentarios, es el color de piel... Mi abuelo y tíos son de piel morena algo especial... No son negros o ese moreno que hoy vemos... Era de otro tipo. El color del pelo era negro y cero canas. Cuando un niño nacía era super difícil ir a registrarlos se demoraban años incluso no era mi bisabuela o abuelos quienes iban, si no otra persona pasajera del pueblo que por el tiempo de viaje se olvidaba de los apellidos y los reconocía con otro. Mayormente somos pescadores y hubo otro grupo de pastores.... La dieta mayormente se basaba en productos del mar, y el trueque era muy importante para obtener otros productos.

     Mi bisabuela. Ella sola recibía cada uno de sus nacimientos y a medida que crecían sus hijos la ayudaban en esta tarea. Los matrimonios son realizados con parientes entre sí. Ya que solo al principio eran todos familia.

     Yo soy la cuarta generación de los Vergara y fui una de las ultimas personas en nacer en el pueblo. Estamos a muy poco para ser reconocidos como parte de la Cultura Changa.



SOBRE LA LEY.

     El proyecto, en segundo trámite constitucional, busca el reconocimiento del pueblo chango como etnia indígena de Chile y se aclara que en la actualidad, la calificación de la calidad de indígena, se logra, según nuestra legislación, atendiendo a señas de identidad, al saberse y decirse indígena, como señala el artículo segundo de la ley indígena 19.253, que expresamente señala que “Se considerarán indígenas para los efectos de esta ley, las personas de nacionalidad chilena que se encuentren en los siguientes casos: c) Los que mantengan rasgos culturales de alguna etnia indígena, entendiéndose por tales la práctica de formas de vida, costumbres o religión de estas etnias de un modo habitual o cuyo cónyuge sea indígena. En estos casos, será necesario, además, que se auto identifiquen como indígenas”.

Los Changos. Imagen en Museo Regional de Antofagasta.

     Este conjunto de evidencias sugiere una ocupación continua de la costa por cerca de 8.000 años, y una posible vinculación genética entre todas estas etnias. Finalmente, estaría contribuyendo de manera posterior al pool genético de caleta Paposo la etnia Aymara, con quienes los changos mantuvieron cierto vínculo cultural entre los siglos XVII y XVIII.

    "De esta forma constatamos que la etnia changa no se ha extinguido, sigue viva, pero sin la dignidad que merece. Por todo lo señalado, es nuestro deber el darle reconocimiento y dignidad al pueblo chango. Así, nuestra legislación sobre los pueblos originarios (ley Nº 19.253), dispone que “El Estado reconoce que los indígenas de Chile son los descendientes de las agrupaciones humanas que existen en el territorio nacional desde tiempos precolombinos, que conservan manifestaciones étnicas y culturales propias...”, lo que no deja dudas sobre el reconocimiento de esta etnia", se arguye.

                     Los Changos. Imagen en Museo Regional de Antofagasta.

     Así, prosiguen, "con sola esta definición de indígenas que da el legislador, deberíamos entender que es posible el reconocimiento de la etnia de los changos, pues cada uno de los elementos que conforman el ser indígena está presente, siendo tal vez, el de la pureza genética, el único que pueda cuestionarse, aunque dicha objeción ha de ser relativizada por la noción esencialmente cultural del modelo nacional de reconocimiento y calificación de los pueblos originarios y de sus integrantes. No obstante, los estudios genéticos nos apoyan, como vimos anteriormente".

     De tal forma que lo que se pretende con el proyecto de ley es reconocer la posibilidad cierta del desarrollo de una cultura, que en pequeños nichos ha luchado por pervivir en el tiempo. Por ello se propone modificar el artículo 1° de ley Indígena, para incorporar a los changos junto a las etnias mapuche, aymara, rapa nui, atacameña, quechua, diaguita y colla, ya las menguadas comunidades kawashkar y yagán de los canales australes, como un acto de reconocimiento, de dignificación y sobre todo de promoción para su desarrollo futuro y consolidación.





Información Anexa

LOS ÚLTIMOS CHANGOS DE CHAÑARAL DE ACEITUNO.

Desarrollo Indígena, Ley para reconocer al pueblo chango como etnia indígena de Chile.